Mía es la voz antigua de la tierra…


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… tuya es la hacienda, la casa, el caballo y la pistola. Mía es la voz antigua de la tierra.  Tú te quedas con todo y me dejas desnudo y errante por el mundo… más yo te dejo mudo… ¡mudo! … ¿Y cómo vas a recoger el trigo y a alimentar el fuego si yo me llevo la canción? (León Felipe)

Siempre me repito a mí mismo que en la vida hay que hacer aquello que te haga sonreír. Cerrar los ojos, imaginar varios escenarios y observar con atención cuál de los escenarios posibles te saca una sincera sonrisa. Lo cierto es que ayer por la mañana me levanté temprano, a eso de las cinco. Estuve trabajando un poco en algunos libros, luego fui a los cantos de Taizé, más tarde a la meditación y tras un corto paseo por la comunidad, volví tranquilo, observando este precioso paisaje invernal en las Highlands escocesas. Desayuné, me puse al trabajo y así hasta la hora de comer. En toda esta perfección cotidiana, había algo interiormente que me incomodaba. Me daba cuenta de que mi espíritu aventurero no soporta la levedad del ser por mucho tiempo. Eso de estar en un lugar cómodo en una situación perfecta es algo que por dentro desespera. La aventura está ahí fuera, siempre guiada por los impulsos del corazón errante y vagabundo. Miré al horizonte, con cierta nostalgia, y sentí que dentro había una nueva canción, una melodía que gritaba al mundo y dejaba mudo el paisaje.

Así que cerré los ojos a media tarde con esa calma propia de la certeza y había una imagen que me hacía sonreír. Busqué en el interior y vi que había un destino que me llevaba a otro lugar del mapa, a otro territorio aún por explorar. No es un territorio físico, más bien emocional y psicológico al que necesito enfrentarme con calma y sutileza. Al menos eso es lo que me dicta ese corazón en su locura de voltear siempre las situaciones para seguir con máxima profundidad en el aprendizaje. Llevo dos semanas aquí, la mitad del tiempo que me había propuesto, pero ha sido suficiente para que mi mente se alineara de nuevo y prepara los asientos del alma para que pronto, muy pronto, vuelva de nuevo a su lugar. Para los que somos algo sensibles, Findhorn sigue siendo un acelerador de procesos, y he sabido aprovecharlo al máximo. Misión cumplida. Mente en su sitio, corazón amable, energía limpia y renovada, cuerpo sano y vigoroso de nuevo. Tras el alineamiento inevitable del cuaternario, vendrá el anclaje necesario con la triada. Pronto, muy pronto el Ser volverá a sus aposentos.

Dentro late un nuevo destino de incertidumbre pero que interiormente me calma. No sé qué pasará a partir de ahora. El viaje a Israel ha sido determinante, o al menos, ha habido una inflexión interior positiva. Así que auguro buenos propósitos para lo que tenga que venir a partir de ahora. Y si no es así, pues tendré que enfrentarme de nuevo a la máscara de la experiencia y sortear todo aquello por lo que debo aprender. Ya no tengo miedo. He tocado fondo, he bajado hasta lo más profundo del ser y he visto la manera de poder salir poco a poco, despacio, hacia arriba. Toda una experiencia, toda una hermosa noche oscura del alma…

Ahora veo luz, siento paz, admiro la belleza del paisaje y contemplo con auténtico desapego toda la experiencia. No me ato a mis obras, ni a todo lo creado hasta ahora. No me arrepiento de mis errores y torpezas. No hay nada que provoque en mí un aleteo de remordimiento. Siento esa paz de los ancianos que miran con nostalgia tiempos pasados. Al mismo tiempo que me enfrento como un recién nacido al mundo por descubrir y explorar. Con curiosidad, con ganas, con vida. Tuya es la hacienda, mía es la canción y la voz antigua de la tierra. Gracias por haberme dejado tan rico, quedándote tú tan pobre. Desnudo y errante por el mundo, seguiré avivando fuegos…

Abrirse a la experiencia del amor


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© Susanne Washington

La ternura no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor… Jorge Bergoglio

Cuando uno fracasa en la experiencia del amor, especialmente del amor pequeño, del amor minúsculo, del amor de pareja, se siente cierta frustración, cierta sensación de fracaso y derrota. La norma generada es que nos cerramos a esa experiencia al cosechar pérdidas consecutivas. Nos gusta indagar sobre la experiencia del amor porque junto a la vida y la muerte, es uno de los tres temas fundamentales de la existencia de todo ser. A pesar de todo lo vivido y experimentado, a pesar de todo lo indagado y escrito sobre este asunto, siempre notamos cierto verdor, como si cada día, la experiencia del amor fuera algo nuevo a lo que enfrentarse y de lo que aprender.

Hace unos días, una buena amiga me miraba con amor y dulzura en los ojos y me decía contundente que algún día mi alma encontraría a su alma amiga. Que más allá de los amores de la personalidad, siempre torpes, el alma enfocada en un propósito encuentra inevitablemente a esa otra alma que ayudará al mismo, ya que el propósito del alma nada tiene que ver con los pequeños propósitos de la personalidad, siempre egoístas e individuales. Por lo tanto, es inevitable que dos seres enfocados en un propósito de alma se encuentren para engrandecer esa experiencia. Otra cosa es que ambos se reconozcan como tal en esa vivencia cuántica, que brote la semilla del amor y que se expanda en ambos sentidos, en el sentido de amor de alma y en el sentido de amor de pareja terrenal.

Como experto saboteador de relaciones, siempre, a pesar del dolor que esto conlleva, un dolor siempre bilateral, donde ambas partes sufren, me he interrogado por ese afán de lanzarme a cualquier relación sin examinar a priori las consecuencias futuras. El amor debería ser inteligente, más allá de los impulsos primarios que nos hacen abrazar la experiencia humana de cualquier ser que se nos acerque y por el que sintamos un mínimo de atracción. Uno debería razonar si esa atracción primera está en acorde con el sentir más profundo, con la experiencia como almas libres que desean desarrollar un trabajo profundo, compartido y consciente en esta oportunidad de vida. Hay experiencias de amor en pareja que te separan totalmente de este propósito y hay otras que te elevan exponencialmente hacia la misma. El discernimiento, en este sentido, resulta ser una poderosa herramienta para saber elegir bien la persona que entrará en tu vida, que aminorará la marcha de tu evolución o la multiplicará en un acelerado compartir.

De ahí la prudencia de abrirse a la experiencia del amor. De hacerlo con calma, sin prisas, despacio. Conociendo bien a la otra persona y conociendo bien todo aquello que nos aporta y que nosotros aportamos a ella. Si perdemos el tiempo en señuelos de una noche de pasión, en tratos comerciales para pagar hipotecas y vivir una vida cómoda o en estimulantes relaciones que solo nos conducen a un vacío perpetuo, es mejor no hacer nada, es mejor esperar, es mejor estar atentos.

La prudente espera debe venir acompañada de un profundo anhelo. No todo el mundo desea arriesgar parte de su vida para afrontar el reto de la experiencia humana en compañía. Para muchos, la soledad también puede ser una llama, un camino, una vereda. Para otros, la comprensión de poder multiplicar la experiencia, acelerada inevitablemente ante el abrazo incondicional de otro ser, puede suponer un avance meteórico hacia la evolución. Si la soledad puede ser una llama, el amor en relación puede llegar a ser un fuego incombustible. Una vida tierna y amable, una vida rebosante de amor y atención es la mejor manera de comprender las fuerzas universales de la existencia. No una relación mediocre de interés mutuo, sino una verdadera apertura al amor incondicional, fuerza primera de todo lo que nos rodea, fuente primordial de todo cuanto existe.

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Ginebra, visiones desde el otro lado


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Al fondo, tras el umbral, la mezquita de Al-Aqsa, la mezquita lejana, inaccesible para nosotros por segunda vez, la mezquita más lejana en nuestro viaje nocturno. Lo intentaremos en el Buraq.

Llegar a Ginebra ha sido como darme un baño de realidad tras trece días perdidos, nómadas, errantes. Decenas de correos por contestar, cientos de cuestiones que resolver y una necesaria vuelta a la disciplina del orden, el decoro y la racionalidad. Hace un frío que ya no recordaba tras vivir en una primavera mediterránea suave y hermosa durante semanas. Aquí mandan los Alpes y sus escarpadas cimas cargadas de nieve. Tanto tiempo junto al mar me hizo olvidar el frío y esa vocecita subterránea, esa melodía baja, medio capturada, medio evasiva que subyace en los contornos grises.

De todos los mensajes recibidos buscaba con cierta ansiedad uno significativo. Lo encontré tímido y deseado. Era escueto, corto, sin mayor emotividad. Más bien una descripción de lugar y tiempo sin ningún añadido. Intenté interpretarlo como lo hacen los poetas, indagando si su contenido oculto era un punto y seguido o un punto y final. Miré en el manual de instrucciones de las palomas mensajeras por si había algún capítulo al que dedicarle mayor atención en esto de la conquista alada. Pero el cansancio podía conmigo. Tras recoger las llaves del apartamento en la oficina, comprar algo de comida para pasar estos días y afeitarme, me tumbé abatido, feliz pero cansado, alegre pero añorante, deseoso de muchas cosas e instantes que ahora están aparentemente lejos, pero interiormente cercanos y vivos.

Hace tan solo unas horas estábamos sentados junto a la gran mezquita Al-Aqsa de Jerusalén, intentado por segunda vez e inútilmente acceder a ella, tomando un té caliente en sus calles laberínticas y multiculturales mientras aprovechábamos para limpiar el acceso sagrado a la misma de plásticos y basuras. Y un día después, andaba soñoliento, solitario, deambulando instintivamente por ordenadas calles, limpias y pulcras, cargadas de sofisticación y decoro. Del caos al orden, de lo nómada y errante a lo sedentario y rutinario. Del calor a la nieve.

Este lugar es como un puente que me llevará hasta Escocia. Un puente necesario, porque siempre uno tiene que tejer puentes entre una realidad y otra. Un lugar donde acomodar las nuevas energías, digerir la aventura antes de penetrar en el silencio y la reflexión profunda que me acompañará en las Tierras Altas. Un conector entre el pasado y el futuro, a sabiendas, según reflexionábamos estos días, de que ambos se tejen en un mismo instante separado únicamente por nuestro punto de anclaje y atención.

El trabajo todavía no ha sido consumado del todo. Lo que tiene que llegar inevitablemente es la nota de un probable logro. Todo lo que me queda por encontrar tiene que ver con ese profundo impulso interior y ese descontento nacido de aquello que algún día me alejó de mí mismo. Hay algo que gradualmente se vuelve tan fuerte que eleva al oculto y esforzado ser, fuera de su medio común, de su inestable condición humana. Todo este esfuerzo provoca el que podamos mirar a la vida como el aspirante más ferviente, aquel que no conoce descanso hasta que ha emergido fuera del agua y trepado constantemente hasta que se encuentra en las más altas cimas.

Añoro las risas y los abrazos, el cariño y esa sensación de sentirte seguro y alegre cuando alguien te acompaña en el camino. Es cierto que la vida se hace más cómoda y profunda cuando compenetras con alguien que te acompaña en los avatares de esta. Es como si la realidad pudiera ampliarse, porque ya no son tan sólo dos ojos los que ven, sino cuatro. Entonces todo se engrandece y ensancha a cada respiración compartida. Las experiencias parecen multiplicarse y la vida adquiere otro sentido diferente, amplio, dilatado por la visión compartida del otro. Uno puede vagar solo e irradiar aquello que pueda, pero descubro con este tipo de experiencias que cuando lo hace acompañado, con buena y cómplice compañía, la vida se vuelve intensa, sorprendente, excelsa. Esto es muy revelador, porque añade dosis de profundidad a todo cuanto nos ocurre.

Ver un atardecer al otro lado del mar junto a alguien que te aprieta con fuerza la mano mientras puedes escuchar el susurro de su respiración próxima y rítmica es una experiencia doblemente gratificante. No importa la implicación emocional que se tenga con esa persona. Ni siquiera importa el grado de compromiso adquirido, ya sea de colegueo, de amistad estrecha o de relación íntima de pareja consumada. Lo que importa es que al entrelazar las manos y mirar juntos el milagro de la vida, uno puede comprender con mayor asertividad los secretos ocultos de la realidad manifestada. Uno puede lidiar con mayor esperanza en todo aquello que se nos esconde, que se oculta tras los hechos observables. Uno, en definitiva, puede con mayor grado de implicación, responder ante la llamada misteriosa de la existencia, intentando descifrar qué desea de nosotros y cómo podemos atender a su llamada inevitable.
Nieva ahí fuera. Ginebra sigue igual de expectante. La vida continúa su curso inevitable.

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No son hombres, son asesinos…


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Laura, in memoriam

El terrible asesinato de Laura nos ha conmocionado a todos. No tan solo por su belleza y juventud, por toda esa vida de ilusión y por todo ese recorrido humano que quedaba por hacer. Es algo más que eso. Es la impotencia, es la rabia, es la frustración general de una sociedad hastiada de tanto horror.

Como hombre me siento perdido, desautorizado, diría que casi criminalizado. Me doy cuenta de que el crimen constante, año tras año, de personas que asesinan a sus parejas está poniendo en la punta de mira a todos nosotros. Lo noté en la mirada de pánico de mi ulterior pareja cuando nos despedimos por última vez. De alguna forma, ya todos los hombres somos peligrosos asesinos en potencia. Uno casi tiene miedo a enamorarse de nuevo, a tener una vida normal, aunque el expediente de violencia personal haya sido nulo e inexistente. Sí, alguna frustración, algún motivo de rabia por algún tipo de injusticia emocional, pero nada más que eso.

No puedo dejar de pensar en Laura y en todas las Lauras que han muerto a manos de hombres. Pero quiero pensar dentro de mí que los hombres no somos así, que esas personas no son hombres, son asesinos. Son seres despiadados, sin corazón, sin emociones, sin empatía hacia el género humano. Son seres perdidos en el mundo de las sombras, salvajes sin razón ni juicio. No son hombres, son asesinos.

La mala suerte y la casualidad hicieron que esa tarde de ilusión se convirtiera en una tragedia más. Y me pregunto hasta cuando. Quizás siempre fue así y quizás siempre sea así hasta que no rompamos de una vez nuestros valores, el cuidado de la infancia, la educación, los mensajes que nos envían escrupulosamente desde los medios, especialmente desde la televisión y las películas. Todo aquello que nos hace seres humanos con una cultura e identidad debemos empezar a deconstruirlo. Aún no somos conscientes del esfuerzo que como personas humanas tenemos que hacer para ese cambio. Pero tenemos que hacerlo con urgencia.

Como hombre, me doy cuenta de la gran responsabilidad que tenemos por delante para mejorar como género, como seres capaces de sensibilizarnos, de acomodar nuestras fuerzas ancestrales al nuevo mundo que se está tejiendo. No es solo un rechazo a la violencia, es también un rechazo a nuestro bagaje, a los roles que nos han enseñado desde pequeños, a esa estúpida necesidad ancestral de sentirnos «machos» para conseguir algún «trofeo». No, eso ya no funciona, eso ya no sirve. Cambiemos los valores, cambiemos el paradigma. Seamos humanos, personas, seres sintientes y amorosos.

No son hombres, son asesinos. Me digo una y otra vez por dentro mientras lloro la muerte de Laura.

La importancia de sonreír


«Solo una mente educada puede entender un pensamiento diferente al suyo sin necesidad de aceptarlo». Aristóteles.

Tanta tristeza produce hartazgo. Por eso cuando ves a alguien sonreír no puedes más que agradecer ese gesto. Dar gracias por aportar rayos de luz, por simplificar la vida en algo tan hermoso y tan profundo como sonreír. Es como un alegato, una reverencia desde lo más profundo del ser. Cerrar los ojos y empezar a visualizar el cosmos entero. La sonrisa es como la música, un idioma secreto que todos comprendemos, que todos anhelamos, que todos deseamos por su sencillez y profundidad. Si de verdad queremos hacer algo por el mundo, deberíamos sonreír a cada instante. Pero no de forma fingida, sino de forma sincera. Levantarnos todas las mañanas, mirar a la persona que nos acompaña en el lecho y simplemente sonreír. Ese despertar ya obra milagros.

Sonreír al mundo como terapia colectiva. Para dejar de fingir y empezar a vivir de verdad. Para dejar los enfados, las torpezas, las rabietas, los errores, los fracasos. Para poder pedir perdón y abrazar al otro con una sincera sonrisa. Sentir que cuando nos equivocamos el mundo no termina, sino que nos da la posibilidad de reconocer nuestras fallas y poder reconciliarnos con una sonrisa. Mirar al que se echa de menos, mirar al que dañamos, mirar al que dejamos, mirar al otro como si fuera un amanecer.
Realmente el otro, sea quien sea, tenga la posición que tenga, no deja de ser un reflejo de lo que nosotros somos. Es una posibilidad, un trozo de fe y esperanza, es un regalo del cielo que acompaña nuestros días, de ahí la necesidad de sonreírle con veneración, con el mayor de los respetos.

Estos días no me cansaba de buscar sonrisas. Quería contagiarme de ese idioma que no requiere mayor complejidad. Quería buscar en su sencillez la elevada visión de una vida plena. Nunca entendí nuestra necesidad de complicarnos la existencia, y por lo tanto, de buscar siempre razones para la discusión o el rechazo. Quizás sea por falta de mentes educadas en la sonrisa, en la empatía hacia el otro, en la incondicionalidad del amor hacia el otro. Amar al otro con respeto, sin juicio, sin daño. La cosa más difícil y compleja que existe. Por eso el mundo está necesitado de sonrisas. Sonrisas que sigan obrando el milagro de sabernos vivos, de sabernos agradecidos y capaces de ser constructores de puentes, de abrazos, de destinos hermosos, dulces y amables. Hoy te sonrío a pesar de la extrañeza. Me inclino ante ti con sumo respeto agradecido a la creación, seas quien seas, por estar ahí. Namaste…

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Gracias de corazón…

El amor convivido


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Os comparto este relato lúcido de un buen amigo que nos habla del amor en tiempos donde el amor es algo complejo y reducido a la mínima expresión. Es importante la reflexión para los que aman, para los que desean amar y para los que desean ser amados. Gracias querido Mario por tan hermoso texto. 

 

Todo en esta vida nace para sucumbir a la Ley Suprema. Por eso me fascina el ocaso, al que sigue la oscuridad que se desvanecerá con un nuevo alba.

¿Habéis escuchado la expresión amor imposible? Yo sí y recientemente y me parece un contrasentido porque amar a otra persona es siempre posible. Otra cosa es que ese amor sea o no correspondido.
Por tanto, amar a otra persona siempre es posible. Otra cosa es que ese amor sea, como digo, correspondido por la persona amada, pero la ausencia de reciprocidad no elimina la capacidad de amar. Nace entonces la categoría de amor no correspondido, que, en todo caso, sigue siendo amor, y posiblemente una forma especialmente pura de amar. ¿Podría decirse que ese tipo de amor sin correspondencia del amado es la esencia del amor platónico? Bueno, generalmente se entiende así, aunque Platón consideró que el verdadero amor era el que se dispensaba al Conocimiento y a la Sabiduría, algo que puede resultar singularmente patológico para muchos que en estos tiempos consideran a la Cultura, al Conocimiento y a la Sabiduría trastos obsoletos para ser arrojados al baúl de los recuerdos inútiles.
Pero en su acepción mas inmediasta, el amor platónico se caracteriza por un tal alto grado de pureza –por así decir— que no reclama la correspondencia. O, incluso, cuando de ella se dispone, su esencia es amar sin pedir nada a cambio al amado/a. Quien ama en esa forma es feliz por amar y lo es más si esa felicidad inunda el corazón del amado/a.
La idea es muy digna de ser valorada, pero, ¿es real? ¿Acaso en estos tiempos nuestros localizamos con frecuencia esa forma de amar? Me cuesta responder afirmativamente al interrogante. ¿Por qué? Pues porque somos un producto cosmológico destinado a convivir. ¿Y eso que implica? Pues todo o casi todo. Cuando se casó mi hija le dediqué un libro —vaya manía que tengo con los libros— en el que le explicaba que el verdadero amor, en términos gráficos, no son dos círculos tangentes, ni siquiera secantes. Incluso más: tampoco dos círculos concéntricos. Es un no-círculo, sin contornos definidos que reclama, no la fusión de dos en uno, sino en el Ninguno del hinduismo. Cuando dos personas se aman se desnudan de eso que el budismo llama personalidad para fundirse en un Todo en el que se desvanecen las individualidades. ¿Y eso ocurre con frecuencia? Pues en mi experiencia, no. ¿Por qué? Porque estamos educados en la individualidad a todo trance y ello implica un cultivo del ego con todos sus desperfectos que constituyen cánceres del alma como el exceso de amor propio, los sentimientos de inseguridad, de inferioridad o superioridad, los miedos, los pánicos, el exceso de los celos… En fin, todo ese equipaje en el que nos vemos obligados a convivir. Y, ¿quien se atreva a arrojar la primera piedra sosteniendo que se encuentra totalmente libre de tales desperfectos anímicos?
Y aquí quería llegar: un amor correspondido puede fenecer en el altar de la convivencia cuando por encima del amor se superponen los egos. Es así como el convivir se convierte en el arte de mayor envergadura y quizás en el mayor enemigo del amor cuando esos desperfectos se traducen en individualidades que se autoafirman a cualquier precio. ¿Nos han enseñado que convivir implica renunciar a esas parcelas inflacionadas del ego individual? Pues no estoy seguro. Pero he contemplado en mi vida como la convivencia fulmina el amor precisamente por esa no-renuncia.  Así que la gran asignatura pendiente del amor es, no solo ser correspondido, sino, sobre todo y por encima de todo, convivido.

M. C.

Gracias Fundación Ananta


 

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Desde hace algunos años venimos colaborando de formas diversas con la Fundación Ananta, y tanto la propia fundación como sus miembros siempre han apadrinado y apoyado de alguna forma nuestro proyecto. En el fondo, nos mueve la misma filosofía, que no es otra que tomar consciencia de que somos una sola humanidad, y de hacer un esfuerzo, desde la mayor toma de consciencia de este hecho fundamental, de la necesidad de hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Esto es un alto ideal que hay que perseguir constantemente no sólo desde grandes acciones grupales y hermosos ideales, sino también desde las pequeñas contribuciones individuales que cada uno de nosotros podamos hacer en el día a día.

Desde la fundación Dharana, nuestro empeño sigue siendo el de construir lugares donde podamos reunirnos y pensar juntos las mejores maneras de crear ese mundo nuevo, no sólo nuevo en las cuestiones materiales, haciendo especial hincapié en lo relacionado al cuidado de la madre naturaleza, sino también buscando fórmulas positivas para que la consciencia y la convivencia humana sean cada vez más equilibradas y armónicas. Por eso decimos que lo que promovemos son experimentos sociales donde se pueda profundizar en los valores que deberán marcar las próximas décadas, enfocando nuestra investigación práctica en la construcción real, y no sólo imaginada, de ese nuevo mundo. El proyecto O Couso pretende ser un primer ejemplo de todo ello, y ojalá tuviéramos fuerzas y recursos para que ese ejemplo se multiplicara en otros espacios y lugares.

En estos últimos cuatro años, no sin dificultad, hemos logrado hitos de convivencia, de valores y de nueva consciencia. Hemos reconstruido con esfuerzo y empeño un lugar que adolecía de abandono y deterioro. Con nuestras actuaciones estamos revitalizando una zona endémica, despoblada y con urgente necesidad de actividad y promoción. Nuestra humilde aportación local se extiende inevitablemente a internacionalizar un proyecto que ya es conocido en muchos confines de la geografía mundial. Las recetas que intentamos aplicar, siempre en continua revisión, pretenden formar nuestro potencial humano en realidades palpables bajo la atenta realización de la belleza, la armonía y el bienestar.

El Proyecto O Couso sigue siendo un reto importante. La casa de acogida intenta dar cobijo y comida a todo aquel que venga hasta el proyecto basados en la hospitalidad de los antiguos hospicios del camino de Santiago, cuyo lema era “deja lo que puedas y coge lo que necesites”. En tiempos modernos, lo que pretendemos con este mensaje es hacer énfasis en la economía del don como nuevo modelo experimental de compartir bienes y servicios y de la recuperación de los trabajos antiguos de hospitaleros del camino de Santiago, ampliando este concepto, el de Camino, hacia todos los caminos del espíritu que requieren llegar simbólicamente a alguna parte. En estos cuatro años hemos dado unos sesenta y cinco mil platos de comida (entre desayunos, comidas y cenas: 3 comidas por 365 días al año por una media de 15 personas al día por 4 años) y hemos alojado a unas cuatro mil personas, entre voluntarios y peregrinos. Todo esto sin que la casa esté terminada y sin que el proyecto esté oficialmente abierto. Toda una proeza.

Además de la casa de Acogida, tenemos dos proyectos en marcha: el de la comunidad (ya tenemos tres cabañas terminadas y estamos trabajando en otras tres), donde ya somos unas quince personas viviendo de forma estable; y el proyecto de una escuela de dones y talentos, corazón principal que da sentido a todo lo demás y cuyas bases materiales estamos ya planteando. Todo esto en un contexto y entorno hermoso a tres kilómetros del camino.

Por eso estamos enormemente agradecidos a la Fundación Ananta y su patronato por haber donado en estos días una aportación de 3.333 euros, los cuales ayudarán a poner en marcha la primera fase de la construcción del nuevo tejado de la casa de acogida. Gracias a su aportación podremos empezar con la primera fase, donde ya hemos podido conseguir algunos materiales y donde podremos proteger, si todo va bien, la casa del siglo XVI que espera ansiosa una profunda renovación. Ya tenemos los primeros troncos que hemos podido limpiar para en unos días poder colocar en el tejado. Luego tendremos que pasar a la fase de entablado y aislamiento y por último la compra de losas de pizarra para poder culminar esta parte del tejado. Es un reto, un gesto, una prueba más de que podemos seguir avanzando para ofrecer cada día más lo mejor de nosotros.

Dar y recibir es una constante universal, una fuerza que mueve el mundo y el universo, y que también contagia energías suficientes para movilizarnos como seres humanos. En el Proyecto O Couso nuestra constante es dar, dar y dar más. Por eso, cuando recibimos, nos sentimos profundamente agradecidos por obrar la obra y el milagro. Nuestro empeño continua. Fieles a nuestro mandato, seguiremos construyendo este nuevo mundo, materialmente, y también humana y consciencialmente.

Gracias Fundación Anananta por vuestra aportación, esperando poder ser útiles también a vuestra causa.

Pd. Si deseas ayudarnos a reconstruir y culminar las obras del tejado, puedes hacerlo de múltiples formas. Puedes venir de voluntario, formar parte del patronato de la fundación y apoyar con ello de forma más comprometida el proyecto. También puedes venir una temporada para vivir con nosotros y así contagiarte de la difícil tarea de convivencia y reto humano. Hacen faltan responsables para todos los departamentos. También puedes echarnos una mano desde donde estés, con un ingreso a la fundación Dharana, proyecto O Couso, número de cuenta o a nuestra cuenta de Paypal:

info@dharana.org

Cuenta Triodos Bank: ES54 1491 0001 2121 2237 2325

Gracias de corazón por cualquier granito que ayude a soportar esta hermosa obra.

Los libros de la ciencia oculta


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Hoy es mi último día en Ginebra. En unas horas cogeré el vuelo que me llevará hasta Santiago y tendré tiempo, en ese intervalo superior, de altura, de poner orden en todo lo aprendido estos días. Nos ha dado tiempo a muchas cosas y ha sido muy productiva la labor en la Escuela. Hemos podido terminar el primer tomo de Tratado sobre los siete rayos, titulado Psicología esotérica, y hemos podido ordenar en la web los veinticuatro libros de AAB que ya se pueden comprar desde Nous, tras un importante esfuerzo e inversión en tiempo y dinero. Estamos también preparando una campaña entre los estudiantes para conseguir los libros con un importante descuento y así ayudar a que los libros sean accesibles tanto para ellos como para amigos y conocidos.

Es cierto que este tipo de libros es para una pequeña minoría. No tienen difusión ni son libros comerciales porque nadie, ni siquiera los propios estudiantes, logramos entender del todo su enseñanza oculta. Son complejos, difíciles de abarcar en su amplitud, pero al mismo tiempo, son necesarios. Digamos que encierran y guardan dentro de sí elementos importantes que inspirarán en el futuro a personas que darán con claves y argumentos sólidos para la nueva ciencia, el nuevo arte, la nueva civilización. De ahí que su conservación y su transmisión sea una labor necesaria e imprescindible.

En Nous hemos heredado esa responsabilidad para España y nos sentimos eternamente agradecidos por poder recoger el testigo para los próximos años después de la inmensa labor que en ese sentido hizo la editorial Sirio en los años ochenta. Desde nuestra pequeña editorial estamos ayudando a editar una nueva hornada corregida por estudiantes y actualizada, en los tiempos que corren, a las nuevas tecnologías. Las ventas sirven para alimentar el fondo de los libros de AAB y los beneficios editoriales para apoyar la labor que la fundación Dharana está realizando en la construcción de la escuela de dones y talentos dentro del proyecto O Couso.

Si queréis apoyar esta labor y de paso profundizar en la enseñanza oculta, podéis hacerlo desde este enlace:

http://www.editorialdharana.com/catalogo?c=escuela-arcana&sello=nous#/page/1

Si queréis ayudar en la difusión de estos libros o hacer un regalo a amigos y familiares de toda la colección, desde la editorial ofrecemos un descuento del 50% para el que compre toda la colección. El dinero se empleará en este mes para la compra del material necesario (maderas y troncos) que se utilizará en la reconstrucción del tejado de la casa de O Couso, el cual tiene un presupuesto de diez mil euros en materiales y que debemos hacer frente en los próximos días. Mientras, nosotros seguiremos trabajando para que los espacios de O Couso sirvan también como biblioteca universal de libros espirituales y de nueva consciencia, y así todos los visitantes y amigos puedan disfrutar de un lugar privilegiado con una colección de libros privilegiados que no se encuentran en todas partes.

Gracias por vuestra ayuda y apoyo incondicional.

Un nuevo mecenazgo para un nuevo tiempo


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Queridos amigos,

Hace un año que dejé de escribir en la web de Creando Utopías y me atreví a sondear la propuesta de mecenazgo que ofrece la web Patreon. Mi sueño siempre fue el poder vivir de la escritura, ser un esforzado jornalero de la pluma, como lo fue Edgar Allan Poe, pero tal y como están cambiando los tiempos, eso resulta complejo y difícil y cabe la posibilidad de que muera pobre y maldito como el famoso escritor americano. Tras muchos años escribiendo y publicando una docena de libros puedo decir que prácticamente no he ganado nada. Eso me motivó a explorar la plataforma de Patreon, donde aliados, amigos y mecenas podrían ayudar a emancipar la escritura de nuevo, el arte de escribir y la posibilidad de poder vivir de ello. Me puse como objetivo alcanzar mil quinientos euros al mes.

En Creando Utopías tenía cerca de cinco mil seguidores suscritos que seguían fielmente la escritura diaria y más de medio millón de visitas. Pensé ingenuamente que de esos cinco mil suscriptores algunos volcarían su apoyo en Patreon, pero la realidad fue que en un año solo conseguí el apoyo de algo más de treinta fieles amigos que hasta el día de hoy me acompañáis.

En unos días volveré a entregar el que espero sea el último borrador de mi tesis doctoral después de más de doce años de intenso trabajo. Ha sido una tesis tan compleja y apasionante a la vez que me ha robado mucho tiempo para hacer otras cosas que tanto me gustan como leer y sobre todo escribir. Este año que finalizo esta larga etapa me gustaría volcarme aún más en la escritura y seguir avanzando en la misma con dedicación y pasión.

El reto que me he propuesto, y para evitar aburrir a los mecenas que me apoyáis de forma sincera, es la de imitar el estilo de Creando Utopías que tanto éxito tuvo. De esa forma, voy a dividir la escritura en diferentes temáticas a la que podréis acceder según vuestra suscripción, recordando que cuanto mayor sea la suscripción, a más contenidos se accede. Con esto evito aburriros con temas que a lo mejor no os interesa y de paso recupero mi pasión por escribir de cosas más allá de las cotidianas del día a día.

La división que he hecho es la siguiente:

  •  1€ – Cosas del día a día
  •  5€ – Espiritualidad
  • 10€- Proyecto O Couso
  • 15€ – Viajes, libros y Utopías
  • 20€ – Economía y Ecología
  • 30€ – Política y herejía
  • 50€ – Proyecto Simorg
  • 100€ – Arca Lucis
  • 200€ – Alexandra

La idea es intentar escribir todos los días según el sentir y la actualidad personal y social de cada momento y de paso seguir apoyando los proyectos que durante estos próximos años vamos a desarrollar. Espero de corazón que todos nos sintamos bien en esta nueva andadura y que todos podamos aprender mutuamente de la experiencia.

Quedo eternamente agradecido por todo vuestro apoyo incondicional y por todo lo que gracias a vuestra importante aportación he podido realizar este año. Gracias por vuestro mecenazgo, gracias por vuestra sincera colaboración, gracias por acompañarme.

Gracias por tu apoyo


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Estimado amigo,

hace tiempo que no sé de ti. Creando Utopías se creó para idear la utopía y poder diseñarla mediante escritos que sirvieran de inspiración. Gracias a tantos años trabajando incondicionalmente en estos escritos, pudimos hacer realidad la utopía. Entonces, ¿para qué hablar de ella si ahora la estamos construyendo con nuestras propias manos? Realmente no hemos dejarlo de hacerlo, pero sí es cierto que hemos cambiado la forma para poder, de forma incondicional, apoyar el sueño.

Me he dado cuenta de que construir la utopía requiere de mucho esfuerzo, quizás de muchas vidas en una. Es por eso que decidí buscar recursos adicionales para poder seguir adelante. Además de mi labor de editor, estoy intentando potenciar la labor de escritor para poder ingresar íntegramente todo lo que reciba al proyecto utópico en el que trabajo. El proyecto O Couso se está construyendo gracias al apoyo incondicional de mucha gente y por eso me atrevo a insistir en que me echéis una mano en su construcción para que la felicidad y la inspiración de un mundo mejor pueda alcanzar cada día a más gente.

Como ya sabéis, ahora escribo desde la plataforma de Patreon, un lugar donde se puede acceder a partir de un euro al mes, dinero que empleo íntegramente en el proyecto. Por favor, no dudéis en seguir leyendo sobre utopías y su complejidad en el siguiente enlace:

https://www.patreon.com/creandoutopias

Si queréis colaborar con el proyecto directamente, podéis hacerlo en el siguiente enlace con un euro al mes junto a casi cien personas que ya lo hacen:

https://www.teaming.net/proyectoocouso

Sea como sea, gracias de corazón por estar ahí y sigamos construyendo paso a paso un mundo mejor.

Un abrazo siempre sentido…

Javier

 

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Por qué los secretos y tesoros están a salvo


 

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“Ante el trono de Dios, el ángel, con los demás ángeles, permanecieron y exclamaron: ‘Señor de mi vida, concédeme la fortaleza para hollar el sendero de la revelación, cruzar el mar de la oscura ilusión y enfrentar el camino iluminado de la tierra’. Dios respondió: ‘Ve, y ve muy lejos’. (El Sendero de la Experiencia en la Tierra)

Esta mañana en la sala sonaba la “Messe Solennelle De Ste. Cécile” de Charles Gounod interpretada magistralmente por Elina Garanca. De alguna forma se había creado un espacio sagrado entre los tres componentes que allí estaban para dar continuidad a la transmisión de los misterios y aquel maestro de ceremonias, que viendo la dificultad del momento, amenizaba el lugar con esa música angelical. Los retos de aquellos caballeros que blandían sus almas para resguardar la vida del espíritu se representaba humilde en ese instante. Por dentro sentían cierta compunción por el drama del sacrificio mientras que por fuera intentaban demostrar entereza antes los retos que se presentaban. Traspasar los límites de la comprensión escenográfica era realmente complejo. Sólo desde la música se podía entender todo el conjunto.

Durante miles de años, el conocimiento, los tesoros espirituales, han estado siempre resguardados en impenetrables logias de sabiduría, en órdenes iniciáticas cuyo acceso era profundamente difícil. Las sociedades secretas eran las garantes de que la antigua sabiduría fuera depositada siempre en buenas manos. Solo los neófitos de corazón puro podían acceder a ella. Sólo los que habían entrenado un cuerpo sano y fuerte y una mente clara podían entender la sutileza de dichos tesoros. Los valores y virtudes de aquellos que durante eones han entregado sus vidas a esos propósitos se ve compensada por esa paz interior, por esa sonrisa que muestra la inocencia de un niño que arrima su mirada a los cielos que albergan la primavera humana.

A veces esos lugares misteriosos, especialmente cuando los tiempos son convulsos, se diluyen entre la maranta y la ciénaga misericordiosa confusión. Entran en lo que algunos dan por llamar la rama invisible de la creación, el estado puro donde nada ni nadie puede perturbar el trabajo que dará paso a las ideas y mejoras de las próximas centurias.

La oración y la súplica silenciosa atrae a los espíritus virginales que de forma poética y generosa cultivan la planta, el árbol, la vida. La fuente de agua pura solo es posible beberla ante un corazón lleno de gracia. Sólo aquellos de corazón puro, de espíritu alegre, de vida entregada pueden acceder libremente a los tesoros y secretos que la vida guarda para la construcción del Adytum. No hay más defensa que la pureza de intención. Todo está ahí, visible, pero solo los que sonríen como niños pueden verlo.

Por eso hoy los ángeles cantaban en esa sala. Era la señal de que todo estaba bien, de que las situaciones difíciles solo pretenden resguardar el secreto. Vendrán instantes mejores y las puertas del templo se abrirán para que de nuevo se regenere el espíritu de los tiempos. Mientras eso ocurre, los hermanos del espíritu libre seguirán trabajando en silencio para resguardar al peregrino, proteger los caminos y saciar al desconsolado. Todo ello en su entrega desapegada, todo ello bajo la melancólica mirada de los tiempos, sonrientes, a la espera de que todo esté preparado para la transmisión. Todo está a salvo, todo está bien.

 

 

La dictadura de la burguesía. El Manifiesto Consumista


 

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Acaba de llegar de la imprenta una edición que hemos hecho en la editorial Dharana sobre el Manifiesto Comunista. Su lectura es muy recomendable hoy día porque nos hace ver las contradicciones históricas en las que nos encontramos, y de cómo aquello que antes parecía algo extremo ahora se ha normalizado por completo. No deja de ser paradójico que el librito haya llegado hoy, el día que han bautizado como el blackfriday, un día de compulsión consumista donde lo que importa es comprar cualquier cosa.

Un editor que vive aislado en los bosques tiene tres herramientas imprescindibles para poder trabajar: un coche, un ordenador y un móvil. Como ayer se estropeó una de ellas, el móvil, aproveché la ocasión para imbuir mi psique en un gran centro comercial y observar con detenimiento qué ocurría. Cuando vives en los bosques, alejado aparentemente de los impulsos consumistas, te sientes un poco extraño en esa maleza de trazos inconscientes. Miré con detalle todos los móviles porque siempre he sido un friki de la tecnología. Me asombró ver la decadencia de los grandes. Nokia no estaba por ningún lado. Marcas como Motorola o BlackBerry desaparecidas. Samsumg en caída libre dando paso a nuevas marcas como Huawei. Apple parecía entrañable pero desorbitada en precio. Miré con atención y me decanté por un móvil barato, un Huawei que no llegaba a 150 € asombrándome de paso de todo lo que ofrece a tan poco precio. Durante muchos años fui bastante fiel a las marcas de moda, a la tecnología revolucionaria y por ende, bastante cara. Desde que estoy en los bosques, me doy cuenta de que se puede consumir, pero equitativamente, con cierto juicio y criterio. Me refiero que hace unos años me hubiera gastado mil euros en un móvil y ahora prefiero gastarme diez veces menos y disfrutar de la última tecnología a un precio razonable, sin excesos. Tras probar todas las marcas llegas a la conclusión de que todo se fabrica en China. Entonces, ¿por qué despreciar una marca totalmente China?

Todo esto tiene que ver con aquella dictadura del proletariado que Marx y Engels describían ingenuamente a nuestros ojos actuales, pero con atisbos de impredecibles consecuencias para la época. Quién les iba a decir que el proletariado de antaño se iba a convertir unos siglos después en auténticos burgueses, con sus buenos coches, sus buenos móviles y todos conectados a una nueva “Internacional” llamada Facebook.

Los tiempos han cambiado, es evidente. La esclavitud de la que hablaban en el Manifiesto se ha sofisticado. Realmente no nos damos cuenta de que los grilletes siguen estando ahí, pero ahora no importa porque tenemos el blackfriday y todas esas cosas que compensan nuestra existencia. Por eso de alguna forma el Manifiesto sigue estando de actualidad. Nos ofrece una visión aberrante de una sociedad decadente cuyas revoluciones aún están pendientes.

Y no porque consumamos, cuidado. Como digo, está bien que consumamos para que el mundo siga funcionando. No podemos marcharnos todos de repente a la montaña y volvernos unos monjes austeros y alejados de las modas y los placeres mundanos. Es el cómo lo hacemos, el por qué lo hacemos y donde ponemos la atención, el propósito.

Consumir para acumular cosas que luego tiramos al estercolero de turno está acabando con nuestro planeta. Dirigir nuestros escasos recursos en tener el último artilugio de moda, simplemente porque es eso, una moda, es un pozo cargado de vacío. Nuestro proletariado burgués tiene un reto por delante en las próximas décadas: aprender a vivir materialmente mejor, pero también emocional, mental y espiritualmente. Sí, se puede vivir bien, con buenas cosas materiales que nos hagan la vida mejor, más sencilla y hermosa. Pero también tenemos que amueblar nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestro espíritu para darnos cuenta de que la vida, más allá de esas revoluciones pendientes y ese materialismo a ultranza tiene muchos más matices.

Dicho esto, por favor, consumid libros, que nos hacen más libres y más cercanos. Y de paso, os invito a darle un repaso al Manifiesto Consumista, perdón, Comunista.

Lo podéis comprar aquí a un módico precio:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/manifiesto-comunista?sello=dharana

 

Viajes de ida y vuelta


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Mientras viajamos por todo el país en búsqueda de respuestas inexorables al momento en el que vivimos, notamos cierta tensión y agravio por lo que pueda ocurrir en el país americano ante un día tan crucial como el de hoy. No nos gusta ninguno de los candidatos, pero seguro que uno será menos malo que el otro para Estados Unidos y también para todo el conjunto de la humanidad.

En el mundo siguen ocurriendo cosas que se escapan a nuestra esfera de influencia. El norte de España se está despoblando. Nos dimos cuenta cuando estos días vagamos por tierras de meigas y cruzamos algunos pueblos abandonados que reclamaban de nuevo vida. Casas enteras, en perfecto estado, de piedra noble y de talla monumental, esperando un nuevo habitante, un nuevo guardián que las dote de vida y calor. Sentimos cierta pena por ver a pueblos enteros deshabitados mientras en algunas otras partes del mundo hay personas que no tienen dónde ir. Refugiados que son dinamitados en alta mar para que no sean una excesiva molestia para los que dedicamos nuestro tiempo a ver la tele y gastar nuestro dinero en compras.

Viajamos hacia el sur y allí nos esperaban con el calor de siempre, abrigando nuestro peregrinar con una buena tortilla de patatas y un lugar donde alojarnos. Ese calor humano que se transmite con la compañía y con un plato de comida es muy significante. A veces solo debemos empeñarnos en ayudar al otro para encontrar sentido a nuestras vidas. No es cuestión de bucear en el vacío interior, sino de llenarlo de buenas acciones, de buenos actos. Sentimos que la propia generosidad, en sí misma, ya es motivo suficiente para seguir adelante. Sólo debemos esforzarnos para hacerla extensible, para ser diferentes y no avergonzarnos ni pedir perdón por el simple hecho de mostrar generosidad. Es algo muy simple y muy necesario en un mundo que, paradójicamente, presume de ser el mundo más conectado al mismo tiempo que la soledad golpea con fuerza todos los corazones. ¿Para qué estar conectados exteriormente si por dentro nos sentimos huecos y vacíos? ¿Qué hay de la conexión interior, de la espiritualidad -no de la famélica y superficial sino de la silenciosa y acallada- y la vida interior?

Por la mañana tuvimos un encuentro profesional, necesario para gestionar la trayectoria de un proyecto que ya lleva diez años combatiendo la crisis de los tiempos. En las antiguas centurias, los libros, el conocimiento, ardía en llamas en inmensas bibliotecas que eran desahuciadas por la ignorancia y el terror. Pequeños artesanos de la palabra se empeñaban en rescatar el anima mundi para que todo el espíritu de los tiempos sobreviviera y siguiera enriqueciendo nuestro mundo. Ese esfuerzo, esa labor, aún no ha desaparecido, y no resulta difícil reconocer, con un poco de atención, los guardianes del conocimiento. Hemos tenido la suerte de tratar con ellos y tenemos la suerte de seguir aprendiendo de sus conjuros ante el maleficio de la ignorancia y la ceguera.

Seguimos nuestra ruta y terminamos en las costas azules, en el camarote de un barco anclado en un horizonte infinito y cautivador. Nos deleitamos de la belleza del lugar y pudimos conectar con la África profunda y olvidada. Gracias a las tecnologías, la patrona del barco pudo contactar con su empresa en el sur de África y pudimos en viva voz comprobar la situación de guerra que se vive en esos países. Fue una sensación extraña y una experiencia antropológica sin desperdicio. Nos hablaron de las “granjas del frío”, una red de contrabando de niños que sirve para traficar con sus órganos y sus vidas. Nos contaron cosas terribles de un mundo igual de terrible que guarda tras sus secretos macabras prácticas. Realidades que desconocemos, que preferimos obviar mientras vivimos en nuestra burbuja de aparente pero frágil paz.

De nuevo seguimos nuestro camino, todo rápido porque el tiempo apremia. Recoger algunos bártulos para el nuevo hogar perdidos en lejanas montañas, retomar la ruta y dormir en cualquier cuneta prosiguiendo con la ronda de encuentros con desayunos, comidas y cenas. Así con tal de salvar el espíritu, el renacimiento que se teje en las columnas de la fe y la esperanza. Unas tierras aún frágiles pero imprescindibles para dotar al mundo de esa alegría necesaria.

 

El flujo de la vida


 

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«Cada hombre nace en el mundo que él mismo se ha construido», Satapatha Brahmana   «Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado», Dhammapada

 Desde el centro más profundo se expande y se precipita todo el hilo de vida. Ese hilo, llamado en algunas tradiciones como sutratma, se arroja desde adentro hacia fuera, llegando a todo el universo manifestado. En nuestro pequeño universo local, el halo de vida se manifiesta desde mil formas diferentes. Una de ellas, la humana, es de las más complejas. El ser humano alberga dentro de sí la consciencia física y material de las cosas, pero también es capaz de discernir sobre el halo de vida, las emociones, la propia mente y desde allí, tejer un puente hacia planos de existencia más abstractos y complejos.

Podríamos pensar que a lo largo de los tiempos el ser humano ha desarrollado una sensibilidad especial. Ya no tan sólo se preocupa de las cosas básicamente materiales, sino que además procura dedicar tiempo a cuidar la vida, a protegerla, a buscar el entendimiento sobre ese complejo proceso que llamamos emociones y de paso, mediante el inteligente uso de la mente, bucear en los misterios de la existencia con todo el peso del devenir.

Hay un camino más arduo, más difícil de explicar y entender. Se le llama el Sendero de la Consciencia, y es un punto de inflexión entre la parte más profunda del pensamiento humano y aquello que lo sobrepasa. A este punto se llega más por la intuición que por el mero pensamiento, entendiendo la intuición como esa herramienta que supera en complejidad al propio pensamiento.

El universo circundante sigue siendo el mismo, pero ahora se contempla desde otro punto de vista. La visión ha agudizado su percepción y la vida se manifiesta más amplia, más compleja y más sorprendente.

En el curso de las edades han existido instructores que de alguna forma han intentado, mediante alguna peculiar pedagogía, advertirnos de esa visión amplia. La enseñanza, el mostrar esa luz para que otros vean supone un reto admirable, complejo y necesario. No es una pedantería iluminada, es la propia luz del sol que sale cada mañana para mostrarnos el mundo alejado de la oscuridad y las tinieblas. Cuando ese milagro ocurre todos los días, vivimos en otra visión, en otra percepción distinta. A niveles filosóficos o existenciales, esa visión también puede variar si conseguimos entender el flujo de la vida como ese hilo que se apodera de todo y nos guía hacia otras realidades aún más bellas y asombrosas.

Existen importantes enseñanzas y existirá nuevas ciencias que nos ayudarán a comprender la vida como una compleja red de manifestación. Estas ciencias o enseñanzas nos llevarán de la mano hacia esa nueva visión emancipadora. Producirá un mayor grado de sensibilidad a las impresiones del mundo que ahora desconocemos por nuestra propia ignorancia y ceguera. Nos ayudará a construir en nosotros los hilos sutiles que harán que esa visión se fortalezca y eleve. Y quizás, lo más importante de todo, producirá la visión sobre la continuidad de la consciencia como un todo universal y unitario. La vida, siendo una, se respetará aún de forma más convincente y verdadera.

Sentir el palpitar


 

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El olor a chimenea es reconciliador. Las hojas otoñales forman un manto precioso que deja escapar las entrañas de la tierra en forma de setas que nacen con las primeras lluvias. El paisaje no puede ser más impresionante. Aquí no llegan las noticias de ningún tipo, excepto las de naturaleza ciega. Algo desea emerger hacia una marcha progresiva e incesante de vida superior. Algo sencillo, manifiestamente dirigido por ese orden natural que revela una interminable progresión hacia los designios inmutables.

Somos seres débiles y endebles. Nuestra fragilidad puede medirse a cada paso. Un mal tropiezo puede ser devastador. Una indigestión puede terminar fulminante con nuestro halo de vida. No somos conscientes del todo de esa intermitente casualidad que nos mantiene aparentemente fuertes ante las adversidades. Ese agregado de fuerzas perennes se agolpan en la mirada acompasada por la visión. Ocurren adaptaciones que parecen salvajes ante nuestra más insólita ignorancia, aquella incapaz de juzgar y entender los hechos objetivos de la vida sin añadirles cierto misterio y magia. Para el observador avispado, parece como si de entre la niebla surgieran a veces luminiscencias, seres semi-inteligentes que bucean en la realidad Una para intentar ser guiados por altos espíritus, por ese verbo manifestado proveniente de ese logos inmanifestado, esa mente universal e inmutable que establece los códigos misteriosos de todo cuanto existe.

El bosque parece transformado. Llamamos ciclos naturales a ese latir de un corazón que progresa hacia el anillo que todo lo anima. La vida es un aliento que palpita delante de nosotros, dentro de nosotros, fuera de nosotros, intrínsecamente en todas las cosas. En el silencio podemos sentir ese pálpito. Es como un tambor de aquellas tribus primitivas que conectaban con la esencia del espíritu de los tiempos. Una geometría sagrada que se revela como una mariposa arrastrada por la brisa. Un amanecer que bombea luz a todos los rincones. Un suspiro a media tarde capaz de atravesar con su emoción todo el remolino de aconteceres unidos por el sonido de la música.

Sentir ese pálpito es salpicar cada acontecimiento de expresión, de vocablo imperceptible, de vacuidad al mismo tiempo que lo sempiterno explota. Nuestros errores desaparecen. También lo hacen nuestras flaquezas. Los ciclos continúan. La vida continua. El misterio se desvela en esa llama, en ese tronco que transmite su calor a sus congéneres. El tambor no puede dejar de sonar en esos corazones, en ese barro que constituye nuestra vida. La tierra ahora está húmeda y caliente. Es otoño. La chimenea calienta las estancias, el corazón late a otro ritmo. Las aves rastrean en el suelo y los mundos se unen en su color añejo. El corazón se escucha más cercano. La vida, en su letargo, nos protege. Serena, la vida continua.

Gracias Antonio


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Antonio se marchó como siempre había querido. Con las botas puestas, trabajando hasta el último suspiro, sin parar de buscar y bucear en las letras de otros para editar aquello que veía como posibilidad futura. Llevaba muchos años en la cuerda floja, con esa enfermedad que tenía su cuerpo mancillado pero que no le impedía, a su pesar, seguir adelante. Cada cierto tiempo me llamaba para decir que le quedaban unos meses de vida. Me explicaba algunas anécdotas con risas y me pedía si, una vez el estuviera en el otro lado, podía ayudar a Pilar con la editorial o con lo que fuera. Me sentía halagado por tan inmensa petición y le decía que esperara, que haría cualquier conjuro curativo con tal de que aguantara todos los años que hicieran falta. Que no había prisa por irse, que tal y como estaba el patio, hacían falta muchas manos en este tajo.

Desde pequeñito leía los libros que él, junto a su infatigable compañera Pilar, editaban en Sirio. Nunca sabía quién estaba detrás de la Editorial Sirio, pero siempre me sentía agradecido por esos libros que pocos se atreven a editar y que sirvieron como guía en esa curiosidad adolescente por lo trascendental, por el misterio, por lo oculto de la vida.

Lo conocí hace casi diez años, junto a su infatigable esposa Pilar, cuando por una tímida casualidad me hice editor. Vi por primera vez a Pilar en una reunión de editores y me pareció un alma grande y benévola, hermosa y carismática. Sentí una atracción irracional por su presencia y ya no me despegué de ella. Él ya estaba enfermo pero desde el primer momento ofreció su ayuda incondicional a este joven editor que hacía sus pinitos. Sentí como esos padres que te adoptan cuando vienes desahuciado de una guerra. Primero con la distribución de nuestros libros, luego, también siendo mi primer editor. Tuve el honor y la suerte de que me editara dos libros de mi autoría. “No son muy buenos, pero sé que algún día llegarás lejos”. Esas palabras me llenaron de emoción pero también de responsabilidad. Tenía que estar a la altura de sus perspectivas. Antonio siempre era claro y sincero, y eso tiene un valor profundo en un mundo tan mentiroso como el nuestro. Siempre pensaba y me reprochaba que tenía un talento desperdiciado. Que estaba agotando mi vida en caprichos que no valían la pena. Me costaba decirle eso de que simplemente estaba sembrando, pero me gustaba escucharle porque siempre dotaba el alma de cualquiera de esa fuerza suficiente para seguir adelante.

El trato profesional pasó la frontera de la amistad y empezamos a frecuentarnos en su despacho, contándonos anécdotas mientras desayunábamos leche de almendra con galletas, sufriendo la crisis del sector e imaginando como sería el mundo de los libros en el futuro. Me sentía arropado, protegido a su lado, como ese mentor que todo pequeño empresario necesita para impulsar sus proyectos. Siempre me echaba la bronca cariñosamente por mis torpezas editoriales pero siempre estaba ahí el primero para echar una mano en lo que fuera. Lo hizo cuando estuve a punto de deshacerme de los sellos editoriales y él me animó y me ayudo para no hacerlo. Estuvo ahí cuando quebraron nuestras distribuidoras dejándonos pufos de más de cien mil euros y él decidió distribuir todos nuestros libros. Estuvo ahí siempre, hasta el último día.

Una semana antes de marcharse, tras una visita a Málaga para ver como estaban, decía que quería volver a venir a O Couso. “Lo haré en unos días”. No lo hizo, se fue al otro lado quizás porque allí haga ahora más falta. Quizás para inspirarnos y ayudarnos en este trabajo de seguir llevando las letras de nuestro tiempo a los rincones más insospechados. Querido Antonio, gracias de corazón por todo lo que has hecho en nosotros. Gracias de corazón por estar ahí. Sigamos adelante querido.

Pd.- Este año se han marchado dos buenos amigos de Málaga. Pepe primero y ahora Antonio. Como diría nuestra querida Dolores, estarán ahora tocando el arpa en alguna nube mientras con cierta broma socarrona ríen a costa de nuestras pequeñeces. Pasadlo bien bandidos y disfrutad del otro lado.

 

Sobre la naturaleza del alma


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“El Ser Supremo tiene dos naturalezas, superior y inferior, tierra, aire, fuego, agua, éter, mente, entendimiento y sentido del yo es la óctuple división de mi naturaleza, pero esta es mi naturaleza inferior, mi otra naturaleza, la superior, por la cual el mundo asciende, es el alma, la consciencia”. Bhagavad Gita

Es cierto que entregar unos años de tu vida a un propósito invisible para los ojos que se fijan en las cosas de la tierra puede resultar una pérdida de tiempo. Puedes ver a un leñador atizar el fuego de una chimenea en otoño y olvidar que durante el verano estuvo trabajando duro en la espesura del bosque. Puedes ver caer las semillas en la tierra húmeda y obviar los procesos invisibles que se desarrollarán en toda su explosión de vida futura. El agua que circula rauda en primavera se cuela por los acertijos del valle para penetrar en las profundidades calizas y albergar en oscuras cuencas el líquido de vida que muchos beberán. El aire circula afanoso transportando ideas mientras el fuego, avivado por la lucha de las estaciones, expande su calor en las estancias invernales.

Más allá del mundo de la forma, de la estrecha mirada fenomenológica que todo lo entiende porque muestra tan solo las partes finitas de los hechos, existe un mundo aún más rico y extenso donde las causas no tienen fin y la naturaleza se expresa de forma ascendente. Es allí donde moran, en posadas trasparentes cargadas de luz y brillantes paredes  aquello que llamamos el alma y la consciencia. Es allí donde los propósitos se apoderan de nuestras vidas y nos conducen a realizar cosas que son incomprensibles para la mirada corta.

En esas moradas viven aquellos que vigilan e inspiran nuestros actos. Aquellos que esperan ansiosos el que fijemos la mirada no en la parte carnal de las cosas, sino en los rostros invisibles de las mismas. Aquellos que implantan con paciencia la esperanza en nuestros corazones, esperando cautos que nuestra obra se fije con las columnas de la virtud, la razón y la verdad.

Hay una promesa en el aire que inspira constantemente pensamientos simientes, consciencias altamente cualificadas para regenerar la vida que está más allá de lo aparente. Hay muchos servidores cuya misión consiste en anclar en lugares fijos luminarias que atraigan a los buscadores ansiosos por elevar la mirada hacia ese cielo trasparente. La ciudad resplandeciente espera los latidos de nuestros corazones, esos que son como los tambores que dan la bienvenida a los héroes. A veces ocurre que nuestros latidos se pierden en la espesura de la afanosa vida y olvidamos el llamado que nos conmovió hacia la urgencia de actuar. La llama resplandeciente que algún día iluminó nuestro centro termina apagada por falta de ese combustible que regenera constantemente nuestra existencia.

Estamos, todos, llamados a una naturaleza superior, a un camino que tiene que ver más con la amplitud de la vida que con la estrecha rigidez de nuestra naturaleza pequeña. Hay algo que nos conmueve para seguir avanzando y creciendo hacia el mundo del espíritu. Hay algo que nos empuja más allá de los causas y los arquetipos que hace ascender al mundo. Ese algo debe latir fuerte en nosotros. Ese algo nos debe convertir todos los días en brillantes estrellas en la oscura noche.

Nace Editorial Phylira, una plataforma de autoedición con vocación de servicio


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Estimados amigos,

Hoy, 21 de junio, solsticio de verano de 2016, nace oficialmente Editorial Phylira (www.phylira.com), una plataforma editorial de edición, autoedición y coedición. Gracias al inestimable trabajo y entrega de Iván, Laura y Oscar, esta plataforma toma vida con una clara vocación de servicio. Durante muchos meses hemos estado trabajando en la idea, buscando la fórmula para que este nuevo reto sea eficiente y útil para el mundo editorial. Hemos conseguido un producto refinado, rápido y eficaz para ayudar a convertir tus sueños en realidad. ¿Una tesis, una novela, un álbum de recuerdos, un poemario? Editamos todo aquello que tu imaginación desee materializar. Además, ponemos a tu alcance servicios editoriales para perfeccionar tu obra y para que llegue lo más lejos posible. ¿Dónde está el límite? Hablemos y saltemos esos límites… Phylira es la diosa de la escritura y de la belleza. Vayamos juntos hacia ese ideal, sanemos el mundo con palabras y verbo, con paz y cariño en las cosas que nos rodean.

Tras diez años de experiencia en el sector editorial sentíamos la necesidad de abrir aún más las puertas a la cocreación, haciendo que el autor fuera parte importante de un proyecto tan vital como escribir y editar un libro. Desde las editoriales Séneca, Nous y Dharana, siempre nos hemos esforzado para que así sea, pero sentíamos que nos faltaba algo más. Es por eso que hemos creado la editorial Phylira, un marco de referencia en la autoedición, con nuevas propuestas y un compromiso claro por hacer las cosas de forma diferente.

Tan diferentes que todos nuestros beneficios van destinados a potenciar el Proyecto O Couso y la Escuela de Dones y Talentos de la Fundación Dharana, un ambicioso propósito donde mucha gente participa desde diferentes lugares y al que estás invitado a venir cuando quieras.

Por eso esta editorial te gustará, será tu casa y encontrarás amigos. No sólo te ayudamos y te acompañamos de la mano de un experto editor hacia el sueño de editar un libro, sino que además compartimos todo el proceso de forma ilusionada y eficiente.

Ya lo sabes. Nosotros te plantamos el árbol en el Proyecto O Couso y te editamos, el libro y los hijos los pones tú.

Gracias por confiar en nosotros, gracias por compartir.

Te esperamos en www.phylira.com

Edita con nosotros y participa en un proyecto diferente.

La normalidad de vivir en un mundo violento


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Muchos vegetarianos somos por naturaleza arrogantes y engreídos. Vamos de salvadores por la vida, pensando que por el hecho de no comer animalitos somos más sensibles o humanos. Realmente no es así. Se nos ve el plumero en cuanto la vida nos pone ante situaciones delicadas.

Me pasaba hoy en el aeropuerto de Santiago mientras esperaba el vuelo que me llevará a Ginebra, no para blanquear dinero (qué más quisiera yo), sino para blanquear libros, es decir, editar libros que por los años, quedaron perdidos y excesivamente ahuesados.

Pues andaba con algo de hambre y fui al único local de la sala de embarque donde preparan comidas. Pedí un vegetal, sin pollo por favor. Porque aquí el concepto vegetal no puede ir disociado de un trozo de algo que no sea vegetal. El amable camarero me dijo que sin problema, me preparaba uno de forma inmediata. Tras pagar por el bocadillo lo que en cualquier otro lugar del mundo te costaría un menú normal con primero, segundo, postre y bebida, me llega el esperado, ahora sí, bocadillo vegetal. Cuando llego a la mesa para degustar un trozo de pan con lechuga y tomate me veo con la desagradable sorpresa de que el “vegetal” tenía… ¡atún! Para mi estupor, de forma civilizada y amable me vuelvo hasta la barra y reclamo que había pedido un vegetal, por si me podían quitar el atún del mismo. La respuesta fue contundente: “aquí los vegetales los hacemos con pollo y con atún”. Es como si pides un arroz y te ponen alubias y te dicen que los arroces los hacen como les da la gana, y si en vez de arroz hay alubias, pues eso es lo que hay. Disgustado vuelvo a la mesa con mi «vegatal» y con delicada paciencia voy sacando trozo a trozo esa chicha oceánica.

La anécdota me crea cierto estupor, diría que casi me vuelve a mi estado pre-humano, donde la saliva empieza a caer por entre los labios mientras miro a ver si encuentro alguna piedra a mi alrededor para poner un poco de orden en este desaguisado. La violencia congénita que llevo dentro me dice que puedo salvar la situación con un poco de sangre, dolor y lágrimas.

Luego recuerdo que este fin de semana estuve en un curso de mindfulness, de esos donde el ego queda relegado a nada y la paz universal inunda todo cuanto se respira. Recordé la técnica del “stop”, es decir, de parar toda mi actividad mental y emocional y bucear al mismo tiempo en el delicado barómetro del ser, en el punto de quietud y en el flow de la vida. Respiro profundamente mientras inhalo serenidad que me llega de alguna dimensión desconocida. Intento indagar en los estratos profundos de mi condición humana y examino a raudales todas mis emociones congénitas, todo mi pesar, toda mi constitución elemental.

Observo por fin la raíz del problema. Somos humanos. Llevamos millones de años venciendo a la vida a base de violencia, de sangre, de guerras, de canibalismo primero y luego dietas más suaves a base de vacas, pollos y terneras. En resumen, la constitución humana, incluida la mía, lleva millones de años viviendo de la sangre de unos y de otros, y por lo tanto, la violencia está ahí, inherente, incluso en el plato de comida. Es algo de lo que nadie se da cuenta. Mientras comemos cadáveres vemos las noticias donde nos muestran un cuerpo destripado o el último bombardeo de turno. Son cosas que nos parecen normal, de ahí la cara de alucine del camarero cuando he reclamado un bocadillo vegetal, pero de los de verdad. No estamos acostumbrados a estos esnobismos más propios de hippies de la nueva era que de personas «civilizadas». Lo normal, aunque parezca algo surrealista, es vivir en un mundo violento.

Por eso entiendo mi necesidad de suavizar mis ademanes arrogantes y engreídos en pro de un mundo mejor. Practicaré más todo eso de la atención plena, el mindfulness moderno, y que sea lo que Dios quiera. Mientras, amaré también a mi prójimo carnívoro, aunque esté en una escala superior de la evolución social y cultural, y nosotros, los vegetarianos, no hayamos sobrevivido por mil causas a un mundo violento que nos relega constantemente a la inferioridad de los débiles. Quizás por eso algo me dice que seguiremos siendo engreídos y arrogantes. Por pura supervivencia.

(Foto: ¿A que esta foto parece algo normal y apetitoso? Pues son trozos de atún cazado en alta mar, troceado en alguna bodega y expuesto para alimentación masiva en mercados y bares. Para alguien anormal no dejaría de ser una exposición violenta de las sobras de hoy).

El páramo donde floreces


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Las mesetas están forjadas por el cálido abrazo de los vientos. Tienen curvas suaves que durante años han ido tomando formas que intentan imitar la circularidad universal. Nacidas puntiagudas, llenas de aristas, el tiempo fragua sobre ellas unos tonos cálidos y amables. Allí, alma bella, has dado cobijo a bosques enteros, a páramos donde florecen brillantes y perfumadas floras de múltiples tamaños, formas y colores. El olor que desprendes es tu propia alma, es tu llamado a la vida, la señal de que el espíritu grupal de tu existencia reclama su propio espacio de paz y belleza.

Nuestras vidas se asemejan a esas colinas que con tanta gracias nos muestras. Con el paso de los tiempos consigues que nos volvamos más afectuosos y cálidos, que nuestra oscuridad sea relegada hacia el imperio de la luz. Tienes esa facultad para reclamar la atención en el cobijo, en proporcionar lugares cálidos para que otros puedan cobijarse en ellos. Ya no tenemos ganas de discutir con el viento sobre formas respondonas. Las aristas de la personalidad se pulen poco a poco con tu ejemplo. El ego se calma, se aleja de la crítica y asume su propia responsabilidad con el mundo. Entiende que no ha venido a transformar la realidad, sino a embellecerla, a llenarla de color, ternura y amor. Esa es tu enseñanza invisible.

Y cuando eso ocurre y la luz brilla y las sombreadas capas del septentrión dejan paso a la luz de tu mediodía, los páramos que albergas en tu corazón resplandecen de color y vida. Todas las primaveras se llenan de olores que marcan el inicio de la entrega, de la necesaria continuidad vital. Las mustias y agotadas flores renacen y los alambiques que fraguaban el néctar vuelven a destilar lo esencial de todo.

El amor está ahora en el aire, en el aura de cada movimiento. Despejamos las dudas sobre lo que somos o sobre lo que queremos ser. Simplemente vivimos, nos enriquecemos cobijando vida y entregamos nuestro ser a la creación entera. Es un disciplinado paso ante la rebeldía vital que nos lleva con pausada calma a un estado de ecuanimidad, de abrigo, de apaciguamiento. Solo deseamos abrazar y compartir, dar todo aquello que durante nuestras vidas hemos recolectado. Como esas abejas que van de aquí para allá recogiendo el néctar de nuestros campos, nosotros nos encargamos de recolectar el néctar de los cielos, de las ideas, de los arquetipos que se construyen para hacer de la experiencia existencial un sendero inolvidable.

En estos días de calma he sufrido la alegría de compartir este tiempo con un bello ser cargado de amor y belleza. Su interior es tan grande que solo alberga luces y páramos cargados de florecillas. Es tanta su infinita adhesión a la vida que solo puede mostrar desde esa madurez de las colinas suaves la promesa del dar. Estoy agradecido, inmensamente agraciado. Y es por ello que a ella le dedico estos pétalos de cariño y amistad, de amor y complicidad. Gracias corazón por latir en la dirección adecuada. Gracias por guiar nuestras vidas hacia ese poso de dulzura y calor. Sigamos contemplando los campos. Sigamos siendo posaderas de caminos y experiencia.

Hollando el sendero


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Hoy en la meditación de la tarde me asomaba en soledad a las puertas del misterio. El silencio siempre nos sobrecoge y estimula. Nos acerca a la parte más serena e íntima de nuestro ser. Allí susurra siempre una voz amable y tranquilizadora, esa que nos recuerda ese propósito vital por el que hemos asomado a este mundo. Tras la meditación paseaba por los prados y los bosques intentando alargar el estímulo nacido del punto de quietud. Allí observaba cada partícula de vida, intentando conectar con esa energía vital que todo lo envuelve y recompone. Es algo muy sanador poder pasear por la naturaleza, abrazarla y espiritualizar nuestra vida con sus ocultas enseñanzas.

Veía los nidos de los pajarillos entre los árboles, las flores de mil colores que se habrían paso entre los helechos y las madreselvas. Los olores se amontonaban entre las sombras de los árboles cargados de relucientes hojas. La huerta con forma de mandala está cargada de futuras fresas y todo tipo de cultivos. Es emocionante ver la vida que se despliega en primavera, cuando las puertas del verano empuja para recordarnos que también tenemos derecho a recoger los frutos de la vida.

En esas cosas pensaba cuando, después de tanta siembra notaba como alguna cosa habíamos cosechado. Éramos unos adolescentes cuando empezamos a leer nuestros primeros «libros azules». Más de veinte libros espirituales cargados de conocimientos que requieren un atento y disciplinado estudio que se ha prolongado durante décadas. De todo lo que pasó del intelecto a la intuición, de todo aquello que resonó de alguna forma con la consciencia de los átomos del alma, algo quedó impregnado. Tanto es así que lo que ahora realizamos en nuestra vida tiene mucho que ver con esa entrega aprendida durante años. Y además con el honor de habernos convertido, casi sin querer, en los editores para las ediciones en castellano de dichos libros. Ya han sido tres los libros editados gracias al esfuerzo y la entrega de muchos voluntarios y aún queda la ingente tarea de editar más de veinte más. Es un honor que asumimos con silencioso esfuerzo y dedicación a la espera de que todo se haga desde el buen hacer.

En el trabajo subjetivo, tanto AAB como DK visualizaron una nueva era del saber, una forma diferente de hacer las cosas, más en consonancia con la vida del alma que con los apegos y derroches de la personalidad. Uno de los sueños que proyectaron fue crear en alguna lejana montaña una escuela de meditación. La proyección de ese trabajo quedó integrado de alguna forma en nuestra experiencia vital. Pensamos que un buen servicio hacia uno mismo y hacia la humanidad solo es posible ante una compleja disciplina de aprendizaje y estudio acompañado de un profundo conocimiento y practica meditativa.

Esta es una visión ambiciosa y un proyecto que requerirá en los próximos años una ingente cantidad de esfuerzo. Muchos de los intentos realizados en los últimos años han sido fallidos. El mundo materialista siempre ha vencido la batalla a los sueños inspiradores, a las propuestas que nacen del lado profundo de las cosas. Los soñadores tienen la misión de intuir la honda arquitectura de ese misterioso plan. Los constructores esperan impacientes poder emplear su tiempo y recursos para acompañar la elevada tarea de encumbrar la cimentación del templo interior.

Sólo faltaría un poco de lucidez para que entre todos pudiéramos soñar y construir juntos ese mundo mejor. Sólo faltaría un poco de talento para además hacerlo coordinadamente con las fuerzas del espíritu. Hollar el sendero de probación, perdernos por sus ramales y advertir las señales inequívocas de todo cuanto se evoca desde lo más profundo del ser es una tarea inevitable. Seremos dóciles a esa parte del trabajo y sumaremos todos nuestros esfuerzos. La puerta estrecha nos espera y el halo místico de la iniciación al mundo arquetípico nos aguarda.

(Foto de N.P.)

Familia de 3 hijos busca un mundo diferente para vivir y otras esperanzas…


“… el mundo se sustenta sobre el orden, el orden sobre el espacio, pero…¿dónde se sustenta el espacio?” (reflexión upanishádica, siglo VI a. C.)

Acabo de llegar del horror, de la tragedia, de todo aquello que por salud psicológica solemos olvidar o despreciar en nuestras vidas. A día de hoy existen sesenta millones de desplazados que viven a su suerte. Refugiados de tragedias, de guerras, de miserias que podrían resolverse si en vez de buscar vida en el espacio dedicáramos algo de nuestro tiempo a proteger la vida en nuestro planeta. Nosotros hemos alcanzado a ver, abrazar y conocer a unos dos mil. Demasiadas almas desvalidas, demasiados espíritus esperando algún tipo de fortuna.

Al llegar a casa me he encontrado con la seguridad de la paz del campo, de los bosques, con el sonido de la primavera cargada de vida y con el risueño canto de la esperanza. Aquí todo está verde y florido, todo suena de forma diferente. Siento protección y seguridad, pero sobre todo alivio por ver como algún día este trozo de campo pueda servir de hogar a todo tipo de desplazados de la vida.

En este remanso de paz y esperanza futura me he encontrado cuando he llegado con algunas gratas sorpresas editoriales. En el retoño de la primavera he retomado mi actividad como editor y hemos lanzado algunas novedades con mucho tacto después de demasiados meses de inactividad.

Recién sacado del horno, el libro de la familia Meys ya se está convirtiendo en todo un éxito. Gracias a los primeros libros vendidos de su «Familia de 3 hijos busca mundo diferente para vivir», hemos podido comprar las maderas para una de las cabañas que estamos construyendo en el proyecto O Couso. La televisión, la prensa y la radio ya están entrevistando a esta querida familia que lo está dando todo por un mundo mejor. Por supuesto, os recomiendo encarecidamente su testimonio y la lectura de su libro el cual estoy seguro que os gustará. Podéis encontrarlo en este enlace:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/familia-de-3-hijos-busca-mundo-diferente-para-vivir?sello=seneca

En el mismo sello editorial, Séneca, que este año cumple la friolera de diez años, hemos apostado de nuevo por la poesía. Sabemos que la poesía no interesa, no vende, no es comercial, pero si no fuera por los poetas, el mundo tal y como lo conocemos hoy día no existiría. Por eso en Séneca seguimos apostando por salvar al mundo de la tragedia insensible. Esta vez de nuevo con nuestra querida Sierra Castro, la cual nos regala «La Luna siempre miente», un nuevo poemario nacido de su alma:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/la%2520luna%2520siempre%2520miente?sello=seneca

Y de alma también nos gusta hablar, de esa cosa que es la suma de todo lo que somos, pero sobre todo, la esencia que nos anima y nos guía por la senda de la existencia. Si alguna vez has sentido curiosidad por saber algo más sobre esa gran desconocida, el Alma, en Nous hemos editado un librito que podrá ayudarte. Se titula «El Alma y su Mecanismo» y es el tercer libro que editamos de Alice Bailey, la cual hizo una gran contribución a las enseñanzas arcanas de todos los tiempos.

http://www.editorialdharana.com/catalogo/el%2520alma%2520y%2520su%2520mecanismo?sello=nous

En Nous también hemos editado este mes un libro que seguro os gustará. Ya es el segundo que editamos de nuestro entrañable amigo José Luis Escorihuela, Ulises. Un soñador que pone en práctica los caminos y que recorre las sendas que predica. Un transicionero que nos explica como es posible cambiar el mundo desde la experiencia vital diaria. «Anecdotario» es su último libro y estoy seguro que os gustará:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/anecdotario?sello=nous

Y por último, en nuestro sello Dharana hemos editado el libro de nuestro querido Víctor Márquez, un monje que ha decidido dejarlo todo para trabajar de voluntario con los más necesitados. En su libro «Pequeño tratado de imperfección» nos desvela parte de su ser. Y pronto editaremos otro libro suyo donde nos relata con detalle como es la vida de un monje. Empecemos a abrir boca con este pequeño tratado:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/peque%25c3%25b1o%2520tratado%2520de%2520imperfecci%25c3%25b3n?sello=dharana

Espero que os gusten estas novedades y espero que juntos tratemos de hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Gracias por vuestra aportación a este proyecto de inspiración literaria y de apoyo al proyecto O Couso. A disfrutar…

 

 

 

 

Estuve perdido, pero fui hallado


a

La tiranía de nuestros miedos siempre nos conduce por la oscuridad. El pavor de la maldad a veces se apodera inefablemente de nosotros. Buscamos herir y no amar. Buscamos dañar y no perdonar. A veces, nos consume el odio, el rencor, la necesidad de destruir al otro. A veces nos perdemos en el sendero retorcido de la sombra.

Un día, alguien te da la mano y te rescata de la oscuridad. Con su sonrisa, con su gracia de vida eterna te espera en el otro lado. De repente desaparece el miedo y algo entrañable se abre ante nosotros. Es una nueva senda, un nuevo camino de paz y amor. No es difícil que eso ocurra cuando nos abrimos, cuando el corazón decide que ya es suficiente de tanto dolor y desea beber de otras fuentes. Una luz nace entonces, una maravillosa revelación, un cambio permanente que nos despierta y abraza.

A veces un solo gesto basta para que ese milagro ocurra. Una asombrosa gracia cargada de esperanza.

Una vez estuve perdido, pero fui hallado. Estuve ciego, pero pude ver, como decía la canción. Esa dulce misericordia se reveló como un haz de libertad. Fui liberado gracias a ese beso sincero, a esa tormenta de amor desbordante, a ese amor interminable que nada exige y todo lo perdona, esa gracia maravillosa que nace del don de amar. Sí, maravillosa gracia que dulce suena en mis adentros, que salvó a un infeliz como yo. Dulce latido que nace de lo más hondo, capaz de perdonar, capaz de volver a abrazar, capaz de respirar hondo ante las dificultades.

Ya no son palabras. Me he hallado. Ahora veo. Algo me enseñó a no temer, algo me alivió de mis miedos. Qué preciosa verdad por la que ahora me guio. Mis cadenas ya no existen, algo me ha salvado del abismo, de la ceguera. Algo tan simple como un abrazo pudo contener la ira, despejar el odio, saldar la maldad y llevarme hasta el bien. Algo tan luminoso como una sonrisa sincera rescató al hombre perdido que había en mí.

Gracias de corazón por lo que has hecho en mí.

Gracias por tu amor y tu alegría, reflejo de esa esperanza que todos buscamos.

 

Celebrando la revolución solar


a

Mañana es mi cumpleaños. Por primera vez en muchos años (quizás más de veinte) no me marcho a ningún retiro, ni me escondo en una perdida hospedería o monasterio lejano. Lo voy a celebrar con una persona, con un ser de carne y hueso al que me entregaré, rompiendo con la tradición, de forma diferente. Será la primera vez que celebre el cumpleaños con alguien y lo veo como algo entrañablemente hermoso.

Al parecer este es un año de apertura para mí. O al menos está siendo una primavera algo loca. Me abro al mundo y rompo con tradiciones, manías y formas de actuar que ya estaban pareciendo caducas. Me abro en todos los sentidos, como una flor en primavera o como un amanecer que desea explotar de luz. Intento que el miedo no me alcance, intento abandonar mi zona de confort, intento transformarme cada día hacia algo mejor, o al menos, hacia algo diferente, intentado que el cambio sea dócil y hermoso.

Me entrego a las relaciones desde otra perspectiva, viendo que las antiguas no me han funcionado. También intento reconciliarme con la amistad, con las sorpresas de la vida y con todas las circunstancias que vivo. Durante años he estado evitando a la prensa y esta mañana concedía una entrevista en un hermoso monasterio en pleno Camino de Santiago para un programa de la Sexta. El periodista me decía que la entrevista ayudaría a vender más libros. Yo le confesaba que me daba absolutamente igual, y que, normalmente, esas cosas no ayudan, a no ser que el libro sea realmente bueno y luminoso.

Un gran sueño siempre fue escribir ese libro bueno y luminoso. No por sentirme lleno de gloria, sino por intentar con ello ayudar en algo, aunque tan solo sea en transformar el pensamiento o viejas estructuras de nuestra sociedad. Cuando hicimos el anuncio de los colchones pensé que la experiencia podía ser positiva para inculcar algún nuevo valor. Hicieron un guión en el que aparecía leyendo o escribiendo encima de la cama emulando lo que más suelo hacer (olvidé decir a los de Flex que llevo dos años viviendo sin colchón). Cuando estábamos grabando les propuse que me podían sacar también meditando, que es algo que siempre hago. No solo les gustó la idea sino que es la que aparece en el anuncio. Quizás esa postura, esa tranquilidad conseguida en un anuncio de televisión que intenta hablar de la sexualidad desde otro punto de vista pueda servir de algo. Hoy me hacían una entrevista para La Razón y ayer para el diario El País. Les dije exactamente lo mismo. Tenemos el deber humano de compartir nuevos valores, nuevas formas de ver y entender la vida. Debemos transformarnos por dentro y por fuera y radiar luz, lucidez, calidez.

En unos días nos marchamos en un viaje que pretende ser solidario con los refugiados sirios que están en Grecia. Ojalá podamos aportar algo, aunque sea tan solo una semilla de esperanza en uno o dos niños. Con eso nos sentiríamos satisfechos.

Y como estoy viviendo esta apertura, os invito a ofrecer algún regalo de esperanza al mundo. Cualquier cosa, un libro, una poesía, un regalo. También estaré encantado de recibir vuestros presentes de cumpleaños, físicos o simbólicos. Aquí estaré, renovado, feliz, ardiendo de vida.

 

La naturaleza del amor, o cuando el amor llega así de esa manera


A

Todo lo que ocurre en la vida, o al menos eso queremos creer, responde a algún tipo de propósito. También nos gusta llamarlo misterio, por eso de que dentro de cada hecho o fenómeno existe un arquetipo superior que le da vida y sentido. Ocurre lo mismo con todo lo que nos ocurre en los planos no solo materiales, sino también en los emocionales e intelectuales. Cada paso que damos encierra un misterio. Por eso cuando aquella noche nos abrazamos sentimos como el misterio se volvía a manifestar, como el arquetipo, esta vez el del amor, volvía a cobrar vida.

Esta vez lo hacía de forma pausada, amable, sincera. No había subterfugios, ni exigencias, ni demandas, ni promesas, ni ficción. Surgió suave de una necesidad vital por abrazar al otro, por amar al otro y fusionar así las causas mistéricas con los efectos inevitables.

Un abrazo sincero nacido del amor, y no del miedo, de la generosidad y no de la exigencia, de la aventura y no del aburrimiento. También de la paz interior, porque cuando más bien estábamos los dos en nuestros respectivos mundos, cuanta más paz y amor había en nuestras vidas, resulta que ambos quisimos compartir ese trozo de felicidad con el otro. Por eso no había huida, sino encanto, hechizo, magia. El otro no era una excusa para llenar vacíos, sino una oportunidad para compartir un rebosante fluir existencial.

Y ahora nos sentimos privilegiados, dichosos, como esos enamorados que se esconden en los rincones para tímidamente besar la vida y sentirla en toda su plenitud. Como esos avatares que te conducen a lo inevitable, como si solo así pudiera haber sido y no de otra manera. Y ahora, en este tiempo, y no en ninguno otro. Como si nuestras diferencias no fueran suficientes para desterrar el deseo, sino más bien un aliciente para seguir aprendiendo el uno del otro y aspirar a contemplar nuevos mundos posibles.

Y si el “ama hasta que te duela” se convirtió en “amor es relación”, ahora el amor nos inunda tímidamente, sin verbo, sin palabra, sin ruido. Solos desde esa atalaya inmortal de silencio y complicidad, de guiño y connivencia por sabernos ante una oportunidad única.

Cuando la naturaleza del amor nace de la sinceridad y la generosidad uno se atreve a pensar que la última palabra aún no está dicha, que la verdad sobre las cosas más grandes de nuestra vida siempre reside en lo más sencillo y cercano. Por eso ahora cada momento resulta imprescindible, único, irrepetible. Por eso ahora podemos amar y ser amados sin miedo, sin atajos, sin rencillas.

Cuando el amor llega así de esta manera, lo único que podemos hacer es disfrutarlo completamente, abriendo nuestros poros para que nos atraviese y apostando por ese sueño imposible, pero palpable. Rozar cada uno de sus intersticios y densidades, sentir cada uno de sus rostros y caricias.

Gracias de nuevo a la vida, y sus misterios, porque nos da tanto.

Siendo, eso es todo, en lo bueno y en lo malo


¿De qué sirve este enredoso aire, si no puedo respirar? Si no luchas por nada… ¿De qué sirve soñar?¿Para qué quiero un mundo carente de fantasía?¿De qué sirve la vida, si vives para servir? Prefiero estar consciente aún cuando duela. Prefiero que la muerte me sorprenda de pie, construyendo un mundo nuevo que quizás nunca vea. Me iré feliz sabiendo que mis sueños nunca abandoné.”  M. Bakunin

Me levanté muy temprano tras un sueño bien extraño. Estaba muy feliz tras un fin de semana inolvidable, de esos entrañables y cargados de amor y cariño. De esos que deseas que nunca terminen para que los días que vengan después sean una continuación de los otros. A mi lado estaban las dos gatitas. Una a mi izquierda y la otra a mi derecha, próximas al corazón, como si de alguna forma sintieran como la primavera ha llegado también a mí. El perro Geo me lamía bien temprano. Tenía ya ganas de salir corriendo tras el caballo o las cabras. Le abrí perezoso la puerta. Hacía frío y nevaba. Me vestí y me fui corriendo hacia Madrid.

De repente el teléfono no paró de sonar. Amigos, periodistas, la televisión. Pensé que había pasado algo o que de repente me había hecho famoso por algún motivo que no esperaba. Iba a Madrid para participar en un anuncio de televisión. Cosas surrealistas de la vida. Dos años viviendo en una caravana sin colchón e iba a anunciar colchones de una conocida marca. El nuevo rey de las camas se atreve con todo. Una periodista de Tele Cinco me pedía si podía gravarme en directo. Lo siento, estoy de viaje. ¿Y mañana? Mañana estaré todo el día en una cama, rodando un anuncio. La pobre no daba crédito. Así que acordamos que la entrevista sería en el hotel de Madrid en diferido para que mañana, sobre las nueve, aparezca en Telecinco.

Llegué tarde a la prueba de vestuario. Era casi la hora de comer cuando empezaron a sacar prendas y más prendas, pijamas y más pijamas todos con su etiquetita con el precio, por si tras el rodaje se pudieran devolver y ahorrar en vestuario. Un pijama azul, otro dorado, otro blanco, otro conjunto así o asá. Me veía como esos famosos actores que hacen esas cosas y parece que se divierten. Yo lo hice. Soy antropólogo y me gusta conocer mundos.

En el hotel estaban los periodistas y las cámaras esperando. De nuevo casi me siento una estrella. Ohhh!! Cuanto poder tienen esas cámaras. Todos me miraban con extrañeza, por si fuera algún famoso. Incluso en el hotel, por si acaso, me dieron la mejor habitación por el mismo precio. Sí, las cámaras tienen poder, el cuarto, dicen. Poder para crear mitos y también poder para destruirlos. Hoy tocaba lo segundo, y a mí me tocaba bucear en el sentido amplio de la profundidad sin caer en la ruindad ni el prejuicio.

Habían encarcelado a Mario y toda su familia. Hace poco sacamos a la luz un libro juntos. “Siendo, eso es todo”. Cuando los periodistas empezaron a preguntarme sobre todo lo ocurrido me limité a contesta cortésmente sobre el mundo humano y la tragedia que hay tras los focos, el interés, el circo mediático y la mentira de la ilusión. Por un momento me sentí un cruzado defendiendo la causa humana ante el imperio de lo absurdo. O como ese colibrí que iba hasta el río gota a gota para intentar con su gesto cumplir con su parte moral ante el incendio del bosque. La periodista me preguntó porqué me había atrevido a dar la cara por un preso, por un delincuente. Realmente no estaba dando la cara por nadie. Sólo quería estar ahí, a su lado, de forma simbólica o precisa. Pero estar ahí. Cuando lo pasas mal, es hermoso saber que alguien está ahí. Cuando llevas dos años viviendo en una caravana sin colchón es agradable que alguien te llame para hacer un anuncio sobre colchones. O como ese ángel que hizo trescientos kilómetros plancha en mano, se metió en mi armario y me planchó algunas camisas para este viaje. Hay cosas que te dejan sin palabras, hay gestos que no tienen precio. Hoy prefería estar consciente ante los gestos, aunque dolieran. Prefería estar atento, alerta. Prefería estar, de alguna manera.

Durante muchos años lo he pasado mal. La vida, las crisis, la pérdida de todo. Cuando lo pasas mal muchos desaparecen. Algunos para siempre. Pero hay algunos, a veces muy pocos, que permanecen. Mario fue uno de ellos, a pesar de todo. Así que le debía el gesto. Un gesto humano, un gesto cariñoso, de amigo. Querido Mario, Siendo, eso es todo, en lo bueno y en lo malo. Sin más. Ahora el sistema que aclare las formas, nosotros nos ocuparemos del fondo.

Emplea lo aprendido al servicio del mundo


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Aprende, no para acumular conocimientos como un tesoro personal, sino para emplear lo aprendido al servicio del mundo”. Rudolf Steiner

Somos grandes acumuladores de teorías. Una de las cosas que más nos gusta es la de atesorar conocimiento, pensamientos que vamos clasificando y amoldando a nuestras propias exigencias. Se nos llena la boca de palabras como el amor, la paz, la tolerancia, pero luego nos cuesta mucho seguir paso a paso por la senda de su práctica. Es cierto que practicar los caminos tiene su complejidad. No es lo mismo hablar del amor, pensarlo, idearlo, que practicarlo. Si las relaciones son necesarias para amar, si el otro resulta imprescindible para el acto del amor, es evidente que no haremos nada teorizando sobre la idea del cariño, del afecto, del gozo. Tendremos que rozarnos al otro, comprenderlo, respetarlo, aceptarlo, escucharlo, abrazarlo, sujetarlo con nuestro pulso en los momentos difíciles. En un mundo, el humano, marcado por la complejidad del símbolo, no bastará con decir “te amo”. Deberemos bajar hasta la realidad y demostrar que ese amor no es tan solo palabrería, ideales o pensamientos, sino que se traduce en acción, en voluntad, en poder de obrar.

Las verdaderas enseñanzas se distingue precisamente por eso. No por lo que dicen, ni siquiera por lo que piensan sobre lo que dicen, sino por lo que hacen. Es el ejemplo, la conducta, lo que marca la diferencia con respecto a lo frágil, a lo inútil, a lo irreal. Solo los poetas que verdaderamente han sentido dolor o amor podrán escribir versos inmortales. Solo los maestros que han experimentado en sus carnes la esencia de las cosas podrán hablar sobre ellas. Solo los valientes que se han lanzado a la aventura de la vida, transitando cada uno de los caminos, podrá advertirnos sobre sus peligros, y también sobre sus grandezas.

Si vemos que la vida es injusta pero no hacemos nada para cambiar esa situación tampoco deberíamos tener derecho a solo hablar de ella. Tendemos constantemente a distraernos, a divagar sobre pensamientos inconexos que no llevan a nada, que no pasan por el corazón, por la emoción, y por lo tanto, no terminan en una acción eficiente. Nuestras riquezas interiores nos desvelan las bellezas del mundo externo. Si por dentro estamos sintonizados con el misterio de la vida, es más fácil que seamos capaces de desarrollar un talento que nos lleve a conectar con la realidad, con la fortaleza inmanente de lo existente. Ese talento nos conducirá al acto de amar, no solo a la palabrería de amar. Ese don nos conectará directamente con las fuerzas vitales.

Hay circunstancias que endurecen nuestra alma, otras nos seducen y nos alejan de nuestros propósitos más nobles. Todo aquello que signifique salvaguardar nuestra vida, esconderla, encapsularla para nuestro goce egoísta, nos aleja del principio creador, de aquello por lo que hemos sido creados. No es un hecho fortuito. La vida se multiplica cuando nos entregamos a la misma con generosidad. Si abrimos el corazón a la experiencia, nuestros deseos se reducen pero nuestro gozo aumenta. Si nos protegemos por temor, algo de vida perdemos en ese acto, algo se apaga en nosotros.

Los sabios siempre nos advierten sobre lo mismo: todo conocimiento que busquemos para aumentar nuestro propio saber y para acumular tesoros personales, nos desviarán del sendero; pero todo conocimiento que busquemos para madurar en el empeño del ennoblecimiento humano y de la evolución del mundo, nos hará progresar un paso más. Nuestra tarea, por lo tanto, es siembre bien simple: entender los ideales como instrumentos para transformar positivamente nuestro mundo. El nuestro y el de los demás.

La mística de lo cotidiano


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El sol y los vientos fríos del norte han atezado nuestra piel. Se ha hecho dura y robusta y cuando nos levantamos bien temprano por la mañana podemos sentir la intensidad del frío pero ahora, a diferencia de otros tiempos, lo soportamos con gallardía. Cuando vamos a la ermita y encendemos la vela nos damos cuenta de que no estamos aquí para buscar nuestra propia salvación. Dedicamos unos minutos a profundizar en nosotros, en nuestro estado de consciencia, meditando concentradamente sobre el puente que une nuestro ser tangible con nuestro yo intangible. En esa plenitud silenciosa acontecen algunos pensamientos, algunas emociones, algún tipo de vibración que nos hace entonar una nota especial. Sentimos la luz, aún con los ojos cerrados, de la vela que acompaña nuestros silencios. Escuchamos atentos el concierto sinfónico que todos los días nos ofrecen los cientos de pajarillos que surcan estos bosques. Respiramos el aire gélido con una paz inusual, con un estallido de vida que nos acompaña durante todo el día.

Luego salimos silenciosos de la ermita. Solemos ir despacio, aún soñolientos, hacia el lugar donde las gallinas esperan impacientes al nuevo día. Les abrimos la puerta y salen corriendo a la búsqueda de su propia luz, del verde de la hierba, del paraíso de la vida. Nos siguen durante los primeros pasos y luego se esparcen por toda la finca para encontrar los tesoros que la tierra les tiene reservados. Son unos seres bellísimos y cada mañana, cuando las vemos, nos interrogamos sobre el trato que los humanos ejercemos en sus débiles vidas. Aquí son afortunadas. Vivirán todo el tiempo del mundo sin temor a nada. Protegidas por la paz del lugar, por el respeto a la vida y por la hermandad hacia los más débiles, nuestros hermanos animales. Durante el día vagarán libres por los prados y bosques y luego, al caer la tarde, regresarán a su lecho de descanso. Volveremos a cerrar la puerta y descansarán en dulce sueño hasta la próxima jornada.

Hoy todos estos gestos, todos estos instantes de compartir la vida cotidiana los hemos hecho con una consciencia diferente. Cumplíamos dos años de existencia en este bello lugar. Sentíamos la necesidad de celebrarlo y lo hemos hecho de una forma especial, sencilla, cariñosa, amable. Había alegría, emoción, palpitación, gozo y felicidad. El desayuno y la comida estaban cargados de algo contagioso. Los paseos en un día lleno de luz tenían un tono especial. Dos años en los bosques, dos años recibiendo la mística del lugar, respirando el sentido profundo de las cosas sencillas. Sin mayor aspiración que la de compartir esta belleza. Sin mayor pretensión que la de ser humildes amigos de esas gallinas que nos esperan todas las mañanas para que abramos las puertas hacia la luz.

Nuestra guía es la fe inquebrantable de todo cuanto aquí sucede. La magia de lo cotidiano, de lo sencillo, de lo raso y sincero. No tenemos grandes pretensiones más allá de poder encender todos los días esa vela para reencontrarnos con el misterio. No tenemos mayores ambiciones que las de poder seguir creyendo en el ser humano. Esta es nuestra casa, pero también la casa de todos. Un lugar abierto a los corazones sedientos, un lugar diferente para los buscadores de fraternidad. Somos sencillos en un mundo complejo y sentimos como la vida cotidiana llena nuestras vidas.

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