La difícil tarea de crear sueños


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Es evidente que todo tiene un precio y el viejo proverbio castellano de que lo barato sale caro es bien cierto. Al menos eso es lo que siento cuando, brocha en mano y escalera en pie, me subo a pintar y pintar paredes sucias, de un rojo desgastado por los vicios que antaño albergaba el lugar, y siento como la espalda se queja, mitad de agotamiento y mitad de esa genética que a veces no ayuda. Pero soy tozudo, a veces insensatamente tozudo, y no me gusta dejar las cosas a medias, no importa la hora que sea o la intensidad del dolor o la complejidad del sueño.

En el fondo, a pesar del agotamiento y el cansancio hay cierto ánimo de satisfacción. Hace años aprendí que muchos empresarios hacían su milla de oro de mil maneras. Recuerdo que alguien me decía que cuando hacía un negocio iba al banco o buscaba inversores, pedía el dinero necesario con un margen razonable para poder subsistir uno o dos años y luego, si el negocio iba bien o mal ya eran cosas del azar. Si iba bien siempre podía venderlo y sacar su plusvalía y si iba mal, los que perdían eran en todo caso los inversores o el banco.

Si fuera uno de esos empresarios a la antigua usanza seguramente antes de emprender la tarea de abrir una nueva línea de negocio, por ejemplo la nueva librería Dharana o el sello de “coedición” Phylira en el que ya llevamos unos meses trabajando y que estará muy pronto en funcionamiento, seguramente hubiera realizado un hermoso business plan cargado de optimismo y números mareantes y hubiera buscado inversores a quién venderles la idea para que ayudaran en el mismo. Haciendo cuentas, quizás hubiera necesitado para ambos proyectos algo más de sesenta mil euros sin contar sueldos y salarios para los próximos uno o dos años. Pero las experiencias pasadas y los tiempos que corren me hacen pensar y actuar de forma diferente.

Sólo de pensar en esta idea se me revuelve algo por dentro. Quizás sea porque hace ya algunos años intenté inculcar en mi vida las virtudes que Benjamin Franklin nos dejó, especialmente la quinta que habla sobre la austeridad: “sólo gasta en aquello que te beneficie a ti o a otros. No malgastes el dinero”. De ahí que en aquella revelación de aquel tiempo decidía quitarme todas las tarjetas de crédito, todos los préstamos y todas las deudas contraídas en los tiempos de bonanza y practicar en medida a veces extrema la austeridad, al menos hasta poder estar limpio de deudas. Si me permitís el autopiropo, quizás pueda presumir de ser un empresario atípico que viaja sin tarjeta de crédito, que duerme en el coche en vez de en lujosos hoteles a cargo de la empresa y que emprende nuevas aventuras empresariales sin créditos, sólo con las plusvalías que el propio negocio reporta.

Por eso estos días he preferido contar con la inestimable ayuda del gitano Jesús para que me ayudara a limpiar el local o la del simpático y trabajador rumano Illie para que me ayudara con la fontanería. Lo demás, brocha en mano, sin business plan, con terrible dolor de espalda pero con optimismo y alegría interior a prueba de bombas, lo hacemos nosotros, dándolo todo hasta que veamos el fruto del trabajo duro.

Cuento esto porque el otro día alguien se quejaba de que tenía cincuenta años, de que no encontraba trabajo y de que le resultaba difícil pensar en qué hacer. Quizás si pensamos con la mentalidad de antaño, de buscar una línea de negocio basado en un business plan meticuloso inflado hasta la médula para salvar una situación cualquiera a base de crédito la cosa no funcione. Algo que antiguamente pudiera costar sesenta mil euros quizás con un poco de imaginación, coraje y brocha en mano no llegue a los dos mil euros (670 euros es lo que llevamos gastados en la reforma del local y ya lo tenemos casi listo a la espera de los últimos remates y la compra de estanterías ikeanianas). Lo demás, ya lo sabemos por experiencia, hay que echarle mucha imaginación, mucha paciencia y sobre todo dejar que el tiempo juegue su papel preciso para que podamos cosechar en la correcta estación los frutos de lo ahora sembrado. Crear sueños es una difícil tarea, pero está dentro de los mundos posibles. Y lo que apasiona de este pequeño sueño es que forma parte de uno mayor que, además, pretende beneficiar a todos.

Pd.- Os dejo las trece virtudes practicadas por Benjamín Franklin por si os sirve de inspiración:

1. Templanza. “No comas hasta el hastío, no bebas hasta emborracharte”.

2. Silencio. “No hables si lo que dices no beneficia a otros o a ti mismo. Evita conversaciones triviales”.

3. Orden. “Permite que cada cosa tenga el lugar que le corresponde y que cada asunto cumpla su momento”.

4. Determinación. “Decídete a realizar lo que deberías hacer y realiza sin fallas aquello que decidiste”.

5. Austeridad. “Sólo gasta en aquello que te beneficie a ti o a otros. No malgastes el dinero”.

6. Diligencia. “No pierdas el tiempo, úsalo siempre en algo útil. Evita toda acción innecesaria”.

7. Sinceridad. “No recurras a engaños lastimosos. Piensa justa e inocentemente, si hablas, hazlo acordemente”.

8. Justicia. “No injuries a otros, no omitas los beneficios que resulten de ejercer tu deber”.

9. Moderación. “Evita los extremos, no permitas que las injurias te produzcan más resentimiento del que merecen”.

10. Limpieza. “No toleres suciedad en tu cuerpo, ropa o habitación”.

11. Tranquilidad. “No te molestes por nimiedades, o por accidentes comunes o inevitables”.

12. Castidad. “Utiliza el sexo por salud o procreación, nunca hasta el hastío, por debilidad, o hasta injuriar tu paz y la de otros, o bien tu reputación o la ajena”.

13. Humildad. “Imita a Jesús y a Sócrates”.

Emprendimiento: una carrera de peligros y obstáculos


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La distancia en tiempo de Madrid a Asturias es muy relativa. Si vas por autopista de peaje puedes rascar algunos minutos ya que evitas los puertos de Pajares y Navacerrada. Ayer, como llegaba muy justo a la presentación que teníamos en Gijón pagué los peajes que sumando los dos llegaban a veinticinco euros por trayecto. Si haces un viaje de ida y vuelta, como fue el caso, suman más de cincuenta euros sólo en peajes, o lo que es lo mismo, los asturianos están separados y aislados de Madrid de forma encubierta e injusta, a no ser que decidan pagar el sobrecoste de trasladarse a Madrid o bucear por las entrañas de los terribles y peligrosos puertos de montaña.

Al llegar a Gijón saqué un par de cajas de libros en el Ateneo y los expuse, como de costumbre, para su venta. A los diez minutos, el amable conserje me pidió que no lo hiciera ya que en los lugares públicos no se permitía la venta de libros. Me quedé un poco estupefacto. “Si quieres puedes venderlos en la calle, pero no dentro del recinto. Comprende que si te dejo hacerlo me juego mi puesto de trabajo”. Fuera en la calle hubiera sido un buen lugar de venta a no ser porque estaba lloviendo a mares. Así que cogí de nuevo las cajas, las llevé al coche y me volví a Madrid.

Cinco horas de ida y otras cinco de vuelta para diez minutos que sólo sirvieron para reforzar mi temple y mi paciencia, además de para reflexionar sobre cómo está montado nuestro sistema público. En eso pensaba a la vuelta, donde evité los peajes y me adentré, con lluvia y espesa niebla, por sendos peligrosos puertos de montaña.

La reflexión era sencilla. Nos pasamos toda la vida pagando impuestos. Impuestos en la comida, impuestos en la vivienda, impuestos en la gasolina, en lo que vestimos, en el trabajo donde nos quitan una buena cantidad de nuestro sueldo entre IRPF y Seguridad Social. Impuestos, impuestos y más impuestos que luego administran cuatro familias a su antojo y que se reparten en favores a compañías eléctricas donde luego trabajarán ellos o los suyos, en bancos y en concesionarias de autopistas donde vuelan los maletines y los favores y donde, véase lo ocurrido en Madrid, si no son rentables son rescatadas con nuestros impuestos, como ha ocurrido con los bancos y ocurre con las eléctricas.

Y el ciudadano de a pie, el que desea labrarse un futuro digno aunque a veces sea a base de miserables condiciones, se le trata de forma déspota: “venda los libros en la calle”, porque lo público, aunque lo hayamos pagado todos, sólo lo pueden usar unos pocos.

¿Cómo se va a reactivar una economía donde para ser emprendedor, autónomo o empresario todo son trabas, obstáculos, peligros, impuestos y dificultades de todo tipo? ¿Cómo un joven de unos veinte años va a emprender un negocio si para hacerlo tiene que hacer primero un master en Hacienda Pública y un postgrado en impuestos? O eso, o pagar un gestor para que le tramite los cientos de documentos necesarios mensualmente para poder llevar a cabo cualquier tipo de actividad económica y a un notario para que de fe de que todo es legal y…

Y luego las regiones que quedan aisladas del resto de España por esos abusivos peajes. Mucha gente preferirá comprar una segunda residencia en el sur, donde no hay peajes que en el norte, donde sí los hay. O preferirá pasar el fin de semana en un lugar donde no tenga que pagar el doble por utilizar una carretera. ¿Y qué ocurre con los profesionales del transporte, que por ahorrarse algún dinero arriesgan sus vidas en peligrosos puertos de montaña? En fin, un desastre que intenté suplir a base de música de Enya y de reflexiones sobre aquellas soluciones que podrían mejorar nuestra sociedad en su conjunto.

(Foto: © José Fangueiro)

La crisis nos ha espiritualizado


crisis 

“Aunque se conquistaran miles de millones de hombres en el campo de batalla, aun así, el más noble conquistador es aquél que se conquista a sí mismo” (Dhammapada).

Ya son muchos años de crisis y algunas cosas hemos aprendido de ella. Especialmente todo lo referente al desapego de las cosas. Hemos aprendido que son más importantes las experiencias que la continua posesión de objetos. Algunos irremediablemente porque lo hemos perdido todo. Otros porque hemos preferido intercambiar felicidad con el oprimido, o generosidad, o apoyo o cooperación. Hay muchos que han apostado por ayudar en vez de conservar. Esa ha sido una gran lección comunitaria que nos ha hecho más sensibles hacia los problemas de los otros y más humanos ante los retos que han ido llegando.

La solidaridad se ha multiplicado y el sentido de impermanencia, de saber que nada es para siempre, nos ha alineado en una fraternidad hermosa. Todas nuestras acciones se han vuelto más desinteresadas y hemos sabido calibrar la forma de inclinar nuestra balanza personal lejos del egoísmo de los tiempos de bonanza.

Hay mucha gente que está despertando a un nuevo propósito, a una nueva forma de encarar la vida, a una visión más generosa de la existencia. Los que tienen se han comprometido en compartir cuanto pueden, y los que han perdido todo, han puesto su mirada en un nuevo estilo de vida más sano, más puro, más limpio y más sencillo.

También nos hemos vuelto más sensibles a lo que en budismo se llama samatha (calma) y vipassana (visión cabal). De alguna forma nos hemos vuelto más serenos, más tranquilos a la hora de afrontar grandes problemas y difíciles circunstancias, al mismo tiempo que hemos desarrollado una visión cabal de las cosas, sin grandes exageraciones y con mucho sentido común. En cierta forma, esta crisis nos ha vuelto más receptivos y más espirituales. Es como si hubiéramos estado practicando obligatoriamente todas las meditaciones y preceptos budistas. Hemos pasado por la Anapana, es decir, de la distracción a la concentración. También por la Metta Bhavana, del odio, la nostalgia y la sensiblería al amor. Por la Mudita Bhavana, que es pasar del rencor y la envidia a la alegría. También hemos practicado sin saberlo la Upekkha Bhavana, que es desprendernos de la indiferencia y la neutralidad apática para desarrollar la ecuanimidad. Y también hemos contemplando la impermanencia, la Anicca, pasando del deseo incontrolado a la paz interior y la libertad. Y la Salayatana, que es renunciar a la vanidad para abrazar la claridad respecto a la naturaleza del ser. Y por último, hemos interiorizado la Pratitya-samutpada, desterrando la ignorancia para centrarnos en la sabiduría y la compasión.

Por eso esta crisis está contrarrestando el egoísmo materialista de años pasados para volvernos más humanos, más fértiles al espíritu y más ordenados en cuanto a las cosas interiores. Del individualismo utilitario estamos pasando al comunitarismo ecológico y cooperativista, buscando en el bien propio y común la mejor forma de convivir en sociedad. Bendita crisis si tantas cosas nos ha dado.

Misterios de la Economía Española (sólo para españoles)


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01.- No hay trabajo suficiente, pero debemos trabajar hasta los 70 años
y los fines de semana.

02.- Combatimos el fraude fiscal amnistiando a los defraudadores.

03.- ¿El consumo se desploma? Bajamos los sueldos y subimos los impuestos.

04.- Teníamos 4 millones de parados y aprobamos una Reforma Laboral para
facilitar los EREs y los despidos. Ahora tenemos casi 6 millones.

05.- El modelo de la construcción se va a la mierda y recortamos el 50% en I+D.

06.- Subimos el IVA y el IRPF pero las SICAV siguen intactas. El capital se fuga a niveles nunca vistos.

07.- Recortamos en sanidad y educación, pero si hablas de tocar coches oficiales o
dietas te acusan de demagogia.

08.- Ponemos en la calle a miles de científicos y nos peleamos por
Euro Vegas.

09.- El problema es el déficit y nos endeudamos con 100.000 millones para salvar a los bancos para que sigan desahuciando.

10.- Las CCAA piden rescate al Estado, que pide rescate a la UE y nos endeudamos para pagar la deuda.

Democracia feudal o la dictadura disfrazada: hacia la rebeldía que viene


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Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión.” Hegel.

En España no hay democracia, existe una oligarquía de partidos heredada de una dictadura. Existe también una monarquía cuya herencia genética fue el franquismo y cuyo sucesor se alzó como abanderado de una idea que disfrazaron de democracia pero cuya esencia es la dictadura oligárquica de los partidos del poder. Esto es corrupción de Estado. Pagamos y subvencionamos con nuestros impuestos los partidos y sindicatos. Es decir, pagamos nuestra entretejida corrupción, nuestra propia dictadura alimentada por el servilismo y el chantaje de un mundo subvencionado en un Estado clientelar.

Cuando había café para todos, dejábamos hacer. El famoso laissez faire, laissez passer de los franceses. Pero ahora que todo es provisional, incluso nuestros trabajos y nuestras casas, no queremos seguir dejando hacer y menos aún dejando que pase.

Por eso esta crisis, esta bendita crisis, está destapando la mentira y la dictadura encubierta. Por eso esta crisis debe seguir. Por eso esta crisis debe perpetuarse hasta que consigamos derrotar a la dictadura y consigamos una relación de justicia entre todos, sin privilegios, sin oligarquías políticas o económicas donde unos se cuiden a otros (los políticos protegen a la economía que luego les recolocará en suculentos puestos de “asesores”, por ejemplo).

Por eso gracias bendita crisis. Gracias por destapar la corruptela, y de paso, la dictadura encubierta. Gracias por hacer que el pueblo despierte y se levante. Gracias por hacernos pensar en rebeldía. Gracias por hacernos ver los egoísmos patrióticos y nacionalistas, y despejar la duda sobre el apoyo mutuo y la cooperación de todos los ciudadanos iguales. Gracias por hacernos ver nuestra sombra, nuestro egoísmo individual, el cual corregimos con auténticos actos heroicos, con auténtica generosidad hacia el otro y lo otro.

Gracias por levantarnos de nuestra lujosa normalidad y sacarnos a la calle, en verano e invierno, con calor y frío. Gracias por despertarnos al futuro, a lo que ha de llegar, a lo que ha de regenerarnos como sociedad e individuos despiertos. Gracias por acercarnos a la lucidez y empujarnos al suicidio como muestra de rebeldía existencial. Gracias por la insumisión y la desobediencia, gracias por expulsarnos de la docilidad y el asentamiento.

Ahora sabemos donde estamos y a donde queremos ir, y nada ni nadie podrá parar el cambio. Por eso, que la crisis dure mucho. Hasta que todos nos levantemos en rebeldía.

Deuda pública: estamos en un lío serio


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Según los últimos datos, 882.300 millones de euros es la deuda pública acumulada, batiendo todos los datos históricos y acercándonos, de seguir así, a la época de la pérdida de las colonias y la guerra con USA.

Si hacemos memoria reciente, el Gobierno pidió en 2012 casi 40.000 millones a sus socios europeos para inyectar dinero a la banca, a los que habría que sumar los 110.000 millones de años anteriores. Total: 150.000 millones de euros para los bancos.

A todo esto hay que sumarle la recesión en la que estamos y una economía con seis millones de parados.

Además, debemos sumar a estas jugosas cifras lo que todos los españoles deberemos dedicar para pagar exclusivamente los intereses de la deuda: 38.660 millones de euros es lo que recogen para este año los Presupuestos Generales del Estado (PGE), un 33% más que lo presupuestado para el año pasado.

¿Qué hacemos? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué debemos hacer? En la Edad Media, los reyes endeudados eliminaban a sus acreedores, como en el caso de la Orden del Temple. En 1920 los banqueros se suicidaban. También se inventaron algunas guerras para salir del atolladero financiero, como la primera y la segunda guerra mundial. ¿Qué vamos a inventar ahora? ¿Seguimos engordando la bola hasta cuando o hasta dónde? ¿Seguimos subiendo los impuestos y el IVA y recortando en pensiones y en sanidad y en educación para seguir inyectando mientras tanto dinero a la banca? ¿Cuál es la solución social y global a este problema, que en tiempos pasado era caldo de cultivo para que estallara una guerra o una revolución? ¿Estamos ante el estallido del Estado del Bienestar o ante el estallido del modelo capitalista? Ahora mismo solo tengo interrogantes con difíciles respuestas, porque la respuesta es tan compleja que necesitará de algo más que un post.

Bankia: la mentira articulada


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Primero nos llevamos las manos a la cabeza cuando nos dijeron que Bankia costaría la friolera de siete mil millones de euros de dinero público mantenerla a flote. ¿Recordáis esa cifra? Ese dinero es mucho más que el presupuesto de Sanidad y Educación juntos y a todos nos pareció escandaloso.

En la misma semana en que recortaban las pensiones de nuestros mayores, se decía que tan solo Bankia necesitaría más de veinte mil millones de dinero público para ser rescatada. ¿No eran siete mil? ¿A qué se debe este increíble cambio? ¿Es todo una trampa, un engaño? ¿A quién beneficia todo esto? ¿Para qué es ese dinero, todo ese dinero?

En el diario El Aguijón podemos leer este titular: “El gobierno oculta que el rescate de Bankia costará entre 50 y 60.000 millones de euros”.

Seguramente estamos siendo testigos de uno de los disparates más increíbles de nuestra historia reciente. Y siempre me pregunto lo mismo: ¿por qué?

Y entonces es cuando me retuerzo de dolor ante tal disparate. Porque colaboramos con un Estado injusto, regido por unos impostores que están desmantelando aquello que tanto nos ha costado construir generación tras generación para satisfacer las interminables demandas de un mundo financiero que rige los designios de nuestra Europa.

Y mientras me retuerzo me pregunto: ¿qué puedo hacer? Y me respondo: de momento crear la consciencia de que debemos retirar nuestro dinero de dichos bancos y llevarlos a bancos de calado ético, como Triodos Bank o similar. Segundo, dejar de pagar impuestos mediante la insumisión fiscal, cosa que hago desde hace más de un año a modo particular, no por egoísmo o insolidaridad, sino por rebeldía. Tercero, no disponer de ningún crédito, ni hipoteca ni nada que se le parezca.

Estas son las únicas medidas que se me ocurren a nivel particular, de forma práctica, para no ser partícipe de este macabro y surrealista juego. ¿Quieren salvar a Bankia a costa de nuestros ahorros, de nuestros impuestos, de nuestra sanidad, de nuestra cultura y de nuestar educación? Pues que conmigo no cuenten… ¡¡¡insumisión!!!

Pd.. No quiero tocar aquí el tema de la deuda pública, otra tomadura de pelo igual de espantosa (el Banco Central Europeo ofreciendo créditos a los bancos al uno por ciento para que compren deuda a los estados al seis por ciento) porque me parece todo tan escandaloso y vergonzoso que por más vueltas que le doy no salgo de mi asombro…