Abortar misión


 

© @allenkoppe

«Ciertamente hay satisfacción y dignidad al aceptar los errores que uno ha cometido en el curso de la vida». Kazuo Ishiguro

El domingo me desperté con una sensación extraña. Una voz interior, clara y contundente, me decía que no fuera, que no viajara al día siguiente. Nunca sabré los motivos reales ni la naturaleza de sentir dentro de mí esa contundencia, pero obedecí. Avisé a las personas con las que iba a viajar a la guerra y me disculpé ante ellos. Ese mismo domingo aborté la misión y volví al Balneario, en el que sigo en estos momentos. Aquí estuve en silencio, observando, analizando el motivo real de no haber ido hasta las fronteras con Ucrania.

Lo cierto es que estos días en Madrid sentí la despreocupación de unos y el nerviosismo de otros. Los que miraban para otro lado y los que no podían dejar de mirar lo que estaba sucediendo. Pensé en el mal que esta situación estaba ocasionando a nivel global y en lo inútil o frustrante que a veces resulta hacer el bien. Un buen amigo me puso el símil. Hay un hombre malvado, que recibe a la gente en una mesa larga y distante. Un hombre que decide unilateralmente cuántas personas van a morir en los próximos días. Y luego hay múltiples estados que se reúnen conjuntamente para intentar hacer fracasar al mal.

Vi claramente como las fuerzas del mal atacan el orden establecido. Decía alguien que el mal es una energía mal situada. Ocurre todos los días cuando nos enfadamos o sentimos rabia. No somos capaces de canalizar esa energía, esa frustración, y destruimos todo lo que vemos a nuestro paso en vez de situar correctamente esa energía, esa fuerza descontrolada. Tener conocimiento de las fuerzas oscuras nos debería preocupar, al menos. Debería hacernos trabajar en fórmulas propicias para poder equilibrar esas fuerzas cuando aparecen en nuestras vidas. De igual forma, de manera colectiva, deberíamos tener causes adecuados para que las fuerzas pudieran sostenerse desde el equilibrio, la quietud y la paz mundial.

Sea lo que sea, el mal existe. Existe cuando un loco de remate, por no decir otra cosa, decide aniquilar a todo un pueblo. Existe cuando perdemos los nervios en situaciones psicológicamente complejas y le damos un guantazo a un amigo (Oscar dixit). Existen en las relaciones, cuando de repente perdemos nuestro centro y huimos o abandonamos el barco del amor acudiendo al miedo. Todos los días, por miedo o por no saber controlar las fuerzas del mal, abortamos todo tipo de misiones hermosas.

Intentar no ocupar la vida en odiar y tener miedo, como decía Stendhal, quizás sea el camino más complejo de todos. Sanar todas esas heridas humanas, esas que afectan a nuestra psique desde que de muy pequeños unos y otros abusaran de nuestra fragilidad, es una vía difícil. Solo podemos hacer lo mejor, solo nos queda el camino del abrazo y el sentir. Abortar aquellas misiones que nazcan del miedo y la desesperación, de la frustración más profunda, y ahondar discretamente en el camino del amor. Hacer el bien, siempre hacer el bien, cueste lo que cueste.

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Subir a la montaña para bajar a los valles. Pequeña reflexión desde el Jardín del Morya


© @silverfineart_gallery

Las experiencias cumbre solo pueden servir para inspirar, para alentar, para indicar que más allá de la espesa bruma de los valles, allá, a lo alto, hay vistas inimaginables, visiones inalcanzables para la mente que orbita en la ceguera de lo cotidiano. Subir solo puede ayudarnos para bajar con mayor fuerza, decisión, empeño. Ocurre lo mismo cuando caemos en un turbulento pozo, oscuro y sombrío. Uno no se ahoga por caer al fondo del mar, sino por recrearse en sus profundidades. Emocionalmente hablando, bajar ocurre siempre que estamos ante un declive inevitable. Uno baja y baja y baja sin darse cuenta hasta que toca fondo, se recrea en las profundidades y advierte de repente que le falta el aire. Así le pasa también a la humanidad doliente.

Es el mundo que describía la vida de Arjuna, el mundo del dolor, pero también el mundo de la luz que brilla más allá de los valles, en las altas cumbres, en las montañas más allá del mundo conocido. Como en esta tarde lluviosa donde comparto con la familia espiritual un trozo de vida. Aquí, de nuevo en el Jardín del Morya, un remanso de paz y un lugar donde poder respirar tranquilos, compartir las tensiones del mundo e intentar elevar la mirada por encima de nuestros pequeños miedos. Aquí no hablamos, casi por estar prohibido, de cosas banales, vulgares o pedigüeñas. Hablamos del mundo, de las crisis por las que atraviesa la humanidad. Intentamos inspirarnos para no entrar en la apatía, en la tristeza. La situación mundial es compleja. Quizás estemos ante un nuevo abismo mundial sin saberlo, sin ni tan siquiera imaginarlo. Quizás estemos ante el final de una civilización, de un mundo conocido. O quizás no, quizás todo sea un tránsito tranquilo y amable hacia otro lugar. Miramos hacia arriba para buscar inspiración, luz, más luz.

Sea como sea, incluso en el Jardín del Morya sentimos cierto nerviosismo. Hay algo en el ambiente de preocupación. Este lugar está lleno de libros de historia leídos, subrayados y repasados una y otra vez. Todo se asemeja, nada parece haber cambiado. Los miedos atávicos permanecen. Las cicatrices de los pueblos están aún sin sellar. El mal campa aún por los valles agrestes. Por eso recordamos la inaplazable y profunda necesidad de mirar a las cumbres. No para abstraernos, sino para buscar luz y visión, para saber que la urgencia de actuar tiene que venir precedida de gnosis, de conocimiento, de sabiduría.

Descansar en este Jardín antes de ir a la batalla, a la batalla del drama, del dolor, de la pérdida, del sufrimiento de la humanidad doliente, es como entrar en una iglesia, en una pequeña ermita para rezar o pedir fuerzas. Aquello que hacían los antiguos, espada en mano, antes de entrar en combate. El combate ahora no es por una guerra, es por la humanidad. Es por sanar todas esas heridas que aún siguen abiertas. Todo ese dolor, toda esa rabia, todo ese sufrimiento innecesario. Aún estamos muy lejos de la fraternidad humana. Aún estamos muy lejos de conectar directamente con nuestra esencia primordial. Pero nuestra obligación es seguir mirando a esas cumbres, y luego volver a los oscuros valles para señalar el camino.

El lunes subiré a la cumbre de esa luz para que el dolor pueda ser sostenido. Elevaré la mirada ante la desgracia para poder sostener el tormento ajeno. Y cuando ese dolor llegue a nuestra casa, poder recordar la visión, la montaña, la cumbre, y ofrecer así luz y esperanza al mundo desvalido. Fuerza, mucha fuerza para la humanidad que viene. Luz, mucha luz. Y amor, mucho amor.

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A la guerra por amor


© @noarphotographie

Uno a veces cree que ama, sin saber amar. Uno a veces cree ser amado, sin recibir amor. Desde que empezó el conflicto con Ucrania algo se removió dentro de todos. Estamos acostumbrados a muchas guerras y a falta de amor. Las noticias están siempre plagadas de catástrofes y desgracias, de oscuridad y odio, y faltas de amor. Cuando las desgracias están cada vez más cerca, algo se remueve por dentro. Es normal. No debemos sentirnos mal por estar dando todo lo que podemos por Ucrania y muy poquito por el resto del mundo. Algo es algo. Es natural. Uno siempre siente más afecto por el vecino que por alguien que no conoce. No seamos hipócritas y nos rasguemos las vestiduras porque queramos acoger a una niña ucraniana y pongamos barreras a los niños sirios. Un corazón noble hace siempre lo mejor, un corazón amoroso ama a todos por igual, y un corazón inteligente, hace siempre lo que puede, lo que está en sus manos. No es un problema de distancia, es un problema de falta de amor.

Hace unas semanas me debatía entre el amor o la guerra. Mi impulso irracional, o quizás el más inteligente de todos los impulsos, me motivaba a ir hasta Ucrania para ser útil en todo lo que pudiera. Un ser amado me lo impidió. Me rogó que no fuera. Entonces pensé que quizás podría echar una mano desde aquí y eso hice. Pero no es suficiente. No siento que pueda ser suficiente mientras vemos cómo el mundo se desmorona ante nuestros ojos.

Comprendo a la mayoría que permanece sentada al borde del camino. No lo juzgo. Bastantes problemas tenemos mirando que no se acabe el aceite de girasol en el supermercado o viendo cómo la gasolina ha subido un poco más impidiendo con ello frecuentar con más asiduidad los periféricos centros comerciales. Tenemos siempre muchas cosas que hacer, muchas cosas en las que pensar, mucho ombligo al que mirar.

Pero otros no pueden. No pueden sentarse al borde del camino mientras todo se cae. Hoy comprendí varias cosas sobre el amor. Especialmente sobre el amor incondicional. Es algo que no se puede exigir, que no se puede mendigar. No podemos pedirle a Putin que ame a Ucrania. Es algo que se tiene o no se tiene. Y si se tiene, rebosa, se expande. Lo vemos en los enamorados, que son capaces de sacrificar toda una vida por estar juntos. Lo vemos en las madres con sus hijos. Lo vemos en la naturaleza con su siempre excesiva generosidad. El amor siempre es rebosante. Nunca pone límites, ni fechas, ni plazos, ni tamaños, ni formas, ni colores. Es expansivo, esa es su naturaleza. Y lo contrario al amor se retrae, se aísla, se comprime, engorda hacia sí mismo. Un enamorado sabe cuando la otra parte lo ama. Solo tiene que mirar a sus ojos y ver si rebosa entre el lagrimal esa expansión de luz y amor.

Podemos sentir amor por nuestra pareja, por nuestra familia, por nuestra comunidad. También podemos sentir amor por la humanidad. Ese amor expansivo hacia la humanidad es lo que me mueve a salir el próximo lunes dirección Ucrania para echar una mano. Una de las expresiones del amor es el servicio, el sentirse útil hacia los demás. Uno por amor puede sentir cariño, amabilidad, entrega. Pero si el amor se expande, y ves por las noticias a madres y niños desamparados, algo te tiene que mover. Lo mismo que mueve a un enamorado a atravesar medio mundo para ver a su amada y estar junto a ella, cueste lo que cueste. La misma fuerza, debe moverle a uno para ayudar a los demás siempre que sea posible, siempre que no estemos distraídos con nuestras cosas, que siempre son importantes.

Por eso el lunes voy a la guerra por amor. No sé qué me encontraré allí. No sé de qué manera podré ser útil. Pero no puedo quedarme sentado al borde del camino mientras el mundo se acaba para mucha gente. Hoy son ellos. Mañana podemos ser nosotros, o nuestros hijos en unos años. No podemos contraer el amor. Debemos expandirlo, y nosotros expandirnos con él.

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Cuando los seres sintientes se convierten en objetos


© @miguelrphotography

Nuestra sociedad, en su degeneración paulatina, olvida las esencias primordiales de la existencia, los valores más esenciales. Se vuelve autómata, insensible, separada completamente de la pura existencia. Vivimos una época decadente, desconectados de la esencia espiritual y de todos aquellos vínculos que conformaban nuestra constitución humana. Las cosas subsisten por inercia, pero ya nadie cree en nada. Las viejas formas se aferran a un presente inútil y oscuro. Un tiempo trágico y sombrío. Y de alguna manera, un tiempo cómico que se aferra y subsiste.

La guerra, las guerras, nos recuerdan que el mundo está en ebullición, al borde de un colapso premeditado, quizás necesario. La señal de los tiempos es ineludible. Cuando los seres sintientes se convierten en objetos, en algo necesario para el consumo, el colapso está garantizado. Podríamos hablar de cosas bellas y mirar hacia otro lado mientras muy cerca de aquí niños y ancianos mueren bajo la metralla. Lo horrible no es esa guerra, si no todas las guerras minúsculas que producen las grandes guerras. Por eso el colapso de fuera es un colapso de valores que viene de dentro.

Las nuevas generaciones se están criando en un mundo virtual, desconectado de la realidad. No son capaces de enfrentarse a las crisis del mundo porque en el mundo virtual todo es bello, todo es fabuloso, todo es fantasía. Cuando intentan conectarse a la realidad esta les supera. No saben cómo actuar, no saben cómo aplicar las leyes básicas del comportamiento humano. Se esconden, se aíslan, desaparecen. Los seres sintientes, no importa si son animales o humanos, se convierten en objetos. Unos para ser sangrientamente consumidos. Los otros para ser manipulados, anulados, utilizados a cualquier antojo.

Eso de alguna manera crea monstruos. Monstruos que, en un futuro, quizás mañana, participaran autómatas de nuevas guerras, de nueva destrucción, de nueva miseria, de nuevos colapsos en futuras civilizaciones. Cuando hemos perdido la conexión con el mundo, el mundo nos golpea fuertemente. Nacen crisis de identidad, pensando que aquella fantasía virtual en la que creíamos (antes se llamaba patria y religión), era lo real, era el mundo verdadero. Pero el mundo verdadero requiere de contacto, de relación, de olores, de visiones compartidas en atardeceres boscosos. Requiere escuchar el aliento del otro, sus gemidos, su dolor, su miedo, su terror, y sanarlo con un abrazo, con una mirada, con un susurro.

La guerra, las guerras, solo nacen de nuestro interior. Una persona emancipada, inteligente, sanada por la vida, no podría entrar nunca a ninguna guerra. Observaría atento cómo poder ayudar en cada conflicto, pero nunca entraría él solo en ningún conflicto. Seguramente una persona que vive en paz, sería capaz de soportar todo tipo de insultos, mentiras e injusticias aplicando una sonrisa sincera. Comprendiendo que la naturaleza humana llega a la armonía a través del conflicto porque es en los momentos de tensión cuando realmente crecemos y aprendemos. Pero entendiendo que el conflicto debe ser siempre resuelto desde la paz, desde el amor, desde la fraternidad más sincera.

Cuando los seres sintientes se convierten en objetos la vida nos manda una señal. Es la señal de que un mundo se acaba, de que hay que empezar a trabajar en un nuevo mundo, en una nueva visión. Cuando el mundo se vuelve mentiroso, cuando todo es producto de una fantasía, de una mentira, es tiempo de volver a empezar de nuevo.

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Dolor, dolor, dolor


«La guerra debería ser un crimen y los que la instigan deberían ser castigados como criminales». (Charles Evans Hughes)

Las guerras son el resultado del fracaso humano. Es un fracaso colectivo, un fracaso que se fragua desde que nacemos hasta que morimos. La violencia congénita no ha sido doblegada aún. Desde el plato de comida hasta el tono con el que hablamos al otro. Somos violentos, a pesar de los esfuerzos realizados socialmente para doblegar nuestros impulsos más efusivos. Nuestros sublimes ideales como humanidad se desmoronan en cuanto estalla un conflicto, sea de la naturaleza que sea. Nuestros códigos de rectas conductas, universales en cuanto a la necesidad de fraternidad y compartir, se desmoronan uno a uno ante la desgracia de una guerra. Una guerra es el resultado de todos nuestros actos individuales, de todos nuestros egoísmos particulares que se fraguan hasta que escapan y estallan. Son fuerzas que buscan manifestarse y revertir en nosotros para que tomemos consciencia colectiva de nuestro fracaso personal.

Nuestra inteligencia colectiva, nuestras virtudes compartidas, nuestros códigos éticos y morales y de recta conducta se vienen abajo ante la desdicha. Ya no basta con soñar mundos de justicia y equidad, sociedades acogedoras y fraternales. Ya no basta con la creación de utopías humanas que nos indiquen y señalen con valentía y contundencia el camino a seguir. La guerra y toda la tragedia que conlleva es la constatación del fracaso humano. La armonía interior ante el caos exterior ya no es suficiente. La fraternidad verdadera ante la derrota moral ya no sirve. El arte de conservar la calma y el equilibrio, el arte de la perseverancia en momentos complejos es insuficiente. La maestría sobre nosotros mismos y sobre nuestras naciones se desploma como un fracaso total. La desesperación no es admisible. La esperanza no nos sirve. El deber de luchar por la paz ya no es suficiente.

Toca vivir momentos de tensión, instantes delicados para el colectivo humano. Toca amansar las fieras del anochecer decadente. Toca mirar al prójimo con dulzura y amor, tratarlo con dignidad. Toca fraguar el amor, hacer el amor, a cada instante. Toca irreductiblemente dejar todo tipo de violencia y voltear nuestras ansias más sinceras hacia el camino de la inofensividad. Con el medio ambiente, con los animales, con el vecino, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestra familia. Toca poner en práctica los valores, y dejar de hablar de ellos. Toca exprimir el jugo de la Vida, alimentando en sus braseros el deseo de vivir en paz. Toca llenar el mundo de gestos, de actos de amor, irreductibles. Toca que ese amor se expanda hacia todos los rincones del mundo, como un tsunami que destruya al mal. Toca que cada uno de nosotros, amemos incondicionalmente la vida y todo lo que eso representa.

Dolor, dolor, dolor. Mucho dolor por la guerra. Mucho amor, amor, amor para que termine pronto. Para que se cierren las puertas donde se halla el mal. Que el poder, la fuerza, el amor y la sabiduría nos guíen en esta noche oscura. Que el amor prevalezca y la consciencia nos guíe a todos. Que la Belleza vuelva a la Vida humana.

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El tiempo se está acabando. No hacer nada no es una opción


© @michel.rajkovic.photography

A veces nos resulta complejo conocer los algoritmos del mundo circundante. Los sabios de todos los tiempos, aquellos que indagaron en el linaje de la Gran obra, saben que hay energías que pueden ser movidas de un lado para otro si tenemos la capacidad de entender cómo funcionan las leyes básicas del universo incognoscible. Ante nuestra ignorancia, no deberíamos ser extraños que miramos el mundo y lo critica. A veces la crítica, la propia opinión, la división de pareceres, es solo la demostración de poseer una visión parcelada de la existencia. Y esa crítica y falta de entendimiento, es la semilla de todo conflicto, de toda guerra. Los científicos sociales tenemos la sensación de que nuestra observación siempre es limitada y sesgada por nuestras construcciones mentales, nuestras circunstancias e incluso nuestras creencias. Desde esa perspectiva, a veces tomamos consciencia de que el tiempo se está acabando. No tan solo el tiempo psicológico de nuestra mente finita, sino también el tiempo humano, ese tiempo que carece de paz.

El mundo está cambiando rápidamente. Los conflictos, las guerras, las hambrunas y todos los problemas de la humanidad, no son aún suficientes para que el ser humano despierte a otra consciencia. Ante este drama vital, no hacer nada ante los hechos injustos de la vida no es una opción. Al menos no debería ser una opción para aquellos que han despertado a la visión amplia, a una mayor consciencia, a un mayor contacto con lo esencial de la existencia. Deberíamos vivir en un arrebato constante, en una urgencia de actuar constante a sabiendas de que todo se acaba, todo se termina.

Esa mayor consciencia debería servirnos como motor para entender la urgencia de actuar. La urgencia de vivir. La urgencia de amar. Deberíamos ser auténticos activistas vitales. Sentir que estamos vivos, tomar consciencia de lo que eso significa y levantarnos todas las mañanas de forma urgente, precipitada. Deberíamos desbordar vida, deberíamos sentirnos preparados para la batalla de la paz. La cruzada de nuestro tiempo tiene mucho que ver con esta urgencia. El mundo se acaba si no somos capaces de entender que la Vida, a pesar de nosotros, continuará. El mundo se acaba cada vez que volvemos a la inconsciencia, al conflicto, a la rabia, a la guerra. Está en nuestras manos el poder convertir nuestro entorno en un lugar agradable y sensato. Y que, a su vez, esa radiación de paz y amor se extienda por otros contornos, por otros lugares, hasta que algún día, todos, absolutamente todos, entendamos la grandeza de esa fuerza y energía universal. Hasta que el amor y la paz triunfen para siempre.

Volvemos a vivir unos momentos difíciles. De nuevo los tambores de guerra, como si no tuviéramos suficiente con nuestras pequeñas guerras diarias. De nuevo más urgencia de actuar, desesperadamente, hacia la Vida. Crear nuevas vidas con nuevas consciencias. Inculcar desde el nacimiento la propia inofensividad, la necesaria bandera de la paz interior, el postulado urgente del amor, la generosidad y el dar, el darse, el entregarse. Crear nuevas vidas que crezcan en un entorno de seguridad y libertad de consciencia, en un lugar donde la sabiduría, la belleza, el amor y la buena voluntad sean las señas de identidad.

Es urgente que despertemos y actuemos individualmente, grupalmente, colectivamente. No podemos mirar solo las miserias de nuestras pequeñas vidas, los encontronazos diarios con la realidad. Debemos sostener con fuerza toda nuestra existencia y ser un motor de cambio, un abanderado del nuevo mundo. ¿Cómo hacerlo? No importa el cómo. Simplemente hagámoslo. El tiempo se está acabando. No hacer nada no es una opción.

Pd.- Por el antiguo linaje que nos une, toda nuestra fuerza y amor para el pueblo ucraniano en unos momentos difíciles para todos… Que la paz reine algún día en los corazones humanos… Que la sabiduría presida la construcción de la nueva humanidad. Que la fuerza la sostenga. Que la belleza la adorne.  Que la paz reine sobre toda la Tierra. Que la alegría esté en nuestros corazones. Que el amor reine entre todos nosotros. Invoquemos esta energía con fuerza. Invoquemos al Dios del Amor y la Paz. 

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De cómo los impuros ahora pueden pasear


Las 850 vidas humanas que nunca más pudieron pasear. Las víctimas de ETA que no tuvieron la oportunidad de vivir en libertad.

 

A estas alturas ya sabemos, o al menos intuimos, que las patrias y las naciones son una construcción cultural y sentimental, una entelequia que pretende dividir a unos contra otros y cobijar a los nuestros por encima de los ajenos. Es un imaginario, y más allá de ese imaginario, no hay nada.

Por suerte, en algunos lugares se está cayendo el velo, desmesurando la mentira y alejando la perversidad de creer en espectros territoriales, fronteras, alambiques ideológicos, alambradas, muros y banderas. Por suerte las nuevas generaciones, especialmente desde hace diez años en nuestro país, ya no dan la vida por ninguna patria, ni la pierden a causa de ninguna nación. Lo trasnochado es sacar una bandera al balcón, sean del color que sean. Y por suerte, ya no se mata a causa de dichas banderas.

En nuestro país ya no existen Sicariis, ni Hashshashinni ni Jacobinos. Al menos desde hace tan solo diez años. La vida tiene más valor que la muerte. El color del paseo veraniego sobre cualquier playa azul es más valioso que el color de cualquier bandera. Es cierto que la paz no es pura, que el odio de unos y la rabia de otros aún rezuma en algunos corazones y que aún existe cierta sensación de división, de puros e impuros, de entre bastardos y legítimos. Quizás en diez años más, o en veinte, o en cincuenta, eso deje de existir.

Al menos ahora los impuros pueden pasear por las calles sin ser aniquilados, asesinados vilmente. Eso ha sido un gran logro de nuestra civilización. Ya no hay sicarios, ni a sueldo de una mano oscura ni a sueldo de una ideología. El terror, la sangre y el odio extremo han sido desterrados. Sí, eso ha sido un gran avance que hay que celebrar. No podremos olvidar el daño, no podremos arrinconar la pérdida. Pero sí podremos pasear libremente, sin mirar atrás de forma desconfiada, solo mirando hacia adelante, pausados, tranquilos, confiados. Sí, un gran logro de nuestra civilización el poder pasear tranquilamente, aún siendo impuro.

Camino, perseverancia, presencia, visión. Queda mucho recorrido para que el ser humano se complete. Para que la tierra sea tierra y el cielo solo sea cielo y nadie sea dueño de nada excepto de su propia elección vital, de su propia vida. Aún queda mucho recorrido para que la libertad humana encuentre su más grande horizonte. Pero al menos, y esto es un gran logro civilizatorio, en este pequeño rincón del mundo, ya se puede pasear.

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Diez millones de lunas


 

¿Estás bien? Sí gracias. Estoy bien a pesar del Mal. Tengo tres ventanas. Una mira hacia occidente y allí veo el bosque diminuto, las huertas y los prados que se extienden hacia arriba hasta alcanzar el horizonte situado en el más fantasioso de los atardeceres. Veo a los conocedores que ignoran al mundo y miran hacia Marte o la Luna, rechazando el mundo. No los juzgo, solo observo. La de oriente me permite ver el sol en su zenit mañanero. Amanece siempre por ahí, con un leve y tímido rayo que veo atravesar los árboles hasta llegar a mí. Allí veo a los estudiantes del camino de la paz. Intento no juzgarlos. Solo los observo. La tercera está orientada al mediodía. Contrariamente a lo que se recomienda, mi cabeza reposa en esa dirección, y atraigo los rayos del austro y la tarde, celebrando ese gusto interior cuando eres acariciado por las melodías invisibles de los elohims.

¿Y el norte? Pues ahí, en el septentrión, tengo la puerta, acompañada de una librería llena de libros de antropología y la pequeña chimenea. Tengo sobre la chimenea algunas velas que protegen la fotografía de un maestro tibetano conocido por sus iniciales, D.K. Y dos frases que le acompañan: silencio y renacimiento. Ambas muy significativas para este periodo solar que vivimos. El norte es la columna del aprendiz, del silencio, de la sombra que observa.

¿Y en el punto de quietud, qué hay ahí? En el centro del octógono hay una claraboya con forma de sol. De ahí vienen los rayos mañaneros que conectan con la tierra. Hay un cristal en el centro que conecta con la tierra y conserva tres piedras: una que había en este lugar, otra del monte sagrado de Oribio y otra que trajimos desde Shamballa, la resplandeciente, allá en los desiertos del Gobi, en Mongolia, hace muchos años.

¿Y qué más hay? Más allá de lo observable de nuestros pequeños mundos, hay diez millones de lunas con sus diez millones de sombras que intentan proyectar en mí la nube del espejismo. Pero también algunos soles, lo suficientemente importantes y poderosos para elevar el néctar del alma hacia la superficie del campo abstracto, allí donde los poetas y los músicos absorben el elixir universal, el lenguaje del quinto reino. Las lunas hacen su trabajo junto a los señores lunares, y los soles son dominados por los elohims, nuestros guías, nuestros vigilantes, nuestros guardianes protectores, aquellos que dirigen Shamballa, la resplandeciente.

¿Y qué sientes? Todo lo aquí descrito es menor ante la gran pena interior. Para lo mayor no encuentra palabras, porque tiene que ver con las diez millones de lunas. Me entristece que los estudiantes del camino de la paz, los talibanes de la sharía, hayan olvidado ambas cosas: el estudio y la paz. Y que los observadores de occidente solo piensen en la Luna o Marte olvidándose del mundo entero. Y que en vez de estudiar sobre la paz, estén de nuevo en guerra, y que en esa guerra, todos pierdan, los unos y los otros. Sería hermoso que las mujeres pudieran ganar esa guerra, y recordaran a sus hijos, maridos y padres, mediante la fortaleza del susurro, que vuelvan a estudiar el camino hacia la paz. Sería hermoso que los elohims, conectados a la fuente primera del amor-sabiduría pudieran, mediante la mediación de Shamballa, la resplandeciente, susurrar a esas madres, hijas y esposas, para que su fortaleza, para que su aliento, pudiera transformar a los estudiantes del camino de la paz, a los talibanes pastunes de la sharía. Ojalá El León de Panjshir pudiera susurrar desde las montañas del Hindu Kush la paz necesaria para su pueblo. Eso es lo que siento en la oscuridad de la noche, cuando miro a todas direcciones, y me compadezco por toda la raza humana. Es una tristeza profunda, difícil de explicar. Es una pena humana que comparto con toda la raza humana. Es algo que preferimos ignorar mientras miramos a la Luna y a Marte, a las diez millones de lunas.

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No son hombres, son asesinos…


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Laura, in memoriam

El terrible asesinato de Laura nos ha conmocionado a todos. No tan solo por su belleza y juventud, por toda esa vida de ilusión y por todo ese recorrido humano que quedaba por hacer. Es algo más que eso. Es la impotencia, es la rabia, es la frustración general de una sociedad hastiada de tanto horror.

Como hombre me siento perdido, desautorizado, diría que casi criminalizado. Me doy cuenta de que el crimen constante, año tras año, de personas que asesinan a sus parejas está poniendo en la punta de mira a todos nosotros. Lo noté en la mirada de pánico de mi ulterior pareja cuando nos despedimos por última vez. De alguna forma, ya todos los hombres somos peligrosos asesinos en potencia. Uno casi tiene miedo a enamorarse de nuevo, a tener una vida normal, aunque el expediente de violencia personal haya sido nulo e inexistente. Sí, alguna frustración, algún motivo de rabia por algún tipo de injusticia emocional, pero nada más que eso.

No puedo dejar de pensar en Laura y en todas las Lauras que han muerto a manos de hombres. Pero quiero pensar dentro de mí que los hombres no somos así, que esas personas no son hombres, son asesinos. Son seres despiadados, sin corazón, sin emociones, sin empatía hacia el género humano. Son seres perdidos en el mundo de las sombras, salvajes sin razón ni juicio. No son hombres, son asesinos.

La mala suerte y la casualidad hicieron que esa tarde de ilusión se convirtiera en una tragedia más. Y me pregunto hasta cuando. Quizás siempre fue así y quizás siempre sea así hasta que no rompamos de una vez nuestros valores, el cuidado de la infancia, la educación, los mensajes que nos envían escrupulosamente desde los medios, especialmente desde la televisión y las películas. Todo aquello que nos hace seres humanos con una cultura e identidad debemos empezar a deconstruirlo. Aún no somos conscientes del esfuerzo que como personas humanas tenemos que hacer para ese cambio. Pero tenemos que hacerlo con urgencia.

Como hombre, me doy cuenta de la gran responsabilidad que tenemos por delante para mejorar como género, como seres capaces de sensibilizarnos, de acomodar nuestras fuerzas ancestrales al nuevo mundo que se está tejiendo. No es solo un rechazo a la violencia, es también un rechazo a nuestro bagaje, a los roles que nos han enseñado desde pequeños, a esa estúpida necesidad ancestral de sentirnos «machos» para conseguir algún «trofeo». No, eso ya no funciona, eso ya no sirve. Cambiemos los valores, cambiemos el paradigma. Seamos humanos, personas, seres sintientes y amorosos.

No son hombres, son asesinos. Me digo una y otra vez por dentro mientras lloro la muerte de Laura.

‘I’m a nationalist’. Aniversario del armisticio de la Primera Guerra Mundial


 

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«No puedo creer que se haya evaporado completamente aquella ternura que llenaba de inquietud nuestra sangre, aquella incertidumbre, aquel encantamiento, aquella ansia de futuro, los mil rostros del porvenir, la melodía de los sueños y de los libros, el deseo y el presentimiento de la mujer… No es posible que todo se haya hundido definitivamente en los bombardeos, en la desesperación, en los burdeles para soldados». (‘Sin Novedad en el Frente’, Erich María Remarque).

Hoy se cumplen cien años del armisticio de la Primera Guerra Mundial. Unos años antes, Gavrilo Princip, un joven nacionalista serbio asesinó a destajo al archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa Sofía Chotek. Quizás ese acto duró pocos segundos, pero desencadenó la hasta ese momento más sangrienta de todas las guerras. Un siglo después, ¡como pasa vanamente el tiempo!, volvemos a ver con cierto recelo como viejas tendencias humanas vuelven al tintero de la vida política y social de nuestro mundo convulso. En la vieja Europa se reavivan los nacionalismos como hace cien años. También en todo el resto del mundo se clama, como clama Trump: “I’m a nationalist”, como si ese clamor nos hiciera mejores frente al otro, como si nos hiciera especiales.

No. No somos mejores, ni especiales. Hablar un idioma, pertenecer a una tribu, a una comunidad, a una cultura, no nos hace insignes, ni diferentes. Por suerte la genética demuestra que todos somos iguales y que las únicas diferencias entre unos y otros solo provienen del puro azar. Y ese puro hado no puede condicionar nuestra ideología, nuestra perversa manera de ver al otro como un enemigo o agente extraño ni de ver al mundo, un mundo cada día más libre, abierto y cercano, como un reducto cerrado y oscuro.

Diez millones de muertos fue el recuento tras cuatro años de guerra entre hermanos. Diez millones de muertos por defender, cada cual, su parte en la eventualidad de haber nacido aquí o allá. Absurdo. Muy absurdo. Y aún así, cien años después, no somos capaces de honrar esos muertos y vencer la tentación de sentirnos diferentes al otro. Seguimos enarbolando nuestras patrias, nuestras naciones, nuestras banderas con ciego orgullo. Como si tener una bandera u otra fuera síntoma de pertenencia a algo necesariamente sobresaliente.

Me pregunto cuándo esas banderas, esos símbolos patrios, esas fronteras y esas orgullosas emociones por pertenecer a uno u otro sitio dejarán paso al abrazo entre razas, culturas y religiones, a la tolerancia y al amor. Me pregunto por qué personas como Trump se enorgullecen de ser nacionalistas. Hijo de emigrantes escoceses y alemanes, debería sentirse orgulloso de haber sido acogido en esa hermosa tierra y haber podido proclamarse presidente de uno de los países que representa el futuro de la humanidad: la integración de todas las razas y culturas en un solo territorio sin distinción jurídica o legal con respecto a su procedencia. Un mundo de libertad y respeto hacia la diferencia e idiosincrasia privada y personal mostrada de forma pública desde la ciudadanía.

Algún día este alto ideal se extenderá por toda la humanidad. Las fronteras desaparecerán, las banderas formarán parte del nostálgico folclore popular y el orgullo nacional dejará de dividir a las personas. Las tradiciones identitarias a las que nos aferramos para sentirnos parte de un grupo, y por lo tanto, diferentes a otros grupos, quedarán eclipsadas por el sentimiento de pertenencia al mayor grupo al que podemos pertenecer: la propia humanidad, un mundo de identidades múltiples, complejo, humano. De aquí a cien años, un nuevo Trump nacerá y dirá algo así: “yo soy parte de la humanidad una, y mi propósito es servir a todos los hombres y mujeres desde la buena voluntad”. Y el viejo Trump y todos los servidores del viejo mundo serán enterrados en la memoria colectiva, celebrando, cien años después, la paz mundial, la fraternidad y el amor humano como principal bandera de todos. El mundo, por suerte, nos acerca cada vez más…

(Foto: Un niño violinista posa en las calles de Belgrado durante la Navidad de 1918).

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Ese planeta llamado Guerra, perdón, quise decir la Tierra


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Hoy veíamos en el cine una película ambientada en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial. Siempre que repasamos la historia de Europa, de la Europa de no hace mucho, cierto escalofrío recorre el alma.

Pero si miramos con atención el mundo en el que vivimos, realmente el escalofrío es agobiante. Tras la película veía una atroz imagen de un nuevo bombardeo en la ciudad siria de Alepo.

No podía entender como nuestra civilización aún era capaz de mantener este tipo de comportamientos. Me venía a la imagen esa fotografía de nuestro Aznar sentado orgulloso junto a Bush y Blair y recordaba lo cerca que Alepo y la Segunda Guerra Mundial está de nosotros. Veía las imágenes de la muerte de esos pobres seres que intentaban llegar a nado hacia nuestras costas en Ceuta, los muertos de Xinjiang o la atroz limpieza étnica de Centroáfrica. Y todo eso pasando ahora mismo, en nuestro querido planeta Tierra. Tierra de dolor para muchos, de hambre, de pena, de miseria y de muerte. Tierra donde como ya pasó en Etiopía hace unos años podré pasearme fotografiando como un espectador más la miseria de muchas familias en India.

Sí, me llevaré la cámara para no olvidar que la Segunda Guerra Mundial está aún pasando aquí y ahora. Para no olvidar lo privilegiados que aún somos a pesar de todos aquellos que podemos pulsar el botón de nuestra cámara réflex y luego volver para contarlo. Me llevo la cámara para recordar la urgencia de actuar. La necesidad vital de responder a los problemas de la humanidad con tajante decisión personal. Todos y cada uno de nosotros podemos alejar de nuestras vidas las guerras, todas las guerras, todas las miserias. Sobre todos y cada uno de nosotros recae la posibilidad de un mundo nuevo. Todo lo que necesitamos es amor…

Sobre el deber moral de salir a la calle: Rodea el Congreso 14D


rodea el congreso

Hoy parte de la ciudadanía seguirá con su rutina. El barrio de Malasaña, donde vivo, estará lleno de jóvenes cuyo propósito será pasar un buen rato. Está bien.

Hoy parte de la ciudadanía dejará su rutina. Del barrio de Malasaña, donde vivo, se ausentarán algunos jóvenes y marcharán a las siete de la tarde hasta la plaza Neptuno. Ojalá sea algo más que un puñado de jóvenes.

Entre ir o no ir a la plaza de Neptuno hay un pequeño hilo que separa un gesto del otro. El primero, que podría ser la pereza, el rechazo a este tipo de actos, la comodidad o el pensar que todo esto no va con uno es totalmente legítimo.

El segundo, el pensar que hay una casta de señores feudales aferrados al poder político y económico y que amordazan, a cual medievo, a los vasallos-ciudadanos para que no hablen, para que no se quejen, para que no puedan romper con el orden establecido, también es legítimo.

A cuento de todo esto hay tres casos que me llaman la atención: El caso Gürtel. El caso Blesa y el caso de los Eres. Paradójicamente, los tres jueces que han seguido estos casos de corrupción o han sido apartados del mismo o desautorizados o deslegitimizados. Ahora, además de apartar a los jueces también quieren apartar a la ciudadanía de un derecho básico y lo quieren hacer con la Ley Mordaza.

No vamos a entrar en la demagogia facilona de todo lo que está pasando. Sólo diré que como ciudadano me veo en la obligación moral de dejar por un día mis quehaceres y mi comodidad para salir una vez más a la calle. Así hasta que la suma de gestos, de unos y de otros, gesten el cambio que este país necesita con cierta urgencia. Sin violencia, en silencio, allí estaremos para que nos devuelvan la educación, la sanidad, la cultura, … pero sobre todo, la dignidad y la libertad que nunca debimos perder. Una persona puede perder casi todo, pero si pierde la dignidad, pierde su alma y nace la desesperación.

Irán, ¿un guiño positivo a la nueva era?


petroleoiran

Las primaveras árabes y las otras primaveras, las que de forma a veces tímidas y otras caducas nos han llenado de cierta esperanza en algunos casos y de cierto horror en otras (véase el fracaso de países como Siria) han puesto de manifiesto el surgimiento de un nuevo espacio geopolítico y de un nuevo empoderamiento de la sociedad civil en contra de los abusos del poder político y económico y en contra de las injusticias que esta crisis está sacando a flote.

En este otoño se nota incluso en los individuos más aliviados el cansancio por la crisis que arrastramos. Pero ese cansancio a veces, visto desde una perspectiva más amplia, nos da noticias que parecen esperanzadoras. El acuerdo que se ha llegado con Irán es una prueba de que algo está cambiando. Existen recelos fundados por parte de Israel y Arabia Saudí por miedo a perder el liderazgo en la región (el nuclear y el del petróleo), pero se abre una puerta de esperanza para que la tensión en Oriente Medio disminuya a favor de un plan y una estrategia de paz en la región. Si con este gesto se consigue que el polvorín se convierta en un vergel quizás algo cambie a largo plazo, algo importante que tiene que ver con la instauración de una nueva forma de convivencia entre los seres humanos y un alejamiento cada vez mayor de ese “eje del mal” que a modo de “lobo feroz” se instauró en nuestra psique colectiva.

Es cierto que toda esta geoestrategia está estrechamente relacionada con los recursos del petróleo y su agotamiento sistemático a medio plazo. Irán es un productor importante de crudo y la necesidad de aliviar el mercado internacional tiene mucho que ver con este acuerdo, al menos hasta que las tecnologías apunten hacia otro modelo energético que permita, de paso, sostener el ecosistema sin seguir dañándolo y Oriente Medio deje de ser una necesaria ruta de conflictos. Pero también es una puerta de alivio en las relaciones  internacionales, las cuales deberán poco a poco desarrollar el sentido de colaboración y apoyo mutuo en contra del confrontamiento y la guerra.

¿Qué conclusión sacamos de este guiño internacional? Por un lado, la escasez de recursos a medio plazo está haciendo que las relaciones que antes eran peligrosas ahora se tejan como necesarias, reajustando los valores por los cuales los pueblos empiezan a entenderse y comprenderse mutuamente. Por otro, estamos viendo como el derrumbe del viejo modelo y paradigma está ayudando a que lo nuevo surja, aún tímidamente, bajo los valores que reclaman un comportamiento diferente ante los retos de este nuevo milenio. Es cierto que sólo es un guiño, pero todos los guiños hacia esa nueva era son necesarios en este clima de cambio y derrumbe, de esperanza y transformación.

La ética común, una cuestión de tiempo


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Ya sabemos que no puede existir cambio exterior si antes, la humanidad en su conjunto, ha experimentado interiormente un impulso motivador y reflexivo hacia aquello que es mejor para todos. Y para que eso ocurra debe existir ese mismo impulso motivador en los individuos, en cada uno de nosotros, sin excepción.

Estos días presentábamos en Madrid con una tímida asistencia el libro que habla sobre la ética de algunos negocios. En este caso, de forma militante y con algo de coraje y valentía exponíamos la falta de ética de la banca tradicional al financiar a la industria armamentística.

A pesar de que durante un mes hemos enviado más de dos mil invitaciones para que entidades y personas de todos los colores participaran en este debate, la respuesta ha sido escasa. Es como si toda la comunidad estuviera más interesada en ver el partido de fútbol de los domingos a pensar que su banco, su banco de toda la vida, anda haciendo negocio con minas antipersonales, tanques de guerra o cohetes tomahawk.

Realmente a los militantes de toda la vida ha dejado de molestarles esta actitud pasiva de la sociedad en general. Será cuestión de tiempo que esa revolución interior que todos necesitamos para crear ese ansiado cambio exterior detone en algún momento. Mientras tanto, nosotros seguimos con nuestra particular lluvia fina. Esa que cae y parece que no moja pero que termina calando en las consciencias de aquellos que día a día nos escuchan.

Ayer fue bautizado Banca Armada vs Banca Ética aquí en Madrid. Empieza su andadura que será lenta pero que, inevitablemente, crecerá entre la masa cada día más crítica. Hoy en la charla salían datos escalofriantes sobre la banca tradicional y se pronosticaba que en menos de dos años estaríamos de nuevo al borde de un nuevo precipicio financiero de este modelo capitalista en su vertiente neoliberal.

Veremos que ocurre. Mientras, sigamos aplicando alternativas al modelo caduco, como la banca ética. Es cuestión de coherencia interior, y por lo tanto, de coherencia social.

(Foto: Presentación ayer de Banca Armada vs Banca Ética en Madrid).

DESARMAR LAS CONCIENCIAS ARMADAS


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El título aparece en una carta que dirige el premio Nobel de la Paz Pérez Esquive al presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama. Lo triste de esa carta es que como todos los escritos de buena voluntad caerá en saco roto. Lo poderoso de la misma es que puede servir de instrumento para poder crear conciencia en las dormidas consciencias humanas.

¿Cómo hacer que esa carta llegue a nuestras consciencias particulares? Debe llegar el mensaje, debe penetrar en nosotros, debe calar y debemos desarmar nuestras conciencias armadas. Siempre en lo pequeño, en lo aparentemente insignificante. Nunca somos conscientes del poder que ejercemos en nuestros actos diarios. Nunca somos conscientes de lo poderosa que es nuestra inclinación por unas u otras cosas, por unas u otras decisiones, por una u otras conductas.
Nos quejamos de las guerras, pero nunca asumimos nuestra responsabilidad en ellas. Nunca pensamos quién las financia, qué empresas están detrás de esos lobbies, que otras instituciones apoyan toda esa masacre de tripas y sangre esparcidas por la acera de cualquier pueblo. Nunca pensamos cuando compramos un producto qué hay detrás de él. Nunca pensamos cuando votamos en una urna qué apoyan unos y otros.
Si fuéramos observadores, si estuviéramos atentos nada más despertarnos por la mañana, veríamos cuantas pequeñas decisiones diarias tomamos que afectan al armamento de nuestras consciencias. Por eso la guerra de Siria no es un problema o una decisión de un presidente, es un problema y una decisión de nuestra humanidad en su conjunto, de nuestros ideales, de nuestras decisiones y conductas diarias.
¿Qué podemos esperar de una sociedad como la nuestra? ¿Qué clase de actitud deberíamos tomar como conjunto y como individuos para empezar a desarmarnos? ¿Hemos pensado alguna vez como afecta nuestro ruido interior en esa destrucción sangrienta? ¿Hemos pensado alguna vez lo ruidosos que somos en todas nuestras acciones? Y todo ese ruido, todo ese malestar cavado día a día en una sociedad enferma y vacía, ¿no es producto de toda nuestra existencia?
Mañana no, hoy es un día ideal para, a partir de este mismo instante, pensar en cada cosa que hacemos e inclinar la balanza de nuestra conducta hacia un mundo más permisivo y desarmado. Estemos atentos. Estemos atentos. Estemos atentos.

1.429. El negocio de la guerra


a

Esa es la cifra que movilizará a las fuerzas aliadas contra el régimen sirio. La profunda hipocresía de unos y otros sigue su curso. En el fondo de toda la cuestión están aquellos que venden armas. De no hacerlo, habrían evitado no tan sólo las 1.429 víctimas del informe estadounidense, también las más de doscientas mil que esta guerra civil lleva sobre sus espaldas.

Kerry nos decía que ese comportamiento es intolerable, refiriéndose al empleo de armas químicas, y que el mundo entero tenía que reaccionar contra ello. Estoy totalmente de acuerdo en la segunda parte del mensaje, es decir, en que la humanidad entera debe reaccionar, pero no tan sólo ante el comportamiento del régimen sirio, también sobre el comportamiento hipócrita de unos contra otros a la hora de vender y comprar armas.

Desde este lugar hemos denunciado muchas veces este doble rasero, este doble juego del que se alimenta un jugoso pastel de intereses globales, de venta y compra de armamentos y de entidades implicadas en este mercado del terror. Hemos denunciado editando el libro de Banca Armada vs Banca Ética como se gestiona todo este mercadeo financiero.

Lo terrible de todo es que para que este jugoso mercado funcione es necesario el empleo masivo de sus productos. Es decir, deben existir consumidores de balas, bombas y carros de combate de última generación. Y ese terrible consumo implica la necesaria implicación de unos y otros en los conflictos armados, ya sea organizándolos abiertamente o implicando a terceros a que lo hagan.

Ese es el juego, por eso seguimos sumando víctimas inocentes a este macabro negocio. He aquí los lugares y los negocios en lo que va de siglo:
Guerra civil afgana, Guerra del Congo, Guerra Chechena, Conflicto armado en Birmania, Conflicto de Assam, Conflicto de Baluchistán, Conflicto de Casamance, Conflicto de Chiapas, Conflicto de Nagaland, Conflicto de Sa’dah, Conflicto de Tripura, Conflicto del Delta del Níger, Conflicto Fatah-Hamás, Crisis de la Garganta de Pankisi, Insurgencia en Filipinas, Guerra civil nepalesa, Guerra Civil Siria, Guerra en el noroeste de Pakistán, Insurgencia del Ejército de Resistencia del Señor, Insurgencia en Aceh, Insurgencia en el Cáucaso Norte, Insurgencia en el Magreb, Insurgencia en el nordeste de India, Insurgencia en el sur de Tailandia, Insurgencia en Jammu y Cachemira, Insurgencia en Mount Elgon, Insurgencia en Yemen del Sur, Insurgencia naxalita, Conflicto de Macedonia, Intervención militar en Libia, Intervención militar en Malí, Invasión a Anjouan, Guerra del Líbano, Operación Linda Nchi, Guerra de Osetia del Sur, Conflicto en Papúa, Rebelión tuareg, Segunda guerra civil de Costa de Marfil, Guerra Civil de Sri Lanka.

Editorial Nous estará mañana en el Contigo Somos más Paz


Queridos amigos de Ananta,

Con mucha alegría hacemos esta convocatoria final para el encuentro VII Contigo Somos + Paz que DM celebraremos en el Palacio de Congresos de Madrid (Paseo de la Castellana) el domingo 30 de septiembre a las 11 horas (las puertas se abren a las 9,45am).

Pretendemos con este acto mandar un mensaje de que para conseguir la paz externa es preciso que cada uno de nosotros consigamos antes estar en paz y armonía interior. Y por ello proponemos a todos los asistentes que seamos cada uno de nosotros expresión de esa paz para extenderla como mancha de aceite en el entorno de cada cual.

Generosamente participarán pro-bono:

  • Suzanne Powell y Emilio Fiel “Miyo”, como ponentes.
  • Ravid Goldschmidt que tocará su hang.
  • Claudia Leyva (voz y harmonio), Raúl Balbuena (bansuri) y Nantha Kumar (tablas), que interpretarán unos mantras.
  • Violeta Pérez, que nos regalará un precioso espectáculo de danza de yoga.
  • Cerraremos con una breve meditación dirigida por Marta Matarín.

Aquí está el video de 1:58 minutos con detalle de los ponentes, músicos y artistas que nos acompañan:

http://www.youtube.com/watch?v=Z8fC7-uNhug&list=UUoTX4M17fXekG-qVJIELQSA&index=1&feature=plcp

La contribución de 10 euros por persona está dirigida a cubrir los gastos del evento. Si se produjese algún excedente, irá íntegro al programa de cooperación al desarrollo “Colores de Calcuta”, de Fundación Ananta. Las entradas están disponibles en las puertas del Palacio a partir de las 9,30am.

Con el afecto de siempre,

Organicemos la No Violencia


No somos bárbaros inconscientes, ni vándalos, ni delincuentes. Somos personas de carne y hueso, y por lo visto, estamos desorganizamos y no somos capaces de conseguir la presión suficiente. Por ello en Dharana hemos decidido editar el libro de Gene Sharp donde se explica muy bien como organizar la manifestación pacífica y No Violenta. Ayudemos a su difusión.

www.editorialdharana.com 

El apoyo mutuo y la cooperación ya fueron reivindicados por Kropotkin. La desobediencia civil como protesta hacia un estado de cosas injusto fue promovido por Henry David Thoreau en el siglo XIX. Grandes ejemplos de la noviolencia los tenemos en los ideales y experiencias vitales de personas como León Tolstoi , Mahatma Gandhi y Martin Luther King, los cuales fueron a su vez influenciados por Thoreau. Y Gene Sharp, gran estudioso y gran activista, pone de manifiesto la necesidad de seguir rebelarnos ante las injusticias desde un punto de vista pacífico. Ese es el camino, y esa es la línea que desea marcar este libro.

Menos gasto militar, más gasto social


Hoy martes, centenares de organizaciones de más de 40 países convocan por segundo año consecutivo el Día Mundial de Acción sobre el Gasto Militar (Gdams en sus siglas en inglés). Esta jornada se celebra el mismo día que el SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) hace públicos los datos del gasto militar mundial del 2011. Quince organizaciones del Estado español, se suman al Día Mundial de Acción sobre el Gasto Militar con las siguientes acciones y propuestas:
Envío de una carta al Presidente del Gobierno y a los portavoces parlamentarios en la que se les pide la reducción del gasto militar para invertirlo en gasto social. La carta, recuerda a los representantes políticos que “priorizar unos gastos u otros es cuestión de voluntad política y, por lo tanto, está en sus manos como representantes de los ciudadanos decidir en qué se gastan sus recursos.”
Lanzamiento hoy de la web: www.recortemoselgastomilitar.org. En esta página se comparan recortes sociales con gastos militares.
Ciberacción: recogida de firmas a favor de la reducción del gasto militar (en breve en la misma página web).

¿Arte o Armas? ¿Qué queremos para nuestros hijos?


Me ha sorprendido ver hoy dos noticias totalmente antagónicas.

La primera es la maravillosa creación de Google Arts, un proyecto increíble en el que puedes navegar por los más transitados museos de todo el mundo para maravillarte de sus obras. Lo primero que he visto es la Annunciation, del misterioso Leonardo Da Vinci.

La segunda noticia ha sido terrible. Resulta que las minas antipersonales más sofisticadas del mundo han sido fabricadas en España. Así somos los españoles, siempre haciendo bien las cosas. Conquistando mundos a base de botijo y burro, como en las américas, y creando las minas antipersonales que más daño hacen.

¿Qué clase de noticias nos gustaría escuchar en las próximas décadas con respecto a España y al mundo?

 

Solo algunos datos:

En el mundo existen 167 millones de minas en 78 países

Harían falta 1.100 años y 30.000 millones de euros para erradicarlas

Desactivar y destruir una mina cuesta más de 750 euros

¿Y quién las fabrica en España?

La industria militar española factura anualmente unos 4.000 millones de euros y da empleo a 18.000 personas. De ella participan algunas de las principales empresas aeronáuticas, tecnológicas e industriales más importantes de nuestro país.

En España hay al menos 136 empresas de defensa, según el «Directorio de la Industria Militar en España» del Centro de Estudios Para la Paz JM Délas.

Entre las 136 empresas mencionadas destacan: la marca Iveco Pegaso, la cual dedica el 5,8% de su producción a la fabricación de vehículos blindados y todo terrenos militares y la empresa Zodiac EspañolaS.A., que destina el 3% de su actividad a embarcaciones neumáticas militares para el transporte de tropas. Junto a ellas aparecen otras compañías como Telefónica Soluciones, Sistemas y Vehículos de Alta Tecnología (SVAT) o Hispasat.

El sector aeronáutico está encabezado por CASA, el sector terrestre por Santa Bárbara Sistemas (propiedad de la estadounidense General Dynamics), el electrónico-tecnológico por Indra y el naval por Navantia. Son las cuatro únicas incluidas por el SIPRI en su ranking de los 100 principales productores mundiales de armas. Todas ellas eran estatales y a partir de los noventa comenzaron a pasar a manos privadas.

Más datos: Bancos y Cajas que invierten en armamento:
1 Bankia 141.137.500 E
2 Liberbank 83.967.787 E
3 Barclays Bank 36.125.525 E
4 Banca ¿Cívica? 34.257.540 E
5 Grupo Banco ¿Espirito Santo? 25.792.000 E
6 eBn Banco de Negocios 11.233.942 E
7 Unicaja-Caja España-Duero 10.011.706 E
8 Kutxabank 9.393.259 E
9 Banco mare nostrum (Bmn) 5.702.529 E
10 Banco Sabadell 3.356.829 E
11 Caixabank 2.959.340 E
12 Deutsche Bank 2.151.176 E
13 Bnp paribas 1.867.935 E
14 BBVA 1.727.384 E
15 JP Morgan Chase 1.501.098 E
16 Clearstream Banking 1.444.960 E
17 Mellon Bank 1.398.984 E
18 Goldman Sachs 1.333.304 E
19 Caja 3 1.025.706 E
20 Santander 847.272 E
21 Bank Leu 794.728 E
22 Banco Europeo de Finanzas (BeF) 368.400 E

El BBVA es el segundo
banco del mundo que más
dinero ha prestado para la
producción de armamento.
El Santander se sitúa en
cuarto lugar

¿Alguna alternativa? Somos soberanos. Solo tenemos que cambiar nuestros hábitos de consumo y nuestras decisiones diarias con fórmulas y ética para la vida cotidiana.

Propuesta alternativa a estos bancos:

Triodos Bank, Banca Ética, tanto Nous como Séneca y yo mismo tenemos allí las cuentas y es un servicio excelente.

 

 

La vida es un espejo, Mahatma Gandhi


Le preguntaron a Mahatma Gandhi cuales eran los factores que destruyen al ser humano. Tranquilo y sereno respondió así:
La Política sin principios, el Placer sin compromiso, la Riqueza sin trabajo, la Sabiduría sin carácter, los Negocios sin moral, la Ciencia sin humanidad y la Oración sin caridad.
La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente es enojona, si yo soy enojón; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.
La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante  mí.
«El que quiera ser amado, que ame».

Osama Bin Laden, ¿héroe o villano?



Para nosotros, el Cid fue un héroe. Nadie recuerda a cuantos mató, ni siquiera las causas por las que los mató, porque a veces servía a moros y otras a cristianos, según le pagaran. Aún así, es uno de nuestros más recordados héroes. Para mí no es un héroe, como tampoco lo es Osama Bin Laden. Quizás para parte del pueblo musulmán lo sea de aquí a cien años, quizás lo veneren como a un santo que fue capaz de hacer frente el solo al demonio Occidental.

Y quizás en algo tengan razón, porque el demonio Occidental da cada vez más muestras de decadencia. Primero, matando, como si estuviéramos en el lejano oeste, a un hombre con un tiro en la cabeza. Segundo, legitimando esa muerte en nombre de la justicia universal, olvidando de un plumazo, o mejor dicho, de un balazo, todo ese rollo progre de los derechos humanos, la paz mundial y la venida de un mundo feliz.

Pero, ¿qué clase de justicia es esa? ¿Qué clase de valores estamos promoviendo y defendiendo? ¿Es esa la libertad y el derecho del que se nos llena la boca aquí en Occidente?

¿Por qué matar a Bin Laden? Evidentemente no sólo por rabia, sino, además, porque sabía demasiado de muchas cosas horrendas que los propios americanos, aliados de antaño, le habían enseñado… Pero… ¿sólo por eso?

No, no sólo por eso… hay mucho más… Cosas que se sabrán cuando el declive ya sea insoportable, y Occidente termine, como terminó la Atlántida, bajo el mar… La verdad es que siento repugnancia por ciertos héroes, sean del bando que sean. Pero siento más repugnancia por aquellos que los exaltan.

 

 

Venta de armas


Llevo tiempo denunciando en este blog y en otros medios la hipocresía con la que nos enfrentamos como país y como nación a la hora de, por un lado, estar en contra de las guerras, y manifestarnos cuando hace falta o cuando interesa. Y luego, por otro lado, permitimos, casi mirando hacia otra parte, como el que no quiere la cosa, o como si la cosa no fuera con nosotros, la venta de armas a terceros países. Y hoy los medios vuelven a sacar a la palestra lo malos que hemos sido por vender bombas de racimos a Gadafi. La hipocresía, estatal y social, es de tal calaña, que me avergüenzo como ciudadano y como persona de todo este asunto. Para empezar me parece repugnante que tengamos fábricas de armas en nuestro país. Me parece aún más repugnante que en su día vendiéramos esas fábricas, especialmente la de Santa Bárbara, a empresas como  General Dynamics, de capital norteamericano. Y me parece aún más hipócrita y repugnante que todo eso se haga en nombre de salvar unos puestos de trabajo. ¿Tanto cuesta reconvertir un sector como el militar y la venta de armas? ¿Por qué Santa Bárbara no se dedica a fabricar plantas potabilizadoras de agua para los países pobres? Quizás, con eso, se evitarían las grandes migraciones, los grandes conflictos y todo lo que al final acaba provocando guerras y para algunos, suculentos beneficios. La reflexión es terrorífica, de película de miedo. Pero así es… Sigamos pues por ese camino…

 

El fracaso de la Disuasión Nuclear


Hace unos meses quedamos para comer en un discreto restaurante de Madrid. No recuerdo el menú, pero sí recuerdo su petición: “deja que pague en cash”. Habló con cierta preocupación sobre el peligro del contrabando, cada vez más preocupante para las potencias mundiales, de armas nucleares o dispositivos que permitieran su construcción. La llamada “credibilidad nuclear” con respecto a ese tipo de grupos había puesto en alarma roja a todos los países. Se sabía que el invisible y escurridizo adversario tenía capacidad técnica de alcanzar al enemigo –lo había demostrado con los ataques del 11-S-, podría poseer o estar en fase de posesión de armamento nuclear de corto y medio alcance y se tenía la certeza de que podía ser empleado en caso necesario.

Irán y Corea del Norte sólo eran a corto plazo males menores. Dos ejemplos que al parecer estaban aparentemente bajo control mediante pactos secretos entre China, la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia. La llamada “Destrucción Mutua Asegurada” funcionó durante años como estrategia nuclear para disuadir a los enemigos de lo inviable de una guerra nuclear total que acabara con la vida en todo el planeta.

Sin embargo, el nuevo y turbulento problema reside en el contrabando nuclear y en los grupos terroristas ansiosos de hacerse con ese negocio capaz de hacer tambalear los tratados nucleares y las estrategias llamadas de “Disuasión Máxima”. En su libro “Estrategia Militar”, el mariscal ruso Vasili Sokolovski explicaba la visión de Rusia con respecto a las estrategias nucleares, siendo él mismo uno de los protagonistas, hasta su muerte, del estallido de la Guerra Fría. Pero todas esas estrategias y pactos secretos entre las potencias nucleares quedaban totalmente anulados en cuanto las armas nucleares pudieran convertirse en objeto de culto para grupos terroristas de cualquier índole.

Es por ello que los proyectos llamados de “Alta Frontera”, entre los cuales destaca el escudo antimisiles o “Star Wars”, pretenden centrar su estrategia en estos posibles ataques anárquicos por parte no de países enemigos sino de grupos terroristas fuertemente organizados y financiados. Pero hay algo más. Pretenden, más allá de posibles ataques nucleares, defender la extensa red de satélites de todo tipo sin los cuales la organización y el orden mundial actual no serían posible. Los ataques de China en 2007 a satélites norteamericanos evidenciaron la fragilidad de un sistema que debía ser protegido.

Los ataques de Al Qaeda en el 11-S sólo fueron avisos al mundo occidental sobre lo que en diez o veinte años podría ocurrir a mayor escala, no sólo en el mundo terrenal con peligros nucleares, sino, además, en el mundo «estelar» con ataques a satélites estratégicos. Cualquier grupo armado y dirigido bajo la batuta de una fuerte doctrina ideológica podría hacer estragos en las civilizaciones occidentales. La guerra de Irak sólo fue un aviso para navegantes, pero ridículo ante una amenaza que no obedece a ningún tipo de interés excepto al suyo propio. Corea del Norte e Irán seguirán siendo males menores en comparación con un ataque masivo, inteligentemente orquestado y destructor de un grupo organizado terrorista que no obedezca a ningún tipo de Estado u organización mayor. China cada vez es un país más amigo y aliado porque cada vez compra más deuda exterior y representa una potencia mundial. Es por ello que la mayor preocupación de la “intelligence” sea el de tratar de eliminar ese tipo de amenazas anárquicas que proliferan cada vez más por todo el planeta. La obsesión de los países occidentales por la seguridad podría no ser baladí. Sólo es cuestión de tiempo que el chaos se apodere de nuevo del ordo y arremeta hacia una crisis mundial sin precedentes. ¿El principio de un nuevo orden mundial? …

Paz, más Paz


El amigo J. nos recuerda el acto que Ananta celebra en el Palacio de Deportes de Madrid. Séneca colabora en la venta de entradas, así que si necesitáis entradas, por favor, pedidlas al siguiente correo: seneca@editorialseneca.es

Tenemos cien entradas, así que os pido nos ayudéis a distribuirlas…

Paz, más paz para todos… ¡¡¡El objetivo es llenar el Palacio de Deportes!!!!

Santa Bárbara Sistemas de Guerra: la ética de la transformación


Supongo que ningún gobierno se atreverá a cerrar una fábrica de armamento por eso de que la demagogia atribuye que son más importantes los puestos de trabajo que lo que allí se produce, en el caso de Santa Bárbara, una empresa de origen español comprada por la multinacional Norteamérica General Dynamics, 2300 empleados repartidos en nueve centros de trabajo por toda nuestra geografía española. ¿Qué hacer entonces? Sólo se me ocurre una respuesta limpia y sincera: transformación. En vez de hacer helicópteros de combate, hacerlos para hospitales y contraincendios. En vez de hacer tanques y carros de combate, hacer vehículos para limpiar bosques y erradicar fuegos. En vez de hacer armamento, realizar sistemas de limpieza de nuestras playas y ríos. En vez de construir armas de guerra, construyamos armas de paz. Hacen falta plantas potabilizadoras, redes eléctricas, energías renovables y cientos de cosas que harían que los países en conflicto dejaran de matarse. ¿A qué esperamos para hacerlo?

Día Internacional de la Paz


La paz no es ausencia de guerra. La paz es algo más profundo, algo más sutil, algo que merece la atención diaria. Es un estado de consciencia, individual y colectivo. No puede haber paz en el mundo cuando gritamos al vecino, cuando robamos al de al lado, cuando despreciamos a amigos y familia. Pero esta teoría ya la conocemos… la demagogia pedagógica nos invade y asumimos lo difícil de actuar. Así que estamos en los tiempos del deber, de la responsabilidad civil, como individuos y sociedad. Debemos actuar, sea como sea, y como ya hice alguna vez en este blog, la mejor forma de hacerlo es denunciando. Denunciando por ejemplo que España es un productor y vendedor de armamento. Que aquí en España tenemos fábricas que producen objetos de destrucción. Para que veamos la sinrazón de todo, destaco los datos que esta mañana ha recogido Joaquín Tamames, de la Fundación Ananta, en un escrito:

A la fecha las guerras de Irak  y Afganistán han costado a Estados Unidos 746.000 millones y 332.000 millones de dólares, respectivamente. El superplan de infraestructuras propuesto por Obama asciende a 50.000 millones de dólares (equivalente a sólo el 4,6% de lo que Estados Unidos lleva gastado en Irak y Afganistán), serviría para convertir a Estados Unidos el país mejor equipado del mundo. ¿Cuántos colegios, universidades, carreteras, hospitales, hoteles, aeropuertos, cuánta educación…  podrían haberse construido con ese dinero dilapidado en Irak y Afganistán?

Que la paz esté contigo, y mientras llega, sigamos, desde la buena voluntad y el coraje activo, denunciando la ausencia de paz.

Lapidation in Iran


Veo su fotografía, su hermoso rostro, y no puedo imaginar ni siquiera en la posibilidad remota de que este ser pueda estar en el punto de mira de un tribunal medieval para ser lapidada. Realmente no encuentro palabras, además de las de rabia e impotencia, para describir lo que siento por dentro. Hace unos días J. me preguntaba qué opinión tenía acerca del conflicto con Irán. Creo que la pregunta no merece respuesta, sino más bien, condena. Un Estado que permite este tipo de atrocidades no es un buen Estado. ¿Qué hacer entonces? Esa sí es la pregunta… Una pregunta difícil. Por supuesto no estoy a favor de la intervención militar. Pero sí de la presión internacional, y esa presión empieza por la condena expresa de todos los ciudadanos del mundo. Aquí va la mía.

SANTA BÁRBARA: la fábrica de Satán


El negocio de las armas es espeluznante:

Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial, unos 30 millones de personas han perecido en los diferentes conflictos armados que han sucedido en el planeta, 26 millones de ellas a consecuencia del impacto de armas ligeras. Estas armas, y no los grandes buques o los sofisticados aviones de combate, son las responsables materiales de cuatro de cada cinco víctimas, que en un 90% también han sido civiles (mujeres y niños en particular).

http://www.controlarms.org/es

Miremos como se presenta una empresa de guerra española, Santa Bárbara. Espeluznante. ¿Por qué la sociedad hipócrita y farisea permite esto?

Con una gran reputación de calidad y servicio avalada por años de probado desempeño, Santa Bárbara Sistemas, unidad de negocio integrada dentro del Grupo Europeo de Sistemas Terrestres de General Dynamics, es uno de los líderes en el sector de la defensa y punto de referencia indiscutible en el mercado europeo, además de uno de los principales suministradores de sistemas y soluciones para las Fuerzas Armadas españolas.

Con sede central en Madrid y una plantilla de 1.800 trabajadores distribuidos por toda la geografía española, fabrica una gran variedad de equipamiento para la defensa, desde vehículos de combate hasta sistemas de artillería, pasando por armas ligeras y municiones. Sus productos han probado su eficacia en medio centenar de países, incluidas naciones del área OTAN.

Santa Bárbara Sistemas cuenta con cuatro líneas de negocio principales: Vehículos Blindados, que desarrolla y fabrica vehículos blindados sobre ruedas y cadenas; Sistemas de Armas Municiones y Misiles e Investigación y Desarrollo (I+D). Cofabrica, asimismo, bajo licencia el carro de combate Leopardo 2E y el vehículo antiminas RG-31 Mk5E para el Ejército español entre otros programas.

Su notable desarrollo en I+D y la experiencia acumulada durante su larga trayectoria concede a Santa Bárbara Sistemas una gran versatilidad y una importante capacidad de desarrollo de nuevos sistemas, adaptándolos a las necesidades específicas de un gran número de clientes.

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Esto último es el colmo de los colmos, su respeto al Medio Ambiente y su Código de Conducta Ética:

Las actividades de GDSBS se desarrollan dentro de un sistema de Gestión del Medio Ambiente según la normativa UNE- EN ISO 14001. La compañía sostiene un compromiso de respeto y protección del Medio Ambiente todas sus áreas de actividad, dentro del marco de la Normativa Medioambiental. Del mismo modo, se promueve la formación y concienciación del personal, con una participación activa en la implantación de nuevas medidas que promuevan el respeto por el Medio Ambiente.

Santa Bárbara Sistemas tiene en marcha desde enero de 2005 un Programa de Ética empresarial, cuyos objetivos son reforzar la política de General Dynamics de actuación conforme a los más altos estándares de integridad, honradez y respeto, así como integrar en la actividad diaria de la empresa y de los que en ella trabajamos los principios del Código de Conducta de la compañía.

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