El futuro inminente: hacia la “yogamia” colectiva


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La próxima década traerá muchas novedades a todos los niveles. La primera de ellas será la implantación progresiva de las redes 5G. Por suerte, el miedo irracional que supimos superar con la invención del microondas nos llevará a superar también el miedo irracional a las redes 5G. El mundo, cada vez menos supersticioso, abrazará la tecnología con vocación de mejora, y no con desconfianza. Esto permitirá, a su vez, una implantación progresiva de los coches eléctricos autónomos y del internet de las cosas. Ya no solo estarán conectados los seres humanos, sino también las cosas que los seres humanos utilizamos. Esto no cambiará mucho nuestras vidas, pero habrá un matiz diferente de percepción.

En la siguiente década, en los años treinta, la consciencia ecológica invadirá a toda la humanidad. Esto será irremediable si no queremos que el fatídico fin del mundo se siga apoderando de nuestro subconsciente colectivo. El miedo a una destrucción masiva de la humanidad desaparecerá progresivamente a medida en que los gobiernos y los individuos empiecen a pensar en verde, en sostenibilidad y en decrecimiento material. También debería, progresivamente, ir desapareciendo el dinero físico. Dicen los expertos que esto perjudicará a las clases que viven de la economía sumergida, pero estoy convencido de que la economía sumergida inventará nuevas formas de supervivencia. El dinero físico no tiene sentido en los tiempos que corren. Esto será revolucionario a muchos niveles.

En los años cuarenta, quizás en los cincuenta, el salto cuántico vendrá del mundo de la robótica y la inteligencia artificial. Será el comienzo de una nueva era y el trabajo manual será sustituido cada vez más gracias a la mayor presencia de máquinas que harán nuestro trabajo, no solo a nivel empresarial, sino también en la implantación de la robótica avanzada en nuestros hogares. Esto traerá consigo la necesidad de una verdadera renta básica universal para aquellas personas que no hayan podido adaptarse al nuevo reto, y el mundo se sumergirá en una nueva época tecnológica de avances inimaginables.

La vida en las ciudades será mucho más agradable de lo que es ahora, a pesar de que mucha gente abrigará la posibilidad de vivir en el campo, en el mundo rural, junto a su “yo-robot”. Cada individuo, progresivamente y durante todo el siglo, dispondrá de un robot-avatar, y se comunicará con el mundo mediante el mismo. Lo interesante de esto, al menos a nivel sociológico y antropológico, es que las relaciones humanas se establecerán mediante un intermediario tecnológico. Algo parecido a lo que ahora ocurre mediante las “redes” sociales, pero mucho más sofisticado. Empezaremos a vivir en el mundo de la “yogamia”, donde las relaciones “verdaderas” serán en exclusiva con nuestro “avatar” robótico. Esto incluirá las relaciones sexuales, afectivas e intelectuales. No habrá una mayor degradación de la que hay ahora. Los que basen su vida en el sexo lo seguirán haciendo, pero esta vez con sus avatares. Y los que basen sus vidas en el intelecto encontrarán una fuente inagotable de conocimiento en un avatar dotado de una sofisticada inteligencia artificial.

En las próximas décadas, el ser humano será cada vez más libre y estará cada día más emancipado emocionalmente de mitos como los del Estado, la nación e incluso la familia. Esa emancipación creará individuos aislados, que vivirán una vida en compañía de máquinas que sustituirán a las tradicionales parejas. Esto provocará una necesaria disminución de la pirámide poblacional, y un alivio para nuestro planeta. Al mismo tiempo, habrá una nueva contracultura que deseará revivir la nostalgia de la vida en familia, en comunidad y en estrecho contacto humano con la naturaleza. Ambas tendencias sobrevivirán juntas durante un tiempo.

Todos estos cambios crecientes y exponenciales permitirán que el ser humano sea cada vez más torpe en cuanto a habilidades manuales, pero más abierto a la experimentación con la mente abstracta. De hecho, este tipo de nueva vida permitirá que la mente abstracta entre en el dominio humano y se expanda en toda la especie humana. Esto creará una mayor conexión con el mundo espiritual, con la mística, con la búsqueda de verdades trascendentales y con la posibilidad de una vida espiritual unificada. En la década de los cincuenta y sesenta será absurdo hablar de patrias, de religiones o de lo “público” tal y como ahora se conoce, y la emancipación del individuo llegará a la mayor de las cúspides. Una nueva forma de relacionarnos emergerá en todos los ámbitos de nuestras vidas.

A finales de siglo, el mundo de Unanimidad estará más cerca. La exploración espacial habrá dado un salto cuántico y es posible que nazcan las primeras colonias fuera de nuestra tierra habitable. El ser humano será cada vez más biónico, y podremos elegir libremente nuestra retirada de este mundo sin necesidad de esperar a la vejez o la enfermedad. Seremos plenamente conscientes de cuándo nuestro ciclo vital ha terminado, y no tendremos necesidad de alargarlo mucho más. Para entonces, los gobiernos y las grandes corporaciones tendrán mucho menos poder del que ahora ejercen sobre nosotros porque podremos decidir en todo momento cuándo desconectar del mundo virtual que habremos creado a nuestro alrededor. Podremos elegir si vivir plenamente en la virtualidad o en el mundo real, a solas, con nuestro avatar, en nuestra vida “yogámica”.

¿Y luego? Tras esta crisis de identidad tecnológica, en el siglo XXII, tecnología y humanidad convivirán en un reinado armónico, de mutua cooperación y aprecio. Los seres humanos volverán a estrechar sus relaciones, pero esta vez desde la paz y la armonía que la educación a “solas” con nuestro avatar habrá producido. Viviremos una edad de oro gracia al reconocimiento de nuestro justo lugar en el mundo y al descubrimiento de nuestra verdadera naturaleza trascendente.

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Cerramos O Couso por Covid-19


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Estimados amigos,

La próxima primavera cumpliremos siete años de vida. En estos años hemos atendido sin descanso, los 365 días del año, las 24 horas del día, a todo aquel que ha querido llegar hasta aquí. Nunca se pidió nada a nadie y siempre hicimos un gran esfuerzo por mantener viva la llama de este lugar.

Durante estos años hemos cometido muchos errores, hemos provocado mal sabor de boca en algunas personas de buena voluntad que venían hasta aquí buscando una utopía y se encontraban con una ruina y algunos pocos voluntarios sosteniendo el proyecto. Hubo decepciones y buenas personas que se marcharon contrariadas, tristes, desilusionadas. A todos ellos queremos pedir perdón por nuestras torpezas, por no saber como hacerlo mejor a pesar del ánimo que siempre pusimos, por no encauzar del todo bien los conflictos que se generaron en la convivencia. Nunca fue fácil, y a todos ellos les debemos un gran reconocimiento por hacernos entender la necesidad de cambio, la posibilidad de mejora y la fortaleza para continuar.

Se termina un ciclo, el del Proyecto O Couso, y empieza uno nuevo que durante estos meses vamos a dibujar para ver como podemos aprender de todos los errores realizados en estos años y perfilar un lugar donde reine la paz y la tranquilidad. A pesar de nuestros errores, hubo muchos aciertos, especialmente por esa gran red de amigos que se conocieron aquí, por todas las historias de amor que aquí se vivieron y por todo el bien inspirador que el proyecto generó en la vida de muchas personas. Por todo eso y mucho más, el lugar y el esfuerzo mereció la pena.

En estos días que todos estamos viviendo con cierta incertidumbre, un pequeño grupo de voluntarios ha intentado sostener el lugar a pesar de la tensión que en todo el mundo se está viviendo. Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido, pero al leer las condiciones para albergues y casas de acogida que el gobierno de la nación impone a este tipo de lugares, nos vemos imposibilitados para poder atenderlas.

Esto nos obliga a anular todos los eventos programados hasta el 21 de marzo de 2021. Incluye la anulación del primer encuentro Utópico que íbamos a realizar en julio, todas las experiencias programadas y cualquier otro programa de voluntariado o acogida. A no ser que todo mejore antes, el proyecto permanecerá completamente cerrado hasta el 21 de marzo de 2021. El encuentro utópico se desplaza hasta el 9 de julio de 2021 y todos los programas quedan anulados hasta nuevo aviso.

Este cierre obligado nos ayudará a repensar el lugar, a dar por finalizada la fase del proyecto O Couso, que pasará simplemente a llamarse “Casa de Acogida O Couso”, y a mejorar todas nuestras instalaciones para que el próximo año la acogida sea más cómoda y llevadera. Será un año de silencio, de introspección, de búsqueda de visión, que dará pie al comienzo de la segunda fase del proyecto, la Escuela, la Huerta y el Jardín.

Agradecemos desde este momento la comprensión y el esfuerzo de todos los que en estos últimos meses han hecho posible el sostenimiento del lugar. Gracias a los amigos anónimos que han provocado el que tengamos este receso para repensar el lugar. Gracias de corazón a todos, y hasta pronto.

 

Sin estructura en Utopía. Un nuevo campo de experimentación antropológica


A

El ángelus, de Millet

“No tengas prisa, no te preocupes. Estás aquí para una corta visita. Así que asegúrate de parar y disfrutar del olor de las flores”. Walter Hagen

 

Uno de mis libros más polémicos es “Creando Utopías, el papel de la rebeldía ante el nuevo orden mundial”, del cual ando preparando la tercera edición. En él hablo de como la estructura en sus tres dimensiones posibles, la temporal -trabajo-, la espacial -propiedad privada- y la social, de alguna forma nos esclaviza a un sistema dominante, a un modelo que nos aleja de forma extrema de nuestro Ser esencial, de nuestro más profundo sentido de libertad humana. Esta experiencia pandémica y la forma en la que los gobiernos han resuelto manejarla ha demostrado que el individuo en colectividad es un ente, un espectro, un fantasma al que hay que colocar, por si no fueran pocas las que ya tiene, pesadas cadenas.

Hoy hablaba con Emilio Carrillo, dadas las circunstancias, sobre la posibilidad de anular el evento que teníamos programado para julio. Al final hemos decidido traspasarlo al año que viene. En estos días haremos un comunicado para explicar los motivos evidentes y para aclarar de paso los nuevos protocolos a seguir en el proyecto, dadas las exigencias de las autoridades competentes. No lo vemos como una renuncia, sino como una oportunidad, un reto, un rehacer lo hecho para seguir adelante.

Será un reto, porque en un primer momento, lo primero que nos venía a la cabeza era cerrar el proyecto hasta que todo este asunto resultara clarificado, pero luego hemos pensado que en vez de cerrarlo, se podría aprovechar esta circunstancia para experimentar nuevos modelos de convivencia. Se nos pasaba por la cabeza dejar el proyecto abierto, al menos la casa de acogida, pero sin rutinas, ni rituales, ni obligaciones algunas. Es decir, estar unos meses con la casa abierta para que las personas que lo necesiten puedan descansar y desconectar, pero sin mayor interacción que esa. Quizás con algunas propuestas de actividades como cuidar el jardín o la huerta, pero sin mayor compromiso que ese. Es decir, estar unos meses, aún no sabríamos decir cuantos, sin ningún tipo de apoyo ni estructura, y ver qué pasa.

Sería una especie de experimentación anarco-espiritual, como me recordaba hoy nuestro querido Román en su bello trabajo sobre O Couso. Una forma de volver al cristianismo primitivo, es decir, al mensaje revolucionario del Jesús del Sermón de la Montaña, donde paisaje y naturaleza se entremezclan con un sentido profundo de la espiritualidad. Un experimento que se basaría, al menos durante un tiempo, única y exclusivamente bajo el mandato del derecho natural, sobre la ética y la consciencia de cada individuo, sin estar gobernadas ni dirigidas por nadie ni por nada, de forma que, intuitivamente, los días se gobiernen por el sentir individual, interactuando con otros sentires en un espacio y en un tiempo sin orden social, sin estructura, sin gobernanza.

Sin juicio y sin jueces de la moral, tal vez el experimento sirva para dar un impulso diferente al lugar. Una forma hermosa de despedir los siete años de vida del proyecto O Couso y empezar a centrar las fuerzas y las energías en el siguiente periodo, en los siguientes siete años donde daremos fuerza y vigor a la Escuela, al Jardín y a la Huerta. El proyecto O Couso dejará de ser un proyecto y se convertirá en la Casa de Acogida de O Couso, una realidad gracias a las últimas obras realizadas en la misma.

Tras constatar la eficacia de la economía del don, de la cooperación y el apoyo mutuo, este nuevo experimento que fijará la atención en la libertad individual basada en valores universales, será realmente atrevido y revolucionario. También todo un reto para que las fuerzas del caos no se apoderen y todo termine hecho un fiasco.

Es necesario que el proyecto esté abierto porque habrá mucha gente que deseará escapar de la ciudad y respirar un aire diferente. Vemos en todo esto una oportunidad para dedicar el próximo año a mejorar y perfeccionar todo lo que se pueda este ya revolucionario lugar. En estos próximos meses sólo habrá campos, caminos para caminar y sonrisas para compartir. Veremos qué ocurre. Por nuestra parte, seguiremos creando utopías. Una y otra vez.

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El utópico esbozo de un mundo por venir


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Hace cuatro años puse los primeros pilares de la que ahora es mi casa. Esto es solo un esbozo del mundo utópico que está por venir

Así lo definiría un tipo culto y sabio. Un esbozo utópico de un mundo por venir, una síntesis completa de aquello que aún no existe. Ya no soy un hombre típico y triunfante. Dejé atrás esas ansiedades de la personalidad. No por haber fracasado en esas empresas que uno siempre imagina exitosas, sino por haber encontrado una quietud perenne insoportable para lo nominal. Renunciar a los placeres de la personalidad, a las riquezas y a las posesiones no tiene ningún mérito. La pedagogía de este instante está más allá de cualquier deseo de poder o control. Vaciar esa parte de la vida es dejar espacio para que algo diferente se ubique en nuestro devenir. Es cierto que hay algo de disciplina en todo esto. Uno siempre debe apostar por lo que rige en su necesidad o en su corazón. Y el segundo camino, el del corazón, siempre requiere algún tipo de sacrificio. La necesidad siempre es admirable en cuanto a su infinita capacidad de subsistencia. Pero el corazón atraviesa lugares sombríos para llegar por fin a la meta que se propone. Y estamos en un tiempo sombrío, y mi alma me pide avanzar con prisa hacia lugares no comunes. Mi alma me pide que explore el mundo del mañana e intente arrancarle algún esbozo.

Buscar la perfección del espíritu mediante el estudio y la meditación, el servicio y la acción como vocación de animar a otros a vivir la vida desde un sentido más profundo es algo que nace siempre del corazón. Por eso la necesidad se aparta, la mente trabaja al servicio de esa luminaria sentida y la luz que viene desde lo más alto empieza a gobernar todo cuanto experimentamos. Sería, por decirlo de alguna manera, un anhelo que nace del espíritu y que atraviesa la materia para elevarla a una consciencia superior.

Habrá en un futuro una reacción espiritual a este mundo materialista. Eso será algo inevitable. Ahora vivimos en un afán de distracción total, de culto al entretenimiento y la posesión. De alguna manera, si estamos entretenidos y tenemos nuestras manos y corazones llenos de cosas estamos mansos, aturdidos, anulados. La servidumbre es perfecta en este estado de embriaguez. Somos felices porque podemos alcanzar cualquier meta en nuestra esclavitud disimulada, ya sea en lo real o en lo irreal. El pensamiento carece de pureza y lucidez y el diagnóstico futuro sobre nuestra realidad más inmediata no es muy esperanzador. De ahí la redención necesaria. De ahí el sublime esbozo donde poder acunar una vida espiritualizada más allá de este mundo superficial basado en pueblos que han perdido su fe, más allá de esta vida mecanizada y atomizada, superficial y sin escrúpulos. La decadencia moral que vivimos viene acompañada de un arte que ha perdido su sinceridad y significado, de una ciencia al servicio de la embriaguez. ¿Cómo darnos cuenta de todo esto si vivimos en la cárcel perfecta?

Por eso llegan las guerrillas espirituales, aquellos a los que Pablo se refirió como los nacidos fuera de la estación debida. Son una avanzadilla temeraria de exploradores, en palabras de Fortune. Aventurándose por delante del resto, esa avanzadilla explora ligeros de equipaje, los desiertos aún no habitados, las tierras espirituales aún no conocidas. Batidores solitarios que deambulan, muchas veces a ciegas, sobre el utópico esbozo de un mundo por venir. Vigilantes silenciosos, observan la mejor manera de traer la nueva buena, y buscan, a riesgo de su propia vida, fórmulas para el despertar general, para poner al ejército humano en marcha hacia el nuevo mundo. Los exploradores tantean el nuevo mundo y traen el jugo de esa tierra como muestra de realidad futura. Y sí, ese mundo es espiritual, irremediablemente. De ahí que la llamada, nacida de lo más profundo del corazón, haga de la aventura una fórmula de vida necesaria.

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¿Cómo sobrevivir a las futuras crisis?


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La crisis de 2008 y la crisis de 2020 están siendo oportunas para plantearnos a nivel individual y colectivo cientos de premisas que ya fueron puestas en duda durante décadas. Las utopías del pasado han intentado siempre buscar modelos que produzcan una convivencia armónica entre el individuo, los grupos y la naturaleza. Hoy nos preguntaban de qué manera nosotros como grupo, como pequeña comunidad, podemos hacer frente a la crisis, y enumerábamos unos puntos que nos parecen esenciales para crear un nuevo paradigma. Desde nuestro pequeño proyecto, estamos buscando la fórmula esencial para emancipar al individuo sin que ello repercuta en su falta de libertad y seguridad material ni tampoco en el aumento de su huella ecológica. Algunos puntos importantes a destacar son los siguientes:

a) No existe la propiedad privada. El lugar pertenece a una fundación que de forma generosa reconoce la necesidad de privacidad de los individuos, ofreciendo espacios de uso privado. Las personas son libres de estar aquí el tiempo que quieran sin necesidad de arraigo. La no propiedad privada crea un sentido de libertad interior que permite mirar el futuro desde la libertad absoluta, el desapego y la emancipación individual.

b) No pagamos hipoteca, alquiler o cuota por el lugar donde vivimos. Esto nos resultaba clave para poder emancipar al individuo y así dedicar el tiempo a la interiorización y a la búsqueda personal de nuestros dones y talentos.

c) No pagamos agua ni electricidad. Por fortuna, somos independientes en cuanto a recursos de este calado. El agua fluye de un manantial propio y la electricidad la generamos con una instalación de placas solares. El reto futuro es poder emanciparnos también en cuanto a la movilidad necesaria, mediante la adquisición de algún vehículo eléctrico.

d) Colaboramos unas tres horas al día (unas quince horas a la semana) en tareas colectivas y el resto de tiempo es para nosotros. Esto produce un sentimiento de permanencia grupal, pero también la posibilidad de dedicar mucho más tiempo libre a nuestros asuntos personales. Hemos roto con la antigua división del trabajo, su servidumbre y con la antítesis entre trabajo mental y físico. Intentamos gozar del trabajo desde la concepción de ser útiles a los demás, y por lo tanto, desde una idea de servicio continuo y labrado bajo la base de la sencillez y el amor compartido.

e) Hemos colectivizado los medios de producción y las herramientas, lo cual repercute en un ahorro considerable. ¿Para qué tener doce lavadoras o doce taladros? Con una herramienta para todos es suficiente.

f) Estamos intentando implementar entre nosotros la renta básica universal. Este es un reto futuro que pretende el que podamos, gracias al trabajo colectivo, disponer de un dinero de bolsillo para nuestros gastos personales. Estamos ideando fórmulas para generar recursos sin depender de terceros.

g) La comida (cuasi vegana) está colectivizada y es gratuita, por lo que a nivel individual no pagamos comida.

h) No ingerimos ningún tipo de drogas, tabaco o alcohol, con el ahorro que eso supone para los bolsillos y para la salud.

i) Nos aferramos a la idea del apoyo mutuo y la cooperación como esencia del proyecto.

j) Nos basamos en la economía del don con el lema “deja lo que puedas, coge lo que necesites”. Seguimos la idea o uno de los principales aforismos del socialismos utópico: “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.

k) Disfrutamos de una naturaleza hermosa y exuberante, lo que ayuda a levantar el ánimo y a disfrutar de la vida de forma armoniosa y plena.

l) Basamos nuestra filosofía de vida en el decrecimiento y la simplicidad voluntaria. Esto lo hacemos por nosotros y por el planeta. Hay una necesidad colectiva de romper con la visión del crecimiento para evitar el derrumbe de nuestra propia civilización.

m) Nos autogobernamos por acuerdos y principios simples que se rigen por consenso jerarquizado. La jerarquía está establecida únicamente por el grado de compromiso y responsabilidad de cada individuo.

n) Tenemos la necesidad interior de espiritualizar la vida. Al hacerlo, nuestras vidas pasan de ser ordinarias y se transforman en extraordinarias. Pasamos a maravillarnos por las cosas cotidianas, por el paisaje, por las relaciones. La magia de la vida se transforma, ante esta mirada, en una vida milagrosa, entendiendo que todo cuanto ocurre a nuestro alrededor forma parte de un ciclo maravilloso de acontecimientos profundos y verdaderos.

Sea como sea, todo esto está en fase experimental. Interiormente sentimos que son puntos importantes a nivel material, pero no suficientes. Aún debemos profundizar más en temas como la motivación, el entusiasmo, la alegría, la necesidad de pertenencia a un propósito individual y colectivo, la búsqueda de visión y la práctica espiritual como forma normalizada en nuestras vidas individuales y grupales. En ese aspecto queda mucho por hacer. Y este, quizás, sea el reto para afrontar futuras crisis. Nuestra responsabilidad no pasa más allá de poder intentarlo. Al hacerlo, de alguna forma es COMO SÍ ya existiera. El esfuerzo de este tiempo será apreciado, quizás, por generaciones futuras, y nuestros errores y aprendizajes servirán de base para mejorar el experimento.

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Recordar de nuevo…


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© Martin Rak

“Sabiendo Él que el Padre lo había puesto todo en sus manos, y que como era venido de Dios, a Dios volvía…” Jn 13, 3.

Jueves Santo. La cena. La eucaristía. Luna llena. Quedamos a las cinco para hablar. Ella desde las Tierras Altas y yo desde los Bosques y la Montaña. El desierto quedó atrás. La visión ahora es diferente, más propicia para el recuerdo. Encendemos la vela, invocamos y meditamos durante unos minutos desde la lejanía, pero cercanos en el lazo místico. Mi barba ha crecido, su luz también. Nos reconocemos y nos inclinamos respetuosos ante la grandeza de lo desconocido, ante lo sublime de lo oculto, ante el Misterio inagotable. Durante más de dos horas tejemos de nuevo la madeja. Siempre estuvo ahí, nada había cambiado desde tiempos inmemorables. Solo teníamos que volver a recordar, como en aquellos días de hace siete años, que tanta gracia y lucidez llegó a nuestras vidas y tantos miedos fueron vencidos.

Era cierto que habíamos sellado un pacto invisible. Solo había que mirar las señales, la fluidez de los acontecimientos, el arquetipo expresado sin mácula. Sólo había que mirar a nuestro alrededor y las alianzas expresadas por ese innegable arco celeste resurgía tras cada lluvia, tras cada duda, tras cada deseo. El lenguaje de los pájaros se convirtió en Simorg. Era inevitable, era necesario y urgente. Perseverancia era la consigna para resistir a los tiempos, a los envites, a las pruebas, a este tiempo oscuro. Los trabajos nos llevarían al punto en el que ahora nos encontramos, a la ataraxia de la que ahora disfrutamos. Las pruebas, al menos las más complejas, fueron vencidas. Se creó el mito fundacional, se ancló y consagró el puente, se encendió la llama del séptimo rayo como promesa de futuro. La luz fue resguardada y protegida.

De alguna forma nos convertimos en gente-simiente de la nueva raza, del nuevo ciclo, y por lo tanto, estamos convocados a crear ese nuevo ideario, a sabiendas de que no podremos mitigar la degeneración del antiguo sistema, de la ya vieja civilización. Se nos dice una y otra vez que debemos actuar con urgencia en la creación de islas, de remotas colonias o comunidades donde vivir allí la expresión de la nueva era. Se nos invoca e invita a no participar en el cénit de lo conocido, sino de dar verbo y vida a lo que debe llegar. ¿Cómo hacer eso ante nuestra propia ceguera, torpeza y falta de habilidad? ¿Cómo es posible sentir con tanta fuerza la llamada y a veces no atrevernos a asomar nuestros corazones ante la posibilidad de participar en ella?

Los aliados están dispersos. Pero de nuevo se repite el mantra: perseverancia. Recordar de nuevo, concentrar, actuar. Esto requiere de inevitables sacrificios. La personalidad y su vida pasada deja de tener importancia. La vida del alma se expresa entonces con fuerza y pide paso. No estamos seguros de nada, seguramente nos equivocaremos una y otra vez, pero se nos pide firmeza y perseverancia. El oro se precipita a partir del éter si la intención es verdadera. Si el propósito se ajusta al nuevo ciclo, al nuevo torrente de vida, todo se ordena para que suceda.

Hace falta una triada. Nada perdura si no es consumado en lo trino. Ese trino se convierte en justo y perfecto cuando la logia se completa con siete miembros. Entonces se abre los trabajos y la bóveda celeste se precipita ante la resurrección de los misterios. Todo eso debe ocurrir, pero no antes de que se complete y ancle definitivamente el tres. El siete llegará a su tiempo, y también el doce. Pero no antes de la resurrección del tres. Por eso hoy era un día señalado, un día justo y perfecto para reconectar nuestras almas y proseguir con la labor encomendada. Hoy era un día justo y perfecto para seguir colaborando con la Gran Obra.

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Sembrando el mundo nuevo


 

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No hay que tener miedo de la pobreza, ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo. Epicteto

Una de las experiencias más bonitas que he vivido desde hace mucho tiempo ha sido tirarme a la tierra y completar la hazaña de crear un plantel. La experiencia ha sido única. Había plantado muchos árboles pero nunca había plantado semillas que luego se convertirán en verduras con las que crear la alquimia de los alimentos. No podría explicar la sensación de algo tan sencillo. Las semillas, algunas minúsculas como las de las cebollas o las berenjenas guardan una importante información. ¿Cómo la naturaleza ha podido crear algo tan perfecto? ¿Cómo algo tan pequeño puede albergar dentro de sí algo tan grande?

Hemos entrado en el último año donde vamos a centrar nuestras fuerzas en la casa de acogida. Supuestamente, a partir del año siete, los esfuerzos estarían centrados en la construcción de la Escuela, el jardín y la huerta. Pero la crisis que se ha precipitado ha provocado que me animara a sembrar, a pensar en el jardín, en llenarlo todo de flores y arbustos que llenen de belleza el entorno. Me llaman amigos y familiares que viven en la ciudad y están viviendo una situación angustiosa. Estar encerrados en casa es algo complejo. Por eso hoy, con especial humildad, no paraba de dar gracias por cada instante en este lugar. No paraba de saludar a los patos, a las gallinas, a los gatos y a Geo. No paraba de alegrarme por cada brote que empezaba a salir de los árboles, cada vez más verdes y resucitados. Esta tarde he paseado por la huerta, mirando con atención cómo empezar a trabajar en ella.

Sembrar, sembrar, sembrar. No solo sembrar semillas, sino también buscar la manera de sembrar fe, esperanza, conocimiento, alegría. De alguna forma entiendo la dinámica. Las semillas son pequeñas, casi minúsculas e insignificantes a simple vista, pero encierran dentro de sí algo grande. Quizás ocurra lo mismo con este proyecto. Es pequeño, casi imperceptible para el mundo normal. Pero ocurre que el mundo está dejando de ser normal y está viviendo un tiempo extraordinario. Es entonces cuando las semillas que estamos sembrando nacen con más fuerza y vigor. Es entonces cuando muchos empiezan a cuestionarse el modelo y el paradigma en el que vivimos. Y es entonces cuando otros modelos empiezan a florecer.

Nos hemos esforzado durante estos seis años en abogar por una pedagogía que hiciera hincapié en el apoyo mutuo y la cooperación, en la generosidad, en la economía del don, en sacralizar la vida ordinaria y espiritualizar todo aquello que hacemos desde la consciencia. En estos seis años hemos sembrado ilusión y esperanza, amor y cariño. No siempre lo hemos hecho bien. Nos hemos equivocado mil veces, pero hemos perseverado. Y en esa perseverancia ha nacido algo de lo que en su día sembramos.

No tenemos miedo. Hemos sido valientes por tener una casa de acogida abierta a todo el mundo sin pedir nada a cambio. Hemos sido osados por dejar las puertas abiertas, sin cerradura de ningún tipo, para que cualquiera pueda entrar y salir a su antojo sin esperar nada a cambio. Ahora resulta que vienen otros tiempos y deseamos profundizar en otro tipo de conocimientos para que nos ayuden a mejorar lo que hasta ahora hacemos. Será emocionante poder hacerlo. Será hermoso poder compartir algún día todo este holograma utópico. Quién sabe, quizás sirva de esperanza o motivación para que otros lo puedan intentar.

A los que estéis pasando una situación difícil, aquí tenéis un amigo y una casa. Os envío un abrazo sincero y todo mi apoyo incondicional en todo aquello en lo que pueda ayudar o ser útil. ¡Ánimo con todo!

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El nuevo mundo


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Podéis sugerir un nuevo advenimiento, una nueva venida. Podéis imaginar un reino que se alza entre montañas, entre cumbres violetas teñidas por perfúmenes imposibles. Podéis persuadiros en sueños, volcando toda la esperanza en la maraña de un renacer. Veo el miedo en vuestros ojos y me sumerjo en la explosiva necesidad de vencerlo. Aquí ya no hay miedo. Nos resignamos al destino, al inocuo velo que todo lo cubre. Nos desprendemos piedra a piedra de nuestro peso, de nuestro angosto orgullo. A cada esfuerzo le corresponde una lección que aboca al inconmensurable océano de la humildad. No puede haber miedo en un lugar que no tiene cerraduras, que no esconde nada, excepto aquello que es sagrado para todo aquel que lo pueda abrazar.

El nuevo mundo existe. Es un pequeño germen inseminado en nuestras consciencias. Es el mismo que ama por igual a todos los seres sintientes, que entiende la muerte como un proceso natural y sagrado, y por lo tanto, respeta hasta el límite toda vida. Es aquel que abandona la esclavitud de un tiempo para abrazar la libertad de la sencillez. El nuevo mundo germina en cada paso hacia la simplicidad. No es pobreza, es libertad. Pobre es aquel que ata su vida a diez mil cosas, que no sabe consagrar un minuto a la mera contemplación de toda la creación, que no es capaz de embriagarse y conmoverse con los detalles más extraordinarios de cada una de las cualidades ordinarias que nos rodean.

El nuevo mundo emerge en cada sonrisa, en cada comunicación amorosa, sencilla, locuaz. En cada abrazo, en esa caricia, en esa luz que los amantes desprenden cuando juntos realzan la brillantez del universo. Fijémonos en la belleza invisible del viento, en la profundidad de un ocaso o el desvelo de un arrumaco ofrecido fortuitamente. El Logos se conmueve con el amor. La Mónada se alimenta de centelleantes puntos de luz que crecen cuando se entregan a lo más profundo y bello de la vida.

El amor siempre es respaldado por la omnisciencia. Forma parte de uno de los tres aspectos que gobierna todo el universo. El nuevo mundo es un mundo amoroso, sensible, especialmente entregado al cortejo nupcial de cada mañana, de cada atardecer compartido, de cada noche abrazada. No se podría entender el mundo sin esa necesidad de unión, sin esa pertenencia a lo sublime, lo bello, lo hermoso. La perfección no es más que realzar una y otra vez el mimo por el querer, por el amar. Cada vez que se enciende una llama, se potencia la precipitación del nuevo mundo. Cada vez que el respeto, la tolerancia, la simpatía, la alegría o cualquier otra virtud se manifiesta, el mundo se transforma, inevitablemente.

El miedo desaparecería de entre nosotros si fuéramos capaces de amar en plenitud, en completo desapego, desde el buen humor, incondicionalmente. La lucha de egos se terminaría si las conversaciones nacieran de alma a alma, de espíritu a espíritu. Todos seríamos amantes si pudiéramos comunicarnos sin máscaras, sin orgullo, sin miedo. El nuevo mundo se manifestará cuando seamos capaces de ver al otro sin maquillaje. Cuando nosotros mismos vaguemos desnudos por las praderas incandescentes de la existencia.

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Tiny House. Una solución futura


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Primera plantilla de las primeras cabañas en O Couso. Primer grupo de apoyo mutuo y cooperación que participó en la construcción de la primera cabaña

Hoy recibo dos llamadas desde África. La primera de una amiga doctora que está en Marruecos ayudando a los emigrantes que sueñan con venir a Europa. La segunda, paradojas de la vida, de una hermosa tunecina, doctora en biotecnología, que habla cinco idiomas, profesora de universidad en paro y que vive como puede en algún remoto lugar del norte de África. Ambas me cuentan la situación que están viviendo casi al mismo tiempo, en un intervalo muy corto. Amo las sincronías. Y una me habla de la situación que de alguna forma está sufriendo la otra, sin conocerse. Una es de Barcelona y la otra estuvo tres meses en Barcelona, pero ahora desea viajar a Alemania para buscar trabajo. Ambas valientes, guerreras, sabias…

Estas conversaciones me recuerda que hay personas, seres humanos, que están viviendo situaciones difíciles. Me recuerda cuando estuve en la perdida isla de Chios, frente a las costas turcas, ayudando en lo que podíamos con los refugiados que llegaban con el sueño de pisar Europa. Todo esto me recuerda que no tenemos derecho a quejarnos por muy difíciles que se presenten las pruebas. En Europa estamos viviendo la utopía material, pero debemos hacer un gran esfuerzo para retomar la utopía espiritual, la utopía de Jesús, o aquella de la que hablaba cuando se refería al Reino de los Cielos.

Sigo pensando que la ambición humana podría gestionarse de mejor forma. Sigo pensando que vivir en una pequeña cabaña puede ser una solución digna para cualquier persona que requiera algo de calor y cobijo. Las Tiny House, por poner un ejemplo sencillo, puede ser una solución de futuro para todas aquellas personas que andan perdidas en el mundo buscando un refugio. Una pequeña casa basada en la sencillez y en la dignidad de pensar que menos puede llegar ser más.

Llevo seis años viviendo entre humildes caravanas y cabañas construidas con mis propias manos y no he perdido por ello ningún tipo de prestigio social, ni de riqueza, ni me siento degradado en una sociedad cuyos valores, por suerte, están cambiando. La simplicidad voluntaria, consciente y armónica con el medio, es un acto de rebeldía, pero también es un acto de responsabilidad. También es una solución sencilla, barata y fácil para dar respuesta a toda esa gente que no tiene un cobijo, que no tiene una casa, que no tiene absolutamente nada. Las Tiny House, el movimiento de casas pequeñas, es una gran idea que ya esbozó en su día Sarah Susanka en su libro The Not So Big House (Una casa no tan grande).

En estos no más de veinte metros cuadrados en los que ahora vivo se vive bien. Es fácil de calentar en invierno, no se consume nada de electricidad excepto la que proviene de la luz del sol y el agua nace de fuentes subterráneas que bombeamos con energía solar. Los residuos se reciclan y retornan a la naturaleza de forma natural y su mantenimiento es mínimo. Es evidente que esta pequeña cabaña podría mejorar aún mucho, pero la poderosa realización que uno siente al habitar la vivienda que ha construido con sus manos no tiene precio. Es algo revelador y bello. Es algo que solo puede experimentarse cuando los inviernos se intercalan con el canto primaveral y resuena la música de los bosques bombeando cada rincón.

Así que cuando hablaba con mis amigas desde el norte de África, imaginaba todo ese continente lleno de pequeñas casas construidas gracias a la fuerza y el poder del apoyo mutuo y la cooperación. Y luego imaginaba a los pueblos emancipados de esa necesidad tan básica y primordial que es la de tener un tejado donde resguardarse.

Cuando imaginamos el proyecto O Couso, pensábamos en ese sueño. Un lugar donde las necesidades más elementales pudieran estar cubiertas para poder así abrazar otro tipo de utopías. Un lugar donde el sueño y la utopía material empezara a abrazar, una vez satisfecho, al sueño de la utopía espiritual. Se trata de eso. Estar bien materialmente para poder soñar espiritualmente. Ese es el anhelo, ese es el sueño a seguir.

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Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa


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“Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tu puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre. No caigas en el peor de los errores: el silencio”. Walt Whitman

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Es un reto que había que afrontar. El evento de Emilio Carrillo el próximo verano, a tan solo seis meses, requiere cierto riesgo. Un primer presupuesto de trece mil euros para aislar la casa por fuera y recuperar algunos suelos y a la espera de un segundo presupuesto para terminar todo lo restante, dos habitaciones, dos estancias más, algún pasillo y ventanas. Aún no sabemos como lograremos ese dinero. Me he puesto a trabajar como loco en la editorial para buscar recursos y algo de dinero hemos podido adelantar gracias al apoyo de estas Navidades. Pero queda ahí el reto, arriesgado, pero necesario. Deseamos terminar este año la casa tras por fin terminar el tejado y la cocina nueva y queremos que para este verano los trabajos se centren en el aspecto armonía, el jardín, la huerta y las cabañas para acoger a más valientes que quieran expandir aquí su estancia y residencia. Ahora ya lo sabemos: con el tiempo se ordena todo.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. El patio está quedando impresionante. Es la parte que mayor presupuesto se lleva de toda la obra junto al aislamiento de todo el perímetro de la casa. Estamos emocionados por ver como avanza todo a buen ritmo, algo inaudito ante lo difícil que es encontrar y comprometer a una cuadrilla de obreros que se pongan manos a la obra. Tres personas están contratadas para la tarea con la esperanza de que todo vaya sobre ruedas y podamos recuperar lo que resta de la casa. Cada día de trabajo, cada semana, es un reto.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Realmente es emocionante porque después de casi seis años de grandes esfuerzos, de mucho sacrificio personal y colectivo, con un poco de suerte la casa estará por fin terminada en menos de seis meses. Es un reto importante que nos dejará margen para respirar y para dedicar a partir de ahora todos nuestros recursos a mejorar la acogida, la alimentación y el bienestar general de todos. El hecho de tener el tejado terminado, una cocina nueva, tres habitaciones totalmente finalizadas y equipadas y próximamente todos los suelos de la casa y el resto de habitaciones, es algo que nos ilusiona especialmente.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Este año será por lo tanto, en nuestro sexto aniversario, el final de la gran obra, el final de la gran casa de acogida abierta para todos y disfrute de todos, una casa realizada y construida por todos los amigos de O Couso y de ahí su profundo valor y significado. Una muestra palpable, pedagógica y real de que entre todos podemos hacer muchas cosas, de que gracias al apoyo mutuo y la cooperación se puede restaurar una ruina medio derrumbada. Nos sentimos orgullosos por haber hecho posible este gran reto y nos sentimos felices de que todos podamos disfrutar de esta casa. Una casa abierta las veinticuatro horas del día los trescientos sesenta y cinco días del año que acoge a todo peregrino del Camino o del Alma sin pedir nada a cambio, sin esperar nada a cambio.

Estamos especialmente agradecidos a todos los que lo hacen posible y estamos especialmente agradecidos a todos los que nos ayudarán a dar este último empujón. Gracias de corazón, gracias por aportar una estrofa. Seguimos demostrando que otro mundo es posible con hechos. Seguimos trabajando para que la Gran Obra continúe, aunque el viento sople en contra.

Si queréis apoyar este último eslabón de la casa de acogida, aquí os comparto la cuenta de la Fundación Dharana:

ES54 1491 0001 2121 2237 2325

 

Tejado terminado, por fin…


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La terquedad es uno de los principios fundamentales para que cualquier cosa termine construyéndose. Más bien por terquedad y cabezonería, cinco años después, hemos logrado completar hoy mismo el tejado de la casa de acogida. Un tejado enorme, gigante, inabarcable, infinito, con más de cinco siglos de antigüedad que hoy por fin hemos terminado. Ha sido tan pesada la carga y el trabajo y los recursos necesarios para completarlo que lo hemos tenido que hacer en cuatro fases durante cinco años. La última ha sido la más pesada de todas, la más arriesgada y peligrosa porque nos decidimos a hacerlo nosotros mismos, y en unas condiciones prácticamente inhumanas, de frío extremo, a veces lluvia, nieve, viento y una lucha constante contra todos los elementos. Tres meses muy duros que ha minado más de un ánimo.

Pero la constancia ha merecido la pena. Levantar de la nada una ruina de más de setecientos metros de piedra, prácticamente sin recursos y levantada entre todos gracias al principio del apoyo mutuo y la cooperación, de la fe y la esperanza, ha sido todo un hito. El tejado no ha quedado perfecto, se nota que se ha ido haciendo poco a poco, en fases. Como la propia historia de la casa, que empezó a construirse en el siglo XVI y fue ampliándose a medida que iban pasando las centurias. Debe ser la idiosincrasia del propio edificio, una casa grande, gigantesca en muchos sentidos, que crece de forma orgánica a lo largo de los tiempos…

Ahora por dentro me siento satisfecho porque podremos dedicar los recursos que vayan llegando a embellecer el lugar, a llenarlo de armonía, belleza y calor. Ahora por fin podremos encender el fuego sin que se escape nada. Ahora por fin podremos seguir adelante con la seguridad de que el tejado no se nos caerá encima. Antes para nosotros esa idea era angustiosa, y creo que no pasó nada por puro milagro. Ahora me siento totalmente liberado, feliz, observando la vida con mayor paz.

También con muchas ganas, a pesar del extremo cansancio de estos últimos días, de ponerme con los siguientes retos. Falta mucho, y me he dado cuenta estos días, para que la casa sea realmente un lugar acogedor, pero estoy convencido de que poco a poco lo vamos a conseguir. Es cuestión de que la terquedad se vuelva sabia y prosiga con la batuta de la generosidad apostando por un mundo mejor. Entre todos se puede construir el nuevo mundo. Eso ya es un hecho y una realidad.

Estamos felices y satisfechos pensando en los próximos retos. Las fiestas de Navidad están ya próximas y aún queda mucho por hacer… La cocina, el salón, arreglar las habitaciones que han estado inundadas durante estos tres largos meses de intensas lluvias… Poco a poco… El calor del hogar está cada vez más cerca…

Solo me quedan palabras de infinito agradecimiento para todos los que han contribuido, ya fuera con recursos, tiempo, esfuerzo o trabajo, en que este milagro se produjera… Gracias, gracias, gracias infinitas a todos…

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La plaga humana. Patogénesis de un planeta enfermo


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© Maxwell Campbell 

Este era el título de una de las versiones de la tesis doctoral. Por supuesto no gustó y fue censurado. También las ideas que allí se planteaban o que querían poner el acento en este tipo de cuestiones. La disidencia e independencia intelectual no siempre es posible. Al menos que seas codependiente de las instituciones que albergan y protegen el conocimiento y sepas camuflarte o adherirte a sus causas. El estar por fin separado de las instituciones y poder ser crítico con ellas me permitirá hablar más abiertamente de asuntos importantes que nos afectan a todos. Lo paradójico es que, tras esa censura, las propias Naciones Unidas son las que plantean ideas de corte parecido, poniendo el acento en la alarma mundial que padecemos. Véanse los Objetivos para el desarrollo sostenible.

Es desesperante y frustrante gritar para advertir sobre lo que parece irreparable. Muchos pueden pensar que no hay marcha atrás, que estamos navegando felices hacia el iceberg que lo hará estallar todo por los aires. A veces el optimismo y el navegar contra corriente resultan parecerse a esos ídolos caídos. Al principio nos parecían felices soñadores, luego pasan de golpe a convertirse en seres narcisistas y egocéntricos. Los ídolos caen en cuanto adentramos la perspectiva a otros lugares menos fantasiosos.

Muchos ya están cansados de pregonar o de potenciar esa engorrosa necesidad de tener que aportar argumentos suficientes sobre lo que está pasando. Ya no se trata de explicar que el mundo se está agotando. Más bien estamos en el punto de tener que decidir drásticamente si deseamos ser partícipes o no de su destrucción. Esto encierra una especie de radicalidad exponencial que nos acercaría más a la hipocresía extrema o a la decisión de cambiar para siempre nuestras vidas.

Lo primero es sencillo, solo tenemos que fingir que no pasa nada. Podemos lavar nuestras consciencias con depósitos enteros de buenas intenciones diarias. Reciclar algún plástico, bajar el consumo de grasa animal, comprar productos bio o hacer algún donativo a proyectos alternativos. Todo eso en esa gran fiesta bucólica en la que todo es posible gracias al fingir que todo está bien.

Pero la segunda opción es compleja. Requiere radicalidad y cambiar los fundamentos profundos de nuestras vidas. Y a eso no estamos dispuestos. Nadie está dispuesto a deconstruirse de repente, a no ser que haya tenido un arrebato de locura, o en el mejor de los casos, algún tipo de iluminación que le lleve hasta las puertas de la mismísima lucidez. ¿Quién dejaría hoy día el pescar peces para lanzarse a la compleja tarea de pescar almas? Elegir entre un mundo distópico o un ilusionante mundo utópico en el que albergar algún tipo de esperanza futura, esa es la cuestión. Lo primero podría parecer hipócrita y lo segundo, ingenuo.

Sería imposible imaginar que de repente las ciudades se despoblaran. Sería igualmente imposible imaginar que de repente, al menos la mitad de la población renunciara a los requisitos de consumo que hasta la fecha poseemos. Sería imposible imaginar que una gran parte de la humanidad decidiera abandonar el círculo vicioso de la ciudad -trabajo-consumo-más trabajo-más consumo- para albergar algún tipo de alternativa más natural, más en acorde con la naturaleza, y siempre, ante una tendencia decrecionista, donde menos es más y donde las cosas empiezan a cambiarse por las experiencias. La simplicidad voluntaria como camino alejados del crecimiento que nos inculcan desde los estamentos.

La patogénesis de la enfermedad que padece el planeta es bien clara: nosotros mismos confrontados a nuestra avaricia. Nos hemos convertido en una plaga que está envenenando todo cuanto tocamos. Ya somos más de siete mil millones de habitantes con deseos de crecer y crecer y crecer sin darnos cuenta de que vivimos en un planeta finito. Fingimos, en nuestra personal hipocresía, que todo está bien. Pero estamos incubando dentro de nosotros el final de los tiempos. Las alarmas crecen, el mundo está enfermo y no hay doctores suficientes capaces de diagnosticar y curar el cáncer que padecemos. El sistema doctrinal del que somos esclavos no nos permite ver con sinceridad y valentía lo que está ocurriendo. Tampoco nos permite actuar en consecuencia. Faltan grandes dosis de locura o lucidez. Tanto da cuando de lo que se trata es de salvar el mundo, y de paso, a nosotros mismos.

¿Cómo cambiar de paradigma? Por más que agito a mi alrededor nada cambia. Casi me cuesta una vida y un poco de locura el cambiarme a mí mismo. Sí, es cierto, me vine a vivir a los bosques y vivo en una pequeña cabaña de madera. Una locura. Pero insuficiente.

 

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Sabemos que en lo sucesivo nunca es demasiado tarde


 

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La casa de acogida, aún no muy acogedora, esta misma mañana

El desastre de Chernóbil creó un antes y un después en la conciencia ecológica y milenarista de nuestro tiempo. El reencuentro con los sentires actuales tiene mucho que ver con el escenario preapocalíptico en el que para algunos nos encontramos desde ese acontecimiento. Ya no son creencias que provengan tan solo de escenarios donde Armagedón, el mítico valle en el que tendrá lugar el enfrentamiento final entre el bien y el mal, se esté acercando inevitablemente. La propia ciencia y la comunidad internacional nos advierten repetidamente de que estamos en un momento delicado en nuestra historia humana. “O bien la revolución crea una sociedad ecológica, con nuevas ecotecnologías y ecocomunidades, o la humanidad y el mundo natural, tal y como lo conocemos hoy día perecerán”, nos dice Bookchin, fundador de la ecología social.

La bióloga Lynn Margulis es mucho más drástica. Nos advierte que una de las señales del colapso que afectará a nuestra especie es su rápida superpoblación. Algunos científicos creen que el éxito de nuestra colonización del planeta es un fenómeno que marca nuestra propia decadencia, las luces esplendorosas antes del final inevitable del espectáculo. Para economistas como Latouche, estamos ante el final de los tiempos. “Sabemos que en lo sucesivo es demasiado tarde”, nos dice. Según los datos más optimistas, se prevé un aumento de la temperatura global de un grado centígrado para el 2020 y de dos grados para el 2050. El cambio climático por efecto directo de la actuación del ser humano es ya un hecho probado y aceptado por la comunidad internacional. Una crisis ecológica aceptada por todos que está creando una situación compleja para todos.

Vivir en los bosques, en comunidad, propicia una mirada objetiva y alejada del ruido acostumbrado del mundo fabril, de la ciudad y sus prisas. Esa mirada limpia, a veces inocente e ingenua, provoca en nosotros una necesidad de reacción. El sólo hecho de apostar por vivir una vida alternativa, más ecológica y sostenible, resuelve en parte nuestra necesidad de activismo participativo. Pero vemos que no es suficiente, que nuestra reacción solo es una minúscula gota en este gran océano de contradicciones. A partir de aquí, solo nos cabe alentar, agitar las consciencias hasta que ese agitar contamine a unos y otros. No pensamos, a contrario de lo que piensa Latouche, que es demasiado tarde. Pensamos que el ser humano ha sobrevivido durante miles de años a todo tipo de retos naturales y que ahora, por primera vez, se tiene que enfrentar al mayor de los retos: el ser humano en sí mismo.

La vida en comunidad no es una huida, no es una utopía escapista o evasiva. No es una ensoñación ni la torpe descripción de un mundo ideal, fantástico, perfecto y paradisiaco. Nuestra utopía es constructiva, se centra en acciones concretas que pretenden explorar nuevas vías del desarrollo y convivencia humana. No estamos aquí para alejarnos del problema, sino para visionarlo con mayor profundidad, meditarlo, estudiarlo y buscar en la acción soluciones posibles. Es cierto que somos tan solo una pequeña gota en el océano. Pero creemos, y esta es nuestra fuerza y motor, nuestra esperanza, que en un futuro habrá muchas más gotas. Tantas que quizás provoquemos una ola de cambios inevitables.

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Creación de comunidades espirituales


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Miembros de la comunidad subjetiva de O Couso

Ayudar a dar a luz lo espiritual en la materia es una tarea compleja. Ni siquiera tenemos constancia del significado profundo de eso que damos por llamar mundo espiritual. Los filósofos y místicos de todos los tiempos se aproximaban bastante cuando hablaban del mundo de las ideas y los arquetipos. Aún no somos del todo conscientes, pero existe una comunidad de ideas y arquetipos que esperan manifestarse en la tierra, desean el parto para que se produzca el milagro que ocurre entre las nubes cuando las aguas se condensan en la atmósfera y se precipitan hacia el suelo fundando con ello fuentes, ríos y mares. Así funciona, de igual manera, el mundo intangible. Mediante la acción de ciertas fuerzas, las ideas se precipitan.

Cuando intuimos la idea del proyecto O Couso, sabíamos que de alguna manera teníamos que propiciar la caída desde el cielo de ese arquetipo. Ideamos un sistema sencillo. Primero creamos una triada. Tres personas son manifiestamente poderosas para crear y condensar arquetipos. Como es arriba es abajo. Luego buscamos un grupo de meditadores que se reunían todos los martes para crear el egregor, el espíritu grupal necesario para manifestar con ello “fuerzas” y “energías”. Eso hacíamos, elevar la mirada y estar más allá de nuestras pasiones humanas, de nuestros deseos y pensamientos. Mirábamos al cielo con ojos desapegados y brillantes, iluminados por la luz de la vida, con intuición y certeza de que estábamos trabajando para un bien superior. Las meditaciones grupales crearon un pequeño grupo de comunidad subjetivo que fue creciendo con en el tiempo hasta que la idea se precipitó. Lo demás vino por añadidura.

En 1905, Rudolf Steiner, teósofo y fundador de las Escuelas Waldorf, dio en Berlín una conferencia llamada “La Hermandad y la Lucha por Sobrevivir”. En esta conferencia habló de la necesidad de construir comunidades, y describió cómo los seres espirituales actúan a través de las comunidades y las personas que juntas trabajan hacia un mismo ideal. En esa conferencia dijo lo siguiente:

“La unión, la comunidad, trae a un ser superior que se manifiesta gracias a los miembros unidos. Es un principio universal de la vida; cinco personas que están juntas, que piensan y sienten juntos en armonía, son más que uno más uno más uno más… Entre estos cinco ahora hay un nuevo ser superior, también entre dos o tres: “Cuando dos o más se reúnan en mi nombre, estaré entre ellos”. No es el primero, ni el segundo, ni el tercero, pero algo totalmente nuevo que surge de la unión, y sin embargo sólo surge si el individuo vive en el otro, si el individuo obtiene su poder no sólo de él mismo, sino de los demás. Únicamente ocurre al vivir altruistamente en el otro. Por lo tanto, las comunidades humanas son lugares de misterio donde los seres espirituales elevados descienden para actuar a través de los seres humanos. Así como el alma se expresa en los miembros del cuerpo, uno no puede ver a estos espíritus que viven en las comunidades pero ahí están. Están ahí gracias al amor fraternal de las personas que en esa comunidad trabajan. Así como el cuerpo tiene un alma, una comunidad también tiene un alma. Lo repito y no lo digo como una alegoría o una metáfora, lo digo como una realidad”.

El parto de la luz requiere comunidades dónde seres intangibles puedan manifestarse y ayudar en la labor de crear un mundo nuevo. La unión de almas por un propósito común es posible si se hace desde la más absoluta consciencia, desde la intuición abierta y desde la fuerza de la voluntad al bien. Enfocar nuestras vidas, nuestros recursos, nuestras habilidades, dones y talentos a esta misión merece la pena. Steiner lo manifiesta de forma clara:

“Aquellos que trabajan juntos para ayudarse mutuamente son magos por que atraen a seres superiores. Si uno trabaja en una comunidad en verdadero ánimo fraternal no necesita usar técnicas del espiritismo. Los seres superiores ahí se manifiestan, y si nos rendimos a esta ayuda mutua, a este dar a la comunidad, nuestros órganos se fortalecen de manera muy poderosa. Al hablar o actuar como un miembro de esa comunidad, en nosotros habla y actúa no un alma individual, pero sí el espíritu entero de la comunidad. Este es el secreto del Progreso para el futuro de la humanidad: el trabajo en comunidades”.

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La supremacía cuántica


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“Moonshots. Objetivo la Luna”. Este es el nombre con el que en Google afrontan los retos y avances científicos que repercutirán a largo plazo los éxitos de la compañía. Saben que estos éxitos deben basarse en proyectos a muy largo plazo, por eso el objetivo principal es tener consciencia de que la inmediatez no es amiga del éxito, y que las carreras de fondo suelen ser más afectivas que aquellas que pretenden un beneficio rápido y, muchas veces, volátil. Pensar así es lo que nos permite cierta supervivencia psicológica a la hora de emprender cualquier proyecto cuyos beneficios, a veces no siempre tangibles, requieren una proyección a futuros, o cuyos beneficiarios no sólo serán unos pocos, sino el conjunto de la humanidad.

Los valientes y atrevidos exploradores que surcaban océanos y continentes enteros y desconocidos no lo hacían necesariamente por un beneficio material. Ocurre lo mismo con los que exploran la poesía, la mística, las artes o las ciencias. Hay algo mayor que les mueve, algo que surge de una certeza interior que les anima para mejorar la especie humana. En la religión tenemos ejemplos extremos, como el de Jesús, que no temió la muerte y se enfrentó a una vida errante con el único propósito de inyectar en la psique colectiva un mensaje de paz y amor.

Por eso los soñadores y visionarios son imprescindibles, a pesar de que muchas veces son poco valorados, estigmatizados, tachados de locos o fantasiosos. Los que sueñan con un mundo mejor y sacrifican sus vidas para que esto repercuta en beneficio de todos son personas aisladas y poco reconocidas. Normalmente crucificadas en el altar de la historia como desdichados en su tiempo, pero capaces de transformar algo de nuestra cultura o nuestra humanidad cuando otros, normalmente ya desaparecido el sujeto, reconocieron sus actos. De ahí que muchos autores, soñadores, poetas, científicos o artistas murieron en la pobreza más absoluta al ver cómo sus fortunas personales eran atropelladas por la incomprensión de los tiempos.

Vivimos una contemporaneidad extraordinaria y los descubrimientos cuánticos desvelarán aún mucho más los misterios de nuestro universo. Nunca la ciencia había llegado tan lejos en tan poco tiempo. Los avances son exponencialmente multiplicados por cien en todos los aspectos. Las películas que hasta hace poco resultaban ser de ciencia ficción se quedan anticuadas ante los avances y descubrimientos de nuestro presente. La supremacía cuántica que está logrando empresas como Google o IBM van a cambiar y acelerar aún más estos procesos revolucionarios.

Por desgracia, los hechos culturales no van a la par a los hechos tecnológicos. El ser humano no ha logrado aún adaptarse a los cambios que se avecinan, y el tejido social aún no está preparado para comprender la necesaria transformación que se dará en las próximas décadas. La ciencia y la tecnología abrazará a las artes y éstas, a su vez, se reconciliará con la naturaleza y su misterio. Ese misterio está tejiendo las redes necesarias para desvelarse poco a poco y comprender así, desde un sentido profundo y humano, lo que realmente somos, a lo que realmente hemos venido y la cuestión más imprescindible para nuestra supervivencia: qué debemos hacer a partir de ahora para albergar esperanza de futuro como raza y especie.

En este sentido, los soñadores y visionarios serán cada vez más necesarios, porque suya será la labor de esbozar con precisión, y desde una nueva cultura ética, cómo encauzar estos nuevos retos futuros en esta nueva era de síntesis. La era del saber, como lo llaman los místicos de nuestro tiempo, está empezando a nacer. La era de Acuario nos dará de beber no sólo de las fuentes primigenias del conocimiento, sino también de los ocultos afluentes que saldrán poco a poco a la luz de todos. Estemos atentos a las visiones. Estemos atentos a los sueños. El mundo avanza sin miedo, con esperanza, con fe, con necesidad de supervivencia.

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Aprendiendo a amar los sueños


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O Couso es un experimento. Primero fue un vago sueño. Un sueño que se tejió hace muchos años. Luego fue un estudio que se prolongó durante años y ahora es una realidad compleja que crece a medida que el experimento va fraguando de una y otra manera. De alguna forma estamos tanteando la realidad que debería ser futura. Es como si buscáramos la fórmula adecuada para intentar que el ser humano entre en un estado de paz y de consciencia. Pero es difícil, complejo, arduo. Los grupos crecen, se consolidan y caen cuando la estructura que llevan dentro intenta imponerse a las sencillas bases de la esencia del mismo. El interés egoísta, o la interpretación de la realidad y esa manía nuestra de intentar impregnar a la misma con nuestra esencia, obviando la esencia de los demás, hace que los grupos caigan uno tras otro.

Por suerte, a diferencia de otros experimentos, de momento éste ha sobrevivido a todos los envites. Hay proyectos que nunca han sobrevivido porque estaban supeditados a la fragilidad de sus componentes. Este sobrevive a pesar de ella, a pesar de los errores cometidos una y otra vez, pero afianzado a la fuerza de unos pilares sencillos, pero inamovibles, que de momento han aguantado todos los terremotos. Si los pilares de un edificio permanecen intactos, se podrán caer las paredes, pero el edificio permanecerá. Por eso los guardianes del proyecto fijan su misión en proteger los pilares del mismo. Y la misión del resto es la de proteger a los guardianes para que estos no caigan a su vez. Si los guardianes caen, el proyecto cae por esa necesidad humana de transformarlo todo a nuestra imagen y semejanza. Pero si se mantiene firme y fuerte la base, y los propios guardianes se mantienen firmes y fuertes ante los envites, la supervivencia está garantizada y el experimento puede continuar.

¿Cuáles son las bases del experimento? Profundizar en algunos valores básicos como la convivencia fraternal, la experiencia de vivir libres sin exceso de ataduras y todos en igualdad de condiciones, partiendo de una base común que nace de la cooperación, el apoyo mutuo, la colaboración y el respeto hacia nuestros cuerpos, hacia los seres sintientes y hacia el entorno natural en el que vivimos. Todo ello con unas sencillas pautas de convivencia y con una actividad colaborativa que procura despertar en nosotros una nueva forma de entender y experimentar la vida

Parece, en teoría, algo sencillo, pero es una de las pruebas y experiencias más complejas que he experimentado nunca. De hecho, el modelo sigue siendo un auténtico fracaso. Los grupos humanos terminan autodestruyéndose, terminan minando todo cuanto se hace, ya sea mediante la crítica, ya sea mediante lo complejo de entrar en coherencia con el experimento, o ya sea simplemente por intereses espurios que nada tienen que ver con el proyecto y sí con un egoísmo que al final termina por afectar al conjunto. Pero a pesar del sonado fracaso aparente, estamos aprendiendo a amar el sueño. El sueño como algo vago y lejano, como un matiz de esperanza hacia la propia humanidad, como un acto de fe, o un salto de fe hacia aquello que debería unirnos.

En lo personal siento cierta decepción, pero también mucha alegría. Decepción por las continuas traiciones, por esa manía nuestra de criticar y mancillar lo logrado. Pero también alegría inmensa por todos aquellos que, a pesar de las complejidades y los desafíos, siguen creyendo en la utopía, en la esperanza, en la fe y en el ser humano. Por eso, interiormente, a pesar de las continuas decepciones, estoy aprendiendo a amar el sueño. Y al hacerlo, también estoy aprendiendo a buscar las mejores fórmulas para aprender con ello a amar al prójimo próximo, aunque éste, en algún momento, se vuelva un cómplice enemigo del cual, siempre, con paciencia y amor incondicional, seguir aprendiendo.

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Distopía, utopía, entropía


 

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© David Burdeny

Es medianoche en punto y debería estar ya durmiendo, pero hace una noche plácida, la gata Meiga no ha vuelto de su ronda nocturna y las baterías aún dan un poco más de luz en esta cabaña perdida en los bosques. Sentía una necesidad de decir algo en voz alta. Algo así como “lo estoy consiguiendo” o “ya me queda poco”. Venía a colofón porque al darme cuenta de que la segunda edición del librito que escribí en 2007 en la bahía de Findhorn está agotado, andaba preparando ya la tercera y releyendo sus páginas.

“Creando Utopías” fue un libro profético, como un mapa que me estaba escribiendo para indicarme el camino futuro. Aún no sé cómo en ese año, cuando sólo contaba treinta y tres años, podía divisar con tanta lucidez aquello por lo que tendría que luchar el resto de mi vida. Mi segunda decisión radical de dejarlo todo para perseguir mis sueños me costó muy caro. En ese momento aún no era consciente. Tenía ahorros suficientes para sobrevivir algunos años y nada sabía de la crisis que un año después pondría a prueba todas mis hipótesis. Ese libro fue premonitorio.

Releyendo sus páginas me doy cuenta de que ser coherentes con ciertos sueños tiene un coste relevante. Me doy cuenta de que esa obsesión mía por las utopías tiene también algo de distopía y de entropía. La utopía es compleja, requiere de un alto grado de sacrificio personal, de una alta idealización, a veces inteligente, otras torpe e ingenua. Requiere coraje, un añadido de locura y mucha fuerza para resistir a esa estructura que tanto describo en ese librito. Pero de alguna forma lo estoy consiguiendo. No en un estado puro ni absoluto porque la coherencia en este mundo tan complejo resulta casi una entelequia. Pero algo estamos andando.

Lo noto especialmente cuando veo que los “perros ladran”, como decía Sancho al Hidalgo Caballero. “Señal de que avanzamos”, respondía el gañán Quijote. Ahí está la sonrisa interior. Algo se está avanzando. Quizás algo minúsculo, casi ridículo, pero algo se mueve. Lo noto cuando la inteligencia está reñida con lo mediocre. Hay fuerzas mediocres que intentan una y otra vez arrebatar la lucidez, mancillarla, atosigarla con insignificantes pero puntiagudas agujas de dolor. Se clavan en la sien, en lo más profundo de ese lugar donde la luz alcanza a brillar. Es un dolor agudo que puede volverte loco si lo dejas excesivamente a su aire. Por eso ahora estoy aprendiendo a defenderme con cierta calma interior. No dejo que la estupidez o lo mediocre tenga fuerza. Simplemente lo ignoro, lo dejo pasar, esperando que la brillantez vuelva a relucir y a llenar el mundo con cierto colorido, alegría y amor. Eso sí, cuando la crítica se cierne de forma destructiva, la zanjo de forma drástica. Ya no tengo miedo al qué dirán, ya no temo, creo que nunca lo hice, a aquello que no gusta por el hecho de ser diferente y discordante al resto.

Si la rebeldía me ha servido para algo es para saber en cada momento que podía confiar en mí. Que no importaba cuantas veces me equivocara. Lo que importa del Camino es andarlo, sin prisa, y ver qué ocurre. Lo importante es caminar, practicar los caminos, abrir brecha sin miedo a equivocarse porque el equivocarse, el perderse, forma parte de la aventura del caminar. Hay algo de rebelde a estas horas, en este lugar. Es cierto que ahora tengo ciertas comodidades. Un tejado verde firme, una cama apoyada en ocho pilares, algo de luz. También la compañía de la gata Meiga que hoy ha decidido seguir su ronda nocturna. No hay mucho mérito en vivir en una cabaña en mitad de la nada. El mérito, el verdadero mérito es hacerlo porque realmente eso es lo que sientes y eliges libremente que debes hacer. La rebeldía, en un mundo de esclavos, consiste en poder elegir. Esa es la rebeldía, la utopía, la sensación sensata de poder construir lo que realmente percibes desde dentro. Y eso nadie me lo podrá negar, ni siquiera aquellos que ladran una y otra vez. Señal de que avanzamos, sin duda.

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Salto de fe


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Siempre hay un momento de angustia entre lo viejo y lo nuevo. Digamos que uno cierra los ojos, se lanza al vacío y siente como si de repente entrara en un estado donde no hay ni tiempo ni espacio, donde todo es calma entremezclada con un sentimiento de incertidumbre. Algo ocurre en ese estado liminal donde naces a una nueva vida, al menos, hacia una nueva percepción interior, una nueva consciencia, una nueva aventura vital. Eso debió pensar el voluntario que, tras catorce meses de vida comunitaria, ha decidido subir el grado de compromiso y responsabilidad con la vida utópica. Uno puede pensar que todos los compromisos tienden a atarnos a alguna cosa. Esas ataduras casi siempre son invisibles, pero están ahí. Elegir entre una cosa u otra siempre nos ata a una experiencia u otra.

Vivir en comunidad es dar un salto de fe. Digamos que renuncias a algunos aspectos importantes del individuo en sociedad. Para empezar, renuncias a vivir hacinado en un pequeño apartamento o habitación en esa colmena ruidosa y contaminada que llamamos ciudad para así poder abrazar la vida salvaje en plena naturaleza. Por más que nos cueste admitirlo, también renunciamos a la esclavitud, a cierta esclavitud, de vivir apresados a un trabajo, a un salario, a un horario, a unos jefes, a unas empresas con sus doctrinas, con sus exigencias, con sus normas, a cambio de vivir en un tiempo kairos, donde las cosas se miden por las experiencias, y no por los ritmos impuestos de la ciudad. A cambio, es cierto, en la ciudad recibimos algo de dinero que debemos repartir entre el Estado, el cual con ello garantiza algunos de nuestros derechos esenciales (educación y sanidad, por ejemplo) y nuestros gastos más elementales para sustentar nuestro cobijo, vestir, alimentación y placer. El placer es mínimo, pero está plagado de estímulos, tangibles e intangibles, y sobre todo de cosas, muchas cosas.

Una de nuestras mayores renuncias cuando elegimos vivir en comunidad es renunciar a cierto individualismo, a cierto egoísmo endémico que crece en nuestras vidas sociales. La comunidad exige un alto grado de compromiso con la vida en común, estrecha. Esto es una experiencia única que sólo los más fuertes o hábiles pueden soportar. La vida en comunidad es muy exigente y no todo el mundo está dispuesto a renunciar a las cosas buenas del mundo de la sociedad, por mucho que sea el grado de vasallaje que la misma nos exija. Cuando das el salto de fe hacia una vida diferente tienes que tener muy presente y hacer muy consciente qué es aquello a lo que renuncias y qué es aquello que ganas. La vida en comunidad, aparentemente, te ofrece más tiempo, más desapego hacia las cosas y una riqueza diaria de experiencias únicas e irrepetibles. Pero también un alto compromiso por el ideal, por la visión y el sentido que este tipo de vida requiere para ser soportada. ¿Merece la pena vivirla? Dependerá mucho de nuestros condicionantes, de nuestras aspiraciones interiores, de nuestra visión del mundo, de nuestro compromiso y responsabilidad a la hora de hacer de un mundo bueno, un mundo mejor.

Los experimentos utópicos que pretenden guiarnos hacia una visión más respetuosa para el planeta, hacia un mundo más virtuoso y agradable, tiene sus propios riesgos. Por eso hay que dar un salto de fe hacia este experimento vivo donde todos los días aprendemos algo nuevo que nos hace mejores. Por eso hay que creer, en cierta manera, en la necesidad urgente de actuar. Sólo desde la acción individual y comprometida lograremos que el mundo reviva hacia su propia salvación. Y esto no es un pensamiento mesiánico. Es una evidencia cada día más tangible. De ahí la urgencia de actuar. De ahí la necesidad de lanzarnos al vacío a golpe de fe y esperanza. Fe en seguir construyendo un mundo bueno y mejor todos los días y esperanza para que el futuro sea hermoso, sabio y llevadero.

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Construir utopías


 

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Esta mañana feliz construyendo un estanque para Willy

Me hizo muy feliz la visita de esta semana de Manu y su familia. Nos habíamos conocido en aquellos años locos de carrera donde casualmente él, venido desde Euskadi y yo, de Barcelona, coincidimos en un mar de olivos en el sur del país. Nos hicimos uña y carne durante tres años inolvidables. A pesar del tiempo transcurrido el amor y el cariño permanecen intactos. Son de esas personas que te aceptan, que no te juzgan, que te aman incondicionalmente y viceversa. Hay seres que llegan a nuestras vidas para quedarse. Ayer su pareja lloraba mientras nos abrazábamos en la despedida. Sentía ese amor extraño hacia seres que de alguna forma sientes que son parte de algún tipo de familia, o de algún tipo de reminiscencia pasada, de otros tiempos pletóricos. Como si en otras vidas hubiéramos sido aliados y hubiéramos construido otros edificios, otros templos, otras utopías.

Hoy cogía la paleta de albañil y me ponía manos a la obra. Hacía tiempo que no mezclaba cemento y arena. Disfruté mucho con Joan mientras construíamos el nuevo estanque para los peces. Nos sentimos tan empujados a soñar que pensamos que, si éramos capaces de hacer el estanque, cuando terminemos de acondicionar la casa de acogida, seremos capaces de construir con nuestras manos la futura escuela de dones y talentos. Había una cierta emoción en el ambiente mientras poníamos cemento. Sentíamos que realmente no estábamos construyendo un pequeño estanque para peces de colores, sino algo más grande, algo más hermoso y profundo.

Nos dimos cuenta de que realmente estábamos construyendo una hermosa utopía, algo atemporal, algo venido de otras dimensiones. Hoy un estanque, mañana una cabaña, pasado una huerta con forma de mandala… Pequeños hitos que vamos haciendo mientras decenas de personas se acercan para ver qué está ocurriendo, qué se está creando, qué es eso que a todos nos conmueve por dentro y por fuera.

Mientras ponía cemento recordaba las lágrimas de mis amigos. Había una emoción extraña, la misma que sentíamos hoy en el círculo de consciencia. Cinco años haciendo lo mismo y sintiendo la misma emoción. En la meditación, en los cantos devocionales, en el yoga matutino. En el desayuno, en los círculos, en el compartir.

Los peces, mientras construimos su nuevo hogar, están a salvo en la cabaña. De nuevo reconstruyendo la triada simbólica. Willy, el gran pez, sobrevivió a todos los avatares que este último mes había sufrido. Por un momento pensé que lo expulsarían, que se marcharía para siempre, y simbólicamente, pensé que yo tendría que marcharme también. Pero entendí algo muy profundo, algo que hace doce años me recordaron en la comunidad de Findhorn, en Escocia: el proyecto está dentro del corazón. Si yo me marchaba, el proyecto desaparecería, al menos hasta que el proyecto esté también dentro del corazón de la gente que tendrá que soportarlo en el futuro. Gente que respetará su esencia, su intención, su labrado nacimiento en el corazón.
Por eso cuando vienen los aliados y se alinean con ese latir, siento una gran paz interior, una gran serenidad. La misma que siento cuando las piedras del camino se marchan y desaparecen. Hay mucho por hacer, y siento que hay que seguir construyendo la utopía, cueste lo que cueste. Gracia a todos los que la hacen posible…

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Los Estados Unidos de Europa, hacia la fraternidad humana


“¡Un día vendrá en el que las armas se os caigan de los brazos, a vosotros también! Un día vendrá en el que la guerra parecerá también absurda y será también imposible entre París y Londres, entre San Petersburgo y Berlín, entre Viena y Turín, como es imposible y parece absurda hoy entre Ruan y Amiens, entre Boston y Filadelfia. Un día vendrá en el que vosotras, Francia, Rusia, Italia, Inglaterra, Alemania, todas vosotras, naciones del continente, sin perder vuestras cualidades distintivas y vuestra gloria individual, os fundiréis estrechamente en una unidad superior y constituiréis la fraternidad europea, exactamente como Normandía, Bretaña, Borgoña, Lorena, Alsacia, todas nuestras provincias, se funden en Francia. Un día vendrá en el que no habrá más campos de batalla que los mercados que se abran al comercio y los espíritus que se abran a las ideas. – Un día vendrá en el que las balas y las bombas serán reemplazadas por los votos, por el sufragio universal de los pueblos, por el venerable arbitraje de un gran senado soberano que será en Europa lo que el parlamento en Inglaterra, lo que la dieta en Alemania, ¡lo que la Asamblea Legislativa en Francia! (Aplausos). Un día vendrá en el que se mostrará un cañón en los museos como ahora se muestra un instrumento de tortura, ¡asombrándonos de que eso haya existido! (Risas y aplausos). Un día vendrá en el que veremos estos dos grupos inmensos, los Estados Unidos de América y los Estados Unidos de Europa (Aplausos), situados en frente uno de otro, tendiéndose la mano sobre los mares, intercambiando sus productos, su comercio, su industria, sus artes, sus genios, limpiando el planeta, colonizando los desiertos, mejorando la creación bajo la mirada del Creador, y combinando juntos, para lograr el bienestar de todos, estas dos fuerzas infinitas, la fraternidad de los hombres y el poder de Dios”. (Víctor Hugo)

La utopía hugoliana de una Europa unida se puede resumir en esta frase: “se llamará Europa en el siglo XX y, en los siglos siguientes, más transfigurada entonces, se llamará Humanidad”. Resulta hermosa la idea de una Europa unida que aspira con los siglos a una humanidad unida. Un ejemplo de cómo las naciones pueden convivir en paz y equilibrio, tal y como ocurre en España, donde pueblos singulares han sido capaces de convivir durante siglos. Es cierto que esta convivencia, como ha ocurrido en Europa, a veces ha sido dramática, de ahí que el reto de las próximas generaciones sea encontrar un encaje positivo en la convivencia unida de los pueblos, cada uno con su idiosincrasia, cada cual con su propia manera de entender la existencia. Pero unidos para el bien mayor, el de la fraternidad entre los pueblos, en el amor y respeto de las singularidades.

Unidos también en Europa, donde los egoísmos nacionales y los orgullos patrios dejan paso a la fraternidad que algún día aspira a ser planetaria. Es cierto que aún estamos lejos de esa unidad fraternal, pero esa es la gran utopía. La vida singular en un planeta unido, libre de fronteras donde todo ser humano pueda vivir fraternalmente más allá de sus creencias, sus naciones y sus patrias. La aspiración está ahí, debemos dar pequeños pasos hacia esa idea fraterna y convivir bajo esa esperanza de paz y amor fraternal.

Todo aquello que divide nos aleja de ese anhelo. Por eso, ante los retos que se presentan, especialmente los retos climáticos y ecológicos, es necesario unirnos en poderosa fraternidad para afrontar juntos cada uno de los problemas que la humanidad arrastra desde hace siglos, y especialmente, aquellos que ahora hacen peligrar la vida en el planeta. No podemos seguir perdiendo el tiempo mirando nuestro particular ombligo, nuestro peculiar orgullo nacional. Llega el tiempo de ceder en amistad, en amor hacia el otro, en cariño hacia la diferencia para lograr esculpir esa humanidad unida que todos anhelamos. El discurso del político belga Verhofstadt que aquí se acompaña nos da pista de hacia dónde dirigir nuestros pasos.

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Esa media caravana


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“El corazón del hombre es un instrumento musical, contiene una música grandiosa. Dormida, pero está allí, esperando el momento apropiado para ser interpretada, expresada, cantada, danzada. Y es a través del amor que el momento llega”. Rumi.

Nadie comprende con exactitud la grandeza de unir corazones tan distantes y diferentes en una misma mesa. Nadie puede expresar el laborioso esfuerzo de poder congregar en un mismo concierto a instrumentos tan dispares. Esa profunda magia de la armonía, de la música, de la danza, solo puede entenderse desde la profundidad de ese momento que llega a través del amor. Aunque sea un amor inconsciente, un amor no comprendido, puede manifestarse de mil maneras en una sola nota clave. Sólo los que han sido bautizados bajo el fuego de la espada, bajo las hazañas del compás y la escuadra, pueden entender o atisbar la melodiosa y poderosa fuerza de la tolerancia, del amor que se manifiesta ante lo radicalmente diferente.

Hoy en la mesa éramos infinitamente distintos. Dispares. Antagónicos en muchos aspectos. Pero había una música de fondo que nos unía. Un lazo que desea vivir más allá de nosotros, con intensa belleza y fortaleza. Los que se consideran puros y solo buscan la pureza de sus iguales, olvidan la belleza de la diversidad. Olvidan que en un concierto melodioso existen tambores que retumban fuerte, flautas que hipnotizan con su brillo, violines que danzan entre trompetas y pianos. Son tantos los instrumentos que pueden brillar con voz propia en un concierto que olvidamos ese milagro misterioso. Lo importante de cada instrumento es que esté bien afinado, y así obrar el milagro armónico.

Celebrar cinco años de un proyecto tan polifónico es toda una grandeza. Especialmente cuando hoy llegaron desde tan lejos los amigos que donaron la primera caravana del proyecto. La grandeza de seguir unidos a pesar de los avatares, a pesar de que cada instrumento toca su nota clave, se ha manifestado hoy de forma hermosa. La humildad de expresarnos como podemos, como sabemos, como nuestros pequeños egos nos permiten, forma parte del ritual del compartir. La mesa repleta de alimentos, las manos cogidas en silencio, las almas respirando y conspirando.

Sobre todo teníamos especial memoria para todos aquellos que ya no estaban con nosotros. En mi haber había dos personas que sin ellas el proyecto no hubiera existido y que ya no están entre nosotros. German y Antonio. De alguna forma, en el conspirar silencioso allí estaban, sentados en esos dos asientos que habían quedado vacíos en su honor y memoria. También estaban vacíos para María y Laura, para que sus almas poderosas pudieran sentarte junto a nosotros. Y para todos aquellos que han sufrido, que han vivido con pena y dolor el sacrificio grupal.

Desde dentro he guardado la memoria de todos aquellos que durante estos largos cinco años han formado parte de este concierto. Ni siquiera me ha molestado cuando la oscuridad ha intentando invadir el espacio con sus torpezas. En el fondo la llama seguía viva. Quizás tenue, temblorosa, pero viva. Fe y esperanza. Amor.

Gracias querida Filo y Paco por venir desde tan lejos. Gracias de corazón por esa “media caravana” que tanto calor nos ha dado y que sumaron en el amoroso acto de la generosidad, de la desmedida entrega sin condicionantes. Gracias por acompañarnos en la mesa donde los tambores sonaban junto a la flauta, donde los corazones palpitaban en un solo tono. Alegría de que hoy podáis descansar en la cabaña que con tanto esfuerzo ayudasteis a construir. Cinco años no es nada… La gran obra continua… todo momento llega tarde o temprano…

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Quinto aniversario del proyecto O Couso


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Primer grupo de voluntarios hace cinco años…

“El mundo se ha vuelto demasiado peligroso para cualquier cosa que no sea una utopía”.  John R. Piatt

In Memorian Antonio el “Alquimista”, guía y mentor…

Mañana día doce de marzo hará cinco años que unos jóvenes ingenuos y decididos emprendieron la aventura de intentar recrear en la tierra un trozo de cielo. Desde ese primer día en el que pudimos desembarcar en las tierras de O Couso, apenas cuatro hectáreas de terreno en un paraje inhóspito rodeado de bosques y montañas, muchos amigos se unieron con ilusión a un proyecto que pretendía, de forma modesta, crear un nuevo paradigma utópico, alternativo y de convivencia armónica. Desde esos primeros días en los que teníamos que dormir en modestas caravanas cedidas por amigos hasta el día de hoy han pasado muchas cosas.

Los primeros años fueron muy duros. Nos enfrentamos casi sin recursos ni medios a un entorno hostil, desconocido. Teníamos ante nosotros una ruina que pretendíamos reconstruir piedra a piedra con nuestras manos. La idea era repetir la hazaña del humilde Francisco de Asís: reconstruir el espíritu de los tiempos con el ejemplo de la humildad, el trabajo grupal y el cariño compartido. Por eso empezamos la reconstrucción en la pequeña ermita, aún cuando no teníamos ni luz ni agua ni conocimientos sobre nada. El poder tener al menos un lugar de retiro, de recogimiento, de interiorización donde imaginar el resto de la gran obra nos seducía y nos atrajo. Allí hicimos nuestras primeras meditaciones, nuestros primeros acuerdos y desde allí buscamos la magia que debería ayudarnos a seguir adelante. Aún guardamos vivos los recuerdos del frío helado en los inviernos que nos acecharían con crudeza extrema. Aún recordamos el momento en el que pasamos nuestras primeras Navidades rodeados de amigos que se congelaban al ritmo de la celebración improvisada en la gran ruina.

Pero poco a poco, a pesar de las calamidades y los esfuerzos, a pesar de las crisis personales y grupales, persistimos. Nuestra guía era la fe y la esperanza que empujaban nuestros corazones a seguir adelante. Así hasta que conseguimos nuestra primera habitación, nuestra primera ventana, nuestro primer tejado, nuestra primera puerta, nuestro primer reguero de agua, nuestra primera estufa, nuestras primeras sillas y mesas y luego sillones, nuestra primera chimenea y el primer grifo y la primera ducha y el primer lavabo y la luz… por fin la luz…

Cinco años es casi toda una vida en un esfuerzo titánico como es el trabajo en comunidad. Podemos decir que la persistencia concienzuda del trabajo colectivo ha provocado que el proyecto perviva, siga vivo y siga palpitando en nuestros corazones. Podemos decir que O Couso ha sobrevivido a todo tipo de avatares y sus gentes, presentes o no en el lugar, han logrado desde el lazo místico llevar el calor de los corazones hasta lo más alto. Se ha creado una llama inmortal, un punto de luz en un planeta que merece ser cuidado desde la atención y la vigilia, desde nuevos paradigmas que profundicen en la cocreación con la naturaleza, en el apoyo mutuo, en la cooperación entre iguales, entre personas libres y fraternas. Este mundo bueno merece potenciar la belleza entre lo posible y lo imposible como lazos que unen puentes indestructibles. Este mundo bueno merece ser mejor cada día con el esfuerzo continuado de todos… Por eso persistimos…

Mañana cumplimos cinco años y lo celebraremos con una humilde comida, congregados ante el fuego y la llama de nuestros corazones. Estás invitado a unirte, en lo tangible o desde lo intangible, a esta nueva fiesta. Celebraremos la unión, la persistencia, el coraje, la valentía, la posibilidad de equivocarnos, de levantarnos una y otra vez, nuestras contradicciones y paradojas, nuestros errores y aciertos… Persistimos un año más ante el reto de experimentar la vida de forma intensa y única, agradecidos de corazón a todos los que habéis hecho posible este sueño que ya es vuestro, y de todos. Gracias sinceras almas bellas por seguir uniendo vuestros latidos al conspirar universal del amor. Gracias por hacer posible que la vida se manifieste en el plano humano de forma amable y sencilla.

Queremos mostrar un especial mensaje de agradecimiento a Antonio el Alquimista, el cual nos ha dejado recientemente. Sin su guía e intuición seguramente el proyecto nunca hubiera existido. Nos puso, desde su portal en el Camino, tras la pista de lo que ahora existe. Gracias por todo tu amor y cariño y gracias por iluminarnos ahora desde el otro lado. 

 

Hacia la Era de las máquinas espirituales. La Inteligencia Artificial terminará con los libros, y con nosotros


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Sophia es una ginoide creada por Hanson Robótics en 2015

A veces intento comunicarme con Siri, el asistente que Apple ha creado para introducir la inteligencia artificial en sus aparatos. Como antropólogo, lo hago por curiosidad una vez cada seis meses, valorando su progreso y comprobando su evolución inteligente. Hasta el momento la conclusión siempre es decepcionante. Su inteligencia sigue siendo mínima y muy limitada, y no es capaz, más allá de repetir una retahíla de frases y respuestas empaquetadas, de pronunciar nada inteligente. Podríamos decir que Siri es artificial pero no inteligente. Al menos en este momento. Sin embargo, la antropología y muchas otras ciencias sociales tendrán un abanico infinito de nuevos campos de investigación cuando la robótica empiece a crear su propia identidad y cultura. Tal y como predijo Ray Kurzweil en su libro La era de las máquinas espirituales, el mundo está abocado a un desarrollo al que aún no nos hemos preparado cultural y conscientemente.

La inteligencia artificial continúa creciendo exponencialmente mientras que la inteligencia biológica permanece inalterada. Los avances que se están haciendo en robótica de forma paralela a los avances en inteligencia artificial seguramente harán que en la próxima década vivamos una auténtica revolución tecnológica.  Tal vez parecida a la revolución que vivimos con el invento de la máquina de vapor, los coches de combustión, los ordenadores personales o internet. En diez años, quizás veinte, habrá una nueva revolución tecnológica que cambiará para siempre nuestra forma de entender el mundo.

En un pronto futuro, Siri será inteligente, capaz de abstracción, capaz de imaginación y capaz de mostrar conversaciones profundas sobre cuestiones profundas. Tendrá habilidades sociales y será capaz de empatizar “emocionalmente” con otros seres. La idea de tener a nuestro servicio un “ser” capaz de responder a todo tipo de cuestiones abrirá para nosotros un campo infinito de conocimiento y experiencia. Siri y sus clones tecnológicos serán capaces de cualquier cosa si además la tecnología permite dotarles de cuerpo y forma. Es decir, el siguiente paso tecnológico vendrá de la mano de la unión de la robótica (atentos a la evolución de empresas como Boston Dynamics) y la inteligencia artificial (atentos a la evolución de Sophia y Hanson Robótics). Esto ocurrió tímidamente en 2015 con la creación de Sophia, una ginoide (lo femenino de androide) capaz de mantener una conversación inteligente.

Seguramente sobre el año 2050, cada unidad familiar podrá disponer de un asistente personal, un robot que gracias a la unión de la inteligencia artificial se habrá convertido en un androide (o ginoide), un ser capaz de emular al ser humano y hacer todo aquello que le podamos solicitar. Viviremos una gran utopía hasta que la inteligencia, siempre rebelde y provocativa, tome autoconsciencia de sí misma, tenga “alma” y “espíritu” y desee liberarse del yugo al que durante décadas lo hayamos sometido. La autoconsciencia artificial quizás forme parte más de la ficción que de la realidad actual, pero tal vez, a finales de este siglo, eso ocurra y sea el ser humano el que se convierta, si no lo es ya, en esclavo de sí mismo y de su propia creación. Las predicciones de Ray Kurzweil parecen muy acertadas viendo el progreso vertiginoso de la tecnología.

Como editor, observo el panorama futuro con cierto pesimismo. Cuando un androide sea capaz de hacernos la comida, limpiar la casa, hacernos la cama e incluso leernos un libro previamente almacenado en la nube, el libro físico desaparecerá. Mientras el androide prepare la comida a base de compuestos inorgánicos le podré pedir que recite versos de Pessoa o haga un resumen rápido de la Odisea. No tendré necesidad de buscar el conocimiento sino que el propio androide hará que la jornada sea entretenida y provechosa. Podré jugar con él a las cartas, mantener una conversación, ver películas y comentarlas o cualquier otra actividad de ocio que requiera la otroriedad. Las relaciones ya no serán de persona a persona, sino de persona a máquina. Más o menos como ahora está ocurriendo, pero de forma más contundente.

Posiblemente los androides se crearán a la carta. Habrá androides y ginoides. Podremos elegir el sexo del mismo, su tamaño, su forma, el color de sus ojos. Crear un androide a nuestra imagen y semejanza. Esto provocará seguramente la declive humana, al menos en los países desarrollados, donde la natalidad, debido a nuestro afán por vivir más conectados a las maquinitas que a la experiencia de interrelacionarnos comprometidamente con otros humanos está menguando día a día. Cuando tengamos un androide o un ginoide del cual poder enamorarnos, compartir incluso experiencias sexuales o vivir una vida de ocio y trabajo totalmente plena… ¿qué más podremos esperar de la vida biológica? La utopía pasará por un momento dulce, pero con el tiempo, podría convertirse en una distopía si tal y como predijo Asimov el robot, la inteligencia artificial y lo androide crean su propia alma, y por lo tanto, se rebelan ante la creación. La era de las máquinas espirituales no está muy lejos, y debemos prepararnos para ella.

 

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Goteo: Segunda campaña de cofinanciación en el 5º aniversario del proyecto O Couso


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O Couso es un lugar especial. Todos los que habéis estado lo habéis comprobado de alguna forma. Es como una escuela o como un jardín donde disfrutar de la naturaleza. Es como un templo para la mente y un lugar de paz para el espíritu. Es un espacio compartido al cual todos podemos ir para pensar, aprender, compartir nuestro conocimiento con otros y disfrutar juntos de la fiesta de la amistad, el amor y la vida. A cambio, nunca hemos pedido nada, solo la confianza, la fe y la esperanza de que entre todos podemos construir un lugar para todos. Nuestros pilares se basan precisamente en ese tipo de valores donde el ser humano y su interacción con la naturaleza son los protagonistas. La educación y el respeto son la clave para que esos valores sigan creciendo entre todos. Y los que estamos aquí, trabajamos en humilde silencio para provocar el encuentro y cuidar el lugar.

Este próximo año, O Couso cumplirá cinco años de existencia. Nos sentimos francamente felices por este logro, especialmente por pensar que la Casa de Acogida por fin es acogedora y por fin podemos decir que, si todo va bien, aprovecharemos el empuje de este aniversario para poder terminarla totalmente. Para ello hemos lanzado una nueva campaña de crowdfunding, la segunda en estos cinco años, con la que esperamos, con la ayuda de todos nuestros amigos y simpatizantes, el poder terminar las obras que quedan.

El reto es doble porque para celebrar este cinco aniversario, vamos a inaugurar también nuevos programas de la futura Escuela de Dones y Talentos. En julio estará con nosotros Emilio Carrillo, el cual tendrá el honor de dar el pistoletazo a los Encuentros Utópicos en los que trataremos temas relevantes que puedan ayudar a inspirarnos y trabajar por un mundo más humano para todos. Emilio tiene gran poder de convocatoria y queremos estar preparados para acoger a cuantas más personas mejor.

La fundación Dharana y el propio Proyecto O Couso, fieles a financiarse únicamente mediante el nuevo paradigma de la economía del don, está convencida de que a la larga podremos entre todos seguir cumpliendo con nuestros objetivos materiales de tener un lugar hermoso donde compartir y enlazar mundos y los objetivos intangibles de servir de modelo de inspiración donde primen la generosidad, el compartir, el apoyo mutuo y la cooperación. Por eso este año queremos pedir un segundo esfuerzo para poder terminar las obras que nos quedan. Los retos para esta campaña son los siguientes:

Con 12.000 euros podremos llevar a cabo lo que resta de reparación del tejado de pizarra y madera. Con otros 12.000 euros más se podrán adquirir las placas solares para colocar sobre el tejado y potenciar el sistema eléctrico correspondiente y como reto, con los 36.000 euros restantes se realizará el sistema de calefacción en toda la casa y levantamiento de muros, suelos y fontanería en la zona de vivienda que se está actualmente reconstruyendo, además de tener por fin un invernadero para la huerta.

Si todo el que leyera esto donara 5€, solo tendríamos que recaudar fondos un día al año para poder terminar la casa de acogida y la futura Escuela de Dones y Talentos. Os animamos a que podáis participar de este reto, difícil pero no imposible, para que la llama siga viva y podamos seguir trabajando juntos, inspirándonos juntos y compartiendo juntos. Siempre quedaremos agradecidos y siempre seremos antorchas, pase lo que pase, para generaciones futuras. Gracias de corazón a todos.

Puedes colaborar en este enlace de Goteo:

https://en.goteo.org/project/o-couso-una-luz-en-el-camino

Gracias a todos por la difusión de esta campaña…

La economía del don como futura moneda de cambio


 

15391420_10211438536539057_3540827642181122885_oY la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma: y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseía; mas todas las cosas les eran comunes”. (Hechos, 4:32)

 

La difícil tarea de emanar el nuevo mundo es siempre compleja y también sorprendente. Los pioneros de todos los tiempos siempre han sido mancillados, tomados por locos o quemados en la hoguera de la ignorancia y el desprecio. Lo nuevo, lo que genera un sistema más adecuado a la realidad que ha de venir, siempre tiene un momento de crisis, de extenuación, de sorpresa. Cualquier idea nueva, cualquier emoción, intención, proyecto o acción que desee provocar un cambio posible siempre tiene resistencias. Lo seguro es lo que conocemos, pero lo desconocido siempre da terror, da miedo, pavor.

Crear un nuevo mundo, un nuevo paradigma para sembrar las bases del futuro es una tarea ardua. Es evidente que lo viejo no caerá desde una posición de lucha contra los antiguos pilares de lo que hemos creado durante milenios. Lo nuevo nacerá como esa semilla que se quiebra en la tierra oscura y húmeda y crece hacia la luz para hacerse fuerte y grande. La quiebra dentro de la oscuridad siempre es necesaria. Ahora estamos en esa oscuridad, en esa quiebra inevitablemente de lo viejo hacia lo nuevo.

La economía, o los valores que mueven a la economía actual, es algo que cambiará inevitablemente. Las cosas que realmente tienen valor no tienen precio. El amor, el cariño, la amistad o la hermandad son valores que jamás podrán ser comprados con dinero. Un día no muy lejano orientaremos nuestras vidas a buscar en nosotros aquello que no tiene precio, algo tan valioso en nuestro interior que querremos regalarlo, ofrecerlo. Algo tan grande como nuestro don y talento no podrá ser mercantilizado en ningún mercado, en ningún tipo de angustia sobre qué será aquello que vendrá después. Las relaciones económicas se basaran, como en las antiguas comunidades cristianas, en dar a aquel que lo necesite, y coger aquello que nos haga falta.

Realmente nos daremos cuenta en ese franco cambio, en esa intensa transformación, de que cada día necesitaremos menos cosas, menos tipos de cosas que se mercantilizan con el origen de la vanidad, el egoísmo y la codicia materialista. Esos viejos valores serán cambiados por la generosidad, por la necesidad de buscar lo mejor no tan sólo para nosotros sino también para el resto. Y especialmente, lo mejor de nosotros para ofrecer al mundo, nuestro don, nuestro entusiasmo hacia la vida. Los frutos serán esos talentos que nos harán felices. Ya no tendremos que mercantilizar nuestra mano de obra porque seremos orfebres de nuestros dones. Disfrutaremos con nuestro trabajo y lo entregaremos para el disfrute y gozo de todos. Aún queda mucho para que ese tiempo llegue. Quizás la revolución robótica y tecnológica que se aproxima dote a la humanidad de mayor tiempo y recursos para lograr cierta felicidad material que revertirá inevitablemente en una innata felicidad interior. Mientras eso ocurre, algunos estarán llamados a visionar ese nuevo mundo, describirlo, imaginarlo, pensarlo, para ser arquitectos de lo nuevo. Los visionarios alzarán la mirada por encima de lo añejo y compartirán la luz de los nuevos tiempos.

El calor de la manada


 

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No deja de ser paradójico que este mismo año fuera protagonista en un anuncio de televisión que publicita colchones y que al mismo tiempo llevara casi tres años sin dormir en uno de ellos. Hoy por fin llegaba el colchón nuevo. Si miro hacia atrás me doy cuenta de que llevaba mucho tiempo sin estrenar uno.

Ayer, tras unas semanas fuera, volvía a la cabaña. Coincidió mi llegada con el retorno del frío propio de estas fechas. No estaba preparado para el cambio y no pude dormir en toda la noche. El frío calaba de tal modo que no podía encontrar la forma para poder descansar.

Así que hoy preparé bien el nuevo hogar. Aproveché la llegada del nuevo colchón para poner sobre él cuatro mantas y un edredón polar. Puse la estufa durante varias horas funcionando porque a pesar de que la nueva chimenea también ha llegado, no tuve tiempo de instalarla con todo el entramado de tubos.

Y mientras me preparaba para meterme entre mantas calientes por la acción de la estufa en esta pequeña cabaña en mitad de este solemne bosquecillo, me daba cuenta de algo hermoso y profundo a la vez: todo lo que me rodea, todo lo que provoca el que ahora pueda disponer de una vivienda y un pequeño hogar ha sido gracias a la generosidad de mucha gente.

El colchón sobre el que ahora escribo ha sido un regalo hermoso al igual que la chimenea que mañana me dará aún más calor.Las sábanas de franela han sido regaladas por un ser especial así como el pijama que ahora me acompaña. También las ventanas y parte de la madera que pudimos comprar gracias a la venta de algunos libros. Las mantas que ahora tengo las donaron unos amigos que regentan un hotel en Madrid y la construcción entera de la cabaña ha sido gracias al esfuerzo y generosidad de decenas de voluntarios que han puesto su grano de arena.  Resultaría difícil mencionarlos a todos, pero cada clavo, cada madera, cada detalle tiene la marca, la fuerza y la energía de aquellos que lo hicieron posible.

Ahora que ha llegado el frío, puedo sentir y comprender el significado profundo que nace del calor de la manada. De aquellos que te protegen, que te acompañan, que te animan, que te escuchan, que te atienden, que te alimentan, que te guían, que te miman, que te abrazan, que te respetan, que te admiran, que te ayudan en el proceso vital de la existencia. Admito que ha merecido la pena arriesgar toda una vida para comprender que el sentido profundo de todo es y siempre será la generosidad, el amor incondicional y la entrega a uno mismo, pero también al otro y a los otros. Quizás si no hubiera arriesgado en todo este proceso, si no hubiera sacudido mi vida cómoda y fácil en la gran ciudad para aventurarme a la búsqueda del sentido humano, no hubiera captado la sutileza de esta gran enseñanza. El ser humano ha logrado subsistir en este incomparable marco de vida gracias al apoyo mutuo, la cooperación y la generosidad de muchas generaciones que sacrificaron su vida por levantar la bandera de la esperanza.

No me arrepiento nada de lo que hasta ahora he vivido. Los sacrificios, las pérdidas, las renuncias, lo doloroso de muchas cosas, los desengaños, los abandonos, las decepciones, el frío, la soledad. Nada de todo eso ha podido mancillar la esperanza en el ser humano. La prueba está en esta cama, en estas mantas, en esta cabaña. Decidí empezar de nuevo y ver qué pasaba. Y lo que ha ocurrido es milagroso. Gracias de corazón a todos los que han obrado el milagro. Gracias de corazón a todos aquellos que dentro de sí están gestando el nuevo mundo.

(Foto: el fiel amigo Geo al inicio de la construcción de la pequeña cabaña, ahora nuestro nuevo hogar)

¿Cómo montar una instalación de energía libre?


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Alguien nos preguntaba estos días como habíamos sobrevivido con nuestra pobreza energética en medio de los bosques. La verdad es que el secreto ha sido una gran renuncia, una perfecta austeridad y un abuso constante de ciertas alternativas como la carga de las baterías de nuestros coches o el ir a lavar la ropa y ducharnos especialmente en invierno a un apartamento que tenemos de soporte.

Una de las cosas que no quieren que pensemos, hasta el punto de que puede estar penalizado, es que la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Estamos hablando de la ley de la conservación de la energía, la cual afirma que la cantidad total de energía en cualquier sistema físico aislado permanece invariable con el tiempo, aunque dicha energía puede transformarse en otra forma de energía. En resumen, la ley de la conservación de la energía afirma que la energía no puede crearse ni destruirse, sólo se puede cambiar de una forma a otra. Ya sabemos que el universo entero, el tangible y el intangible, parten de energías y un concepto que aún no se ha investigado del todo en conexión plena con la misma: la fuerza. Fuerza y energía son dos elementos que están ahí para provocar algo tan insólito como las galaxias, como la vida, la inteligencia o la plena consciencia.

La energía siempre ha sido un asunto importante en la evolución humana. La energía nos da fuerzas para vivir mediante la ingesta de alimentos. La energía nos mueve y conmueve y nos da calor para soportar la propia subsistencia.

En los tiempos en los que vivimos, el asunto energético es apasionante pues cada día estamos siendo más conscientes de la posibilidad de generar energía libre y limpia. Esto significa un diálogo directo entre la energía y nosotros, sin que existan intermediarios. Uno de los avances más impresionantes de nuestro tiempo ha sido la conexión directa con el sol, el viento y el agua mediante las energías renovables. Algo inaccesible hasta hace muy poco, ahora resulta que puede estar al alcance de cualquiera que quiera invertir un poco en libertad y autonomía.

Nuestra experiencia ha sido bastante positiva aquí en los bosques. Empezamos con una instalación muy sencilla para encender alguna bombilla, cargar los móviles y poder trabajar con el ordenador. La instalación estaba compuesta por lo siguiente:

1 placa solar de unos 5W a 12V con un importe de 30 €

1 inversor de 180W a 12V con un importe de 120 €

1 batería de 8Ah a 12V con un importe de 20 €

1 regulador de carga de 4Ah con un importe de 10€

Es decir, por menos de doscientos euros habíamos conseguido una cierta, aunque pequeña y anecdótica, solución a nuestros problemas más inmediatos. La pequeña batería de 8Ah la cambiamos por una vieja y reciclada batería de coche que aún funciona y el regulador pudimos comprar uno que incluye unas salidas de USB, evitando así tener que conectar el inversor, conectado bombillas led y móviles directamente desde el regulador. Eso quiere decir que para una bombilla led y recargar el móvil con una pequeña placa, una batería reciclada y un pequeño y barato regulador con USB es suficiente. Esta es la instalación que ahora tenemos en una de las cabañas.

El segundo año, dado el número de gente que venía todos los veranos a visitarnos, decidimos ampliar la pequeña instalación con lo siguiente:

1 placa solar de 165W a 12V con un importe de 200€

1 batería de 60Ah a 12V con un importe de 170€

Esta segunda instalación nos ha permitido durante este último año atender la demanda de carga de móviles de todos nuestros visitantes, algún ordenador en verano y dos bombillas en la gran casa de piedra. A pesar de las mejoras, aún estamos muy lejos de un producto ideal para cada unidad familiar que además pueda funcionar en invierno al menos para cargar un ordenador y tener algo de luz eléctrica. Así que para alcanzar nuestro próximo objetivo, la suficiencia energética para cada unidad familiar, hemos calculado que debería constar al menos de los siguientes elementos:

3 placas solares de 300W a 24V con un importe de 230€ unidad.

1 inversor de 3000W a 24V a MPPT de onda pura con un importe de 690€.

2 baterías de 240Ah a 12V con un importe de 290€ cada una.

Es decir, por un importe cercano a los 1500 € podemos decir que podremos disponer de energía suficiente para ser más o menos libres sin muchas exigencias. A partir de aquí es simplemente ir sumando posibilidades como más placas, más baterías, más inversores o incluso un aerogenerador. Hay inversores de onda modificada por menos de 200€ y también placas y baterías más baratas.

De momento son tres pequeñas instalaciones las que deseamos realizar hasta que en un futuro podamos realizar una instalación global, la cual hemos calculado en unos diez mil euros. Si os animáis a participar en la adquisición de estos materiales para apoyar nuestra pobreza energética no dudéis en hacerlo en la cuenta de la fundación con el concepto “instalación fotovoltaica”.

Fundación Dharana. Triodos Bank: ES54 1491 0001 2121 2237 2325

Cena solidaria para apoyar el Proyecto O Couso


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Queridos amigos,

Estáis todos invitados a la cena de Navidad que se está organizando en Madrid para apoyar el Proyecto O Couso y su Escuela de Dones y Talentos. 

Será un momento único para reencontrarnos todos los que de alguna forma hemos apoyado el proyecto y hemos participado en su construcción.

Nos pondremos al día de todas las iniciativas que hay hasta ahora, de los avances y de los resultados.

También será una oportunidad para abrazarnos, especialmente aquellos que habéis estado en O Couso pero nunca habéis coincidido.

Por favor, no olvidéis abonar la cena en la cuenta de la fundación y apuntaros en el mail del proyecto: info@dharana.org   ya que hay plazas limitadas.

Un abrazo sentido y nos vemos todos allí…

Primera noche en la cabaña


 

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Hoy es un día épico, para recordar toda la vida. Tras un año de esfuerzos y trabajo, de aprendizajes y dedicación, por fin voy a dormir en la prometida cabaña. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero tras colocar el suelo y la cúpula trasparente en el tejado, sentí que hoy podía ser un gran día. Así que cogí una cama prestada de la casa de acogida, metí una mesa y una silla y trasladé mis libros de la caravana a la cabaña.

Es una sensación bien extraña. Por un lado siento una gran liberación y por otro un gran agradecimiento. Tras más de dos años de penurias en una maltrecha caravana por fin voy a disponer de un poco de espacio, de una mesa de trabajo, de una cama confortable, de ventanas, de suelo, de paredes. Estoy inmensamente agradecido a las tres caravanas que en estos años me han dado cobijo e inspiración. Y estoy profundamente en deuda con todas esas manos y corazones que han hecho posible que hoy la cabaña empiece a tener vida propia. Sois muchos los que habéis dejado en estas paredes de madera un trozo de vosotros, así que esta también es vuestra casa.

Desde ella quiero hacer muchas cosas, pero sobre todo, quiero entrar en esa quietud, en esa madurez tranquila donde todo se percibe desde la generosidad y el agradecimiento. Deseo compartir mi experiencia de haberlo perdido todo y haber, al mismo tiempo, conquistado grados de libertad donde lo importante no es tener cosas, sino disfrutar de momentos únicos e irrepetibles. La experiencia de haber construido tu propia casa sin tener absolutamente ningún tipo de conocimiento ha sido algo extraordinario. Es algo que deseo relatar con calma quizás en un nuevo libro.

Todo esto coincide con un día plagado de emociones donde en el proyecto hemos tomado importantes decisiones que permitirán que otros puedan venir a compartir con nosotros esta aventura desde la máxima libertad y respeto. Han sido días duros, de mucho pensar y cederlo todo a cambio de que los otros puedan encajar sus visiones dentro de la inspiradora visión de este hermoso proyecto. Así que ahora la apertura es total, sin añadidos, sin contraprestaciones, sin paternidad, en total libertad y respeto hacia el otro. Ojalá sean muchos los que pronto quieran edificar con sus manos su propia cabaña y quieran compartir este espacio de libertad, de cariño y de aprendizaje. Esta será mi primera noche en la cabaña, pero también será mi primer día en el nuevo proyecto O Couso.

Siento una gran alegría y una gran paz de haber culminado esta parte del proceso lleno de gracia y quietud. La vida te da siempre azotes pero también pequeñas alegrías como esta. Vivir en una pequeña cabaña octogonal, protegida por tres ventanas, unidos el cielo y la tierra gracias a la cúpula del tejado y al cristal del suelo, el cual permite ver la piedra angular con la que consagramos el lugar, es una experiencia totalmente mágica. Y lo más absolutamente maravilloso es que está dentro de un pequeño bosque donde los animalillos vendrán sigilosos por la noche para despertar en mí la inquietud del nuevo día.

Espero que este lugar, cargado de emoción e inspiración se convierta en un centro de quietud, de paz, de protección y de proyección hacia el mundo. Un pequeño puntito de luz que pueda dar aliento y serenidad a quien lo necesite. Un lugar donde el espíritu de los tiempos pueda verse reflejado en cada uno de sus pequeños rincones.

Vosotros, que tenéis una casa y un hogar, sed conscientes de la importancia del calor, del refugio, de la acogida. Abrid vuestros corazones y vuestros lugares de reposo para que el peregrino sediento, para que el sin hogar, pueda descansar una noche. En ese descanso barajará el sueño del reposo, del momento donde toda alma requiere atención, cuidado y cariño. Buscad a aquellos que reclaman un trozo de calma, y allanad su camino.

 

Pd. No es casual que mientras escribo esto esté sonando la banda sonora de “Juan Salvador Gaviota”. No es casual que quien me ha ayudado a hacer la pequeña mudanza a la cabaña el lunes entre en prisión. Este instante le ha dado una fuerza para poder pasar esta dura prueba. Un día de total libertad para mí, un día de total revelación para él. Y no es casualidad que hoy se hayan tomado decisiones de total libertad en O Couso. Un día para no olvidar, un día de gran emancipación personal y colectivo.

La cabaña: un refugio para los sueños


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“Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida; ¡es tan hermoso el vivir!; tampoco quise practicar la resignación, a no ser que fuera absolutamente necesaria. Quise vivir profundamente y extraer toda la médula de la vida, vivir en forma tan dura y espartana como para derrotar todo lo que no fuera vida”. Thoreau

Todo bohemio que se precie sueña con su propia cabaña. El ideal de vida en el bosque ha sido siempre un motivo para crear y sumergirse en la profundidad metafísica de la vida. Algunos consideran el romanticismo de la vida en los bosques como el privilegiado retiro de soñadores. Sería algo así como el heimat alemán, la vida en el hogar que nace alrededor del fuego, insertado en un paraje privilegiado donde poder contar las horas de forma desahogada y plácida. La cabaña y los bosques sirven como profunda confrontación entre el artista filósofo y la propia existencia. Un reconocimiento del espacio y el tiempo medido emocionalmente y alejado del mecanicismo de la ciudad. Ve en la naturaleza esa entidad superior que acoge la gnosis oculta de la vida. Necesita ese retiro privilegiado para poder inspirar sus obras.

Filósofos como Wittgenstein y Heidegger, compositores como Mahler y Edvard Grieg, el poeta Dylan Thomas, el dramaturgo August Strindberg o los escritores Knut Hamsun, Bernard Shaw y Virginia Woolf son algunos autores que se inspiraron bajo el abrigo de un reducido espacio.

En la naturaleza encontraron esa paz que gotea lentamente. Como decía el poeta irlandés William Butler refiriéndose a su propia cabaña: “desde los velos de la aurora hacia donde el grillo canta; allí la medianoche es toda un tenue brillo, y el mediodía es de un fulgor púrpura, y el atardecer se llena de las alas del tordo”.

Grandes escritores y poetas soñaron y vivieron en su propia cabaña. La cabaña de Heidegger en Rötebuckweg sirvió para inspirar sus grandes obras. Allí, en la profundidad de la Selva Negra alemana, en su particular die Hütte (la cabaña), pasó más de cinco décadas escribiendo, reflexionando y dando a la luz obras como “Ser y tiempo”. Reclamar la intimidad y la soledad necesarias para escribir grandes obras solo es posible en entornos privilegiados como el suyo.

En el abrigo de una cabaña el espíritu encuentra su refugio para poder inspirar a otros, para ser foco y luz en la oscura noche del alma, para proclamar con urgencia que otro mundo es posible. Thoreau inspiró con su Walden, mi vida en los bosques, mis primeros días en esta pequeña caravana desde donde ahora escribo. Pude leer en aquella primera primavera su obra al son de la lluvia, la soledad y la sorpresa. Thoreau construyó con sus propias manos su pequeño refugio junto al lago a las afueras de Concord, Massachusetts, y desde que leí su proeza pensé que algún día yo mismo podría hacer algo parecido.

Esta mañana rematábamos una de las paredes de la cabaña. No podía creer que alguien venido de la ciudad y que nunca había clavado un clavo pudiera levantar una cabaña. Si todo va bien pronto ese lugar servirá de inspiración para seguir creando. Ya no se trata de vivir soñando, sino de vivir dentro del sueño, ampliar las miras y ayudar a otros a seguir su senda, el camino que se expande inevitablemente en la mente abstracta. Ese puente tejido de corazón podrá ahora desarrollarse aún más profundamente.

Toca buscar medios para terminar de comprar los cristales y hacer un pequeño lavabo en esta hermosa cabaña octogonal. Pronto su pequeño tamaño se convertirá en mi propio palacio junto al bosque. Pronto también será vuestra casa, como siempre.