Su presencia


La persona que nos ha pedido hoy ayuda viaja con dos yeguas… 😦

 

“No os olvidéis practicar la hospitalidad, porque
por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”.
(Hebreos, 13-2)

Entro en el cuarto y cierro la puerta. Leo las letras de una nueva llamada de auxilio. “Me quedé sin dinero y llueve y estoy un poco agobiado acampando por el monte y no sé muy bien a dónde ir… ¿podríais echarme una mano?” Cierro los ojos e intento buscar luz. Cierro los ojos y abro el corazón y noto su presencia. Es hora de hablar directamente con Deus.

El corazón acelerado, los secretos de la gente, la vida que se expresa. Tengo frío. Llega su presencia y tiemblo. En los montes hace frío. ¿Y qué comeré? ¿Y dónde dormiré? Ya no es él, ahora también soy yo. Porque llueve. Llueve, llueve mucho y hace frío. Lloro. Lloro ante la presencia, ante la impotencia, ante el dolor del otro, el sufrimiento. Cierro los ojos aún más. Abro el corazón. Es hora de hablar directamente con Deus.

Doblo las rodillas, me inclino. Siento su presencia. Junto las manos imitando a los que oran. No soy digno de que entres en mi casa, pero necesito Su presencia. No soy un santo, solo un mendigo más, un peregrino que necesita sanar. Pero las lágrimas vienen, el otro sufre, y yo aquí, buscando su presencia. No quiero oro ni plata. No quiero nada, excepto su presencia. Ya nada me importa. Me postro ante la grandeza y ante mi ridícula expresión. Amor, compasión… hace frío, mucho frío…

Salgo fuera, miro el cielo abriendo los ojos. Llueve, llueve mucho… Hace frío… entro en la habitación y cierro la puerta. Cierro todas las puertas para que se abra el alma, para que explote toda su grandeza, para que la compasión sea siempre gobernada por la justicia, la sabiduría y el buen obrar.

“Llueve y estoy agobiado”… No me detengo en la oración y en las lágrimas. El corazón acelerado requiere su presencia. Sin conocer sus secretos, sin poder acercar la mirada a lo más lumínico, pero sabiendo que una palabra bastará para sanarme. Su presencia es medicina. Abro el corazón, y al hacerlo, también abro el alma para que todo resplandezca en clara luz.

Y me levanto, conmovido. Abro la mano ardiente. La extiendo y abro las puertas de la casa. Todo se extiende, todo se multiplica. El frío se va, deja de llover. Sale el sol y los ángeles cantan en el coro celestial ese aleluya esperado. ¡Que vengan! ¡Qué vengan! Y que sea lo que Deus quiera…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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Una situación desesperante


El antes y el después de la Casa de Acogida

 

Estamos viviendo un tiempo complejo y seguramente a muchos nos hará cambiar la forma de ver el mundo. Pero más allá de eso, estamos viviendo un momento de mucha ansiedad, crisis y desesperación. La posibilidad de una segunda oleada de pandemia junto a las medidas que eso conlleve está removiendo a mucha gente que, de forma desesperada, busca una alternativa de vida.

En el proyecto estamos recibiendo decenas de peticiones, algunas incluso internacionales, para venir hasta aquí. Hoy alguien ha llamado por teléfono, con cierto tono de desesperación y tristeza que me ha conmovido poderosamente. Pedía auxilio, algo de comida y alojamiento a cambio de trabajo, algo de compañía desesperadamente. Casi como un robot, intentando alejarme emocionalmente de todos los que piden ayuda en estos tiempos, le he contestado con la retahíla habitual: estamos cerrados hasta el 21 de marzo, lo siento.

Pero tras colgar la llamada, me he sentido como un extraño para mí mismo. Llevo toda la vida ayudando a todo el que podía y egoístamente, he decidido ayudarme a mí mismo en estos meses de soledad y cierre. Sin embargo, he descubierto afanosamente, tristemente, que al alejarme del otro, me estaba inevitablemente alejando de mí mismo. Que al cuidarme y dejar de cuidar al otro, estaba volviéndome cada vez más inhumano, si es que esa palabra u hecho es posible, o si es que esa condición existe.

Esa voz desesperada ha removido algo dentro de mí que estaba cerrado a cal y canto. Me fui corriendo hasta la casa de acogida, ahora cerrada. Conté las camas que existen actualmente: cuarenta plazas. Miré la despensa vacía e hice un cálculo aproximado de qué costaría abrir de nuevo el lugar, acoger a todo el que pida auxilio y saltarme todas las normas anti-Covid, con sus consecuencias, y con el riesgo que ello conlleva para todos. La casa es habitable en verano pero no en invierno, aún no hemos conseguido la calefacción. Miré los espacios privados con posibilidad de calor y solo son tres, quizás para albergar cómodamente a unas seis personas en invierno. Puse en la balanza mi felicidad actual, mi paz, mi tranquilidad y mi bienestar en un lado, y en otro lado puse la desesperación del otro. Inevitablemente ganó la segunda.

Así que durante estos días voy a ver como puedo hacer, aunque sea de forma sigilosa, todo lo posible para volver a acoger al otro, abrir las puertas de este hermoso lugar y de paso también de mi corazón, y volver a retomar el amor en acción, la espiritualidad realmente válida de poder ofrecer al mundo algún tipo de paz y reposo, de esperanza y alivio, algún tipo de oportunidad e inspiración. Aún no sé como hacerlo, es algo complejo y difícil. Pero tengo que hacer algo, no puedo seguir regodeándome en este egoísmo e individualismo mientras haya gente sufriendo. No puedo seguir la senda de un mundo acabado. Debo esforzarme en construir una nueva, cueste lo que cueste. Un nuevo hogar, una nueva casa, una nueva esperanza renovada. Hay mucha gente que vive cómodamente vidas plácidas y tranquilas. Pero hay mucha otra que aún requiere cuidado y atención. Cumplamos con nuestra parte, sea la que sea…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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Emigrantes, ¡¡no vengáis a Europa!!

Emigrantes, ¡¡no vengáis a Europa!!

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Echando una mano en los campos de refugiados de la isla de Chios, hace unos años

Cuando estuve en las islas griegas echando una mano con los emigrantes sirios y de otros países que se jugaban la vida para llegar al sueño europeo se me rompía el corazón una y otra vez. Sentí una gran vergüenza allí en el Egeo. Soy hijo de emigrantes y conozco un poco la realidad embustera de intentar buscar una vida mejor en un lugar mejor. Yo mismo con el tiempo me he convertido en un migrante de ida y vuelta, de aquí para allá, intentando acomodar mis inquietudes en aquellos lugares que generosamente me acogían. La hambruna y la guerra obligan al desplazamiento de miles de personas todos los años, lo mío es puro capricho.

Según los datos de Acnur, solo el año pasado casi ochenta millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares y se convirtieron en refugiados en lugares extraños y lejanos. Son datos escalofriantes si tenemos en cuenta que muchos países aún viven en guerras cronificadas (más de 25 conflictos en la actualidad entre los que destacan Yemen, Irak, Siria, Sudán del Sur, Somalia, Afganistán…) y otros muchos aún están padeciendo hambruna (Líbano, Congo, Sudán, Etiopía…) Según los datos de Acnur, un 1% de la población mundial está desplazada. Nuestro propio país ha vivido diversas oleadas de emigración, especialmente en la Guerra Civil española y en la postguerra, primero a América y luego a países europeos. Huir de la guerra, la persecución o el hambre es algo que reclama soluciones radicales en este mundo cada vez más globalizado. ¿Cómo es posible que aún ocurran estas cosas? Aquí las Naciones Unidas es responsable directo de este gran fracaso. Y por supuesto, los países desarrollados que no hacen nada para paliar estas situaciones.

Una buena amiga que colabora con una organización que ayuda en todo lo que puede al tránsito de estas personas hacia lugares seguros, me pidió que compartiera una campaña de financiación para ayudar a crear una App que pueda organizar la ayuda y de esta manera ser más eficaz con la misma. Los datos para dicho apoyo están en este enlace:
https://startsomegood.com/refaidfronterasur

Mientras leía las noticias que llegan desde el Rif y la frontera entre Marruecos y España, entre África y Europa, la llamada Frontera Sur, me daba cuenta de la complejidad y el anhelo que allí se respira. Primero, la complejidad de no juzgar los motivos directos por los que cada una de esas personas arriesgan su vida para alcanzar un mundo mejor. Luego, la complejidad de ayudar a los valientes que lo intentan. Y también la complejidad de analizar las causas primeras que hacen que muchos de ellos busquen una vida más próspera. Sin análisis previo, y visceralmente me sale de las entrañas gritar eso de ¡no vengáis a Europa! Pero no como un grito racista o xenófobo, sino como una advertencia desesperada.

La advertencia pasa un poco por mi propia experiencia. No vengáis a Europa porque es verdad que nunca os faltará comida y cierta conquista de derechos fundamentales, pero a cambio de vivir hacinados en campos de refugiados, o en pisos tutelados, o quizás, si tenéis algo de suerte y podéis emanciparos recogiendo fruta de un lado para otro, viviréis bajo un puente, en pobres alamedas o tirados en la calle. Pero aún si sois de los que tienen suerte, progresaréis, y pronto podréis comprar vuestro móvil último modelo, y viviréis en unos pisos de unos treinta o cuarenta metros cuadrados, normalmente hacinados toda la familia. Y quizás encontréis un empleo y luego podáis comprar un piso algo más grande, e incluso un coche. Y así, durante muchos años, con mucho esfuerzo, habréis progresado económicamente y podréis ir a visitar a vuestras familias y llevarles regalos y algo de dinero.

Aún así, interiormente me sigue saliendo el grito… ¡¡¡no vengáis a Europa!!! Porque todo eso es una mentira, un engaño, una profunda esclavitud encubierta. Quedaros en vuestras montañas, en vuestros valles, en vuestros desiertos… Allí quizás no tengáis móviles de última generación ni coches ni pisos de cuarenta metros, pero sí tendréis algo que nosotros jamás conseguiremos: libertad.

Los emigrantes y los hijos de emigrantes siempre seremos unos apátridas, unos sin tierra, unos extraños para el otro, unos desplazados y unos desterrados. Incluso para aquellos lugares que alguna vez fueron los hogares de nuestros padres y abuelos. Esa sensación a veces resulta insoportable. Es cierto que es emancipadora, pero al mismo tiempo, es una losa que siempre se arrastra. Ojalá algún día los desplazados y emigrantes lo hagan por propia voluntad, por propia elección, y no huyendo de guerras, hambrunas o injusticias. Ojalá algún día no existan fronteras. Ojalá algún día encontremos la manera de no matarnos los unos a los otros. Ojalá…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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Últimas horas… casi lo logramos…

Últimas horas… casi lo logramos…

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Estimados amigos,

ante todo, queremos daros las gracias a esas más de sesenta personas que han puesto parte de su vida en esta campaña que hoy termina. Aún faltan doce horas y tan solo nos quedan trescientos euros para poder alcanzar el objetivo. Tenemos confianza en que lo lograremos porque cada segundo, cada minuto sirve como punto de fe y esperanza. Así hemos levantado este proyecto, a cada paso, a casa minuto de fortaleza y seguridad interior. Por eso, en un día tan señalado como hoy, nos sentimos seguros de que el amor está renaciendo de nuevo en la tierra y de que, el mundo futuro será siempre mejor y más bondadoso. No tenemos duda de que así será porque cada vez hay más personas trabajando en ello. Los gestos de estos días lo confirman. Gente que no tenía nada y lo ha dado todo para apoyarnos. Gente que sin conocernos confía en nuestra prueba de fe.

Esperamos que toda la familia esté hoy reunida, ya sea en la tradicional comida de Navidad o ya sea más allá del lazo místico, allí donde las almas se reúnen en el banquete de la vida, siempre abundante y generoso. Que sean esas nuestras banderas, la paz, la generosidad, el amor, la comprensión. Que todos tengamos capacidad de reconciliarnos con aquello que nos dañó y con aquello que nos llevó hasta el sufrimiento. Que todos tengamos el corazón abierto a la vida para que el mundo amoroso se encarne en cada experiencia, en cada paso, en cada despertar. Amemos. Esa debería ser siempre nuestra labor en la tierra, nuestra verdadera misión.

Feliz Navidad, felices fiestas, y gracias de corazón a todos por vuestros regalos, guiños y gestos. Surgirá un nuevo mundo levantado por la fuerza del amor… A eso nos debemos… Siempre…

Gracias por vuestro apoyo en estas últimas horas:

https://www.goteo.org/project/o-couso-una-luz-en-el-camino

 

O Couso, una luz en el camino…


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Ante todo, queremos dar las gracias a las treinta personas que ya nos han apoyado en esta campaña de quinto aniversario. Ya hemos superado la barrera psicológica de los primeros mil euros y ahora el siguiente objetivo es poder alcanzar el mínimo presupuestado. La financiación es siempre una importante cuestión que preocupa a las organizaciones e instituciones cuyas actividades son sin ánimo de lucro. En nuestro caso, el reto es doble, porque entendemos los recursos desde una perspectiva compleja (la generosidad voluntaria de todos los que participamos en el proyecto como voluntarios y amigos), con unos valores difíciles de entender (el apoyo mutuo y la cooperación) y una economía adelantada a nuestro tiempo (la economía del don).

En estos cinco años podemos estar satisfechos porque hemos podido invertir sumas de dinero desde esta visión para poder convertir una ruina en un hogar que sirva de calor e inspiración. Aún no hemos terminado y nos queda un largo recorrido, pero pensamos que el esfuerzo merece la pena. Por eso queremos dar las gracias a las treinta personas que nos han ayudado hasta ahora y esperamos multiplicar esos amigos en los próximos veinte días.

No dudéis en animaros. El proyecto sigue adelante, todos los días seguimos acogiendo a personas que vienen a visitarlo y experimentarlo. Este próximo año queremos ir un poco más lejos y deseamos afianzar los primeros pilares de la Escuela Internacional de Dones y Talentos. También queremos empezar a abrir el lugar para que colegios e institutos puedan venir a conocernos y comprobar que se puede vivir desde valores solidarios, que se pueden hacer cosas entre todos y cofinanciar proyectos que buscan el bien común, como lo hace el nuestro día a día, con una mínima aportación. Gracias de corazón por el apoyo y vayamos sembrando utopías entre todos.

Puedes apoyar esta iniciativa aquí:

https://www.goteo.org/project/o-couso-una-luz-en-el-camino

 

Gracias de corazón


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Es difícil expresar con palabras esos sentimientos de agradecimiento que se apoderan de nosotros tras la cena de la que pudimos disfrutar el pasado viernes en Madrid. No sólo por la generosidad expresada por aquellas sesenta personas que estuvieron con nosotros cuando al principio pensábamos, con claro optimismo, que no seríamos más de veinte o treinta amigos. También por aquellas que sin estar quisieron desde lo más lejos apoyar el evento aportando su granito de arena y echando una mano en todo lo que han podido. Un especial reconocimiento al impulsor de la iniciativa, nuestro querido Manuel Jesús, y a la ayuda incondicional de Ana y Laura las cuales han estado dándolo todo para que el evento saliera bien.

La cena fue especialmente hermosa en un espacio que enseguida se nos hizo pequeño pero también cálido. Casi no nos dio tiempo a nada pues a medida que ibas saludando a unos y otros el tiempo pasaba deprisa. Eran pocos los abrazos sentidos en comparación con la anchura de nuestros corazones y almas. Teníamos ganas de estar con todos, de dedicar todo el tiempo del mundo para envolver a unos y otros. Llegamos a la conclusión de que eso sería muy difícil en tan poco espacio de tiempo, así que nos animamos a compartir más momentos como este en nuevos eventos, nuevos espacios, nuevos tiempos. Así que nos abrimos a acoger nuevas propuestas que nos pongan en contacto más directo con esa otra comunidad que nos protege desde la distancia, que se hace una cuando nos vemos y nos reunimos incluso en lugares tan lejanos. Personas que ni siquiera han pisado O Couso pero que lo sienten muy dentro. Seres con ganas de seguir apostando por un cambio de paradigma posible, realizable, configurado en el cariño y la amistad.

Llegaron amigos desde muchas partes de España y algunos recién llegados de lugares tan lejanos como Inglaterra o las islas Canarias o Argentina. Vimos que éramos todos muy distintos. El entrañable Luis el Polaco estaba feliz porque descubrió de repente que todos los que van a Couso no son precisamente hippies, sino que también hay empresarios, profesores, médicos, ingenieros, periodistas, anónimos o famosos, ricos y pobres, de izquierdas y de derechas, creyentes y no creyentes. De alguna forma, conseguimos unir en un solo círculo una diversidad plagada de entrega y amor.

Esa es una de las grandezas de O Couso. La casa de acogida, que esperamos que este año sea aún más cómoda que el anterior, está abierta a todo tipo de alma peregrina que desee pasar con nosotros un instante, o toda una vida. Bienvenidos peregrinos, bienvenidas almas buenas. Sigamos reencontrándonos en nuevos encuentros. Alguien ya dijo de llamarlos “encuentros peregrinos”. Su doble significado quizás merezca nuestra atención.

Gracias de corazón por todo, gracias de corazón por creer en un mundo mejor, y hacerlo posible.

Pd. Si queréis organizar algún evento solidario para apoyar el proyecto por favor ponte en contacto con nosotros en info@dharana.org   Será un placer poder viajar a cualquier parte para compartir.

(Texto extraído de http://www.proyectocouso.org)

 

Mesa cero, cena de O Couso


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Estimadas amigas, estimados amigos,

Queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento por la acogida que nos vamos a dar todos en la cena a favor del Proyecto O Couso. A unos días del evento hemos cubierto casi totalmente el aforo de setenta personas que nos vamos a juntar para celebrar todas las cosas buenas que hemos vivido juntos.

Por desgracia tenemos que cerrar hoy las plazas de inscripción pero tomamos buena nota para próximos años, si todo marcha bien y se repite, para intentar buscar un lugar con mayor aforo y así dar cabida a todos.

Para todos los que no podáis venir y queráis colaborar con el proyecto, podéis hacerlo en la “mesa cero” a la siguiente cuenta de la fundación:

FUNDACIÓN DHARANA. BANCO ÉTICO TRIODOS BANK:

ES54 1491 0001 2121 2237 2325

El viernes nos vemos y disfrutamos de la compañía y el reencuentro. A los demás, os esperamos aquí en O Couso o en cualquier otra parte del mundo… ¿os animáis a organizar más cenas, encuentros o eventos solidarios para darle un empujón al proyecto O Couso? Desde aquí estaremos encantados y lo recibiremos con alegría.

Gracias, gracias, gracias…

(Texto extraído de la web: www.proyectocouso.org)

Homenaje a los voluntarios


Aquí compartimos un pequeño recuerdo de nuestro voluntariado en la isla de Chios, Grecia. Esto es solo una pequeña muestra de lo que muchos voluntarios están haciendo por acompañar a personas que lo han perdido todo en la guerra. Sirva como homenaje a todos los voluntarios anónimos que trabajan día y noche por un mundo mejor.

Fue una experiencia dura el saber que muchos de ellos nunca llegan a tierra, son engullidos por el mar o desaparecen entre campos y bosques. Nunca sabremos las cifras exactas de todos aquellos que murieron sin tener ni tan siquiera la esperanza de un mañana mejor. Tampoco de los que terminaron bajo los escombros de la guerra, destripados entre sangre y alaridos.

Personas que lo han perdido todo solo se merecen nuestra atención y cuidado. No podemos responsabilizarlos a ellos de algo que supera cualquier dolor. Solo podemos ayudarles en su tránsito, en su esperanza, en su acogida con paciente servicio y amor.

No se merecen nuestra arrogancia, nuestro desprecio o nuestra ignorancia. Ni siquiera se merecen ningún tipo de exigencia. Cuando lo pierdes todo estás abatido, derrumbado, sin fuerzas anímicas para nada. Sólo deseas estar acompañado, protegido, querido, cuidado. Cuando lo pierdes todo no tienes capacidad de reacción. Sólo de huida hacia ese futuro que todos soñamos como esperanzador.

Estas gentes solo piden eso, algo de calor y apoyo hasta que algún día puedan recuperar sus tierras, sus casas, su identidad, su país, sus familias, su propia dignidad. Hasta que algún día puedan reconstruir en paz toda su existencia y alcanzar eso que vagamente llamamos felicidad.

Mi mayor reconocimiento hacia todos esos cientos de voluntarios que dan su tiempo y recursos para apoyar a esta gente.

Mi mayor desprecio hacia los culpables de esta desgracia humana. Y no me refiero a cada uno de nosotros que vivimos una vida plácida y cómoda en la seguridad de nuestros mundos. Hablo de aquellos que fabrican armas, de aquellos que lo permiten, de aquellos que las venden y de aquellos que legislan para que esto sea posible y lleguen a manos de terceros sin escrúpulos. Mi mayor repudia a los que consienten todo esto y lo permiten desde una doble moral despreciable.

El lado oscuro del corazón


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Ayer mientras volvíamos por las arqueadas carreteras de Galicia sentíamos interiormente cierto alivio. De alguna forma habíamos sobrevivido, física y psicológicamente, a la experiencia de estar en un campo de refugiados. Escuchábamos en silencio contemplativo algunos fragmentos de la película “El lado oscuro del corazón” mientras fijábamos la mirada en un infinito que se perdía entre el verde intenso de la naturaleza y los recuerdos amontonados de esas caras desvalidas y sin futuro. Estábamos cansados tras unos días de travesía en barco y aviones. Cerrábamos los ojos y aún sentíamos el zumbido de la marea. Apagábamos la luz y creíamos ver otra barca cargada de refugiados allá a lo lejos.

Recordaba como intentábamos refugiarnos del dolor en la broma o el chiste fácil, en la crítica filibustera sobre todo lo que veíamos, en la queja, la lágrima o el sopor. El últimos día, ya casi de noche, nos fuimos a las orillas del mar Egeo y nos dimos un baño con la mar brava y un frío inusual. Fue nuestra pequeña terapia de choque, nuestro alivio balsámico ante el dolor. Nuestro bautismo hacia un nuevo estadio del ser.

Nos dimos cuenta de que cada uno había vivido la experiencia a su antojo, dependiendo a su vez de nuestra particular experiencia vital. Los que habíamos tenido una infancia dura sentíamos mucha rabia acumulada. Los que habíamos tenido una infancia dulce veíamos todo aquello como parte de un juego de roles donde cada uno interpreta con ligereza su papel asignado. El policía haciendo de policía, el militar de militar, el voluntario de voluntario y el refugiado de víctima de toda la obra dramática. Una obra de teatro que se tejía bajo el manto del sufrimiento humano. Una obra cuya banda sonora era interpretada por los acordes de la sinrazón.

Los egos estaban ahí, algunos cargados de ira, otros cargados de tristeza y otros de debilidad ante la impotencia de cuanto veíamos. Muy pocos, y en pocas ocasiones, teníamos tiempo de sentir algo de compasión. Estábamos tan distraídos por nuestra propia supervivencia psicológica ante la magnitud de lo que presenciábamos que perdimos en muchas ocasiones la disciplina de la entereza, de la entrega, del verdadero objetivo del viaje. Personalmente se me hacía difícil robar sonrisas. Un día me levanté tan abatido que pedí apearme, sentarme en un segundo plano, volver al chiste fácil de meterme con los vascos o refugiarme en los abrazos del ser amado mientras intentaba mirar a otro lado. Admito que la cobardía y el temor se apoderaron de mi alma y sentí la necesidad de refugiarme. De alguna forma sentía hambre por ser otro refugiado buscando el abrigo y la comprensión de un mundo que se empeña en rechazarlos, arrinconarlos, olvidarlos a su suerte. Me creía deportado como ellos. Un damnificado sin hogar, sin tierra, sin familia, sin dinero, sin futuro.

Resulta curioso decir estas cosas recién llegado a un lugar seguro, cálido y amable. Sentado en un cómodo sillón, con un exquisito pijama y unas vistas impresionantes a estas montañas y bosques celtas me veo con la necesidad de autocurarme, de hacerme un profundo examen de consciencia para deglutir toda la miseria interior que nos rodea, toda la oscuridad de la que estoy hecho. Tardaré semanas, quizás meses en retomar el hilo de aquel halo de luz que durante meses me guiaba. Tardaré años en difuminar en la memoria los rostros de los refugiados, viendo en ellos todo lo que nos hace oscuros y todo lo que nos empuja a la cobardía más absoluta.

A pesar de todo, dentro de mí bombea con fuerza una poderosa llama de esperanza. No es algo que pueda entender aún, pero sí es algo a lo que me agarraré con fuerza en los próximos días, meses y años. Sólo puedo hacer eso para poder continuar serenamente en esta vida compleja. Más allá de la cobardía de estos días, del temor a que esto que hemos vivido en primera persona ocurra alguna vez entre los nuestros. Más allá incluso de la debilidad de sacar en los momentos difíciles nuestro lado oscuro, prefiero pensar que un germen de amor y compasión se ha sembrado dentro de nosotros. Prefiero pensar que a partir de ahora nos esforzaremos en ser mejores personas, en no mirar tanto nuestro pequeño ombligo y así poder erguirnos para ayudar al otro de verdad, de corazón, sin miedo.

One line


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Estábamos haciendo fotos a la barcaza que desembarcó a los últimos refugiados cuando dos militares nos increparon diciendo que estábamos realizando una acción ilegal. Esa palabra, ilegal, se revolvió dentro de mi con un olor térreo junto con una sensación que provenía de un estadio antediluviano.

Hacer una foto no me pareció un acto ilegal. Si me pareció ilegal el considerar ilegales a personas que huyen de una guerra. O hacinarlos como ganado en un suelo duro sin futuro ni esperanza. Me pareció ilegal los pliegues de horror en algunos rostros, las figuras con miradas perdidas que observaban atentos el oleaje en los muelles esperando falsamente un barco que les lleve a otra tierra. Ilegal me parecía la supremacía egoica de aquellos que dábamos globos, caramelos o comida intentando ordenar la desesperación de los que lo han perdido todo en &one line&, esa maldita expresión que nos empodera como seres altamente civilizados mientras tratamos al otro como a un salvaje y primitivo, carente de alma o sentido existencial. One line no sólo era una expresión injusta y denigrante, sino también la expresión de un fracaso colectivo, de una amañada e improvisada tirita epidérmica ante una herida desesperadamente profunda. Un claro síntoma de nuestro fracaso como colectivo humano, como seres carentes de compasión. Sí, one line, cómoda, uniforme, desprovista de vida, carente de sensibilidad hacia aquellos que han perdido la linea y el hilo de sus vidas. One line para poder dar de forma ordenada un trozo escaso de comida mientras arrebatamos al mismo tiempo lo que aún les queda de dignidad. One line para recordarles lo que son para nosotros, refugiados que huyen, números que escapan de las estadísticas de la legalidad, un futuro problema que ya estamos sembrando en esa perversa one line.

Ilegales me parecian esos militares con sus armas de asalto y sus buques de destrucción masiva que todos pagamos con el sudor de nuestros impuestos. O las banderas que ondeaban orgullosas en buques de guerra o incluso en la cocina solidaria, como si los mismos que intentan ayudar en la tragedia humana olvidaran que ésta nace precisamente de toda la arquitectura racial y cultural que dichas banderas encierran. Fronteras, banderas, naciones, eso sí me parece altamente ilegal.

Ilegales también me parecían esos barracones insolubles donde no existía nada de todo aquello que a los civilizados nos piden para que una vivienda sea legal. Ni luz, ni agua, ni paredes consistentes, ni nada que tenga que ver con un mínimo de dignidad para vivir. Tampoco me parecía legal que de repente te metieran en un barco sin saber si te van a extraditar de nuevo a tu país en guerra, a una isla aún más lejana o a saber qué otro lugar. Porque si ilegal es hacer una foto, aún lo es más no tener papeles, ni nada parecido que pueda identificarte como a un ser humano legal.

Los expertos en legalidad deberían empezar a preguntarse sobre las causas de esta desesperante desgracia humana. Me refiero a si es legal que existan fábricas que fabrican armas. Si es legal a su vez que esas armas sean vendidas por países legales y civilizados a países en guerra. Si es legal que esos mismos países que facilitan la guerra luego se desentiendan de los problemas causados a golpe de talón, olvidando que en su estúpida one line hay cientos de tragedías esperando un futuro, una esperanza.

De todo cuanto hemos vivido, solo he visto un verdadero acto legal. Un día antes de abandonar la isla, nos volvimos a reencontrar con los refugiados que aquella madrugada pudimos atender. Nos vieron de nuevo en la one line mientras aguardaban turno entre empujones y ansiedad para recoger un trozo de pan y nos saludaron efusivamente, alegres y felices por el reencuentro. La mujer de profundos ojos azules que un día antes lloraba desesperada nos abrazó con su mirada de agradecimiento y cariño. Sí, eso y los abrazos generosos de los niños era lo único legal de toda esta terrible situación. Me quedo con esa última mirada que se clavó en un alma destrozada por no comprender del todo la magnitud de tanta tragedia. Una mirada que parecía pedir perdón por ser ilegal en este absurdo mundo. Una mirada dulce que a modo de guiño suspiraba un halo de dignidad futura.

Vergüenza en el Egeo


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Welcome to Europe?

Sobre las tres de la madrugada sonaba el despertador. Hoy nos tocaba turno de vigilancia nocturna en el puerto de Chios. Horas antes habíamos preparado el coche con enseres diversos y alimentos en el &ware house&, el centro de operaciones de los voluntarios de la isla. Cuando los refugiados desembarcan en la costa, o a veces a unos metros de la orilla, suelen llegar empapados. El ware house es como un gran almacén de ropa y cosas útiles que pueden servir en un primer auxilio. Desde el centro de voluntarios nos dieron instrucciones precisas de que hacer si lcurría algo. Desde que se puso en marcha el acuerdo con Turquía, país que divisamos muy cerca de aquí todos los días, los desembarcos habían menguado considerablemente. Hacía una semana que no llegaba ninguna patera y nada hacía presagiar que justo en nuestro turno fuera a pasar nada.

Cuando estábamos de madrugada en el puerto sentimos cierto desprecio y trato vegatorio de las autoridades hacia nosotros, meros voluntarios que solo pretenden echar una mano. A eso de las seis de la mañana, apuntando el alba, y para nuestro asombro y sorpresa, llegó una patera con unas veinticinco personas a bordo. Había en ella unas tres familias con siete niños y un bebé de algunos meses. Una mujer de produndos ojos azules, embarazada y asustada, como casi el resto, se escondía de nosotros cuando le acercábamos alguna manta o algo para comer. La autoridad pertinente nos pidió que lleváramos a los refugiados a un lugar lúgubre y sucio, alejado de las vistas de los turistas que desembarcan en lujosos cruceros. Una vez allí quedaron abandonados a la suerte de los voluntarios.

Llegó el servicio médico que unos voluntarios españoles tienen en la isla e hicieron una primera revisión para comprobar que todos estuvieran bien. Los que tenían la ropa mojada eran cambiados allí mismo, tras unas barracas de madera. Nosotros hacíamos lo que podíamos. Ellos intentaban felices mostrarnos direcciones de parientes o amigos que tienen en Alemania, pensando que al estar en Europa habían llegado al paraíso. Nosotros empezamos a mirarnos comprendiendo que la verdadera tragedia empezaba ahora. Estos refugiados eran personas normales, de clase media, seguramente con una vida acomodada antes de la guerra. Llevaban móviles y habian tenido dinero para pagar la patera que les traería a Europa.

Pero jamás imaginarian que el recibimiento europeo consiste en una manta, alguna magdalena y un zumo en un lugar maloliente y apartado. Aún así lo peor no había llegado. Cuando decidieron a qué campo les tocaba ir, les acompañamos andando hasta el mismo. Ante el acinamiento de los mismos, se les recibió en la entrada del campo de Souda, un trozo de tierra abandonada junto a la muralla de la ciudad. Allí el Acnur había instalado algunas carpas y tiendas que gestionaban voluntarios de organizaciones como Samaritan Purse, los cuales se encargan de etiquetar a los refugiados con pulseras de colores y a darles una manta para refugiarse del frío. Todos los voluntarios se quejan de que los gobiernos o las grandes organizaciones como el Acnur están desaparecidos, quedando en manos de los voluntarios de pequeñas Ongs la suerte de los miles de refugiados.

Uno de los peores momentos que hemos vivido en estos días de locura e impotencia ha sido cuando hemos acompañado a los recien llegados a su nuevo hogar, una gran carpa maloliente donde tendrían que compartir suelo con decenas de personas. De repente, indignados por la visión, por la Europa prometida, arrancaron a llorar y sacaros sus cosas buscando algún espacio libre en el suelo, a la intemperie, entre los demás barracones. Nosotros mismos terminamos rotos por la escena y les acompañamos en un llanto cargado de rabia, dolor e impotencia. En ese instante nos dimos cuenta de que terminaba el sueño y empezaba una nueva pesadilla para ellos. La mujer embarazada de profundos ojos azules lloraba desconsolada suplicando por volver a Turquía. Nosotros, avergonzados, queríamos morir por dentro.

Nunca pensé que fuera tan fácil tratar al ser humano como a cosas o como a ganado. Nunca pensé que la dignidad humana, lo único que nos queda cuando lo perdemos todo, pudiera ser arrancada de las oquedades del ser de forma tan miserable. Me pregunto en qué se gastan los miles de millones de euros las autoridades que tan vejatoriamente tratan a los  voluntarios y refugiados para que veinticinco personas no tuvieran ni una simple tienda de campaña donde refugiarse esta noche. Supongo que en la docena de buques de guerra que estos meses patrullan las costas de esta minúscula isla del Egeo para impedir la llegada de más refugiados. Supongo que en los once mil millones de euros que ha costado el tratado de Turquía. O en los chalets y coches que un Acnur ausente, excepto en su propaganda de plástico, se gasta estúpidamente.

Hoy hemos sentido una gran impotencia, pero sobre todo, hoy nos hemos avergonzado profundamente de ser europeos. Mañana veremos a estas familias de recién llegados en las interminables colas de comida. Les daremos un huevo y un trozo de patata y ahora sabemos que no podremos mirarles a los ojos. Seremos nosotros los que busquemos desconsolados refugio en sus almas.

Cuando el alma se desborda


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La personalidad, el ego, realmente no ve nada. Finge que todo está bien, que la vida es así y que no existe más tragedia que la de soportar el peso de la propia existencia. Nos levantamos, desayunamos de forma mecánica, preparamos la comida para miles de refugiados, soportamos la tensión a la hora de reparirla y luego el día transcurre con mayor o menor gloria. Pero más allá de esa vida mecánica cuya venda desea ignorar la magnitud de lo que nos rodea hay algo que interiormente nos remueve. Algo que no nos atrevemos a desvelar por temor a quebrarnos en cualquier momento.

En estos días habremos cruzado la mirada con más de dos mil refugiados de los cerca de cincuenta mil cuyo destino a día de hoy sigue siendo incierto. Grecia vive una de sus peores crisis al mismo tiempo que en frías oficinas y despachos institucionales de instancias europeas se decide el futuro de tantas almas. En esas oficinas no se huele la tensión de las filas de comida, ni se respira la violencia que algunas tardes deambula a sus anchas entre los refugiados de uno u otro país. Nadie quiere afrontar la responsabilidad humana de lo que aquí ocurre. Nadie quiere aprovechar este momento crucial para poner a prueba soluciones globales.

Por dentro me siento roto. Hoy he anunciado que mañana no saldré con la máscara de payaso para robar sonrisas. No me veo con fuerzas ni me siento preparado para tamaña responsabilidad. Tengo el alma rota. Me siento completamente desbordado. Como si toda esa marea de gente que acude todos los días a la cola de la comida hubieran entrado en mí con toda su tragedia humana.

Hemos venido hasta aquí en silencio. No hemos pedido nada a nadie. Nos hemos pagado el  pasaje y la estancia a pesar de que hay ONGs que te lo pagan todo. No queríamos molestar ni quitar ningún tipo de recursos a los que más lo necesitan. Y aún así, sentimos que nunca es suficiente.  Sentimos que queda mucho aún para que algún día desaparezcan las guerras y los campos de refugiados. Mientras eso llegue, seguiremos llorando como alma grupal. Mientras eso ocurre, esta noche nos toca hacer guardia en las costas para ayudar a las familias que escapan de la guerra y esperan aquí un mundo mejor. Los que están en el otro lado no saben que aquí, en esta pequeña isla del Egeo, se está librando otra batalla.

La tristeza oculta


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Hoy ha sido un día extremadamente duro para todos. Empezamos la mañana con la noticia de que toda la gran olla de lentejas que sobraron ayer se estropearon por falta de frío. Por una norma de racionamiento que no entendemos cada plato de comida no pesa más de doscientos gramos. Esto es una cantidad muy ridícula, algo así como una tapa de esas que te ponen en cualquier bar cuando tomas algo para beber. Por la noche la cena se reduce a un vaso de sopa que unos simpáticos coreanos se encargan de hacer bajo el lema vegano. Ante la escasez existen momentos de gran tensión a la hora de repartir y entregar la bandeja de alumio, el tenedor de plástico y un pequeño y siempre ridículo trozo de pan. Tensión, peleas y picaresca ocurren cuando compruebas que casi siempre el continente vale más que el contenido.

A veces tenemos la vaga impresión de que todos los recursos que se movilizan para aparentemente ayudar a los refugiados solo sirven para hacernos la foto de turno y lavar nuestras consciencias. Otras veces, sin embargo, nos preguntamos qué sería de ellos si no fuera por la labor desinteresada de los mismos. Resulta muy difícil y agotador encontrar un punto de equilibrio ante tanto extremo.

Tras repartir la comida y comer nosotros algo intentamos acceder vestidos de payasos al campo de refugiados del Vial, un lugar aterrador donde no dejan entrar a nadie. En la puerta rodeada de alambres y vallas tuvimos la suerte de topar con tres policias que al vernos, atónitos por la sorpresa, decidieron dejarnos pasar. Conseguimos reunir, para nuestro asombro por haber traspasado con éxito la primera línea fronteriza, a un nutrido grupo de niños que de forma extrañamente educada se sentó a nuestro alrededor mientras inflábamos la bola del mundo que llevábamos. En ese instante y a los pocos minutos de estar allí dentro apareció una segunda patrulla de policia que de muy malas formas nos echó del recinto. Marian, quebrada por dentro suplicó que nos dejaran repartir al menos unos caramelos. Todo fue inútil. El caos se apoderó de ese momento y la tensión venció la batalla.

Más tarde ocurrieron más cosas que por desagradables es mejor omitir. Terminamos el día llorando ante la impotencia y la rabia de todo cuanto estábamos experimentando. Sentimos cierta derrota, cierta sensación de fracaso colectivo, como si dentro de nosotros sintiéramos inconscientemente que algo no está  bien entre el género humano.

Cuando miramos a cada uno de esos niños, cuando abrazamos sus cuerpecitos inocentes se nos rompe el alma por dentro. Cada uno de ellos vive un drama inconfesable que esconden tras su mirada y sonrisa. Cada uno de ellos presagia un futuro totalmente incierto. Nosotros, impotentes ante la magnitud de la tragedia que contemplamos, nos quebramos por dentro en un dolor y tristeza inconfesable.

Campo de refugiados el vial


 

Toula regenta el Sunrooms, un lugar limpio y acogedor cerca de la playa donde hemos tenido la suerte de parar. Toula es una de esas personas que veían como todos los días llegaban refugiados desvalidos y asustados, una de esas griegas solidarias que no podía quedarse quieta ante la tragedia y decidió actuar. Junto a varios vecinos se organizaron y montaron una ONG local que hace todo lo que puede para dar algo a aquellos que llegan sin nada. A los voluntarios nos cobra un precio especial por disfrutar de su casa y poder descansar en lo que antes debió ser un refugio de turistas hambrientos de sol y playa. Toula es la expresión máxima de todo lo que se puede hacer desde la sociedad civil para ayudar al otro.

Esto contrasta con las grandes organizaciones las cuales parecen, aparentemente, estar ausentes de esta batalla. Se habla mucho de tratados y acuerdos y de grandes cifras, pero aquí, a pie de calle, las únicas grandezas políticas, y de paso, los recursos de todos los ciudadanos consisten en una vigilancia costera y fronteriza con buques de guerra que supuestamente interceptan a los refugiados que intentan dar el salto desde Turquía.  Lo que ocurre luego con ellos sigue siendo una incógnita para nosotros.

Los que consiguen llegar terminan en el campo de refugiados Vial, un lugar donde son considerados como presos durante los primeros veinticinco días de estancia. Luego, dependiendo de su procedencia, tendrán un trato u otro. Al menos eso es lo que nos cuentan insistentemente aquellos que no tienen procedencia siria. Al parecer los sirios tienen un trato de favor diferente. Esta tarde nos acercábamos al Vial y algunos afganos nos hablaban de esto precisamente. Los afganos llevamos más de diez años de guerra y se nos consideran de inferior categoría, nos decían a modo de queja. También se quejaban de que desde el Vial no tenían acceso a buenos alimentos ni a ropa. Al estar el campo militarizado, la calidad de la comida era escasa, hasta el punto de que nos enseñaban fotos con bichos en los platos de comida. Es tan pésima las condiciones de vida en este lugar que cuatro refugiados se han cosido la boca para no comer y entrar en huelga de hambre.

Unos nigerianos nos pedían balones de fútbol. Lo único que podemos hacer aquí es dormir. Necesitamos hacer algo más. Nos decían. Lo cierto es que la política de los campos de refugiados, al menos la de este que hemos visitado y que está rodeado de verjas con alambres y que parece más una cárcel o un campo de concentración con sus barracones modernos pero no menos tenebrosos que aquellos de otros tiempos, es la de tener a sus miembros como presos políticos, y no como refugiados que necesitan ayuda de todo tipo.

Visto todo esto con un poco de distancia notamos cierto caos en todo. Por un lado los refugiados del campo del Vial se quejan de la comida y de que no tienen ropa. La ONG de Toula tiene un montón de ropa que no puede repartir porque no les dejan entrar. Hoy  nos hemos acercado a el Vial para intentar dar algo de comida sana y hemos vivido momentos de tensión con la policía. Al mismo tiempo existen decenas de ONGs haciendo lo que pueden pero todos de forma descoordinada, sin un mínimo de apoyo entre ellas para reducir gastos o para ser más eficientes. La única presencia que vemos de la Agencia para los Refugiados de la ONU son sus grandes carpas de plástico. Ninguna otra coordinación por su parte ni responsabilidad aparente en todo lo que aquí ocurre.

Cuando llegas a la casa de Toula tras cenar y ducharte sientes, ante el silencio de la noche, una gran sensación de impotencia. Ves que toda la ayuda que se da a los refugiados pilota sobre ciertas necesidades organizativas que para nada tienen en cuenta a las personas. Excepto aquellas ONGs que hacen todo lo posible por aportar algún tipo de valor emocional, notamos un gran vacío entre ellos y el mundo que les rodea.

Desde la isla de Chios. Vidas que cuentan


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Al cansancio acumulado de estos días se sumó una larga noche de travesía desde el puerto de Atenas hasta la isla de Chios, a pocos kilómetros de las costas de Turquía. Trece horas de navegar intenso y de nuevo sueño desvelado en el suelo del barco. Por suerte esta vez había moqueta y la dureza del suelo era amortiguada por la ficción de esa tela que cubría la proa de la gran embarcación. Sin duda, nada que ver esa dureza nuestra con la dureza de los sueños de los refugiados. Tierra o cemento cubierta por la fina piel de una delgada capa de tienda de acampada que debe soportar todas las inclemencias del tiempo y de la vida hacinada de los campamentos.

Tras pasar por la isla de Samos llegamos a las seis de la mañana a Chios, una isla desoladora en mitad de un Egeo que nada tiene que ver con las imágenes bucólicas de paraísos blancos y azulados. Los turistas de estas islas son afganos, sirios, iraquíes, paquistaníes, eritreos y un largo listado de países que nos costaría situar en el mapa por no tener constancia de sus guerras, genocidios o catástrofes humanas que los asolan. Tras desayunar algo en el puerto alquilamos un coche y nos dirigimos a nuestro seguro refugio. Desde allí nos condujeron hasta un campamento base donde voluntarios de muchos países organizaban las donaciones de ropa y comida para luego distribuirlas entre los cientos de refugiados que todos los días llegan hasta las costas europeas.

Tras ponernos al día de la situación nos dirigimos hacia la cocina de Zaporeak, la ONG de origen vasco que da de comer todos los días a miles de personas entre los campos de Souda y Depethe. Al campo del Vial, al que ellos llaman campo de concentración, no les permiten entrar. A ese campo solo se puede entrar o salir con permisos especiales y hasta hace poco nadie podía salir del mismo. Es como una cárcel para refugiados donde se hacinan almas cuya desgracia aún es mayor, pues, según nos cuentan, la comida que allí reciben hasta es de peor calidad que las que preparan los voluntarios de las ONGs que se han desplazado hasta aquí. Nos llamó la atención que incluso una de ellas es una ONG de Corea y se encargan de hacer la comida con la peculiaridad de que toda es vegana.

En la cocina de Zaporeak, ubicada en un antiguo museo reconvertido en provisional campo de batalla culinaria había un trajín de voluntarios que cortaban berza o zanahorias mientras que otros hervían en grandes ollas toneladas de arroz. Nos sorprendía lo difícil que resulta crear algo de consciencia cuando hay que cocinar para unas dos mil personas y que todo se haga de forma armónica y a tiempo. La labor de estos voluntarios está cargada de esperanza porque ellos mismos se preguntaban qué sería de esa gente si no estuvieran allí pequeñas ONGs como la suya que atienden las necesidades básicas. Una de las cosas que más piden, además de medios, son precisamente manos. Te sientes algo ínfimo ante la magnitud de la catástrofe humanitaria, pero al mismo tiempo, imprescindible para que todo el engranaje funcione. De repente se creaba una cadena humana que permitía que el alimento llegara puntual a las dos de la tarde y fuera distribuido entre todos aquellos errantes del destino.

Esa quizás es la parte más dura de todas. Ante la escasez y la necesidad el ser humano a veces se vuelve egoísta e insensible. Las colas o filas para repartir la comida de forma civilizada a veces se convierten en un polvorín a punto de estallar. La picaresca para repetir el plato de comida se reproduce constantemente. Nosotros hacíamos lo que podíamos para repartir con dignidad ese poco alimento que tocaba a cada uno. Intentábamos sin mucho éxito mirarle a los ojos, dedicar un instante a compartir algo de amor. Sólo fue posible con algunos, y quizás luego más tarde cuando tras comer jugábamos un poco con los niños o hablábamos con algunos adultos.

Hay mucho trabajo aquí y seguramente en los cientos de campos de refugiados esparcidos por todo el Mediterráneo. No quiero imaginar cuantas serán las manos que diariamente harán falta para que por lo menos a esta gente, a estas personas de carne y hueso no les falte de nada. Cuando estas aquí descubres que tras la tragedia hay detrás vidas que cuentan. Una tras otra se las puede mirar desde fríos televisores de plasma o venir hasta aquí para abrazarlas y acompañarlas en su trance. 

No se trata de venir para hacerte la foto de turno y ensalzar un ego doliente. Eso está bien porque de alguna forma puedes dar algún tipo de testimonio y animar a otros a que vengan. Más bien se trata, tras la foto, de soportar juntos la tragedia del otro. De acompañar el dolor humano, sin más.

Desde el Pireo, campo de refugiados de Atenas    


Volamos desde Madrid a Roma donde tuvimos una escala de suficientes horas como para poder ver algo de la ciudad. El mundo caótico de las urbes gigantes nos impactó. El ruido, la contaminación y la decadencia de una cultura, la consumista, que contrastaba con aquella que levantó una ciudad milenaria y cuyos restos aún nos siguen impactando. Roma sigue siendo la ciudad eterna a pesar de que es también un puro reflejo de la conquista del humano-máquina relegando la belleza de plazas y calles hermosas a un ensordecedor devenir. Hacía más de una década que no visitábamos esa hermosa ciudad, pero nos dimos cuenta de que esos diez años no habían provocado más que una triste imagen que en nosotros se revelaba artificial y alejada de la vida. Las ciudades siguen siendo reductos para coches y ruidos. El humano es tan solo un reducto que se aparca en apartamentos cada vez más pequeños y oscuros.

Pasamos la noche en el aeropuerto de Atenas. Encontramos un rincón donde poder tumbarnos en horizontal en el suelo hasta que a las cuatro de la mañana nos despertaron diciendo que allí no se podía dormir. Los cuatro nos miramos asombrados, interrogándonos sobre dónde entonces se podría dormir a esas horas en aquel lugar. Como no pegamos ojo en toda la noche, temprano cogimos el autobús que nos llevó directamente al puerto ateniense del Pireo, el último reducto de la vergüenza humana, pero al mismo tiempo, y paradójicamente, el último reducto de esperanza.

A pesar de que llevaban días desmantelando el campamento, aún quedaban unas dos mil personas durmiendo en tiendas de acampada en el duro suelo del puerto marítimo. La pobreza extrema de esa situación contrastaba con los cruceros de lujo que esperaban unos metros más adelante. “Lo están desmantelando porque es una mala imagen para el turismo”, nos decía uno de los voluntarios que desde hacía tres meses atendía durante catorce horas al día todos los días de la semana las necesidades de aquellas personas. No siempre hay comida para todos. El desayuno no es frecuente y muchas personas se quedan sin comida al mediodía. Las horas y los días pasan en una rutina cargada de incertidumbre. Pocas novedades en el campo. Alguna pelea, el incesante trajín de la policía, la visita de algunos payasos despistados, nosotros, que ocurrentes, parecíamos marcianos en un mundo extraño.

Nos desplazamos hasta el centro del campamento con nuestros bártulos y de repente empezaron a llegar niños de todas partes. Empezó el espectáculo, la risa, y rápidamente conectamos, más allá de la tragedia, con eso que nos hace únicos como humanos. La risa empezó a fluir, los abrazos empezaron a tener su efecto. A pesar del cansancio que arrastrábamos recogimos fuerza de aquellos niños que lo habían perdido todo: un país, una identidad, una seguridad de pertenecer a alguna parte, sus casas, sus recuerdos, su infancia y casi siempre a sus propias familias. Una generación rota por las guerras, por una más o por otra más de las tantas que año tras año se tejen en un mundo feroz e impasible.

En el campamento no había ninguna bandera europea, ni tampoco ningún tipo de cosa que pudiera desvelar la solidaridad institucional, excepto aquellos voluntarios que vienen de todas partes del mundo para echar una mano. De nuevo la sociedad civil que se solidariza con el otro, con situaciones dramáticas mientras que los políticos de turno limpian aquellos lugares no de la suciedad que se va acumulando, sino de aquellos humanos que sin nada, pueden estorbar a los turistas.

Tras esta primera toma de contacto con la tragedia decidimos continuar el viaje hacia la isla de Chios, muy cerca de las costas con Turquía, a ocho horas de viaje en barco por el mar Egeo. Allí de nuevo nos espera la tragedia, pero sobre todo, de nuevo la esperanza.

A instancias del bien, fe y esperanza


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“Vosotros ofrecéis un nido para los que están sin fuerza, sin amor, sin pensamientos positivos. Conseguimos recuperarnos y así después es posible volar otra vez con fuerza y un amor que no es de este mundo. Gracias”.

Esta es la nota de Anna que hoy nos hemos encontrado. En dos días le habían ofrecido tres puestos de trabajo diferentes. Cuando llegó abatida y sin fuerzas a nuestro hogar hace casi un mes parecía derrotada por la vida. Hoy le decía a una amiga: “gracias a estos días de sanación he comprendido la importancia de la fe y la esperanza”. Su testimonio ha sido suficiente para sentirnos orgullosos y satisfechos. Para ver la delicada línea roja que separa el salir victoriosos de una tragedia o el enfrascarse en la ruina de una vida entera.

Seguramente ahora en la calle hay muchas Anna que no tuvieron la suerte de toparse con la madre fortuna. Que en vez de una mano tendida están encontrando el desprecio o la desconsideración de una sociedad que no puede hacerse cargo de situaciones límite. Y posiblemente la mala fortuna obre en muchos seres la desesperación y la desesperanza.

La profunda y radical transformación que la bondad y el bien pueden obrar en la vida nos acerca cada vez más a la tarea que nos ha sido encomendada como seres, como humanos, como almas errantes de este cosmos infinito. No podemos renunciar a la ayuda mutua, no podemos renunciar al don de colaborar con el bien, a instancias de que esa, y no otra, es nuestra mayor honra. Hacer el bien, motivar la bondad, profundizar en la compasión y en el amor desinteresado no es más que la puerta a nuestra verdadera función humana.

Anna ya no está con nosotros. A estas horas, fuerte y sana estará llegando a su nuevo destino en Roma. Nos ha alegrado enormemente ser partícipes de esta hermosa transformación. La echamos de menos, es cierto, pero nos alegra que su destino se resolviera con fe y esperanza. La luz que arroja esa fuerza interior es capaz de hacernos volar lejos, muy lejos.

No dudéis en ayudar al desamparado tanto como vuestras fuerzas o lo permitan. Los astros se alinean cada día para que podamos entender esa profunda enseñanza de empoderar al otro con la gracia y el don de la generosidad.

(Ilustración: © Even Liu)

Buen trabajo Mandela


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Mandela se ha marchado. Nos enterábamos mientras en silencio planeábamos el asalto a la utopía desde la Sierra de Urbasa, en un privilegiado lugar donde rodeados de leña y silencio perfilábamos las bases de un proyecto de libertad y amor. Ese fue el anhelo de Mandela, ese fue su afán, crear las bases para una tierra libre y amorosa. Y ese es el afán de miles y miles de personas que entregan su vida a causas que tienen que ver con la persecución de esos anhelos morales y espirituales.

El ejemplo de Mandela nos recuerda la grandeza de aquellos que sacrifican su vida personal por mejorar la vida colectiva del conjunto. Décadas luchando, ahogado entre los barrotes de una sombría cárcel no sedaron las ganas de conmover al mundo con ese mensaje claro y rotundo, necesario para entender que todos los seres humanos somos iguales ante la visión del universo, ante la visión amorosa de ese sol que nos ama a todos por igual.

Somos nosotros, los humanos, los que ante nuestra limitada visión clasificamos, juzgamos y sometemos a prejucio todo aquello que nos separa o nos aleja los unos  a los otros. Mandela pronto comprendió que todos somos Uno, y que nada ni nadie nos puede separar los unos a los otros.

Su lucha y su constancia son un ejemplo para aquellos que como él están en la causa más allá del placebo diario, más allá del narcotizante y egoísta devenir de los que duermen en su plácida celda de oro. No muere Mandela, nace un mito. Así que gracias querido amigo, servidor de libertades. Gracias por tu ejemplo. Buen trabajo.

Sonrisas y lágrimas


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Estaba repasando las fotos que el amigo Koldo me enviaba para recopilar en un librito las hazañas de Kili-Kili y Kolo-Kolo por el mundo. Había algunas que me han conmovido viéndolas desde la distancia. Aquellas especialmente en las que teníamos que hacer reír a niños a los que les rondaba la muerte en lugares muchas veces inimaginables a nuestras cómodas mentalidades occidentales.

Las veía y recordaba todo ese dolor que existe más allá de nuestras cuatro paredes de seguridad. Todo el sufrimiento acumulado en tierras indómitas, donde una sequía o una epidemia puede arrasar a todo un pueblo. Aún a pesar de la pobreza extrema, a veces rozando la miseria y lo indignante, siempre podíamos sacar alguna sonrisa y siempre aquellos adorables y dulces niños eran capaces de estremecer nuestros corazones.

Hay escenas grabadas con firmeza pues me recuerdan lo afortunado que somos por hechos tan simples como el poder darnos una ducha, el poder abrir un grifo y que salga raudales de agua o el darle a un interruptor y disfrutar de la luz. Ni que hablar de la comida abundante, del vestido, del calzado y del techo. Sí, del techo, eso que nos parece tan normal y asumido y que muchos, muchos más de los que nos imaginamos, no pueden disfrutar.

Seguimos viviendo en un mundo miserable porque desde la egoísta prepotencia ignoramos todo lo que ocurre más allá de nuestro marco de seguridad. No somos capaces de ver desde la consciencia más delicada todo eso que aún está por hacer. La impotencia nos recorre inevitablemente, pero la dicha de poder ser un faro de luz aunque sea tan sólo por un mínimo instante nos da esperanza y nos alivia la carga del dolor que sentimos cuando vemos y tocamos plenamente toda esa intemperie de angustias.

Me sumiré en el silencio de la noche para recordar a esos niños, muchos de los cuales ya están en ese lugar que llaman cielo, esperando o trabajando para que desde aquí despertemos a la nueva consciencia. Los recuerdo y los abrazo como ellos hacían de forma tan intensa y alegre. Les susurraré en el idioma angélico palabras perdidas para que vuelvan a sonreír estén donde estén, hagan lo que hagan, y dejaré que ellos me susurran y me inspiren la urgencia de actuar.

 

Encarnando el Cielo en la Tierra


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Como todos los años, este Contigo Somos Más Paz ha sido especial y entrañable. No sólo por el reencuentro con almas bellas que año tras año se acercan a compartir abrazos sentidos y miradas cómplices. También por la oportunidad de poder presenciar en vivo y en directo el aura de seres puros y hermosos como Emilio Carrillo o Sister Jayanti, por citar los más conocidos que este año han compartido su tiempo, su entrega desinteresada, su amor y sabiduría entre nosotros.

Entre ellos estaban también aquellos que trabajan en silencio, como ese hermoso ser que se ha acercado para saludarnos, diciendo que llevaba años leyendo el blog y que un día decidió dejar su trabajo y marcharse de voluntaria a la India y Marruecos. Su historia nos ha conmovido y su entrega y amor nos ha emocionado.  Vemos con su ejemplo que hay personas que se entregan, que abandonan  sus espacios de seguridad para lanzarse a la aventura de la vida, una vida que demanda transformación urgente. Sus testimonios siempre nos llegan al corazón y nos hace más fuertes y seguros.

O aquellos otros que de forma invisible trabajan para que el evento sea posible, esos músicos que nos regalan su arte, voluntarios, patronos y amigos, que consiguen con su amor y entrega que la solidaridad y sobre todo, el vínculo que nos une, sea posible.

Eso es lo que realmente nos hace divinos, por utilizar alguna palabra, el sentirnos Uno en la diversidad, el sentirnos unidos en ese vínculo que hace que todos seamos parte de esa gran familia que es la humanidad. Eso es lo que ocurre todos los años en este encuentro, conseguir que seamos Uno y que trabajemos juntos por un mundo de Paz, Amor y Unión.

Y nosotros felices porque la venta de libros ha sido estupenda y todo lo recogido lo vamos a entregar al proyecto O Couso, el cual cada día está más cerca y más vivo, más próximo a encarnar ese Cielo en la Tierra desde el trabajo silencioso, compartido, como refugio de todos aquellos que deseen llenar su vida de esperanza y amor. Mañana se levantará un nuevo día, un día de trabajo y trabajo, mucho trabajo, para seguir adelante. Gracias de corazón a todos lo que hoy habéis hecho de este día ordinario, un día extraordinario. Hoy, con vosotros, contigo, somos más paz.

Emilio Carrillo, ponente en “Contigo somos + Paz”


EMILIO CARRILLO

El domingo 15 de septiembre, el exvicealcalde de Sevilla, Emilio Carrillo, participará en la octava edición del encuentro “Contigo somos + Paz” organizado por la Fundación Ananta en Madrid y en él hablará de la evolución de la consciencia colectiva que está permitiendo a cada vez más personas un mayor y más puro nivel de vibración.

En un espacio con aforo para más de 1.150 personas, -que recibirán como regalo un pequeño árbol como símbolo de semilla de iluminación-, se debatirá sobre Espiritualidad y Paz y se invitará a los asistentes a que descubran quiénes son realmente. En este sentido, Emilio Carrillo, centrará su conferencia en el tema de Dios desde una visión ajena a credos y religiones y desde una espiritualidad nueva y radicalmente libre, desde el punto de vista de que Dios Es cada uno de nosotros.

Emilio Carrillo es economista, Experto Internacional en Desarrollo Local por Naciones Unidas y Técnico de la Administración General del Estado. Ha desplegado una amplia labor académica, política y de gestión en Desarrollo Económico y Territorial y Hacienda Pública, desempeñando puestos como vicealcalde de Sevilla, vicepresidente de la Diputación hispalense y presidente de la Red de la Unión Iberoamericana de Municipalistas.

Una serie de experiencias vitales y conscienciales centraron su atención en la Filosofía, la Historia, y, sobre todo, en la Espiritualidad, campos en los que ha impartido multitud de conferencias y talleres y en los que es autor de once libros. Recientemente ha publicado en Editorial Nous el libro “Dios” en el que indaga y profundiza tanto en Dios y su Naturaleza, con todo lo que conlleva, como en sus implicaciones para el ser humano y su vida cotidiana, enlazando además lo divino con las aportaciones científicas más vanguardistas a través de la “Física de la Deidad”. De todo esto hablará en “Contigo somo + Paz”, encuentro cuyos beneficios irán destinados al programa Colores de Calcuta.

 

CONTIGO SOMOS + PAZ

Domingo 15 de septiembre

Hora: 11.00 hras

Lugar: Teatro Nuevo Apolo, Tirso de Molina 1, 28012 Madrid.

Más info:

www.editorialnous.com

www.fundacionananta.org

 

VIII Contigo Somos + Paz, 15 septiembre 2013, Teatro Nuevo Apolo, Madrid


contigo

Queridos amigos de Ananta,

Compartimos con alegría la convocatoria al VIII Contigo Somos + Paz, que este año tendrá lugar el domingo 15 de septiembre a partir de las 11 de la mañana en el Teatro Nuevo Apolo, Tirso de Molina 1, 20012 Madrid, con aforo para 1.150 personas.

Cada asistente recibirá como regalo un pequeño árbol con su correspondiente cepellón para ser crecido allí donde estime oportuno plantarlo. Se trata de una preciosa iniciativa de Ildefonso García, que lleva años cultivando árboles para regalarlos, en número de 33.000 hasta la fecha, todo de forma altruista y en su tiempo de ocio. La semilla del árbol que crece primero en forma de planta y luego potencialmente en forma de poderoso árbol es un buen simil de lo que pretendemos con este acto Contigo somos + Paz, pues todos tenemos dentro de nosotros la semilla de la iluminación que puede germinar si le damos las condiciones adecuadas.

Queremos así que el regalo de Ildefonso nos sirva de recordatorio de esta semilla que cada uno tenemos dentro, además de ser vehículos para plantar 1.150 árboles.

Tendremos como ponentes a Sister Jayanti y a Emilio Carrillo, y como músicos a María del Mar Fernández, José Carlos Gómez y Julio García. Los posibles beneficios que genere este acto irán íntegramente a financiar el programa Colores de Calcuta. El acto durará hasta las 14 horas y se abrirán las puertas a las 10 de la mañana (venta de entradas a partir de las 9 de la mañana).

Sister Jayanti nos hablará del alma y nos invitará como otras veces ha hecho a que descubramos quiénes somos (un alma inmortal). Emilio Carrillo nos hablará de la evolución de la consciencia colectiva que está permitiendo a cada vez más y más personas un mayor y más puro nivel de vibración.

Los ponentes y músicos participan sin remuneración ninguna, y les agradecemos su entrega y generosidad.

Las entradas pueden adquirirse en:

Desde el 17 de julio: Materia Gris, Mejía Lequerica 12, 28004 Madrid. Lunes a viernes de 10 a 14 horas. Por favor llamar antes al 91 445 76 64

Desde el 17 de julio: Centro de Yoga Sivananda, Eraso 4, 28028 Madrid, por favor llamar antes al 91 361 51 50

Desde el 25 de julio: Hotel Princesa de Eboli. Pablo Picasso, 10 (junto al CC Princesa de Eboli), 28320 Pinto. Permanentemente en recepción

Desde el 2 de septiembre: Pista de hielo La Nevera de Majadahonda. Fresa 14, 28220 Majadahonda En taquilla de entrada de 10 a 14 horas

El día del evento, desde las 9am en las taquillas del Teatro Nuevo Apolo. Tirso de Molina 1, 28012 Madrid
Os esperamos con alegría. Con el afecto de siempre.

Emilio Carrillo, presentaciones en septiembre para apoyar el “Proyecto O Couso” y Fanum


EMILIO CARRILLO

Estimados amigos,

este mes, con la intención de poder ayudar en el Proyecto O Couso y darle un impulso definitivo, vamos a acompañar a Emilio Carrillo por toda la geografía española para presentar su libro “Dios”.

Los ingresos que de todo ello se puedan derivar para el autor, serán donados íntegramente a la Fundación Andaluza Nuevo Mundo (FANUM) para la financiación de proyectos de cooperación al desarrollo e iniciativas de ayuda social.

Los ingresos que de todo ello se puedan derivar para la editorial, serán donados íntegramente al Proyecto O Couso, el cual esperemos que este mes de septiembre coja un nuevo y estimulante impulso.

Gracias de corazón por acompañarnos y os esperamos a todos en estas citas. Emilio os sorprenderá y estoy seguro que no os dejará indiferentes.

PRESENTACIONES SEPTIEMBRE:

+Jueves 12, 18:30 horas, Segovia:

“Cesó todo y dejeme: la transformación en Dios”

Centro Integral de Servicios Sociales de la Albuera del Ayuntamiento de

Segovia (C/ Andrés Reguera Antón, s/n)

Entrada libre hasta completar el aforo

+Viernes 13, 18:30 horas, Madrid:

“Nuestro verdadero ser, Naturaleza Divina y vida cotidiana”

Colegio Gredos San Diego (Moratalaz) (C/ Luis de Hoyos Sáinz, 170)

Desde el martes 6 de agosto, todas las plazas del aforo (280 butacas)

están ya ocupadas con las reservas llegadas a la organización:

shamballa@live.com

+Domingo 15, 11:00 a 14:00 horas, Madrid:

“VIII Encuentro Contigo somos + Paz”

Teatro Nuevo Apolo (Plaza Tirso de Molina, 1)

Para más información:

http://www.fundacionananta.org/web/index.php/eventos/contigo-somos-mas-paz

+Viernes 20, 19:00 horas, Sevilla:

“Dios”

Salón de Actos del Colegio Santa Ana (C/ Padre Damián, 2, junto a la

parroquia de Los Remedios)

Entrada libre hasta completar el aforo (410 butacas)

+Jueves 26, 18:30 horas, Huesca:

“Las causas del sufrimiento: Dios exterior y búsqueda del

bienestar”

Espacio Negocio (C/ Lanuza, 17, Bajos)

Es conveniente realizar la inscripción previa y reservar plaza enviando

un email a: info@espacionegocio.es

Para más información: http://espacioactivo22.blogspot.com.es

+Viernes 27, 18:30 horas, Lleida:

“Ficciones mentales: sufrimiento, necesidad de hacer e idea de

cambio”

Lugar por determinar

Para más información: www.pazamorunidad.org

+Sábado 28, 18:00 horas, Barcelona:

“Dios es yo. Y yo… ¿soy Dios?”

Auditorio y Centro de Convenciones AXA (Avenida Diagonal, 547)

Es conveniente realizar la inscripción previa y reservar plaza enviando

un email a: akokobarcelona@topmail.com

Para más información: https://www.facebook.com/events/160684880774163/

Apoyo a Colores de Calcuta. Gracias Carlota


Hola soy Carlota, como llega la Navidad, he pintado dos cuadros para los niños de Colores de Calcuta.
Me gustaría que todos vosotros volviérais a ser niños por unos minutos y os diérais cuenta de lo triste que es llegar a estas fiestas sin regalos.
Espero tener tan buena acogida como el año pasado que recaudamos 1.258€ en el sorteo de mis cuadros. Este año también sortearé dos de mis cuadros.
Este es mi pequeño proyecto, hecho con muchísimo cariño.
La aportación mínima es de 5 €.

Los ingresos tendrán que hacerse en la cuenta de la Caixa ”Fundacion Ananta” número
2100 0997 68 0200634646
En el concepto hay que poner “Cuadros de Carlota” y vuestro nombre, para así poder entrar en el sorteo.
¡¡¡¡¡Muchas gracias por vuestra solidaridad!!!!!

Un viaje de corazón


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Queridos amigos de Ananta,

Nos alegra informar de que estamos organizando el tercer viaje solidario a Calcuta para visitar las actuaciones de Fundación Ananta en su programa Colores de Calcuta.

En los cinco días en Calcuta visitaremos el centro médico de Pilkhana (20.000 consultas anuales) y la residencia de Anand Bhavan (que acoge a 30 niñas). Visitaremos también alguna de las misiones de Madre Teresa. El viaje dura 6 días saliendo de España el miércoles 6 de febrero de 2013 y estando de vuelta el martes 12, con un coste aproximado por persona de 1.400 euros en habitación doble en hotel de 4 estrellas, más unos 100 euros para comidas y cenas.

En este video recogemos las impresiones de los viajeros que nos acompañaron en el II Viaje Solidario, de febrero 2012.

http://www.youtube.com/watch?v=aHDtA6suNnQ&list=UUoTX4M17fXekG-qVJIELQSA&index=23&feature=plcp

Agradeceremos a aquellas personas que estén interesadas que nos envíen un mail a cualquiera de estas tres direcciones. Con mucho gusto facilitaremos más datos a los interesados:

Para los interesados, necesitamos confirmación a finales de diciembre para el cierre de reservas y la emisión de visados a India.

Muchas gracias y un abrazo cordial, con el afecto de siempre.

UN MUNDO, UNA HUMANIDAD

ONE WORLD, ONE HUMANITY

http://www.fundacionananta.org

Cena Solidaria


 

Queridos amigos de Ananta,

El viernes 26 de octubre a las 8,30pm celebraremos nuestra II Cena Solidaria Pro-Colores de Calcuta. Será en el Hotel Princesa Eboli, en Pinto, de facilísimo acceso por la A4 y con aparcamiento igualmente fácil en la puerta.

¡El año pasado fuimos 141 comensales y muchos y buenos voluntarios!

Ayer hemos probado y aprobado el riquísimo menú que ha preparado el chef.  El importe del cubierto es de 35 euros por persona que destinaremos íntegro a la guardería de Colores de Calcuta. Toda la comida ha sido suministrada gratis por los proveedores del Hotel Princesa Eboli. Además, el hotel nos cede sus instalaciones y el trabajo de todo el personal de cocina y restaurante esa velada sin cobrarnos nada por todo ello. Por tanto, los 35 euros de cada cubierto legarán íntegros a Calcuta.

Nuestro agradecimiento a proveedores, hotel, empleados y voluntarios es grande, y os animamos a acompañarnos. Al final de la cena visionaremos una nueva película de nuestro trabajo en Calcuta.

Para reservas por favor:

  • Teléfono 91 263 64 00
  • Email: comercial@hotelprincesadeeboli.es
  • Para los que quieran acompañarnos desde la Mesa Cero por no poder venir, la cuenta de Fundación Ananta es: 2100 0997 68 0200634646.

Concierto solidario


Queridos amigos de Ananta,

El viernes 27 de abril  celebraremos un concierto en favor de los programas de cooperación al desarrollo Colores de Calcuta (India) y Música para Salvar Vidas (Uganda).

Tendrá lugar a las 19:30 horas en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales, José Gutierrez Abascal 2. Desde las 6pm tendremos disponible además nuestro mercadillo con productos traídos de Calcuta.

El grupo musical Aba Taano, ya renombrado en toda Europa, ha surgido a partir del coro de niños y niñas Uganda Natumayini, y tiene a sus espaldas muchos conciertos y varios CDs. El espectáculo gira en torno a ritmos y danzas africanos relacionados con el amor, la lluvia, la tierra y la celebración de la vida.

La contribución es de 12 euros por persona. La taquilla y puertas se abrirán a las 19 horas.

Para los que no podáis acudir físicamente pero si con el corazón, hay una “fila cero” del acto que puede ingresarse en la cuenta de Fundación Ananta 2100 0997 68 0200634646.

Os esperamos con alegría

Gracias sentidas por el apoyo.

One Respe, Honor y Respeto


Siempre que el payaso se caía ella venía a recogerlo. Si el sombrero lo perdía entre caída y caída, se lo acercaba. Si las gafas saltaban disparabas, ella las rescataba y se las hacía acercar. El payaso la miraba con sumo respeto. Tres o cuatro añitos de grandeza y un corazón rebosante. A veces no encontramos palabras para describir todo cuanto vemos y sentimos al cabo de una jornada. A veces cualquier adjetivo se queda corto para expresar todos esos abrazos, todas esas miradas, todas esas caras iluminadas por sonrisas y alegrías.

Hoy estábamos tan cansados y agotados, que mientras esperábamos en el lavabo para entrar en la segunda actuación, nos hemos quedado literalmente dormidos. El agotamiento se va acumulando pero somos capaces de estar al cien por cien en cada actuación, en cada abrazo sentido a cada uno de esos niños. También nos lesionamos las manos y los pies. Así que mañana veremos en qué condiciones estamos…

Nuestras vestimentas extravagantes pueden asustar al principio, como nos confesaba la niña de la foto, pero luego, todo termina en abrazos y complicidad. Esa es la magia de la vida, esa es la magia del amor cuando vence al miedo.

Y eso demuestran todos los voluntarios que trabajan en OneRespe, una institución que lucha por el respeto y el honor, especialmente hacia la etnia haitiana la cual sufre el racismo por parte de muchos. Un centro de reflexión, encuentro y solidaridad donde hemos disfrutado durante unos días con mucho cariño y amor.

En los Platanitos


Los Platanitos es una comunidad, un barrio marginal cerca de Santiago, al norte del país. Esta mañana nos levantábamos temprano en Santo Domingo. Hicimos un agradable viaje hasta Villa Alta Gracia, un hermoso lugar donde nos esperaban de nuevo más de cien niños de la Escuelita Rayo de Sol II que está en este lugar. Allí nos recibieron con música y canciones dedicadas especialmente a nosotros. Fue tanta la emoción del recibimiento y la sorpresa que saltó alguna lágrima interna.

Tras una bellísima mañana con estos niños tan especiales, viajamos de nuevo hasta Santiago, al norte del país, donde pasaremos al menos tres días. Desde allí visitamos dos comunidades en barrios marginales en las que la ONG llamada OneRespe (Honor y Respeto en idioma creol), crean una red de solidaridad y apoyo a la comunidad. Además practican meditación, acupuntura y medicina china en toda la comunidad. Fue como entrar en otro mundo, fue como entrar en otra realidad. Mañana más…

Colegio Orden, un lugar de luz


Hoy era el día especial. El día de estar con esos niños con mayores dificultades que el resto, porque si además de vivir en condiciones difíciles en los planos externos tienes dificultades añadidas en lo interno, todo se complica. El colegio Orden lo fundó una niña ya adulta con síndrome de Dawn. Quería ayudar a los que son como ella y lo consiguió. Cuando llegamos nos recibieron con una pantalla gigante donde proyectaban los videos de KK&KK por el mundo. Me quedé exhorto, petrificado, mirando y sintiendo aquellos recuerdos de esos otros viajes. Luego, la luz de los niños, su angélica mirada e inocencia, su ternura, su amor incondicional. Luego el paraíso…