Ojo de Agua, ¿formarse o educarse? Un proyecto de aprendizaje diferente


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Es una suerte acompañar a Emilio por toda la geografía del país. Te permite conocer a gente muy especial, comprometida con ese cambio que todos queremos, personas que desde sus vidas y sus trabajos aportan unos testimonios increíbles de transformación y posibilidad. Te das cuenta de que el nuevo paradigma no está solo ni huérfano, más bien, hay algo que le arropa en las miradas de toda esa gente que apuesta su vida entera para conquistar un sueño posible.

Ese fue el caso de la mañana de ayer en el hermoso pueblecito alicantino de Orba, anclado en la comarca de la Marina Alta. En un paraje excepcional rodeado de naturaleza y montañas se encuentra el proyecto “Ojo de Agua”, una iniciativa de espacio abierto donde los niños pueden aprender de forma libre en un ambiente relajado y lejos de las tensiones de la escuela convencional. Tuvimos la suerte de pasar todo el día con sus fundadores, Marién Fuentes y Javier Herrero, aprendiendo sobre esta experiencia y sobre su desarrollo e impacto en la educación de los niños. Nos asombró mucho el testimonio de algunos padres que venidos desde muy lejos se asentaron en esta comarca única y exclusivamente para que sus hijos crecieran en un entorno diferente y con una educación alternativa a lo convencional.

Emilio aprovechó la charla de la mañana para mostrar como el corsé educativo en el que actualmente vivimos ha caducado y ha dejado de tener sentido. Afirma que ya no estamos siendo educados, si no más bien formados. Formar viene de formare, lo que equivale a dar forma a una cosa, modelarla, configurar o conformar algo, hacer una cosa dándole una determinada figura desde fuera. Educar está emparentado con el verbo latín educere, que significa extraer fuera, extraer lo mejor del otro, sacar esos dones y talentos que llevamos dentro, desde el interior, sin ningún tipo de manipulación o condicionamiento exterior. El futuro pedagógico debería centrar sus recursos y habilidades en extraer lo mejor de cada uno, no en manipular o moldear nuestra psique.

En la educación a la que estamos acostumbrados nos formatean y nos moldean, hacen de nosotros una especie de cosa adaptada a cada cultura o estrato social sin mayor oportunidad para ser nosotros mismos. Además nos educan en la competitividad como única alternativa al progreso, obviando el apoyo mutuo y la cooperación. En la nueva pedagogía se extrae lo mejor de nosotros, se aplica el principio del autoaprendizaje, de cooperación y libertad. Es lo que están haciendo en proyectos como Ojo de Agua, lo cual nos aporta inspiración y testimonio para nuestros propios futuros proyectos y la cual nos da esperanza de que otro mundo es posible. Claro que lo es. Posible y necesario.

Para conocer más:

http://ojodeagua.es/

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Acuario, hacia la Era del Saber


 Mientras trabajamos en un nuevo libro que trata algunos mensajes reveladores sobre la era de acuario escucho la música del quinteto The 5th Dimension, Aquarius, canción muy popularizada en los años sesenta entre el movimiento contracultural y la movida hippie de la época.

En astronomía, según el ciclo equinoccial, también llamado año platónico, entramos en la Era de Piscis en el año 50 aproximadamente de nuestra era gregoriana y lo haremos en la era de Acuario sobre el año 2200. Otros estudiosos interesados en este movimiento cultural y espiritual han señalado varias fechas: 1904 Aleister Crowley, 1914 Peter Deunov y Omraam Mikhaël Aïvanhov, 1930 Godfrè Ray King, 1946 Raël, 1948 Serge Raynaud de la Ferrière, 1950 Jean Sendy, 1962, Samael Aun Weor, 1991 Yogi Bhajan, 2012 José Argüelles, 2020 Adrian Ross Duncan, 2025 El Tibetano Djwhal Khul, 2038 Elsa M. Glover, 2060 Robert Hand, 2062 Dane Rudhyar, 2080 Shepherd Simpson, 2160 Paul Le Cour, 2375 Rudolf Steiner, 2658 Max Heindel…

Lo cierto es que más allá de creencias de cualquier calado, desde hace cincuenta años aproximadamente estamos entrando en una nueva esfera de influencia social y cultural donde la electricidad y la tecnología están marcando un antes y un después importante. El conocimiento está fluyendo de una forma jamás antes conocida gracias a las tecnologías de internet, las relaciones en red y redes y el bienestar que la revolución materialista ha provocado en los individuos.

Todo ese calado de bienestar material, salud social y progreso en todos los sentidos acompañado de mayor conocimiento exterior e interior sobre cualquier tipo de cosa hará inevitablemente que en un par de siglos el mundo se transforme, deseablemente, a un lugar plagado de paz y armonía, tal y como lo expresa la canción de The 5th Dimension. Armonía, comprensión y empatía hacia todos y hacia todo. Una paz verdadera en lo social y en lo cultural donde la diferencia nos enriquecerá y nos unirá.

El conocimiento, inevitablemente se convertirá en “saber” gracias al cúmulo de experiencias más allá de la posesión de cosas materiales. Por eso el futuro para muchos reluce como un sol resplandeciente, cargado de optimismo y amor, cargado de ánimo y entusiasmo.

En abril del 2009 ya hablaba en mi tesis doctoral sobre la economía del futuro. Cogía el referente antropológico y lo aplicaba a la vida cotidiana del futuro. Sin duda, la economía del don, que es la que aplica la naturaleza en su vasta creación será la que nos regirá más allá del individualismo para abrazar el bien común.

Sea como sea, nuestra responsabilidad generacional es ayudar a establecer las bases de esa nueva era del saber ayudando a comunicar los nuevos valores, la nueva cultura ética, poniendo en práctica las nuevas tendencias y aplicando en la vida ordinaria los principios básicos, que serán sus pilares, de la paz social. Hagamos que así sea y que, independientemente de las creencias y las fechas antes descritas, una nueva era se instaure en nuestras vidas.

Los brotes de la fraternidad humana


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El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande; ver a otro hombre lanzarse en su ayuda”. (Oliver Goldsmith)

Si pudiéramos asentar las bases de este nuevo siglo podríamos decir con rotundidad que este será un tiempo de colaboración y elevación de la condición humana. Los límites de nuestra resistencia como grupo han sido más que probados a lo largo de la historia. Ni catástrofes, ni guerras, ni epidemias, ni crisis han podido reducir nuestra condición. Más bien ha ocurrido todo lo contrario, ante la adversidad, el ser humano ha reaccionado con coraje y valentía.

En ese sentido, podemos sentirnos satisfechos por ver como aquello que nos aleja de nuestra dignidad más elemental es vencido por el espectáculo de vernos unos a otros apoyando nuestras vidas, nuestros soportes vitales ante la experiencia y la incertidumbre. El apoyo y la colaboración de unos con otros ha sido capaz de transformar el destino de toda una especie. Y en estos tiempos de acelerado ritmo, de ruptura con lo añejo y de vueltas a timonear un nuevo espacio y un nuevo tiempo tenemos el derecho de seguir buceando en la plenitud sostenedora.

El reto es imponente. Si seguimos endiabladamente ciegos ante la actitud egoísta podemos retroceder en muchos aspectos. En este tiempo de caducidad, donde todo parece volverse inútil y donde el futuro incierto reclama mucho más que atención, estamos dispuestos a saborear el éxito del reto que viene. El éxito de la comunión humana, de la libre y fraternal unión de almas. Ese es el sentido que conducirá nuestros destinos hacia una relación diferente entre los unos y los otros. La semilla de la fraternidad ya está sembrada. Pronto empezará a dar sus inevitables brotes.

Tejiendo en libertad


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Es hermoso ver como se está gestando el cambio, como se está tejiendo esa cada vez más visible red de nueva consciencia, de nuevo paradigma. Hace tan solo veinte años era impensable hablar claramente sobre algunas cuestiones. Los osados paseaban por esos círculos herméticos donde, de forma oculta y discreta se daban claves excesivamente esotéricas para ser comprendidas por la mayoría.
Ahora mismo, en este instante, es posible hablar de esas cosas desde la sencillez y la claridad, llegando a un buen número de personas. Y cada día son más las que se plantean el abandonar el viejo paradigma para abrazar esta nueva frecuencia de ideas, de valores nuevos, de cultura de unidad y fraternidad entre lo seres humanos.
La sensación de paz interior es infinita. En el fondo sabemos que todo está bien, que incluso los errores que hemos cometido en nuestra historia personal y colectiva se valoran de forma diferente.
Lo vemos ya a nivel global con pequeños gestos.La no intervención militar en Siria, la llamada del presidente de la primera potencia mundial al dignatario de Irán. Una nueva consciencia se está fraguando. Una nueva vibración de paz, de apoyo entre unos y otros.
Ayer participábamos en un acto maravilloso en Lleida y hoy estamos en Barcelona, en plena Diagonal acompañados con más de seiscientas personas. El amigo Emilio ya habla abiertamente en sus charlas del apoyo al proyecto O Couso. Habla con valentía del nuevo formato, de como es la nueva frecuencia de amor, de endiosamiento de nuestros más puros valores, de la puesta en práctica de nuestras virtudes y dones, de todo aquello que nos aproxima a la mejor versión de nosotros mismos.
Nos damos cuenta que hay mucho trabajo por delante, pero también nos damos cuenta de que disponemos de la fuerza desplegada de la esperanza y la co-creación. Y nos damos cada día más cuenta de que al penetrar en esta nueva onda de esperanza, nos alineamos directamente con esa poderosa sensación de libertad.

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Hacia la nueva tierra


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Han sido unos días de mucho movimiento. El martes nos retiramos doce personas a una casita en la sierra muy bien decorada con elementos y jardín zen, vistas increíbles y una paz contagiosa. El motivo del encuentro era crear grupo para un ambicioso proyecto empresarial al que he sido invitado. Los tres días, mediante la metodología de Dragon Dreameng, aprendimos algunas herramientas de cohesión de grupo y de visión con respecto al proyecto y los objetivos.

Cuando salí del encuentro unas horas antes de su finalización seguí viajando hasta Huesca. Allí tuve la oportunidad de asistir de nuevo a una conferencia de Emilio Carrillo. En esta especie de tour en el que viajamos con él por toda la península, comprobamos la sed que existe en todas partes por escuchar una nueva vibración, un nuevo mensaje, un nuevo diálogo con lo interior desde la arriesgada honestidad y la escurridiza humildad. Por cierto Emilio consigue conjugar, junto con una generosidad exquisita, todos estos elementos.

Por la noche, tras todas las conferencia, solemos participar en una cena donde los organizadores nos brindan la oportunidad de conocer con más detalle a Emilio y su mensaje. Los viajes también son una excusa para mantener diálogos abiertos sobre cualquier tema. Hoy nos ha pasado en el viaje que hemos hecho desde Huesca a Lérida. El tema de hoy eran los sumerios y sus leyendas sobre los anunakis, un grupo de dioses sumerios y acadios relacionados con los Anunna (los “cincuenta grandes dioses”) y los Igigi (dioses menores). Son muy interesantes las teorías que dicen que el viejo imperio de los anunakis, el mundo reptiliano, frío, egoísta, individualista y materialista se está desquebrajando poco a poco. Emilio defendía que el año pasado el planeta entero entero en una especie de dimensión diferente, de plano vibracional distinto, y que a partir de noviembre de este año ese cambio se irá manifestando con más realismo. Si antes lo viejo predominaba (el egoísmo, el materialismo, etc…), a partir de noviembre empezará una transición que durará doscientos años en lo que la nueva energía de amor, de compartir, de generosidad, empezará a fluir por todas partes. En palabras de Emilio, poco a poco la vieja civilización irá resquebrajándose y surgirán nuevos modelos de convivencia, al principio de forma aislada en comunidades y ecoaldeas y cada vez más organizadas en lugares más habitables donde se practique esta nueva ola de cambio, de generosidad, de amor compartido.

Esta tarde en Lérida disfrutaremos de nuevo de toda su enseñanza, y mañana, tocará Barcelona, donde esperemos que las ventas de sus libros den más impulso al proyecto que, precisamente, tiene que ver con esa idea de nueva vibración. Todos juntos, poco a poco, iremos venciendo el miedo a este cambio y vibraremos cada vez más con esta llamada de certidumbre. Cada día seremos más conscientes de que el cambio inevitable es posible y necesario. La nueva Tierra lo demanda. El nuevo mundo lo recibe.

Cuando los ángeles nos acompañan


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Tendemos a tener una visión pesimista sobre la vida y las cosas. Vemos las noticias, salimos a las calles y parece como si todo nos molestara, como si todo estuviera mal, como si todo estuviera por hacer. Realmente, en estos tiempos difíciles, no cabe mucho espacio para la alegría y el optimismo. Sin embargo, olvidamos que la mayor fuerza para el cambio reside siempre en nuestro interior, en nuestra manera de enfocar y convivir con lo que hay dentro y fuera de nosotros.

Cuando paseamos por las ciudades es normal encontrarnos lugares sucios y abandonados. Esa lata molesta tirada al borde de la acera o ese papel arrugado y sucio que da una sensación de abandono. Pero esa visión negativa, latente en nuestro pesimismo congénito puede cambiar y transformar todo cuanto nos rodea. Si miramos un poco más arriba de nuestra negatividad podemos ver el sol brillando y lúcido, el viento que limpia la atmosfera, y un poco más cerca, el pajarillo incesante o el roce de las hojas del árbol con cualquier balcón que lo reciba. En la fortaleza vital de esa vida, de esa existencia, podemos arroparnos de optimismo y alegría y cambiar la pesadez de nuestro lado oscuro. Entonces nos arrodillamos y recogemos la lata y barremos el papel y la suciedad de nuestro trozo de calle, haciendo más hermosa y viva la visión de lo que nos rodea. En ese pequeño gesto, en ese pequeño acto, estamos sembrando una semilla de amor que inevitablemente crecerá y crecerá.

Cuando cambiamos el gesto, cuando cambiamos la actitud y nuestra conducta ante las cosas, algo nuevo nos susurra en el oído, en el estómago y en los corazones. Es como si un coro de ángeles se acercara a nosotros y nos susurrara las gracias por esos pequeños gestos diarios. Es como si cuando limpiamos nuestras calles exteriores y nuestro cuerpo interior, algo nuevo naciera en nosotros. Una especie de esperanza, de aura lúcida cargada de paz y sentido.

Nos quejamos constantemente de la vida mientras contaminamos nuestros pulmones con el humo del tabaco, mientras ensuciamos nuestras arterias y venas con alcohol y grasa animal, mientras abandonamos nuestra ética porque resulta más cómodo cocinar un trozo de pechuga que un trozo de tofu rebozado. Os aseguro que el sabor, una vez hemos sensibilizado nuestro órganos, no difiere mucho. Pero los hábitos están ahí, la pesadez y la pereza nos puede. No somos capaces de cambiar el gesto porque no somos capaces de parar un instante de nuestras vidas a reflexionar sobre lo pequeño, sobre lo cotidiano, sobre lo sencillo.

¿Y qué decir del resto? ¿No son los pequeños gestos diarios los que hacen grande nuestro mundo? La belleza está en todas partes, sólo debemos cambiar el prisma de nuestra mirada. Ese trozo de hierba que nace en cualquier esquina, o la flor que de repente ha sido capaz de atravesar el asfalto y reluce entre el gris de la ciudad. La naturaleza reclama su espacio de belleza, de armonía dentro del caos. ¿Y si abrazamos ese caos y lo hacemos nuestro para transformarlo en algo mejor? ¿Y si somos capaces de convertirnos en embajadores de lo bueno que hay en nosotros?

Hagamos el ejercicio. Salgamos hoy a la calle y recojamos la primera lata o papel que veamos en el suelo. Es sólo un gesto, un pequeño y minúsculo gesto, pero sin duda, interiormente, será suficiente para atraer el susurro de los ángeles que buscan modelos de belleza y cambio. Y la suma de todos los susurros conforman una hermosa sintonía de amor y hermosura. Podemos ser estéticamente bellos, pero son nuestros gestos los que dotaran nuestro rostro de una alegría plena, de una belleza infinita y de una necesidad de completar nuestro propósito de hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Salgamos a la calle y actuemos. El amor no sirve de nada si no lo convertimos en amor en acción. Seamos capaces. Seamos valientes.

Del ánimo de lucro al ánimo del alma


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© Hendro Alramy

Tras pasar toda la mañana en la notaria poniendo orden en la fundación y la empresa, me dirigí a la sede de una compañía de éxito donde esperaban para una nueva reunión donde debíamos tratar temas que tienen que ver con eso que en el mundo de la economía llaman “ánimo de lucro”.

El “ánimo de lucro” es aquello que mueve a individuos e instituciones privadas de carácter mercantil y capitalista a la búsqueda de algún tipo de beneficio o ganancia. Lo cierto es que mientras escuchaba a mis nuevos socios empresariales que empuñaban con fortaleza y convicción la palabra “ánimo de lucro” sentía interiormente que mi ánimo, es decir, mi alma, mi parte más interior, hacía tiempo que dejó de perseguir los valores del lucro.

Reflexionaba sobre ello porque cada día hay más gente que dejan de un lado el “ánimo de lucro” para dedicarse a otro tipo de ánimo, ya sea la búsqueda del interés general o de la utilidad pública, o el progreso social o científico o cultural o educativo o espiritual de las personas. Realmente, es a todo esto a lo que realmente muchos desean dedicar el resto de sus vidas.

Esto sin duda podría chocar frontalmente con el propio devenir de la supervivencia material. ¿Cómo enfocar la vida si no se tiene ese ánimo de lucro que permita abastecer el mínimo posible para poder realizarnos como personas sanas y libres? Realmente estas cuestiones no son incompatibles. Lo importante de cualquier actividad es donde está el enfoque de la misma, donde está el ánimo de la misma.

Dos jardineros, por poner cualquier ejemplo, pueden estar trabajando para sí mismos, única y exclusivamente para llenar sus estómagos y ombligos mediante su actividad laboral, o pueden estar trabajando al servicio del decoro, de la belleza y de la armonía de jardines y vergeles. La actividad es la misma, pero la intención hará que uno u otro trabajo sean radicalmente diferentes.

Por eso, ante el ánimo de lucro, podrían existir otro tipo de ánimos, como el ánimo al arte, el ánimo a la cultura, el ánimo al espíritu, el ánimo al progreso social, a la belleza, al compartir, al ayudar… Eso hace que los trabajos, sean del tipo que sea, adquieran un matiz diferente y radicalmente hermoso. Y también nuestra actividad diaria.

Cuando trabajas o emprendes cualquier actividad empresarial o económica, si basas el modelo en un radical bien común, la satisfacción es doble. Ya no sólo trabajas para ti y tus necesidades, también lo haces para fortalecer las relaciones armónicas con los otros y para crear un mundo más bello y decoroso. Es como cuando salimos a la calle y ayudamos con nuestros gestos diarios a que ese espacio de uso común esté cada día más radiante. Ya no nos mueve tan sólo el lucro, también las ganas de mejorar como personas y como sociedad. Ese matiz nos hace diferentes y por supuesto hace que todo funcione mejor. Probemos de sintonizar con nuestro ánimo y hagamos del mismo un bien para todos. Eso hará nuestras vidas mejores, y sobre todo, más animosas.