Teoría de las variables ocultas


 

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© Terry Wilson 

A pesar de los años, a pesar de los daños, uno no teme volver a empezar de cero, leía hoy en las redes. Parece que así es. Tenemos siempre la capacidad de rehacer nuestras vidas, de volver a empezar una y otra vez con la esperanza de que volveremos a reencontrarnos de frente con la felicidad, con el cariño de la vida, con el amor que infunde el misterioso devenir de la existencia. En estos días estoy viviendo con mucha intensidad ese reencuentro con la vida. Ese apretar constante, ese ímpetu y vigor por adueñarnos de la urgencia de todo lo que respira, de todo lo que nos rodea, de todo, inclusive, aquello que parece invisible a nuestros ojos.

Es esa dimensión, la oculta, la invisible, la que más entusiasmo agolpa entre aquellos que desean volver a empezar. Vivimos ante una descripción incompleta del mundo físico. La física cuántica ya hace grandes esfuerzos para revelar algunos acontecimientos inexplicables. La teoría de las variables ocultas pretende dotar de significado a esas cosas que se nos escapan a la lógica, pero son esas variables ocultas las que más se alejan de nuestra imaginación, las que más difícil acceso dispone para nosotros.

Imaginemos, por poner un solo ejemplo, que fuera el futuro el que construyera el pasado. A veces tenemos la sensación de conocer a alguien y pensar sobre esa persona que la conocemos de toda la vida. Pensamos siempre con cierta gracia que quizás ese reconocimiento, esa reminiscencia, provenga del pasado, de una vida anterior, de otras vidas compartidas. Pero nunca llegamos a pensar que quizás ese recuerdo provenga del futuro. Es decir, podría ser que conectáramos con ese ser por todo lo que el futuro nos transmite del mismo. Nos atrae esta u otra persona porque hay lazos indestructibles que vienen de una posterior relación. Esta podría ser una variable oculta que se nos escapa. Tener la percepción, la intuición, de que quizás lo que estamos viviendo no es un producto de nuestro presente, ni siquiera como resultado de nuestras acciones pasadas, sino que todo proviene del mañana.

Por eso, a pesar de los años, a pesar de los daños, uno no teme volver a empezar de cero, porque de alguna manera, podría ser que todo lo que hacemos no venga del ayer, sino del mañana. Y mañana siempre es esperanza, fe, ilusión, confianza. Pensar en que podemos volver a empezar, a pesar de todo, nos llena de vida futura, que es al mismo tiempo presente, manifestación de lo manifestado en una línea diferente de tiempo, en una variable oculta aún por descifrar. Empezar una y otra vez, como si fuera eso lo único verdaderamente importante, sin rencor, sin miedo, sin duda.

Ahí están las variables ocultas para descifrar, desde la intuición, el porqué ocurren algunos acontecimientos que te dan esperanza de vida. Ahí están los secretos del Viejo, como lo llamaba Einstein, para aprender a vivir siempre con precipitación. Volver a empezar una y otra vez, tantas veces como haga falta. En esas andamos, sin perspectiva, pero con valentía, con fe, con esperanza.

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Todo está entrelazado


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«La Fuerza es lo que le da al Jedi su poder. Es un campo de energía creado por las cosas vivientes. Nos rodea, nos penetra; y mantiene unida a la galaxia.» Obi-Wan Kenobi

“Al darnos cuenta de que nada existe independientemente, ni los átomos, ni las personas, ni las culturas… brota naturalmente la compasión”. Alan Wallace

 

La vacuidad es uno de los principios del budismo.  Todos los fenómenos y todas las cosas que existen están vacías, ya que no tienen una esencia independiente, nos cuenta el filósofo Alejandro Martínez. Para existir dependen de otra cosa y esa otra cosa depende de otra. Esto es conocido como originación dependiente. Lo anterior puede equipararse con la noción de la física cuántica, la cual nos dice que el estado definido de una partícula en el tiempo y en el espacio no existe hasta que no es observada, es decir, depende de otra cosa siempre, de tal forma que no podemos decir que exista por sí misma. Con esta visión, todo es interdependiente en el universo, y nada puede existir de forma independiente. Todo está entrelazado. Es el fenómeno conocido como entrelazamiento cuántico.

Cuando la física cuántica demostró que el observador modificaba lo observable, se abrió un nuevo campo de investigación en el conocimiento de la realidad. El relativismo se volvía entonces la madre superiora del convento científico y las respuestas epistemológicas, a partir de entonces, adquirían un cariz gallego a la hora de buscar soluciones, porque a partir de ese descubrimiento, todo “depende”. Es decir, siguiendo con la broma, puede que llueva o puede que no, depende. Esto añade dosis de complejidad a lo cognitivo, al conocimiento que hasta ahora se daba por válido, y la realidad, ahora moldeable y no tan sujeta a las antiguas leyes, se vuelve plástica y cambiante. Es como si el budismo y su principio de impermanencia empezara a ser explicado bajo el método científico.

Si la realidad es plástica y moldeable, también lo es el tiempo, nuestras vidas, nuestras rutinas psicológicas, nuestras emociones, en definitiva, nuestro destino humano. Siendo así, tenemos capacidad de dar un giro a nuestras vidas inesperado, saltar de una dimensión de la realidad a otra, sumergirnos en otro aspecto emocional y psíquico que se adapte mejor a nuestro nuevo sentir. Podemos, en definitiva, cambiar nuestra realidad a cada instante a sabiendas de que todo está entrelazado.

El problema de esta visión, de sabernos con el poder de cambiar nuestras realidades y entrar en otra dimensión de acontecimientos, en otras líneas de tiempo multidimensionales que se acoplan a nuestra realidad cambiante dependiendo de nuestra intención interior, es saber, nada más y nada menos, qué destino forjar. Elegir sabiamente un nuevo reto es la cuestión, el asunto. Aquí nos topamos con una realidad exigente. Podemos elegir ciegamente una nueva línea de tiempo, un nuevo destino, o podemos dotar a ese viaje de cierta dosis de saber que nos guíe por este espacio que se presenta vasto e inabarcable. Podemos convertirnos en los guionistas y arquitectos de la cuestión existencial entrelazada.

Es importante saber que tenemos libre albedrío para poder modificar nuestra realidad, nuestros pensamientos, nuestras emociones. Podemos elegir, sabia o ciegamente, un nuevo destino a cada instante. Podemos romper con eso que se espera de nosotros y voltear la realidad buscando aquello que realmente deseamos. Podemos incluso romper con nuestra rutina diaria, con nuestras propias perspectivas y anhelos para dar paso a algo radicalmente nuevo y diferente.

La realidad es como una autopista de muchos carriles que a su vez están interconectados con cientos de salidas cada cien metros que nos conducen a otras anchas autopistas con cientos de salidas cada poco tiempo que nos llevaran a lugares absolutamente diferentes a los habituales. Esta visión es impresionante porque dibuja un universo que se transforma a cada segundo de vida, que no es fijo sino cambiante y que nos invita a participar a cada instante en su plástica y moldeable realidad.

De ahí que surja la cuestión filosófica y existencial de poder cambiar nuestra realidad para acercarnos cada día más a la felicidad, a aquello que realmente esté en sintonía con nosotros y, por lo tanto, nos haga vibrar. Todo esto tiene que ver con eso tan manido de sabernos manejar en nuestros pensamientos. De que todo es mente, según los tratados más esotéricos y, por lo tanto, nuestros pensamientos tienen la capacidad innata de construir una u otra realidad, dependiendo de nuestro enfoque y atención. Un mundo hilozoista, entrelazado, permeable.

Nuestra capacidad imaginativa para diseñar nuevos escenarios delimitará o ampliará nuestro marco de realidad. Si la energía sigue al pensamiento, solo nos hará falta tener “la fuerza” y la capacidad suficiente para conseguir esa energía y adaptarla a nuestro diseño mental. Ese famoso “poder de la fuerza” tiene aquí un sentido claro a la hora de construir realidades. Ese poder está en nosotros y es posible, utilizándolo con sabiduría, transformar nuestras vidas hacia aquello que realmente deseamos. Por lo tanto, no tengamos duda, seamos sensibles a la fuerza, cambiemos nuestras vidas y que la fuerza nos acompañe en este mundo entrelazado.

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Sobre el Camino del Medio


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© Yoel Amram

“La utopía es una forma de acción y no una mera interpretación de la realidad” Pierre Furter

Entre el crecimiento interior y la supervivencia pura y dura hay un largo trecho. No es lo mismo ganar en una tarde treinta mil euros o ganar un trozo de cielo en mil años. Lo primero te da porciones medidas de satisfacciones fisiológicas y algo de seguridad. Lo segundo, a muy largo plazo, algo de estima y autorrealización. Entre crecer exteriormente y hacerlo interiormente hay una sutil barrera difícil de discriminar. Una barrera que puede delatarse como cruel si no sabemos discernir entre las cosas verdaderas de la vida, esas que a largo plazo nos llenarán de satisfacción duradera, o esas otras pequeñas promesas que no sirven sino para sentir un pasajero sentimiento de placer y alivio.

A veces es posible el camino medio, ese que pretende, siempre y cuando no te distraigas fútilmente entre las diez mil cosas, crecer hacia fuera y hacia dentro al mismo tiempo. Pero esto requiere un poderoso sentido del equilibrio y la ecuanimidad, de compromiso y responsabilidad. Ser un auténtico malabarista de la voluntad, la intuición y la sabiduría puestas al servicio de la acción.

Siempre hay que ir con cuidado cuando pretendemos lanzarnos al universo del conocimiento y la sabiduría, porque a veces nos inunda ese miedo al saber, que no es otro que un miedo irracional al hacer. No se puede entender el uno sin el otro. Es decir, el verdadero saber te lleva inevitablemente a la acción. Y el hacer, la acción, requiere responsabilidad y compromiso, sobre todo cuando nos equivocamos y fracasamos ante los demás. Ese fracaso tiene que ver con el reconocimiento del que hablábamos y sobre la necesidad de satisfacer nuestros apetitos y anhelos exteriores. Interiormente no hay lugar para el fracaso. Todo reto, toda aventura, toda decisión y toda acción guarda dentro de sí una enseñanza oculta, un crecimiento interior, una expansión inevitable de consciencia. El desequilibrio exterior produce locura, aislamiento, soledad, ruptura, sufrimiento y muerte. El interior tan sólo un breve reguero de llanto y una nueva promesa de avance.

El camino del medio es un reto que asusta a los pensadores. Nadie quiere mojarse, nadie quiere hoy día enterrar los pies en el barro como hacen los hortelanos para sembrar la semilla. Nadie quiere esperar pacientemente los resultados y nadie quiere arriesgar las estaciones, los tiempos, los ciclos. Sembrar, cuidar lo sembrado y velar por ello requiere esfuerzo y grandes dosis de sacrificio personal. El camino del medio requiere esa ecuanimidad, ese equilibrio entre lo de dentro y lo de fuera. Esa responsabilidad, ese cuidado, ese compromiso en un mundo donde ya nadie se compromete ni se responsabiliza. Donde ya nadie tiene cuidado por las cosas importantes, tan distraídos que andamos con la superficie.

El camino del medio requiere trabajo, trabajo, trabajo. Disciplina, organización, reflexión, paciencia, prudencia y visión honda de las cosas. Lo fácil e inmediato no pertenecen al camino del medio. La superficialidad de las cosas se aleja del mismo. La acción y el esfuerzo constante, aún cuando fracasamos una y otra vez, es lo que nos permite reorientar nuestras vidas hacia un sentido profundo. Ningún extremo nos llevará a ninguna parte. Sólo a dar bandazos de aquí para allá hasta que algún día tomemos las riendas de nuestras vidas y empecemos a caminar de igual forma hacia dentro y hacia fuera, ecuánimes, equilibrados.

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La Casa del Pan


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Aquí estoy viviendo durante este mes…

El Gólgota está lleno de cuevas al igual que los demás lugares que visitamos por Palestina e Israel. La cueva era muy significativa en toda la tradición palestina, ya que en aquellos lugares semidesérticos, el poseer un lugar fresco suponía seguridad y arropo. Jesús nació en Belén, que significa la Casa del Pan. Nació en una cueva, ya que los pesebres, en aquel entonces, se cavaban en la roca para dar refugio a los animales. Lugares oscuros donde se podía conservar mejor cosas tan valiosas como el ganado. La Casa del Pan viene a significar la necesidad de poseer una vida material lo más abundante posible, ofreciendo al mundo todo aquello que pueda ser compartido. Todos necesitamos un sustento, una casa, un hogar. Es la base de la vida humana.

Ayer interaccioné por primera vez con el niño de la casa. No quería hacerlo, porque sé que los niños enseguida cogen cariño y yo a ellos. Pero tras casi una semana viviendo en este hermoso hogar, no pude obviar la hermosa evidencia de convivir con un niño de seis años. La interacción, aunque ambos hablamos diferentes idiomas, encontró su lugar en la risa y la broma, idioma universal por excelencia. La tarde de risas tuvo efectos devastadores. Hoy el niño no ha ido al colegio y quería jugar todo el rato con el invitado. Por la mañana temprano tocaba a la puerta, con esa cara que ponen los niños cuando demandan algo. Salí al salón y estuve un rato con él. Luego, disciplinadamente, le dije que tenía que marcharme a trabajar y así lo hice. Por la tarde volvió a tocar, esta vez para invitarme a cenar salchichas veganas cocinadas por él mismo. No pude con ambas tentaciones, así que pasamos un buen rato jugando a cualquier cosa tras devorar las sabrosas salchichas.

Encerrarme un mes en una casa desconocida en un lugar lejano tiene su propósito interior. Necesitaba discernir y de paso dejar espacio y tiempo para que otros lo hicieran. Discernir significa aislarnos de todo lo que nos seduce, de todo lo que nos tienta, de todo lo que la vida nos ofrece como prueba para que valoremos interiormente qué es lo que queremos y deseamos desde lo más profundo de nosotros. Así está ocurriendo. La vida nos ofrece motivos suficientes para elegir uno u otro camino, pero es necesario que nosotros discernamos desde dentro. Viéndolo con perspectiva, veo que todo ha pasado muy rápido, que he pasado del auténtico calvario a la tranquilidad interior de poder ver con claridad el siguiente paso.

Admito que un mes aquí encerrado, con frío polar ahí fuera, se va a hacer eterno, pero un mes es un tiempo prudente para tomar decisiones que puedan gobernar nuestras vidas durante los próximos tiempos. La primera prueba a la que me estoy enfrentado es precisamente esa. Vivir en una “Casa del Pan”, en un lugar materialmente cómodo, con una familia establecida que pone constantemente a prueba ese deseo humano que tengo desde hace unos años. Una mujer hermosa, inteligente, consolidada materialmente y sensible a la vida espiritual con un hijo especialmente cariñoso y capaz de robar el corazón a cualquiera. Una experiencia que ya viví en el pasado y que admito, es capaz de hechizar a cualquiera. Pero ahí está el discernimiento, la paradoja de enfrentarnos al mundo escénico desde la mirada interior con fuerza y determinación.

Conozco bien el rechazo a la llamada. Y no me refiero a la llamada a la vida cómoda. Me refiero en este caso a la llamada interior. Ahora puedo saber exactamente aquello que la vida nos pone para que acomodemos nuestra existencia a lo fácil, a lo material, creando así una hermosa vivencia en la Casa del Pan. Lo escribo en voz alta porque al hacerlo me reafirmo en la necesidad de seguir adelante con lo pactado internamente, con lo pactado con esas almas errantes y peregrinas que deambulan buceando en lo mistérico. Aquí solo puedo enfrentarme desde la quietud a la insinuación de la prueba. Esperar, quieto, tranquilo, desapegado, a que el tiempo transcurra y dejando paso a que todo se coloque en su justo lugar. Luego, desde el deseo más ardiente, andaremos y veremos.

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Amar y vivir con desesperación


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Esta mañana paseando por Petit Lancy

“Os amo como hay que amar:
con exceso, con locura, arrebato
y desesperación”.
Julie de Lespinasse

Llego de la oficina algo cansado y con frío. Me gusta hacer caminando el recorrido que separa la fundación, en el centro de la ciudad, del apartamento para los voluntarios que se encuentra en Petit Lancy. Es tan solo media hora, pero en invierno ese tiempo crucial puede parecer una eternidad si el frío acecha. En ese hermoso paseo junto al Ródano y sus bosques da tiempo a observar lo aprendido durante el día. A meditar sobre las cosas que preocupan en nuestro interior o a discernir sobre los caminos que se deben elegir a partir de ahora.

En este tiempo de reflexión intento mirar más allá del hoyo que cavamos en la tierra y procuro elevar la mirada más allá de mí mismo y de mis preocupaciones mundanas. Lo profano se mezcla con lo sagrado en ese continuo vaivén de emociones y esperanzas. Una cita de una escritura hindú nos recuerda que hay tres cosas que tenemos por la gracia del misterio: el don de ser un ser humano, el anhelo por la liberación y estar bajo la guía de un perfecto sabio en nuestro propio corazón. En eso pensaba. En hacer música de nuestras vidas humanas y colocar humildemente todo lo que nos importa sobre el altar de la vida. Eso nos hace sabios y nos encumbra inteligentemente hacia la existencia y el anhelo de la liberación.

Nos pasamos media vida socavando la tierra que nos rodea, identificándonos con ese agujero que vamos labrando día tras día, obviando todo lo demás: los ríos, las montañas, los valles, el cielo. Simplificamos la vida a ese reguero cavado, sudado desde que tuvimos consciencia de que algo había que hacer ante tanta tierra. Sin saber quienes somos y sin interrogarnos el para qué hemos venido aquí, hora tras hora cavamos cegados en nuestro círculo más inmediato.

No es verdaderamente importante saber dónde estamos en la escala de la evolución. El mundo sabrá lo que somos mediante nuestras acciones, cuando hayamos resuelto nuestro trazado en este trabajo que se nos ha impuesto. Lo importante es darnos cuenta, más allá de la luz que brilla por encima de nuestra mente, si hemos sido conscientes en todo momento de nuestra labor y si hemos limitado nuestras vidas a nuestro propio hoyo o hemos sido capaces de cavar zanjas más allá de nuestras preocupaciones. Tener visión nos libra de lo ilusorio y nos aleja de la mentira que el mundo crea como escenario. El arquero a caballo que va recto como una flecha hacia su meta no teme la derrota, la desolación, las pruebas que el camino le infringe. Su destino se traza a medida que avanza galopante. No mira hacia atrás, no huye hacia adelante, solamente respira mientras se acerca la hora de volcar todas sus fuerzas en la hazaña prometida. No cava una tumba en la tierra. Emerge en los caminos y se aleja veloz hacia su destino. Avanza, irremediablemente.

Vivir en un gran lodazal de confusión es prueba de lo dificultoso que resulta la tarea de estar vivos. Limpiar esa gran ilusión, esa gran ciénaga, forma parte de los trabajos de la vida. Nos corresponde profundizar abiertamente sobre lo que somos, al mismo tiempo que actuamos con fe en lo que hemos venido a hacer. A veces no nos damos cuenta de que vivimos inmersos en esa nube de pensamientos que distorsionan nuestra visión y olvidamos la poderosa fuerza del discernimiento. Pensamos infinitamente sobre el universo, pero no logramos verlo realmente. El universo no se piensa, se ve, se observa, se siente.

Ocurre lo mismo con el amor. No podemos pensar el amor ni nublar nuestra visión sobre el mismo si no arriesgamos nuestra emoción y nuestro hacer en la práctica del amor. Hay que amar desesperadamente, como dicen los poetas. La vida no se piensa, se vive. Y hay que vivir desesperadamente, como si nos faltara el aire a cada instante que pasa. Pensar en exceso sobre las cuestiones vitales nos aleja de lo que realmente importa. No pensemos el universo, sumerjámonos en él. Dejemos de cavar y vayamos de una vez a abrazar la inmensidad de la experiencia humana. Amemos y vivamos con desesperación.

 

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Epifanía, la noche de los reyes magos


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Un rey es aquel que es soberano de sí mismo, de su mundo, de su vida, de su destino. Es aquel que busca en la virtud el sentido de toda vida. Es un ser libre, de educadas costumbres y responsable con su vida y con la vida de los que le rodean. Es comprometido, cuando da su palabra la cumple porque el sentido del honor está por encima de todo. Ser soberano entraña obligaciones, cuidado y rectitud. Valor y confianza, fuerza y perseverancia. Un rey tiene el poder de gobernar todo aquello que se proponga, y como legítimo descendiente de los dioses, cumple con su deber de hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Ese es su mayor propósito y a eso se entrega. Algún día todos seremos reyes.

Un mago es aquel que, por una condición especial de su alma, tiene la capacidad de percibir lo que no todos perciben. Ve, porque tiene visión, las causas de todas las cosas, los arquetipos y los orígenes de cada acto, de cada emoción, de cada pensamiento. Es mago porque tiene el poder de transformar, no solo la realidad en la que vive, sino la realidad en la que viven los demás. Su magia es transformadora, generosamente transformadora. Al tener visión de las causas, es capaz de sobrellevar todo aquello que circunstancialmente acontece, intentando desde la serenidad buscar el cambio en cada lugar, situación o persona que se cruce por su camino. Su deseo más profundo es el de ser un obrador de milagros ,es decir, transcender la magia por lo milagroso de la vida. Algún día todos seremos magos y hacedores de milagros.

Un rey mago es aquel que ha llegado a nuestras vidas cuando estamos en un momento de descubrimiento, de guía, de transformación. Su poder silencioso, su elegancia, su sonrisa, transforma nuestra percepción de las cosas, nos guía, nos eleva hacia otras dimensiones hasta ahora inimaginables. Su poder y fuerza, su sabiduría y belleza, su amor e inteligencia activa producen en nosotros el cambio que necesitamos para volar hacia otra dimensión desconocida, amplia, transformadora. Cuando se cruza un rey mago en nuestras vidas, sufrimos una metamorfosis y ya nada vuelve a ser igual. Hemos elegido una vida de cambio, de mejora continua, de aprendizaje, y debemos aprovechar ese regalo para seguir avanzando. Algún día todos seremos reyes magos.

Por eso la figura del rey mago, del soberano capaz de transformar, se manifiesta al comienzo de cada ciclo, para recordarnos una y otra vez que la vida trae a nuestra existencia presentes con los que poder elevar nuestras consciencias, nuestra realidad inmediata y profunda. No solo es un gesto simbólico, es un arquetipo que nos ayuda a estar atentos. En cualquier momento puede llegar ese mago disfrazado de amigo, amante, familiar, para empujarnos hacia otra visión de las cosas. Estemos atentos a sus regalos, a su mirra, a su incienso, a su oro. Los reyes magos vendrán a la cueva de nuestro corazón para que allí nazca el niño que hay en nosotros, el alma que debe elevar nuestras consciencias hacia el infinito, hacia el mensaje de amor que este mundo tanto necesita.

Feliz epifanía en vuestro pesebre interior. Dejemos que se dé a conocer la realidad de nuestros mundos, que se manifieste lo que realmente somos, que se revelen las visiones más allá de lo tangible.

Feliz 2019. Feliz periodo de los tiempos cíclicos…


 

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© Cap Sur Le Bassin

Los ciclos siempre nos ayudan a reinterpretar nuestras vidas y a situarnos en nuevos aspectos para seguir avanzando. En el mundo antiguo se hablaba del Periodo de los Tiempos Cíclicos. Se aprovechaban esos cambios de ciclos para expulsar a los demonios, las enfermedades y todos aquellos pecados que nos atormentaran. Con ello se pretendía restaurar el tiempo mítico, el tiempo primordial de total pureza humana. Cada año nuevo es una oportunidad para volver a ese tiempo primero, una oportunidad para volver a nacer. Hay una lucha ritual para dotarnos de una nueva conformidad, un nuevo pacto entre nosotros y el cosmos para simular una vida mejor. En estos primeros momentos de celebración, buscamos renovarnos bajo propósitos que llenen la vida de sentido, siendo cada vez mejores en el proceso existencial. Por ello pactamos, bajo el disfraz de la fiesta y la celebración, los nuevos propósitos para el nuevo ciclo.

Siendo así, en esta nueva renovación, intentaremos tener el coraje y la fuerza suficiente para cooperar con lo inevitable. Para levantarnos con firmeza y decidir que los ciclos siempre nos dan la oportunidad de enfrentarnos a nuestro destino sin miedo, reordenando nuestras vidas tantas veces como haga falta. Amaremos y daremos la oportunidad de amar, porque si no amamos, si no aprendemos a amar, la vida carece de sentido. Siempre con una amplia sonrisa en nuestro rostro, aprenderemos a valorar todo aquello que tenemos, aunque sea poco, aunque sea nada. No hay mayor valor que aquel intangible deseo de seguir viviendo. Eso nos da salud y energía, nos coloca en nuestro lugar y nos avanza las aventuras futuras. Es importante cumplir nuestras promesas, aunque a veces estas tengan que cambiar para adaptarse a las nuevas circunstancias. Es importante conocer nuestros límites para poder romperlos bajo la fuerza del deseo, bajo la sabia batuta de nuestra voluntad inquebrantable.

A veces no es fácil, pero siempre buscaremos en este nuevo tiempo la manera de ser justos, sensatos y verdaderos. Especialmente con nosotros mismos, pero muy especialmente con los otros. Justos y humildes. Sensatos en cada gesto, en cada emoción compartida. Sin extremos, pero sin sordidez. Siempre justos, humildes y generosos. Con estos tres mandamientos aprendemos a mostrar interés por los detalles y apreciamos, poco a poco, con suma atención, aquello que nos rodea. Es cuando empezamos a apretar con fuerza la mano de nuestro compañero de viaje, cuando empezamos a mirarlo con mayor frecuencia a los ojos, en silencio, agradecidos. Esos detalles, siempre tan importantes, tan pequeños, pero que hacen nacer tan grandes obras. Gestos, cuidemos siempre los pequeños gestos para engrandecer nuestras vidas.

Si sabemos escuchar sabremos respetar las diferencias. Para eso será tan importante los silencios, las sonrisas, los abrazos tan cargados de empatía y amor. Escucharemos la música del alma del otro y la respetaremos siempre, especialmente cuando su alma llore y gima o esté perdida y confundida. Seamos pacientes. Porque cada uno tiene su propio ritmo, su propio compás para vivir y adaptarse a esta maratoniana carrera existencial. Si miramos las cosas desde el corazón veremos sueños y tesoros por todas partes. En los atardeceres, en los paseos por el campo, en los abrigados rayos del sol. Si miramos como niños al mundo sabremos desvelar sus secretos y podremos converger en sus enseñanzas.

Salud, fuerza y unión para los espíritus libres. Tengamos esa humilde capacidad de ayudar a los grandes para que, subidos a sus hombros, podamos ver el mundo desde otras alturas. Eso nos permite dar las gracias, ser agradecidos siempre y colaborar con la creación en todas sus dimensiones. Llevar una vida saludable y con buen humor son armas indestructibles. Hacerlo conmovidos por la grandeza de los otros nos hace grandes. Vivir en el presente sin esperar nada del futuro es darnos la oportunidad de divertirnos mientras vivimos, mientras amamos, mientras jugamos. Si lo hacemos buscando nuestro justo lugar en el mundo, nos hace únicos e irrepetibles.

Estamos, hoy, ante la oportunidad de un nuevo ciclo. Expulsemos a nuestros fantasmas y demonios. Perdonemos nuestros errores y trabajemos profundamente en nuestro propósito de almas limpias y puras. Démonos la oportunidad de ser mejores, una y otra vez, incansablemente. Feliz año nuevo. Feliz periodo de los tiempos cíclicos. Feliz 2019 a todos. Feliz propósito.