Las Etapas de la Meditación


2.- Postura (Asana)
3.- Respiración (Pranayama)
4.- Alineamiento
5.- Fijación en un punto (Pratyahara)
6.- Concentración (Dharana)
7.- Meditación (Dhyana)
8.- Contemplación (Samadhi)
9.- Iluminación

1.- Correcta Conducta.- Es la disciplina del triple hombre inferior, la lucha con los elementales físico, astral y mental. Es abstenerse de los siguientes actos erróneos:
a) Ofensividad
b) Falsedad
c) Robo
d) Descontrol a nivel instintivo (gula, sexo, pereza)
e) Avaricia y codicia

Cultivar, en cambio, las virtudes opuestas:
a) Inofensividad
b) Veracidad
c) No codiciar bienes ajenos
d) Autocontrol de los instintos
e) Contentarse con lo que se tiene

Esto se entiende que abarca los tres planos: físico, astral y mental. Además, debe cultivarse:
1.- Ardiente inspiración
2.- Lecturas espirituales
3.- Devoción al Ser

2.- Postura.- La postura adoptada debe ser estable y cómoda. Para el occidental, no tiene sentido atormentar el cuerpo tratando de dominar alguna de las posturas del Hatha Yoga, que son tan cómodas para los orientales. Basta con sentarse en una silla confortable, de preferencia baja, con la columna recta, los pies naturalmente cruzados, izquierdo sobre derecho, la mano izquierda sobre la derecha, palmas hacia arriba, apoyadas en el regazo, los ojos cerrados y la barbilla retraída.

3.- Respiración.- Es la regulación de las fuerzas sutiles del cuerpo. Prana no es el aliento, sino la energía vital que circula por el cuerpo etérico. Lo que importa es establecer un ritmo entre la inhalación y la exhalación. Puede hacerse al estilo yoga o al estilo budista (concentrándose en el Hara).

La respiración tiene que ser inaudible y, cuando el ritmo está bien establecido, el meditante tiene la sensación de no estar respirando. Es que el acto de respirar se ha profundizado y está funcionando a nivel etérico. Esto significa que hay una sincronización perfectamente balanceada.

La punta de la lengua va apoyada detrás de los incisivos superiores para conectar los dos canales principales del cuerpo (nadis) y permitir que la saliva fluya naturalmente hacia la faringe, de modo que su abundancia no sea motivo de distracción.

4.- Alineamiento.- En el alineamiento de los tres vehículos o cuerpos: físico, astral, mental, y su estabilización mediante un esfuerzo de voluntad, empieza el verdadero trabajo del yo inferior por acercarse a su Yo Superior.

Es el cuerpo mental quien mantiene a los otros dos alineados. Recordemos que el yo permanente, quien representa a la voluntad, habita en las partes intelectuales de los centros. Cuando ambos cuerpos inferiores (físico y astral) están alineados, el cuerpo mental (o mente) puede establecer una comunicación directa con el cerebro físico, libre de obstrucciones e interferencias.

Cuando el alineamiento logra que los tres cuerpos inferiores se encuentren alineados con el cuerpo causal, y mantenidos firmemente en el radio de su influencia, puede verse actuando a los grandes dirigentes, aquellos que arrastran tras de sí a la Humanidad, los que reciben el nombre de “Discípulos Mundiales”.

Al comienzo se procura lograr la coordinación física, luego la estabilidad emocional, hasta que estos dos cuerpos funcionen como uno. Al extender la coordinación al cuerpo mental, el triple hombre inferior consigue desconectarse de la mayor parte de los estímulos de los tres mundos.

En el discípulo a prueba, este alineamiento se puede producir a grandes intervalos, en momentos de intensa aspiración. Antes de que el Ego se aperciba de su sombra (el yo inferior), éste debe de haber alcanzado la capacidad de trascender los tres mundos en mayor o menor medida. Cuando esta condición involucra las emociones, está basada en la mente y hace contacto con el cerebro físico, entonces empieza el alineamiento.

El logro de esta etapa depende de la purificación y disciplina del cuerpo físico y de la subyugación del cuerpo emocional. Esto hace que la materia elemental que los constituye se vaya sutilizando y haciendo más apta para recibir las vibraciones de los niveles abstractos, las que llegan por conducto del cuerpo causal situado en el tercer sub-plano del plano mental.

En cada vida vamos adquiriendo mayor estabilidad, eso es lo que se llama personalidad integrada, pero muy rara vez conseguimos alinear la triple naturaleza inferior con el cuerpo causal. Por lo general, es el cuerpo emocional sacudido por fuertes emociones, inquietudes y desasosiegos, quien se sale de la línea. Cuando llega a estar momentáneamente apaciguado, es el cuerpo mental con su rigidez producida por actitudes, prejuicios, etc., que no deja pasar la comunicación desde el plano superior hasta el cerebro físico. Son necesarias varias vidas de paciente esfuerzo en la práctica de la meditación para llegar a aquietar el cuerpo emocional y conseguir que el cuerpo mental sea permeable. Aún conseguido esto, se necesita gran disciplina para que ambos logros ocurran al mismo tiempo. Luego se debe trabajar en controlar el cerebro físico para que actúe como receptor fidedigno de la comunicación recibida.

Cada encarnación es representada a su término por una figura geométrica parecida a la de un cubo en perspectiva. Las formas de vidas primitivas son intrincadas, burdas y de contornos torpemente definidos, como un dibujo trazado por un niño pequeño. Las formas construidas por el hombre medianamente evolucionado son de contornos bien definidos y precisos, porque los cuerpos han estado mejor coordinados. Pero en el camino hacia el discipulado aceptado, la meta consiste en fusionar todas las líneas en una sola, lo que se realiza gradualmente. Esta única línea es el antahkarana.

Al final del alineamiento, antes de pasar a la etapa siguiente, se pronuncia el OM, haciéndolo resonar en voz alta en el triángulo del pecho y, por último, mentalmente, en el triángulo de la cabeza. La O se pronuncia larga y redonda y la M se hace vibrar. Se repite tres veces en cada triángulo, imaginando el sonido como una fuerza purificadora que limpia el aura de cada uno de los cuerpos, dejándolos libres de acumulaciones obstructivas.

5.- Fijación en un punto.- Es el recogimiento de la consciencia en un punto ubicado en el centro de la cabeza (hipotálamo). La atención debe ser tan intensa que se dejen de percibir los estímulos que afecten a los sentidos. Una vez conseguido esto:

a) enfocar la consciencia en el átomo etérico permanente, una pulgada por encima del cráneo, en el lugar que ocupa el chakra coronario.

b) llevar la consciencia al átomo astral permanente, liberándola del plano físico.

c) subir aún más la consciencia hasta la unidad mental, fuera de las auras etérica y astral. Así la mente podrá actuar con toda libertad. El resultado es una lucidez mental nunca lograda antes, porque la actividad habitual de la mente siempre está asociada a un deseo o impulso y es afectada por él. Entonces recién podrá actuar como el sexto sentido que es, llegando a constituir un receptor sensible a los pensamientos y directivas del Yo Superior al llegar a la séptima etapa, la meditación.

6.- Concentración.- Es la fijación de la mente en un pensamiento determinado (soporte). Puede ser un mantra, un koan, un símbolo, una cualidad (virtud que se desea adquirir) o una imagen sagrada.

La concentración supone mantener la mente firmemente enfocada en el soporte asignado sin desviación ni distracción. Esto, que para el principiante es sumamente difícil, se hace más fácil cuando se ejercita durante el día poniendo cuidadosa atención en todo lo que se haga (samú) y aplicando el discernimiento y la reflexión cada vez que corresponda. La atención dirigida es una actitud mental y debe ser cultivada. Es obvio que a una mente a la que se le ha consentido vagabundear durante las 16 horas de vigilia, no se le puede pedir que esté obedientemente quieta media hora diaria. La práctica constante de la concentración en las actividades cotidianas supera las dificultades de ejercer control sobre la mente y produce los siguientes resultados:

a) Reorganización de la mente
b) Polarización en el vehículo mental en vez del emocional
c) Apartar la atención del plexo solar al recibir las sensaciones aprendiendo a centrarse
en el cerebro. La mayoría de las personas, al igual que los animales, perciben a través
del plexo solar.

La mente debe ser nuestro servidor y no nuestro amo, y pasa a serlo cuando la podemos enfocar sin desviación alguna sobre cualquier pensamiento simiente (soporte) elegido.

7.- Meditación.- La concentración sostenida es meditación. La mente sólo es consciente de sí misma y del soporte que sustenta su concentración. Esto es meditación con simiente. La actitud del meditante llega a ser pura atención dirigida. Desaparecen para él su cuerpo físico, sus emociones, lo que lo rodea, todos los sonidos y percepciones sensoriales que pudieran llegarle de sus cuerpos o de su entorno. Valiéndose de la mente como de un dócil instrumento, el Ser puede influir en el campo de consciencia del meditante, quien puede dejarse dirigir conscientemente por él y esforzarse en alcanzar los resultados que su Ser espera. La mente ha pasado a ser el sexto sentido que realmente es y el cerebro actúa como una placa fotográfica receptora a la impresión interna. En ningún caso esto es un proceso fácil. Se tiene que haber alcanzado cierta etapa en el desarrollo evolutivo y haber cultivado la voluntad en cierta medida para perseverar en el intento a pesar de las dificultades.

8.- Contemplación.- El meditante ya no es consciente ni siquiera de su mente. El soporte se ha esfumado. No obstante, él está intensamente despierto y alerta, centrado en el plano mental abstracto donde no existe nada perceptible a los sentidos. Esto sólo es posible cuando el yo inferior, vibrando al unísono con la consciencia de su Ser (cuerpo causal), consigue formar un canal libre de interferencias aunque sea por un momento. A intervalos muy distantes al comienzo, pero después más frecuentes, empezarán a filtrarse ideas abstractas que irán seguidas, a su debido tiempo, de destellos de verdadera intuición, provenientes de la Tríada Espiritual (Ego o Ser). No existe en esos momentos ni el tiempo ni el espacio. El meditante realiza su unidad con todo lo que es; la expresión “consciencia de grupo” encierra algo de esa vivencia. Esta etapa se llama también: meditación sin simiente.

9.- Iluminación.- La naturaleza del Ser es luz, y gracias al proceso de la meditación su luz empieza a fluir hacia el meditante a través del sutratma. Su cerebro físico toma consciencia del hecho. A medida que esto se vaya haciendo más frecuente y constante, se va produciendo un cambio en el sujeto. Llega a estar más y más sincronizado con su Ser, la luz en la cabeza, entre la hipófisis y la pineal, se intensifica y el chakra ajna se desarrolla y funciona.

El hombre se percibe lúcido y con un intelecto claro. Es consciente de un poder en sí mismo que le permite comprender lo que existe en el plano del Ser, imprimiendo en su cerebro físico aquellos conocimientos sólo accesibles a ese nivel. Su percepción interior le da la capacidad de penetrar los misterios de la materia trascendiendo las formas y llegando a lo que éstas encubren, porque esa Realidad es idéntica a la que representa su Ser.

Este proceso gradual culmina en una luz enceguecedora: aquel fenómeno que todas las religiones dan en llamar “Iluminación”, o Satori en el Budismo Zen, y que sucede en la tercera iniciación, El antahkarana está terminado y allí, con palabras de Ramana Maharshi: “Sólo existe el Ser y nada más que el Ser.”

Alice A. Bailey

Hacia la Sophia Perenne


DSC_0573

Quiero compartir hoy este texto de Aldous Huxley que me resulta revelador. Lo que dice es importante con respecto a la práctica, a la manera en la que debemos acercarnos a la Realidad Inherente en nosotros desde una estrecha y compleja experimentación. No basta con hablar sobre el mundo, la vida, la inteligencia. Hay que experimentarla, explorarla, sentirla, descubrirla. Hay que abrazar al amante y experimentar con su carne, su aliento y su emoción, y no huir de su lado. De igual forma hay que experimentar la vida: abrazándola, penetrando todos sus misterios, respirando su aliento. Sin miedo, sin temor a la pérdida o al daño. Hay que estar en la vida como se está en el corazón del otro.

Cuando me preguntan porqué vivo en los bosques, en esta pequeña caravana perdida en la nada, siempre digo lo mismo: estoy experimentando la vida, explorando su significado profundo. Aquí no puedes escapar a su inherente realidad. Aquí no hay confusión, ni excusa para apartarte de la existencia. No hay distracciones que puedan convertirte en un zombi viviente. El hilo de vida y consciencia crece por todas partes y te vuelves inevitablemente un amante de sensaciones, un ser vivo con todas sus consecuencias.

Si cuando divisas una nube te conviertes en nube, si cuando el colibrí vuela te conviertes en pájaro, si cuando la lombriz bucea en la tierra húmeda y caliente te vuelves un gusano, no tienes más remedio que interrogarte sobre la ternura del misterio, sobre la inevitable manifestación de la existencia. No hay más excusa entonces para seguir adelante, pero desde ese vértigo que te otorga el no tener miedo. Ahora sí, puedes saltar a cualquier vacío y dejar el misterio te atrape.

La Filosofía Perenne se ocupa principalmente de la Realidad una, divina, inherente al múltiple mundo de las cosas, vidas y mentes. Pero la naturaleza de esta Realidad es tal que no puede ser directa e inmediatamente aprehendida sino por aquellos que han decidido cumplir ciertas condiciones haciéndose amantes, puros de corazón y pobres de espíritu. ¿Por qué ha de ser así? No lo sabemos. Es uno de esos hechos que hay que aceptar, gústenos o no, y por implausibles e improbables que parezcan. Nada, en nuestra experiencia diaria, nos da razón alguna para suponer que el agua está compuesta de hidrógeno y oxígeno; sin embargo, cuando sometemos el agua a cierto tratamiento harto duro, se pone de manifiesto el carácter de sus elementos constitutivos. Análogamente, nada, en nuestra experiencia diaria, nos da mucha razón de suponer que la mente del hombre sensual medio posea, como uno de sus ingredientes, algo que se parezca a la Realidad inherente al múltiple mundo o que sea idéntico a ella; sin embargo, cuando esa mente es sometida a cierto tratamiento harto duro, el divino elemento, de que, por lo menos en parte, está compuesta, se pone de manifiesto, no sólo para la mente misma sino también, por su reflejo en la conducta externa, para otras mentes. Sólo haciendo experimentos físicos podemos descubrir la naturaleza íntima de la materia y su poder latente. Y sólo haciendo experimentos psicológicos y morales podemos descubrir la naturaleza íntima del espíritu y su poder latente. En las circunstancias ordinarias de la vida sensual media, este poder continúa latente, no manifestado. Si queremos despertarlo, debemos cumplir ciertas condiciones y obedecer a ciertas reglas, cuya validez ha demostrado empíricamente la experiencia“.

Celebraciones de equinoccio y antiguos misterios


a

La bahía donde me encuentro está rodeada de océano. A mi izquierda puedo ver el pequeño estuario que une la desembocadura del río Findhorn con la bahía del mismo nombre. Aquí los ciclos de la marea son especialmente visibles. Por las mañanas la desembocadura puede estar totalmente seca y a media tarde parece un inmenso lago lleno de agua y vida. A mi derecha se abre el océano, el frío mar del Norte que un poco más arriba se une con el Ártico. Por las noches es normal escuchar la música de ambos oleajes. Justo en frente de mi ventana tengo las grandes dunas que separan un trozo de agua del resto. A veces es fácil observar a los faisanes que entran en el jardín de casa o pequeños ciervos que vienen a desayunar temprano cualquier flor o arbusto. Las grandes bandadas de aves migratorias se escuchan especialmente por la noche, donde se reúnen muy cerca de aquí para decidir que ruta continuar en la próxima jornada.

Estos días había cierto nerviosismo por la Gran Marea, un fenómeno extraño que coincide cuando la luna y el sol están alineados de forma inusual. Algunos podrían pensar que este pequeño islote podría quedar sepultado bajo las aguas por el gran acontecimiento. Además, en un mismo día, coincidían tres fenómenos impresionantes: la gran marea, el eclipse total de sol y el equinoccio. Por suerte no pasó nada anómalo y la vida continua.

En las varias celebraciones a las que he podido asistir en la comunidad de Findhorn y alrededores las explicaciones iban describiendo todos estos acontecimientos. Por un lado, la importancia del equinoccio con dichos fenómenos naturales y sus ciclos cósmicos. Por otro, todo lo recurrente a la nueva era de Acuario y lo significativo que parecía este nuevo ciclo en el que nos adentrábamos. Un poco de música, alguna celebración, meditaciones especiales dirigidas a invocar las fuerzas de la naturaleza. Rituales de bienvenida y cambio de ciclo. Lo cierto es que uno se deja seducir por todo este tipo de bellas celebraciones. En estos días, había jornadas a las que podía asistir a cuatro diferentes tipos de meditaciones para celebrar diferentes tipos de acontecimientos. La meditación de la mañana, a las seis y media y con una duración de una hora. La meditación de las nueve, la meditación de las cinco, la meditación por las Naciones Unidas en sincronía con la gente que en Nueva York medita desde la sala de la organización internacional, la meditación especial de equinoccio, la meditación especial para sanar, los cantos de Taizé entre una y otra meditación… Un sin fin de rituales uno tras otro, algunos más devocionales, otros más esotéricos, todos gozando de una excelente salud dentro del movimiento del sincretismo espiritual donde se pretende conciliar diferentes doctrinas o tradiciones.

Admito que de todos ellos me han impresionado, especialmente uno que se ha realizado esta mañana a las afueras de Forres, en un apartado lugar cercano a impresionantes bosques y ríos. Se trataba de una mística y antigua celebración realizada por una logia de masonería mixta en la que admiten la participación de hombres y mujeres por igual. Cuando llegamos al lugar nos recibió un grupo de personas vestidas totalmente de blanco, con unas cogullas o hábitos muy parecidos a los que llevan los monjes cistercienses. Nos recibió muy amablemente el Venerable Maestro de la Logia del Santo Grial, al parecer la única logia existente en todo el Reino Unido de la Grand Lodge Ancient Universal Mysteries.

A los pocos minutos, y tras una breve presentación, pudimos entrar en el templo. Allí íbamos a ser testigos de un rito ancestral que ha sobrevivido de la mano de la masonería hasta nuestros días. Se trataba de celebrar la Ceremonia del Equinoccio de Aries, donde, con una particular Invocación de los Grandes Seres se iban a utilizar rituales de origen budista. Como ellos mismos explicaban, la invocación de los grandes seres se inicia en el primer ciclo de la Cruz Cardinal. Se inspiran en las energías del propósito y la intención que inician un nuevo comienzo en el ciclo de la actividad creativa. Pretenden invocar el aspecto voluntad para aplicar dichos fines. Las invocaciones se dirigen a los grandes seres, a los que ellos llaman, quizás siguiendo algún tipo de tradición esotérica, los Señores de los Rayos, así como sus propósitos en lo que respecta al poder inicial que produjo esa maravilla de la expresión creativa que llamamos la humanidad misma.

En estos años he podido asistir a un sinfín de rituales de paso, de iniciación y de cambios de ciclos, pero jamás había asistido a un ritual de tanta belleza, claridad y profunda hermosura. La apertura de los trabajos ha sido una de las cosas más emotivas a las que jamás he asistido. La extraordinaria música acompañada de los gestos, los mudras, esa especie de baile sincrónico de un lado para otro y los cánticos han podido crear una atmósfera insuperable. Toda la dramatización del ritual ha sido escenificada con una pulcritud y seriedad expectante. Realmente los allí presentes no dábamos crédito a tanta belleza y profundidad.

Los antiguos misterios eran, uno tras otro, descritos con gestos, señales y símbolos. Era como si la tradición de los antiguos patriarcas de la humanidad se desarrollara una tras otra en ese minúsculo espacio llamado logia. No puedo añadir nada más. Sólo avivar la curiosidad y mostrar de forma abierta todas estas cosas que ocurren más allá de la puerta de todo misterio y que muchas veces, a pesar de tenerlas bien cerca, las desconocemos por completo.

 

Antes de que puedas recorrer el Sendero, debes convertirte en Sendero


a

Hay una clave de verdad oculta en estas palabras. No podemos intentar crear un proyecto, no podemos procurar crear nada si antes no nos hemos convencido de que eso en lo que creemos es posible en nosotros mismos. Muchos estudiantes de lo arcano nos hemos pasado la vida entera teorizando sobre la existencia, añadiendo creencias, dogmas, significados y explicaciones a cosas que por sí mismas nunca hemos podido experimentar en nuestras vidas. El verdadero camino debe pasar por la propia experimentación. No podemos teorizar sobre el amor, sobre la voluntad, sobre el conocimiento, si antes no hemos experimentado todo eso en nuestro interior. Es necesario practicar los caminos para luego poder mostrar la luz que de ellos se desprenden. Es necesario afianzar el conocimiento en la práctica, en el poder de vencer nuestras resistencias, nuestro pasado, nuestras propias circunstancias y labrar así el siguiente paso. Ese es el principio de toda sabiduría merecedora.

Uno puede llegar a la edad de los sesenta o setenta años y ver que todo lo que hasta ahora había hecho era hablar una y otra vez sobre las maravillas del mundo. Pero puede darse cuenta, quizás por un accidente, por un trauma, por una pérdida, de que durante todo ese tiempo no ha sido capaz de dar ni un solo paso en ese sentido. La investigación nos puede dotar de fuerza suficiente para dar ese primer paso, pero esa fuerza debe venir acompañada de valor, de desprendimiento, de acción, de cierta heroicidad. Energía y fuerza son dos palabras que deberíamos considerar dentro de una investigación profunda, pero también dentro de una practica continuada y sincera.

¿Y cual es el precio que estamos dispuestos a pagar por ese paso, por ese pequeño y ridículo empeño por empezar verdaderamente a avanzar? Dependerá de todas las anclas que hayamos construido, de todos los muros que hayamos levantado en los planos de la materia, de la emoción y el pensamiento. Cuanta mayor atención hayamos puesto en esas cosas, mayor será el precio que haya que pagar para poder empezar a caminar. No se trata de empezar a descuidar esos aspectos, sino de integrarlos en nuestro camino sin que se conviertan en el camino. Debemos integrar nuestra triple personalidad para luego magnetizarnos de esa fuerza superior que nos mantiene en la corriente de vida.

Durante toda una existencia hemos tenido tiempo de construir grilletes lo suficientemente fuertes y potentes para impedirnos ni tan siquiera dar un leve suspiro hacia lo que verdaderamente sentimos como importante. Han sido tantas las cárceles construidas, interior y exteriormente, que nos supone un mundo entero poder salir de ellas. Hasta que un día descubrimos que todos esos miedos, que todas esas cárceles no son más que un punto de ficción, un añadido de fantasía en nuestras vidas que nos alejan de la vida Real. Siempre ponemos excusas para todo: la familia, el trabajo, la hipoteca, la comida, las aspiraciones, los amores, las responsabilidades, los valores, las creencias. Las excusas para no caminar en nuestro Sendero son inagotables. El miedo se encarga de fortalecerlas, de limarlas con asperezas insuperables. Lo único que debemos hacer realmente es darle la vuelta a esos pensamientos: la familia, el trabajo, y todo lo demás son bendiciones que nos han de ayudar a dar el salto definitivo. Todos esos aparentes obstáculos no son más que puentes que se abren ante nosotros para poder vencer nuestras aristas. Son bendiciones que nos deben hacer más fuertes y consistentes. Es nuestra verdadera escuela, pero no para encadenarnos a ella, sino para trascenderla.

Vivimos en un mundo de ensoñación donde resulta difícil despertar a la realidad de lo que realmente somos. Pero estamos aquí, y ahora, ante la siempre oportunidad de seguir adelante. Peregrino, camina, da ese primer paso. Conviértete en Sendero. Practica los caminos…

(Foto: © Anatolih)

El Camino del Loco


DSC_0002

Rosa Sinespina es responsable de un importante proyecto internacional de fusión nuclear con sedes en Ginebra y Tokio. Su faceta directiva y científica la combina con sus idas y venidas a esas dos ciudades, donde reside habitualmente, y con algo que para su grupo de científicos resultaría al menos extraño: su afición a la alquimia y los misterios arcanos. Tanto es así que debido a la reputación de su trabajo y su cargo tiene que firmar siempre con pseudónimo.

Cuando contactó con nosotros no sabíamos de quien se trataba. Recibimos en la editorial un interesante libro llamado Arcano que pudimos editar en nuestro sello Nous. La edición de aquel libro trajo consigo una respuesta inmediata en caminos que más tarde se iban a cruzar. Rosa Sinespina, meses más tarde, desveló su identidad y tuvimos la oportunidad de quedar con él en alguna parte de Madrid, sucedido de varios encuentros más en Salamanca y algunas invitaciones a Japón e Italia que nunca llegaron a materializarse, pero que sirvieron de estímulo para seguir trabajando juntos.

Sea como sea, desde el principio nos emocionó la idea que ya habíamos labrado en nuestro interior de recuperar aquellos escritos arcanos que merecen volver a resucitar para que sirvamos de testigo a las nuevas generaciones de buscadores. De hecho ese fue el principio creador de la editorial Nous, ser una especie de pequeño monasterio de escribas donde nos dedicáramos, al igual que hicieran los antiguos monjes, a recuperar y copiar los textos antiguos de sabiduría. Los escribas y amanuenses de los tiempos modernos son necesarios y requieren seguir siendo los custodios y maestros de la Ley, cueste lo que cueste.

La tarea es ingente, tanto es así que cuando pensamos qué libro iba a ser uno de los primeros en ser recuperado pensamos en el de Mark Hedsel, sugerido expresamente por Rosa Sinespina por ser una buena introducción a los antiguos misterios. Nunca pensamos que la edición del libro nos iba a costar casi dos años. No sólo por el coste de comprar los derechos, de pagar la transcripción del mismo y la compleja edición debido a las múltiples correcciones e imágenes que acompaña a sus casi seiscientas páginas. Además, añadir que el nuevo monacato requiere de lugares especiales, lejos de estímulos innecesarios para poder trabajar de forma adecuada en la consecución de esta magna misión. Así, este libro, para nosotros, inaugura un nuevo tiempo, una nueva tarea de recuperación del conocimiento antiguo, a la espera de que nuestro testigo sea útil a todos aquellos buscadores y a todos aquellos que han penetrado en los misterios y hayan dado los primeros pasos en la práctica del Camino.

Os animo por lo tanto a que tengáis en vuestras bibliotecas este testigo y sigamos juntos con la labor de la transmisión del Misterio. Un trabajo arduo pero necesario en los tiempos que corren.

Gracias expresas a Rosa Sinespina, a David Ovason y Mark Hedsel por ser eslabones de esta cadera aurea. Gracias a todos los que lo hacen posible.

353

Más información:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/el-camino-del-loco?sello=nous

Kadosh y Adeptus


a

Así llegó a ser la humanidad. La humanidad se hizo con las lágrimas emanadas de mi Ojo. (Canción del dios egipcio Atum, siglo IV a.C., según el mito de la Creación del Papiro Bremner Rhind).

Adeptus significa en latín “el que consigue”, “el que alcanza”. En cierta literatura esotérica significa uno que ha alcanzado un cierto grado, por lo general elevado, de visión y compromiso con los propósitos de la vida. En este sentido designa a un “Maestro del Arte”, cualquiera que ésta sea, pero entendiéndose normalmente como el arte de la transformación interior, el arte de conseguir el proceso alquímico necesario para poder transcender la ceguera y la ignorancia y ponernos al servicio de ese algo mayor que aún desconocemos.

Algunas escuelas de la antigüedad ofrecían entrenamiento para llegar a esta categoría. Existían complejos mecanismos de iniciación donde se recibía a aquel que estaba preparado para la renuncia y la conquista de cierto grado de realización. Algunas tradiciones espirituales a muchos de estos iniciados los llamó “santos”, en hebreo kadosh, “elegido por Dios” o bien persona diferenciada, distinguida. En masonería, el “caballero Kadosh” es el grado 30 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Al igual que siglos atrás hacía la caballería espiritual, entre sus obligaciones están las de defender los principios ocultos, al igual que la de proteger a los peregrinos que se encaminan a “tierra santa”.

Cuando el neófito era iniciado, una de sus funciones consistía en convertirse en cuidador del antiguo conocimiento oculto, solo transferible a aquellos que estuvieran preparados para entenderlo. Uno de los principales secretos y una de la más ambiciosa meta de todo adepto era la de poder ofrecer una ayuda compasiva a la humanidad.

Para ello debía atravesar un mundo cargado de pruebas donde sus tutores y guías revisaban cautelosamente todos sus avances. Las antiguas escuelas pensaban que las pruebas ofrecidas sólo pretendían reforzar la determinación del iniciado en continuar su avance y comprobar si realmente su fortaleza interior y su preparación eran dignos de mayor recompensa.

Todo esto ocurría y ocurre incluso ahora, aunque sea de forma anecdótica y casi residual en órdenes iniciáticas que transmitían generación a generación los secretos del silencio, el estudio y el servicio. Eran iniciaciones humanas, más bien con un valor simbólico para proveer al neófito espiritual de ciertas pistas y comprensión sobre el verdadero valor de la iniciación real.

Dichas pistas se ofrecen al curioso, pero el hermetismo de la verdadera enseñanza es tal que resulta casi imposible poder llegar al mismo para el estudioso ordinario. Las revelaciones verdaderas ocurren en los planos interiores, siendo el secreto de dichas revelaciones uno de los principios por los que se puede seguir avanzando. Hablar de cierto control de la materia, de la transformación de los metales, como dirían los antiguos alquimistas, añadido al control de los planos emocionales y sus fuerzas así como las energías de los planos mentales no tendría sentido si no fuera por la rigurosa prueba de fuego que invita al silencio.

Por eso resulta difícil encontrar a verdaderos Adeptos. Su trabajo silencioso e invisible hace casi imposible el contacto, a no ser que se haya desarrollado cierta visión e intuición para poder reconocerlos. Las pistas que ofrecen las escuelas que se aproximan al estudio de los misterios menores nos ayudan a potenciar el entendimiento y acercamiento a los verdaderos principios de los Misterios Mayores, aquellos que promueven bajo un sagrado juramento la disposición para “unirnos con nuestra más alta y genuina divinidad”, o lo que es lo mismo, “unirnos con nuestro superior Genio Divino”.

La prueba real nada tiene que ver con las versiones simbólicas. La iniciación Solar, alejada de la humana, sólo es posible cuando nos enfrentamos realmente a la renuncia de todo cuanto hasta ahora nos ha representado. Todo lo demás no deja de ser anecdótico, simbólico e ilusorio para el estudiante y comprometido buscador que desde su propia ingenuidad cree haber alcanzado algún tipo de meta oculta o realización espiritual. Nada más alejado que eso. Tal es su despiste que sigue en la creencia de que ciertos conocimientos y prácticas pseudoespirituales le dotarán de realización.

La cuestión es, ¿qué significado puede tener esto hoy día? Mucho o ninguno, dependerá de nuestro acercamiento al Arte y su profunda comprensión. Como decía un antiguo Adepto: “Toda la vida nos ha sorprendido que se necesite tan poca actividad de la Voluntad para engendrar notables revelaciones acerca de ese dominio Espiritual que se halla al otro lado del velo fenoménico. Será porque el dominio de lo Espiritual es muy generoso con sus bienes, muy propenso a dar de sí a quienes encuentra preparados para buscar y recibir”.

Carta a un masón


a

Querido H.,

Con respecto a lo que indicas de los asuntos espirituales… Nos estamos dando cuenta interiormente de que ya no queda tiempo vital para seguir aprendiendo en la columna del norte o curioseando de flor en flor como un hábil compañero masón. Existe cierta urgencia, cierta prioridad que atender. El tiempo que en masonería llaman de “compañero”, con ese impulso de viajar para conocer y perfeccionar el oficio se ha terminado. Ahora, aquellos que trabajaron incansables para pulir su piedra y conocer la perfección del oficio deberían empezar a sentir la necesidad simbólica y real de profundizar modestamente en la maestría, es decir, en el servicio a los otros y a la Obra, al Propósito que los Maestros conocen y sirven en silencio y humildad. No como un alegato del ego. Sólo para atender la necesidad que impera.

Este trabajo de servicio debería resumirse en qué tipo de influencia beneficiosa podemos ejercer en el mundo mediante todo lo aprendido. Es bueno seguir puliendo nuestra piedra, pero también es bueno empezar a introducirla en el Edificio, en la Obra, para que resulte útil y sostenga los muros correspondientes. ¿Qué cosa puedo hacer para ejercer una huella positiva en los otros? De no ser así, ¿para qué tanto trabajo? Debemos empezar a pensar desde el lazo místico y la transmisión del Misterio, ¿qué puedo dar de mí mismo a esa Obra? ¿Cómo encajar mi piedra en el edificio para que sea útil y provechosa? No será del todo perfecta, pero no podemos tirarnos toda la vida calculando la plomada y puliendo sus aristas. Debe llegar un día en que todo esté a punto para empezar a obrar por el bien común más allá de nuestras necesidades y postulados personales. Si nos quedamos en lo superfluo del rito y en lo epidérmico de las enseñanzas sin obrarlas en nuestro interior, el trabajo de toda una vida habrá sido inútil.

De ahí que en uno de los grados masónicos se hable del poder transformador de la resurrección. Morir en lo personal para renacer en lo colectivo y grupal. Y de ahí que el maestro que está preparado para ello sea “instalado” en la silla del Rey Salomón. Única y exclusivamente para ejercer de vigilante y guardián del propósito oculto de toda la existencia y obrar en beneficio de todos. El Misterio de la Naturaleza solo puede ser comprendido desde la silenciosa observación de la rosa mística y la construcción del puente que una esa transformación con la patente original del trabajo individual y colectivo. La fraternidad, la igualdad y la libertad no tienen sentido de no ser por la fuerza de su práctica.

En este tiempo hemos dado un paso importante para que esto ocurriera en el Camino iniciático de Santiago. Un esfuerzo de entrega y renuncia en un lugar privilegiado y acto para que otros lo disfruten y vivan en sus carnes el poder transformador de llevar la vida extraordinaria a la vida ordinaria. Para que no haya dudas todo ha sido puesto a nombre de una fundación cuyos principios son, entre otros, la no mercantilización del lugar bajo el lema: “deja lo que puedas y coge lo que necesites” y la no propiedad privada. Así evitamos cualquier tipo de confusión en cuanto a la pureza de su propósito y nos centramos en el trabajo de transformación que el lugar debe ofrecer. Esto tiene sus riesgos porque el lugar requiere mantenimiento y construcción, pero también pone a prueba a muchos que se acercan con intenciones alejadas al propio trabajo interior.

Cada uno debería buscar ese lugar de “crucifixión” personal, tal y como explican los textos iniciáticos, es decir, esa particular Obra donde renunciamos a nuestra personalidad y sus necesidades para ofrecer todo nuestro esfuerzo y trabajo a lo grupal, reorganizando esas necesidades y adaptándolas al esfuerzo común. Y no importa como se haga esto. Solo importa que se haga, con valentía y decisión. Siendo así, sabemos por propia experiencia que todo lo demás vendrá por añadidura. De ahí nuestro afán por llevar a los demás todo lo aprendido, sea mucho o poco, para compartirlo en la hoguera grupal, en la unidad del trabajo común que tan grandes edificios pudieron construir. No hay mayor intención que esa. Quizás incomprensible, pero siempre necesaria para perpetuar la llama flamígera.

Un sentido TAF y seguimos en el Camino…

J.