Un loco


a
Es una tarde mustia y desabrida
de un otoño sin frutos, en la tierra
estéril y raída
donde la sombra de un centauro yerra.
Por un camino en la árida llanura,
entre álamos marchitos,
a solas con su sombra y su locura,
va el loco hablando a gritos.
Lejos se ven sombríos estepares,
colinas con malezas y cambrones,
y ruinas de viejos encinares
coronando los agrios serrijones.
El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesca su figura;
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado.
Huye de la ciudad… Pobres maldades,
misérrimas virtudes y quehaceres
de chulos aburridos, y ruindades
de ociosos mercaderes.
Por los campos de Dios el loco avanza.
Tras la tierra esquelética y sequiza
—rojo de herrumbre y pardo de ceniza—
hay un sueño de lirio en lontananza.
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
—¡carne triste y espíritu villano!—.
No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.
ANTONIO MACHADO

Cien velos que caen

Cien velos que caen

a
© Alberto Espinosa 

 

Carmen me dejó leer el poema “Gracia”, de la hermosa Rosemerry Wahtola Trommer. Había en él belleza, profundidad y anhelo, pero sobre todo, ese interrogante que me hizo comprender el momento en el que me encontraba: “después de todos estos años de caer y caer, ¿cómo apareció el paracaídas?”. Uno siente por dentro que la vida está llena de paracaídas, de salvavidas que nos ayudan en momentos difíciles, cuando la taza se desborda y todo parece perdido. Lo he experimentado con alivio estos años. Hay ángeles de la guarda encarnados, que nos miran con compasión y alivian nuestra pena, nuestro dolor, nuestra soledad, nuestra travesía por el desierto. La vida no deja de ser un verso hermoso capitaneado por anhelos y profundos velos que nos van reconciliando con su misterio. Es una Gracia, es un regalo poder contar con esa mano amiga, constante, persistente. Esos paracaídas que están ahí siempre, esperando poder ayudar.

Cuantas veces las fuerzas del mar bravío nos alejó de nuestros horizontes, y cuantas veces retomamos la barca para remar hacia la orilla gracias al impulso y el aliento de los otros. Ahora más que nunca, se requiere la construcción de nuevas Invencibles, porque la oscuridad y el frío arrecian, y las almas, deseosas de luz y miel, requieren de nuevos y aventureros navegantes. No queda otra que seguir adelante, porque el anhelo no es nuestro, sino de los ángeles, deseosos de encarnar y ayudar, deseosos de renovar el Edén interior y expandirlo para todos.

La poesía siempre es angélica, te aproxima al halo creador de la existencia. El arte en su esplendor es un reflejo de la divinidad de las cosas. Nos acercan al rostro de Dios, del Omnisciente. No podemos comprenderlo, no podemos mirarlo de frente por temor a convertirnos en una zarza ardiente, pero podemos, sutilmente, acercar nuestras sombras a la sombra que desprende cada uno de sus párpados, esos que caen una y otra vez creando mundos.

Faltan paracaídas. Pero están ahí cuando más lo necesitas si has sabido sembrar esperanza. Una corte angélica apoyando causas, ayudando a unos y a otros. Unos dan y otros reciben y el ejemplo se multiplica exponencialmente. Como soles, se van contagiando unos a otros, ayudando de alguna manera, sosteniendo fraternalmente al otro, apoyando cada momento difícil y sosteniendo el trabajo Uno. Así hemos ido saliendo de avatares complejos, bajo el manto del apoyo, tras la oleada de cooperación de unos a otros, siempre generosos, siempre abnegados, siempre en profunda entrega.

Entonces caen todos los velos, como los poemas de Rosemerry y su hermoso blog cargado de poesía. Cien velos que caen una y otra vez para despertar a otra dimensión aún desconocida, omnisciente, imprescindible. Es la Gracia. Aquello que te permite atravesar uno tras otro todos los portales. Aquello que te hace ver la vida desde su resplandor, desde su misteriosa llama viva, desde sus pliegues más increíbles.

Mañana por la noche cogeré de nuevo el tren y abandonaré esta otra realidad. Requiere rigor y talento intentar vivir en dos mundos. El mío, el de la pequeña cabaña en los bosques, con su silencio y su naturaleza en estado puro, y el gran mundo, ese que se teje con la suma de todos los alientos. Y entre ambos, paracaídas que nos salvan. Agradecimiento, compasión, amor. También poesía.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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Oración al viento. Canto profano a Namada en Do mayor.


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Cráter de Ramón, desierto de Israel

Elevada sublime sombra que arrullas el manto cálido. En tu memoria yace la memoria del mundo y de todos los tiempos. Intrépido volar, derramas suspiros en cada instante mientras la invisible mano que transporta aves nómadas crea transmigraciones de peregrinos errantes que no saben dónde ir. No permitas que un destino fijo les aflija. Música que recorre cada sorbo de vida. Aire que se expande entre las canillas abismales y la visión del horizonte. Vacía mirada cristalina con nocturna narración para soportar las sombras del viaje. Sorpresa cuando un rayo de luz vuelca su furor en la estampa vertical y el aullido silencioso, melancólico, vibra trashumante bajo la luna. Errático ardor que nos envuelve a cada aleteo. Abajo, el musgo lleno de consonantes, la tierra húmeda y vibrante que asola cuando soplas huracanada devastando los jardines en invierno. Todos los desiertos se arrodillan cuando exhalas imitando una flor que se cierra. Y en aquel desierto, con su luna llena, fijó estrellas en nuestro pecho.

Orión, Sirio, Pegaso. Eran las montañas nuestras almas, en el valle, junto al mar, nuestros cuerpos. Y ahora danzando en el encanto de ese hermoso y sagrado recuerdo. Bajo los pies del Altísimo, bajo la tutela del Amplísimo, bajo el amanecer glorioso de lo venerable, del secreto inconfesable, del aliento que solo puede ser visto en el susurro de una noche sacra. Bajo ese fuego que se alza, que esclarece y calienta los corazones, sucumbimos. Escuchamos el murmullo bajo los pies mientras la tierra habla, se expresa junto al mar, en sus areniscas, en su vaivén. Y ondea el viaje en un instante de fulgor atendiendo los alientos que se unen, los corazones que se acompasan, el latido que se convierte en una colonia de amaneceres. La híbrida secuencia se repite en todos los planos, con diferentes explosiones de luz y color como una copla en primavera que se abre rodando en las costuras del alma. Desde la piedra hasta el éter, auténtica y fugaz.

Pero esto es secreto, no deberíamos nombrarlo. Todo lo sagrado es secreto, por eso aquí nos volvemos profanos, como goterones que resbalan en un cristal estacionario. De ahí el canto y la oración, forma minúscula de enterrar lo sublime y confundir lo carnal. El vuelo del ave, la siembra en la tierra, la calima, el valle, el mar. Todo lo que nace y respira dos veces tiene la particularidad de entrar en sabia y poderosa expresión de lo intangible. Todo aquello que pervive más allá del instante en el que se creó forma ya parte de la memoria del cosmos danzante. Por eso ahora pervive en mundos y dimensiones diferentes, esperando expresión, discernimiento, esperando suspiros que lo atrapen, deseando encarnar de nuevo en la existencia empapada. Gotas que caen desde lo más alto para abrazar su destino común. Suaves, tiernas, amables, graciosas. Vida en movimiento que alienta cada paso en un acto de poética aventura.

Elevada sublime sombra que arrullas el manto cálido. Santificado sea tu verbo. Venga a nosotros tu aliento y hágase la obra sin fin aquí en la luz como en el cielo. Intrépido volar que derrama suspiros en cada instante. Vacía cámara donde se guarda lo más bello. Inteligencia sublime que se expande por la zozobra de los bosques y sus lenguas, por el espeso rumor de la arboleda opaca. Como esa dama desnuda que corre descalza pisando la tierra mojada y huye danzando hacia las entrañas de cuevas cálidas, sacrificando el tiempo y el lenguaje en Tabor. Allí dónde nace en el corazón la sublime luz, cargada de esplendor celeste, brillando en poética ternura. A salvo de cuanto ocurre en las mazmorras silentes, acariciadas por el tacto suave de cualquier noche transmutada.

Elevada sublime sombra que arrullas el manto cálido. Viento, santifica tu verbo y hágase tu palabra, aún perdida, aún vaciada en los tumultos de la voluntad. Venga a nosotros tu aliento ahora y siempre, tu hálito, tu emanación, tu profunda elocuencia silvestre encarnada en el ahora. El sol, que con su luz ilumina nuestra oscuridad, venga a tu encuentro y líbranos de todo mal. Que así sea por las dimensiones distantes y por todos los tiempos. Amado viento, namada libre, hágase siempre desde tu osadía susurrante, amplia y secreta en dicha y amor.

(Pd.- Leer en voz alta en do mayor).

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Canto menudo


a

Ante de los tiempos nadaba el aliento.

Las selvas eran plenas, el bosque era el mundo.

Los olores eran delicados como el rocío.

El agua era el río.

Ante de los tiempos había un párpado.

El ser era arcilla y la tierra una ribera.

La aurora cantaba a la noche pura y el gallo al día.

La luz dorada.

Ante de los tiempos flotaba la estrella.

Las sirenas cantaban en la ola.

Los buques navegaban en la espuma.

El viento rozaba el labio.

Antes de los tiempos el cosmos danzaba.

Los niños soñaban desnudos.

Los hombres gozaban sencillos.

Las madres corrían por las orillas buscando estelas.

La vida era.

Todo eso ocurría ante de los tiempos.

Como un canto menudo y apresurado.

Como un murmullo al que le llega la hora.

Como un secreto púrpura que nace en la llama.

Donde hay miedo no hay amor


a

El amor es la ausencia de miedo.

No atrapa, libera. Respeta los tiempos, abraza la diferencia, protege la debilidad, conquista con la alegría.

El miedo asusta, ahuyenta, aleja.

Libérate del miedo, baila y abraza el instante.

No pretendas alcanzar el amor desde un telón de abismos.

No quieras proteger la danza con cadenas.

Busca en el interior aquella fortaleza.

Bucea en las profundidades de cada segundo lo que nos ha de elevar.

Amar es dejar ir, también es abrazar con intensidad el espacio que nos separa.

Volar a los infinitos océanos de existencia, vencer la inercia de todo aquello que nos hunde.

Amar a veces es tan sencillo y silencioso, tan severo con la dicha.

Amar es flotar. Flotar suave entre nubes. Flotar.

Amar en silencio, sin pretensiones, sin angustias, sin deseo.

Despojado del miedo, abierto a la experiencia, danza el espíritu.

El amor grita al infinito. Sacude el instante. Perpetua inmortal ese toque celeste. No tiene arrugas, no posee nada, oscila entre la belleza de lo afable y lo espontaneo de la fantasía.

Si amas no tengas miedo. Porque amar también es perder, abandonar, dejar ir, abrazar ese perdurable misterio que nos blandece en el grito agudo.

Es amor una llamada. Se responde a ella sin cautela, sin medición, sin sustratos que alienten la provisión. Se llega a ella hambriento, sediento, desmayado. Se abraza cuando el hilo de vida se triplica y alcanza ese infinito incognoscible.

El amor también es una puerta. Su pomo permanece agazapado a otra realidad. Se abre siempre estrecha para ofrecernos el ancho piélago de la experiencia.

El amor eres tú mismo cuando has alcanzado el don de ser, manifestando tu existencia en la entrega del Absoluto.

Sublime, único, amoroso. Eterno.

Flota, y déjate llevar.

Resucita


a

No esperes al tercer día. Resucita hoy, ahora.

Cuando lo hagas recuerda que un día estuviste ciego y muerto, ausente y dolido.

Cuando veas la luz delante de ti sigue su senda. Levántate y anda ante ella, sigue su estela, continua sus pasos hasta la firmeza del nuevo día.

Cuando divises el camino, no te detengas en su borde. Continua peregrino hasta que llegues a la puerta estrecha, y allí entra sin miedo.

Cuando vuelvas a la vida, disponte a practicar los mandamientos que de ella se desprende. Conviértete en un recipiente de su néctar y comparte su jugo con el mundo.

Cuando resucites y ya no seas un muerto, déjate llevar por el sabor de ese nacer. Serás un nuevo ser, verás con otros ojos y poseerás el don de apreciar cada segundo de existencia.

Cuando resucites recuerda a los tuyos, especialmente a los afligidos y desvalidos, a los que lloran, a los que temen, a los que por miedo se vuelven bravos e insurrectos. Pero también recuerda a los otros, que también son tu familia.

Cuando vuelvas a levantarte tras el fracaso inevitable, tras la pérdida, tras haber sido injustamente linchado y crucificado, no guardes ningún rencor. Perdona a aquel que no supo lo que hizo y glorifica su alma para que encuentre amor.

Cuando revivas, si es que lo haces algún día, sábete afortunado por esta nueva oportunidad. Da gracias una y otra vez a cada cosa que se te acerque, a cada palmo de día que discurra.

Si has entendido el mensaje de la vida, el profundo misterio de sus ciclos, resucita. Entrégate de nuevo, con pasión, fuerza y amor a todo aquello por lo que has nacido. No dejes pasar esta oportunidad, no dejes que la tupida calma te vuelva a adormecer. Disfruta de la primaveral belleza. Abraza el suspiro ardiente.

Si has despertado, por fin, se compasivo y agita a los otros. Enséñales ese otro paisaje, despierta en sus mentes la curiosidad por esa nueva vida, enciende en sus corazones la antorcha ineludible del misterio.

Resucita y vuelve, retorna, aguardamos tu pronta venida. Cualquier hijo de la luz te espera para que nos cuentes que hay en ese más allá que nos ciega.

Resucita cada día, al despertar, como si vinieras de una cruz que te enseñó a amar al semejante, mirando siempre de frente a esa vida que te espera.

Atraviesa el velo. Resucita, una y otra vez. Resucita…

Tanto por compartir…


a

Compartir un momento, un instante, un segundo, un minuto, un día, una vida.

Compartir un sueño, un refugio, la utopía galopante, la lucidez de una idea.

Compartir el aliento, el beso, el abrazo.

Compartir la noche y el día, la montaña y el valle, el cielo y la tierra.

Compartir el secreto, lo íntimo, lo oscuro y lo brillante.

Compartir el duelo, la muerte, el dolor, el sufrir, la desgracia.

Compartir la alegría, la sonrisa, la paz, la quietud.

Compartir la belleza, el toque armónico, la música radiante.

Compartir rebeldía, coraje, fortaleza.

Compartir dulzura, tacto, presencia, honestidad.

Compartir juego, complicidad, aquel escondite oculto.

Compartir creencias, misterios, anhelos.

Compartir tu ser, tu esencia, tu reino.

Compartir tu sangre, tu sexo, tu rostro.

Compartir deseo, locura, promesa.

Compartir tristeza, amargura, rabia.

Compartir la dicha, la vida, el encuentro.

Compartir el pan, el esfuerzo, el trabajo, la riqueza.

Compartir la magia, pensamientos, abstracciones, fantasía.

Compartir tu don, tu talento, tu propósito.

Compartir el alma entera.

En definitiva, compartir amor, amor, amor.

La dama de Shalott


John_William_Waterhouse_The_Lady_of_Shalott

Desde mi ventana escucho los alaridos a ambos lados del río. Largos campos y montañas, bosques y senderos que se entremezclan con la bruma de la mañana. Todo está vestido, la colina, el cielo, los verdes mantos de hierba. Salto de un lado para otro, de la alameda hacia lo alto, visito los rincones donde las ardillas se esconden y bordeo como un haz de luz la flexibilidad del viento. Allí, a lo lejos, entre dos mares, veo el brillo de un espejo donde se refleja su rostro mientras teje.

Las gentes van ciegas mientras que todo se maneja sobre sus cabezas. Nada entienden aunque les duela aquí y allá, nada saben de ese color que se teje en el otro lado y que irremediablemente nos importuna, nos sobrepasa. Solo allí donde los lirios se mecen en la calma del silencio, en aquella isla soñada o en la sombra de los sauces puedo entender esta marea extraña. Es la espera de aquella que teje. Es la espera de aquella que ama.

Los álamos se estremecen, las estrellas brillan en un crepúsculo suave, la brisa nos recuerda el paisaje celeste. Hay olas que se levantan y se desplazan eternamente. Hay mares enteros que contienen la magia de cada instante. Podemos inmortalizar cada verdor, pero sólo en aquel lugar invisible, sólo allí puedo volar sin demora.

¿Habéis viajado alguna vez a Camelot? ¿Pudisteis pasear por las afueras de la Isla Blanca? ¿Qué hay allí en la serena calma que la niebla nos trae desde las tierras altas? Grises muros y torres se levantan entre nosotros y nuestros sueños. Incluso aquella hermosa dama de Shalott nos espera paciente a que despertemos. Quiere mostrar su mano para llevarnos a su isla, a su campo de flores teñido de noble deseo.

Entre la espesa ternura me despierto. Sigue ahí la ventana que vigila los montes y campos. El río y sus dos orillas. Las gentes dormidas y ciegas. Escucho una canción que me recuerda la Isla Blanca. Resuena alegremente entre la ciénaga de mi dolor que es arrastrado por su recuerdo hacia la alameda de Camelot.

Apilo fardos en las entrañas de mi memoria. Cansado, miro hacia todas partes, buscando aquella sombra, aquella niebla, aquella luz. A veces, en el silencio más estrecho, escucho algún susurro. Debe ser la dama, la bella hada de Shalott.

Ella teje haces de luz. Una tela mágica para proteger al peregrino. Espera en su atalaya, en su monte, en su castillo. Cansada de las sombras, espera la llegada del noble caballero. Entre las hojas, ella espera sentada a su Lancelot. ¿Qué maldición es esa que nos separa? ¿Qué será aquella barca? Roto queda el espejo mientras la dama avanza. El río y sus dos orillas… que nos separan.

(Ilustración: The Lady of Shalott ,de John William Waterhouse).

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”


NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías

sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima,

nos enseña,

nos convierte en protagonistas

de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tu puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,

dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.

Vívela intensamente,

sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron

de nuestros “poetas muertos”,

te ayudan a caminar por la vida

La sociedad de hoy somos nosotros:

Los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Walt Whitman

Serenidad


“Dios me concedió la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar…
Valor para cambiar las cosas que puedo…
Y sabiduría para saber la diferencia…”

Ese es el sonido que me acompaña estos días… Cada hora reclamando su segundo, cada instante una eternidad de despropósitos… Un anhelo inmemorial, agotado, con su profundo regreso a la oscuridad errante. Ahora entiendo todo lo que se desplegó ante mí… Entiendo como el universo es capaz de ofrecernos los mayores regalos jamás imaginados y como nosotros nos encargamos de mancillarlos, de aborrecerlos, de enterrarlos en nuestros dolores y partos. Sobre lo verdadero y lo falso no sabemos nada. Hoy terminará un nuevo día y no sabremos nada sobre el mundo y sus sueños.

Por suerte la esencia está intacta, por lo que de nuevo se abre el vasto dominio de la experiencia. Por eso no abandono las ansias de que cada día sea extraordinario. La poderosa obra continua. Emitiré los alaridos por el techo de este mundo porque deseo seguir soñando. Alejado de la mediocridad, del ruido infernal del no hacer nada, de no pensar nada, de no sentir nada. La vida por delante grita con su clamor para que estemos alertas, atentos a todos los regalos que han de llegar.

Los náufragos esperan su norte mientras el océano, tan misterioso, los acoge dócilmente. Me he atrevido a abrir la boca aunque el eco solo salpique la inmensidad que mece los tableros o un puñado de arena. Mi yo real está de pie, inmerso en su profunda meditación, contemplando el horizonte a la búsqueda de la sabiduría del mañana. Impasible, ileso, apartado de todo decoro. Plantado en su vertical perfecta, vigilante y expectante ante el imperio de la calma.

Serenidad, valor y sabiduría. La triada perfecta para contemplar el mañana y seguir adelante… ¿Quién anda por ahí anhelante?

Poetas del 15M


La amiga Julia ha creado un blog (http://poetasdel15demayo.blogspot.com/) donde poetas de mil batallas participan activamente como forma artística de estar ahí, apoyando el movimiento y el espíritu que lo mueve. Le he propuesto recopilarlas para un poemario senequista, y a la vez, he participado con una modesta aportación del alma:

 

Solidarios del Crisol

 

Serena marcha,

Serena y mansa.

Doliente, indignada.

Propensa, enjaguada.

 

Dolor y rabia.

Hartazgo ardiente,

en una plaza yerma,

ahora radiante y plena,

dicen, que de gente.

 

Un grito y una llama,

Una voz y esperanza.

Acampada la sed,

Hambrientas las ganas.

 

Lucha, primavera y alma.

Espíritu rebelde, firme.

Solidarios del crisol,

Del crisol del 15M,

Que arremeten, y empujan,

Que esperan y actúan,

Que cansados y asqueados,

Exigen, reclaman, no sólo un cambio,

Sino muchos.

 

Unidos, desolados, respetados,

Ansiosos, impacientes, justicieros.

 

Renovado el espíritu,

De nuevo se grita,

El alma surge,

Renace la brisa,

Hambrientas las ganas,

Doliente, indignada,

La gente clama,

En todas las plazas.

 

Hagamos un trato


La pasada ha sido una semana dura… Quizás por la Luna, tan cerca de la Tierra… he impregnando tan poderosamente en las emociones que fluyen en sus mareas como agua de mar… Culpemos a la Luna de las emociones buenas y de las menos buenas, sobre todo, de las explosiones que ha ocasionado en ese plano astral tan movible y que tan humanos nos hace. Culpémosla a ella y salvemos nuestra alma… A fin de cuentas, la humanidad actual se desliza suavemente entre el arbitrio de la virtud y la emoción, intentando conjugar todo cuanto puede para seguir adelante. Y seguir adelante cada día resulta más difícil porque cada día arrastramos más pasado quedando menos crédito de futuro.

Semana dura en lo interior y en lo exterior, pero eso también nos sirve para tomar consciencia de nuestra fragilidad, especialmente cuando nuestros defectos y debilidades empañan a nuestro prójimo. Por eso esta mañana, entre arrebatos de tristeza pero aún tan lleno de esperanza, he querido regalar un poema de Benedetti, aprovechando que hoy es el día mundial de la poesía. Y la tristeza no ha sido mala, sino un alivio, porque a veces necesitamos el roce suave de algo que nos tranquilice el alma. Y la tristeza es como ese bálsamo penetrante que suaviza el dolor y el sufrimiento mediante el consuelo y el desahogo. A veces va bien estar tristes o melancólicos para soportar el peso leve de nuestra existencia. Y a veces está bien que acompañemos esa tristeza con cierto llanto. Eso no es símbolo de debilidad, como piensan algunos. Todo lo contrario. Sólo los valientes son capaces de hacerlo. El débil prefiere esconderse y disimular todo cuanto siente. Lloremos pues como los valientes, lloremos como lo hizo el Cid, “los ojos de Mío Cid mucho llanto van llorando”, decía su Cantar… Pero mejor os dejo el poema de Benedetti, que está cargado de ternura y esperanza:

 

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

 

Ítaca


Cuando partas hacia Itaca…

pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.
Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.

A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.

Konstantinos Kavafis (1863-1933), poeta griego

Hoy serás mi sur


Ayer escribía algunos capítulos de mi pequeña novela Alexandra. Me imaginaba en algún balneario suizo, como aquellos que frecuentaba Herman Hesse para escribir sus increíbles cuentos. Quería estar allí, alejado de este asfixiante calor, junto algún lago rodeado de verde y frescor mañanero, escribiendo sin parar todo cuanto se me ocurría. Pero el lago no pudo ser otro que la manguera del jardín y el verde el rostro seco de algunas plantas que aún sobreviven a este infierno. Aún así pudo servir para imaginar los viajes del joven Atis y los miedos infecundos de la bella Alexandra. Ambos personajes parecían tomar vida en ese hermoso arte creador de la palabra. Y mientras narraba el octavo capítulo, se me ocurrió, de forma paralela, escribirle a ella, a mi otra Alexandra, a mi otra princesa, un par de versos: “al final del día besaré tu piel y tu corazón. Tus labios sobre los míos harán calma la espera. La luz de tus ojos serán mi lámpara esta noche. Hoy serás mi sur...”

No te salves


No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

NO TE SALVES,
de Mario Benedetti

Expiración


Tierna lira, arremete cuando el espantoso viaje concluya.

La música que no llegue en ese instante será porque el silencio arrasó su tierna rozadura.

Por ello los pórticos salivarán cuando la madera cruja y el aire traspase su último aliento.

Junto a la luz amarillenta que perfume la oscuridad doliente, esa que promueve la ilusión de todo cuanto hubo pasado y ya no existe.

Y allá, en el más allá, el estruendo, increíble insensato que desnuda el añil del árbol, que provoca la retirada sutil de la esfera taciturna.

Agua, sálvate, agua, tiembla, corre, penetra.

Fuego, brillante aliado, no me dejes alejado, murmulla en el baladro final.

Tierra, húndeme.

Aire, que expiras y conspiras, llévame.

Despierta Maga, despierta…


“Sola Maga, despierta.
Despierta escondida entre la niebla,
parte sedienta a librar la promesa.
Conjura connmigo, conjuro con ella.
Ante mí tu rostro y a mis espaldas tu fuerza,
encima tus alas y debajo regresas…
No pierdo de mí tu memoria.
Canta Maga, canta promesas…
Despierta escondida.
Despierta…”
(Ilustración: Mujer en Ventana – Rafael Ramírez. Pintura al óleo, 2009)