El Camino del Loco


DSC_0002

Rosa Sinespina es responsable de un importante proyecto internacional de fusión nuclear con sedes en Ginebra y Tokio. Su faceta directiva y científica la combina con sus idas y venidas a esas dos ciudades, donde reside habitualmente, y con algo que para su grupo de científicos resultaría al menos extraño: su afición a la alquimia y los misterios arcanos. Tanto es así que debido a la reputación de su trabajo y su cargo tiene que firmar siempre con pseudónimo.

Cuando contactó con nosotros no sabíamos de quien se trataba. Recibimos en la editorial un interesante libro llamado Arcano que pudimos editar en nuestro sello Nous. La edición de aquel libro trajo consigo una respuesta inmediata en caminos que más tarde se iban a cruzar. Rosa Sinespina, meses más tarde, desveló su identidad y tuvimos la oportunidad de quedar con él en alguna parte de Madrid, sucedido de varios encuentros más en Salamanca y algunas invitaciones a Japón e Italia que nunca llegaron a materializarse, pero que sirvieron de estímulo para seguir trabajando juntos.

Sea como sea, desde el principio nos emocionó la idea que ya habíamos labrado en nuestro interior de recuperar aquellos escritos arcanos que merecen volver a resucitar para que sirvamos de testigo a las nuevas generaciones de buscadores. De hecho ese fue el principio creador de la editorial Nous, ser una especie de pequeño monasterio de escribas donde nos dedicáramos, al igual que hicieran los antiguos monjes, a recuperar y copiar los textos antiguos de sabiduría. Los escribas y amanuenses de los tiempos modernos son necesarios y requieren seguir siendo los custodios y maestros de la Ley, cueste lo que cueste.

La tarea es ingente, tanto es así que cuando pensamos qué libro iba a ser uno de los primeros en ser recuperado pensamos en el de Mark Hedsel, sugerido expresamente por Rosa Sinespina por ser una buena introducción a los antiguos misterios. Nunca pensamos que la edición del libro nos iba a costar casi dos años. No sólo por el coste de comprar los derechos, de pagar la transcripción del mismo y la compleja edición debido a las múltiples correcciones e imágenes que acompaña a sus casi seiscientas páginas. Además, añadir que el nuevo monacato requiere de lugares especiales, lejos de estímulos innecesarios para poder trabajar de forma adecuada en la consecución de esta magna misión. Así, este libro, para nosotros, inaugura un nuevo tiempo, una nueva tarea de recuperación del conocimiento antiguo, a la espera de que nuestro testigo sea útil a todos aquellos buscadores y a todos aquellos que han penetrado en los misterios y hayan dado los primeros pasos en la práctica del Camino.

Os animo por lo tanto a que tengáis en vuestras bibliotecas este testigo y sigamos juntos con la labor de la transmisión del Misterio. Un trabajo arduo pero necesario en los tiempos que corren.

Gracias expresas a Rosa Sinespina, a David Ovason y Mark Hedsel por ser eslabones de esta cadera aurea. Gracias a todos los que lo hacen posible.

353

Más información:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/el-camino-del-loco?sello=nous

Kadosh y Adeptus


a

Así llegó a ser la humanidad. La humanidad se hizo con las lágrimas emanadas de mi Ojo. (Canción del dios egipcio Atum, siglo IV a.C., según el mito de la Creación del Papiro Bremner Rhind).

Adeptus significa en latín “el que consigue”, “el que alcanza”. En cierta literatura esotérica significa uno que ha alcanzado un cierto grado, por lo general elevado, de visión y compromiso con los propósitos de la vida. En este sentido designa a un “Maestro del Arte”, cualquiera que ésta sea, pero entendiéndose normalmente como el arte de la transformación interior, el arte de conseguir el proceso alquímico necesario para poder transcender la ceguera y la ignorancia y ponernos al servicio de ese algo mayor que aún desconocemos.

Algunas escuelas de la antigüedad ofrecían entrenamiento para llegar a esta categoría. Existían complejos mecanismos de iniciación donde se recibía a aquel que estaba preparado para la renuncia y la conquista de cierto grado de realización. Algunas tradiciones espirituales a muchos de estos iniciados los llamó “santos”, en hebreo kadosh, “elegido por Dios” o bien persona diferenciada, distinguida. En masonería, el “caballero Kadosh” es el grado 30 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Al igual que siglos atrás hacía la caballería espiritual, entre sus obligaciones están las de defender los principios ocultos, al igual que la de proteger a los peregrinos que se encaminan a “tierra santa”.

Cuando el neófito era iniciado, una de sus funciones consistía en convertirse en cuidador del antiguo conocimiento oculto, solo transferible a aquellos que estuvieran preparados para entenderlo. Uno de los principales secretos y una de la más ambiciosa meta de todo adepto era la de poder ofrecer una ayuda compasiva a la humanidad.

Para ello debía atravesar un mundo cargado de pruebas donde sus tutores y guías revisaban cautelosamente todos sus avances. Las antiguas escuelas pensaban que las pruebas ofrecidas sólo pretendían reforzar la determinación del iniciado en continuar su avance y comprobar si realmente su fortaleza interior y su preparación eran dignos de mayor recompensa.

Todo esto ocurría y ocurre incluso ahora, aunque sea de forma anecdótica y casi residual en órdenes iniciáticas que transmitían generación a generación los secretos del silencio, el estudio y el servicio. Eran iniciaciones humanas, más bien con un valor simbólico para proveer al neófito espiritual de ciertas pistas y comprensión sobre el verdadero valor de la iniciación real.

Dichas pistas se ofrecen al curioso, pero el hermetismo de la verdadera enseñanza es tal que resulta casi imposible poder llegar al mismo para el estudioso ordinario. Las revelaciones verdaderas ocurren en los planos interiores, siendo el secreto de dichas revelaciones uno de los principios por los que se puede seguir avanzando. Hablar de cierto control de la materia, de la transformación de los metales, como dirían los antiguos alquimistas, añadido al control de los planos emocionales y sus fuerzas así como las energías de los planos mentales no tendría sentido si no fuera por la rigurosa prueba de fuego que invita al silencio.

Por eso resulta difícil encontrar a verdaderos Adeptos. Su trabajo silencioso e invisible hace casi imposible el contacto, a no ser que se haya desarrollado cierta visión e intuición para poder reconocerlos. Las pistas que ofrecen las escuelas que se aproximan al estudio de los misterios menores nos ayudan a potenciar el entendimiento y acercamiento a los verdaderos principios de los Misterios Mayores, aquellos que promueven bajo un sagrado juramento la disposición para “unirnos con nuestra más alta y genuina divinidad”, o lo que es lo mismo, “unirnos con nuestro superior Genio Divino”.

La prueba real nada tiene que ver con las versiones simbólicas. La iniciación Solar, alejada de la humana, sólo es posible cuando nos enfrentamos realmente a la renuncia de todo cuanto hasta ahora nos ha representado. Todo lo demás no deja de ser anecdótico, simbólico e ilusorio para el estudiante y comprometido buscador que desde su propia ingenuidad cree haber alcanzado algún tipo de meta oculta o realización espiritual. Nada más alejado que eso. Tal es su despiste que sigue en la creencia de que ciertos conocimientos y prácticas pseudoespirituales le dotarán de realización.

La cuestión es, ¿qué significado puede tener esto hoy día? Mucho o ninguno, dependerá de nuestro acercamiento al Arte y su profunda comprensión. Como decía un antiguo Adepto: “Toda la vida nos ha sorprendido que se necesite tan poca actividad de la Voluntad para engendrar notables revelaciones acerca de ese dominio Espiritual que se halla al otro lado del velo fenoménico. Será porque el dominio de lo Espiritual es muy generoso con sus bienes, muy propenso a dar de sí a quienes encuentra preparados para buscar y recibir”.

Carta a un masón


a

Querido H.,

Con respecto a lo que indicas de los asuntos espirituales… Nos estamos dando cuenta interiormente de que ya no queda tiempo vital para seguir aprendiendo en la columna del norte o curioseando de flor en flor como un hábil compañero masón. Existe cierta urgencia, cierta prioridad que atender. El tiempo que en masonería llaman de “compañero”, con ese impulso de viajar para conocer y perfeccionar el oficio se ha terminado. Ahora, aquellos que trabajaron incansables para pulir su piedra y conocer la perfección del oficio deberían empezar a sentir la necesidad simbólica y real de profundizar modestamente en la maestría, es decir, en el servicio a los otros y a la Obra, al Propósito que los Maestros conocen y sirven en silencio y humildad. No como un alegato del ego. Sólo para atender la necesidad que impera.

Este trabajo de servicio debería resumirse en qué tipo de influencia beneficiosa podemos ejercer en el mundo mediante todo lo aprendido. Es bueno seguir puliendo nuestra piedra, pero también es bueno empezar a introducirla en el Edificio, en la Obra, para que resulte útil y sostenga los muros correspondientes. ¿Qué cosa puedo hacer para ejercer una huella positiva en los otros? De no ser así, ¿para qué tanto trabajo? Debemos empezar a pensar desde el lazo místico y la transmisión del Misterio, ¿qué puedo dar de mí mismo a esa Obra? ¿Cómo encajar mi piedra en el edificio para que sea útil y provechosa? No será del todo perfecta, pero no podemos tirarnos toda la vida calculando la plomada y puliendo sus aristas. Debe llegar un día en que todo esté a punto para empezar a obrar por el bien común más allá de nuestras necesidades y postulados personales. Si nos quedamos en lo superfluo del rito y en lo epidérmico de las enseñanzas sin obrarlas en nuestro interior, el trabajo de toda una vida habrá sido inútil.

De ahí que en uno de los grados masónicos se hable del poder transformador de la resurrección. Morir en lo personal para renacer en lo colectivo y grupal. Y de ahí que el maestro que está preparado para ello sea “instalado” en la silla del Rey Salomón. Única y exclusivamente para ejercer de vigilante y guardián del propósito oculto de toda la existencia y obrar en beneficio de todos. El Misterio de la Naturaleza solo puede ser comprendido desde la silenciosa observación de la rosa mística y la construcción del puente que una esa transformación con la patente original del trabajo individual y colectivo. La fraternidad, la igualdad y la libertad no tienen sentido de no ser por la fuerza de su práctica.

En este tiempo hemos dado un paso importante para que esto ocurriera en el Camino iniciático de Santiago. Un esfuerzo de entrega y renuncia en un lugar privilegiado y acto para que otros lo disfruten y vivan en sus carnes el poder transformador de llevar la vida extraordinaria a la vida ordinaria. Para que no haya dudas todo ha sido puesto a nombre de una fundación cuyos principios son, entre otros, la no mercantilización del lugar bajo el lema: “deja lo que puedas y coge lo que necesites” y la no propiedad privada. Así evitamos cualquier tipo de confusión en cuanto a la pureza de su propósito y nos centramos en el trabajo de transformación que el lugar debe ofrecer. Esto tiene sus riesgos porque el lugar requiere mantenimiento y construcción, pero también pone a prueba a muchos que se acercan con intenciones alejadas al propio trabajo interior.

Cada uno debería buscar ese lugar de “crucifixión” personal, tal y como explican los textos iniciáticos, es decir, esa particular Obra donde renunciamos a nuestra personalidad y sus necesidades para ofrecer todo nuestro esfuerzo y trabajo a lo grupal, reorganizando esas necesidades y adaptándolas al esfuerzo común. Y no importa como se haga esto. Solo importa que se haga, con valentía y decisión. Siendo así, sabemos por propia experiencia que todo lo demás vendrá por añadidura. De ahí nuestro afán por llevar a los demás todo lo aprendido, sea mucho o poco, para compartirlo en la hoguera grupal, en la unidad del trabajo común que tan grandes edificios pudieron construir. No hay mayor intención que esa. Quizás incomprensible, pero siempre necesaria para perpetuar la llama flamígera.

Un sentido TAF y seguimos en el Camino…

J.

El despertar de los guardianes


DSC01962

No a nosotros señor, no a nosotros, si no para la gloria de tu nombre (Non nobis Domine non nobis sed Nomini Tuo da gloriam). Haz lo que puedas, con lo que tengas, en donde estés, pero siempre llévanos a la gloria. (Lemas de la Orden Templaria).

A lo largo de la historia han existido vínculos ocultos que unían la tradición iniciática de todos los lugares y todos los tiempos. La gestión del Misterio en Occidente se une en algún momento de la historia con la gestión del Misterio en Oriente. Esa unión pasa mediante rituales y símbolos de generación a generación hasta llegar a nuestros días. Es la cadena áurea en la tradición hermética o el lazo místico en todas las tradiciones.

La misión principal de dicha tradición era la de resguardar los lugares sagrados y el secreto iniciático. Hoy recordaba dicha transmisión con una interesante presentadora y redactora de televisión, buscadora incansable de misterios y alma que resguarda el Grial en esas dimensiones donde lo arquetípico tiene mucho que ver con el mito y la leyenda, pero también con los lenguajes ocultos de la naturaleza.

Los espacios conscientes, la triple estrella de Salomón… Hablábamos y recordaba cuando desde la antropología hacía mis primeras indagaciones en la Orden del Temple y la Masonería. Fruto de esta investigación nació un primer libro, “Entrevista a un masón”. Recordaba también algunas fechas simbólicas que últimamente se repetían constantemente. Tras la pérdida de Acre, la Orden del Temple entró en decadencia hasta que el viernes 13 de octubre de 1307 Felipe IV de Francia ordenó el arresto de todos los templarios. Hace ahora setecientos años fue quemado en la hoguera el último maestre templario, Jacques de Molay. Justo un 18 de marzo. La numerología de estas fechas nos resuenan por todas partes. También las conexiones con San Bernardo, Escocia, la tradición celta…

La Orden del Temple formaba parte de ese entramado de órdenes hospitalarias que pretendían admitir y cuidar a los viajeros, peregrinos, pobres y enfermos que por algún motivo religioso o espiritual transitaban las rutas hacia los santos lugares. De alguna forma, también se convirtieron en los guardianes de esos lugares santos o sagrados, es decir, en los custodios de la tradición sagrada y secreta y por lo tanto, en los gestores del Misterio de esa época. Eran los constructores del nuevo templo, eran los protectores de lo Arcano.

La transmisión no se quebró con la muerte de Jacques de Molay. Muchos desconocen la existencia de la Orden que había dentro de la Orden Templaria a la vez que muchos desconocen la Masonería que existe dentro de la propia Masonería. Sea como sea, existe un incipiente despertar de esos antiguos guardianes de la tradición que intentan rescatar el sentido sagrado de la existencia. Lo hermoso de este tiempo es que ya no se hace desde el secreto de unos pocos. Ahora la luz se desparrama por el mundo sin encontrar barreras y los guardianes se transforman en habidos huéspedes del gran banquete. El misterio de la luz resplandece en todos sus amaneceres. La dorada antorcha ilumina los caminos. La senda continua.

Con Florencio Serrano en Madrid


Ayer fue una tarde muy especial. De esas que son difíciles de olvidar por el impacto que recibes en la profundidad de lo incognoscible y que tiene mucho que ver con el Arte que algunas personas más próximas al estado angélico que al humano, provocan en el oyente atento. Ese fue el caso de la exposición de Florencio Serrano, masón y budista, gran orador y excelente persona que dejó a la parroquia boquiabierta en un acto único e irrepetible. Todos los allí presentes disfrutamos de una magistral e increíble profundidad no muy habitual en según qué contextos.

Me gustó mucho el concepto de meditación en movimiento, muy parecido al concepto que manejamos sobre el agni yoga, el yoga del fuego o del alma, el cual consiste en mantener un constante sentido meditativo en todo cuanto hacemos, pero no desde una posición sobre la voluntad de la acción diaria, sino desde una perspectiva del alma, cumpliendo cada parte con su propósito en eso que algunos dan por llamar el “Plan”. Disfrutamos mucho de esa especial nota de atención a los masones que se marean dando vueltas por el taller sin comprender el significado profundo de esa abstracción espacio-temporal que nos conecta directamente con Nous, nuestra parte más divina.

Sus casos prácticos para la vida cotidiana sorprendieron a todos. Su forma de mezclar conceptos de la tradición Oriental y Occidental en cuanto a la Gestión del Misterio fue extraordinaria. Su libro, el cual recomiendo encarecidamente es solo un matiz de un ser sin duda increíble que dará mucho que hablar.

El próximo miércoles podremos disfrutar de nuevo de él en Barcelona. No os lo perdáis.

Carta a un católico de un hijo de las luces


Estimado R.,

Perdona que no te haya contestado antes pero septiembre ha sido de vértigo, así que aprovecho ahora que me has llamado para puntualizar lo que ya te he adelantado por teléfono.

La masonería es una escuela iniciática en la que, a medida que vas avanzando en ella te das cuenta de todo su origen cristiano y su conexión inevitable con la Iglesia Católica. Muchos masones y católicos contaminan este hecho con falacias y propaganda insulsa, pero lo cierto es que masonería y catolicismo están más conectados de lo que muchos creen.

Los masones antiguos construían templos cristianos y católicos, los modernos, templos interiores, pero su esencia es cristiana y católica y eso se ve claramente en sus ritos y costumbres, en sus signos y símbolos.

Las contradicciones de las que hablas nacen de la ignorancia pura y dura, que es el mayor de los pecados humanos. Por eso los masones reclaman luz, más luz, siendo ellos mismos muchas veces cegados por la misma. En mi libro (yo he venido a hablar de mi libro) Antiguos manuscritos hago una crítica feroz a esa ignorancia de los propios masones y católicos…

Lo importante, y tú lo has expresado muy bien es que nos reconozcan por nuestras obras, y no por nuestras afiliaciones. Lo importante es que el resto de la comunidad diga de ti lo que eres por ser buen hombre, buen padre, buen amigo. Todo lo demás solo son sistemas que pretenden mejorarnos como seres humanos, ya sea desde la compasión cristiana, la fe y la esperanza judía, desde la luz cabal de los sistemas iniciáticos, la práctica de la voluntad búdica, la mística musulmana, la devoción hinduista o… Todo esto solo son manifestaciones de un mismo espíritu que supera el entendimiento racional. Son productos culturales que se adaptan a cada pueblo y tiempo para expresar una única verdad. Todos los místicos de corazón lo saben y llegan a esta misma conclusión. Todo es Uno, y solo el hombre es capaz, con su mente dual y circunstancial, separar la Unidad.

Lo importante, como digo, es ser buena persona, y hacer de este mundo bueno, un mundo mejor… Al menos luchar todos los días para dejarlo mejor de como lo encontramos… Ese es nuestro reto como personas, como sociedad y como generación… Pulir nuestra piedra humana para construir un edificio social excelente… Como esos templos antiguos que se alzaron para conmover al espíritu y traerlo a la luz… ¡¡¡luz, más luz!!!

un abrazo sentido y fraternal…