El egoísmo individual es el fracaso colectivo


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Esta mañana, con lluvia, llevando la instalación eléctrica a las cabañas y las caravanas

La verdad es que estos meses de ausencia he sentido un cierto egoísmo. He podido, a pesar de las circunstancias que estaba viviendo, tener cierta paz y decoro a la hora de no tener que dar explicaciones a nadie sobre mi vida y sobre lo que debía hacer. En cierta forma, el egoísmo individualista ha sido uno de los éxitos del sistema capitalista y liberal. Vivir en colectividad, en grupo o en familia parece, a la vista de lo que está ocurriendo, algo caduco y ajeno a los tiempos que corren. La institución familiar se está derrumbando a pasos agigantados. El éxito “progre” ha consistido en conseguir que las personas se sientan endiosadas, emancipadas y empoderadas para intentar subsistir al demoledor nuevo estado social de individualización y soledad. Si te sientes empoderado no necesitas tener pareja, familia o grupo de apoyo. Todas las tesis sobre la cooperación y el apoyo mutuo se abandonan porque, en la triste realidad en la que vivimos, nos creemos dioses con poderes sobrenaturales. Y esa creencia nos debilita, por eso de divide y vencerás.

El éxito capitalista consistió en hacernos creer que somos pequeño burgueses, con propiedad y dinero para poder imitar, ilusoriamente, la vida que hace algunos siglos llevaba la burguesía que consiguió desbancar del poder a la aristocracia dominante. Nos dieron casas, vehículos y un salario para poder afrontar la esclavizante vida de tener que hipotecarnos para asumir ese estado ilusorio. El crédito hizo el resto. Nuestra servidumbre se vio modificada por la ilusión de poseer algo que en verdad nunca será nuestro. Nuestra esclavitud se transformó, pero realmente nunca ha desaparecido.

Al volver a la vida comunitaria me doy cuenta de los engranajes del egoísmo, y de cómo cada uno, a su manera, intenta llevarlo a cabo a veces de forma encubierta, otras de forma disimulada. La confianza se mide dependiendo de quien pueda aportar más a ese interés egoísta. Resulta complejo descifrar los códigos de todo lo que ocurre en cada situación compleja. Cada uno mira primero hacia sí mismo y luego colabora con lo inevitable.

En estos días me acabo de dar cuenta de que resulto ser más un estorbo, inevitable, que otra cosa. Nueve meses de ausencia ha provocado desconfianza y recelo por hechos incomprensibles, por rumores, por interpretación de acontecimientos, o por cualquier tipo de opinión o juicio sobre la vida privada que haya podido tener en soledad. Me queda vivir en un estado de absoluta paciencia y ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Ahora parece que soy yo el que se tiene que adaptar a los nuevos inquilinos, a sus manías, a sus hábitos, a sus cosas. Hoy me regañaban por mezclar fideos del uno con fideos del dos, con el hambre que hemos llegado a pasar en este lugar. No sabía si reír o llorar por la tremenda anécdota. Como si estos cinco años de esfuerzo no hubieran servido de nada. ¡En fin! La vida y sus cosas… A veces hay que ser interiormente muy fuerte para mostrarse débil, leía hoy en alguna parte. Pues eso…

Al menos hoy hemos culminado un éxito colectivo. La broma viene de lejos. Alguien decidió hace años comprar unas placas solares para uso particular. Esa persona disponía de un gran sistema solar para sí mismo mientras que el resto no disponíamos de luz. Cuando se marchó, nos dejó el sistema a cambio de lo que le había costado. El sistema privado lo colectivizamos. Aún así, era un sistema deficiente para todos, así que tiempo más tarde, compramos unas placas para las cabañas. Al principio para uso privado, personal, pero luego decidimos compartirlo con el resto de cabañas para no caer en el mismo error egoísta. Por una cadena de errores, el sistema de las cabañas dejó de funcionar, así que se decidió que las placas y el molino de viento de las cabañas se conectaran al sistema general de la casa grande de acogida. Con este aporte, el sistema de la casa aumentó de potencia y el sistema general se benefició de todo este aumento de energía, a cambio de que las cabañas se quedaran sin luz durante nueve meses.

Viendo el ejemplo colectivo de otros proyectos, se nos ocurrió comprar un cable de doscientos metros que saliera desde la casa a las cabañas y hoy llegó el milagro. Tras una larga mañana de barro y lluvia, todos hemos salido ganando. Ahora hay luz en la casa, en las caravanas y en las cabañas. Aunque sigue siendo un sistema muy limitado, al menos para una pequeña bombilla tenemos. Y a pesar de nuestros pequeños egoísmos individuales donde nuestro deseo es poseer nuestras propias placas solares, nuestros propios sistemas sin compartir con el resto, la experiencia nos ha demostrado que el éxito grupal repercute en el éxito individual, pero no a la inversa. Una gran enseñanza. Mañana intentaré no mezclar los fideos. Las cosas de la colectividad…

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PK, una hermosa película de amor


 

Ayer día ocho de abril fue un día muy especial. Era un aniversario especial de una línea de tiempo especial de un momento de mi vida muy especial. Esta película es un homenaje a aquellos que aman por encima de todas las cosas, y que creen que la verdad podrá siempre triunfar, y el amor, también. Si llamamos al número correcto, algo bueno nos espera…

 

La satisfacción del éxito conjunto


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Así me ha recibido Galicia, con lluvia y nieve…

Aún dudaba qué hacer por la mañana, pero un pálpito irracional me pidió que siguiera el camino. Me hubiera gustado asentarme un rato, disfrutar más de las tierras del sur. Ahora me doy cuenta de que es un privilegio tener una casa allí abajo. Un lugar donde siempre puedes volver. Como el privilegio de poder ir a Barcelona o el poder asentarme de nuevo en esta pequeña cabaña. Aquí es donde estoy ahora tras diez horas de viaje.

En Galicia hace frío. Nada más entrar por los Ancares y el Courel las temperaturas descendieron de golpe. La nieve dibujaba un paisaje hermoso y la lluvia daba a la tierra su dosis de humedad. Me hubiera gustado desviarme en el camino a Portugal y encerrarme en alguna tienda de campaña en algún bosque perdido, pero el coche, de nuevo averiado, no anda para muchos trotes. Esto me recuerda que un caballero andante como yo no puede vivir sin un rocinante adecuado, así que intentaré ponerme al día con todo y volver a recuperar el galopar que tanto me caracteriza. Es extraña esta sensación de no poder viajar libremente como hacía antes. Debo recuperar esa oportunidad perdida.

Ahora ya no lo pongo en duda. Mi naturaleza más profunda necesita moverse, viajar constantemente, ver a unos y a otros, compartir, descubrir, mirar con asombro cada detalle del paisaje circundante. El viaje en sí mismo es un auténtico disfrute y aprendizaje. Puedes entrar en meditación continua, en trance, en comunión con todo. Cada metro andado es una forma de entender el mundo. Siempre diferente, siempre cambiante.

En unos días vendrá la Semana Santa y nueva gente nos acompañará en este lugar inspirador. La belleza fluorescente propia de la primavera empieza a entreverse en estas montañas y bosques del Courel. Las flores, los olores, los colores intensos prometen un año de bienes, de bonanza, de compartir. Este lugar es una invitación intensa para experimentar la vida. Y si esa invitación viene acompañada de cierta sensibilidad, la vida entonces se muestra radiante en todas sus manifestaciones, con todos sus mundos, con todas sus miríadas de vidas.

A pesar del cansancio de estos años, ahora tengo unas ganas tremendas de seguir descubriendo gente. Pero esta vez, solo para observarla silenciosamente. Verlos pasar, intentar imaginar sus inquietudes, descubrir sus almas, adivinar sus propósitos. Tengo ganas de sentarme un rato al borde del camino para reconciliarme de nuevo con la urgencia de actuar. Los descansos son necesarios, pero solo para entender el magno trabajo aún por hacer. No me refiero al trabajo egoísta de pensar en nosotros mismos, sino al trabajo de ser partícipes de aquello que nos configura como humanidad. Si tienes esa visión, la utilidad de hacer cosas se vuelve profunda y con sentido. Cuando uno logra éxitos para sí mismo siente cierto grado de satisfacción, pero cuando la conquista del éxito es para todo el conjunto, la satisfacción no tiene límites.

Al llegar esta tarde a este rincón del mundo, he sentido ese bienestar de estar cumpliendo con cierta tarea, con cierto propósito mayor a uno mismo. Y al llegar a la cabaña y encender el fuego para que se calentara un poco, he visto como de cada llama surgía un hermoso halo de agradecimiento. Cuando somos partícipes de algo mayor a nosotros, ganamos nosotros, pero también gana toda nuestra raza humana. No importa lo que hagas, no importa con quién lo hagas, lo importante es ayudar, compartir, crecer juntos. Uno siempre siente dudas, pero cada vez resulta más clara la luz que llega dentro de nosotros para entender el significado profundo de la existencia.

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Satisfecho y en paz


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Con mis queridos Antonio y Manuel Jesús en un rato de frío y risas

En 2011 pasaron muchas cosas. Recuerdo que estaba en República Dominicana y desde el otro lado del mundo recibía unos hermosos mensajes de amor. Hoy, de forma casual, aparecieron y los leía con cierta alegría interior. Cuando en la vida encuentras a personas que te quieren y te tratan con cariño, dulzura y amor, te sientes agradecido y te sientes realmente vivo, en sintonía con todo lo que ocurre. Como ayer, que vinieron dos amigos desde muy lejos sólo para pasar un rato de frío en la feria con este menda.

Pudimos reír y celebrar en el banquete de la amistad la necesaria oportunidad de amar y ser amados. Qué puede quedarnos si no esa experiencia de amor, de relación, de amistad. A veces miro todo el pasado y siento cierta nostalgia. Como cuando hoy recordaba aquellas largas veladas mientras veíamos “Doctor en Alaska” en aquellos años pletóricos de vida. Ahora el tiempo pasa, y todo lo observo con cierta paz de la misma forma que deseo interiormente seguir exprimiendo cada segundo de existencia, fracaso tras fracaso, éxito tras éxito, dolor tras dolor, alegría tras alegría.

Hoy cerraba la persiana de la feria. Han sido diez días intensos. Materialmente sin ganancia, pero me llevo hermosos recuerdos y preciosas reflexiones entre amigos y libros. Al llegar a la Montaña de los Ángeles, a esta hermosa sierra plagada de leyendas, he sentido cierto abatimiento y cansancio. Si hubiera tenido fuerzas, hubiera seguido la ruta hacia el septentrión. Pero toca descansar un poco, revisar lo acontecido y seguir pronto el viaje, el Camino. No hay descanso, no hay tregua. Nuevas aventuras esperan, nuevos retos, nuevas avenidas donde atravesar curioso, con deseos de seguir experimentando la fuerza esencial de esta oportunidad que estamos viviendo. Es duro, no hay pausa, no hay descanso, pero debemos estar agradecidos. Agradecidos por todas esas personas que pasaron por nuestras vidas. Por aquellas que quedaron y por aquellas otras que se fueron. También agradecido, como hoy, por aquellas que de forma tímida vuelven y te saludan y te hacen recordar viejos tiempos.

Esta noche dormiré tranquilo, en paz. Ahora sé que pase lo que pase, hice lo que pude, sin mayores cuestiones. Cuando remiraba uno a uno todos los libros escritos, todos los prólogos o capítulos en los que participaba sentía cierta satisfacción interior. Ya hace años que no escribo nada, a pesar de que tengo algún otro libro ya casi terminado. Pero los días se suceden tan rápidos que sólo hay oportunidad de hacer lo que se pueda. Así que me marcho satisfecho, porque hice lo que pude, y el mundo sigue girando. Ya se terminaron las prisas y las exigencias por llegar a ninguna parte. Ahora la vida, calma, se derrama con la frecuencia necesaria, con la cadencia oportuna. Y ahí, esperando, los amigos. Gracias a todos por haber compartido este trozo de vida. Gracias por estar ahí, en lo bueno y en lo malo.

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Ágape fraternal


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Ir a una feria y que llueva es lo peor que puede pasar. Estos tres últimos días supuestamente son los de mayor venta, pero con frío y lluvia, hacen que las perspectivas se derrumben y sucumba la previsión de ingresos. Así que pasé todo el día con un frío intenso, disfrutando de la lluvia y de este retardado invierno que apareció en plena primavera. Cosas que pasan, cosas que ocurren en el preludio de la aventura. Aún así fue un día de lo más interesante. En la feria puedes conocer gente curiosa, compartir con viejos amigos o pasar ratos agradables con tus compañeros de oficio, sean ellos libreros, editores o movimientos culturales que se atreven a mostrar al público todo su arsenal filosófico. Digamos que las ferias pueden ser excusa, no tanto para vender, como para intercambiar sinergias, ideas y realidades. Además, también puede servir de acicate para saber qué pide la gente y qué busca entre tanto libro y oferta.

Ayer, tras cerrar la feria, fui invitado en el hermoso barrio del Brillante a participar en los trabajos de la logia que ayudé a construir aquí en Sierra Morena. No pude asistir al taller, pero sí al ágape fraterno que se hizo a continuación. Fue toda una alegría poder ver que la llama ha crecido, sigue viva y que aquellos arquetípicos momentos de construcción sirvieron para que la fraternidad, la igualdad y la libertad se propagara también en estos lares. Alguien me llamó como una leyenda viva de este lugar y yo me sonrojé, porque realmente el mérito fue solo de motor, de empuje, de conspiración para que se realizara la parte más difícil. Aún así, agradecí el reconocimiento y la admiración. Trazar los planos de cualquier arquitectura tiene un trabajo, pero siempre he pensado que el mérito está en la propia construcción, en los que sostienen el trabajo.

Tras el ágape y el buen rato que pasé en este pequeño palacete convertido en templo, fui a recoger el coche con la mala suerte de que el parking donde lo había dejado estaba cerrado. Los frater me llevaron a un hotel para pasar la noche y esta mañana temprano vinieron a recogerme para compartir el desayuno y echar una mano a ordenar el templo para dar paso a la tenida del capítulo, segunda parte de los trabajos que realizan “los invisibles desconocidos”. Como para ellos soy príncipe de la invisible orden rosa cruz, tenía derecho a estar allí y participar de los trabajos, pero la obligación de estar detrás de un mostrador vendiendo libros me llamaba. Qué paradójico poder ser príncipe en un palacete por la mañana y posar tras unos libros en una caseta de feria por la tarde.

Me gusta esta camaleónica vida donde uno puede ejercer diferentes personajes, vivir como un mendigo o un príncipe según le plazca, y codearse con lo mejor o lo más abrupto de la humanidad según me venga en gana. No todo el mundo puede hacer esto. No todo el mundo tiene la capacidad y la tolerancia suficiente para estar entre pobres o ricos, entre príncipes o mendigos. No todo el mundo está preparado para vestir harapos al anochecer y vestirse con las mejores galas al empezar el día. Esto no me hace más humilde o más tolerante, ni mejor o peor, simplemente me permite conocer al ser humano en todos sus grados y condiciones y, como persona sensible, disfrutar de toda la riqueza que la vida muestra en cualquier tipo de frecuencia existencial, en toda esta amplísima gama de contrastes. Que el Gran Arquitecto del Universo siga tejiendo en los cielos mientras se sumerge con nosotros en el barro de la tierra. Que así sea, y nosotros aprendamos de su inmensidad obligándonos a ejercer todo tipo de tolerancia. Que el amor fraterno siga uniendo corazones dispares.

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Caminos y encomiendas. La importancia de los espacios sagrados



Siempre sentí una especial devoción y admiración por mi querida María. Una mujer entera, sensible, profunda, además de inteligente y libre, muy libre. Aún recuerdo nuestro primer encuentro en Malasaña, en el tristemente desaparecido café Ruíz, un lugar emblemático, al mismo tiempo que hacía las veces de oficina cuando vivía en aquel pequeño zulo y los espacios de coworking no estaban aún de moda. La excusa del encuentro era hablar sobre comunidades, yo como supuesto experto en el tema tras años investigando las utopías de nuestro tiempo y ella como promotora de una fundación interesada en crear un proyecto de comunidad de vida. Esa era la excusa, pero detrás de todo ese escenario había algo profundo, algo que en ese momento ni siquiera podíamos imaginar.

Lo que ocurrió después forma parte de la magia, o diría que de lo milagroso. Los caminos se volvieron a entrecruzar una y otra vez en diferentes lugares y nuestras vidas se unieron para siempre cuando decidimos atender a los llamados de lo sagrado y nos pusimos manos a la obra, a veces de forma torpe, a veces de forma ingenua, para crear la encomienda de O Couso. A pesar de las dificultades, nos convertimos en custodios y preceptores de aquel lugar, en devotos vigilantes de ese espíritu que pretendía de nuevo proteger los espacios sagrados y ayudar a los peregrinos del alma en su tránsito y caminar. Es cierto, habían cambiado los escenarios, los tiempos y las excusas, pero la esencia seguía siendo la misma. Como si nada hubiera cambiado en miles de años.

El llamado era claro. La misión, como aquellos antiguos franciscanos que se adentraban en la selva para evangelizar al mundo, tenía su propia paradoja. Cómo adentrarnos en la luz en un mundo tan aparentemente oscuro. Cómo seguir los pasos de aquellos que durante tanto tiempo habían infringido las reglas comunes para adentrarse en la selva humana, herejía tras herejía. ¡Cuantas pruebas nos aguardaban! ¡Cuántas tentaciones nos esperaban para abandonar el camino y sucumbir plácidamente a otros menesteres que abortaran el proyecto común!

La importancia de crear espacios sagrados lo explica muy bien María, cofundadora del Proyecto O Couso, en este video que comparte. No se trata de espacios físicos, sino de espacios de silencio y encuentro con lo que más amamos. Los espacios físicos, las encomiendas, solo son testimonios, símbolos necesarios que pueden servir de guía en el camino. Lugares como O Couso solo pretende ser eso, un arquetipo manifestado que nos pueda guiar hacia los adentros, hacia la compleja esencia de lo que somos y así luego poder desarrollar esa complejidad en nuestras vidas cotidianas, en nuestra familia, con nuestros hijos, con nuestra familia y amigos, con nuestras parejas, en nuestros trabajos y lugar de actividad ordinaria.

Gracias María por tu luz y guía y gracias por recordarnos la importancia de seguir adelante, pase lo que pase. Gracias de corazón por compartir tu vida, con la Vida. Seguiremos, halo tras halo, conquistando lugares para consagrarlos a la Gloria de la Gran Obra.

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Merece la pena compartir las tres joyas…


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Tras pasar la noche en un hermoso hotel en el centro de la capital califal, llegué tarde a la caseta de la feria. Me ahorré el viaje a la sierra y disfruté de un hermoso paseo y cena por la judería cordobesa con la amiga Dolores. Hablamos de mil asuntos, especialmente de la difícil tarea de supervivencia de alguien que se muestra irreductible ante las circunstancias, por difíciles que sean. Es difícil explicar en qué consiste el Camino del Loco, y porqué en ese camino no puedes estar aferrado a las diez mil cosas de las que habla el Tao. ¿Cómo explicar esta tarea de robar el fuego a los dioses para expandir la luz en la tierra? ¿Cómo dibujar en el mapa mental de la creación una imagen que viene de lo más profundo del cosmos? Es complejo, por eso, cuando a veces me veis rico o pobre, con cosas y sin cosas, recordad al Loco y su camino. No puedo aferrarme a nada excepto a la Obra alquímica de la reconstrucción del templo interior. De ahí los libros, de ahí los monasterios vestidos de modernidad, de ahí la necesidad de más luz y mayor desapego.

Nada más abrir la caseta, se acercó alguien y me saludó con gran admiración. Me recordó que fui uno de los fundadores de la logia que aquí sigue creciendo y que, además, sigo siendo el vicepresidente de la asociación de estudios culturales Maimónides, asociación que le da respaldo legal a la misma. Igual que en la editorial, en la logia me deben ver como alguien invisible, que viene del intramundo para proteger el misterio y que, por mi condición transparente, es difícil de ver, tocar y respirar. Supongo que al verme humildemente vendiendo libros en la caseta de una feria la ilusión se habrá desvanecido. Aún así, con los ojos iluminados, como si hubiera visto una especie de leyenda viva, compró con alegría la edición especial que editamos hace un año del mítico libro “El Misterio de las Catedrales”. Remiré el libro y recordé el supremo esfuerzo editorial que hicimos para poder editar esta obra emblemática de la alquimia y la hermética. Respiré profundamente mientras me daba cuenta de que el esfuerzo merece la pena. De que el trabajo Uno sigue adelante a pesar de todo.

Al poco rato se acercó una persona que conocía todos los libros azules. Una especie de mago local que pretende contagiar el amor por la sabiduría perenne. Admiró nuestro catálogo, especialmente por la increíble hazaña de editar los clásicos que nadie ya publica, y nuestro papel de guardianes de la enseñanza. Tras una larga charla recordando nuestro común recorrido rosacruz en Oceanside y nuestro común recorrido en Panillo y Ginebra, no tuve más remedio que regalarle nuestro libro estrella de AAB: “Sirviendo a la Humanidad”.

La poderosa obra continua. No puedo abandonar esta labor, no puedo dejar de hacer todo aquello a lo que fui llamado. No puedo dejar de compartir, desde la pobre personalidad, todo aquello que pueda inspirar a otros a seguir el camino del corazón, el camino mágico del alma. Sin mayor pretensión, todos somos llamados a realizar una abrupta tarea, siempre difícil, siempre ardua. Cuidar el jardín, sus flores y las bellas creaciones del universo requiere un gran esfuerzo, pero sin duda, merece la pena entregar la vida a un servicio más allá de nuestras necesidades personales. Desde la cultura, desde el conocimiento, desde la inspiración, desde el amor, desde la enseñanza, desde el compartir… Merece la pena expandir las tres joyas secretas por amor a la vida.

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