Sobre la creación de una moderna Escuela de Misterios


«Cuando nacemos lloramos y sollozamos, cuando morimos deberíamos sonreír». Hans Gebser

Este año, el Seminario de Buena Voluntad Mundial ha sido una celebración de las innumerables oportunidades a las que se enfrentan hoy en día grupos de todo el planeta, de todas las naciones y de todos los campos y disciplinas mientras se esfuerzan por participar en una gran transformación de nuestra cultura global durante esta fase transitoria de nuestra vida planetaria, nos dicen en sus comunicados. Continuan diciendo que la fluidez del cambio introduce dificultad e incomodidad, pero también sirve para suavizar la rigidez mental y las estructuras existentes, preparando así el terreno de la experiencia humana para nuevos enfoques y nuevas aventuras.

Durante estos años, hemos querido profundizar, desde nuestro pequeño proyecto, en esos enfoques y nuevas estructuras, creando una visión diferente de aquello que pueda ser útil para nuestra transformación personal y grupal mediante el esfuerzo y el trabajo práctico. A niveles interiores, quisimos crear una especie de Escuela de Misterios vestida de modernidad. A diferencia de las escuelas tradicionales, basadas en el intelecto y el estudio, las escuelas de misterios provocan mediante la praxis y la práctica de ciertas herramientas, acompañadas de estudios basados en la intuición de cada participante, una verdadera transformación e iniciación a una realidad más amplia y universal.

Creamos para ello una estructura y una pedagogía que deseaba, de forma ordenada y metodológica, profundizar en las partes de nuestro ser que deben ser transformadas para progresar hacia una dimensión diferente. Bajo la excusa de la búsqueda de nuestros dones y talentos, lo que verdaderamente dibujamos era la búsqueda interior de nuestro ser esencial, llamado por algunas tradiciones alma o espíritu. Eso crea una transformación en nosotros, un encuentro con nuestro ser, y por lo tanto, un cambio de mentalidad, consciencia y visión, tanto individual como grupal.

Los Cuadernos de Experiencia son los pilares pedagógicos de lo que llamamos La Escuela, basados en unas técnicas y metodología adecuada a estos fines (para nosotros, a nivel interior, una Escuela de Misterios, dado que hay unas prácticas, conocimiento y experiencias transformadoras basadas en la gnosis universal y en la praxis y experiencia grupal e individual). Para hacernos una idea algo más profunda, las experiencias de los cuadernos engloban de forma holística el control del llamado ego, personalidad o cuaternario (según lo nombra cada tradición), provocando con ello la transformación que cada individuo desee trabajar a diferentes niveles: transformación material, anímica, emocional, mental y espiritual, ya sea de forma individual o grupal. Las experiencias son progresivas y se dividen en siete. Cada una de ellas desea provocar algo diferente y se ordenan de la siguiente manera:

1. “Semana de Experiencia”. (GRUPAL) Reconocimiento y transformación sobre el cuerpo físico mediante la práctica de la inofensividad, la simplicidad voluntaria, el apoyo mutuo, el decrecimiento, la acción o trabajo grupal, la divina indiferencia, el desapego, la economía del don, etc… todo ello resumido en nuestros tres acuerdos de convivencia básica. A nivel interior, este cuaderno se conoce como “Luz en el Sendero”.

2. “21 días de Experiencia”. (INDIVIDUAL) Reconocimiento y transformación sobre el cuerpo anímico, vital o etérico, mediante la práctica del silencio y varios ejercicios basados en varias tradiciones espirituales y pedagógicas. Esta experiencia pretende transformar nuestro estado de ánimo y llenarnos de vida y entusiasmo mediante la práctica del silencio y la meditación. A nivel interior, este cuaderno se conoce como “Trabajo mágico del alma”.

3. “Tres meses de Experiencia”. (GRUPAL) Reconocimiento y transformación sobre el cuerpo emocional mediante la experiencia de gobierno grupal, llevando la facilitación, administración y guía en la Casa de Acogida. El llevar un grupo cambiante de treinta o cuarenta personas durante tres meses desde una perspectiva integral te hace tener un mayor autocontrol emocional por todo lo que en esa casa, la casa de los espejos, sucede. Esta experiencia está apoyada y tiene como guía nuestros Doce Principios. A nivel interior, este cuaderno se conoce como “Camino Iluminado de Integración”.

4. “Seis meses de Experiencia”. (INDIVIDUAL) Reconocimiento y transformación sobre el cuerpo mental, mediante una experiencia de seis meses en una caravana, la cual simboliza la cueva en la cual debe nacer nuestro yo esencial. En esos seis meses se pretende conectar con tus dones y talentos, al mismo tiempo que ayudas a los demás en la parte pedagógica, facilitando los procesos anteriores. Aquí te conviertes en facilitador de facilitadores. A nivel interior, este cuaderno se conoce como “Síntesis Aplicada”.

5. “Dos años de Experiencia”. (GRUPAL/INDIVIDUAL) Reconocimiento y transformación de nuestro ser esencial, consciencia, alma o espíritu, según cada tradición. Algunos lo llaman la construcción del Antakarana, el puente que nos conecta con nuestra alma o ser esencial. Dos años de vida en la comunidad Simorg en una cabaña apartados en un bosque, en las montañas, en un entorno privilegiado de retiro y silencio. A nivel interior, este cuaderno se conoce como “Tejedores en la luz”.

6. “Sirviendo a la Humanidad”. (GRUPAL/INDIVIDUAL) Una vez terminadas estas experiencias, las siguientes tienen que ver con la expansión del individuo a nivel grupal y social, según sus dones y talentos, siendo útiles para sí mismos, pero también, para la humanidad. A nivel interior, este cuaderno se conoce como “Servicio al Propósito”.

7. “Puente hacia el Futuro”. La nota clave principal de cada transformación personal, grupal o incluso planetaria, es RELACIÓN… Amor es Relación, la meta de todo esfuerzo en nuestro ser es establecer correctas relaciones entre un ser humano y otro, y entre el ser humano y la naturaleza; entre todas las expresiones de vida, desde el más ínfimo átomo hasta la Infinitud. A nivel interior, este cuaderno se conoce como “Puente hacia el Futuro”.

Esto sería, en resumen, el significado de cada Cuaderno y el significado profundo de esta moderna Escuela de Misterios.

SOBRE LA CONSCIENCIA DE LA ECONOMÍA DEL DON


Haber cerrado el proyecto durante un tiempo nos ha permitido centrarnos en nuestra propia vida personal, en nuestra propia economía y en la búsqueda de cierto equilibrio mental, emocional, anímico y material. Concentrarnos en la editorial sin tener que prestar excesivo tiempo al mantenimiento de la finca y el proyecto nos ha liberado en muchos aspectos. También nos está permitiendo poco a poco poner orden en las deudas que se han generado estos años debido a lo difícil que resulta empujar cualquier proyecto desde la consciencia de la economía del don. Se han hecho muchos sacrificios personales en esta última década, y siempre queda para el anonimato el beneficio que esos sacrificios hayan podido generar en el resto. Las utopías son complejas, y esta no iba a ser menos.

En estos últimos años, las donaciones recibidas eran de una media de un euro por persona/día. Había personas que por necesidades varias alargaban la estancia durante meses y años aportando lo que podían. Otros utilizaban muchas veces egoístamente el proyecto para hacer caja, o para disfrutar de unas vacaciones low cost en un lugar privilegiado. Estos siete euros por persona/semana no han sido suficientes para sostener todo en equilibrio, y tampoco justificaba las exigencias de aquellos que demandaban cada vez mayor comodidad y bienestar a cambio de queja constante.

Con esta media de donaciones, ha sido muy difícil sostener el proyecto, creando una deuda en estos años de unos sesenta mil euros, más las deudas que los residentes han tenido que soportar a modo particular. La economía del don es compleja y es útil si todos colaboramos en ella, dando la oportunidad a que aquellos que no tengan recursos puedan disfrutar de la experiencia. En O Couso no se cobra por los cursos, retiros, estancias o experiencias. Ni siquiera para cubrir los gastos de comida (desayuno, almuerzo, merienda, cena) y alojamiento. Todos los gastos son sufragados por donaciones de personas que han experimentado los beneficios de este lugar y desean también dar a otros la oportunidad de beneficiarse.

Muchas personas nos han preguntado qué dinero sería apropiado donar para que el proyecto fuera sostenible en el tiempo. Nunca hemos dado ninguna cantidad orientativa para que cada cual pueda ofrecer según su propia consciencia. Para que no hubiera un gran déficit, alguna vez calculamos interiormente que unos 250 euros a la semana sería un donativo justo, cifra que se aleja mucho de los siete euros por semana que hemos tenido de media estos años. Poder subir la media de siete euros a doscientos cincuenta sería empezar a entrar en cierto equilibrio económico.

Para hacernos una idea de nuestro déficit, podemos poner varios ejemplos de otras comunidades que también ofrecen la Semana de Experiencia. ¿Qué cuesta esta experiencia en otras comunidades?

Comunidad Esalen: 2.650€
Comunidad Findhorn: 1.470 €
Comunidad Dhamanur: 1.240€
Comunidad Los Portales: 680€
Comunidad Lakabe: 650€

Así que estos próximos años vamos a concentrar nuestras energías en hacer pedagogía de la economía del don para que el proyecto pueda ser sostenible en el tiempo, teniendo siempre en cuenta que todas las personas que colaboran con la Fundación y aportan su trabajo para que las actividades y organización se lleven a cabo, lo hacen de modo voluntario y no reciben ningún tipo de retribución.

La resistencia no es solo aguantar sino construir algo nuevo


«Sé suave. No dejes que el mundo te endurezca. No dejes que el dolor te haga odiar. No dejes que la amargura te robe la dulzura. Aunque el resto del mundo pueda estar en desacuerdo, sostén con orgullo tu creencia de que la tierra es un lugar hermoso». ~Iain S. Thomas

Este receso está sirviendo. Es útil. Estamos descansando, estamos renovando energías, propósitos, cambiando cosas de sitio, creencias de sitio, modos inútiles de sitio. Hemos aguantado estoicamente estos años como si de una pequeña resistencia se tratara, en la montaña madre, en la naturaleza salvaje y dura, en las alturas inhóspitas y áridas para el que no tuviera un poco de fortaleza interior. Hemos resistido porque deseábamos construir algo nuevo, un nuevo paradigma. Pero ese algo nuevo se volvió viejo, inútil, inservible, y toca renovarse, cambiar el modelo, el paradigma, como diría Thomas Kuhn en su reconocido libro La estructura de las revoluciones científicas.

Cambiar el paradigma de lo que ya fue revolucionario en su día va a ser complejo. No queremos bajar el listón, sino aumentarlo, profundizar en él para que las estructuras internas sigan modificándose. Construir algo nuevo de lo nuevo, provocando que el sueño del despertar siga adelante, cueste lo que cueste. Los viejos patrones cristalizados de un pensamiento caduco y añejo ya no sirven. Tampoco sirve lo excesivamente revolucionario para los tiempos que corren. Los altos ideales deben encontrar un remedio casero para poder plasmarse con cierta coherencia en el mundo en el que vivimos.

Un nuevo paradigma puede provocar que la revolución o lo revolucionario se vuelva invisible o incluso inservible. De alguna manera, eso nos ha pasado. Lo novedoso, lo milagroso, lo increíble del proyecto al que dedicamos tanto tiempo y recursos, se volvió invisible. Lo importante ya no era lo milagroso ni lo novedosos ni lo increíble de todo lo que hicimos, sino que al final, la conclusión final, es que no había aguacates en el desayuno o arroz integral en la comida. A eso se redujo la constante revolucionaria, el sacrificio, la inmolación que algunos sufrimos por querer participar de en ese cambio de paradigma.

Thomas Kuhn pensaba que la ciencia no puede evolucionar gradualmente hacia la verdad, sino que, de manera a veces dramática, se ve obligada cada cierto tiempo a cambiar cuando un modelo dominante se vuelve incompatible con los nuevos fenómenos. De alguna manera a nosotros nos ha pasado lo mismo. Ya no podemos avanzar porque de alguna manera el pensamiento simiente se ha cristalizado y se ha perdido, en la vorágine de la normalidad diaria, el sentido profundo del mismo. No hay aguacates en el desayuno es el síntoma inequívoco de que la idea ha muerto, y que, por lo tanto, se tiene que hacer algo para resucitarla, para revivirla en ese instante dramático y liminal que toda muerte y resurrección requieren.

El milagro, lo inédito del proyecto, se ha vuelto disfuncional. Requiere una profunda revisión para que siga siendo útil. Requiere una muerte, un receso inevitablemente que provoque una renovación, una profundización en su esencia, un renovado enfoque pragmático y efectivo. La idea romántica creó su ciclo mágico. Ahora toca profundizar en la fortaleza de toda supervivencia. Cada aspecto del maravilloso diseño que inspiró a tanta gente debe ser profundamente revisado, ampliado y mejorado.

Como decía Arthur Miller, Einstein demostró que no hay un tiempo verdadero. El tiempo es un valor relativo que depende de los movimientos relativos del observador. En esa tesitura, se abre un nuevo tiempo, un nuevo y marcado propósito donde los observadores deberán diseñar una nueva realidad. Por eso entendemos que la resistencia no es solo aguantar, sino construir algo nuevo. Crisis – tensión – surgimiento. Es el proceso alquímico de transmutación, transformación y transfiguración. En esas andamos.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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Antropología de las Comunidades Utópicas


Después de muchos años de esfuerzo pude doctorarme como antropólogo (diría más bien como antropoloco, tal y como me bautizó un colega de profesión). Ha sido una carrera apasionante hacia un mundo indolente (el humano) cargado de aprendizaje y aventura. Como diría Nietzsche en La Gaya ciencia, ha sido como encontrarme ante la sociedad de los últimos hombres, ante las últimas utopías, la de nuestro tiempo, que son necesarias por la urgencia en la que vivimos. Ante la religión de la indolencia y la comodidad, de lo pusilánime, de la sobre exposición de los caprichos del mercado que da la espalda a los desafíos de la transformación y sus ideales, que diría Nietzsche, aquí queda esta muestra de esperanza, de utopía, de esencia que hace que lo humano merezca la pena. Un pequeño elixir, una ambrosía necesaria para seguir viviendo.

Con este libro me despido de mi trabajo doctoral, de mi carrera académica y de mi pedagogía sobre lo utópico. Entraré en un silencio extraño, sin saber muy bien hacia donde me conducirá, como el de Siddhartha de Herman Hesse cuando decidió quedarse junto al río con Kamala. Coincide su presentación con el cierre de un importante ciclo en mi vida que empezó en 2005. Son diecisiete años de utopías, de sueños, de esperanza. Y ahora, el cuerpo y el alma solo piden silencio, reflexión, calma. La utopía de volver a reconciliarnos con el nosotros desde la dichosa distancia de los espacios imposibles.

Sobre el libro podemos decir lo siguiente:

El interés de esta Tesis Doctoral focaliza el análisis de un conjunto de comunidades utópicas contemporáneas desde perspectivas teóricas próximas a la crítica postmoderna. Etnografiadas durante años en diferentes localizaciones de cuatro continentes, este estudio socio-antropológico pondrá de relieve las características, devenir e imagen social de esta compleja y apenas conocida realidad social.

La perspectiva será no solo espacial, es decir, abarcará no solo el “estar allí”, conviviendo con los sujetos utópicos en sus propias comunidades, sino también temporal, ya que se pondrá asimismo énfasis en la continuidad, en la existencia de grupos y comunidades heterodoxas a lo largo de la historia. La nueva critica ética, el problema ecológico y el temor a una inminente cuarta extinción nos guiarán hacia la exploración de creencias milenaristas de nuevo cuño surgidas de los nuevos movimientos religiosos nacidos en la llamada Nueva Era. Un detenido repaso por estos cultos, que con dificultad se ciñen a un patrón reconocible, nos permitirá comprender de qué manera algunas ideas son utilizadas en la llamada era postcapitalista o, para los más críticos, era ecocapitalista. Nos acercaremos a las comunidades utópicas entendiéndolas como reductos significativos de aquella contracultura que se ha alineado con los nuevos tiempos, exploraremos sus espacios simbólicos y su idea de progreso basado, entre otras premisas, en el decrecimiento y la simplicidad voluntaria.

El libro se puede adquirir en el siguiente enlace: 

https://www.editorialdharana.com/catalogo/antropologia-de-las-comunidades-utopicas?sello=dharana

O Couso cierra sus puertas hasta el verano


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Estimados amigos,

Durante estos casi nueve años hemos hecho lo imposible por mantener a flote el proyecto O Couso y ha sido todo un milagro haberlo conseguido y haber restaurado de la nada la gran ruina con la que nos encontramos al inicio del proyecto. Cientos de personas en estos años han pasado por el proyecto, beneficiándose de sus inspiradoras enseñanzas, principios y experiencias. Han sido unos años apasionantes y llenos de riqueza interior y exterior. Muchas personas, según sus testimonios, han vivido momentos transformadores que han cambiado para siempre sus vidas.

Nos sentimos enormemente agradecidos y satisfechos por el logro conseguido, habiendo podido crear un referente inspirador donde los valores y principios de buena voluntad y nueva cultura ética han servido de instrumento transformador. Una ética viviente que hemos intentado plasmar en cada una de las experiencias que el proyecto ha ofrecido a todos los visitantes, desde la Semana de Experiencia, pasando por los 21 días de Experiencia, los Tres meses de Experiencia, los Seis meses de Experiencia y los Dos años de Experiencia. Toda una Escuela transformadora que deseaba crear un cambio positivo en todos nosotros. Una Escuela donde los dones y talentos se han podido manifestar de forma libre y desapegada, donde la meditación, el estudio y el servicio han servido como pilares suficientes para sostener esta utopía necesaria en nuestros días.

En estos momentos nos vemos en una situación donde deseamos reajustar y definir todos estos años de aventura. En primer lugar, deseamos anular la deuda contraída con terceros para ponernos al día con las cuentas. De forma directa, tenemos una deuda de algo más de 65 mil euros que la fundación ha asumido para poder comprar y restaurar la casa de acogida. De forma indirecta, los residentes asumieron una deuda personal de algo más de 40 mil euros, que sumado al coste de compra de la finca (125 mil euros) y al coste de restauración y mantenimiento del proyecto en estos casi nueve años (unos 400 mil euros), han supuesto un gran esfuerzo para todos.

Es por ello por lo que en este tiempo de otoño e invierno que se presenta, vamos a cerrar la casa de Acogida hasta el verano, reabriendo sus puertas el 21 de junio. La intención es no seguir entrando en gastos y poder así asumir la deuda pendiente, amortizando poco a poco todo lo que queda antes de entrar en nuevos gastos.

La economía del don y la consciencia que en ella hemos depositado todos los participantes del proyecto no ha sido del todo suficiente para poder mantener y conservar el proyecto con toda la dignidad que hubiéramos deseado. Es por ello por lo que preferimos mantener las puertas cerradas durante un tiempo hasta que podamos ponernos al día con todo. Dicho todo esto, en el año 2023, O Couso solo estará abierto los meses de verano, volviendo a cerrar de nuevo en el próximo otoño. Cerramos por lo tanto del 1 de noviembre de 2022 hasta el 21 de junio de 2023.

Agradecemos profundamente la comprensión y esperamos poder vernos pronto.

Buscando la paz del hogar


«El hombre feliz es aquel que, siendo rey o campesino, encuentra paz en su hogar”. Goethe

Siento que en estos años he cumplido con un propósito que supera con creces mi propósito personal y cualquiera de mis perspectivas. Digamos que he sido partícipe de un propósito mayor, al que siempre he llamado ideal utópico, y que aspiraba a crear una semilla de valores y consciencia más allá de nuestros pequeños valores y consciencias individuales. Ha sido un sobre esfuerzo titánico que en un principio debía ser grupal, pues esa era la naturaleza de su idea primera, y que al final se ha convertido en una trampa compleja que ha terminado por desgastar todas las fuerzas que cualquier persona pueda albergar para cualquier obra mayor.

Noto, interiormente, que el agotamiento es excesivo. También el desgaste y el comprobar que durante unos años tendré que ordenar toda la economía personal para poder volver a cierto equilibrio. Nunca pensé que las utopías fueran a costarme diez años de ahorros, esfuerzo y trabajo, y todos los que puedan quedarme por delante antes de volver al menos a como estaba antes de emprender esta locura. Solo pensarlo ya es agotador.

Eso me plantea muchos interrogantes interiores. Por un lado, la necesidad personal de reordenar mi vida, de pagar esos más de cien mil euros que hay de deuda entre lo personal, lo empresarial y lo utópico que ha nacido de este proyecto. Lo segundo, asumir la pérdida de todo lo invertido personalmente en el mismo, que fácilmente puede llegar a ascender a más de quinientos mil euros. Estoy desapegado de la pérdida, pero me crea inquietud lo que pueda ocurrir con todo lo demás.

Sí, las utopías son caras. Ya antes muchos otros se arruinaron con ellas. Tenemos los ejemplos de Robert Owen y Charles Fourier a los que no les fue nada bien. Y de cientos más. Me pregunto y me interrogo en estos días cual sería el camino correcto, qué debería hacer realmente para no terminar crucificado de la misma manera que terminaron otros antecesores. Y no es por una cuestión económica. Sería muy fácil pervertir los principios del proyecto y recuperar parte de lo invertido en cualquier momento. Pero me niego rotundamente a esa perversión y a esa traición. Prefiero la pérdida, la derrota y la sensación de fracaso antes que pervertir uno solo de los principios.

Entre lo blanco y lo negro hay muchos claroscuros, muchos tonos grises que aún no logro definir. Entre el orden y el caos, están los principios de la termodinámica, las misteriosas leyes causales, la base de toda creación, conservación y destrucción, que inevitablemente ejercen influencia en todos los procesos de nuestras vidas. Y en todo eso me debato en estos meses, quizás ya años, de incertidumbre imperfecta.

También está la cuestión de ese sentimiento de falta de hogar. Uno no se puede sentir en su hogar cuando vienen otros de fuera a decirte como debes hacer las cosas. Esto me ha pasado muy recurrentemente, diría casi a diario en los últimos nueve años. Gente que viene e intenta imponer sus manías, sus antojos y rarezas a los que llevamos años viviendo en ese lugar. Es algo que ahora me desquicia y que cada vez me cuesta más tolerar. Esa falta de intimidad constante, esa falta de delicadeza hacia la privacidad.

En definitiva, esa falta de hogar, ese lugar donde llegar y poder poner la música alta o bailar desnudo si te place o gritar si te viene en gana sin que nada ni nadie te imponga una forma de vivir, una disciplina de vida, unos horarios o una manera de existir determinada. Está bien por una semana, por una semana de experiencia, pero no está bien para toda una vida. E ahí la cuestión de todo, el meollo de todo. La falta de libertad, la falta de hogar, la falta de aquello que se aproxima siempre a los lisos parámetros de la felicidad individual. Y aun siendo rey o campesino, necesito para los próximos años esa paz, esa libertad, ese hogar. Ese inevitable equilibro para ser totalmente feliz, vivir con entusiasmo y estar impregnado de la alegría suficiente para seguir adelante.

Octavo Aniversario del Proyecto O Couso


Encuentro de la Red Ibérica de Ecoaldeas en O Couso

Estimados amigos…

hoy 12 de marzo cumplimos ocho años desde que adquirimos este hermoso lugar y casi nueve desde que el sueño comenzó. Volcamos una visión que no nos pertenece pero que de alguna forma flota en el mundo arquetípico del nuevo mundo que ya se está creando, y nosotros quisimos asumir nuestra parte a la hora de darle forma y realidad.

Es nuestro pequeño aniversario y esta vez, a diferencia de otros años, lo estamos celebrando en silencio por respeto a los trágicos acontecimientos que estamos viviendo en la vieja Europa. Un silencio abrumador que nos pone en alerta de nuestra fragilidad humana.

Con esa tristeza añadida tras la sufrida pandemia, si pudiéramos hacer un pequeño resumen de este tiempo, este ha sido un año de muchos retos. Terminar el ciclo del primer septenio y finalizar la reconstrucción de la Casa de Acogida. Campear la crisis del Covid y sus últimos coletazos. Ser perseverantes con todos los retos que hemos sufrido y, sobre todo, empezar un nuevo tiempo con la construcción pedagógica y material de la futura Escuela. Han sido ocho años agotadores, de total entrega y rendición al nuevo paradigma, a la utopía. Han sido ocho años llenos de retos y crecimiento, donde perdimos mucho de vida personal a cambio de intentar construir el sueño grupal. Pudimos trabajar duro en la planificación de la Escuela, en los planos y la búsqueda de los permisos. Ahora estamos a la espera de que todo eso siga adelante y podamos crear un lugar acogedor para potenciar la pedagogía de esta nueva era que ya está naciendo.

Somos un proyecto que nace bajo los pilares de la inofensividad, desde la comida hasta el trato con el otro. Inofensividad, paz, concordia, conciliación, tolerancia y fraternidad. Nuestro mensaje de paz está alineado con nuestro lema fundacional: hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Es un alto ideal que nos pone a prueba todos los días, especialmente con la recepción en la Casa de Acogida de todo ser humano que pueda necesitar de sus valores y principios. Una acogida incondicional, todos los días del año, que pone a prueba toda nuestra perseverancia y empeño.

Por eso la guerra en Ucrania nos ha entristecido profundamente y nos ha llamado al silencio y la entrega y solidaridad en todo lo que podamos. Un silencio no vacío, sino lleno de trabajo y esfuerzo. No dejaremos de meditar, de estudiar ni de servir, que son los tres pilares de nuestro proyecto. Pero tampoco dejaremos que los discursos vacíos y cargados de buena voluntad se apoderen de nosotros. Trabajaremos duro y lo haremos como mejor sabemos: acogiendo al otro con todas nuestras limitaciones y con todo nuestro valor.

La semana que viene empiezan a llegar los primeros refugiados ucranianos a la Casa de Acogida. Familias huérfanas, algunos niños sin padres, y algunas madres con sus hijos que tuvieron que huir dejando a sus parejas en el frente de batalla. Se presenta para todos nosotros un reto muy importante, y un antes y un después en la Casa de Acogida. Estamos trabajando mucho a todos los niveles para ofrecer lo mejor de nosotros. Así que esperamos que todo salga bien y salgamos fortalecidos de esta nueva experiencia y reto. Hoy mismo hemos ido a comprar literas y estufas de pellets para intentar que las habitaciones sean lo más cómodas y calientes posibles. Actualmente tenemos muchas deficiencias en la Casa de Acogida y ojalá este reto nos ayude a mejorarlas.

Empezamos nuestro octavo aniversario con fuerza y con energías tras haber acogido la semana pasada el Encuentro de Invierno de la Red Ibérica de Ecoaldeas. Un encuentro que nos ha puesto a prueba y nos ha señalado nuestras distorsiones y deficiencias. Esperamos que ese campo de pruebas, después de ocho años acogiendo a todo tipo de personas con todo tipo de complejidades, nos ayude a ser mejores.

Cualquier ayuda que penséis que pueda ser útil para este nuevo reto, estaremos eternamente agradecidos. Cualquier ayuda material o psicológica que podáis aportar, será bienvenida.

un sentido abrazo… gracias por hacerlo posible

Comunidad de vida consciente


El secreto de toda buena comunidad está en conseguir que la cotidianeidad sea alegre y feliz. Thich Nhat Hanh

Uno de los retos más complejos de la sociedad es enfrentarnos a nuestro presente y futuro de forma esperanzadora. Los desafíos que vienen nos enfrentan a un mundo cada vez más cambiante, ajeno a nuestra esencia y aparentemente, más inhumano. Inhumano en cuanto a la necesidad cada vez mayor de aislarnos en frente de una pantalla (en el ocio y en el trabajo) y pronto, en frente de una inteligencia artificial que convertirá nuestras vidas solitarias, viciadas y aisladas en algo insulso y sin fundamento basadas en metaversos ficticios. La inteligencia artificial no tiene porqué ser algo bueno o malo, pero sí es cierto que el ser humano, al menos la tendencia de la mayoría de la población actual, está caminando hacia un aislamiento “inhumano”, hacia algo que nos aleja de la naturaleza y de nuestra propia esencia.

Si antes la vida estaba enmarcada en un contexto familiar y natural, donde la familia era algo extenso y múltiple, enriquecedor y experiencial, ahora cada vez nos estamos volviendo seres más individuales y aislados. Las personas se creen emancipadas y carecen de la necesidad de procrear o tener descendencia. Y aquellos que se atreven, no tienen más que un hijo, el cual termina creciendo en un entorno de padres separados, aislados entre telepantallas y “entretenimientos” virtuales. Esto es de una complejidad cada vez más preocupante, porque no sabemos a qué nos llevará en un futuro inmediato.

Una de las alternativas que en el futuro se gestará con mayor fuerza será la creación de comunidades de vida consciente. Uno puede preguntarse qué entendemos por comunidad y qué entendemos por vida consciente. Los conceptos pueden albergar múltiples significados. La vida en comunidad, en comunidad consciente, es algo complejo, porque requiere algo más que vivir juntos y buscar medios de subsistencia que permitan una vida material, emocional e intelectual lo más cómoda y sencilla posible. Más allá de esa triple dimensión del ser, debe existir una intención mayor, digamos, consciente, para vivir juntos. No se trata solo de compartir espacios y tiempos, subsistencia y desarrollo personal. Se trata de actuar activamente para generar un cambio positivo en nosotros y en nuestro entorno, más allá de nuestro aislamiento y ombligo. Es vivir conscientemente una vida plena, realizada, enfocada a ser útiles primero hacia nosotros mismos, luego hacia nuestra comunidad y también, con la mirada y la esperanza de ser útiles a todo el planeta.

La utilidad viene marcada por nuestro grado de consciencia en todo lo que hacemos grupalmente. En nuestros hábitos alimenticios, en nuestra dieta, en la construcción de nuestras viviendas, en nuestras relaciones interpersonales, en el trato al otro. Ser alegres y felices es fundamental para que la vida en comunidad sea posible. No podemos arriesgarnos a vivir cansados, malhumorados o en un enfado constante. El ser humano es frágil y delicado, y con esa fragilidad debemos tratar de hacer su vida más plena.

Vivir en comunidad no es la panacea perfecta, pero es un reto importante para salir de nuestro aislamiento, vivir una vida plena y sentir que somos partícipes de un movimiento global que busca y desea un cambio consciente para nuestras vidas y nuestro planeta. Los valores de la inofensividad, del cuidado de la tierra desde una forma respetuosa, de construcciones ecológicas basadas en la simplicidad voluntaria, de valores de cooperación y apoyo mutuo donde la tierra sea liberada y pertenezca a la generosidad del conjunto y no al egoísmo individual, son retos cada vez más posibles. La emancipación individual y grupal es posible en comunidades de vida consciente. Una vida que aspira a elevar la mirada y la visión más allá de nosotros mismos y crear el entorno posible para poder inspirar a más gente. Ese es el reto en el que nos hemos involucrado. Esta es la visión de la que deseamos aprender, crecer y compartir.

Se buscan hospederos


Estimados amigos de O Couso,

Llega el otoño y entramos en tiempo de reflexión. Seguimos en silencio trabajando para preparar el próximo año y queremos, aprovechando que ya tenemos la habitación de la hospedería terminada, hacer varias peticiones por si queréis participar de las mismas. Venir a O Couso es una experiencia profunda, que nos hace crecer, que nos llena de cariño y calor humano. De alguna forma, algo se expande cuando estamos aquí compartiendo, apoyando a unos y a otros en sus procesos vitales y sirviendo de inspiración a aquellos que desean enfrentar la vida desde otra perspectiva. Llevamos ya un año trabajando fuertemente en los pilares de la que será la futura Escuela, y también preparando la tierra para que en un futuro este lugar pueda albergar más personas residentes. La comunidad actual se vivifica todos los días con ese grupo de amigos que apoyan el proyecto con fe y esperanza, con intuición, compromiso y responsabilidad, haciendo Camino, con presencia y visión.

Tras la crisis del Covid, seguramente serán muchas las personas que querrán visitarnos el próximo año. Queremos mejorar la acogida y para ello estamos realizando un calendario de hospedería para todos aquellos que lo deseen puedan colaborar con la misma. Los requisitos para ser hospedero en O Couso es haber realizado la Semana de Experiencia y los 21 días de Experiencia. Estas experiencias nos ayudan a conocer mejor el proyecto, su filosofía y su profundidad. Son experiencias imprescindibles para poder acometer la difícil y compleja tarea de sostener la Acogida en este lugar y honrar la ciencia del Servicio hacia el otro. Si deseas comprometerte más profundamente con el proyecto, te invitamos a que participes en la hospedería durante el próximo año 2022. Esto ayudará a que los residentes y el grupo coordinador de la escuela pueda centrar sus esfuerzos en la construcción de esta. Será para nosotros una gran ayuda y un sostén y soporte en este tiempo de transición.

Las fechas que están disponibles para el próximo año son:

Febrero, Marzo, Abril, Agosto, Septiembre, Octubre y Diciembre.

El compromiso mínimo sería de un mes y máximo de tres meses. Es una experiencia intensa a la que hay que prepararse exterior e interiormente. También es una experiencia inolvidable, de gestión humana, emocional y espiritual en un entorno y contexto irrepetible. Los valores que se intentan inspirar desde la acogida ya los conocéis. La teoría de los mismos es compleja, pero su puesta en práctica es toda una vivencia para el alma. Cooperación, apoyo mutuo, economía del don, solidaridad, tolerancia, empatía, amor incondicional, fortaleza, perseverancia, desapego, … la lista es infinita, y los espejos que encontramos en esta experiencia nos hace crecer como nunca lo hemos hecho.

De igual forma, estamos buscando a una persona que desee durante una temporada larga comprometerse con el cuidado de la huerta. Vamos a empezar a poner fuerzas en ella y necesitamos a un responsable que pueda dirigirla y coordinarla.

También estamos buscando a alguien manitas que desee hacerse cargo del departamento de mantenimiento. En O Couso siempre pasan mil cosas y estamos buscando a alguien que nos ayude a poner en orden todas esas incertezas que siempre nos acompañan.

Si sientes la llamada de comprometerte más aún con el proyecto, serás bienvenido. Por favor, escríbenos a info@dharana.org explicando tu disponibilidad y compromiso. Gracias de corazón.

Un año de travesía para seguir materializando el sueño


«Tu hogar no es donde naciste; el hogar es donde todos tus intentos de escapar, cesan». Naguib Mahfouz

Hace un año hicimos un llamado para crear un grupo simiente que pretendía cocrear la Escuela en su triple vertiente. Una Escuela Preparatoria donde la persona pudiera aproximarse a sus dones y talentos (aquello que nos conecta con nuestro Ser Esencial). Una Escuela Media donde construir un puente entre la vida manifestada y la vida interior, aún por manifestar; y una Escuela Avanzada donde afianzar el sentir interior en la vida exterior mediante la meditación, el estudio y el servicio grupal. Después de un año de duro trabajo y duras pruebas, se creó un pequeño grupo simiente con dos vertientes de trabajo.

El primer grupo creado ha sido el constructivo. La arquitecta Paula facilitó los trabajos de creación de la Escuela y sus edificios. Coordinó y proyectó, junto con la supervisión de los miembros del patronato de la fundación, al resto del grupo compuesto por Franco, Eloy, Daniel, Martín y Víctor. Seis profesionales de la arquitectura han dado forma a un primer proyecto que ha servido de base para presentar hoy mismo al concello de Samos el Proyecto Básico de arquitectura. Si el ayuntamiento está de acuerdo con la propuesta, empezaremos a trabajar en el proyecto de Ejecución con la esperanza de poder empezar las obras a continuación.

Por otro lado, se creó un segundo grupo que durante los próximos años cocreará toda la pedagogía de esta compleja propuesta. Sus coordinadores y facilitadores son dos doctores en filosofía y antropología, Mayte y un servidor, que disponen de algo de trayectoria en los asuntos que les compete. Su labor, más allá de supervisar la construcción material de la Escuela, tendrá que ver con los aspectos pedagógicos, filosóficos y espirituales de la misma.

La idea de crear una escuela diferente, basada en la experiencia interior y en la revelación de la consciencia en su más amplia manifestación desde una simplicidad pedagógica y una propuesta sencilla pero contundente, será el reto de los próximos años. Su trabajo será de magnetizar esta idea para que se manifieste y se plasme en la realidad. Por lo tanto, será un trabajo triple: un trabajo silencioso, de meditación creativa y magnetizadora para provocar las fuerzas que deberán empujar el proyecto. Un trabajo de estudio concienzudo para crear la pedagogía necesaria y un trabajo de servicio desde el cual buscar los recursos necesarios, humanos y materiales, para que toda la idea se plasme en su conjunto.

Por eso queríamos compartir estas noticias con agradecimiento y gozo en el alma. De alguna manera, todo el esfuerzo de este año ha culminado con unos resultados que servirán de base para seguir construyendo el sueño grupal desde la aplicada ciencia del servicio. En este primer ciclo de siete años podemos decir que la casa de acogida está prácticamente terminada y en este segundo ciclo, profundizaremos y construiremos la futura Escuela en su parte material e intangible. Lo haremos despacio, sin prisa, porque queremos crear una propuesta firme, que resista los envites de los tiempos y que soporte una educación renovada, original y adaptada a esta nueva era que se presenta. Un tiempo nuevo requiere de unas ideas nuevas, una visión precisa y una guía para afrontar los retos del futuro.

Y en siete años más, terminado y consolidado el proyecto de Escuela, empezaremos a trabajar durante el siguiente septenio en la consolidación de una comunidad integral, capaz de asumir los retos de la convivencia y los retos de las rectas relaciones humanas desde el trabajo grupal. Un hogar donde cesen todos los intentos de escapar, un lugar donde el corazón esté alineado con la mente y juntos se pongan a trabajar en hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Nos equivocaremos, tropezaremos, pero dejaremos de huir y asumiremos nuestro compromiso y responsabilidad en hacer las cosas lo mejor que podamos. Ese es nuestro reto. Este es nuestro sueño colectivo. A eso hemos sido invitados. Un año después, estamos de celebración. Ahora, a por los siguientes retos.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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Una comunidad no es un grupo de personas, sino un estado de consciencia


El proyecto social o cultural de O Couso es más comprensible que el proyecto espiritual. Socialmente, durante estos últimos años, hemos ayudado a mucha gente, tanto material como psicológicamente hablando para salir de situaciones complejas. Hemos contribuido a crear un hogar a aquellos que no tenían, y hemos ayudado en situaciones de exclusión social a personas que necesitaban una ayuda urgente o puntual. Por aquí ha pasado mucha gente que de alguna manera se ha sentido aliviada, sanada o dignificada. Sentirse útil, el poder ayudar a los demás, nos dignifica como personas y nos hace reencontrarnos con cierto sentido a la vida.

Espiritualmente nos gusta hablar de “síntesis”. De síntesis de todas las creencias y religiones, de todas las ideologías y pensamientos, intentando poner el foco en aquello que nos une y no en aquello que nos separa. Lo que nos une es simplemente el Silencio en las meditaciones y en los pequeños rituales de la vida cotidiana, espacios donde todo el mundo, sea creyente o no, tiene cabida. Ese silencio y esa síntesis espiritual la trasladamos a la vida cotidiana con sonrisa, alegría, fe y esperanza, otorgando a cada momento su propia experiencia extraordinaria. Nos esforzamos en que cada instante, más allá de creencias y dogmas, sea milagroso.

Es un modelo sencillo donde todos nos sentimos incluidos y donde todos podemos participar según nuestro ánimo. Intentamos entender que más allá de ser un grupo de personas, cada una con sus sesgos, con su herencia, con su cultura y con su propia y afinada personalidad, somos un estado de consciencia. Un estado unificado de consciencia donde de forma holística podemos respirar una atmósfera de familiaridad, de contacto con la esencia humana, de contacto con el Ser Esencial que somos.

Aquí lo humano participa de lo humano, pero también participa de lo natural, de lo sobrenatural, de lo trascendental. La naturaleza es una entidad viva en la que derramamos todas nuestras más profundas esperanzas, anhelos y certezas. Vivir rodeados de bosque y naturaleza nos hace partícipes de los ciclos, y nos hace interrogarnos por aquellas cosas que nos trascienden: la vida, la muerte, el amor. La naturaleza es para nosotros una madre que acompaña con generosidad nuestras vidas. Al igual que el Sol, la madre naturaleza soporta nuestras vidas y nos revitaliza cada día.

Nos gusta llamar a esta filosofía de vida “ética viviente”. La futura comunidad, el proyecto Simorg, será una “comunidad de ética viviente”, porque de alguna forma, la filosofía espiritual se basa en poner en práctica en la vida cotidiana, mediante el ejemplo, el amor y la buena voluntad, todo lo mejor de nosotros, todos nuestros mejores valores como especie humana. No aislados como antiguamente, sino abiertos al mundo, a las personas, al visitante, al peregrino. Una hermandad del espíritu libre, porque todos somos libres, emancipados e iguales, y con reunimos desde esa libertad en la fraternidad humana.

Una comunidad abierta para entre todos conseguir una práctica de ética viva abierta, universal, incluyente. Esta quizás sea una de las tareas más profundas que se nos demanda como especie humana. Volver de nuevo al trabajo grupal, desde la emancipación individual, pero bajo los valores del compartir y la generosidad. Una comunidad que mantenga en sí misma un alto grado de exigencia, pero también un acercamiento humilde hacia nuestros errores, sesgos y distorsiones. Una comunidad que crea, protegida por el trabajo de servicio, en la experiencia de los estados de consciencia grupales.

En resumidas cuentas, la espiritualidad de O Couso es una espiritualidad de ética viviente, de silencio, de acogida, de compartir y de generosidad extrema basada en la libertad individual practicada en la fraternidad grupal. Poco más añadiríamos. Esperamos que en el proceso de construcción del proyecto (21 años), lo vayamos consiguiendo siempre desde la humildad, la sencillez y el silencio, y sirva de referencia en inspiración en un futuro para próximas generaciones. Alma grupal, servicio grupal, trabajo y actividad grupal en esta nueva era que poco a poco irá naciendo desde la emancipación individual con personas libres, con una personalidad integrada, sana, equilibrada y fraterna.

GRACIAS POR TU APOYO. GRACIAS POR HACERLO POSIBLE…

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Despertando en la naturaleza


Todo sendero de la vida profunda, todo sendero trascendental, está regido por la ley del servicio, una ley donde los seres humanos ascienden del estado de consciencia homo-animal al de la consciencia espiritual. La naturaleza es nuestro mayor referente espiritual porque nos conecta directamente con la vida. La vida es como un sol radiante que da luz y calor sin esperar nada a cambio. La vida, el sol, la propia existencia misteriosa en la que nos envolvemos es un gran ejemplo de generosidad. Nosotros queremos ser partícipes de esa generosidad y expandirla, ofreciendo a otros este hermoso espacio construido por todos para que puedan igualmente llenarse de la gracia del don, de la gracia del regalo, de la gracia sublime del compartir.

Es por ello que este próximo fin de semana queremos invitarte a que compartas con nosotros esta primera experiencia intencional atendida bajo la economía del don. Este primer retiro en O Couso, facilitado por nuestras queridas Laura (cofundadora del proyecto), Erica y Manu pretende acercarnos en lo trascendente desde lo sencillo, lo humilde y la grandeza de la propia Naturaleza. Estáis todos invitados a penetrar en el sendero de la vida profunda. ¡Os esperamos!

 

Grupo Semilla Escuela. Cocreando la futura Escuela Dharana


 

Primer boceto de la Escuela creado por el arquitecto italiano Franco Anesi

 

Estimados amigos,

Estamos abrumados por la buena acogida que está teniendo la creación del Grupo Semilla para la creación de la futura Escuela Dharana. Como estamos recibiendo muchas solicitudes, queremos en este escrito puntualizar algunas cosas para no entrar en equívocos y que todos aquellos que sinceramente nos escriben para participar de este grupo, sepáis un poco qué es lo que vamos a hacer.

Cuando sentimos la llamada para crear el Proyecto O Couso, un grupo simiente de tres personas estuvimos durante un año meditando juntas, cocreando juntas e invitando a que el milagro de la manifestación del proyecto se manifestara. Tras un largo año de trabajo y proyección por fin vio la luz el Proyecto O Couso. Durante los siguientes años, grupos de meditadores llegados de muchos lugares de procedencia han hecho posible la creación de la Casa de Acogida.

Este proyecto está compuesto por tres fases de desarrollo de siete años cada fase. La primera fase (la ética del servicio puesto en acción) consistía en crear una familia subjetiva y una comunidad abierta en torno a la reconstrucción de la Casa de Acogida, una ruina del siglo XVI que ya está casi milagrosamente terminada gracias a la cooperación y el apoyo mutuo de cientos de personas que han pasado por este lugar.

La segunda fase (la ética del estudio y las ideas), la cual empezará en la próxima primavera, es más compleja. Trata de encarnar no solo un edificio, sino unos valores y una metodología pedagógica centrada en la búsqueda interior. Sostenida de forma grupal, deberá ser referente para futuras generaciones, estableciendo objetivos y estrategias a muy largo plazo que nazcan de nuestros tres pilares: la meditación, el estudio y el servicio. También será el soporte para la tercera fase (la ética viviente), la construcción de una comunidad basada en la Nueva Cultura Ética, la comunidad Simorg.

Para ello, estamos buscando doce personas que se comprometan a un mínimo de un año de voluntariado para cocrear dicho proyecto desde diferentes dimensiones, de forma holística, integral y multidisciplinar. Esas doce personas deberán convivir juntas en el proyecto y dedicar al menos tres horas de meditación/visualización grupal al día, cocreando desde la intención interior y grupal la futura escuela.

Como el reto es complejo y requerirá mucha disciplina y autocontrol, es necesario que los voluntarios que se postulen tengan algún tipo de experiencia en grupos y en la práctica meditativa. Tendremos un régimen vegano y no se permitirá el consumo de drogas, tabaco ni alcohol. Esto es muy importante para que las meditaciones puedan ser sostenidas con fuerza y vigor y para que el trabajo mágico del alma que se pretende realizar sea del todo posible. Las personas que participen deberán sostener el trabajo siempre desde la acción grupal y la más absoluta generosidad, y no desde una visión egoica, por ello es muy importante que los que deseen participar sea desde una fuerte y clara llamada interior, y no por una pérdida de sentido actual. Es importante que estemos totalmente integrados en esta idea para no dedicar la mayor parte del tiempo a la resolución de conflictos que surgen desde una personalidad no integrada.

El trabajo no se podrá hacer de forma virtual, sino que deberemos estar conviviendo en los espacios que se habiliten para ello de forma presencial, voluntaria y no remunerada, realizando profundas meditaciones grupales en el lugar habilitado para ello. Una vez formado el grupo simiente, cualquier persona interesada en colaborar en la distancia con las diferentes áreas de coordinación será bienvenida. La fundación Dharana pondrá todos los medios disponibles para que esto sea posible, tanto en la búsqueda de espacios individuales, el acomodo, la alimentación, el bienestar, etc. Las áreas en las que trabajaremos serán las siguientes:

Coordinación Grupal

Coordinación Planificación

Coordinación Tesorería / Recursos / Administración

Coordinación Comunicación

Coordinación Voluntariado

Coordinación Construcción Escuela

Coordinación Pedagogía y Trabajo Interior

 

Las fases se irán desarrollando durante los próximos siete años. En una primera fase, se realizará la selección del primer grupo semilla. Para ello, todos los participantes deberán haber realizado una Semana de Experiencia en el proyecto O Couso y 21 días de Experiencia antes del 21 de marzo de 2020. Con esto se pretende que la persona conecte con la tierra, el lugar y el grupo y tenga capacidad de discernir si la llamada es sincera y la fuerza de la misma se sostiene.

A partir del 21 de marzo, y ya empezando con la acción grupal, haremos una convivencia intensa de Tres Meses de Experiencia en la casa de acogida. Entraremos en la segunda fase, buscando espacios privados para las doce personas. Si no existen espacios suficientes habrá que construirlos o distribuirlos entre todos. Esta será la primera actividad grupal, que buscará evaluar nuestras capacidades y talentos, la convivencia, la organización grupal, nuestro grado de generosidad y la puesta a prueba de la cocreación del grupo formado.

Una vez el grupo esté totalmente integrado y detectadas sus fortalezas y debilidades, entraremos en una tercera fase de Seis Meses de Experiencia en la que se empezará a cocrear la escuela en sus formatos tangibles e intangibles, programando los siete años de trabajo posterior.

Metodología empleada:

  • Actividad grupal organizada según la sociocracia.
  • Meditación basada en los fundamentos del raja yoga y el agni yoga. Serán meditaciones de integración de la personalidad y cocreación mediante visualizaciones grupales. Tres horas diarias (dos grupales y una individual).
  • Círculos de consciencia, de familia y de sabiduría donde compartir los avances.
  • Posibilidad de hatha yoga y bhakty yoga.
  • Cuatro horas de actividad grupal por la mañana y resto de la tarde libre para el individuo de lunes a viernes. Sábados y domingos libres.

Recursos disponibles:

  • Habitación privada, cabaña, caravana o similar a partir del tercer mes.
  • Alimentación vegana. Desayunos y cenas libres, comidas grupales.
  • Lugares de trabajo para cada grupo según las infraestructuras disponibles.

Objetivos:

  • Crear una escuela de Meditación, Estudio y Servicio.
  • Crear una escuela de búsqueda de dones y talentos.
  • Construcción del edificio según las indicaciones del maestro tibetano DK.
  • Construcción de la metodología para una escuela del séptimo camino espiritual, también conocido como camino violeta, del séptimo rayo, camino del agni yoga, de la ética viviente, camino integral, de la nueva era, etc…
  • Construcción de las bases para la tercera fase del proyecto: la construcción de la comunidad Simorg, una comunidad de ética viviente.

Si estás interesado en participar en este hermoso proceso de cocreación, puedes escribirnos a info@dharana.org   Te enviaremos una serie de cuestionarios independientes para conocer vuestros roles y habilidades y así afianzar los grupos que se generen.

Gracias de corazón por coparticipar en la construcción del nuevo mundo…

Fundación Dharana. Cumpliendo con nuestra parte en el propósito de hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. 

Acogida excepcional Equinoccio de Otoño


Es un error permanecer en silencio cuando es oportuno hablar.
Pero si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no hace falta que abras la boca. El silencio es el muro que rodea a la Sabiduría.
Aforismo sufí anónimo. ”99 aforismos”. Sabiduría Sufí

“No os olvidéis practicar la hospitalidad, porque
por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”.
(Hebreos, 13-2)

Estimados amigos,

Ante todo, esperamos que estéis bien, en salud y armonía interior y con ganas de seguir progresando interiormente. Tras este largo periodo de silencio, tenemos la necesidad de comunicar que estamos recibiendo muchas llamadas de auxilio para intentar ayudar a aquellos que en estos tiempos difíciles están pasando por un mal momento. Por ello hemos decidido seguir con el proyecto cerrado hasta la próxima primavera, pero acoger excepcionalmente a todo aquel que esté pasando por alguna situación compleja o difícil. Si estas leyendo esto y ese es tu caso, no dudes en escribirnos para ver de qué manera podemos apoyar vuestra situación.

En estos meses de silencio, la casa de acogida ha avanzado mucho. Aún no está terminada ya que la crisis del Covid nos alcanzó en plenas obras. No sabemos cómo ni cuándo podremos continuar, ya que de momento lo tenemos todo paralizado. La falta de actividad no ha generado ningún tipo de recursos para poder continuar con grandes inversiones, así que estamos a la expectativa.

A pesar de ello, en este verano son algunos los Amigos de O Couso que se han acercado en turnos de no más de diez personas para echar una mano en las labores de mantenimiento y reconstrucción. Estamos realmente agradecidos por el impulso que esto ha supuesto y por la grata compañía. O Couso está cada día más hermoso y habitable gracias al esfuerzo de cientos de personas que han ayudado a su reconstrucción. Podemos decir con cierto orgullo que lo que hace casi siete años era una ruina, ahora ya es una casa habitable. Hemos podido con ello demostrar que el apoyo mutuo y la cooperación son fuerzas mucho mayores que el egoísmo y la competencia, y pueden obrar milagros colectivos cuando la buena voluntad al bien es lo que rige en nuestras vidas. Estar alineados con las fuerzas vitales de la naturaleza, de la tangible y la intangible, nos ayuda a explorar de forma equilibrada todos sus misterios, compartiendo con ello la alegría de cualquier hallazgo.

En la próxima primavera termina el primer ciclo de siete años, donde teníamos como objetivo terminar la Casa de Acogida, un objetivo casi alcanzado. Este próximo otoño lo vamos a dedicar a preparar el siguiente ciclo, que consiste en la construcción de la Escuela Dharana, un lugar que servirá para agrupar a grupos que deseen profundizar en el autoconocimiento y la exploración interior, realizando en habitaciones privadas e individuales y en un edificio construido expresamente para este propósito con fórmulas milenarias de geometría sagrada. Para ello estamos trabajando en una nueva web, además de estar preparando con un arquitecto los planos para pedir los permisos adecuados. El arquitecto tiene un coste de quince mil euros y estamos viendo cómo poder afrontar este paso. También tenemos un primer presupuesto de casi diez mil euros para hacer el vaciado de la planta sótano. Esto será lo primero que hagamos en cuanto consigamos ahorrar ese dinero. Una vez esté realizado el vaciado, empezaremos poco a poco y con un plazo máximo de siete años, la construcción de la escuela.

Dada la situación que estamos padeciendo, vamos a regular tanto la acogida como el voluntariado a partir de ahora, limitando la capacidad según los espacios disponibles y el reglamento que se vaya produciendo en los próximos meses a raíz de la crisis sanitaria. Para la construcción de la Escuela y la programación pedagógica de la misma, vamos a abrir un plazo de presentación de voluntariado para poder afrontar así este reto.

La idea es crear un pequeño grupo simiente de unas doce personas que puedan comprometerse durante un periodo largo para acometer el propósito de la organización de la construcción de la Escuela, tanto material como pedagógicamente. Por favor, si estás interesado en formar parte de este grupo, avísanos con la referencia “Grupo Semilla Escuela”. El resto de las plazas disponibles quedarán de la siguiente manera:

Programa de Peregrinos: 7 plazas.
Programa de Huéspedes: 7 plazas (a partir del 21 de marzo).
Programa de Voluntariado: 12 plazas (por favor preguntar disponibilidad).
Programa de Estudiantes: 3 plazas (solo para el programa de ‘21 días de experiencia’).
Programa de Grupos: 10 plazas (a partir del 21 de marzo).
Programa de Vida en Comunidad: 3 plazas (‘3 meses de experiencia’, ‘6 meses de experiencia’, ‘dos años de experiencia’).
Programa de Amigos de O Couso: 10 plazas (por favor preguntar disponibilidad).

Actualmente tenemos 50 plazas disponibles, pero los programas solo podrán solaparse hasta un máximo de 25 personas. Gracias por la comprensión y gracias siempre por vuestro apoyo. ¡Vamos a por el siguiente reto! ¡Feliz Equinoccio!

Aquí podéis apoyar a la Fundación Dharana en sus próximos retos:

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Comunidades utópicas en quiebra


En la Comunidad de Findhorn, octubre de 2019

 

Mientras preparamos pacientemente este lugar hermoso para dar acogida a partir de la próxima primavera, sigo muy de cerca las noticias de algunas comunidades en las que he vivido y convivido gracias a la tesis doctoral. Hoy recibía un preocupante comunicado de la comunidad de Findhorn, donde expresaban su preocupación y alarma por la crisis que estaban sufriendo a nivel interno, especialmente a nivel económico. Hacían una petición de algo más de seis millones de libras para poder afrontar con tranquilidad los próximos dos años y para ello requerían la ayuda de todos. En marzo de este mismo año, justo unos días antes de que cerraran los aeropuertos internacionales, andaba de visita por Findhorn. Unos días antes había muerto Dorothy, la última de las fundadoras. Interiormente sentía que cuando ella muriera, Findhorn entraría en una gran crisis. Al morir Dorothy, de alguna forma moría el hilo conductor de sus orígenes espirituales, y de alguna forma, moría también el sentido de su creación.

Siempre fui un enamorado de los orígenes de Findhorn y algo crítico, especialmente en la tesis doctoral, con su evolución posterior. Mi reflexión giraba en torno a la idea de que las comunidades que entraban en la rueda del crecimiento estaban desarrollando un modelo contradictorio con el ideal del decrecimiento, la simplicidad voluntaria, la cooperación y el apoyo mutuo, cercano, amistoso, familiar y profundamente ecológico. Una comunidad que crece excesivamente, como es el caso de Findhorn o Auroville en la India, ya es otra cosa, algo más complejo, un sistema alejado del ideal humano de sencillez, cercanía y vida espiritual.

Findhorn es un referente mundial en el mundo de las ecoaldeas, pero los británicos, inventores de la propiedad privada y de la expulsión de la vida tradicional del campo (en el norte de Escocia este fenómeno se conoció como las Highland Clearances), siempre han sentido debilidad por sacar jugo a todo lo que se cociera. Y la Nueva Era, en algunos aspectos, ha sido durante muchos años una gallina de los huevos de oro que potencialmente se ha explotado desde muchos ámbitos, incluidos las ecoaldeas.

Hay una ley de oro en el mundo espiritual que dice que no se puede mercadear con la espiritualidad. Esto es ineludible. Jesús lo ejemplarizó, látigo en mano, expulsando a los mercaderes del templo de Jerusalem. En lugares como Findhorn, se ha llegado a crear todo un supermercado espiritual donde la supervivencia de sus habitantes pasa inevitablemente por la venta de productos y servicios espirituales de todo tipo. Al mismo tiempo, la privatización de todos los logros que en un primer momento se consiguieron, han hecho insostenible la vida allí.

A pesar de esto, Findhorn sigue siendo un lugar inspirador, un lugar lleno de belleza que aporta fe y esperanza en la visión de un nuevo mundo. Los que de alguna manera amamos ese lugar, a pesar de que ese amor nos haga ver con recelo algunos aspectos del mismo, sentimos la necesidad de unirnos y apoyarlos interiormente para que resuelvan de la mejor manera su extrema situación. También sentimos la necesidad de ayudar en todo lo que se pueda, y aprender de los errores y flaquezas que como pioneros, inevitablemente, han tenido que pasar.

Supongo que una de las enseñanzas que sacamos es que deben nacer más comunidades, pero pequeñas, de no más de veinte miembros, donde la cercanía y un modelo de vida sana y compartido sea motivo de alegría común. Otra de las enseñanzas es que hay que volver a la vida simple y cercana, al decrecimiento y a la búsqueda de valores compartidos. En la vida comunitaria del futuro, la adquisición y el consumo de dinero deberán perder importancia en comparación con la realización a través de la orientación espiritual, la vida compartida y el empleo significativo de valores y experiencias. Inevitablemente, en un futuro, pasaremos de un individualismo extremo a un individualismo compartido, porque no se puede entender la vida espiritual sino es en comunión con el otro. Y aprenderemos del error del crecimiento descontrolado para poner bases sencillas y crear redes de cercanía.

Si conoces Findhorn y quieres echarles una mano, puedes hacerlo aquí: 

Donate to Findhorn Foundation

Del proletariado al precariado. Poner en valor la incertidumbre


Cuando se habla de precariado siempre se mira como si fuera algo horrendo, como si hubiéramos denigrado aún más aquella imagen del proletariado de siglos pasados. El precariado es la nueva clase social, aún mucho más baja que la clase media que tanto bien hizo por el bienestar del que ahora disfrutamos la mayoría.

Si alguien pudiera verme sin conocerme de nada pensaría que vivo una vida precaria. Pero mi precariedad es maravillosa. Me permite trabajar en libros alucinantes como las Odas de Salomón, al que le estamos dedicando estos días un tiempo de divertimento (por no utilizar la palabra trabajo), o jugar un rato con los patos del estanque, o construir modelos de cabañas que puedan servir para solucionar el gran problema de la propiedad, de la hipoteca y de la servidumbre que eso conlleva. En pocas palabras, la precariedad de mi vida me permite administrar el mayor bien preciado que el ser humano dispone: el tiempo. Y lo administro a mi antojo, haciendo de cada día una auténtica aventura tan radicalmente diferente al día anterior que siempre resulta algo emocionante.

Esta mañana trabajaba en una vivienda de lo más precario. Es mucho más pequeña que la precaria cabaña que ahora habito, que no supera los veinte metros cuadrados. Esta cabaña experimental en la que ahora estamos trabajando no debe llegar a los diez metros cuadrados, quizás algo menos. Pero la idea es increíble. Si la cabaña que habito tenía un coste aproximado de tres mil euros, esta nueva idea de cabaña no supera los trescientos euros. Es cierto que es muy precaria, pero al mismo tiempo, es una maravillosa oportunidad para ir desapegándonos de la idea de tener que vivir en auténticas mansiones, en lujosos apartamentos hermanados con el resto de conejeras o colmenas, en el mejor de los casos, y con la oportunidad de emancipar tu tiempo para aquello que realmente uno se ve capaz.

Digamos que sería cambiar un paradigma: vivir toda la vida trabajando en algo que no te gusta para pagar una hipoteca de una casa o apartamento que algún heredero, de tenerlos, se fundirá en cuatro viajes al Caribe, o gastarte el sueldo de un mes precario en crear un pequeño espacio donde tener lo mínimo para vivir, y a partir de esa pequeña base, ir progresando, si se desea, según las posibilidades o deseos.

Si pusiéramos en valor la precariedad, en vez de atosigarnos con esa manía del progreso, del ganar, del valorar las riquezas y las posesiones, viviríamos sin duda una vida más feliz. Hay otras soluciones menos precarias que las que señalo, por ejemplo, la vida en una autocaravana o en una tiny house. Pero como digo, para empezar, añadamos dosis de precariedad en nuestras vidas, y quizás nuestras vidas se resuelvan de forma diferente.

La incertidumbre de no tener nada tiene su parte positiva. Primero, uno se vuelve totalmente discípulo ardiente del Sermón de la Montaña, cuando se decía aquello de no preocuparse por el mañana, si hasta las flores del campo visten mejor que el rey Salomón. Ese mensaje es revolucionario, pero inconveniente para el sistema social que hemos creado. Sin embargo, ¿qué pasaría si un día dejáramos de preocuparnos y nos dedicáramos a hacer lo que realmente deseamos? ¿Para qué quieres ser un gran ejecutivo de una importante empresa si lo que más te gusta en el mundo es cosechar lechugas o hacer jabones naturales?

Pero resulta que la vida que nos han inculcado es absurda, y uno se pasa toda una existencia para darse cuenta de ello. ¡Pero ahí están los pioneros! ¡Atentos a aquellos que son capaces de dejarlo todo, vivir en una choza y demostrar que se puede vivir feliz con menos! ¡Atentos a los que empezaron a construir las casas con sus propias manos! Los que aprendieron nociones básicas de fontanería, de electricidad, de autoconsumo, de huerta, de albañilería y de todas esas cosas útiles que te permiten emanciparte de la ruidosa y exigente vida del tener. Atento a los que dejaron de ser prisioneros y liberaron su alma para ensalzar la vida hacia nuevas y diferentes metas.

Pero claro, la vida precaria no se lleva, no mola, no está bien vista. A nadie le gusta vestir mal, vivir mal, envejecer mal. Todos pensamos que la riqueza nos dará felicidad. Sí, claro que sí, siempre y cuando por dentro seamos felices. Pero cuando la riqueza, o la falta de la misma, nos da infelicidad, debemos girar nuestras mentes hacia otro tipo de cosmos, de valores y de visión. Hacia una radical y visionaria nueva forma de entender la vida y sus vínculos misteriosos.

Así que me levanto con cierto orgullo, tras llevar unos días construyendo una modesta cabaña de madera por menos de lo que vale un móvil de última generación y digo: claro, claro que se puede… La precariedad es maravillosa…

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Imaginar utopías nos mantiene a salvo


Esta foto es muy significativa… estamos celebrando la puesta en marcha de la primera cabaña comunitaria, la cabaña que ahora habito unos años más tarde… ¡pero aún hay tanto por hacer!

Creo que escribir todos los días conviene. Yo mismo no cumplo con ese precepto. Soy muy haragán, pero creo que uno debe hacerlo. Además, Eliot decía que un poeta debe escribir muchas páginas que sólo sean versos, y no de poemas, porque tiene que estar listo para la eventual llegada de la musa o de la inspiración. En cambio, si no está entrenado, digamos, cuando llega el momento puede ser indigno de esa alta visita. (Jorge Luis Borges)

Caminaba por los prados. Observaba los árboles uno a uno. Algún día me gustaría catalogarlos, pero hay cientos. Abedules, castaños y robles son los que más abundan, pero entre ellos se encuentra alguna rareza. Y habría que añadir a la lista los frutales que hemos ido sembrando a lo largo de estos años. También me encanta descubrir esas rocas blancas redondas que hay por todas partes. Algunas las recojo y las amontono en el círculo de la entrada. Las más bonitas tienen siempre cierto protagonismo. Los pájaros también son cientos y aún no logro distinguir las múltiples especies. En la ciudad solo había dos o tres pájaros muy definidos: gorriones y palomas. Luego llegaron las cotorras para dar un poco de vida a tan pobre variedad. Pero en los bosques todo es diferente. No es de extrañar que este lugar tan virgen esté plagado de incluso algunos que no se dejan ver. Contar los múltiples elementales también sería una buena forma de proteger el mundo intangible, pero para eso hay que tener una cierta sensibilidad de la que es mejor no hablar. Hay algunas formas de vida que es mejor proteger de la curiosidad del extraño o el curioso.

Aparentemente el lugar podría ser otro cualquiera si no fuera porque para algunos “no hay tal lugar”. Una utopía es un lugar que no existe, y para muchos de vosotros este sitio no es más que un puñado de árboles, prados, piedras y pajarillos que van y vienen ignorando qué es lo que aquí se cuece. Me tocó ser guardián del lugar y del “no lugar”. El “no lugar” es la utopía que se encierra en estas casi cuatro hectáreas. Hay un ideario, una promesa, una esperanza. No se trata de catalogar los árboles, sembrar algo en la huerta y pasar el rato. Se trata de escribir todos los días una posibilidad, una alternativa, una especie de eventual inspiración que pueda servir a otros para modificar algo de su visión. Escribir un boceto de piedra, árboles y promesas es algo complejo. A veces desesperante, pero siempre motivante. Es esa causa mayor a la que uno aspira cuando ha logrado mantener su vida material satisfecha. Cuando eso ocurre, siempre se abre el vasto campo de la experiencia espiritual con todas sus consecuencias. Y materialmente me siento pleno porque cada día necesito menos.

Al igual que los virus se contagian, aquí intentamos contagiar esperanza, utopía. La gente viene y va, ahora solo bajo invitación, en silencio y siempre y cuando sean amigos de estrecha confianza. Al menos será así hasta la próxima primavera. Luego habrá que aventurarse a abrir de nuevos las puertas a lo desconocido y ver qué pasa. Todo dependerá de la evolución del «bichillo». Debo, como guardián, escribir todos los días y apuntalar en letras lo que va ocurriendo mientras ese día llega. Hay que dejar una memoria escrita, algo que pueda servir para disparar la imaginación, para ensanchar el pensamiento, para ensamblar conductas en la nueva programación humana. Esto es un requerimiento antropológico, pero también artístico.

Hay que estar preparado para todo lo que pueda ocurrir. Escribir ayuda a dosificar las ideas, las experiencias, las promesas. Los amigos que se acercan entienden el proyecto, lo dulcifican y lo hacen más agradable con su presencia. Pero luego habrá que abrir las puertas de nuevo a lo desconocido, que, a su vez, permitirá hacer crecer las redes de amistad, fortalecer los lazos místicos que aún quedan por reencontrar y apuntalar el nuevo mundo que está preñado de esperanza.

En todo caso, imaginar utopías nos mantiene a salvo de la desidia, de la desazón, del desconsuelo. Las utopías son necesarias, especialmente en estos tiempos de derrumbe, de incertidumbre, de miedo. Las utopías, aún con sus fracasos arraigados dentro de su propia existencia, requieren cuidarse, mimarse, expandirse. El ser humano no podría vivir sin la promesa de tiempos mejores, de lugares mejores, de personas mejores. Sí, necesitamos las utopías, y a los poetas, y a los escritores, que son los que dibujan el mañana de nuestro espíritu humano, el cielo en la tierra, la esperanza de un mundo siempre mejor. Así que debo seguir escribiendo, y ser digno, si llegara, de tan noble visita. Sí, la inspiración, que viene de la parte arquetípica de nuestras vidas, del ser esencial, de la chispa original.

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El futuro inminente: hacia la «yogamia» colectiva


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La próxima década traerá muchas novedades a todos los niveles. La primera de ellas será la implantación progresiva de las redes 5G. Por suerte, el miedo irracional que supimos superar con la invención del microondas nos llevará a superar también el miedo irracional a las redes 5G. El mundo, cada vez menos supersticioso, abrazará la tecnología con vocación de mejora, y no con desconfianza. Esto permitirá, a su vez, una implantación progresiva de los coches eléctricos autónomos y del internet de las cosas. Ya no solo estarán conectados los seres humanos, sino también las cosas que los seres humanos utilizamos. Esto no cambiará mucho nuestras vidas, pero habrá un matiz diferente de percepción.

En la siguiente década, en los años treinta, la consciencia ecológica invadirá a toda la humanidad. Esto será irremediable si no queremos que el fatídico fin del mundo se siga apoderando de nuestro subconsciente colectivo. El miedo a una destrucción masiva de la humanidad desaparecerá progresivamente a medida en que los gobiernos y los individuos empiecen a pensar en verde, en sostenibilidad y en decrecimiento material. También debería, progresivamente, ir desapareciendo el dinero físico. Dicen los expertos que esto perjudicará a las clases que viven de la economía sumergida, pero estoy convencido de que la economía sumergida inventará nuevas formas de supervivencia. El dinero físico no tiene sentido en los tiempos que corren. Esto será revolucionario a muchos niveles.

En los años cuarenta, quizás en los cincuenta, el salto cuántico vendrá del mundo de la robótica y la inteligencia artificial. Será el comienzo de una nueva era y el trabajo manual será sustituido cada vez más gracias a la mayor presencia de máquinas que harán nuestro trabajo, no solo a nivel empresarial, sino también en la implantación de la robótica avanzada en nuestros hogares. Esto traerá consigo la necesidad de una verdadera renta básica universal para aquellas personas que no hayan podido adaptarse al nuevo reto, y el mundo se sumergirá en una nueva época tecnológica de avances inimaginables.

La vida en las ciudades será mucho más agradable de lo que es ahora, a pesar de que mucha gente abrigará la posibilidad de vivir en el campo, en el mundo rural, junto a su «yo-robot». Cada individuo, progresivamente y durante todo el siglo, dispondrá de un robot-avatar, y se comunicará con el mundo mediante el mismo. Lo interesante de esto, al menos a nivel sociológico y antropológico, es que las relaciones humanas se establecerán mediante un intermediario tecnológico. Algo parecido a lo que ahora ocurre mediante las «redes» sociales, pero mucho más sofisticado. Empezaremos a vivir en el mundo de la «yogamia», donde las relaciones «verdaderas» serán en exclusiva con nuestro «avatar» robótico. Esto incluirá las relaciones sexuales, afectivas e intelectuales. No habrá una mayor degradación de la que hay ahora. Los que basen su vida en el sexo lo seguirán haciendo, pero esta vez con sus avatares. Y los que basen sus vidas en el intelecto encontrarán una fuente inagotable de conocimiento en un avatar dotado de una sofisticada inteligencia artificial.

En las próximas décadas, el ser humano será cada vez más libre y estará cada día más emancipado emocionalmente de mitos como los del Estado, la nación e incluso la familia. Esa emancipación creará individuos aislados, que vivirán una vida en compañía de máquinas que sustituirán a las tradicionales parejas. Esto provocará una necesaria disminución de la pirámide poblacional, y un alivio para nuestro planeta. Al mismo tiempo, habrá una nueva contracultura que deseará revivir la nostalgia de la vida en familia, en comunidad y en estrecho contacto humano con la naturaleza. Ambas tendencias sobrevivirán juntas durante un tiempo.

Todos estos cambios crecientes y exponenciales permitirán que el ser humano sea cada vez más torpe en cuanto a habilidades manuales, pero más abierto a la experimentación con la mente abstracta. De hecho, este tipo de nueva vida permitirá que la mente abstracta entre en el dominio humano y se expanda en toda la especie humana. Esto creará una mayor conexión con el mundo espiritual, con la mística, con la búsqueda de verdades trascendentales y con la posibilidad de una vida espiritual unificada. En la década de los cincuenta y sesenta será absurdo hablar de patrias, de religiones o de lo “público” tal y como ahora se conoce, y la emancipación del individuo llegará a la mayor de las cúspides. Una nueva forma de relacionarnos emergerá en todos los ámbitos de nuestras vidas.

A finales de siglo, el mundo de Unanimidad estará más cerca. La exploración espacial habrá dado un salto cuántico y es posible que nazcan las primeras colonias fuera de nuestra tierra habitable. El ser humano será cada vez más biónico, y podremos elegir libremente nuestra retirada de este mundo sin necesidad de esperar a la vejez o la enfermedad. Seremos plenamente conscientes de cuándo nuestro ciclo vital ha terminado, y no tendremos necesidad de alargarlo mucho más. Para entonces, los gobiernos y las grandes corporaciones tendrán mucho menos poder del que ahora ejercen sobre nosotros porque podremos decidir en todo momento cuándo desconectar del mundo virtual que habremos creado a nuestro alrededor. Podremos elegir si vivir plenamente en la virtualidad o en el mundo real, a solas, con nuestro avatar, en nuestra vida «yogámica».

¿Y luego? Tras esta crisis de identidad tecnológica, en el siglo XXII, tecnología y humanidad convivirán en un reinado armónico, de mutua cooperación y aprecio. Los seres humanos volverán a estrechar sus relaciones, pero esta vez desde la paz y la armonía que la educación a «solas» con nuestro avatar habrá producido. Viviremos una edad de oro gracia al reconocimiento de nuestro justo lugar en el mundo y al descubrimiento de nuestra verdadera naturaleza trascendente.

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Cerramos O Couso por Covid-19


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Estimados amigos,

La próxima primavera cumpliremos siete años de vida. En estos años hemos atendido sin descanso, los 365 días del año, las 24 horas del día, a todo aquel que ha querido llegar hasta aquí. Nunca se pidió nada a nadie y siempre hicimos un gran esfuerzo por mantener viva la llama de este lugar.

Durante estos años hemos cometido muchos errores, hemos provocado mal sabor de boca en algunas personas de buena voluntad que venían hasta aquí buscando una utopía y se encontraban con una ruina y algunos pocos voluntarios sosteniendo el proyecto. Hubo decepciones y buenas personas que se marcharon contrariadas, tristes, desilusionadas. A todos ellos queremos pedir perdón por nuestras torpezas, por no saber como hacerlo mejor a pesar del ánimo que siempre pusimos, por no encauzar del todo bien los conflictos que se generaron en la convivencia. Nunca fue fácil, y a todos ellos les debemos un gran reconocimiento por hacernos entender la necesidad de cambio, la posibilidad de mejora y la fortaleza para continuar.

Se termina un ciclo, el del Proyecto O Couso, y empieza uno nuevo que durante estos meses vamos a dibujar para ver como podemos aprender de todos los errores realizados en estos años y perfilar un lugar donde reine la paz y la tranquilidad. A pesar de nuestros errores, hubo muchos aciertos, especialmente por esa gran red de amigos que se conocieron aquí, por todas las historias de amor que aquí se vivieron y por todo el bien inspirador que el proyecto generó en la vida de muchas personas. Por todo eso y mucho más, el lugar y el esfuerzo mereció la pena.

En estos días que todos estamos viviendo con cierta incertidumbre, un pequeño grupo de voluntarios ha intentado sostener el lugar a pesar de la tensión que en todo el mundo se está viviendo. Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido, pero al leer las condiciones para albergues y casas de acogida que el gobierno de la nación impone a este tipo de lugares, nos vemos imposibilitados para poder atenderlas.

Esto nos obliga a anular todos los eventos programados hasta el 21 de marzo de 2021. Incluye la anulación del primer encuentro Utópico que íbamos a realizar en julio, todas las experiencias programadas y cualquier otro programa de voluntariado o acogida. A no ser que todo mejore antes, el proyecto permanecerá completamente cerrado hasta el 21 de marzo de 2021. El encuentro utópico se desplaza hasta el 9 de julio de 2021 y todos los programas quedan anulados hasta nuevo aviso.

Este cierre obligado nos ayudará a repensar el lugar, a dar por finalizada la fase del proyecto O Couso, que pasará simplemente a llamarse “Casa de Acogida O Couso”, y a mejorar todas nuestras instalaciones para que el próximo año la acogida sea más cómoda y llevadera. Será un año de silencio, de introspección, de búsqueda de visión, que dará pie al comienzo de la segunda fase del proyecto, la Escuela, la Huerta y el Jardín.

Agradecemos desde este momento la comprensión y el esfuerzo de todos los que en estos últimos meses han hecho posible el sostenimiento del lugar. Gracias a los amigos anónimos que han provocado el que tengamos este receso para repensar el lugar. Gracias de corazón a todos, y hasta pronto.

 

Sin estructura en Utopía. Un nuevo campo de experimentación antropológica


A
El ángelus, de Millet
«No tengas prisa, no te preocupes. Estás aquí para una corta visita. Así que asegúrate de parar y disfrutar del olor de las flores». Walter Hagen

 

Uno de mis libros más polémicos es “Creando Utopías, el papel de la rebeldía ante el nuevo orden mundial”, del cual ando preparando la tercera edición. En él hablo de como la estructura en sus tres dimensiones posibles, la temporal -trabajo-, la espacial -propiedad privada- y la social, de alguna forma nos esclaviza a un sistema dominante, a un modelo que nos aleja de forma extrema de nuestro Ser esencial, de nuestro más profundo sentido de libertad humana. Esta experiencia pandémica y la forma en la que los gobiernos han resuelto manejarla ha demostrado que el individuo en colectividad es un ente, un espectro, un fantasma al que hay que colocar, por si no fueran pocas las que ya tiene, pesadas cadenas.

Hoy hablaba con Emilio Carrillo, dadas las circunstancias, sobre la posibilidad de anular el evento que teníamos programado para julio. Al final hemos decidido traspasarlo al año que viene. En estos días haremos un comunicado para explicar los motivos evidentes y para aclarar de paso los nuevos protocolos a seguir en el proyecto, dadas las exigencias de las autoridades competentes. No lo vemos como una renuncia, sino como una oportunidad, un reto, un rehacer lo hecho para seguir adelante.

Será un reto, porque en un primer momento, lo primero que nos venía a la cabeza era cerrar el proyecto hasta que todo este asunto resultara clarificado, pero luego hemos pensado que en vez de cerrarlo, se podría aprovechar esta circunstancia para experimentar nuevos modelos de convivencia. Se nos pasaba por la cabeza dejar el proyecto abierto, al menos la casa de acogida, pero sin rutinas, ni rituales, ni obligaciones algunas. Es decir, estar unos meses con la casa abierta para que las personas que lo necesiten puedan descansar y desconectar, pero sin mayor interacción que esa. Quizás con algunas propuestas de actividades como cuidar el jardín o la huerta, pero sin mayor compromiso que ese. Es decir, estar unos meses, aún no sabríamos decir cuantos, sin ningún tipo de apoyo ni estructura, y ver qué pasa.

Sería una especie de experimentación anarco-espiritual, como me recordaba hoy nuestro querido Román en su bello trabajo sobre O Couso. Una forma de volver al cristianismo primitivo, es decir, al mensaje revolucionario del Jesús del Sermón de la Montaña, donde paisaje y naturaleza se entremezclan con un sentido profundo de la espiritualidad. Un experimento que se basaría, al menos durante un tiempo, única y exclusivamente bajo el mandato del derecho natural, sobre la ética y la consciencia de cada individuo, sin estar gobernadas ni dirigidas por nadie ni por nada, de forma que, intuitivamente, los días se gobiernen por el sentir individual, interactuando con otros sentires en un espacio y en un tiempo sin orden social, sin estructura, sin gobernanza.

Sin juicio y sin jueces de la moral, tal vez el experimento sirva para dar un impulso diferente al lugar. Una forma hermosa de despedir los siete años de vida del proyecto O Couso y empezar a centrar las fuerzas y las energías en el siguiente periodo, en los siguientes siete años donde daremos fuerza y vigor a la Escuela, al Jardín y a la Huerta. El proyecto O Couso dejará de ser un proyecto y se convertirá en la Casa de Acogida de O Couso, una realidad gracias a las últimas obras realizadas en la misma.

Tras constatar la eficacia de la economía del don, de la cooperación y el apoyo mutuo, este nuevo experimento que fijará la atención en la libertad individual basada en valores universales, será realmente atrevido y revolucionario. También todo un reto para que las fuerzas del caos no se apoderen y todo termine hecho un fiasco.

Es necesario que el proyecto esté abierto porque habrá mucha gente que deseará escapar de la ciudad y respirar un aire diferente. Vemos en todo esto una oportunidad para dedicar el próximo año a mejorar y perfeccionar todo lo que se pueda este ya revolucionario lugar. En estos próximos meses sólo habrá campos, caminos para caminar y sonrisas para compartir. Veremos qué ocurre. Por nuestra parte, seguiremos creando utopías. Una y otra vez.

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El utópico esbozo de un mundo por venir


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Hace cuatro años puse los primeros pilares de la que ahora es mi casa. Esto es solo un esbozo del mundo utópico que está por venir

Así lo definiría un tipo culto y sabio. Un esbozo utópico de un mundo por venir, una síntesis completa de aquello que aún no existe. Ya no soy un hombre típico y triunfante. Dejé atrás esas ansiedades de la personalidad. No por haber fracasado en esas empresas que uno siempre imagina exitosas, sino por haber encontrado una quietud perenne insoportable para lo nominal. Renunciar a los placeres de la personalidad, a las riquezas y a las posesiones no tiene ningún mérito. La pedagogía de este instante está más allá de cualquier deseo de poder o control. Vaciar esa parte de la vida es dejar espacio para que algo diferente se ubique en nuestro devenir. Es cierto que hay algo de disciplina en todo esto. Uno siempre debe apostar por lo que rige en su necesidad o en su corazón. Y el segundo camino, el del corazón, siempre requiere algún tipo de sacrificio. La necesidad siempre es admirable en cuanto a su infinita capacidad de subsistencia. Pero el corazón atraviesa lugares sombríos para llegar por fin a la meta que se propone. Y estamos en un tiempo sombrío, y mi alma me pide avanzar con prisa hacia lugares no comunes. Mi alma me pide que explore el mundo del mañana e intente arrancarle algún esbozo.

Buscar la perfección del espíritu mediante el estudio y la meditación, el servicio y la acción como vocación de animar a otros a vivir la vida desde un sentido más profundo es algo que nace siempre del corazón. Por eso la necesidad se aparta, la mente trabaja al servicio de esa luminaria sentida y la luz que viene desde lo más alto empieza a gobernar todo cuanto experimentamos. Sería, por decirlo de alguna manera, un anhelo que nace del espíritu y que atraviesa la materia para elevarla a una consciencia superior.

Habrá en un futuro una reacción espiritual a este mundo materialista. Eso será algo inevitable. Ahora vivimos en un afán de distracción total, de culto al entretenimiento y la posesión. De alguna manera, si estamos entretenidos y tenemos nuestras manos y corazones llenos de cosas estamos mansos, aturdidos, anulados. La servidumbre es perfecta en este estado de embriaguez. Somos felices porque podemos alcanzar cualquier meta en nuestra esclavitud disimulada, ya sea en lo real o en lo irreal. El pensamiento carece de pureza y lucidez y el diagnóstico futuro sobre nuestra realidad más inmediata no es muy esperanzador. De ahí la redención necesaria. De ahí el sublime esbozo donde poder acunar una vida espiritualizada más allá de este mundo superficial basado en pueblos que han perdido su fe, más allá de esta vida mecanizada y atomizada, superficial y sin escrúpulos. La decadencia moral que vivimos viene acompañada de un arte que ha perdido su sinceridad y significado, de una ciencia al servicio de la embriaguez. ¿Cómo darnos cuenta de todo esto si vivimos en la cárcel perfecta?

Por eso llegan las guerrillas espirituales, aquellos a los que Pablo se refirió como los nacidos fuera de la estación debida. Son una avanzadilla temeraria de exploradores, en palabras de Fortune. Aventurándose por delante del resto, esa avanzadilla explora ligeros de equipaje, los desiertos aún no habitados, las tierras espirituales aún no conocidas. Batidores solitarios que deambulan, muchas veces a ciegas, sobre el utópico esbozo de un mundo por venir. Vigilantes silenciosos, observan la mejor manera de traer la nueva buena, y buscan, a riesgo de su propia vida, fórmulas para el despertar general, para poner al ejército humano en marcha hacia el nuevo mundo. Los exploradores tantean el nuevo mundo y traen el jugo de esa tierra como muestra de realidad futura. Y sí, ese mundo es espiritual, irremediablemente. De ahí que la llamada, nacida de lo más profundo del corazón, haga de la aventura una fórmula de vida necesaria.

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¿Cómo sobrevivir a las futuras crisis?


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La crisis de 2008 y la crisis de 2020 están siendo oportunas para plantearnos a nivel individual y colectivo cientos de premisas que ya fueron puestas en duda durante décadas. Las utopías del pasado han intentado siempre buscar modelos que produzcan una convivencia armónica entre el individuo, los grupos y la naturaleza. Hoy nos preguntaban de qué manera nosotros como grupo, como pequeña comunidad, podemos hacer frente a la crisis, y enumerábamos unos puntos que nos parecen esenciales para crear un nuevo paradigma. Desde nuestro pequeño proyecto, estamos buscando la fórmula esencial para emancipar al individuo sin que ello repercuta en su falta de libertad y seguridad material ni tampoco en el aumento de su huella ecológica. Algunos puntos importantes a destacar son los siguientes:

a) No existe la propiedad privada. El lugar pertenece a una fundación que de forma generosa reconoce la necesidad de privacidad de los individuos, ofreciendo espacios de uso privado. Las personas son libres de estar aquí el tiempo que quieran sin necesidad de arraigo. La no propiedad privada crea un sentido de libertad interior que permite mirar el futuro desde la libertad absoluta, el desapego y la emancipación individual.

b) No pagamos hipoteca, alquiler o cuota por el lugar donde vivimos. Esto nos resultaba clave para poder emancipar al individuo y así dedicar el tiempo a la interiorización y a la búsqueda personal de nuestros dones y talentos.

c) No pagamos agua ni electricidad. Por fortuna, somos independientes en cuanto a recursos de este calado. El agua fluye de un manantial propio y la electricidad la generamos con una instalación de placas solares. El reto futuro es poder emanciparnos también en cuanto a la movilidad necesaria, mediante la adquisición de algún vehículo eléctrico.

d) Colaboramos unas tres horas al día (unas quince horas a la semana) en tareas colectivas y el resto de tiempo es para nosotros. Esto produce un sentimiento de permanencia grupal, pero también la posibilidad de dedicar mucho más tiempo libre a nuestros asuntos personales. Hemos roto con la antigua división del trabajo, su servidumbre y con la antítesis entre trabajo mental y físico. Intentamos gozar del trabajo desde la concepción de ser útiles a los demás, y por lo tanto, desde una idea de servicio continuo y labrado bajo la base de la sencillez y el amor compartido.

e) Hemos colectivizado los medios de producción y las herramientas, lo cual repercute en un ahorro considerable. ¿Para qué tener doce lavadoras o doce taladros? Con una herramienta para todos es suficiente.

f) Estamos intentando implementar entre nosotros la renta básica universal. Este es un reto futuro que pretende el que podamos, gracias al trabajo colectivo, disponer de un dinero de bolsillo para nuestros gastos personales. Estamos ideando fórmulas para generar recursos sin depender de terceros.

g) La comida (cuasi vegana) está colectivizada y es gratuita, por lo que a nivel individual no pagamos comida.

h) No ingerimos ningún tipo de drogas, tabaco o alcohol, con el ahorro que eso supone para los bolsillos y para la salud.

i) Nos aferramos a la idea del apoyo mutuo y la cooperación como esencia del proyecto.

j) Nos basamos en la economía del don con el lema “deja lo que puedas, coge lo que necesites”. Seguimos la idea o uno de los principales aforismos del socialismos utópico: «de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades».

k) Disfrutamos de una naturaleza hermosa y exuberante, lo que ayuda a levantar el ánimo y a disfrutar de la vida de forma armoniosa y plena.

l) Basamos nuestra filosofía de vida en el decrecimiento y la simplicidad voluntaria. Esto lo hacemos por nosotros y por el planeta. Hay una necesidad colectiva de romper con la visión del crecimiento para evitar el derrumbe de nuestra propia civilización.

m) Nos autogobernamos por acuerdos y principios simples que se rigen por consenso jerarquizado. La jerarquía está establecida únicamente por el grado de compromiso y responsabilidad de cada individuo.

n) Tenemos la necesidad interior de espiritualizar la vida. Al hacerlo, nuestras vidas pasan de ser ordinarias y se transforman en extraordinarias. Pasamos a maravillarnos por las cosas cotidianas, por el paisaje, por las relaciones. La magia de la vida se transforma, ante esta mirada, en una vida milagrosa, entendiendo que todo cuanto ocurre a nuestro alrededor forma parte de un ciclo maravilloso de acontecimientos profundos y verdaderos.

Sea como sea, todo esto está en fase experimental. Interiormente sentimos que son puntos importantes a nivel material, pero no suficientes. Aún debemos profundizar más en temas como la motivación, el entusiasmo, la alegría, la necesidad de pertenencia a un propósito individual y colectivo, la búsqueda de visión y la práctica espiritual como forma normalizada en nuestras vidas individuales y grupales. En ese aspecto queda mucho por hacer. Y este, quizás, sea el reto para afrontar futuras crisis. Nuestra responsabilidad no pasa más allá de poder intentarlo. Al hacerlo, de alguna forma es COMO SÍ ya existiera. El esfuerzo de este tiempo será apreciado, quizás, por generaciones futuras, y nuestros errores y aprendizajes servirán de base para mejorar el experimento.

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Recordar de nuevo…


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© Martin Rak

«Sabiendo Él que el Padre lo había puesto todo en sus manos, y que como era venido de Dios, a Dios volvía…» Jn 13, 3.

Jueves Santo. La cena. La eucaristía. Luna llena. Quedamos a las cinco para hablar. Ella desde las Tierras Altas y yo desde los Bosques y la Montaña. El desierto quedó atrás. La visión ahora es diferente, más propicia para el recuerdo. Encendemos la vela, invocamos y meditamos durante unos minutos desde la lejanía, pero cercanos en el lazo místico. Mi barba ha crecido, su luz también. Nos reconocemos y nos inclinamos respetuosos ante la grandeza de lo desconocido, ante lo sublime de lo oculto, ante el Misterio inagotable. Durante más de dos horas tejemos de nuevo la madeja. Siempre estuvo ahí, nada había cambiado desde tiempos inmemorables. Solo teníamos que volver a recordar, como en aquellos días de hace siete años, que tanta gracia y lucidez llegó a nuestras vidas y tantos miedos fueron vencidos.

Era cierto que habíamos sellado un pacto invisible. Solo había que mirar las señales, la fluidez de los acontecimientos, el arquetipo expresado sin mácula. Sólo había que mirar a nuestro alrededor y las alianzas expresadas por ese innegable arco celeste resurgía tras cada lluvia, tras cada duda, tras cada deseo. El lenguaje de los pájaros se convirtió en Simorg. Era inevitable, era necesario y urgente. Perseverancia era la consigna para resistir a los tiempos, a los envites, a las pruebas, a este tiempo oscuro. Los trabajos nos llevarían al punto en el que ahora nos encontramos, a la ataraxia de la que ahora disfrutamos. Las pruebas, al menos las más complejas, fueron vencidas. Se creó el mito fundacional, se ancló y consagró el puente, se encendió la llama del séptimo rayo como promesa de futuro. La luz fue resguardada y protegida.

De alguna forma nos convertimos en gente-simiente de la nueva raza, del nuevo ciclo, y por lo tanto, estamos convocados a crear ese nuevo ideario, a sabiendas de que no podremos mitigar la degeneración del antiguo sistema, de la ya vieja civilización. Se nos dice una y otra vez que debemos actuar con urgencia en la creación de islas, de remotas colonias o comunidades donde vivir allí la expresión de la nueva era. Se nos invoca e invita a no participar en el cénit de lo conocido, sino de dar verbo y vida a lo que debe llegar. ¿Cómo hacer eso ante nuestra propia ceguera, torpeza y falta de habilidad? ¿Cómo es posible sentir con tanta fuerza la llamada y a veces no atrevernos a asomar nuestros corazones ante la posibilidad de participar en ella?

Los aliados están dispersos. Pero de nuevo se repite el mantra: perseverancia. Recordar de nuevo, concentrar, actuar. Esto requiere de inevitables sacrificios. La personalidad y su vida pasada deja de tener importancia. La vida del alma se expresa entonces con fuerza y pide paso. No estamos seguros de nada, seguramente nos equivocaremos una y otra vez, pero se nos pide firmeza y perseverancia. El oro se precipita a partir del éter si la intención es verdadera. Si el propósito se ajusta al nuevo ciclo, al nuevo torrente de vida, todo se ordena para que suceda.

Hace falta una triada. Nada perdura si no es consumado en lo trino. Ese trino se convierte en justo y perfecto cuando la logia se completa con siete miembros. Entonces se abre los trabajos y la bóveda celeste se precipita ante la resurrección de los misterios. Todo eso debe ocurrir, pero no antes de que se complete y ancle definitivamente el tres. El siete llegará a su tiempo, y también el doce. Pero no antes de la resurrección del tres. Por eso hoy era un día señalado, un día justo y perfecto para reconectar nuestras almas y proseguir con la labor encomendada. Hoy era un día justo y perfecto para seguir colaborando con la Gran Obra.

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Sembrando el mundo nuevo


 

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No hay que tener miedo de la pobreza, ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo. Epicteto

Una de las experiencias más bonitas que he vivido desde hace mucho tiempo ha sido tirarme a la tierra y completar la hazaña de crear un plantel. La experiencia ha sido única. Había plantado muchos árboles pero nunca había plantado semillas que luego se convertirán en verduras con las que crear la alquimia de los alimentos. No podría explicar la sensación de algo tan sencillo. Las semillas, algunas minúsculas como las de las cebollas o las berenjenas guardan una importante información. ¿Cómo la naturaleza ha podido crear algo tan perfecto? ¿Cómo algo tan pequeño puede albergar dentro de sí algo tan grande?

Hemos entrado en el último año donde vamos a centrar nuestras fuerzas en la casa de acogida. Supuestamente, a partir del año siete, los esfuerzos estarían centrados en la construcción de la Escuela, el jardín y la huerta. Pero la crisis que se ha precipitado ha provocado que me animara a sembrar, a pensar en el jardín, en llenarlo todo de flores y arbustos que llenen de belleza el entorno. Me llaman amigos y familiares que viven en la ciudad y están viviendo una situación angustiosa. Estar encerrados en casa es algo complejo. Por eso hoy, con especial humildad, no paraba de dar gracias por cada instante en este lugar. No paraba de saludar a los patos, a las gallinas, a los gatos y a Geo. No paraba de alegrarme por cada brote que empezaba a salir de los árboles, cada vez más verdes y resucitados. Esta tarde he paseado por la huerta, mirando con atención cómo empezar a trabajar en ella.

Sembrar, sembrar, sembrar. No solo sembrar semillas, sino también buscar la manera de sembrar fe, esperanza, conocimiento, alegría. De alguna forma entiendo la dinámica. Las semillas son pequeñas, casi minúsculas e insignificantes a simple vista, pero encierran dentro de sí algo grande. Quizás ocurra lo mismo con este proyecto. Es pequeño, casi imperceptible para el mundo normal. Pero ocurre que el mundo está dejando de ser normal y está viviendo un tiempo extraordinario. Es entonces cuando las semillas que estamos sembrando nacen con más fuerza y vigor. Es entonces cuando muchos empiezan a cuestionarse el modelo y el paradigma en el que vivimos. Y es entonces cuando otros modelos empiezan a florecer.

Nos hemos esforzado durante estos seis años en abogar por una pedagogía que hiciera hincapié en el apoyo mutuo y la cooperación, en la generosidad, en la economía del don, en sacralizar la vida ordinaria y espiritualizar todo aquello que hacemos desde la consciencia. En estos seis años hemos sembrado ilusión y esperanza, amor y cariño. No siempre lo hemos hecho bien. Nos hemos equivocado mil veces, pero hemos perseverado. Y en esa perseverancia ha nacido algo de lo que en su día sembramos.

No tenemos miedo. Hemos sido valientes por tener una casa de acogida abierta a todo el mundo sin pedir nada a cambio. Hemos sido osados por dejar las puertas abiertas, sin cerradura de ningún tipo, para que cualquiera pueda entrar y salir a su antojo sin esperar nada a cambio. Ahora resulta que vienen otros tiempos y deseamos profundizar en otro tipo de conocimientos para que nos ayuden a mejorar lo que hasta ahora hacemos. Será emocionante poder hacerlo. Será hermoso poder compartir algún día todo este holograma utópico. Quién sabe, quizás sirva de esperanza o motivación para que otros lo puedan intentar.

A los que estéis pasando una situación difícil, aquí tenéis un amigo y una casa. Os envío un abrazo sincero y todo mi apoyo incondicional en todo aquello en lo que pueda ayudar o ser útil. ¡Ánimo con todo!

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El nuevo mundo


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Podéis sugerir un nuevo advenimiento, una nueva venida. Podéis imaginar un reino que se alza entre montañas, entre cumbres violetas teñidas por perfúmenes imposibles. Podéis persuadiros en sueños, volcando toda la esperanza en la maraña de un renacer. Veo el miedo en vuestros ojos y me sumerjo en la explosiva necesidad de vencerlo. Aquí ya no hay miedo. Nos resignamos al destino, al inocuo velo que todo lo cubre. Nos desprendemos piedra a piedra de nuestro peso, de nuestro angosto orgullo. A cada esfuerzo le corresponde una lección que aboca al inconmensurable océano de la humildad. No puede haber miedo en un lugar que no tiene cerraduras, que no esconde nada, excepto aquello que es sagrado para todo aquel que lo pueda abrazar.

El nuevo mundo existe. Es un pequeño germen inseminado en nuestras consciencias. Es el mismo que ama por igual a todos los seres sintientes, que entiende la muerte como un proceso natural y sagrado, y por lo tanto, respeta hasta el límite toda vida. Es aquel que abandona la esclavitud de un tiempo para abrazar la libertad de la sencillez. El nuevo mundo germina en cada paso hacia la simplicidad. No es pobreza, es libertad. Pobre es aquel que ata su vida a diez mil cosas, que no sabe consagrar un minuto a la mera contemplación de toda la creación, que no es capaz de embriagarse y conmoverse con los detalles más extraordinarios de cada una de las cualidades ordinarias que nos rodean.

El nuevo mundo emerge en cada sonrisa, en cada comunicación amorosa, sencilla, locuaz. En cada abrazo, en esa caricia, en esa luz que los amantes desprenden cuando juntos realzan la brillantez del universo. Fijémonos en la belleza invisible del viento, en la profundidad de un ocaso o el desvelo de un arrumaco ofrecido fortuitamente. El Logos se conmueve con el amor. La Mónada se alimenta de centelleantes puntos de luz que crecen cuando se entregan a lo más profundo y bello de la vida.

El amor siempre es respaldado por la omnisciencia. Forma parte de uno de los tres aspectos que gobierna todo el universo. El nuevo mundo es un mundo amoroso, sensible, especialmente entregado al cortejo nupcial de cada mañana, de cada atardecer compartido, de cada noche abrazada. No se podría entender el mundo sin esa necesidad de unión, sin esa pertenencia a lo sublime, lo bello, lo hermoso. La perfección no es más que realzar una y otra vez el mimo por el querer, por el amar. Cada vez que se enciende una llama, se potencia la precipitación del nuevo mundo. Cada vez que el respeto, la tolerancia, la simpatía, la alegría o cualquier otra virtud se manifiesta, el mundo se transforma, inevitablemente.

El miedo desaparecería de entre nosotros si fuéramos capaces de amar en plenitud, en completo desapego, desde el buen humor, incondicionalmente. La lucha de egos se terminaría si las conversaciones nacieran de alma a alma, de espíritu a espíritu. Todos seríamos amantes si pudiéramos comunicarnos sin máscaras, sin orgullo, sin miedo. El nuevo mundo se manifestará cuando seamos capaces de ver al otro sin maquillaje. Cuando nosotros mismos vaguemos desnudos por las praderas incandescentes de la existencia.

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Tiny House. Una solución futura


a
Primera plantilla de las primeras cabañas en O Couso. Primer grupo de apoyo mutuo y cooperación que participó en la construcción de la primera cabaña

Hoy recibo dos llamadas desde África. La primera de una amiga doctora que está en Marruecos ayudando a los emigrantes que sueñan con venir a Europa. La segunda, paradojas de la vida, de una hermosa tunecina, doctora en biotecnología, que habla cinco idiomas, profesora de universidad en paro y que vive como puede en algún remoto lugar del norte de África. Ambas me cuentan la situación que están viviendo casi al mismo tiempo, en un intervalo muy corto. Amo las sincronías. Y una me habla de la situación que de alguna forma está sufriendo la otra, sin conocerse. Una es de Barcelona y la otra estuvo tres meses en Barcelona, pero ahora desea viajar a Alemania para buscar trabajo. Ambas valientes, guerreras, sabias…

Estas conversaciones me recuerda que hay personas, seres humanos, que están viviendo situaciones difíciles. Me recuerda cuando estuve en la perdida isla de Chios, frente a las costas turcas, ayudando en lo que podíamos con los refugiados que llegaban con el sueño de pisar Europa. Todo esto me recuerda que no tenemos derecho a quejarnos por muy difíciles que se presenten las pruebas. En Europa estamos viviendo la utopía material, pero debemos hacer un gran esfuerzo para retomar la utopía espiritual, la utopía de Jesús, o aquella de la que hablaba cuando se refería al Reino de los Cielos.

Sigo pensando que la ambición humana podría gestionarse de mejor forma. Sigo pensando que vivir en una pequeña cabaña puede ser una solución digna para cualquier persona que requiera algo de calor y cobijo. Las Tiny House, por poner un ejemplo sencillo, puede ser una solución de futuro para todas aquellas personas que andan perdidas en el mundo buscando un refugio. Una pequeña casa basada en la sencillez y en la dignidad de pensar que menos puede llegar ser más.

Llevo seis años viviendo entre humildes caravanas y cabañas construidas con mis propias manos y no he perdido por ello ningún tipo de prestigio social, ni de riqueza, ni me siento degradado en una sociedad cuyos valores, por suerte, están cambiando. La simplicidad voluntaria, consciente y armónica con el medio, es un acto de rebeldía, pero también es un acto de responsabilidad. También es una solución sencilla, barata y fácil para dar respuesta a toda esa gente que no tiene un cobijo, que no tiene una casa, que no tiene absolutamente nada. Las Tiny House, el movimiento de casas pequeñas, es una gran idea que ya esbozó en su día Sarah Susanka en su libro The Not So Big House (Una casa no tan grande).

En estos no más de veinte metros cuadrados en los que ahora vivo se vive bien. Es fácil de calentar en invierno, no se consume nada de electricidad excepto la que proviene de la luz del sol y el agua nace de fuentes subterráneas que bombeamos con energía solar. Los residuos se reciclan y retornan a la naturaleza de forma natural y su mantenimiento es mínimo. Es evidente que esta pequeña cabaña podría mejorar aún mucho, pero la poderosa realización que uno siente al habitar la vivienda que ha construido con sus manos no tiene precio. Es algo revelador y bello. Es algo que solo puede experimentarse cuando los inviernos se intercalan con el canto primaveral y resuena la música de los bosques bombeando cada rincón.

Así que cuando hablaba con mis amigas desde el norte de África, imaginaba todo ese continente lleno de pequeñas casas construidas gracias a la fuerza y el poder del apoyo mutuo y la cooperación. Y luego imaginaba a los pueblos emancipados de esa necesidad tan básica y primordial que es la de tener un tejado donde resguardarse.

Cuando imaginamos el proyecto O Couso, pensábamos en ese sueño. Un lugar donde las necesidades más elementales pudieran estar cubiertas para poder así abrazar otro tipo de utopías. Un lugar donde el sueño y la utopía material empezara a abrazar, una vez satisfecho, al sueño de la utopía espiritual. Se trata de eso. Estar bien materialmente para poder soñar espiritualmente. Ese es el anhelo, ese es el sueño a seguir.

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Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa


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“Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tu puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre. No caigas en el peor de los errores: el silencio”. Walt Whitman

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Es un reto que había que afrontar. El evento de Emilio Carrillo el próximo verano, a tan solo seis meses, requiere cierto riesgo. Un primer presupuesto de trece mil euros para aislar la casa por fuera y recuperar algunos suelos y a la espera de un segundo presupuesto para terminar todo lo restante, dos habitaciones, dos estancias más, algún pasillo y ventanas. Aún no sabemos como lograremos ese dinero. Me he puesto a trabajar como loco en la editorial para buscar recursos y algo de dinero hemos podido adelantar gracias al apoyo de estas Navidades. Pero queda ahí el reto, arriesgado, pero necesario. Deseamos terminar este año la casa tras por fin terminar el tejado y la cocina nueva y queremos que para este verano los trabajos se centren en el aspecto armonía, el jardín, la huerta y las cabañas para acoger a más valientes que quieran expandir aquí su estancia y residencia. Ahora ya lo sabemos: con el tiempo se ordena todo.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. El patio está quedando impresionante. Es la parte que mayor presupuesto se lleva de toda la obra junto al aislamiento de todo el perímetro de la casa. Estamos emocionados por ver como avanza todo a buen ritmo, algo inaudito ante lo difícil que es encontrar y comprometer a una cuadrilla de obreros que se pongan manos a la obra. Tres personas están contratadas para la tarea con la esperanza de que todo vaya sobre ruedas y podamos recuperar lo que resta de la casa. Cada día de trabajo, cada semana, es un reto.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Realmente es emocionante porque después de casi seis años de grandes esfuerzos, de mucho sacrificio personal y colectivo, con un poco de suerte la casa estará por fin terminada en menos de seis meses. Es un reto importante que nos dejará margen para respirar y para dedicar a partir de ahora todos nuestros recursos a mejorar la acogida, la alimentación y el bienestar general de todos. El hecho de tener el tejado terminado, una cocina nueva, tres habitaciones totalmente finalizadas y equipadas y próximamente todos los suelos de la casa y el resto de habitaciones, es algo que nos ilusiona especialmente.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Este año será por lo tanto, en nuestro sexto aniversario, el final de la gran obra, el final de la gran casa de acogida abierta para todos y disfrute de todos, una casa realizada y construida por todos los amigos de O Couso y de ahí su profundo valor y significado. Una muestra palpable, pedagógica y real de que entre todos podemos hacer muchas cosas, de que gracias al apoyo mutuo y la cooperación se puede restaurar una ruina medio derrumbada. Nos sentimos orgullosos por haber hecho posible este gran reto y nos sentimos felices de que todos podamos disfrutar de esta casa. Una casa abierta las veinticuatro horas del día los trescientos sesenta y cinco días del año que acoge a todo peregrino del Camino o del Alma sin pedir nada a cambio, sin esperar nada a cambio.

Estamos especialmente agradecidos a todos los que lo hacen posible y estamos especialmente agradecidos a todos los que nos ayudarán a dar este último empujón. Gracias de corazón, gracias por aportar una estrofa. Seguimos demostrando que otro mundo es posible con hechos. Seguimos trabajando para que la Gran Obra continúe, aunque el viento sople en contra.

Si queréis apoyar este último eslabón de la casa de acogida, aquí os comparto la cuenta de la Fundación Dharana:

ES54 1491 0001 2121 2237 2325

 

Tejado terminado, por fin…


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La terquedad es uno de los principios fundamentales para que cualquier cosa termine construyéndose. Más bien por terquedad y cabezonería, cinco años después, hemos logrado completar hoy mismo el tejado de la casa de acogida. Un tejado enorme, gigante, inabarcable, infinito, con más de cinco siglos de antigüedad que hoy por fin hemos terminado. Ha sido tan pesada la carga y el trabajo y los recursos necesarios para completarlo que lo hemos tenido que hacer en cuatro fases durante cinco años. La última ha sido la más pesada de todas, la más arriesgada y peligrosa porque nos decidimos a hacerlo nosotros mismos, y en unas condiciones prácticamente inhumanas, de frío extremo, a veces lluvia, nieve, viento y una lucha constante contra todos los elementos. Tres meses muy duros que ha minado más de un ánimo.

Pero la constancia ha merecido la pena. Levantar de la nada una ruina de más de setecientos metros de piedra, prácticamente sin recursos y levantada entre todos gracias al principio del apoyo mutuo y la cooperación, de la fe y la esperanza, ha sido todo un hito. El tejado no ha quedado perfecto, se nota que se ha ido haciendo poco a poco, en fases. Como la propia historia de la casa, que empezó a construirse en el siglo XVI y fue ampliándose a medida que iban pasando las centurias. Debe ser la idiosincrasia del propio edificio, una casa grande, gigantesca en muchos sentidos, que crece de forma orgánica a lo largo de los tiempos…

Ahora por dentro me siento satisfecho porque podremos dedicar los recursos que vayan llegando a embellecer el lugar, a llenarlo de armonía, belleza y calor. Ahora por fin podremos encender el fuego sin que se escape nada. Ahora por fin podremos seguir adelante con la seguridad de que el tejado no se nos caerá encima. Antes para nosotros esa idea era angustiosa, y creo que no pasó nada por puro milagro. Ahora me siento totalmente liberado, feliz, observando la vida con mayor paz.

También con muchas ganas, a pesar del extremo cansancio de estos últimos días, de ponerme con los siguientes retos. Falta mucho, y me he dado cuenta estos días, para que la casa sea realmente un lugar acogedor, pero estoy convencido de que poco a poco lo vamos a conseguir. Es cuestión de que la terquedad se vuelva sabia y prosiga con la batuta de la generosidad apostando por un mundo mejor. Entre todos se puede construir el nuevo mundo. Eso ya es un hecho y una realidad.

Estamos felices y satisfechos pensando en los próximos retos. Las fiestas de Navidad están ya próximas y aún queda mucho por hacer… La cocina, el salón, arreglar las habitaciones que han estado inundadas durante estos tres largos meses de intensas lluvias… Poco a poco… El calor del hogar está cada vez más cerca…

Solo me quedan palabras de infinito agradecimiento para todos los que han contribuido, ya fuera con recursos, tiempo, esfuerzo o trabajo, en que este milagro se produjera… Gracias, gracias, gracias infinitas a todos…

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La plaga humana. Patogénesis de un planeta enfermo


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© Maxwell Campbell 

Este era el título de una de las versiones de la tesis doctoral. Por supuesto no gustó y fue censurado. También las ideas que allí se planteaban o que querían poner el acento en este tipo de cuestiones. La disidencia e independencia intelectual no siempre es posible. Al menos que seas codependiente de las instituciones que albergan y protegen el conocimiento y sepas camuflarte o adherirte a sus causas. El estar por fin separado de las instituciones y poder ser crítico con ellas me permitirá hablar más abiertamente de asuntos importantes que nos afectan a todos. Lo paradójico es que, tras esa censura, las propias Naciones Unidas son las que plantean ideas de corte parecido, poniendo el acento en la alarma mundial que padecemos. Véanse los Objetivos para el desarrollo sostenible.

Es desesperante y frustrante gritar para advertir sobre lo que parece irreparable. Muchos pueden pensar que no hay marcha atrás, que estamos navegando felices hacia el iceberg que lo hará estallar todo por los aires. A veces el optimismo y el navegar contra corriente resultan parecerse a esos ídolos caídos. Al principio nos parecían felices soñadores, luego pasan de golpe a convertirse en seres narcisistas y egocéntricos. Los ídolos caen en cuanto adentramos la perspectiva a otros lugares menos fantasiosos.

Muchos ya están cansados de pregonar o de potenciar esa engorrosa necesidad de tener que aportar argumentos suficientes sobre lo que está pasando. Ya no se trata de explicar que el mundo se está agotando. Más bien estamos en el punto de tener que decidir drásticamente si deseamos ser partícipes o no de su destrucción. Esto encierra una especie de radicalidad exponencial que nos acercaría más a la hipocresía extrema o a la decisión de cambiar para siempre nuestras vidas.

Lo primero es sencillo, solo tenemos que fingir que no pasa nada. Podemos lavar nuestras consciencias con depósitos enteros de buenas intenciones diarias. Reciclar algún plástico, bajar el consumo de grasa animal, comprar productos bio o hacer algún donativo a proyectos alternativos. Todo eso en esa gran fiesta bucólica en la que todo es posible gracias al fingir que todo está bien.

Pero la segunda opción es compleja. Requiere radicalidad y cambiar los fundamentos profundos de nuestras vidas. Y a eso no estamos dispuestos. Nadie está dispuesto a deconstruirse de repente, a no ser que haya tenido un arrebato de locura, o en el mejor de los casos, algún tipo de iluminación que le lleve hasta las puertas de la mismísima lucidez. ¿Quién dejaría hoy día el pescar peces para lanzarse a la compleja tarea de pescar almas? Elegir entre un mundo distópico o un ilusionante mundo utópico en el que albergar algún tipo de esperanza futura, esa es la cuestión. Lo primero podría parecer hipócrita y lo segundo, ingenuo.

Sería imposible imaginar que de repente las ciudades se despoblaran. Sería igualmente imposible imaginar que de repente, al menos la mitad de la población renunciara a los requisitos de consumo que hasta la fecha poseemos. Sería imposible imaginar que una gran parte de la humanidad decidiera abandonar el círculo vicioso de la ciudad -trabajo-consumo-más trabajo-más consumo- para albergar algún tipo de alternativa más natural, más en acorde con la naturaleza, y siempre, ante una tendencia decrecionista, donde menos es más y donde las cosas empiezan a cambiarse por las experiencias. La simplicidad voluntaria como camino alejados del crecimiento que nos inculcan desde los estamentos.

La patogénesis de la enfermedad que padece el planeta es bien clara: nosotros mismos confrontados a nuestra avaricia. Nos hemos convertido en una plaga que está envenenando todo cuanto tocamos. Ya somos más de siete mil millones de habitantes con deseos de crecer y crecer y crecer sin darnos cuenta de que vivimos en un planeta finito. Fingimos, en nuestra personal hipocresía, que todo está bien. Pero estamos incubando dentro de nosotros el final de los tiempos. Las alarmas crecen, el mundo está enfermo y no hay doctores suficientes capaces de diagnosticar y curar el cáncer que padecemos. El sistema doctrinal del que somos esclavos no nos permite ver con sinceridad y valentía lo que está ocurriendo. Tampoco nos permite actuar en consecuencia. Faltan grandes dosis de locura o lucidez. Tanto da cuando de lo que se trata es de salvar el mundo, y de paso, a nosotros mismos.

¿Cómo cambiar de paradigma? Por más que agito a mi alrededor nada cambia. Casi me cuesta una vida y un poco de locura el cambiarme a mí mismo. Sí, es cierto, me vine a vivir a los bosques y vivo en una pequeña cabaña de madera. Una locura. Pero insuficiente.

 

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Sabemos que en lo sucesivo nunca es demasiado tarde


 

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La casa de acogida, aún no muy acogedora, esta misma mañana

El desastre de Chernóbil creó un antes y un después en la conciencia ecológica y milenarista de nuestro tiempo. El reencuentro con los sentires actuales tiene mucho que ver con el escenario preapocalíptico en el que para algunos nos encontramos desde ese acontecimiento. Ya no son creencias que provengan tan solo de escenarios donde Armagedón, el mítico valle en el que tendrá lugar el enfrentamiento final entre el bien y el mal, se esté acercando inevitablemente. La propia ciencia y la comunidad internacional nos advierten repetidamente de que estamos en un momento delicado en nuestra historia humana. “O bien la revolución crea una sociedad ecológica, con nuevas ecotecnologías y ecocomunidades, o la humanidad y el mundo natural, tal y como lo conocemos hoy día perecerán”, nos dice Bookchin, fundador de la ecología social.

La bióloga Lynn Margulis es mucho más drástica. Nos advierte que una de las señales del colapso que afectará a nuestra especie es su rápida superpoblación. Algunos científicos creen que el éxito de nuestra colonización del planeta es un fenómeno que marca nuestra propia decadencia, las luces esplendorosas antes del final inevitable del espectáculo. Para economistas como Latouche, estamos ante el final de los tiempos. “Sabemos que en lo sucesivo es demasiado tarde”, nos dice. Según los datos más optimistas, se prevé un aumento de la temperatura global de un grado centígrado para el 2020 y de dos grados para el 2050. El cambio climático por efecto directo de la actuación del ser humano es ya un hecho probado y aceptado por la comunidad internacional. Una crisis ecológica aceptada por todos que está creando una situación compleja para todos.

Vivir en los bosques, en comunidad, propicia una mirada objetiva y alejada del ruido acostumbrado del mundo fabril, de la ciudad y sus prisas. Esa mirada limpia, a veces inocente e ingenua, provoca en nosotros una necesidad de reacción. El sólo hecho de apostar por vivir una vida alternativa, más ecológica y sostenible, resuelve en parte nuestra necesidad de activismo participativo. Pero vemos que no es suficiente, que nuestra reacción solo es una minúscula gota en este gran océano de contradicciones. A partir de aquí, solo nos cabe alentar, agitar las consciencias hasta que ese agitar contamine a unos y otros. No pensamos, a contrario de lo que piensa Latouche, que es demasiado tarde. Pensamos que el ser humano ha sobrevivido durante miles de años a todo tipo de retos naturales y que ahora, por primera vez, se tiene que enfrentar al mayor de los retos: el ser humano en sí mismo.

La vida en comunidad no es una huida, no es una utopía escapista o evasiva. No es una ensoñación ni la torpe descripción de un mundo ideal, fantástico, perfecto y paradisiaco. Nuestra utopía es constructiva, se centra en acciones concretas que pretenden explorar nuevas vías del desarrollo y convivencia humana. No estamos aquí para alejarnos del problema, sino para visionarlo con mayor profundidad, meditarlo, estudiarlo y buscar en la acción soluciones posibles. Es cierto que somos tan solo una pequeña gota en el océano. Pero creemos, y esta es nuestra fuerza y motor, nuestra esperanza, que en un futuro habrá muchas más gotas. Tantas que quizás provoquemos una ola de cambios inevitables.

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