No te rindas


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Estos días me levantaba optimista y con fuerza, con ganas de hacer cosas, con esa necesidad interior de sentir la vida palpitar. El día empieza como quieras que empiece. A veces los sueños condicionan la rutina. Dicen que los sueños son los mensajeros de nuestro inconsciente, y eso a veces puede determinar todo un día. También el tiempo. En la caravana nos levantamos estos días con mucha lluvia. A las siete y media aún es de noche y el llegar hasta la ermita para la meditación mañanera puede ser todo una aventura. También nuestro estado de ánimo puede condicionar nuestro día por cualquier mala noticia. Estos días las recibía, pero ni siquiera eso amedrentaba el tono intencional de mi interior. Lo cierto es que hay días que descubres que son insufribles. A veces estos días pueden convertirse en semanas o meses hasta caer en esa depresión que llega sin saber como empezó todo. ¿Fue la lluvia de aquella mañana? ¿Aquel mal sueño? ¿Aquella mala noticia? ¿Aquella mujer con olor a alcanfor que desapareció de repente?

Lo cierto es que si no estás atento cualquier cosa te puede hundir sin darte cuenta en un pantanoso lodo del que resulta complejo salir. Pero estos días combatía la negatividad aparente con respuestas automáticas de fortaleza, de poder, de optimismo. Porque no solo hay que desprenderse de las cosas y la codicia, sino también de las emociones tóxicas, de los pensamientos que perturban, de los encuentros abruptos con uno mismo que nada aportan.

Para vencer la tendencia negativa, para soportar la levedad de cualquier descuido, intenté mostrar la cara amable, el lado bueno, la esperanza. Llamé a personas que hacía tiempo que no llamaba. Fui a visitar más a menudo a la tendera del pueblo para animar la tristeza de las tardes. Regalé un lote de libros por valor de más de mil euros a un nuevo negocio que intentará sobrevivir a la vorágine de los mercaderes. Abracé todas las mañanas a la terca yegua Rocío e invité a un paseo a los seres invisibles que siempre nos acompañan y nos ayudan en todo. Un paseo celeste, de esos que perduran sin tiempo, que rozan los atardeceres como si fueran nubes de algodón. De esos cuyos lados soportan la eternidad y el talento.

La fragilidad es compleja. La soledad ayuda a combatir el tedio porque de alguna forma te fortaleces interiormente. Si dejamos de estar a expensas de los vientos diarios nos forjamos un interior poderoso. Los vientos siempre estarán ahí. Y a veces caemos en la tentación de tumbarnos para no ser arrastrados por los mismos. Pero al hacerlo no solo nos humillamos innecesariamente, sino que no fortalecemos nuestra vida, no nos enfrentamos a los envites inevitables. El valor y la heroicidad cotidiana deberían ser nuestra bandera, nuestra verdadera ambición diaria.

Por eso, cuando el día empiece extraño, o el mal humor nos posea, cambiemos el tono de la sonrisa, supliquemos por algún pequeño milagro que nos reviva. Es más, forjemos nosotros ese pequeño milagro. Saquemos a lucir nuestra vaporosa terquedad y seamos caudillos de nuestro mundo. No hay mayor regalo para nosotros y para el mundo que ser castillos de piedra viva, concebidos en el fraguan de la adversidad y formados en la batalla diaria de la vida. Lo amable siempre vence lo duro, como el agua que pule la piedra con su constante rozar. Fluir en nuestro castillo interior como agua que nace de las fuentes de la vida nos transforma en poderosos instrumentos de lo milagroso. No te rindas. Continúa. Hasta el final.

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Formas parte del plan


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Después del canto del búho, el silencio de la montaña es más profundo aún. Lo esencial no es lo que hemos dicho, sino lo que no hemos dicho, y, sin embargo, ha sucedido y es real… (Haiku zen)

Cuando te sumerges en el bosque ves con claridad la existencia de un orden. Es algo natural y misterioso a la vez porque hasta el momento, más allá de creencias mágicas y obtusas teorías científicas, no hemos descifrado los secretos de ese orden. Cuando hoy corríamos entre los árboles la belleza entraba en nosotros. Era como cuando vuelas en los sueños y atraviesas mundos imaginarios. Las copas apuntalando hacia el cielo, las raíces hacia la tierra y entre ambos el tronco firme, fortalecido por el paso del tiempo. Las raíces son las ramas del suelo. Las ramas son las raíces del cielo. Y luego todo el tejido que nace para dar sentido al bosque, con sus sotos, su floresta y frondosidad, su aliento invisible. Los cientos, diría que miles de animalillos que están sobre y dentro de la tierra, en el aire o en los arroyuelos que van y vienen por todos lados también forman parte de ese entramado de vida, de esa red invisible que perpetua la existencia en mil formas. Es como si los átomos tuvieran cabida en las galaxias más lejanas y como si la noche más oscura pudiera alumbrar al sol más radiante.

De todo lo que puedes ver cuando estás en pleno éxtasis, es ese extraño orden que todo lo envuelve. Por eso uno piensa, cuando el orden aparece, que tiene que responder a algún tipo de plan, de programa, de propósito. La vida no puede venir huérfana de consciencia, de cierta sabiduría que vemos por todas partes. Es complejo pensar o creer que todo nace de un momento fortuito. Todo, incluido el cosmos absoluto. No perdamos el tiempo en buscar el sentido de la vida. Podemos verlo en cada hoja otoñal, en cada hebra de hierba, en cada pétalo púrpura.

Al mismo tiempo, una certeza viene de inmediato: todos y cada uno de nosotros formamos parte del plan. Todos y cada uno de nosotros hemos venido a compartir un instante único, una experiencia irrepetible, una vida cargada de significado profundo. No somos algo convencional. Somos algo extraordinario, único. No importa lo que seas, lo que importa es lo que la vida ha venido a enseñarte, a mostrarte desde la posición en la que estás. La enseñanza que nace de todo ello se resume en la trama. Todo cuanto existe se necesita, todo cuanto ha sido creado vive gracias al soporte de todo lo demás. Cuando descubres esa certeza, cuando te descubres a ti mismo explorando esa realidad, entonces encauzas toda tu vida para ese propósito. Sólo deseas ser un soporte eficiente, una luz brillante que pueda sostener la llama por más tiempo. Dar la mano al otro. Ser fuerte, sabio y amable para el otro.

Entonces te entregas al bosque, te desnudas en la carrera por llegar el último, por servir a todos, por dar inspiración y riqueza. No importa qué tipo de riqueza. Puede ser interior, exterior. Puede ser poca o mucha. Importa el gesto, la importancia del sostén. Importa entender, sopesar y compartir la esencia de todas las cosas. Nada nos pertenece. Todo se nos ha sido dado para ver qué hacemos con las cosas. Para medir nuestro grado de mezquindad o generosidad. Para observar como resolvemos las situaciones. Si brillamos en nuestros actos, en nuestra conducta, algo bueno ocurre. Si soportamos con fortaleza y dignidad cualquier experiencia, estamos fluyendo directamente el núcleo.

De todo cuanto ocurra de aquí en adelante, recuerda solo una cosa: formas parte del plan.

(Foto de nuestra querida Chus, en O Couso, con Geo).

EL PODER DE LA CONTENCIÓN


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Todo el mundo habla del poder del ahora, del poder de la intención, del poder de la concentración. Pero nadie nos ha hablado hasta ahora del poder de la contención. Estas palabras llegaron del fluir de la meditación de esta mañana en la bahía de Findhorn.

CONTENCIÓN. Debemos aprender a contener la energía, a no desperdiciarla, a no volcarla de inmediato. Es importante que cuando respiremos mantengamos concentrada la atención en ese momento entre la inspiración y la expiración. Es un momento de quietud, de CONTENCIÓN. Ahí reside una de las claves en el manejo de la energía. Si sabemos contener toda nuestra fuerza, toda nuestra energía, mucha más fuerza y mucha más energía vendrán hacia nosotros por pura ley de atracción. Lo mismo ocurre con el dinero, cuanto más dinero seamos capaces de CONTENER, más dinero seremos capaces de atraer y por lo tanto, de compartir y poner en buen uso.

Todo esto se puede mostrar con un símbolo:

Una piscina toda llena de grietas. La piscina intenta llenarse de agua pero no lo consigue porque por las grietas se escapa el agua. Las grietas significan los deseos: ahora compro no sé qué, ahora pago no sé cuanto, ahora gasto en aquello y ahora entra tanto dinero y lo gasto en eso otro. La clave es el control del deseo. Ese es el trabajo para la CONTENCIÓN. Ir cerrando grietas una a una, es decir, ir eliminando deseos. Cuando eliminas los deseos y empiezas a cerrar esas grietas, la piscina se va llenando. Y sólo cuando está llena y empieza a rebosar, estamos listos para el servicio, que no es ni más ni menos que compartir todo ese agua sobrante con el resto. Si no lo hacemos así, sino somos capaces de compartir el agua sobrante, ocurre el efecto contrario: nuestra vida se inunda de miseria, rebosa de catástrofes, enfermedades, desdicha. De ahí la importancia de mantener un sano equilibrio entre lo que se recibe y lo que se da sin esperar nada a cambio.

Aprendamos a contener para una mayor y efectiva distribución de nuestra riqueza, sea mucha o poca.