El camino que siguen los que no se enfadan


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“En cierta forma misteriosa, las diferenciaciones que se manifiestan en la naturaleza se encuentran en el reino de la cualidad y no en el reino de la realidad”. AAB

Llegar a Córdoba es imbuirse en la alegría, en esa expresión de color, luz y arte que envuelve todas sus calles y sus gentes. Cada instante resulta surrealista y a veces alejada de la realidad. El primer visitante es Tomás, que habla durante largas sesiones sobre la única fuerza que mueve el universo: el amor. Intento venderle alguno de mis libros que trata sobre el tema, pero no lo consigo. Soy mal vendedor, tan malo, que decido, para alegría del filósofo del amor, regalarle mi libro “Amor es relación”. En toda la mañana no vendo ningún libro, pero las charlas con Tomás han compensado las pérdidas sufridas. Para celebrarlo, y de forma excepcional, decido ir a un restaurante chino. Amo la comida china. Sus ensaladas, sus arroces tres delicias, sus tallarines empalagosos.

Abro la puerta del restaurante y de repente entro en un mundo nunca imaginado. El restaurante está a rebosar de comensales chinos y quien atiende es un cordobés de pura cepa. Lo nunca visto. El cordobés se acerca e indica que es imposible atendernos, que vuelva en una hora. Salgo del lugar riendo a carcajadas por lo surrealista de toda la situación. Me tumbo en los Jardines de la Victoria. Me quedo totalmente dormido. Me despierto y voy otra vez al restaurante chino porque el menú es barato, siete euros por persona. Entro y no hay nadie. Todos los comensales chinos han desaparecido. Pero el concienzudo camarero cordobés de pura cepa se asombra de volver a verme. Me sirve con alegría al ver que no me había enfadado y que había vuelto de nuevo al restaurante.

Doy un paseo por las calles de la hermosa judería cordobesa. Entro en el patio de la mezquita-catedral. No puedo orar dentro porque es tabú. Me refiero a que hay que pagar, y todo lo que tiene precio, es tabú, excepto el comer, claro, y no siempre. Así que miro imaginando intramuros, cierro los ojos y oro al Dios de todas las cosas, libre entre palmeras, naranjos con su azahar, en éxtasis e íntasix.

Vuelvo a la caseta de la feria en silencio, meditativo, reflexivo, imbuido por la gracia. Al rato llega el primer cliente. Manu, un joven simpático, adolescente con inquietudes. Compra un libro y por ser el primer cliente le regalo un libro cualquiera a elegir. Emocionado, los mira todos con suma atención y elige un libro de mi autoría: “Creando Utopías”, el último ejemplar que quedaba de su segunda edición. Para sorpresa del ilusionado joven, le digo que el autor está muy próximo y que le puede firmar el ejemplar. No se puede creer tanta magia. Llamamos a “Javier” y de repente aparezco como autor del libro. Manu, sus tres primas y su tía no se lo pueden creer. Le firmo alegre el ejemplar y todos se van contentos y yo especialmente me quedo feliz por haber sido capaz de participar de un hermoso momento mágico, emocionante y único.

Es cierto que el oficio de editor o escritor no es para hacerse rico. He regalado dos libros en lo que va de día y he vendido otros dos. Pero al menos he amortizado la comida del chino-cordobés-de-pura-cepa y he dado un bonito paseo por Córdoba. Un día hermoso en una tierra hermosa. No estoy enfadado, estoy alegre.

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Hacer la calle


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En la Feria del libro de Córdoba cuando tan sólo teníamos una docena de libros editados

“Ecce nunc patiemur philosophantem nobis asinum?” (¿Es que vamos a sufrir que un loco nos venga con filosofías?) Lucio Apuleyo, El Asno de Oro, Libro X.

Decía Mark Hedsel que el Camino del Loco (libro editado por nosotros) es el del peregrino independiente que recorre la senda del espíritu. Es el camino del Ego en desarrollo, el camino de la experiencia o pathein, en griego antiguo. El Loco es un errante que persigue la vía secreta a costa de perderlo todo sin ningún tipo de remordimiento. Al igual que la esencia espiritual del reino vegetal es el perfume de sus flores, el Loco entiende que existe una esencia de igual valor en el reino humano, y su fijación es perseguirla y alcanzarla, cueste lo que cueste.

Quizás por ello de nuevo salgo de viaje, esta vez a tierras del mediodía para participar en una feria del libro. Hacía muchos años que no participaba en una feria del libro, pero la quiebra de la distribuidora y la necesidad de remontar económicamente una situación difícil me obliga a “hacer la calle”. Nunca se me ha dado bien la venta. No soy un buen vendedor de nada. Editar libros fue un capricho que se me ocurrió en un tiempo de una holgada bonanza económica. Era como un hobbie que hacía en los ratos libres mientras dedicaba mi tiempo al mundo académico con la tesis en Sevilla por las tardes, el curso de adaptación pedagógica en Córdoba por las mañanas y el máster en pedagogía Waldorf en Madrid los fines de semana… Era esa época en la que era capaz de estirar los días y hacer mil cosas a la vez. Escribir, viajar, sacar títulos académicos y en las horas libres, cuando las había, empezar a gestar la creación de una editorial que luego, sin querer, se convirtió en mi medio de vida.

La idea inicial del proyecto era la de ayudar a autores noveles a editar sus primeras obras. Como en ese momento tenía algo de dinero, podía realizar una concienzuda tarea de mecenazgo arriesgando mi patrimonio personal en la edición de libros no comerciales. Luego quise expandir ese mecenazgo a libros con consciencia y más tarde a libros de crítica social. En estos años de vida editorial, he visto casi de todo. He podido ayudar a mucha gente mientras tenía dinero, y también cuando dejé de tenerlo. Al mismo tiempo, cuando ocurrió lo segundo, he sentido como algunos ángeles me ayudaban al mismo tiempo a seguir adelante. Editar autores noveles, poesía o libros de la sabiduría perenne nunca me repercutió pingües beneficios. Más bien muchos disgustos, quiebras consecutivas y fracasos gestionados de forma muchas veces desagradable por autores orgullosos y malagradecidos.

No se me caen los anillos por hacer la calle. Creo en el proyecto editorial como plataforma de mecenazgo cultural y creo que es una bonita labor la que durante estos años hemos hecho de forma peculiar. El proyecto O Couso nació al mismo tiempo como una extensión de ese mecenazgo cultural. La cultura, al fin y al cabo, es el espíritu que nos mueve como grupo humano y, por lo tanto, su cuidado y su protección es una labor encomendable. ¿Quién sino los locos pueden atreverse a llevar a cabo esta tarea hercúlea?

Es cierto que para hacer mecenazgo hay que tener dinero. Lo tuve en su día y por eso me atreví a meterme en todos estos berenjenales. También es cierto que ahora no lo tengo, y eso me crea cierto conflicto personal, pues no me gustaría abandonar estos proyectos grupales para intentar recuperar mi economía estrictamente personal. Es una paradoja vital en la que me encuentro, de difícil solución. Así que, sea como sea, estoy infinitamente agradecido a todos los que compráis nuestros libros, aportáis apoyo a la fundación y a sus proyectos y de vez en cuando colaboráis con aportaciones, por muy simbólicas que parezcan, a este blog. Todo suma y todo ayuda para seguir adelante.

Con vuestro permiso, seguiré luchando, a cual Loco, con coraje, para mantener vivo este espíritu. Seguiré saliendo a los caminos para proteger la cultura, para potenciar sus virtudes y para seguir creando un mundo más humanista, ecológico y consciente. Seguiré haciendo la calle tantas veces como haga falta, sin prostituir mi alma, aludiendo una y otra vez a la figura de ese peregrino errante e independiente que recorre la senda del espíritu, inevitable… Sigamos aportando a la gran obra del espíritu, siempre…

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Memoralista y escribano


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Hoy escribía una carta importante donde de alguna forma me despedía de una buena amiga, de una madrina y mentora en el mundo editorial con más de doce años de colaboración ininterrumpida. El cierre de nuestra distribuidora de toda la vida, la crisis del sector editorial y la propia quiebra de nuestra editorial me hacía pensar estas semanas qué camino seguir, tanto profesional como personal. Una posibilidad era continuar como hasta ahora con una nueva distribuidora, esperando tiempos más halagüeños. La otra era arriesgar todo lo que hasta ahora habíamos hecho para reinventar una nueva fórmula de trabajo y venta. Y una tercera vía, sería cerrar la editorial, intentar venderla o dejarla en pausa hasta que vengan tiempos mejores.

De momento, la primera vía la hemos descartado, al menos hasta que no pueda organizar todo el caos editorial que existe en estos momentos y no pueda encontrar otra estrategia de venta. La tradicional distribución, donde entre libreros y distribuidora se llevan el sesenta por ciento de la venta, está dejando de tener sentido. Internet está terminando con esa fórmula, desproporcionada, dicho sea de paso, y está permitiendo otras realidades. Esa es la evidencia. En el modelo actual, un libro que vale 10 euros es repartido de la siguiente manera: 1 euro se lleva el autor, 6 la distribuidora y librería, casi medio euro se va en impuestos y de lo que resta, 2.5, el editor tiene que compartirlo con la imprenta. El margen del editor, si lo hay, suele estar entre el 0,5 y 0,75 euros por libro. Realmente no es un modelo de negocio para hacerse rico, a no ser que lo que te mueva, como es mi caso, sea la pura vocación.

¿Qué hacer tras esta decisión? Al cerrar la distribuidora, lo primero que se me ocurre es recuperar el stock repartido entre librerías y distribuidoras auxiliares. Aún no sé la cantidad que esto supone, pero espero que en esta recuperación, pueda poner al día algunas cuentas y saldar algunas deudas. Mi objetivo personal es poder equilibrar las cuentas de la editorial para intentar, en el caso de que deje la editorial en reposo, poder centrar mis fuerzas en otras cosas.

¿Qué podría hacer? Mis amigos me dicen que tras este derrumbe en cadena y tras la crisis emocional y material sufrida lo que necesito son unas vacaciones donde poder pensar con calma y reorganizar toda mi vida. Esa idea me seduce porque me permitiría hacer lo que más me gusta: viajar y escribir. Así que tal y como le comentaba a mi querida mentora, tal vez ha llegado el momento de plantearme el pedirme un año sabático para así poder disponer de tiempo para la reflexión y el descanso. ¿Dónde ir? Aún no lo sé. Tal vez fuera de España. Se me ocurre pasar alguna temporada en la comunidad de Findhorn, en Escocia, y desde aquella energía equilibrar y armonizar muchas cosas. En unos meses tendré de nuevo, tras la retirada de todo el lastre y la reposición de grandes esfuerzos, las cuentas saneadas y equilibradas y en este tiempo podré pensar dónde ir y cuándo hacerlo.

Memoralistas y escribanos. Oficios antiguos que quizás haya que recuperar. Me motiva la idea de escribir, escribir y escribir. Ahora que ya estoy más recuperado, que ya me siento totalmente libre y emancipado para hacer con mi vida lo que desee, además de seguir apoyando los proyectos utópicos que inicié hace cinco años y seguir editando de forma más tranquila y serena, deseo poder dedicarme a lo que más me gusta: escribir. Así que eso haré hasta la saciedad. Esa idea me hace feliz. Esa idea me hace sonreír, así que ese será el camino hacia mi nueva Ítaca.

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Los libros nacen en Samos


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La verdad es que me hizo ilusión llegar esta mañana a Lugo para hacer unos trámites y ver mi cara en los bares, en las tiendas, en los kioscos. Me han hecho muchas entrevistas en radio, prensa y televisión, pero nunca había salido en la contra de ningún periódico. Cuando en la carrera hacía mis pinitos como escritor de culto y publicaban mis primeros artículos de opinión sentía una alegría inmensa al ver mi firma estampada en la prensa de papel. Cambié aquella disciplina por internet pensando que sería el Dorado y allí descubrí con cierta tristeza como todo se difuminaba. Lo culto y la escritura.

En internet eres totalmente invisible excepto para los incondicionales, pero salir en prensa de papel sigue siendo especial para los románticos de lo sólido. Aunque tan sólo sea por un día, me sigue llenando de satisfacción, especialmente cuando a la vuelta de Lugo me llamaban los amigos del pueblo porque habían visto la noticia y me encontraba en la puerta de la tienda la página entera recortada y pegada para que todos la vieran. Mis queridas Angelines y Lourdes sentían orgullo por tener un vecino que sale en la prensa y yo, al mismo tiempo de ponerme algo rojo cuando vi mi cara a la vista de todos, también sentí cierto orgullo egoico, para qué lo vamos a esconder.

Más allá de la anécdota, me doy cuenta de que este hecho es para mí como una señal de que algo nuevo se avecina. Quiero decir que, de alguna manera, ya estoy dejando atrás el desánimo y la tristeza y me estoy enfrentando al reto de la vida desde otra perspectiva, desde otro razonamiento, desde otra visión. Creo que la queja y la tristeza ya deben cerrar una etapa para empezar a pensar en positivo, con optimismo e ilusión. Mirar al horizonte, a la aurora de dorados brazos, a la montaña con su cristalina grandeza, a los cielos celestes que se abren para recordarnos lo infinita y misteriosa que es la vida.

Hoy ha sido un día de halagos. Siempre me tomo esos halagos y perspectivas como una muestra de confianza y afecto, a sabiendas de que no hay mayor fama que el reconocimiento y el cariño de los que tienes próximos y no hay mayor riqueza que el amor y la amistad. En ese sentido, ya me siento colmado de riqueza y fama. Lo otro siempre es superfluo, anecdótico y trivial. Dura lo que dura un suspiro, por eso no hay mayor logro que el cariño y el amor, la amistad y el abrazo, el abrazo de verdad, el sentido. En todo caso quedo agradecido a Lucia, la periodista que ha obrado con equilibrio en el reportaje y al diario por su generosidad al ponerme en la contra. Todo un honor y una suerte.

Corridas intelectuales


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En 2010 me tocó presentar en el marco del Festival de Cine Europeo de Segovia el libro “Rodamos Historia”, escrito por los amigos Álvaro y Yannick. Un presentador normalmente nunca se presenta, pero ante la insistencia de Yannick, lo hice contando la anécdota que un día antes me había ocurrido en el poblado de Bembézar, en Hornachuelos, Córdoba. Llegué tarde para presentar el libro de Eugenia, una novel autora local, y como no sabía donde era, aparqué el coche en la plaza del pueblo. Estaba oscureciendo y había algo de niebla. El poblado estaba absolutamente desierto hasta que apareció un hombre que se me acercó con paso tranquilo. Se me quedó mirando de arriba abajo y me dijo: “Usted debe ser el intelectual y viene a la presentación del libro”. Al día siguiente, curiosa sincronía, Yannick me llamó recién llegado de Brasil para decirme algo parecido: “Si te parece te presentas como un intelectual”. Qué honor que las gentes de aquellos tiempos me llamaran y me reconocieran así, como el hombre que trajo los libros y la cultura a sus pueblos, como “el intelectual” comprometido con su patrimonio.

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Encontré esta anécdota divertida, la del intelectual perdido y que no paraba de intelectualizar por el mundo, buscando fotos en el blog para este post. La verdad es que mirando hacia atrás, han sido muchas las aventuras corridas en el excitante mundo de la edición. De todo lo editado, lo más apasionante era hacerlo en pueblos perdidos en la nada donde sus autores, auténticos desconocidos en el mundo “intelectual”, lo daban todo para ese gran momento.

En la Editorial Séneca tenemos una línea editorial donde editamos “historias de vida” desde una perspectiva antropológica, rescatando el patrimonio intangible de los pueblos y sus gentes. Es una labor que nació con ambición nacional, pero al final se quedó en ambición provincial. Con el tiempo, solo conseguimos lanzar cuatro o cinco colecciones, aunque la idea primera pasaba por llegar a todos los pueblos de España. No sabría decir cuantas historias de vida hemos rescatado, con descripciones minuciosas de la vida de personas que en primera persona nos contaban los usos y costumbres de su pueblo, su cultura, su gente. La idea era hermosa, romántica, como casi todo lo que hemos hecho en este sello editorial. Editar a autores noveles, apostar por ellos, y editar a personas que, sin ser escritores, pudieran contarnos algún aspecto de su vida. Era nuestra apuesta particular por rescatar del anonimato el patrimonio intangible, el bien inmaterial de zonas deprimidas donde la cultura resulta sospechosamente apartada de la vida común.

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Nunca olvidaré, especialmente cuando vivía en la Vega del Guadalquivir, la emoción que sentía al ver que todo el pueblo asistía a la presentación del libro de un paisano. Más allá de contar el siempre nulo beneficio por la venta, siempre simbólica, de algún libro, la emoción de los abrazos, de los aplausos desmedidos y del orgullo del autor y sus gentes por ese acto era algo que quedaba imborrable para siempre en nuestra memoria. Como editor, me sentía “Le Grand Editor”, el aventurero romántico que iba abriendo bibliotecas y editando libros no comerciales, pero con un gran valor etnográfico. Aquella descabellada aventura tuvo su precio, pero pasados los años, lo pagamos agradecidos y gustosamente.

Estos días andaba trabajando en el prólogo de un libro que vamos a editar próximamente. Está dentro de las colecciones que rescatan las historias de vida, pero esta vez la emoción era doble porque el protagonista del mismo es un familiar al que le tengo un especial aprecio y cariño. La labor ingente de poder editar un libro de una persona que a duras penas sabe escribir y leer, pero que guarda dentro de sí una riqueza cultural y social inigualable, un semblante de figura honorífica y una calidad humana sin igual me han llenado de pleno orgullo. No sólo por la labor editorial, el esfuerzo consiguiente y la delicada atención que hay que mostrar cuando tratas con autores octogenarios con ganas y prisa, por la edad, de que su obra salga a la luz. Sino por apostar una vez más por el patrimonio intangible e inmaterial y el poder con ello enriquecer el espíritu cultural de esos lugares y sus gentes.

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Por propia experiencia, sé que en unos años o unos siglos, cuando nosotros ya no estemos y alguien profundamente curioso empiece a relatar la historia de sus tierras y gentes, tendrá la oportunidad y la suerte de contar con estos relatos, con estos libros que despertarán en el futuro investigador una riqueza insondable. Esa es la gracia y la apuesta cultural por el presente y por el futuro. No tendrá réditos materiales, pero alguien, con mucho cariño, nos agradecerá esta labor editorial.

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(Fotos: Algunas fotos de algunas presentaciones de hace mucho tiempo… Ahora me hago mayor y cada vez presento menos libros, y cada vez doy menos charlas como “intelectual” comprometido, y cada vez doy menos conferencias como persona de mundo con algo que contar)… 

Aceptando el reto de sanar


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Con la doctora Natalia Prego en Santiago de Compostela

Quedamos unas horas antes para conocernos y charlar un rato. Llovía en Santiago y la Plaza Roja estaba gris. Dos zumos de naranja acompañaron una intensa charla donde pudimos, casi sin conocernos, reconocer de inmediato aspectos profundos de nuestras vidas. Esto ocurre en contadas ocasiones, pero a veces conoces a personas con las que resulta familiar la conversación, como si las conocieras de toda la vida. La doctora Natalia Prego resulta ser uno de esos seres profundos y sentidos que abren su corazón y expresan abierta y valientemente todo aquello que sale del mismo. Sin miedo, y por lo tanto, con amor.

Realmente fue toda una suerte conocerla, escucharla y sentir la profundidad de su vida, de todo lo que le ha ocurrido para llegar al punto de luz en el que ahora se encuentra. Nos fuimos al lugar de la presentación. Ya estaba todo preparado y la gente empezaba a entrar en la hermosa librería que nos acogió. Me senté a escuchar la maestría de esta doctora ahora entregada a la promoción de su libro “Aceptando el reto de sanar” y sentí que con sus palabras me volvía a trasladar al sentido intenso de ser verdaderos humanos.

Nunca sabes cómo las personas llegan a ti. Algunas te ven con indiferencia, otras con alegría, otras con desconfianza y temor, otras con esperanza. Pero en la profesión de editor, puedo decir que todo ese cúmulo de personas con las que trato al día es todo un regalo. Especialmente cuando ese regalo viene precedido por la generosidad y el amor incondicional de alguien que sin conocerte se siente afortunada de hacerlo. Cuando todo forma parte de un entrelazado mundo multidimensional cuyas reminiscencias se reconocen, y un libro, o una edición, solo sirven de puente o excusa para el encuentro.

En los tiempos que corren, es arriesgado emprender cualquier empresa editorial. Editar un solo libro se ha convertido en una proeza osada. Pero a veces esa osadía tiene su recompensa cuando conoces a personas de tal calibre humano. El editor sucumbe al reto humano del compartir y el autor abraza con agradecimiento la oportunidad del encuentro. Cuando el mensaje es verdadero, cuando lo que se quiere decir sale del corazón, lo demás es un fluir continuo.

Así que gracias a la doctora Natalia Prego por su sensibilidad, por su buen hacer, por su forma de transmitir la necesidad de sanarnos desde la aceptación y el amor, desde el cariño y la confianza. Gracias de corazón por esa labor de divulgación para que todos, poco a poco, vayamos tomando confianza en la vida y vayamos descubriendo nuestro lugar en el mundo. Gracias también por tu testimonio de vida, por abrirte a compartirlo desde la sinceridad más absoluta. Gracias en definitiva por ser y por compartir tanto valor y confianza.

Ayúdanos a dar de comer al mundo: alimentemos su alma con libros


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Estimados amigos,

Desde los sellos Séneca, Nous, Dharana y Phylira queremos felicitarte la Navidad y desearte un próspero y feliz 2017 aunque sea de forma adelantada. Como ya sabes, desde hace diez años apostamos por la cultura así como por las jóvenes promesas las cuales tienen mucho que ofrecer a la misma. Al mismo tiempo estamos impulsando el proyecto O Couso que está trabajando en la creación de una Escuela de Dones y Talentos para que futuras generaciones puedan otorgar valor a nuestro patrimonio cultural y espiritual común. Con el deseo de seguir impulsando conjuntamente estos valores, nos atrevemos a realizarte la siguiente propuesta:

Te proponemos que estas Navidades puedas regalar alimento para el alma y el espíritu. Es algo original el poder ofrecer a nuestros seres queridos otro tipo de alimentos más allá de los tradicionales: regalar un libro, sustento del conocimiento y el espíritu de nuestro tiempo. Se trata de un detalle diferente, cargado de simbolismo y siempre más económico que los tradicionales regalos.

En nuestra web puedes encontrar un amplio catálogo y selección del cual haremos un 25% de descuento para cantidades superiores a 10 ejemplares. Es un regalo ideal para equipos de empresa, familias o amigos. Nos comprometemos, asímismo, a realizar un envío personalizado a clientes y amigos a las direcciones que nos indiques, acompañadas de una carta de felicitación.

Es un hermoso gesto de ayuda mutua y cooperación para apostar por la paz en el mundo, por la buena voluntad de una humanidad unida mediante la luz del conocimiento y la amistad.

Siempre agradecidos, recibe un abrazo deseándote lo mejor para estas fechas tan especiales que ya llegan…

www.editorialdharana.com