¿Sacrificios?


bankia

“De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero”. Benjamin Franklin
.

Unos días después de escuchar como serán rescatados los bancos con dinero público, vemos con asombro como serán atropellados de nuevo los derechos sociales, esta vez recortando de aquí y de allá las pensiones de nuestros mayores. La verdad es que ya no siento indignación. Creo que llega un momento en el que la tomadura de pelo es de tal magnitud que cada vez que veo este tipo de noticias solo se me ocurre fingir una extraña mueca.

Por eso desde hace más de cuatro años no tengo tarjeta de crédito y tengo mis cuentas en una banca alternativa como es Triodos Bank. Y desde hace un año tampoco tengo hipotecas, ni préstamos, ni nada que se le parezca. Entre otras cosas porque la coherencia debe ir implícita a la extraña mueca. Si todos los clientes de estos bancos que han hecho mal su trabajo sacaran sus ahorros y sus cuentas de dichas entidades no habría nada que rescatar. Se cerrarían como hacen todas las empresas que no funcionan. Porque la paradoja me sigue pareciendo increíble: ¿recortar pensiones, educación y sanidad para rescatar a bancos? Me lo expliquen por favor.

El origen del drama


¿Cuales son los orígenes de cualquier drama? Leía hoy en alguna parte un dato interesante: en la crisis del 29 en EEUU se suicidaban los banqueros. En España en 2012, los desahuciados. Se puede decir que los tiempos han cambiado, pero en el fondo, estamos hablando de lo mismo, del fracaso de un sistema, de una forma –aún muy animal- de organizarnos y de cómo el apoyo mutuo, a la larga, será el ideal en contra de la competitividad y la lucha.

Se me entrecoge, como a cualquier ciudadano de bien, el corazón cuando vemos como personas normales deciden terminar con todo ante un desahucio. Lo recordaba esta mañana en un paseo por el monte con un buen amigo con mi propia historia y con la de cientos de personas que, viviendo una vida normal, pueden terminar en la calle en el mejor de los casos. Mi caso podría servir de ejemplo, pero también el caso de miles de personas que no se suicidan y que deciden seguir luchando mientras tengan salud y cierta fuerza interior.
Más de diez años trabajando día y noche, incluso durante mucho tiempo los fines de semana con tal de hacer realidad el sueño de cualquier joven recién licenciado: normalizar una vida, tener una casa, una familia, una vida común. De repente, una serie de acontecimientos desencadenan el desastre.
Y es cierto, debo admitirlo no sin cierto sentimiento de vergüenza, que cuando lo pierdes todo, no solo en el plano material, sino también en el plano afectivo, todo se te derrumba y siempre, en algún momento, la idea del suicidio parece ser la única gran renuncia a la que se podría dar paso. Para muchos es tan solo un sentimiento de desesperación, para otros, la salida a una oscura realidad que se antoja sin futuro alguno.
El tener un soporte interior, a veces ayuda a desalojar de uno mismo estos sentimientos de autodestrucción. El tener una familia o unos excelentes amigos también pueden ser tablas de náufrago a las que agarrarse. Siempre hay algo o alguien que te recuerda la urgencia del vivir, ya sea con pequeños actos de generosidad –una sonrisa, un almuerzo, un abrazo, un paseo- o con esos guiños que la vida a veces te ofrece en momentos difíciles.
Por eso, cuando alguien lo está pasando mal, intento estar alerta –aunque a veces no siempre a la altura- para que ese mal trago pase sin mayores consecuencias. Y creo que los tiempos reclaman que estemos alerta, porque hay personas que están atravesando oscuros puentes de no retorno y oscuras pesadillas con final terrible.
El suicidio de un solo ser por este tipo de cosas es la constatación del fracaso de una sociedad, y de ese fracaso, somos todos responsables.

La valentía de ser empresario sin ser empresario


Hoy comentaba con un buen amigo lo difícil que es crear una empresa sin haber mamado lo esencial para ese tipo de aventuras. He conocido a pioneros que emprendieron sus sueños sin saber lo que era un business plan, una recapitalización, un CEO, un ebipda o algo tan sencillo como una factura proforma. El mundo de la empresa es complejo y hay muchas personas que se preparan a base de IAE o IE o master de empresas o simplemente porque han nacido en un entorno así y lo han “sufrido” de pequeños. El resto, aprendemos a base de ensayo y error, que es lo que nos enseñaban en las tesis doctorales o en las carreras que intentaban crear un marco científico a base de métodos, técnicas e indicadores.

Llevaba semanas reflexionando, tras seis años de aventura empresarial, de cómo reformular mi vida desde otra perspectiva. Una de las primeras cosas que he decidido ha sido trabajar media jornada, es decir, pasar de las dieciséis horas de media a una leve jornada de ocho horas diarias. El resto de tiempo lo voy a dedicar a crear, porque un emprendedor, ante todo, tiene que ser creador, y para eso necesita inspiración, y para eso necesita tiempo. Así que voy a dividir la rentabilidad temporal entre algo de ocio -para despejar mente y cuerpo-, espacios para lo interior –algo importantísimo para un neo-empresario que quiera comprender los retos de este milenio y “ver” hacia donde vamos-, la formación y la autoformación -necesito entender los entresijos del ebook y el epub para poner la empresa al día (parece mentira pero aún no he tenido tiempo de comprar un lector electrónico en estos años), y la tesis doctoral, que a pesar de que tengo amigos que opinan que ya hay muchas tesis doctorales en el mundo, soy de los que opinan que hay mucha ignorancia congénita y que lo ideal sería poder avalar y multiplicar por mil los estudios doctorales y cualquier clase de estudios que hicieran de la masa humana un producto inteligente, independiente, justo, armónico y feliz. Y para todo eso, el conocimiento, sea del tipo que sea, ayuda. Así que hay que estudiar, como disciplina diaria, siempre. Para luego poder compartir, como disciplina diaria, por siempre. (Pobre de aquel que guarda lo que posee en donde se corre el riesgo de perderlo todo).

En fin, creo que el futuro debe dibujarse, tal y como está el patio, en retos empresariales, en personas autónomas que creen su propia empresa, en emprendedores que sean capaces de ver las oportunidades de cambio que esta crisis nos demanda. Creo que es importante que dediquemos tiempo a esta reflexión ya que estamos rozando cuotas exageradas de incertidumbre. Así que todo mi ánimo y aliento para aquellos que estén atravesando una situación difícil pero que sean capaz de darle la vuelta buscando soluciones imaginativas… Palabra de superviviente.

29S ¿Por qué nos manifestamos?


Querido J.,

En contestación a tú pregunta de cuáles son los motivos por los que salimos a la calle a manifestarnos podría decir a vuela pluma lo siguiente:

hay muchos motivos y creo que el motivo de peso, el motivo de fuerza se puede encontrar en el plano subjetivo.

Estamos ante la decadencia del modelo neoliberal.

Estamos en la fase decadente del modelo capitalista (no del capital, que es otra cosa).

Estamos ante la nueva era global, la Era del Saber según la teosofía (internet, comunicaciones, electricidad, ondas de radio, etc…)

En España, estamos ante el final de la españa de la pandereta, los toros, el flamenco, el botijo.

Ante el final del espíritu de la transición, del franquismo, etc…

Estamos ante Europa, construyendo sus cimientos y sacrificando soberanía para conseguir la paz mundial.

La sociedad se manifiesta, ante todo esto, por los siguientes motivos:

No podemos permitir tener cuatro o cinco millones de parados. Hay que buscar fórmulas de empleo.

Para ello hay que terminar con el estado papá, que todo lo subvenciona, y fomentar el autoempleo (sociedad emprendedora).

No podemos permitir que familias enteras sean desahuciadas de su propia casa.

Para ello, hay que cambiar el modelo bancario. Que el Estado se haga cargo de esas casas a cambio de un simbólico alquiler hasta que la situación cambie.

Ni una familia más en la calle por falta de pago.

Hay que fomentar el alquiler de viviendas a un precio asequible.

Si un banco quiebra, quiebra, no podemos salvarlos mientras ocurra todo esto con la friolera de más de 50 mil millones mientras a su vez recortamos en bienestar social.

No podemos seguir comprando helicópteros y tanques de guerra mientras no tenemos para pagar la nómina de los funcionarios.

No podemos vendernos al mejor postor en nombre del trabajo (caso Eurovegas, etc.).

No podemos seguir con una democracia no participativa en pleno siglo XXI donde el ciudadano solo vota una vez cada cuatro años (ver modelo Suizo).

No podemos seguir con un modelo económico agresivo con la naturaleza, basado en la construcción y el crecimiento.

No podemos seguir alimentando a una oligarquía corrupta. Hay que eliminar la política como una profesión y terminar con sus privilegios.

Hay que apostar por un salario mínimo digno y un salario máximo. No puede ser que se esté ayudando a bancos y empresas privadas mientras sus directivos cobren cifras astronómicas.

Ha que apostar por un nuevo marco de convivencia, una nueva constitución adaptada a los nuevos tiempos y un nuevo espíritu territorial.

Hay que quitar duplicidades políticas y territoriales.

Hay que tener una justicia independiente.

Es por esto y por mucho más que tenemos que salir a la calle con el objetivo de crear debate político y presión política para que los gobiernos en particular y la clase política en general tome buena nota de que hay cambios fundamentales que no pueden seguir esperando.

Pero principalmente, y siguiendo con las bases filosóficas del principio, creo que nos estamos manifestando contra nosotros mismos, porque lo que verdaderamente hay que cambiar es al individuo, su estructura, su egoísmo, su despotismo, su vanidad, su ambición desmedida, su intolerancia y su violencia.

Todo esto se me ocurre sin pensar, tendría que hacer una asentada más tranquila, pero creo que hay motivos suficientes para salir a la calle y estar a la altura de las circunstancias.

Un abrazo sentido…

Eurovegas, entre Sodoma y Gomorra


“La descomposición de todo gobierno comienza por la decadencia de los principio sobre los cuales fué fundado”.  (Montesquieu) 

La doble moral de nuestra piel de toro se alegra de que en nombre de la creación de trabajo vayan a montar un club de alterne en Madrid de tamaño incalculable. Me ensonrojo como ciudadano cuando veo la cara de felicidad de los que apuestan por este proyecto. Personas que son capaces de vender su alma al diablo con tal de que empiece el amañado espectáculo de “pase de maletines” cargado de promesas y pingües beneficios para los que metan la mano en la masa.

Que estamos ante una sociedad decadente ya era una noticia que dejó de serlo no hace mucho. La crisis ha destapado lo mejor y lo peor de nosotros, pero sobre todo, destapa como no somos capaces de mantener nuestro orgullo y nuestra dignidad, y sí capaces de vender nuestra nobleza al mejor postor.

Pasé por las Vegas en el verano del 2006. Sólo soporté estar en esa ciudad unas horas. Ni siquiera quise pararme a dormir. La decadencia de nuestra sociedad y lo más patético de nuestro derroche y decoro allí estaban condensados en grado máximo.

Por eso me cuesta creer que hayamos sido engañados por el pan para hoy y el hambre moral de una nación entera para mañana. España se convertirá, de nuevo, en el hazmerreir de Europa.

Vendernos por un plato de lentejas a la decadencia es vergonzoso ya no sólo para nuestra generación, sino para las generaciones futuras que verán con horror como convertimos en miseria la poca dignidad que nos quedaba en los malos tiempos.

Hoy me avergüenzo un poco más de ser español, y el día que pongan el último ladrillo de ese macroproyecto será el día que me marche de una Madrid decadente. Comienza pues la cuenta atrás.

Algunas reflexiones sobre la deuda y su prima


En siglos pasados, los problemas de deuda se terminaban a base de guerras. El caso de los Templarios fue quizás la primera intervención de un “estado” que no podía seguir pagando intereses por su deuda a unos “banqueros”-monje-guerrilleros que terminaron en la hoguera…

Ahora, ¿cual es la solución para terminar con este círculo vicioso de la deuda? Le preguntaba al amigo J. hoy mismo… ¿O la solución es estar dependiendo de la deuda de por vida, heredando nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos todo este desaguisado? Es un tema que como el nacionalismo, intento resolver en mi interior… Y J. me ayudaba en la reflexión que yo mismo hacía en voz alta. (Más abajo su respuesta).

En mi caso particular, lo que estoy haciendo es reducir todo tipo de gastos y no entrar en mas gastos (es decir, los famosos recortes del gobierno). Pero lo que sí tengo claro es que no pido más deuda para pagar la deuda, sino que intento trabajar más, comer menos y disfrutar menos hasta que consiga terminar con mi propia sangría. ¿Qué hacen los gobiernos en ese sentido?

Sí, me he quedado sin casa, he tenido que reestructurar toda mi vida y conduzco un coche híbrido con más de quinientos mil kilómetros sin posibilidad de cambio. No tengo móvil e intento reinventar mi negocio ya que mis distribuidores, la mitad quebrados y la otra mitad sin pagar desde casi un año asfixian la ya de por sí asfixiante situación. ¿Qué se hace en estos casos de pura supervivencia? Sobre todo revisar nuestros valores, nuestras conductas, nuestras formas de vivir, y lo más importante, nuestros hábitos.

Nunca he cobrado una prestación social, ni recibido una beca. Cuando me quedaba en el paro, me iba a la calle y me tiraba las veinticuatro horas buscando trabajo, aunque fuera de telepizzero o repartidor de propaganda o lo que fuera. Cuando no había nada de trabajo, entonces inventaba mi propio puesto de trabajo, ya fuera pintando muñequitos o vendiendo libros. Nunca había tiempo para la queja, que es la madre de todas las desgracias.

Así que me pregunto qué más hace el gobierno aparte de seguir apoyando a los bancos, que son los que desahucian a las personas que se han quedado sin trabajo. Porque esta es para la sociedad la paradoja. Rescatan bancos y no personas… ¿Y quién nos rescata a nosotros mismos? La supervivencia, la pura y dura supervivencia que se apoya en estos momentos y más que nunca en la cooperación y el apoyo mutuo entre nosotros. Pero J. tiene más respuestas que con su permiso y el vuestro comparto:

 

En mi opinión lo que está haciendo Europa liderada por Alemania-Francia y el BCE tiene sentido:

  • Por un lado, los paises del norte están mejor gestionados y son más productivos.
  • Por otro, tienen menor corrupción pública y privada (no debemos olvidar esta última, muy alta en España en “pequeñas” cosas que multiplicadas por millones suman millones.
  • Finalmente, asignan mejor los recursos; (1) no hacen obras sin sentido tipo Ave Albacete-Cuenca con 19 pasajeros; (2) no construyen un parque de viviendas acojonante tipo Seseña que luego se quedan vacías…

Creo que la medicina es adecuada:

  1. Solidaridad entre países, pero dentro de un orden para que no haya cachondeo (el ejemplo es loq ue está pasando ahora mismo en la UE).
  2. Reducir el coste de las administraciones para que el ratio funcionario/habitante sea como el de los países más eficientes (Alemania).
  3. Una visión del mundo económico menos especuladora, en el sentido de que las cosas requieren su tiempo. La reforma bancaria en Europa va en línea de hacer entidades más seguras, lo mismo que las exigencias a las aerolíneas de que paguen derechos de emisión de CO2.
  4. Una visión del gasto más austera, eliminando inversiones no necesarias.
  5. Idem como opción particular, eliminando como bien dice DK en el capitulo sobre el dinero de “Sirviendo a la humanidad” tantos gastos superfluos en diversión, tabaco, alcohol, caprichos, “disneylandias” (con todo lo que esto implica)…
  6. Una visión si quieres más holística de la vida, también como opción particular

Creo que es esto lo que se está empezando a sembrar.

 

Mercados, inversores, bolsa y ludópatas


“Ciertamente, no se puede valorar como feliz y próspera una sociedad donde la mayoría de sus miembros están reducidos a la pobreza y la miseria. Lo justo, no obstante, exige que aquellos que alimentan, visten y dan hogar a todo el cuerpo de la nación, tengan, en el producto de su propio trabajo, una parte suficiente para poder alimentarse, vestirse y encontrar vivienda por sí mismos”. (Adam Smith)

Los mercados son necesarios. Desde la más remota antigüedad, siempre han existido esos lugares comunes donde unos y otros intercambiaban los productos y servicios producidos con su esfuerzo y trabajo.

Desde que nos regimos por el modelo capitalista, los inversores han sido necesarios para incentivar proyectos que necesitaban un empujón para poder asentar las bases de la llamada economía real o economía productiva.

Estas inversiones no tienen nada que ver con las realizadas en las llamadas economías especulativas o financieras.

La economía especulativa es ganar dinero sobre cosas que aún no existen o no se han producido. A esto se le llama mercados de futuros. Es decir, comprar algo que vendemos más tarde porque pensamos que en poco tiempo va a valer más. El especular con cuanto subirán o bajarán productos financieros se le denomina derivados financieros.

Uno de los problemas de esta crisis es la de poder analizar el hecho que propicia a la economía especulativa a generar diez veces más dinero que la economía real. Es decir, generan dinero única y exclusivamente especulando sobre las personas que producimos bienes y servicios.

Las Bolsas de Valores son entidades privadas que permiten y facilitan que todo este mercado pueda actuar, y por lo tanto, la especulación pueda ser en cierta manera “ordenada”, “regulada” y descrita.

Aquí está la gran paradoja de nuestra sociedad: el lucro, la usura y la avaricia de los mercados especulativos dominan el panorama de la economía real, de los Estados y de las sociedades desarrolladas en su conjunto. Es decir, unas personas que se dedican a especular sobre cosas que no existen (aunque lo hagan a partir de cosas existentes) dominan el panorama mundial de nuestra economía. O dicho de otra forma, es como si un puñado de ludópatas jugaran y apostaran en un gran casino todo nuestros recursos reales.

Muchos consideran que llamar ludópatas a estos especuladores es algo exagerado, pero veamos que entiende la psicología como ludópata. Para que alguien pueda ser considerado mediante diagnóstico como ludópata, se debe cumplir al menos cinco de los siguientes síntomas: 1. Preocupación. Tanto los mercados como los estados lo están. 2. Tolerancia. Como en el caso de la tolerancia a las drogas, el sujeto requiere riesgos mayores para experimentar la misma emoción. 3. Abstinencia. Inquietud o irritabilidad asociada con los intentos de dejar o reducir el juego. 4. Evasión. El sujeto juega para mejorar su estado de ánimo o evadirse de los problemas (la prima de riesgo y los mercados sirven como excusa para no afrontar la realidad económica). 5. Revancha. El sujeto intenta recuperar las pérdidas del juego con más juego (más deuda soberana). 6. Mentiras. El sujeto intenta ocultar las cantidades destinadas al juego mintiendo a familia, amigos o terapeutas (justamente lo que está haciendo el gobierno y los mercados). 7. Pérdida del control. La persona ha intentado sin éxito reducir el juego. Como estamos viendo en estos momentos, los mercados y los Estados están perdiendo el control de la situación. 8. Actos ilegales. La persona ha violado la ley para obtener dinero para el juego o recuperar las pérdidas (amnistía fiscal, por ejemplo). 9. Arriesgar relaciones significativas. La persona continúa jugando a pesar de que ello suponga arriesgar o perder una relación, empleo u otra oportunidad significativa (el Estado permite los desahucios, ayudando sin embargo a la banca). 10. Recursos ajenos. La persona recurre a la familia, amigos o a terceros para obtener asistencia financiera como consecuencia del juego (los mercados, letras del tesoro, etc.)

En la selva, los fuertes avasallan a los débiles. Es lo que ocurre en los mercados financieros. En el reino humano, los fuertes ayudan a los débiles. Es lo que debería ocurrir y no está ocurriendo en los Estados desarrollados. ¿A quién debe rendir cuenta los Estados? ¿A la selva o al reino humano?

Conclusión: estamos en manos de unos ludópatas especuladores que están fijando el designio de nuestras sociedades desarrolladas.