Aspirantes, probacionistas y aceptados


a

© Manu Roger

En los antiguos y remotos escritos se hablaba del sendero del discipulado. Dicho sendero era una vía intermedia de evolución, donde, según el nivel consciencial y evolutivo de cada individuo se podía considerar un aspirante al discipulado, un discípulo probacionista o un discípulo aceptado. Pasar de un grado a otro requería de un entrenamiento, una disciplina, una responsabilidad y un compromiso.

En el pasado, eran muy importantes las disciplinas físicas y emocionales como puerta de acceso a un progresivo programa de desarrollo espiritual. Las normas de pureza física, anímica y emocional eran requisitos previos antes de poder alcanzar un conocimiento mayor. Esto era debido a que muchos aspirantes a la senda del discipulado no habían desarrollado una fortaleza interior suficientes para luego enfrentarse a las crisis que vendrían con un mayor entrenamiento. Muchos aspirantes eran rechazados de las escuelas preparatorias por no poder contribuir a una mínima disciplina física y emocional.

Muchos aspirantes quedaban presos en la ilusión de sentirse especiales, abrumados por un orgullo espiritual que engullía sus aspiraciones al haber logrado pequeños éxitos mediante una estricta dieta vegetariana o un puritanismo excesivo, necesarios, a veces, pero no como fin en la senda, sino como comienzo de la misma. Muchos aspirantes quedaban rezagados en la enseñanza por perder excesivo tiempo en requisitos mínimos que deberían ser meros trámites, cosas naturales en su propia naturaleza.

Los probacionistas eran los que, una vez superadas las pruebas en ese primer nivel de entrenamiento físico, anímico y emocional, empezaban a entablar un mayor conocimiento de las fuerzas y las energías que se vuelcan en los planos de la mente. Aquí el trabajo tiene mucho que ver con ese primer contacto con el Ser Interno, puente inevitable para seguir hollando la senda espiritual. Es aquí cuando se tenía un primer contacto con las iniciaciones menores y los misterios que entrañan la propia estructura de una jerarquía espiritual determinada. Los antiguos escritos daban relevancia a los discípulos probacionitas como iniciadores de una nueva forma de entender la existencia, con sus propias pruebas y requisitos, con una visión enraizada en la meditación, el estudio y el servicio, más allá de las necesidades particulares.

Una vez el discípulo probacionista había realizado un correcto trabajo de control y disciplina mental, emocional, anímica y material, era aceptado en alguna de las doce escuelas preparatorias para el discipulado avanzado, participando así de la acción grupal, del trabajo en grupo y de la experiencia de experimentar la unidad de todas las cosas con seres esencialmente de su misma naturaleza. El discípulo aceptado empezaba un entrenamiento aún mayor, normalmente dirigido por iniciados de alto grado que mantenían una firme disciplina y una entrega de servicio absoluta.

El entrenamiento solía hacerse en lugares apartados a los que se accedía de forma compleja y donde el trabajo se volvía grupal, en comunidad. Conjuntamente se desarrollaban las virtudes que conducen a una vida de pureza, bondad y conducta recta, donde la aspiración altruista forma parte de la propia naturaleza del discípulo aceptado.
El trabajo grupal es complejo a la vez que gratificante. Ya no se trata de hollar el sendero desde la travesía del desierto que todo aspirante o probacionista vive dentro de sí en la soledad y en la confusión. Más bien es la hora de abrazar el fuego grupal para alinear las fuerzas vacilantes hacia un propósito común: el de la propia Unidad. Ya no hay duda, ya no hay incertezas, más bien una clara visión de hacia dónde dirigir las fuerzas, el ánimo y la propia vida. El contacto con el Ser Interno es claro y determinante, y en esa primera experiencia de Unidad, la vida empieza a cobrar un grato e impresionante nuevo significado.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

 

¿Hacia dónde vas? Hacia mi destino…


 

a

© Rich Kern 

Hay un devenir inevitable. Si uno empieza conscientemente a atar cabos que durante toda una vida parecían aislados y sujetos al azar, va viendo que hay partes de los mismos que encajan perfectamente con un destino trazado. Hay dos formas de entenderlo. Si vivimos una vida inconsciente basada únicamente en el individualismo y en la satisfacción de las necesidades de esa individualidad, el azar no deja de ser una suerte de acontecimientos que determinan programáticamente una vida. Producto de la suerte o la fortuna, todo parece inconexo. Pero si se eleva la mirada hacia una consciencia más allá de nuestra particularidad, se puede ver un tejido intangible que ata de cabo a rabo cada una de las circunstancias que nos llevan hacia una u otra vida. Supongo que esta segunda visión tiene que ver con algún tipo de apertura de consciencia, con alguna visión diferente de las cosas por la cual, todo acontecimiento está basado en un arquetipo que genera causas y efectos entrelazados en una multidimensionalidad compleja y sujeta a leyes que se coordinan unas con otras para generar realidades. Es lo que llamamos destino.

Siendo así, si somos capaces de llevar una vida más allá de la satisfacción de las necesidades individuales, podemos entonces decir abiertamente y sin pudor que andamos caminando hacia nuestro destino. Esta es una complejidad en sí misma, a sabiendas que eso que vagamente llamamos destino nace de un compromiso, de una responsabilidad y de una consecuente entrega. Es la entrega, como resultado final, lo que va tejiendo ese destino, o mejor dicho, es en esa entrega donde la vida se desliza inevitablemente hacia el guion trazado.

Podría ocurrir que, tras un halo de inspiración, volviéramos de nuevo a la inconsciencia. Es lo que los antiguos llamaban el toque de clarín de nuestra alma. Podemos sentir durante un breve periodo de tiempo ese toque de clarín, ese destello de iluminación, esa señal inevitable. Y ahí surge la prueba: seguir o no seguir a esa llamada. De hacerlo, entonces comienzan las pruebas, que no es más que una crisis continua de reajuste entre las necesidades del alma y las necesidades de la personalidad. Cuanto mayor es el conflicto entre ambas, mayores son las pruebas, y por consiguiente, las crisis. De alguna forma, las crisis son importantes en la confrontación de nuestras vidas con nuestro destino. Las crisis nos avisan, nos guían de alguna manera, a cuál enseñanza, de todo aquello que debemos reajustar. En ese reajuste, una nueva consciencia nace, una nueva visión e intuición que nos acerca cada vez con mayor fuerza y claridad hacia la tarea a realizar.

Los forjadores de destino comprenden la importancia de ese reajuste y aceptan las crisis que se desprenden del mismo. No deja de ser complejo el poseer visión propia sobre nuestras vidas, nuestro destino. ¿Qué hacemos aquí? ¿Para qué estamos viviendo? ¿A qué o quién servimos? ¿A un alto ideal, a una creencia, a un egoísmo, a una necesidad, a una carencia? Si nos planteamos con rigor toda nuestra vida, podemos sacar conclusiones sobre estas cuestiones. Si nos paramos a pensar un rato sobre hechos que hemos soportado, podemos comprender cual es nuestro lugar en el mundo, y a qué causa nos debemos. Sólo tenemos que echar un vistazo a qué dedicamos, por poner un solo ejemplo, todo el dinero que ganamos. Si vemos el destino de ese dinero, sabremos a qué causa estamos sirviendo, y de paso, a qué Señor.

Hay una ciencia exacta para todo esto, hay un orden, un misterioso y complejo plan cuya arquitectura es posible dilucidar con un poco de paciencia y estudio. Hay una enseñanza, a veces oculta, a veces sesgada, a veces compleja, que nos adentra en las variables necesarias para atrevernos a seguir nuestro destino. Es un camino largo y angosto cuyo resultado es siempre sorprendente: al no existir realmente individualidad (lo individual es siempre un espejismo), nuestro destino no nos pertenece, sino que lo entregamos a una fuerza mayor, a una causa que engloba unas potencias que escapan a nuestro entendimiento. Al seguir concienzudamente nuestro destino, descubres que estás siguiendo realmente el destino de algo que no te pertenece, de algo imposible de describir. ¿Cual es el destino de una gota de rocío que cae precipitada a las fuerzas que arrastra un inmenso río? La gota de funde con el destino inevitable y se deja llevar por el mismo flujo hacia ese Océano que espera impasible y profundo. Al caminar por la senda trazada, te descubres siendo Senda. ¿Hacia dónde vas? Hacia el Destino…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Gran cónclave


masoneria 1

El himno de apertura era una mezcla entre el Coro de los pescadores de Bizet y el Coro de los peregrinos de Tannhäuser de Wagner. Así lo podías imaginar si cerrabas los ojos y trasladabas la imaginación a los antiguos templos, resguardados al mundo profano por temibles guardas que, espada en mano, protegían los secretos. En la entrada, dos grandes columnas con sendas granadas. Dentro del tabernáculo, inevitablemente, la experiencia de lo sagrado, del lazo místico, aunque hoy día esa experiencia solo sea posible cuando se ha pasado de la iniciación humana a la solar, adecuando cada práctica a los designios de los misterios de Sirio, la estrella de la iniciación. Los antiguos sabeos conocían algo de esta trilogía que terminaba siendo septenaria en su compendio angélico. Siete son los rayos-ángeles que portan la fuerza suficiente para administrar todas las energías del universo, todas aquellas que el Gran Arquitecto conserva para diseñar en nuestro mundo los planos pertinentes.

Tras el himno, la apertura de trabajos que terminaron en tercer grado una vez todos los oficiales estaban en sus puestos, deseosos de convertir el momento en un tiempo sin tiempo y un espacio, por lo tanto, sagrado. Se encienden las tres luces. Al Oriente, en el Mediodía y en Occidente, dejando el frío septentrión para el silencio de los aprendices, ausentes en la ceremonia. Sabiduría, fuerza y belleza, son las consignas para cualquier construcción. La luz siempre es un elemento recurrente, porque el cosmos es oscuro y entre tanta tiniebla, necesitamos las luminarias que puedan guiarnos en esa oscuridad brillante.

Una vez introducidos en el espacio sagrado, se tocan temas relevantes. Uno se sumerge en la atmósfera de saberse transmisor de un conocimiento, de un rito, de una tradición perenne. Los burros somos necesarios para portar el tesoro que es transmitido desde una dimensión a otra, con torpes interpretaciones, pero con certeras costumbres. En el fondo lo que se hace es una representación más o menos acertada de la creación del mundo. Cosmos, cielo y tierra representados con símbolos que recuerdan el orden, la pertenencia a una causa mayor, a un propósito que es necesario conocer, reconocer y servir.

Pasaron los trabajos y hubo un himno de cierre. La música siempre adornando con belleza todo templo. No se puede entender un templo sin música, que, además de representar el Verbo creador, anima a los espíritus en su peregrinar. Cierre de los trabajos y el velo se cierne de nuevo hasta que poco a poco la luz vaya minando por dentro nuestro cuaternario, uniendo bajo la mágica presencia, el terciario necesario para que la luz se manifieste en nuestro interior. En los trabajos de Hércules se dan pistas de como conseguir esa chispa necesaria, ese ardor por conocer los misterios que nos han de guiar hacia la puerta estrecha. Ya no se trata de iniciaciones menores, humanas, si no de índole solar, verdaderas ofrendas que se encasillan en los misterios menores para adentrarnos, poco a poco, y con gran esfuerzo, en los misterios mayores.
La luz tenue se vislumbra a lo lejos, pero siempre queda mucho por hacer para entender del todo la Gran Obra. Se cierran los trabajos, y aún nos queda mucho por descubrir. Viaje de ida y vuelta, solo con el propósito final de recordarnos quienes somos realmente y obrar en consecuencia. Como pescadores o peregrinos, según seamos más dignos de un Bizet o un Wagner. Termina el gran cónclave, todo queda bajo llave, en secreto.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

La conquista del paraíso


 

a

© Nick verde 

Hay un libro antiguo cuyos versos son difíciles de entender. Por más que lo leo, lo repaso y lo estudio, algunas cosas son indescifrables. Veo arena entre sus páginas, vientos que atrapan al lector, huracanes a veces, sempiternas palabras sumergidas en los lodos de las sendas. Hay voces cuyo idioma sería imposible comprender. Talentos que se esgriman en lejanas montañas azules. En sus desiertos hay secretos impenetrables. Sonidos que marcan maravillas, espacios sumergidos, tiempos inexistentes, aullidos en noches oscuras y nieblas en bosques oceánicos.

Hay un libro cargado de antiguos comentarios que destilan sabiduría de otro lado. Uno se siente afortunado por llevar más de media vida leyendo entre sus páginas doradas fingiendo entender algo, pero deleitando en cada frase y descripción mundos posibles. Leer no es solo comprender, imaginar o vehicular dimensiones, es también crear, erigir sonidos puntiagudos llenos de trémula aventura.

“La vida es Una, y nada puede tocar o quitar esa vida”. Reza el antiguo libro. “Que el grupo conozca la vívida, flamígera y saturante Vida”, continua el viejo comentario. Hay un azul índigo que protege el espectro de estas palabras, aún a sabiendas que fueron escritas para un tiempo futuro, para ese tiempo en el que la protección sería violeta, como la llama del séptimo rayo. Hay un hecho fundamental en esas palabras: todo está impregnado de vida. Es una creencia que nace del hilozoísmo, pero describe a la perfección varios aspectos de la organización del cosmos. La materia no puede ser entendida si no se somete a la intuición y la intención espiritual que la conmueve.

Parece que poco sabemos sobre los reinos que nos envuelven. Algo empezamos a entender sobre los cuatro primeros, pero nada sabemos sobre el quinto, el sexto o el séptimo reino. Sólo los atrevidos que empujan la vida hacia lo más hondo del ser pueden proveer cierta lucidez a ese entendimiento, e intentar, levemente, dotar de luz a la ignorancia y ceguera general.

La Sociedad de Mentes Iluminadas es una organización discreta que intenta potenciar la luz en el mundo, la sabiduría, el bienestar. Sus cometidos, siempre discretos, silenciosos, no son más que los de allanar el camino que conduce hacia la comprensión. Son los que viven en el paraíso e invitan generosamente a los demás a que asuman su propia conquista. Comprendiendo las leyes universales, los secretos de la vida, de la consciencia y de la inteligencia unificada se allana el camino hacia ese paraíso perdido. Todo lo demás, todo lo que nos aleja de esta necesidad interior, es superfluo, innecesario. Todo lo demás solo nos distrae de la verdadera vida una.

De ahí la importancia de seguir leyendo el libro antiguo y sus versos. Escrito por miembros lúcidos, requiere templanza y serenidad para algún día abordar su paraíso como un pasaje real, vivido en la vida libre y amable, en la inefable circunstancia del ser.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Mi voz no es mi voz


 

a.jpg

Es difícil verlo, pero a la entrada de este lugar hay un pequeño templecito natural representado por tres columnas: belleza, fuerza y sabiduría (cipreses) y las columnas J y B representadas en la entrada del templo natural por dos árboles de acacia. También encontramos la piedra bruta y la piedra tallada entre las columnas-cipreses… Dentro de la casa, las tres grandes columnas son impresionantes. 

Fue hermoso después de mucho tiempo poder volver a comer con una de las fundadoras del proyecto. Estuvimos hablando apasionadamente de todo lo que aconteció en aquellos primeros años de “magias” y “milagros” dónde ocurrió de todo hasta que llegamos a construir este lugar. La sobremesa se alargó durante cuatro horas porque eran muchos los temas a tratar. Me gustó su fuerza y apoyo en todo este proceso. Me hizo ilusión ver que guardaba con cariño y buen cuidado el que fue mi “hotel Prius” y que en su nueva vida junto al mar había retomado la calma y la paz. Hablamos de los progresos materiales del proyecto pero también hablamos de lo difícil que era progresar espiritualmente. Esta cuestión fue de suma importancia en la conversación y me hizo ver la necesaria colaboración con lo inevitable. Ella había puesto en práctica lo que juntos aprendimos sobre la importancia del decoro, de la belleza, de la armonía, del orden, de la limpieza. Pude ver sus espacios con un equilibrio exquisito, y eso es reflejo de lo que en su vida interior ahora disfruta.

Nada más despedirme de ella, aproveché que estaba en la gran ciudad y fui a un gran centro comercial para comprar siete grandes velas. A mi vuelta de estas largas vacaciones observé que el pequeño templecito de la ermita había sido iluminado por unas pequeñas velas rojas. Todo son símbolos y arquetipos, así que intenté hacer un acto de psicomagia comprando siete grandes velas, reflejo de que a partir de ahora intentaría prestar más atención a la parte interior de todo lo que aquí hagamos, tal y como hacíamos al principio de todo. Subir la vibración del lugar, y de las personas, y de todo lo que aquí realicemos para que el propósito que perseguimos deje de ser un sacrificio y se convierta en algo hermoso y dulce. Siete velas puede ser un buen comienzo. Solo un pequeño acto, un sencillo gesto para empezar a transmitir el verdadero propósito.

Tras terminar la compra me escondí tras el coche en el parking del gran almacén y me cambié de ropa. Me puse el traje negro, la corbata, los zapatos y toda la indumentaria que la noche de ayer requería. Fui hasta ese lugar secreto cuyo emplazamiento solo los hijos de la viuda conocen y allí permanecí hasta más allá de medianoche. El Segundo Vigilante, es guardián y conservador del Orden y del Silencio en las Columnas del templo, y me tocó representar esa hermosa figura, mirando atentamente el septentrión y observando que el orden y el silencio reinara generosamente entre la fuerza, la sabiduría y la belleza.

A veces me transmitían la voz, pero como vigilante, era capaz de entender que mi voz no era mi voz… mi voz es el eco de miles de voces que vienen de lejos. Lo hermoso de transmitir cierta tradición, sea la que sea, es esa sensación de no ser protagonista de nada, sino simplemente un eslabón más en la infinita cadena áurea. Una voz que no es mi voz, sino como dice la tradición, el murmullo sereno y fraterno de un árbol de seres nacido y crecido en el tiempo… y todas esas ramas y todos esos frutos maduran en torno a la raíz de su verbo. Realmente el de ayer fue un día hermoso y pleno. Cargado de inspiración, de amistad, de fraternidad. A las tres de la madrugada llegué a la pequeña ermita, algo cansado y dormido. Dejé una de las siete velas en su centro y el resto las puse en lugares que deben retomar la serenidad. Volverá la luz, siempre más luz.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

La leyenda del ojo del pájaro


a

© Nashoba68

Eso que me oprime, ¿es mi alma intentando salir al exterior o el alma del mundo llamando a mi corazón para poder entrar? Rabindranath Tagore.

En los tiempos en los que la India era un paraíso mítico, Arjuna era conocido por su excelente concentración. Una vez, su maestro Dronacharia decidió poner a prueba a sus alumnos. Se acercó hasta un árbol y colgó de una rama un pájaro hecho de madera. A continuación, pidió a todos apuntar con su arco al ojo del pájaro, pidiéndoles que describieran todo lo que pudieran ver. Los estudiantes empezaron a describir el jardín, el árbol, las flores, la rama del árbol, así como al pájaro mismo. Cuando llegó el turno de Arjuna, él respondió a su maestro que todo lo que veía era el ojo del pájaro. Tal era su capacidad de concentración.

Los escenarios pueden ser hermosos y tentadores. Uno puede vivir en un auténtico paraíso si mira a su alrededor y uno podría pensar en la bucólica idea de una vida sencilla, amable y discreta en un lugar excepcional con unas personas excepcionales. La mayoría de las personas elegimos siempre ese camino, el de la visión panorámica, olvidando el ojo del pájaro de la leyenda de Arjuna.

Miramos y optamos por lo que aparentemente más nos conviene. Pocos son los que cierran los ojos a los escenarios y se inclinan hacia el leve susurro de lo que siente el corazón, lo que se derrama en la concentración, lo que se expresa en la profunda brisa de lo interno. Esta visión es muy poderosa, porque a veces el corazón nos lleva por caminos difíciles, por angostos carruseles que despiertan en nosotros , pero que están alejados de esa vida tranquila y cómoda, segura y dócil. Rechazar lo bucólico, lo fácil, lo hermoso, para adentrarse en las veredas de lo incógnito supone tener una especial predisposición para vivir la vida en su máxima intensidad, pero también en su máxima disparidad.

¿Qué elegimos? ¿Qué es más noble para el corazón cuando miramos los escenarios de nuestras existencias? El amor de los dóciles no está en el corazón, sino en los ojos que dispersan la mirada distraída. Comen por los ojos, viven por lo que entra en los ojos, apuestan siempre por lo que les hipnotiza a los ojos, obviando la naturaleza suprema del corazón, del ojo del pájaro. La batalla de Arjuna está lejos de ellos, porque desean el camino fácil, tranquilo, reposado, seguro. Los sentimientos son moderados, viven una vida contenida sin revelar ningún amor profundo, sin lanzarse desnudos y vacíos hacia la pérdida. Al no desear derrotas, no desean apostarlo todo a un camino inseguro lleno de trabas y dificultades.

Sí, puedo observar a mi alrededor y ver cómo la vida me sorprende de nuevo con contextos que podrían llamarse afortunados. Pero un nómada, un peregrino errante no busca fortuna, no busca victorias, no busca un lugar tranquilo plagado de riquezas y obsolescencias. Mira hacia dentro y observa con cautela los dictados del corazón, concentrando la mirada en lo profundo. Y ahora lo lleva aquí y luego allá, donde esté la necesidad y el hambre, donde esté la batalla que apremie su latir. De ahí la necesidad de una claridad extensa para conectar con el adentro. Una mente experta, decidida, alineada, concentrada, con capacidad exquisita para poder discernir entre lo verdadero y lo falso, entre los escenarios irreales al corazón y la profunda vida interior que subleva los sentidos y se desprende de lo accesorio, una mirada fija y concentrada en el ojo del pájaro.

¿Qué elegimos, un sol radiante o una luna cambiante? ¿Qué es más noble para el corazón? ¿Una vida fácil y tranquila o un camino apasionante, sí, cargado de pérdidas y derrotas, pero vivido hasta su máxima expresión? ¿Qué es aquello que tanto nos oprime el pecho? ¿Qué tiene que decir nuestra alma libre sobre la existencia que llevamos? ¿Dónde está nuestra capacidad de escucha, de elección, de atrevimiento, de entrega, de pasión, de realización? ¿Es posible conjugarlo todo o siempre debemos elegir, discernir?

La broma cósmica ha querido que unos años después se repitan poderosamente los escenarios. Pero ahora tengo un poder que antes no tenía. Ahora sé qué es lo que debo elegir, cueste lo que cueste. Y sé que los escenarios bucólicos no traerán paz a mi mundo. Sé que el camino fácil no es el camino que desea mi pecho oprimido. Ahora gobierna el corazón, embajador supremo en la tierra de mi alada alma, dominio incognoscible que habita inconformista las estrellas reinantes del cosmos. La lucha de Arjuna continua… y la mirada de ahora, versa concentrada en los adentros.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

 

Las Etapas de la Meditación


2.- Postura (Asana)
3.- Respiración (Pranayama)
4.- Alineamiento
5.- Fijación en un punto (Pratyahara)
6.- Concentración (Dharana)
7.- Meditación (Dhyana)
8.- Contemplación (Samadhi)
9.- Iluminación

1.- Correcta Conducta.- Es la disciplina del triple hombre inferior, la lucha con los elementales físico, astral y mental. Es abstenerse de los siguientes actos erróneos:
a) Ofensividad
b) Falsedad
c) Robo
d) Descontrol a nivel instintivo (gula, sexo, pereza)
e) Avaricia y codicia

Cultivar, en cambio, las virtudes opuestas:
a) Inofensividad
b) Veracidad
c) No codiciar bienes ajenos
d) Autocontrol de los instintos
e) Contentarse con lo que se tiene

Esto se entiende que abarca los tres planos: físico, astral y mental. Además, debe cultivarse:
1.- Ardiente inspiración
2.- Lecturas espirituales
3.- Devoción al Ser

2.- Postura.- La postura adoptada debe ser estable y cómoda. Para el occidental, no tiene sentido atormentar el cuerpo tratando de dominar alguna de las posturas del Hatha Yoga, que son tan cómodas para los orientales. Basta con sentarse en una silla confortable, de preferencia baja, con la columna recta, los pies naturalmente cruzados, izquierdo sobre derecho, la mano izquierda sobre la derecha, palmas hacia arriba, apoyadas en el regazo, los ojos cerrados y la barbilla retraída.

3.- Respiración.- Es la regulación de las fuerzas sutiles del cuerpo. Prana no es el aliento, sino la energía vital que circula por el cuerpo etérico. Lo que importa es establecer un ritmo entre la inhalación y la exhalación. Puede hacerse al estilo yoga o al estilo budista (concentrándose en el Hara).

La respiración tiene que ser inaudible y, cuando el ritmo está bien establecido, el meditante tiene la sensación de no estar respirando. Es que el acto de respirar se ha profundizado y está funcionando a nivel etérico. Esto significa que hay una sincronización perfectamente balanceada.

La punta de la lengua va apoyada detrás de los incisivos superiores para conectar los dos canales principales del cuerpo (nadis) y permitir que la saliva fluya naturalmente hacia la faringe, de modo que su abundancia no sea motivo de distracción.

4.- Alineamiento.- En el alineamiento de los tres vehículos o cuerpos: físico, astral, mental, y su estabilización mediante un esfuerzo de voluntad, empieza el verdadero trabajo del yo inferior por acercarse a su Yo Superior.

Es el cuerpo mental quien mantiene a los otros dos alineados. Recordemos que el yo permanente, quien representa a la voluntad, habita en las partes intelectuales de los centros. Cuando ambos cuerpos inferiores (físico y astral) están alineados, el cuerpo mental (o mente) puede establecer una comunicación directa con el cerebro físico, libre de obstrucciones e interferencias.

Cuando el alineamiento logra que los tres cuerpos inferiores se encuentren alineados con el cuerpo causal, y mantenidos firmemente en el radio de su influencia, puede verse actuando a los grandes dirigentes, aquellos que arrastran tras de sí a la Humanidad, los que reciben el nombre de “Discípulos Mundiales”.

Al comienzo se procura lograr la coordinación física, luego la estabilidad emocional, hasta que estos dos cuerpos funcionen como uno. Al extender la coordinación al cuerpo mental, el triple hombre inferior consigue desconectarse de la mayor parte de los estímulos de los tres mundos.

En el discípulo a prueba, este alineamiento se puede producir a grandes intervalos, en momentos de intensa aspiración. Antes de que el Ego se aperciba de su sombra (el yo inferior), éste debe de haber alcanzado la capacidad de trascender los tres mundos en mayor o menor medida. Cuando esta condición involucra las emociones, está basada en la mente y hace contacto con el cerebro físico, entonces empieza el alineamiento.

El logro de esta etapa depende de la purificación y disciplina del cuerpo físico y de la subyugación del cuerpo emocional. Esto hace que la materia elemental que los constituye se vaya sutilizando y haciendo más apta para recibir las vibraciones de los niveles abstractos, las que llegan por conducto del cuerpo causal situado en el tercer sub-plano del plano mental.

En cada vida vamos adquiriendo mayor estabilidad, eso es lo que se llama personalidad integrada, pero muy rara vez conseguimos alinear la triple naturaleza inferior con el cuerpo causal. Por lo general, es el cuerpo emocional sacudido por fuertes emociones, inquietudes y desasosiegos, quien se sale de la línea. Cuando llega a estar momentáneamente apaciguado, es el cuerpo mental con su rigidez producida por actitudes, prejuicios, etc., que no deja pasar la comunicación desde el plano superior hasta el cerebro físico. Son necesarias varias vidas de paciente esfuerzo en la práctica de la meditación para llegar a aquietar el cuerpo emocional y conseguir que el cuerpo mental sea permeable. Aún conseguido esto, se necesita gran disciplina para que ambos logros ocurran al mismo tiempo. Luego se debe trabajar en controlar el cerebro físico para que actúe como receptor fidedigno de la comunicación recibida.

Cada encarnación es representada a su término por una figura geométrica parecida a la de un cubo en perspectiva. Las formas de vidas primitivas son intrincadas, burdas y de contornos torpemente definidos, como un dibujo trazado por un niño pequeño. Las formas construidas por el hombre medianamente evolucionado son de contornos bien definidos y precisos, porque los cuerpos han estado mejor coordinados. Pero en el camino hacia el discipulado aceptado, la meta consiste en fusionar todas las líneas en una sola, lo que se realiza gradualmente. Esta única línea es el antahkarana.

Al final del alineamiento, antes de pasar a la etapa siguiente, se pronuncia el OM, haciéndolo resonar en voz alta en el triángulo del pecho y, por último, mentalmente, en el triángulo de la cabeza. La O se pronuncia larga y redonda y la M se hace vibrar. Se repite tres veces en cada triángulo, imaginando el sonido como una fuerza purificadora que limpia el aura de cada uno de los cuerpos, dejándolos libres de acumulaciones obstructivas.

5.- Fijación en un punto.- Es el recogimiento de la consciencia en un punto ubicado en el centro de la cabeza (hipotálamo). La atención debe ser tan intensa que se dejen de percibir los estímulos que afecten a los sentidos. Una vez conseguido esto:

a) enfocar la consciencia en el átomo etérico permanente, una pulgada por encima del cráneo, en el lugar que ocupa el chakra coronario.

b) llevar la consciencia al átomo astral permanente, liberándola del plano físico.

c) subir aún más la consciencia hasta la unidad mental, fuera de las auras etérica y astral. Así la mente podrá actuar con toda libertad. El resultado es una lucidez mental nunca lograda antes, porque la actividad habitual de la mente siempre está asociada a un deseo o impulso y es afectada por él. Entonces recién podrá actuar como el sexto sentido que es, llegando a constituir un receptor sensible a los pensamientos y directivas del Yo Superior al llegar a la séptima etapa, la meditación.

6.- Concentración.- Es la fijación de la mente en un pensamiento determinado (soporte). Puede ser un mantra, un koan, un símbolo, una cualidad (virtud que se desea adquirir) o una imagen sagrada.

La concentración supone mantener la mente firmemente enfocada en el soporte asignado sin desviación ni distracción. Esto, que para el principiante es sumamente difícil, se hace más fácil cuando se ejercita durante el día poniendo cuidadosa atención en todo lo que se haga (samú) y aplicando el discernimiento y la reflexión cada vez que corresponda. La atención dirigida es una actitud mental y debe ser cultivada. Es obvio que a una mente a la que se le ha consentido vagabundear durante las 16 horas de vigilia, no se le puede pedir que esté obedientemente quieta media hora diaria. La práctica constante de la concentración en las actividades cotidianas supera las dificultades de ejercer control sobre la mente y produce los siguientes resultados:

a) Reorganización de la mente
b) Polarización en el vehículo mental en vez del emocional
c) Apartar la atención del plexo solar al recibir las sensaciones aprendiendo a centrarse
en el cerebro. La mayoría de las personas, al igual que los animales, perciben a través
del plexo solar.

La mente debe ser nuestro servidor y no nuestro amo, y pasa a serlo cuando la podemos enfocar sin desviación alguna sobre cualquier pensamiento simiente (soporte) elegido.

7.- Meditación.- La concentración sostenida es meditación. La mente sólo es consciente de sí misma y del soporte que sustenta su concentración. Esto es meditación con simiente. La actitud del meditante llega a ser pura atención dirigida. Desaparecen para él su cuerpo físico, sus emociones, lo que lo rodea, todos los sonidos y percepciones sensoriales que pudieran llegarle de sus cuerpos o de su entorno. Valiéndose de la mente como de un dócil instrumento, el Ser puede influir en el campo de consciencia del meditante, quien puede dejarse dirigir conscientemente por él y esforzarse en alcanzar los resultados que su Ser espera. La mente ha pasado a ser el sexto sentido que realmente es y el cerebro actúa como una placa fotográfica receptora a la impresión interna. En ningún caso esto es un proceso fácil. Se tiene que haber alcanzado cierta etapa en el desarrollo evolutivo y haber cultivado la voluntad en cierta medida para perseverar en el intento a pesar de las dificultades.

8.- Contemplación.- El meditante ya no es consciente ni siquiera de su mente. El soporte se ha esfumado. No obstante, él está intensamente despierto y alerta, centrado en el plano mental abstracto donde no existe nada perceptible a los sentidos. Esto sólo es posible cuando el yo inferior, vibrando al unísono con la consciencia de su Ser (cuerpo causal), consigue formar un canal libre de interferencias aunque sea por un momento. A intervalos muy distantes al comienzo, pero después más frecuentes, empezarán a filtrarse ideas abstractas que irán seguidas, a su debido tiempo, de destellos de verdadera intuición, provenientes de la Tríada Espiritual (Ego o Ser). No existe en esos momentos ni el tiempo ni el espacio. El meditante realiza su unidad con todo lo que es; la expresión “consciencia de grupo” encierra algo de esa vivencia. Esta etapa se llama también: meditación sin simiente.

9.- Iluminación.- La naturaleza del Ser es luz, y gracias al proceso de la meditación su luz empieza a fluir hacia el meditante a través del sutratma. Su cerebro físico toma consciencia del hecho. A medida que esto se vaya haciendo más frecuente y constante, se va produciendo un cambio en el sujeto. Llega a estar más y más sincronizado con su Ser, la luz en la cabeza, entre la hipófisis y la pineal, se intensifica y el chakra ajna se desarrolla y funciona.

El hombre se percibe lúcido y con un intelecto claro. Es consciente de un poder en sí mismo que le permite comprender lo que existe en el plano del Ser, imprimiendo en su cerebro físico aquellos conocimientos sólo accesibles a ese nivel. Su percepción interior le da la capacidad de penetrar los misterios de la materia trascendiendo las formas y llegando a lo que éstas encubren, porque esa Realidad es idéntica a la que representa su Ser.

Este proceso gradual culmina en una luz enceguecedora: aquel fenómeno que todas las religiones dan en llamar “Iluminación”, o Satori en el Budismo Zen, y que sucede en la tercera iniciación, El antahkarana está terminado y allí, con palabras de Ramana Maharshi: “Sólo existe el Ser y nada más que el Ser.”

Alice A. Bailey