Canto menudo


a

Ante de los tiempos nadaba el aliento.

Las selvas eran plenas, el bosque era el mundo.

Los olores eran delicados como el rocío.

El agua era el río.

Ante de los tiempos había un párpado.

El ser era arcilla y la tierra una ribera.

La aurora cantaba a la noche pura y el gallo al día.

La luz dorada.

Ante de los tiempos flotaba la estrella.

Las sirenas cantaban en la ola.

Los buques navegaban en la espuma.

El viento rozaba el labio.

Antes de los tiempos el cosmos danzaba.

Los niños soñaban desnudos.

Los hombres gozaban sencillos.

Las madres corrían por las orillas buscando estelas.

La vida era.

Todo eso ocurría ante de los tiempos.

Como un canto menudo y apresurado.

Como un murmullo al que le llega la hora.

Como un secreto púrpura que nace en la llama.

Anuncios

Donde hay miedo no hay amor


a

El amor es la ausencia de miedo.

No atrapa, libera. Respeta los tiempos, abraza la diferencia, protege la debilidad, conquista con la alegría.

El miedo asusta, ahuyenta, aleja.

Libérate del miedo, baila y abraza el instante.

No pretendas alcanzar el amor desde un telón de abismos.

No quieras proteger la danza con cadenas.

Busca en el interior aquella fortaleza.

Bucea en las profundidades de cada segundo lo que nos ha de elevar.

Amar es dejar ir, también es abrazar con intensidad el espacio que nos separa.

Volar a los infinitos océanos de existencia, vencer la inercia de todo aquello que nos hunde.

Amar a veces es tan sencillo y silencioso, tan severo con la dicha.

Amar es flotar. Flotar suave entre nubes. Flotar.

Amar en silencio, sin pretensiones, sin angustias, sin deseo.

Despojado del miedo, abierto a la experiencia, danza el espíritu.

El amor grita al infinito. Sacude el instante. Perpetua inmortal ese toque celeste. No tiene arrugas, no posee nada, oscila entre la belleza de lo afable y lo espontaneo de la fantasía.

Si amas no tengas miedo. Porque amar también es perder, abandonar, dejar ir, abrazar ese perdurable misterio que nos blandece en el grito agudo.

Es amor una llamada. Se responde a ella sin cautela, sin medición, sin sustratos que alienten la provisión. Se llega a ella hambriento, sediento, desmayado. Se abraza cuando el hilo de vida se triplica y alcanza ese infinito incognoscible.

El amor también es una puerta. Su pomo permanece agazapado a otra realidad. Se abre siempre estrecha para ofrecernos el ancho piélago de la experiencia.

El amor eres tú mismo cuando has alcanzado el don de ser, manifestando tu existencia en la entrega del Absoluto.

Sublime, único, amoroso. Eterno.

Flota, y déjate llevar.

Resucita


a

No esperes al tercer día. Resucita hoy, ahora.

Cuando lo hagas recuerda que un día estuviste ciego y muerto, ausente y dolido.

Cuando veas la luz delante de ti sigue su senda. Levántate y anda ante ella, sigue su estela, continua sus pasos hasta la firmeza del nuevo día.

Cuando divises el camino, no te detengas en su borde. Continua peregrino hasta que llegues a la puerta estrecha, y allí entra sin miedo.

Cuando vuelvas a la vida, disponte a practicar los mandamientos que de ella se desprende. Conviértete en un recipiente de su néctar y comparte su jugo con el mundo.

Cuando resucites y ya no seas un muerto, déjate llevar por el sabor de ese nacer. Serás un nuevo ser, verás con otros ojos y poseerás el don de apreciar cada segundo de existencia.

Cuando resucites recuerda a los tuyos, especialmente a los afligidos y desvalidos, a los que lloran, a los que temen, a los que por miedo se vuelven bravos e insurrectos. Pero también recuerda a los otros, que también son tu familia.

Cuando vuelvas a levantarte tras el fracaso inevitable, tras la pérdida, tras haber sido injustamente linchado y crucificado, no guardes ningún rencor. Perdona a aquel que no supo lo que hizo y glorifica su alma para que encuentre amor.

Cuando revivas, si es que lo haces algún día, sábete afortunado por esta nueva oportunidad. Da gracias una y otra vez a cada cosa que se te acerque, a cada palmo de día que discurra.

Si has entendido el mensaje de la vida, el profundo misterio de sus ciclos, resucita. Entrégate de nuevo, con pasión, fuerza y amor a todo aquello por lo que has nacido. No dejes pasar esta oportunidad, no dejes que la tupida calma te vuelva a adormecer. Disfruta de la primaveral belleza. Abraza el suspiro ardiente.

Si has despertado, por fin, se compasivo y agita a los otros. Enséñales ese otro paisaje, despierta en sus mentes la curiosidad por esa nueva vida, enciende en sus corazones la antorcha ineludible del misterio.

Resucita y vuelve, retorna, aguardamos tu pronta venida. Cualquier hijo de la luz te espera para que nos cuentes que hay en ese más allá que nos ciega.

Resucita cada día, al despertar, como si vinieras de una cruz que te enseñó a amar al semejante, mirando siempre de frente a esa vida que te espera.

Atraviesa el velo. Resucita, una y otra vez. Resucita…

Tanto por compartir…


a

Compartir un momento, un instante, un segundo, un minuto, un día, una vida.

Compartir un sueño, un refugio, la utopía galopante, la lucidez de una idea.

Compartir el aliento, el beso, el abrazo.

Compartir la noche y el día, la montaña y el valle, el cielo y la tierra.

Compartir el secreto, lo íntimo, lo oscuro y lo brillante.

Compartir el duelo, la muerte, el dolor, el sufrir, la desgracia.

Compartir la alegría, la sonrisa, la paz, la quietud.

Compartir la belleza, el toque armónico, la música radiante.

Compartir rebeldía, coraje, fortaleza.

Compartir dulzura, tacto, presencia, honestidad.

Compartir juego, complicidad, aquel escondite oculto.

Compartir creencias, misterios, anhelos.

Compartir tu ser, tu esencia, tu reino.

Compartir tu sangre, tu sexo, tu rostro.

Compartir deseo, locura, promesa.

Compartir tristeza, amargura, rabia.

Compartir la dicha, la vida, el encuentro.

Compartir el pan, el esfuerzo, el trabajo, la riqueza.

Compartir la magia, pensamientos, abstracciones, fantasía.

Compartir tu don, tu talento, tu propósito.

Compartir el alma entera.

En definitiva, compartir amor, amor, amor.

La dama de Shalott


John_William_Waterhouse_The_Lady_of_Shalott

Desde mi ventana escucho los alaridos a ambos lados del río. Largos campos y montañas, bosques y senderos que se entremezclan con la bruma de la mañana. Todo está vestido, la colina, el cielo, los verdes mantos de hierba. Salto de un lado para otro, de la alameda hacia lo alto, visito los rincones donde las ardillas se esconden y bordeo como un haz de luz la flexibilidad del viento. Allí, a lo lejos, entre dos mares, veo el brillo de un espejo donde se refleja su rostro mientras teje.

Las gentes van ciegas mientras que todo se maneja sobre sus cabezas. Nada entienden aunque les duela aquí y allá, nada saben de ese color que se teje en el otro lado y que irremediablemente nos importuna, nos sobrepasa. Solo allí donde los lirios se mecen en la calma del silencio, en aquella isla soñada o en la sombra de los sauces puedo entender esta marea extraña. Es la espera de aquella que teje. Es la espera de aquella que ama.

Los álamos se estremecen, las estrellas brillan en un crepúsculo suave, la brisa nos recuerda el paisaje celeste. Hay olas que se levantan y se desplazan eternamente. Hay mares enteros que contienen la magia de cada instante. Podemos inmortalizar cada verdor, pero sólo en aquel lugar invisible, sólo allí puedo volar sin demora.

¿Habéis viajado alguna vez a Camelot? ¿Pudisteis pasear por las afueras de la Isla Blanca? ¿Qué hay allí en la serena calma que la niebla nos trae desde las tierras altas? Grises muros y torres se levantan entre nosotros y nuestros sueños. Incluso aquella hermosa dama de Shalott nos espera paciente a que despertemos. Quiere mostrar su mano para llevarnos a su isla, a su campo de flores teñido de noble deseo.

Entre la espesa ternura me despierto. Sigue ahí la ventana que vigila los montes y campos. El río y sus dos orillas. Las gentes dormidas y ciegas. Escucho una canción que me recuerda la Isla Blanca. Resuena alegremente entre la ciénaga de mi dolor que es arrastrado por su recuerdo hacia la alameda de Camelot.

Apilo fardos en las entrañas de mi memoria. Cansado, miro hacia todas partes, buscando aquella sombra, aquella niebla, aquella luz. A veces, en el silencio más estrecho, escucho algún susurro. Debe ser la dama, la bella hada de Shalott.

Ella teje haces de luz. Una tela mágica para proteger al peregrino. Espera en su atalaya, en su monte, en su castillo. Cansada de las sombras, espera la llegada del noble caballero. Entre las hojas, ella espera sentada a su Lancelot. ¿Qué maldición es esa que nos separa? ¿Qué será aquella barca? Roto queda el espejo mientras la dama avanza. El río y sus dos orillas… que nos separan.

(Ilustración: The Lady of Shalott ,de John William Waterhouse).

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”


NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías

sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima,

nos enseña,

nos convierte en protagonistas

de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tu puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,

dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.

Vívela intensamente,

sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron

de nuestros “poetas muertos”,

te ayudan a caminar por la vida

La sociedad de hoy somos nosotros:

Los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Walt Whitman

Serenidad


“Dios me concedió la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar…
Valor para cambiar las cosas que puedo…
Y sabiduría para saber la diferencia…”

Ese es el sonido que me acompaña estos días… Cada hora reclamando su segundo, cada instante una eternidad de despropósitos… Un anhelo inmemorial, agotado, con su profundo regreso a la oscuridad errante. Ahora entiendo todo lo que se desplegó ante mí… Entiendo como el universo es capaz de ofrecernos los mayores regalos jamás imaginados y como nosotros nos encargamos de mancillarlos, de aborrecerlos, de enterrarlos en nuestros dolores y partos. Sobre lo verdadero y lo falso no sabemos nada. Hoy terminará un nuevo día y no sabremos nada sobre el mundo y sus sueños.

Por suerte la esencia está intacta, por lo que de nuevo se abre el vasto dominio de la experiencia. Por eso no abandono las ansias de que cada día sea extraordinario. La poderosa obra continua. Emitiré los alaridos por el techo de este mundo porque deseo seguir soñando. Alejado de la mediocridad, del ruido infernal del no hacer nada, de no pensar nada, de no sentir nada. La vida por delante grita con su clamor para que estemos alertas, atentos a todos los regalos que han de llegar.

Los náufragos esperan su norte mientras el océano, tan misterioso, los acoge dócilmente. Me he atrevido a abrir la boca aunque el eco solo salpique la inmensidad que mece los tableros o un puñado de arena. Mi yo real está de pie, inmerso en su profunda meditación, contemplando el horizonte a la búsqueda de la sabiduría del mañana. Impasible, ileso, apartado de todo decoro. Plantado en su vertical perfecta, vigilante y expectante ante el imperio de la calma.

Serenidad, valor y sabiduría. La triada perfecta para contemplar el mañana y seguir adelante… ¿Quién anda por ahí anhelante?