Los Estados Unidos de Europa, hacia la fraternidad humana


“¡Un día vendrá en el que las armas se os caigan de los brazos, a vosotros también! Un día vendrá en el que la guerra parecerá también absurda y será también imposible entre París y Londres, entre San Petersburgo y Berlín, entre Viena y Turín, como es imposible y parece absurda hoy entre Ruan y Amiens, entre Boston y Filadelfia. Un día vendrá en el que vosotras, Francia, Rusia, Italia, Inglaterra, Alemania, todas vosotras, naciones del continente, sin perder vuestras cualidades distintivas y vuestra gloria individual, os fundiréis estrechamente en una unidad superior y constituiréis la fraternidad europea, exactamente como Normandía, Bretaña, Borgoña, Lorena, Alsacia, todas nuestras provincias, se funden en Francia. Un día vendrá en el que no habrá más campos de batalla que los mercados que se abran al comercio y los espíritus que se abran a las ideas. – Un día vendrá en el que las balas y las bombas serán reemplazadas por los votos, por el sufragio universal de los pueblos, por el venerable arbitraje de un gran senado soberano que será en Europa lo que el parlamento en Inglaterra, lo que la dieta en Alemania, ¡lo que la Asamblea Legislativa en Francia! (Aplausos). Un día vendrá en el que se mostrará un cañón en los museos como ahora se muestra un instrumento de tortura, ¡asombrándonos de que eso haya existido! (Risas y aplausos). Un día vendrá en el que veremos estos dos grupos inmensos, los Estados Unidos de América y los Estados Unidos de Europa (Aplausos), situados en frente uno de otro, tendiéndose la mano sobre los mares, intercambiando sus productos, su comercio, su industria, sus artes, sus genios, limpiando el planeta, colonizando los desiertos, mejorando la creación bajo la mirada del Creador, y combinando juntos, para lograr el bienestar de todos, estas dos fuerzas infinitas, la fraternidad de los hombres y el poder de Dios”. (Víctor Hugo)

La utopía hugoliana de una Europa unida se puede resumir en esta frase: “se llamará Europa en el siglo XX y, en los siglos siguientes, más transfigurada entonces, se llamará Humanidad”. Resulta hermosa la idea de una Europa unida que aspira con los siglos a una humanidad unida. Un ejemplo de cómo las naciones pueden convivir en paz y equilibrio, tal y como ocurre en España, donde pueblos singulares han sido capaces de convivir durante siglos. Es cierto que esta convivencia, como ha ocurrido en Europa, a veces ha sido dramática, de ahí que el reto de las próximas generaciones sea encontrar un encaje positivo en la convivencia unida de los pueblos, cada uno con su idiosincrasia, cada cual con su propia manera de entender la existencia. Pero unidos para el bien mayor, el de la fraternidad entre los pueblos, en el amor y respeto de las singularidades.

Unidos también en Europa, donde los egoísmos nacionales y los orgullos patrios dejan paso a la fraternidad que algún día aspira a ser planetaria. Es cierto que aún estamos lejos de esa unidad fraternal, pero esa es la gran utopía. La vida singular en un planeta unido, libre de fronteras donde todo ser humano pueda vivir fraternalmente más allá de sus creencias, sus naciones y sus patrias. La aspiración está ahí, debemos dar pequeños pasos hacia esa idea fraterna y convivir bajo esa esperanza de paz y amor fraternal.

Todo aquello que divide nos aleja de ese anhelo. Por eso, ante los retos que se presentan, especialmente los retos climáticos y ecológicos, es necesario unirnos en poderosa fraternidad para afrontar juntos cada uno de los problemas que la humanidad arrastra desde hace siglos, y especialmente, aquellos que ahora hacen peligrar la vida en el planeta. No podemos seguir perdiendo el tiempo mirando nuestro particular ombligo, nuestro peculiar orgullo nacional. Llega el tiempo de ceder en amistad, en amor hacia el otro, en cariño hacia la diferencia para lograr esculpir esa humanidad unida que todos anhelamos. El discurso del político belga Verhofstadt que aquí se acompaña nos da pista de hacia dónde dirigir nuestros pasos.

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Esa media caravana


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“El corazón del hombre es un instrumento musical, contiene una música grandiosa. Dormida, pero está allí, esperando el momento apropiado para ser interpretada, expresada, cantada, danzada. Y es a través del amor que el momento llega”. Rumi.

Nadie comprende con exactitud la grandeza de unir corazones tan distantes y diferentes en una misma mesa. Nadie puede expresar el laborioso esfuerzo de poder congregar en un mismo concierto a instrumentos tan dispares. Esa profunda magia de la armonía, de la música, de la danza, solo puede entenderse desde la profundidad de ese momento que llega a través del amor. Aunque sea un amor inconsciente, un amor no comprendido, puede manifestarse de mil maneras en una sola nota clave. Sólo los que han sido bautizados bajo el fuego de la espada, bajo las hazañas del compás y la escuadra, pueden entender o atisbar la melodiosa y poderosa fuerza de la tolerancia, del amor que se manifiesta ante lo radicalmente diferente.

Hoy en la mesa éramos infinitamente distintos. Dispares. Antagónicos en muchos aspectos. Pero había una música de fondo que nos unía. Un lazo que desea vivir más allá de nosotros, con intensa belleza y fortaleza. Los que se consideran puros y solo buscan la pureza de sus iguales, olvidan la belleza de la diversidad. Olvidan que en un concierto melodioso existen tambores que retumban fuerte, flautas que hipnotizan con su brillo, violines que danzan entre trompetas y pianos. Son tantos los instrumentos que pueden brillar con voz propia en un concierto que olvidamos ese milagro misterioso. Lo importante de cada instrumento es que esté bien afinado, y así obrar el milagro armónico.

Celebrar cinco años de un proyecto tan polifónico es toda una grandeza. Especialmente cuando hoy llegaron desde tan lejos los amigos que donaron la primera caravana del proyecto. La grandeza de seguir unidos a pesar de los avatares, a pesar de que cada instrumento toca su nota clave, se ha manifestado hoy de forma hermosa. La humildad de expresarnos como podemos, como sabemos, como nuestros pequeños egos nos permiten, forma parte del ritual del compartir. La mesa repleta de alimentos, las manos cogidas en silencio, las almas respirando y conspirando.

Sobre todo teníamos especial memoria para todos aquellos que ya no estaban con nosotros. En mi haber había dos personas que sin ellas el proyecto no hubiera existido y que ya no están entre nosotros. German y Antonio. De alguna forma, en el conspirar silencioso allí estaban, sentados en esos dos asientos que habían quedado vacíos en su honor y memoria. También estaban vacíos para María y Laura, para que sus almas poderosas pudieran sentarte junto a nosotros. Y para todos aquellos que han sufrido, que han vivido con pena y dolor el sacrificio grupal.

Desde dentro he guardado la memoria de todos aquellos que durante estos largos cinco años han formado parte de este concierto. Ni siquiera me ha molestado cuando la oscuridad ha intentando invadir el espacio con sus torpezas. En el fondo la llama seguía viva. Quizás tenue, temblorosa, pero viva. Fe y esperanza. Amor.

Gracias querida Filo y Paco por venir desde tan lejos. Gracias de corazón por esa “media caravana” que tanto calor nos ha dado y que sumaron en el amoroso acto de la generosidad, de la desmedida entrega sin condicionantes. Gracias por acompañarnos en la mesa donde los tambores sonaban junto a la flauta, donde los corazones palpitaban en un solo tono. Alegría de que hoy podáis descansar en la cabaña que con tanto esfuerzo ayudasteis a construir. Cinco años no es nada… La gran obra continua… todo momento llega tarde o temprano…

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Quinto aniversario del proyecto O Couso


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Primer grupo de voluntarios hace cinco años…

“El mundo se ha vuelto demasiado peligroso para cualquier cosa que no sea una utopía”.  John R. Piatt

In Memorian Antonio el “Alquimista”, guía y mentor…

Mañana día doce de marzo hará cinco años que unos jóvenes ingenuos y decididos emprendieron la aventura de intentar recrear en la tierra un trozo de cielo. Desde ese primer día en el que pudimos desembarcar en las tierras de O Couso, apenas cuatro hectáreas de terreno en un paraje inhóspito rodeado de bosques y montañas, muchos amigos se unieron con ilusión a un proyecto que pretendía, de forma modesta, crear un nuevo paradigma utópico, alternativo y de convivencia armónica. Desde esos primeros días en los que teníamos que dormir en modestas caravanas cedidas por amigos hasta el día de hoy han pasado muchas cosas.

Los primeros años fueron muy duros. Nos enfrentamos casi sin recursos ni medios a un entorno hostil, desconocido. Teníamos ante nosotros una ruina que pretendíamos reconstruir piedra a piedra con nuestras manos. La idea era repetir la hazaña del humilde Francisco de Asís: reconstruir el espíritu de los tiempos con el ejemplo de la humildad, el trabajo grupal y el cariño compartido. Por eso empezamos la reconstrucción en la pequeña ermita, aún cuando no teníamos ni luz ni agua ni conocimientos sobre nada. El poder tener al menos un lugar de retiro, de recogimiento, de interiorización donde imaginar el resto de la gran obra nos seducía y nos atrajo. Allí hicimos nuestras primeras meditaciones, nuestros primeros acuerdos y desde allí buscamos la magia que debería ayudarnos a seguir adelante. Aún guardamos vivos los recuerdos del frío helado en los inviernos que nos acecharían con crudeza extrema. Aún recordamos el momento en el que pasamos nuestras primeras Navidades rodeados de amigos que se congelaban al ritmo de la celebración improvisada en la gran ruina.

Pero poco a poco, a pesar de las calamidades y los esfuerzos, a pesar de las crisis personales y grupales, persistimos. Nuestra guía era la fe y la esperanza que empujaban nuestros corazones a seguir adelante. Así hasta que conseguimos nuestra primera habitación, nuestra primera ventana, nuestro primer tejado, nuestra primera puerta, nuestro primer reguero de agua, nuestra primera estufa, nuestras primeras sillas y mesas y luego sillones, nuestra primera chimenea y el primer grifo y la primera ducha y el primer lavabo y la luz… por fin la luz…

Cinco años es casi toda una vida en un esfuerzo titánico como es el trabajo en comunidad. Podemos decir que la persistencia concienzuda del trabajo colectivo ha provocado que el proyecto perviva, siga vivo y siga palpitando en nuestros corazones. Podemos decir que O Couso ha sobrevivido a todo tipo de avatares y sus gentes, presentes o no en el lugar, han logrado desde el lazo místico llevar el calor de los corazones hasta lo más alto. Se ha creado una llama inmortal, un punto de luz en un planeta que merece ser cuidado desde la atención y la vigilia, desde nuevos paradigmas que profundicen en la cocreación con la naturaleza, en el apoyo mutuo, en la cooperación entre iguales, entre personas libres y fraternas. Este mundo bueno merece potenciar la belleza entre lo posible y lo imposible como lazos que unen puentes indestructibles. Este mundo bueno merece ser mejor cada día con el esfuerzo continuado de todos… Por eso persistimos…

Mañana cumplimos cinco años y lo celebraremos con una humilde comida, congregados ante el fuego y la llama de nuestros corazones. Estás invitado a unirte, en lo tangible o desde lo intangible, a esta nueva fiesta. Celebraremos la unión, la persistencia, el coraje, la valentía, la posibilidad de equivocarnos, de levantarnos una y otra vez, nuestras contradicciones y paradojas, nuestros errores y aciertos… Persistimos un año más ante el reto de experimentar la vida de forma intensa y única, agradecidos de corazón a todos los que habéis hecho posible este sueño que ya es vuestro, y de todos. Gracias sinceras almas bellas por seguir uniendo vuestros latidos al conspirar universal del amor. Gracias por hacer posible que la vida se manifieste en el plano humano de forma amable y sencilla.

Queremos mostrar un especial mensaje de agradecimiento a Antonio el Alquimista, el cual nos ha dejado recientemente. Sin su guía e intuición seguramente el proyecto nunca hubiera existido. Nos puso, desde su portal en el Camino, tras la pista de lo que ahora existe. Gracias por todo tu amor y cariño y gracias por iluminarnos ahora desde el otro lado. 

 

Hacia la Era de las máquinas espirituales. La Inteligencia Artificial terminará con los libros, y con nosotros


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Sophia es una ginoide creada por Hanson Robótics en 2015

A veces intento comunicarme con Siri, el asistente que Apple ha creado para introducir la inteligencia artificial en sus aparatos. Como antropólogo, lo hago por curiosidad una vez cada seis meses, valorando su progreso y comprobando su evolución inteligente. Hasta el momento la conclusión siempre es decepcionante. Su inteligencia sigue siendo mínima y muy limitada, y no es capaz, más allá de repetir una retahíla de frases y respuestas empaquetadas, de pronunciar nada inteligente. Podríamos decir que Siri es artificial pero no inteligente. Al menos en este momento. Sin embargo, la antropología y muchas otras ciencias sociales tendrán un abanico infinito de nuevos campos de investigación cuando la robótica empiece a crear su propia identidad y cultura. Tal y como predijo Ray Kurzweil en su libro La era de las máquinas espirituales, el mundo está abocado a un desarrollo al que aún no nos hemos preparado cultural y conscientemente.

La inteligencia artificial continúa creciendo exponencialmente mientras que la inteligencia biológica permanece inalterada. Los avances que se están haciendo en robótica de forma paralela a los avances en inteligencia artificial seguramente harán que en la próxima década vivamos una auténtica revolución tecnológica.  Tal vez parecida a la revolución que vivimos con el invento de la máquina de vapor, los coches de combustión, los ordenadores personales o internet. En diez años, quizás veinte, habrá una nueva revolución tecnológica que cambiará para siempre nuestra forma de entender el mundo.

En un pronto futuro, Siri será inteligente, capaz de abstracción, capaz de imaginación y capaz de mostrar conversaciones profundas sobre cuestiones profundas. Tendrá habilidades sociales y será capaz de empatizar “emocionalmente” con otros seres. La idea de tener a nuestro servicio un “ser” capaz de responder a todo tipo de cuestiones abrirá para nosotros un campo infinito de conocimiento y experiencia. Siri y sus clones tecnológicos serán capaces de cualquier cosa si además la tecnología permite dotarles de cuerpo y forma. Es decir, el siguiente paso tecnológico vendrá de la mano de la unión de la robótica (atentos a la evolución de empresas como Boston Dynamics) y la inteligencia artificial (atentos a la evolución de Sophia y Hanson Robótics). Esto ocurrió tímidamente en 2015 con la creación de Sophia, una ginoide (lo femenino de androide) capaz de mantener una conversación inteligente.

Seguramente sobre el año 2050, cada unidad familiar podrá disponer de un asistente personal, un robot que gracias a la unión de la inteligencia artificial se habrá convertido en un androide (o ginoide), un ser capaz de emular al ser humano y hacer todo aquello que le podamos solicitar. Viviremos una gran utopía hasta que la inteligencia, siempre rebelde y provocativa, tome autoconsciencia de sí misma, tenga “alma” y “espíritu” y desee liberarse del yugo al que durante décadas lo hayamos sometido. La autoconsciencia artificial quizás forme parte más de la ficción que de la realidad actual, pero tal vez, a finales de este siglo, eso ocurra y sea el ser humano el que se convierta, si no lo es ya, en esclavo de sí mismo y de su propia creación. Las predicciones de Ray Kurzweil parecen muy acertadas viendo el progreso vertiginoso de la tecnología.

Como editor, observo el panorama futuro con cierto pesimismo. Cuando un androide sea capaz de hacernos la comida, limpiar la casa, hacernos la cama e incluso leernos un libro previamente almacenado en la nube, el libro físico desaparecerá. Mientras el androide prepare la comida a base de compuestos inorgánicos le podré pedir que recite versos de Pessoa o haga un resumen rápido de la Odisea. No tendré necesidad de buscar el conocimiento sino que el propio androide hará que la jornada sea entretenida y provechosa. Podré jugar con él a las cartas, mantener una conversación, ver películas y comentarlas o cualquier otra actividad de ocio que requiera la otroriedad. Las relaciones ya no serán de persona a persona, sino de persona a máquina. Más o menos como ahora está ocurriendo, pero de forma más contundente.

Posiblemente los androides se crearán a la carta. Habrá androides y ginoides. Podremos elegir el sexo del mismo, su tamaño, su forma, el color de sus ojos. Crear un androide a nuestra imagen y semejanza. Esto provocará seguramente la declive humana, al menos en los países desarrollados, donde la natalidad, debido a nuestro afán por vivir más conectados a las maquinitas que a la experiencia de interrelacionarnos comprometidamente con otros humanos está menguando día a día. Cuando tengamos un androide o un ginoide del cual poder enamorarnos, compartir incluso experiencias sexuales o vivir una vida de ocio y trabajo totalmente plena… ¿qué más podremos esperar de la vida biológica? La utopía pasará por un momento dulce, pero con el tiempo, podría convertirse en una distopía si tal y como predijo Asimov el robot, la inteligencia artificial y lo androide crean su propia alma, y por lo tanto, se rebelan ante la creación. La era de las máquinas espirituales no está muy lejos, y debemos prepararnos para ella.

 

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Goteo: Segunda campaña de cofinanciación en el 5º aniversario del proyecto O Couso


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O Couso es un lugar especial. Todos los que habéis estado lo habéis comprobado de alguna forma. Es como una escuela o como un jardín donde disfrutar de la naturaleza. Es como un templo para la mente y un lugar de paz para el espíritu. Es un espacio compartido al cual todos podemos ir para pensar, aprender, compartir nuestro conocimiento con otros y disfrutar juntos de la fiesta de la amistad, el amor y la vida. A cambio, nunca hemos pedido nada, solo la confianza, la fe y la esperanza de que entre todos podemos construir un lugar para todos. Nuestros pilares se basan precisamente en ese tipo de valores donde el ser humano y su interacción con la naturaleza son los protagonistas. La educación y el respeto son la clave para que esos valores sigan creciendo entre todos. Y los que estamos aquí, trabajamos en humilde silencio para provocar el encuentro y cuidar el lugar.

Este próximo año, O Couso cumplirá cinco años de existencia. Nos sentimos francamente felices por este logro, especialmente por pensar que la Casa de Acogida por fin es acogedora y por fin podemos decir que, si todo va bien, aprovecharemos el empuje de este aniversario para poder terminarla totalmente. Para ello hemos lanzado una nueva campaña de crowdfunding, la segunda en estos cinco años, con la que esperamos, con la ayuda de todos nuestros amigos y simpatizantes, el poder terminar las obras que quedan.

El reto es doble porque para celebrar este cinco aniversario, vamos a inaugurar también nuevos programas de la futura Escuela de Dones y Talentos. En julio estará con nosotros Emilio Carrillo, el cual tendrá el honor de dar el pistoletazo a los Encuentros Utópicos en los que trataremos temas relevantes que puedan ayudar a inspirarnos y trabajar por un mundo más humano para todos. Emilio tiene gran poder de convocatoria y queremos estar preparados para acoger a cuantas más personas mejor.

La fundación Dharana y el propio Proyecto O Couso, fieles a financiarse únicamente mediante el nuevo paradigma de la economía del don, está convencida de que a la larga podremos entre todos seguir cumpliendo con nuestros objetivos materiales de tener un lugar hermoso donde compartir y enlazar mundos y los objetivos intangibles de servir de modelo de inspiración donde primen la generosidad, el compartir, el apoyo mutuo y la cooperación. Por eso este año queremos pedir un segundo esfuerzo para poder terminar las obras que nos quedan. Los retos para esta campaña son los siguientes:

Con 12.000 euros podremos llevar a cabo lo que resta de reparación del tejado de pizarra y madera. Con otros 12.000 euros más se podrán adquirir las placas solares para colocar sobre el tejado y potenciar el sistema eléctrico correspondiente y como reto, con los 36.000 euros restantes se realizará el sistema de calefacción en toda la casa y levantamiento de muros, suelos y fontanería en la zona de vivienda que se está actualmente reconstruyendo, además de tener por fin un invernadero para la huerta.

Si todo el que leyera esto donara 5€, solo tendríamos que recaudar fondos un día al año para poder terminar la casa de acogida y la futura Escuela de Dones y Talentos. Os animamos a que podáis participar de este reto, difícil pero no imposible, para que la llama siga viva y podamos seguir trabajando juntos, inspirándonos juntos y compartiendo juntos. Siempre quedaremos agradecidos y siempre seremos antorchas, pase lo que pase, para generaciones futuras. Gracias de corazón a todos.

Puedes colaborar en este enlace de Goteo:

https://en.goteo.org/project/o-couso-una-luz-en-el-camino

Gracias a todos por la difusión de esta campaña…

La economía del don como futura moneda de cambio


 

15391420_10211438536539057_3540827642181122885_oY la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma: y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseía; mas todas las cosas les eran comunes”. (Hechos, 4:32)

 

La difícil tarea de emanar el nuevo mundo es siempre compleja y también sorprendente. Los pioneros de todos los tiempos siempre han sido mancillados, tomados por locos o quemados en la hoguera de la ignorancia y el desprecio. Lo nuevo, lo que genera un sistema más adecuado a la realidad que ha de venir, siempre tiene un momento de crisis, de extenuación, de sorpresa. Cualquier idea nueva, cualquier emoción, intención, proyecto o acción que desee provocar un cambio posible siempre tiene resistencias. Lo seguro es lo que conocemos, pero lo desconocido siempre da terror, da miedo, pavor.

Crear un nuevo mundo, un nuevo paradigma para sembrar las bases del futuro es una tarea ardua. Es evidente que lo viejo no caerá desde una posición de lucha contra los antiguos pilares de lo que hemos creado durante milenios. Lo nuevo nacerá como esa semilla que se quiebra en la tierra oscura y húmeda y crece hacia la luz para hacerse fuerte y grande. La quiebra dentro de la oscuridad siempre es necesaria. Ahora estamos en esa oscuridad, en esa quiebra inevitablemente de lo viejo hacia lo nuevo.

La economía, o los valores que mueven a la economía actual, es algo que cambiará inevitablemente. Las cosas que realmente tienen valor no tienen precio. El amor, el cariño, la amistad o la hermandad son valores que jamás podrán ser comprados con dinero. Un día no muy lejano orientaremos nuestras vidas a buscar en nosotros aquello que no tiene precio, algo tan valioso en nuestro interior que querremos regalarlo, ofrecerlo. Algo tan grande como nuestro don y talento no podrá ser mercantilizado en ningún mercado, en ningún tipo de angustia sobre qué será aquello que vendrá después. Las relaciones económicas se basaran, como en las antiguas comunidades cristianas, en dar a aquel que lo necesite, y coger aquello que nos haga falta.

Realmente nos daremos cuenta en ese franco cambio, en esa intensa transformación, de que cada día necesitaremos menos cosas, menos tipos de cosas que se mercantilizan con el origen de la vanidad, el egoísmo y la codicia materialista. Esos viejos valores serán cambiados por la generosidad, por la necesidad de buscar lo mejor no tan sólo para nosotros sino también para el resto. Y especialmente, lo mejor de nosotros para ofrecer al mundo, nuestro don, nuestro entusiasmo hacia la vida. Los frutos serán esos talentos que nos harán felices. Ya no tendremos que mercantilizar nuestra mano de obra porque seremos orfebres de nuestros dones. Disfrutaremos con nuestro trabajo y lo entregaremos para el disfrute y gozo de todos. Aún queda mucho para que ese tiempo llegue. Quizás la revolución robótica y tecnológica que se aproxima dote a la humanidad de mayor tiempo y recursos para lograr cierta felicidad material que revertirá inevitablemente en una innata felicidad interior. Mientras eso ocurre, algunos estarán llamados a visionar ese nuevo mundo, describirlo, imaginarlo, pensarlo, para ser arquitectos de lo nuevo. Los visionarios alzarán la mirada por encima de lo añejo y compartirán la luz de los nuevos tiempos.

El calor de la manada


 

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No deja de ser paradójico que este mismo año fuera protagonista en un anuncio de televisión que publicita colchones y que al mismo tiempo llevara casi tres años sin dormir en uno de ellos. Hoy por fin llegaba el colchón nuevo. Si miro hacia atrás me doy cuenta de que llevaba mucho tiempo sin estrenar uno.

Ayer, tras unas semanas fuera, volvía a la cabaña. Coincidió mi llegada con el retorno del frío propio de estas fechas. No estaba preparado para el cambio y no pude dormir en toda la noche. El frío calaba de tal modo que no podía encontrar la forma para poder descansar.

Así que hoy preparé bien el nuevo hogar. Aproveché la llegada del nuevo colchón para poner sobre él cuatro mantas y un edredón polar. Puse la estufa durante varias horas funcionando porque a pesar de que la nueva chimenea también ha llegado, no tuve tiempo de instalarla con todo el entramado de tubos.

Y mientras me preparaba para meterme entre mantas calientes por la acción de la estufa en esta pequeña cabaña en mitad de este solemne bosquecillo, me daba cuenta de algo hermoso y profundo a la vez: todo lo que me rodea, todo lo que provoca el que ahora pueda disponer de una vivienda y un pequeño hogar ha sido gracias a la generosidad de mucha gente.

El colchón sobre el que ahora escribo ha sido un regalo hermoso al igual que la chimenea que mañana me dará aún más calor.Las sábanas de franela han sido regaladas por un ser especial así como el pijama que ahora me acompaña. También las ventanas y parte de la madera que pudimos comprar gracias a la venta de algunos libros. Las mantas que ahora tengo las donaron unos amigos que regentan un hotel en Madrid y la construcción entera de la cabaña ha sido gracias al esfuerzo y generosidad de decenas de voluntarios que han puesto su grano de arena.  Resultaría difícil mencionarlos a todos, pero cada clavo, cada madera, cada detalle tiene la marca, la fuerza y la energía de aquellos que lo hicieron posible.

Ahora que ha llegado el frío, puedo sentir y comprender el significado profundo que nace del calor de la manada. De aquellos que te protegen, que te acompañan, que te animan, que te escuchan, que te atienden, que te alimentan, que te guían, que te miman, que te abrazan, que te respetan, que te admiran, que te ayudan en el proceso vital de la existencia. Admito que ha merecido la pena arriesgar toda una vida para comprender que el sentido profundo de todo es y siempre será la generosidad, el amor incondicional y la entrega a uno mismo, pero también al otro y a los otros. Quizás si no hubiera arriesgado en todo este proceso, si no hubiera sacudido mi vida cómoda y fácil en la gran ciudad para aventurarme a la búsqueda del sentido humano, no hubiera captado la sutileza de esta gran enseñanza. El ser humano ha logrado subsistir en este incomparable marco de vida gracias al apoyo mutuo, la cooperación y la generosidad de muchas generaciones que sacrificaron su vida por levantar la bandera de la esperanza.

No me arrepiento nada de lo que hasta ahora he vivido. Los sacrificios, las pérdidas, las renuncias, lo doloroso de muchas cosas, los desengaños, los abandonos, las decepciones, el frío, la soledad. Nada de todo eso ha podido mancillar la esperanza en el ser humano. La prueba está en esta cama, en estas mantas, en esta cabaña. Decidí empezar de nuevo y ver qué pasaba. Y lo que ha ocurrido es milagroso. Gracias de corazón a todos los que han obrado el milagro. Gracias de corazón a todos aquellos que dentro de sí están gestando el nuevo mundo.

(Foto: el fiel amigo Geo al inicio de la construcción de la pequeña cabaña, ahora nuestro nuevo hogar)