La quiebra del sistema financiero


La quiebra del sistema financiero parece cada vez más cercano. Esto lo podemos ver, por ejemplo, con Grecia, que necesita endeudarse cada vez más para poder pagar las deudas anteriores. Un poco lo que está ocurriendo en España de seguir con la tendencia actual. Cada vez necesitamos crear más deuda porque no tenemos dinero para pagar prácticamente nada. ¿Pero hasta cuando esta situación puede ser sostenida en el tiempo?

Como podemos ver en el gráfico de más abajo, comprobamos con gran asombro que España no es uno de los países más endeudados, y sin embargo, depende de las decisiones políticas de países altamente endeudados como Francia o Alemania.
Se nos dice, además, que la desconfianza de los mercados nace porque a diferencia de esos otros países, España no tiene una perspectiva de crecimiento a corto plazo dada la fragilidad de su débil sistema productivo basado hasta ahora, valga la paradoja, en el mercado, ahora quebrado, de la construcción.
Así que tenemos un grave problema para desmontar todo este lío en el que nos hemos subido. ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer?
Sin duda poner en orden muchas cosas. Nuestras prioridades como sociedad, nuestra organización política y económica y nuestros valores, porque en el fondo, esta es una crisis de valores que no ha hecho más que reproducir en lo exterior la podredumbre que llevamos dentro. Por eso es necesaria una intensa valorización de nuestro interior individual y colectivo para poder empezar de nuevo. Y esto solo se me ocurre abordarlo con trabajo, trabajo y más trabajo: interior y exterior.
Deuda: Comparativa Países
Año Millones € % PIB
España [+] 2011 734.961,00€ 68,50%
Alemania [+] 2011 2.088.472,10€ 81,20%
Reino Unido [+] 2011 1.547.506,30€ 85,70%
Francia [+] 2011 1.717.256,00€ 85,80%
Italia [+] 2011 1.897.179,00€ 120,10%
Portugal [+] 2011 184.290,90€ 107,80%
Austria [+] 2011 217.398,70€ 72,20%
Bélgica [+] 2011 361.735,30€ 98,00%
Bulgaria [+] 2011 6.285,60€ 16,30%
Chipre [+] 2011 12.720,00€ 71,60%
República Checa [+] 2011 60.798,00€ 41,20%
Dinamarca [+] 2011 111.766,00€ 46,50%
Estonia [+] 2011 965,20€ 6,00%
Finlandia [+] 2011 93.030,00€ 48,60%
Grecia [+] 2011 355.617,00€ 165,30%
Croacia [+] 2009 16.089,10€ 35,30%
Hungría [+] 2011 72.134,10€ 80,60%
Irlanda [+] 2011 169.264,00€ 108,20%
Islandia [+] 2011 10.139,80€ 98,80%
Lituania [+] 2011 11.827,20€ 38,50%
Luxemburgo [+] 2011 7.785,90€ 18,20%
Letonia [+] 2011 8.617,80€ 42,60%
Malta [+] 2011 4.600,30€ 72,00%
Holanda [+] 2011 392.506,00€ 65,20%
Noruega [+] 2011 101.532,60€ 29,00%
Polonia [+] 2011 192.671,90€ 56,30%
Rumanía [+] 2011 44.607,30€ 33,30%
Suecia [+] 2011 150.483,60€ 38,40%
Eslovenia [+] 2011 16.954,40€ 47,60%
Eslovaquia [+] 2011 29.911,30€ 43,30%
Turquía [+] 2009 201.165,30€ 45,40%

La idiosincracia de un pueblo


Este fin de semana he visto con cierta pena como todo se desmorona alrededor, sintiéndonos un poco abandonados a la deriva de los tiempos, aplacados por esa realidad que se impone aunque algunos intenten disfrazarla. Me pregunto qué pasaría si realmente mañana alguien dijera que no hay dinero y todos cayéramos en la cuenta de que realmente es así, de que hemos vivido toda nuestra vida del crédito, es decir, de la mentira y la ilusión, y de que es hora de afrontar, como se pueda, esa mentira. Y como la mentira se ha impuesto durante mucho tiempo, ahora resulta fácil reconocerla en cuanto se ha dado de bruces con la realidad. Es fácil comprobar como todo lo que pensábamos que nos pertenecía no era más que el producto de una falsa.

Evidentemente, a partir de ahora, tenemos la posibilidad de ejercitar nuestra libertad y buscar los mecanismos correspondientes para reorganizar y recolocar nuestras vidas. Me vale el ejemplo de lo que hacen unos países y otros ante unas circunstancias parecidas. Incluso me valen los indicadores económicos para ver que en Francia, tras un cambio de gobierno y una política muy diferente a la ejercida en España ha encauzado el rumbo de los indicadores. En España, en algo nos estamos equivocando y tiene mucho que ver con la poca seriedad que un país bananero como el nuestro ejerce en el exterior.

Es cierto que cuando viajamos siempre damos un poco la nota. Hace unos meses estuve en Suiza y en los trenes de Ginebra podía escuchar a los españoles desde lejos. Es verdad que llamamos un poco la atención en ese sentido. Pero me pregunto qué clase de imagen ejercemos a nivel político, cuando tenemos un jefe de Estado al que todos conocen, dentro y fuera, sus estraperlos y su falta de moral y ética en casi todos los ámbitos humanos. Sí, es un cachondo, un bonachón aparente y todo ese buen rollito que nos daba un gobernante cercano, pero eso ya no sirve, y lo más importante, no ha dado la talla en los tiempos que corren, que es cuando se demuestra realmente la valía de unos y otros.

Respecto a la clase política, más de lo mismo. ¿Qué mercado va a confiar en un país marcado por la corrupción constante de la clase política? ¿Por qué se extrañan nuestros políticos de que la prima de riesgo esté por las nubes?

No sé si se puede cambiar el carácter de un pueblo, su forma de entender la vida y de manejarla. Pero sí es cierto que como mínimo, este pueblo nuestro necesita aún muchas dosis de educación y cordura. Educación, por cierto, que estamos recortando a raudales. Así nos irá como sigamos errando en la perspectiva.

Una revolución, comandante, desde Sierra Madre


Son las tres de la madrugada. Ya en casa después de otra jornada de protestas. Muchos hemos llorado cuando la policía ha cargado injustamente contra mujeres y hombres mayores, amas de casa y niños. No entendíamos nada. Estábamos allí por ellos, por sus recortes, y cargaban contra nosotros. Nos mirábamos a los ojos sin miedo, nos sentábamos en frente de sus porras y armas. Impresionaba, pero nadie tenía miedo. ¿Miedo a qué? Muchos decían que lo habían perdido todo y que ya no tenían nada más que perder… El Congreso y las sedes de los principales partidos estaban totalmente acordonados. Ha sido imposible llegar hasta ellos, pero las miles de personas que se iban juntando a nosotros era motivación suficiente para seguir adelante.

Algo está pasando. Es inevitable. La gente abre los ojos cuando se les quita el pan y la miseria relame sus primeras heridas. Está bien esta crisis y los recortes. Al menos nos está haciendo ver algo. Quizás no suficiente, pero sí algo.

Otro dato ha sido la forma pacífica de los manifestantes contrastada con la violencia de algunos. Sin embargo, muchos jóvenes crispados no entendían como podíamos defender nuestro pan, nuestros derechos y libertades sin hacer nada. Ha faltado poco para una toma de la Bastilla. “La próxima visita, será con dinamita”, se decían indignados mientras eran golpeados. Hoy ha sido lluvia fina, muy fina… La próxima vez, aviso para navegantes, puede ocurrir cualquier cosa…

(Foto: He aparecido en algunos medios y en alguna televisión dando espectáculo ya que me he metido en plena boca del lobo. Aquí aparezco tímido en una foto de “El País”, momento en el que unos pocos nos hemos enfrentado pacíficamente y sin resistencia a la policía, bloqueando la primera carga que han hecho contra los manifestantes a las puertas del Congreso, en la fuente de Neptuno, momento de mayor tensión. El efecto de la no violencia ha sido asombroso, pero no suficiente).

Soy Minero


La previsión era que los mineros llegaran pasadas las diez y media a la Plaza del Sol. Pasadas las nueve ya estaba intentando contagiarme del ambiente. Familias enteras paseaban buscando algún signo de agitación, de impostura, de comunión. Todos se miraban con cierta complicidad, especialmente si llevabas una prenda negra que delatara el motivo de ese inusual paseo. Poco a poco la plaza se fue vaciando de turistas y curiosos y llenando de sociedad indignada, de ciudadanos artos, de personas de carne y hueso cargados de un sentido semántico de la acción.

Los mineros se retrasaron mucho. En la plaza había padres cuyos hijos dormían tranquilos en el suelo. Rozando las dos y media de la madrugada, se escuchaba de lejos la masa humana que iba llegando. Un sentimiento de fiesta y gozo empezó a rodearnos a todos. Era como si verdaderos héroes mitológicos fueran a entrar a la plaza en cualquier momento. Todos nos mirábamos con cierta gratitud y alegría.

De repente empezaron a llegar los primeros y entonces el júbilo de la masa ardiente empezó a enloquecer. Se escuchaban las primeras canciones reivindicativas y los himnos propios de la minería. Todos querían tocarlos mientras que ellos mismos, increíblemente sorprendidos por la multitud que les recibía en Sol y les abrazaba una y otra vez, estallaron a llorar.

En ese momento hubo una reconciliación extraña entre ellos y nosotros. Formábamos parte de algo increíble y único. Algo que puede sobrepasar el significado profundo de solidaridad. Sentimos que aquellas gentes eran portadores de un mensaje de esperanza, un mensaje de amor hacia la esencia más poderosa que nos une a todos. Podíamos ver en sus ojos cristalizados una luz ardiente, una albor de esperanza. Algo nos decía en ese momento de extrema ilusión que un mundo diferente es posible…

Ayer y hoy, todos nos sentíamos mineros…

El caótico mundo de los negocios


Ayer tuvimos una hermosa velada en casa de unos amigos. Cenamos y hablamos de proyectos, de empresas, de crisis y de libros. Él, un empresario de larga trayectoria, hablaba desde las dos perspectivas posibles. En la primera recordábamos cuando disponíamos de todos los lujos posibles de la época de bonanza y de cuando las cifras que se manejaban, en su caso particular a su favor, se podían contar por millones de euros. En la segunda repasábamos todo lo que había ocurrido hasta que la ruina terminó con toda una generación de emprendedores y de bonanza sin fin.
La evidencia de que todo está quebrado lo vemos día a día. Ayer hablábamos de que estábamos en un nuevo mundo, en una nueva era de los negocios, donde lo importante era la guerra de guerrillas y la pura supervivencia. Recordé cuando Nietzsche hablaba de la mentalidad del esclavo y la mentalidad del guerrero. El primero, servil y educado para mantener siempre el status quo del servilismo y la masa, vivía una vida más o menos monótona dentro de la esclavitud de cada tiempo. En el nuestro, el modus de representar esa esclavitud es el trabajo asalariado del ciudadano medio que mantiene un servilismo con el Estado a base de impuestos y coacción mediante cárcel o castigos.
El guerrero sería en nuestro cuento actual el joven empresario que lo arriesga todo a cambio de un mundo de posibilidades. Y no me refiero a ese empresario de clase alta, nacido en una familia pequeño-burguesa donde sus padres, a base de cheque o herencias van montándole al hijo su empresa-juguete. Me refiero a ese guerrero que surge de la nada y explota la posibilidad de alcanzar algo.
Pero en los tiempos que corren, todos se han convertido en esclavos de las circunstancias. Hoy me daba cuenta cuando estaba realizando la liquidación de nuestros distribuidores. En seis meses, una inversión en libros de casi diez mil euros sólo ha conseguido unas liquidaciones que no llegan ni a trescientos euros. Me preguntaba atónito como era esto posible, y qué sentido tenía mantener una red de distribución quebrada y falta de beneficio. Veo que la supervivencia global de toda la empresa ha sido gracias a la guerra de guerrillas de la que hablábamos ayer, no precisamente de la anquilosada y ortodoxa venta por distribución, sino más bien gracias a otras fórmulas como la venta directa desde internet o los pedidos que algunos autores entusiastas hacen de su propia obra.
A toda esta quiebra hay que sumar las deudas acumuladas por casi la mayoría de las empresas existentes. Unas derivadas por una mala gestión, otras por la quiebra de terceros y otras por créditos que no han podido ser afrontados por la escasa o nula actividad empresarial.
¿Cómo salir de este atolladero sin salida a corto plazo? Es evidente que adaptándonos a los tiempos y cambiando el paradigma de hacer negocio, ya no quizás buscando una base lucrativa como telón de fondo sino una base motivacional y social que entienda como modelo filosófico no la competitividad sino la cooperación y el apoyo mutuo.

Por cierto, para ayudarnos aún más a salir adelante el gobierno propone subir el IVA. ¿Cuando vamos a proponer nosotros que recorten autonomías, diputaciones, políticos, senados, coches oficiales, palacios, realengos de toda índole, embajadas, y ese largo etcétera interminable?

La Senda según de Guindos


De Guindos, muy en su papel de máquina de dar cifras y datos como si se tratara de una caja registradora, ha hecho un interloquio en el campus de verano de las Faes ofreciendo algunas ideas básicas sobre su ideario. De nuevo, un discurso oficial basado en los paradigmas del pasado que han demostrado que no funcionan y que nada tienen que ver con el futuro esperanzador. Aquí detallo algunas de sus premisas tras escuchar atento su discurso:

  1. Una idea clara sobre la necesidad de dar confianza para obtener más financiación. Es decir, de nuevo la necesidad de crédito para impulsar el crecimiento y la economía.
  2. Crear un modelo productivo basado en la competitividad (y no en la cooperación, por ejemplo).
  3. De nuevo la errónea percepción de asociar crecimiento con bienestar social y desarrollo.

Detrás de todas estas ideas existe una clara aberración ideológica basada en tres premisas elementales:

1. Existe un marketing, una moda imperante, una idea totalitarista que impregna a todas las capas sociales que aceptan pasivamente la necesidad de crecimiento. Gracias a esta idea base, compramos aquello que no necesitamos y necesitamos aquello que nos dicen que nos hará ser mejores, tener más, destacar entre todos, ser más felices. A veces incluso compramos o adquirimos bienes y servicios que nos repugnan solo porque manda la moda, o ese principio oculto que nos inculcan para satisfacer a nuestros ancestros.

2. El crédito nos permite obtener todo aquello que ya necesitamos. Esta es una de las mayores mentiras de todas, pues gracias a esta idea, hemos hipotecado nuestra existencia de por vida. A mayor crédito, mayor poder y mayor necesidad de cosas. Hay pensadores y personas que predican sobre la necesidad de crédito a las empresas. Lo que no explican es que esas empresas viven constantemente del crédito ficticio, sin producir ningún tipo de beneficio excepto el de poder vivir ellos mismos del crédito obtenido en nombre de la empresa, la cual, en muchos casos, no produce beneficio. El crédito nos permite obtener recursos para aquello que no necesitamos, es decir, produce apariencia e ilusión porque todo lo que construimos está basado en la mentira crediticia.

3. La caducidad de las cosas producida por el marketing y la publicidad de la moda provoca la necesidad de actualizar constantemente nuestras necesidades. Compramos coches para que duren poco, compramos ordenadores para que duren poco y tengamos necesidad de actualizarlos constantemente con nuevas herramientas y necesidades que no necesitamos. Esta tendencia nos esclaviza y provoca una necesidad imperante, por lo que volvemos al círculo vicioso de la moda y el crédito para seguir “creciendo”. Además, siempre necesitamos más cosas y más grandes. Si tenemos una casa de cien metros cuadrados, desearemos una de doscientos. Si tenemos un coche de cincuenta caballos, desearemos uno de cien, y así hasta el infinito.

¿Es esta la senda que dibuja el señor Guindos para nuestro futuro? ¿Seguir hipotecando por generaciones nuestro futuro? Los buenos estadistas aprovechan los malos tiempos para provocar el cambio que los nuevos paradigmas requieren. Ese tiempo ha llegado, está aquí, ahora solo falta encontrar a esos estadistas que puedan ver más allá de las modas y las necesidades a corto plazo. Si lo mediocre gobierna nuestras vidas, tendremos gobernantes mediocres. Y un futuro, además, mediocre.

Nacionalismos alemán / antialemán


Los nacionalismos son los que provocaron y determinaron la I y la II Guerra Mundial. En ambas, el protagonista fue Alemania. La construcción de la Unión Europea pretendía evitar una III Guerra Mundial y aunar esfuerzos en perpetuar el ideal de una humanidad unida, en plena cooperación y crecimiento armónico.

Sin embargo, la crisis que estamos viviendo y que está siendo articulada desde las políticas neoliberales esgrimidas desde Berlín, están de nuevo trayendo a la palestra un nuevo sentimiento nacionalista que pone como objetivo único la destrucción del euro y su alter ego: la Unión Europea.

Ya están surgiendo voces que culpan a Alemania y su interesada intervención en las políticas de austeridad de la no salida de la crisis, y por lo tanto, un nuevo chivo expiatorio que la historia se encarga de repetir por tercera vez.

De nuevo tenemos la historia para ir con cuidado y para no equivocarnos de enemigos. Y los enemigos no son el Euro y la Unión Europea, sino la ignorancia de apoyarse en ideales populistas y fáciles de vender en un momento delicado para todos.