La economía del don, un ejemplo de economía colaborativa en tiempos de crisis


Era costumbre que los juglares y trovadores medievales fueran por los pueblos y aldeas regalando música e historias bajo la economía del don

 

En O Couso llevamos siete años poniendo en valor la economía del don. Las personas que necesitan vivir una experiencia diferente, inspiradora, tengan o no tengan recursos, pueden acercarse hasta este lugar y volver a sus casas con una experiencia transformadora. En estos tiempos de ingeniosa aventura, estamos haciendo lo mismo desde la editorial. Al tomar la decisión de distribuir nosotros nuestros propios libros, y viendo las dificultades que está atravesando el sector, estamos haciendo pequeños lotes de libros, valorados en mil euros, y se los estamos regalando a las librerías con el fin de poder echarles una mano y de paso fidelizarlas como futuros clientes.

Los libros en los almacenes no hacen nada. Es como una energía que está muerta. Por eso tomamos la decisión de darles movimiento y actividad con la idea de que pudieran ayudar a otros. Las librerías son las que más están padeciendo esta crisis. Si la gente tiene que elegir entre alimentar el cuerpo o el alma, eligen siempre lo primero. Así que toca ayudarnos unos a otros con formas ingeniosas y nuevas. Somos conscientes de que nunca recuperaremos ese dinero, pero también somos conscientes de que de alguna forma hemos estado ayudando a otros en momentos difíciles.

Es cierto que la economía del don aún es muy desconocida y poco valorada. Hasta hace poco, los diarios de prensa nacional se regían por la misma. Nos informaban gratis y buscaban fórmulas alternativas para financiar su negocio. Grandes empresas como Google o Facebook han tenido gran éxito gracias a la economía del don. Sus servicios de búsqueda o de redes sociales siempre han sido gratuitos para el usuario final, buscando fórmulas de financiación basadas en la publicidad. Otro gran ejemplo de economía colaborativa ha sido Wikipedia. La educación o la seguridad social en los países desarrollados también son ejemplos de economía del don.

Lo que esta economía está poniendo de relieve es una nueva forma de relacionarnos. No desde el egoísmo o la competitividad, sino desde la generosidad y el compartir. El apoyo mutuo y la cooperación entre seres y sociedades es lo que hace que a largo término se prospere. En el proyecto O Couso ha sido relevante ver como el lugar ha prosperado, lentamente por situarse alejado del sistema de oferta y demanda, gracias a la generosidad recíproca del lugar con sus visitantes y de sus visitantes hacia el lugar. Era un compartir a ciegas donde todos hemos ganado.

La intención de la economía del don, en su fundamento más básico, no es que unos pocos se hagan ricos a costa de muchos pobres, sino de que todos ganemos y todos disfrutemos de la riqueza del compartir. Al final, la vida no se mide por la acumulación de cosas materiales, aunque aún hay mucha gente que vive en esa ilusión. La vida se mide por la generosidad que unos han generado sobre otros, y de cómo dicha generosidad ha creado vínculos indestructibles entre las personas. Poner en valor la generosidad, es una forma de ahondar en la abundancia del compartir. Es cierto que lo que se siembra son intangibles. Pero como decía, los intangibles es lo que llena de vida nuestra existencia. ¿Qué sería del ser humano sin esos intangibles como son el arte, la música, la lectura, el amor, la poesía, la sonrisa, la alegría o la belleza?

Esta crisis que estamos sufriendo pondrá en valor esas cosas que no requieren competitividad, sino que se ofrecerán gustosamente por el solo hecho de saberlas gratuitas. La economía del don, la economía del regalo, termina ofreciendo en nuestro haber un mundo lleno de riquezas que sí podremos llevarnos a ese lugar donde todo parece terminar, pero que no es más que un instante hacia un nuevo comienzo. Ayudar al otro en tiempos de crisis es el mayor gesto que podemos hacer hacia nosotros mismos y hacia el servicio desinteresado a la sociedad y humanidad que tanto nos ha dado.

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¿Salud o trabajo? Una gran cuestión para nuestros días…


José Fontanella, el dueño de ‘El Bodegón Azoque’ consuela a uno de sus compañeros. Tiempos difíciles para todos…

 

«Corta la duda ignorante en tu corazón con la espada del auto conocimiento. Observa tu disciplina. Levántate». Bhagavad Gita

Estamos viviendo este dilema con gran preocupación y existe un gran debate social y político. Algunos piensan que hay que proteger la salud, otros que hay que proteger la economía. Si no hay salud no hay economía, pero si no hay economía, a veces tampoco hay salud. Es una gran paradoja. Siento que, en estos momentos, sea lo que sea lo que esté pasando, no deberíamos, política ni socialmente hablando, ahondar en las divisiones. El caos en el que vivimos no es gratuito, y debemos razonar que solo saldremos del mismo si estamos unidos. Caer en la desconfianza, en la descalificación, en la apresura, no ayuda nada.

Personalmente, y perdonad que personalice, por si sirve de algo, creo tener claras las prioridades. Algo aprendí de la crisis del 2008. Allí no había un problema de salud pública, pero admito que de alguna manera enfermé, junto a mucha más gente, cuando lo perdí todo, ahorros de una década y casa incluida. Hace dos años, por una crisis personal, también perdí ambas cosas, toda la economía y toda mi salud. Esas experiencias me hacen pensar en las prioridades actuales y en la posibilidad de que vivimos tiempos cíclicos de pérdidas y ganancias, ciclos que los economistas conocen y describen. Es como si la economía respirara, inhalara y exhalara, creando momentos de caos y momentos de orden, momentos de bonanza y momentos de quebranto. Por tercera vez en pocos años, de nuevo una crisis, de nuevo una exhalación caótica. ¿Cuál es entonces el aprendizaje?

Como casi la mayoría de autónomos, he dejado de ingresar dinero. Cada día es un cuentagotas que administro con cierta angustia y diligencia en un sector totalmente en quiebra. No lo comparto como queja, sino como mesura y observación. La mayoría de autónomos y empresarios están pasando por un momento parecido, difícil, complejo, muy complejo. A su vez, esta situación está lastrando a todos aquellos que dependen o dependían de ellos. Pero conozco la trampa de la depresión y la enfermedad y prefiero al menos proteger la salud. En la pobreza o en la riqueza, si tienes salud, de alguna forma tienes autocontrol, disciplina y fortaleza para afrontar los retos de la vida. Si pierdes la salud, ya sea por Covid o por depresión o por lo que sea, todo se debilita. El amor ayuda, mucho, cuando en momentos de dificultad todo se derrumba y tienes a alguien que te acompaña. Pero para los que no tienen la compañía de una familia, de una pareja, o de quien sea, para todos aquellos que se encuentran en la más absoluta soledad en estos momentos angustiosos, solo les pido que sean fuertes y que protejan su salud, física, vital, emocional, mental y social.

Entre otras cosas, he descubierto lo sanador que es pasear tres veces al día con Geo… lo tengo como disciplina para no caer en la depresión y luchar con fuerza ante la tremenda adversidad. El cariño de un animal es irremplazable. Los paseos acompañados de alguna corta carrera reactivan el sistema inmunológico y de alguna forma eso crea cierta protección ante los virus. La complicidad silenciosa de un amigo peludo activa de alguna manera la emoción y el cariño. A falta de pan, buenas son tortas. No digo que sea un sistema suficiente y perfecto, ni ningún tipo de panacea, pero todo ayuda. Estas semanas que son un castillo de naipes de malas noticias una tras otras, intento gobernarlas desde cierto control que nace de la fortaleza de tener buena salud. No perder el control sobre uno mismo es no perder el control de nuestras vidas.

Por eso me atrevo a decir que por mi parte la elección está totalmente clara. Primero salud, y luego fuerza para luchar contras las desavenencias económicas y psicológicas que esta crisis conlleva. Cuando aparecen los mil problemas, esos que parecen que cada día se agrandan más, intento situarme en otro lugar. El otro día llamé a ese lugar la nube de las cosas cognoscibles. No importa el nombre que se le quiera dar. Unos podrán encontrar consuelo en algún Dios, en alguna idea mística o celestial o simplemente, en algún alto ideal. Lo importante es tener cierta disciplina para agarrarse a un lugar que nos mantenga psicológicamente a salvo, en paz, en calma. Esto debe venir acompañado de cierta disciplina física, sin necesidad de que sea algo excesivo. Los paseos son sanadores y mantienen nuestro cuerpo etérico vivo y en movimiento. La energía debe moverse, los pensamientos deben renovarse, las emociones deben ser trascendidas para no caer en la trampa del fastidio y el pesimismo.

Si perdemos el trabajo o toda nuestra economía, pero tenemos salud, fortaleza interior y el cariño de los nuestros, seguramente nos será más fácil acomodarnos y luchar en la nueva situación. Hemos sido preparados durante millones de años para sobrevivir ante la adversidad. Por suerte, nuestras generaciones no han sufrido de guerras ni grandes catástrofes. Se puede decir que nuestras guerras a partir de ahora serán económicas o de salud. Eso será lo que tendremos que aprender con esta experiencia para sobrevivir al futuro. Si tenemos salud y fuerza interior, podremos perder todas nuestras riquezas, todos nuestros bienes, pero siempre, siempre, saldremos de una u otra manera adelante. Creo que esta ha sido la experiencia en estos años y quería compartirla por si sirve de inspiración a alguien. Así que si os resuena todo esto, os invito a que pongáis en práctica los paseos, la meditación que os lleve por evasión a otra parte sin renunciar a volver a la batalla a cual Arjuna, y sobre todo, el cariño de cuantos podáis. Observa esta disciplina y levántate. Os animo a ello y… ¡fuerza, mucha fuerza para todo!

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Reiniciando el Sistema


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© Michal Giedrojc

Las crisis son provocadas cuando lo antiguo se aferra al pasado y lo nuevo golpea para ofrecer oportunidades de futuro. Ocurre en los países, en las empresas y en las relaciones. Esta vez está ocurriendo a nivel mundial.

Todo cambia, esa es una ley universal, o mejor dicho, lo único que permanece es el cambio, como dice el Tao. Aquello que no abraza el cambio, entra en crisis. Es por eso que vivimos lo que puede llegar a ser una de las mayores crisis conocidas. En estos momentos, estamos entrando de lleno en el futuro, en la quinta revolución industrial, en la revolución de las máquinas, de los robots, de la inteligencia artificial, de la emancipación total del individuo frente a las instituciones tradicionales como la familia o el Estado. Esto es una realidad palpable, de ahí que muchos individuos y sociedades estén viviendo, aún sin saberlo, un reseteo individual y global, una reiniciación de los sistemas operativos a los que hasta ahora nos habíamos aferrado, una iniciación a una nueva era de cambios inevitables.

De no abrazar ese futuro que ya se está haciendo presente y patente, viviremos un gran colapso a nivel mundial e individual. No se acaba el mundo, pero sí un mundo, el mundo antiguo, el mundo de las cosas, el mundo del consumo irracional y compulsivo, el mundo de lo epidérmico, de lo artificioso, de lo superficial, el mundo de la destrucción masiva de nuestros ecosistemas. Esta crisis va a provocar sin duda una recesión inevitable. Tendremos por delante unos años difíciles que deberemos enfrentar con cautela, al mismo tiempo que en ese tiempo cambiamos nuestros paradigmas interiores.

¿Qué tipo de modelo social y económico surgirá de esta crisis? Hay cosas que antes parecía de pocos y que ahora se ampliará hacia todo el mundo. Las redes de apoyo mutuo y cooperación empezarán a desarrollarse con mayor fuerza. La solidaridad se volverá inevitablemente mayor. También la ecología y el respeto hacia la naturaleza y los animales. Los que más tienen cederán ante los que no tienen nada y los que no tienen nada buscarán nuevos modelos de supervivencia, pero, sobre todo, nuevos modelos de convivencia y cooperación. El modelo de propiedad privada hipotecada estallará tarde o temprano, y se buscarán fórmulas de vida en comunidad, de compartir espacios y recursos. La necesidad engendrará el cambio inevitable hacia un mundo más solidario, natural y verdadero.

El Sistema no va a desaparecer, pero sí va a tener que reiniciarse. Toca vivir un tiempo de paciente resistencia. De observar el presente y el futuro con optimismo. De intentar buscar fórmulas nuevas para que nuestras vidas empiecen a cobrar un nuevo sentido. Habrá que buscar aliados, personas afines con las que juntas se pueda imaginar un nuevo modelo de vida. Vendrán tiempos difíciles, de apagón general, pero también tiempos de esperanza, de volver a empezar, de romper con nuestro modelo antiguo de vida y empezar una vida nueva de forma diferente.

Estos cambios deben llevarnos a pensar que habrá mucha mano de obra sobrante y que tendremos que buscar alternativas económicas para soportar el día a día. Reducir los gastos no es tan solo desterrar de nuestras vidas las tarjetas de crédito, las hipotecas y los préstamos. Supondrá tener que compartir el gasto y repartir los ingresos. Habrá que olvidar el endeudamiento masivo que hemos vivido en estas décadas y empezar a mirar más por el compromiso social, por la solidaridad entre todos, por la simplicidad voluntaria y por el inevitable decrecimiento. Los modelos de cohousing y de vida en comunidad inevitablemente crecerán a medida que la crisis acampe y las consciencias se amolden al nuevo panorama. ¿Estás listo para reiniciar tu sistema de valores, de creencias, de vida, de conciencia? En estos tiempos, tener menos será tener más.

 

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La reorientación del dinero con fines éticos y espirituales


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© Alain Baumgarten

 

Una conocida empresa tecnológica ha perdido en los últimos meses cerca de cinco mil millones de euros por la crisis del coronavirus. Si tenemos en cuenta que su facturación puede rondar los sesenta mil millones de euros ¡¡al trimestre!! podríamos pensar que las pérdidas pueden llegar a ser peccata minuta. Con cerca de doscientos mil millones de euros en efectivo, uno nunca podría imaginar todas las cosas de bien que se podrían hacer con tanto dinero.

En la pequeña empresa editorial no sabría decir aún si los efectos van a ser devastadores. La empresa no tiene dinero en efectivo, pero tampoco un exceso de deudas. Una de las premisas que pensamos antes de lanzarnos a la aventura empresarial fue a costa de no endeudarnos con ningún banco. Eso permitió que nunca creciéramos en facturación, a cambio de la libertad de ir editando libros de escaso o nulo valor comercial, pero sí de un gran valor espiritual. Por suerte solo debemos unos pocos miles de euros que quizás podamos afrontar poco a poco en un futuro. Por suerte esto nos permite seguir adelante con nuestra labor cultural y espiritual.

La editorial siempre funcionó más como una ONG que como una empresa. Si tiene algo de dinero intenta ayudar a otros. Si tuviera remanente suficiente contrataría a personas que necesitaran un puesto de trabajo. Eso sería ideal, sobre todo para no soportar totalmente el peso de la gestión de una pequeña empresa y toda su propia y misteriosa logística.

Los mil euros asignados de nómina suelo administrarlos de forma austera. No es mucho dinero pero con eso voy supliendo mis necesidades más básicas. Vivir en una humilde cabaña tiene que tener alguna ventaja. Con esa pequeña asignación pago algunos caprichos. Entre ellos algunos viajes como los de ahora. Mis vacaciones suelen ser voluntariados. Unas semanas en Ginebra al año encerrado en una hermosa oficina llena de libros esotéricos es mi forma de disfrutar de un merecido descanso. Trabajar ocho o nueve horas diarias editando libros de mística durante tres semanas al año es mi forma de desconectar del mundo. A veces también marcho a Escocia, a la comunidad de Findhorn. Una semana al año es suficiente. Allí suelo escribir, reeditar libros agotados o poner al día asuntos de la fundación, del proyecto o de la propia editorial. La austeridad del resto del año me permite estos escenarios. No tener vicios tiene sus ventajas. La austeridad tiene sus recompensas.

El año pasado terminó económicamente sin excesos pero bien, y este año, gracias a la infinita generosidad de buenos amigos, las cuentas de la editorial se han estabilizado, lo cual he aprovechado a su vez para apoyar a otros. Al menos hasta septiembre, momento en el que volveremos al reto acostumbrado. Por otro lado, la fundación parece que está cumpliendo con su propósito. La casa de acogida está casi lista, a pesar de que hoy, aprovechando mi ausencia, hubo una rebelión de los obreros que amenazan con no seguir trabajando si no les adelanto algún dinero más. A pesar de que estos dos meses hemos sido puntuales en los pagos, es verdad que las dos últimas semanas hemos pinchado y eso ha creado un cierto pánico que ha coincidido con mi marcha. Veremos a ver cómo termina el aglomerado de acontecimientos.

Esta mañana realizábamos en grupo la meditación para la reorientación espiritual del dinero. Si esas meditaciones consiguieran que todos los recursos que se gastan al año en armamento pudieran ser reorientados para fines pacíficos, para cultura, para educación, para convivencia, el mundo sería otro. En mi pequeño negocio, por llamarlo de alguna manera, ocurre precisamente eso. Todos los recursos son reorientados no para fines egoístas, sino para compartir, para crear lugares de convivencia donde el mensaje de la cultura de la paz permeabilice cada vez a más consciencias. Si consiguiera más recursos, la proporción sería la misma. Crearía más lugares donde personas pacíficas y orientadas espiritualmente pudieran llevar a cabo labores de servicio, de estudio y de meditación. El reto en estos días es encontrar vocaciones, personas realmente orientadas al servicio y con deseos de desentrañar los misterios que se engendran en comunidad. La iniciación grupal será lo que validará los nuevos tiempos, y será el grupo, y no el individuo, el que gestará los cambios para la nueva era que viene.

Supongo que en los próximos años deberé prestar más atención no solo a la reorientación del dinero con fines espirituales, sino a su correcto desarrollo. En un cenobio moderno veo necesario que los escribas sigan editando libros imprescindibles de la tradición, de la sabiduría perenne, para que esta siga en la cadena áurea. En ese sentido la editorial ya está madura para seguir con esa labor. También la construcción del templo requiere proeza y dedicación. Nuestro pequeño templo, llamado escuela, será la semilla de inspiración para el futuro.

Hoy los coordinadores de la Escuela en Ginebra nos invitaban a cenar una típica fondue suiza. En la conversación salía el tema inevitable de cómo se estaba desarrollando el proyecto de la futura Escuela en Samos. La preocupación va más allá de cómo reorientar el dinero para la consecución de su construcción. Este es un gran reto. Pero el reto futuro, y al que debo empeñar parte de los próximos diez años será el dotar de contenido útil lo que allí se vaya a compartir. Eso requerirá de mucha disciplina, contemplación, meditación, oración y silencio. También de mucho estudio añadido y de buenos colegas y aliados que deseen participar en esta pequeña utopía. Ese será el próximo reto vital. Un doctor en el estudio del ser humano, con un cierto bagaje, acompañado de excelentes aliados, algo, aunque sea modesto, podrá aportar. Que así sea.

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El misterio de la logística


 

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© Michael J. Reibert 

Cuando vives en mundos reducidos, palpables, calculados por los pies que atraviesan un trozo de monte o un cúmulo de casas que se pueden contar con los dedos de una mano, uno puede hacerse a la idea de lo fácil que resulta la supervivencia y la logística de las cosas. Puedes coger unas patatas de la huerta y unas berzas y con eso es posible sobrevivir algunos días. La logística en entornos rurales suele ser sencilla. Las aguas vienen de manantiales que nacen en las profundidades de la tierra y las aguas residuales van a unos pozos donde el líquido sobrante se va reciclando con en el paso del tiempo. El alimento es posible conseguirlo gracias a la generosidad del campo. Se pueden calentar casas a base del exceso de leña de los bosques. De alguna forma, uno puede vivir una vida sencilla y saludable con muy pocas cosas.

El asunto se complica cuando vas a la ciudad, o vives en ella. En estos últimos meses he tenido la oportunidad de comparar la vida en la ciudad, en una de las ciudades más grandes de Europa, con la vida en una comunidad de vida alternativa y la vida en un entorno rural, en una aldea de no más de veinte habitantes. Son tres comparativas ideales en un corto periodo de tiempo para poder observar con cierta curiosidad la complejidad de nuestro mundo sistémico. Especialmente el misterio que tiene que ver con el abastecimiento de agua, luz, alimentos y todo tipo de productos que dan vida a las ciudades y sus áreas metropolitanas.

La mayor aglomeración urbana del mundo es Tokio y su metrópoli, la cual alcanza la friolera de casi cuarenta millones de habitantes. Para que nos hagamos una idea, es como si casi toda la población de nuestro gran país estuviera concentrada en una megalópolis como es la Gran Tokio. El misterio de la logística tiene que ver con cierta apreciación de cómo en estos últimos siglos el ser humano ha sido capaz de organizarse para dar abastecimiento continuo y constante a la demanda individual y colectiva de estas grandes ciudades. Pongamos algunos ejemplos para poder asombrarnos de este misterio. Imaginemos que cada día, todos los habitantes de la Gran Tokio quisieran desayunar una mandarina. Eso significaría que solo en la Gran Tokio harían falta al menos unos cuarenta millones de mandarinas diarias. Pensemos en términos escatológicos. Todos los habitantes de Tokio van al baño al menos una vez al día. Eso significa que cuarenta millones de defecaciones van a parar a los ríos y los mares de Tokio todos los días.

Con estos dos ejemplos, podemos ver la magnitud del progreso humano, o la magnitud del misterio de la logística, porque para que cuarenta millones de habitantes de una gran ciudad puedan consumir cuarenta millones de mandarinas diarias, se necesitan grandes campos de cultivo a nivel mundial para abastecer toda la demanda. Vamos a extrapolar todo esto al consumo de carne, o al consumo de harinas, o de luz o de agua. Y hagamos la misma extrapolación hacia todas las grandes ciudades del mundo o hacia los más de seis mil millones de habitantes que demandan consumo de todo aquello que en el primer mundo valoramos como normal. ¿De dónde surge tanto alimento, tanto papel higiénico, tanta ropa, electricidad, agua, ladrillos, aluminio y cualquier otra cosa útil o no de la que hagamos acopio?

Con esta reflexión, tras estar tres días comiendo productos de la huerta al mismo tiempo que me interrogo sobre la complejidad de la vida en la ciudad, solo quiero añadir dosis de agradecimiento a todo el desarrollo humano, al mismo tiempo que reflexiono en la manera de revertir, antes de que acabemos con nuestro planeta, sobre métodos y metodologías que mengüen nuestro impacto en la naturaleza que vivimos. El decrecimiento sigue siendo, a día de hoy, la filosofía que deberá regir en el futuro inmediato si queremos dar respuesta a los retos del futuro. Decrecer no significa menguar, sino redistribuir nuestras necesidades y hábitos hacia una forma más saludable y respetuosa con el medio. Y también significa allanar el futuro de los que nos precedan para que puedan seguir disfrutando de los misterios de la vida. También del magno misterio de la logística.

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Apología a la economía sumergida


 

20161031_110704En nuestro país siempre se preguntan porqué existe tanta economía sumergida. Estos días hemos podido experimentar lo que significa trabajar a destajo en el campo y hemos tenido una experiencia antropológica, pero sobre todo humana, aunque diríamos mejor, y para ser correctos con la experiencia, que sobre todo inhumana.

El experimento consistía en aprovechar la caída otoñal de las castañas que empezaban a inundar toda la finca y ver en qué consistía eso de lo que aquí llaman “apañar castañas”, que es algo así como volver a nuestros ancestros recolectores de las regalías del bosque y ver los resultados.

Durante tres días hemos estado con suma paciencia recogiendo una a una las castañas del suelo. El trabajo es farragoso y pesado. Tienes que agacharte, llenarte las manos de pinchazos por los erizos de las castañas a pesar de la debida protección, recolectarlas una a una, meterlas en cubos y luego en sacos, aprovechar para limpiar las zonas de los erizos y así limpiar el bosque. Como somos personas de ciudad no conocíamos muy bien la dureza del trabajo del campo y la verdad es que durante tres días, además de algún castañazo que nos ha caído en la cabeza, hemos terminado baldados.

Tras tres días y tres personas cogiendo castañas hemos recolectado tres sacos de casi treinta kilos cada uno. En total, para ser exactos, ochenta y seis kilos. Alegres y satisfechos hemos ido a la cooperativa de la localidad y hemos vendido nuestros tres sacos por un total de 68,80 euros. Nuestra sorpresa ha sido al comprobar que el kilo de castañas te las pagan a 0,80 euros el kilo cuando en Madrid o Barcelona o cualquier otro lugar las están vendiendo a cinco o seis euros el kilo. En total, 23 euros por cabeza por tres mañanas trabajadas. A algo más de siete euros por mañana y a menos de dos euros la hora.

Esto ha sido un capricho pasajero, pero ahora imaginemos que tuviéramos que pagar el autónomo, tuviéramos que alimentar a una familia media, pagar hipoteca, la luz, el agua, los impuestos, la seguridad social, las multas, los seguros y todo aquello que se supone que las familias normales que viven del campo tienen que pagar. ¿Cómo se supone que lo hacen o lo deberían hacer cuando por el camino entre la recolección y la venta hay alguien que se está llevando cinco o seis veces el precio del producto que con tanto esfuerzo y sudor los agricultores trabajan? Y estamos hablando de un producto como la castaña que dicen los de la tierra que está “bien pagado” si lo comparamos con otros productos como la leche u otro tipo de agricultura que requiere cuidados durante todo el año e inversiones imposibles de sostener.

Si tuviera hijos y tuviera que explicarles que mi dignidad humana cuesta 0,80 céntimos o lo que es lo mismo, dos euros la hora de trabajo, ¿qué clase de padre sería? ¿Cómo explicarle a un hijo que hay que hacer las cosas bien, pero que en este mundo injusto a veces hay que cometer injusticias para seguir adelante? Es imposible que personas que tienen chófer y vivan a cuerpo de rey entiendan de dónde nace la economía sumergida. Es imposible que esos señores feudales llamados diputados que se llenan la boca sobre los efectos negativos de la economía sumergida puedan entender nada de lo que dicen. Lo más sorprendente de todo es que ellos, que nos roban a diestro y siniestro con sus privilegios feudales y las regalías que todos pagamos ejerzan de legisladores y ejecutores de realidades que desconocen completamente. Que nos metan en embolados como el rescate financiero mientras tienen cuentas en Suiza y siguen trapicheando con sus amigos con o sin bigotes. Lo siento, esto no es demagogia. Esto es vergüenza y tristeza, y también un profundo agradecimiento a los pequeños agricultores que hacen lo que pueden y sobreviven a pesar de todo en este mundo tan duro e injusto.

Pd.- ¡Malditos, agradeced de corazón cada alimento que entre en vuestras bocas, pues ha llegado hasta la mesa gracias al impagado esfuerzo de muchas familias que malviven del campo!

Fondo de Reserva


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En los años de la burbuja económica había en el Fondo de Reserva de la Seguridad Social (creado en el año 2000 para garantizar las futuras pensiones) un total de 66.815 millones de euros. De estos, tan sólo quedan 25.176 millones que se calcula, al ritmo de salidas a la que ya nos han acostumbrado desde el Gobierno, se agotarán antes del 2020.

Este dato, de forma aislada, podría no resultar del todo alarmante sino fuera porque nuestra sociedad cada vez está más envejecida, más empobrecida y por lo tanto, cada vez serán más las necesidades de subsidio y prestaciones al mismo tiempo que caerán sistemáticamente los ingresos en la caja común. El futuro económico de este país, a no ser que entremos de nuevo en un ciclo productivo provocado por una nueva burbuja del tipo que sea, no es muy halagüeño. La solución de los gobiernos siempre pasa por ese mantra moderno que nos dice que debemos seguir creciendo económicamente. ¿Hasta el infinito y más allá o hasta que se agoten definitivamente los recursos? Esa es la gran pregunta, ecológica y problemática.

Desde que explotó la crisis financiera y muchos de nosotros perdimos nuestro trabajo y nuestros hogares nos hemos preguntado sobre el modelo de vida al que enfrentarnos para nuestro futuro inmediato, pero sobre todo, para nuestro futuro más lejano, a sabiendas de que actualmente, el Estado del Bienestar hace aguas y las cuentas, por más vueltas que los analistas le den, no cuadran. Si pensamos en alternativas de crecimiento solo se nos ocurre la fórmula de la emigración como ya hicieron nuestros antepasados. Emigrar a otras tierras para seguir creciendo. Otra fórmula, menos atractiva para muchos es la del decrecimiento voluntario: vivir con menos y necesitar menos, simplificar nuestra vida para compartir más y mejor en un entorno grupal, más allá del aislamiento individualista y egoísta al que la sociedad nos ha acostumbrado.

Los acontecimientos de estos últimos tiempos son alarmantes y las buenas noticias se escapan por los regueros de la infrecuencia. La xenofobia y el racismo crecen en Europa al mismo tiempo que la Unión Europea, un proyecto hermoso y de profundas consecuencias para la paz social, parece que se derrumba a marchas forzadas. El populismo de izquierdas y de derechas va tomando forma mientras que los brotes de desesperación minan las aguas que nos separan de ese otro mundo que parece vivir en una guerra continua. Si a esto le sumamos el escenario catastrófico que los ecologistas dibujan con respecto al estado de salud de nuestro planeta, parece como si de nuevo estuviéramos viviendo en un estado pre-apocalíptico de impredecibles consecuencias.

Muchos defienden que la crisis de 2007 solo fue un pequeño coletazo de lo que está por venir. Nos advierten con cara seria y preocupante que la gran crisis espera a las puertas de la próxima década y la supervivencia común, al menos la supervivencia del bienestar tal y como ahora lo habíamos disfrutado, tiene los días contados.

Quizás no sea necesario prepararnos psíquicamente para un nuevo envite grupal. Quizás todo sea un momento generacional que pasará y la humanidad en su conjunto sabrá reaccionar a tiempo ante el debacle aparentemente inevitable.

Es cierto que la sensación grupal es totalmente de pasotismo, diríamos que casi de ingenuidad. Seguimos disfrutando con los placeres más inmediatos sin mirar con desconfianza los acontecimientos que puedan afectarnos en un futuro. Es como si no nos importara nada de lo que se está cociendo y dejáramos para el mañana la preocupación inevitable. Quizás no nos toque a nosotros como generación gestionar los avatares que entre todos estamos sembrando. O quizás la tecnología nos salve del abismo en el último segundo de partido. Realmente no sabemos nada. Pero sí estamos atentos a lo que observamos, a los indicadores que nos dicen que algo no va bien.

Faltan tan solo cuatro años para el 2020. Quizás los fondos de reserva, milagrosamente, se hayan recuperado para entonces a cambio del contingente del crecimiento económico. O quizás hayamos provocado un estilo de vida diferente, una alternativa al consumo desmedido y al derroche ecológico. Quizás pronto algo o alguien nos convenza de que es necesario dar un giro profundo en nuestra forma de ver y entender la vida. Quizás sean cosas que no se puedan aplazar para el mañana. Quizás estemos ya en el momento de la urgencia, del cambio, y esto provoque, inevitablemente, un cambio en nuestros valores y en nuestra forma de vivir y entender la vida.

 

Un acto de libertad


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Cualquier observador objetivo diría que hoy es un día especial. No siempre ocurre que puedas, además en tiempos de crisis, poder comprar un pequeño piso y pagarlo al contado. Varias circunstancias se dieron para eso. La primera tiene que ver con un golpe de suerte empresarial. Algo tuvimos que hacer bien en el pasado para que en este presente llegara un dinero inesperado.

Intentamos, con al menos parte de ese dinero arreglar los tejados de la casa que compramos para el proyecto O Couso, pero por un golpe de mala suerte, no pudimos encontrar a nadie que nos lo pudiera hacer. Eso nos ponía en un grave apuro a la hora de ofrecer este invierno unas condiciones adecuadas para acoger a las personas que vendrán a celebrar el año nuevo a nuestro lado. También ante la incertidumbre de no saber como puede ser la supervivencia en las caravanas cuando el invierno aceche ahí fuera. Empezamos a buscar alternativas y vimos que había un pequeño piso que la compañía estatal de Correos subastaba. Empezamos a pujar y como fuimos los únicos en hacerlo, pudimos sacar la subasta por diez mil euros menos de lo que solicitaban. Otro golpe de suerte. Por menos de la mitad del dinero que habíamos recibido y por menos de lo que me había costado mi último coche nos hicimos con un piso en el centro de la ciudad de Samos.

La mala suerte de tener que cerrar el centro de Madrid revierte en la buena suerte de tener un lugar en Samos donde refugiar a todo aquel que por circunstancias diversas no pueda aguantar las incomodidades de la vida campestre aquí en el bosque. Eso para nosotros es una satisfacción porque no todo el mundo puede soportar el hecho de que aquí arriba no dispongamos de agua corriente, ni de duchas, ni de lavabos ni de electricidad.

La otra ventaja que vemos es que podremos traer a ese lugar nuestras empresas, ahorrando así alquileres y otros gastos que a veces resultan imprescindibles para cualquier negocio, y también, dicho sea de paso, difícil sostener en los tiempos que corren.

Visto desde la distancia, lo que en un principio parecían actos de “mala suerte” con el tiempo ha ido cogiendo forma y casi de manera algo mágica ha situado nuestra ya de por sí privilegiada situación –vivir en una caravana tiene muchas ventajas- en algo extraordinario. De hecho tememos que el halo romántico de esta situación se difumine algo por la cosa de tener un lugar adicional donde ducharnos, donde disponer de una lavadora o incluso un lugar donde pasar algún tiempo de relax si el frío fuera excesivo. Cualquiera diría, visto desde fuera, que nos estamos aburguesando. Sea como sea, nos sentimos satisfechos por la manera en que todo se ha desarrollado y tejido. Es como si al tomar la decisión radical de venirnos a vivir al bosque viniera acompañada de cierto «dharma» añadido. Y además todo de forma tan rápida, porque fue empezar a tomar decisiones cuando el universo empezó a su vez a darnos hermosas sorpresas.

Cuando esta mañana firmábamos en la notaría de Santiago de Compostela la compra del piso y lo pagábamos al contado, sin hipoteca, los vendedores de Correos y la inmobiliaria casi no daban crédito. A decir verdad, nosotros tampoco. Esa especie de sensación de libertad, de no depender de bancos, de hipotecas, de intereses debería ser el ideal a alcanzar. En lo profundo de toda la cuestión, para nosotros que habíamos perdido algunas casas en el camino era como un verdadero acto de psicomagia. Una especie de regalo por haber aguantado las inclemencias del destino y a su vez, no haber renunciado a nuestros sueños más profundos. La magia, dicho así, a veces se manifiesta a raudales.

Ahora que todo parece tomar cierta forma, nuestra prioridad consiste en construir con nuestras manos todas las casas que sean posible para que muchos puedan beneficiarse de esa clase de libertad. Disponer de una vivienda digna sin amañar con ello tu existencia de por vida. Ojalá esto se convirtiera algún día en un alto ideal universal.

(Foto: Esta mañana en la notaría de Santiago mostrando el título de compra de la vivienda).

El bien está ya cerca


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“Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca.” (Cervantes, Don Quijote)

Mientras hoy ayudaba a pintar el nuevo local de Laura aquí en Galicia intentaba hacer recuento de todos los cambios sufridos en estos años adversos, y de cuantas paredes tuvimos que pintar antes de establecer un timón cierto hacia el norte basado en valores profundos de generosidad y cooperación. La dureza de la crisis golpeó nuestros corazones y nuestras almas. Arrasó con todo lo material y nos quedamos desnudos, prácticamente sin nada. Pero cierto anhelo de supervivencia avivó la llama del optimismo e insufló en nuestra más severa perseverancia la ruta a seguir.

Hace un momento recibía de un buen amigo un informe de casi cien páginas sobre el futuro económico de nuestro país. Sus letras y estadísticas están cargados de optimismo. The Case for Spain III intenta animar a la inversión ante un futuro prometedor y lleno de oportunidades. Nadie diría que ese país que describe el informe es el nuestro, a no ser por la seriedad del mismo.

Quizás exista, en estos tiempos, una sensación de alivio. Subidos a esta tarima flotante que sin ser muy halagüeña, nos ha permitido estar a flote, todo parece que se ve de forma diferente. Ni siquiera sabemos como lo hemos hecho. Tantos años sin trabajo, sin casa, sin posibilidad de futuro, y de repente, nuestra colectividad se ve ante una especial sensación de desahogo. De alguna forma, a pesar de la fractura a nivel estatal que estamos sufriendo, eso que los expertos llaman “una crisis de estado”, interiormente nos sentimos fortalecidos.

A nivel personal no puedo quejarme. Al menos no debería hacerlo. No podría estar contando todo esto de forma tan alegre si no fuera por la enseñanza sacada, la esencia de todo este proceso: lo hemos conseguido porque nos hemos apoyado, porque hemos colaborado unos con otros, padres con hijos, hijos con padres, amigos con amigos, personas con personas. Unos pusieron una mano y otros pusieron otra. Siempre había alguien para ofrecer algo y alguien para recibirlo. Nada hemos recibido de los gobiernos de turno, y sí mucho de la sociedad civil que se ha movilizado para demostrar eso tan manido de que el pueblo unido jamás será vencido.

Ahora nos tocará enfrentarnos a retos mayores. ¿Qué haremos con esa enseñanza? ¿Volveremos de nuevo a la vorágine del consumismo, a ese ciego materialismo que casi nos engulle, o desplazaremos nuestros valores y principios hacia metas más reconciliadas con el ser y el establecimiento de un orden más justo y equitativo? Mi deseo personal es poder contribuir a esto último. Recordar en la memoria colectiva la necesidad del apoyo mutuo en contra de la competitividad desbordante. Memorizar la necesidad de la grandeza generosa en contra del egoísmo incipiente. Desbordar con ejemplos vivos la fortaleza de la cooperación en contra del individualismo y la mezquindad. De ahí que espero estar a la altura en los próximos años y ser un buen ejemplo de todo esto. ¿Qué podría hacer sino en los consiguientes años de vida útil? Sólo dependerá de nosotros y de nuestra actitud que el bien esté ya muy cerca y que además, tengamos la fortaleza y la lucidez para poder compartirlo. Que así sea por muchos años, o al menos, hasta la próxima crisis.

(Foto: Hoy ayudando a Laura Fernandez Giner en su nuevo centro de masajes en Sarria. Puertas que se cierran para permitir abrir otros portales… ¡¡¡Suerte Laury!!!! Que tus manos sanen muchas almas).

Hacia un nuevo estilo empresarial


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Muchos amigos dicen que mi pequeña editorial no tiene categoría de empresa. Que más bien es otra cosa, difícil de definir y más difícil aún de describir con certeza. La Comisión de la Unión Europea sugiere la siguiente definición para empresa: “Se considerará empresa toda entidad, independientemente de su forma jurídica, que ejerza una actividad económica. En particular, se considerarán empresas las entidades que ejerzan una actividad artesanal u otras actividades a título individual o familiar, las sociedades de personas, y las asociaciones que ejerzan una actividad económica de forma regular”.

El término se aproxima algo a lo que en 2006 creamos de forma un poco díscola y desordenada. En los primeros años llegamos a ser cuatro socios capitalistas, porque algo de capital se puso para poder poner en marcha tan semejante locura. No fue mucho pero lo suficiente para empezar a tejer sueños. Al principio era todo muy artesanal, casi familiar. Uno de los socios se encargaba de diseñar las portadas y yo, de forma muy rudimentaria, aprendía a hacer una web y a maquetar libros. Luego, al ver que la cosa iba en serio, llegaron nuevos socios y amigos que quisieron apostar por el proyecto.

En los primeros tiempos nos reuníamos en una finca con todo lujo de comodidades. Era antes de la crisis. Las reuniones tenían un tono casi festivo, siempre de buen humor, tomándonos el proyecto más como un entretenimiento que como algo realmente serio. Luego llegó la crisis y hubo silencio y diáspora. Los socios desaparecieron y me quedé sólo y desnudo con la romántica idea de seguir adelante a pesar de todo.

Este verano tuve un bajón “empresarial”, uno de esos que de vez en cuando te dan cuando ya no sabes si seguir con el proyecto o venderlo al mejor postor. El problema de esta humilde aventura es que a nadie de Silicon Valley le interesa. No me iba a hacer millonario vendiendo una editorial en plena crisis del sector. Sin embargo, cuando lo intenté, algo diferente pasó fuera y dentro de la misma, incluso fuera y dentro de mí mismo. Me di cuenta de que todo lo que durante años habíamos creado tiene un “valor”.

Mi amigo tiene razón cuando a este proyecto que ya ha editado más de cien libros en ocho años no se le puede llamar empresa. Recuerdo cuando trabajaba desde Alemania, en aquella bucólica granja de caballos creando Nous, el segundo sello editorial. Recuerdo también cuando vivía en aquella hermosa casa de diseño que aparentaba albergar a un joven empresario de éxito y en cuya terraza ideamos el tercer sello, Welton, que murió al poco de nacer. Realmente aquel aparente triunfo lo hubiera sido si los escrúpulos de un humanista no hubieran sido más fuertes que las decisiones empresariales. En tres ocasiones perdí la oportunidad de hacerme con bastante dinero con tal de seguir eso que llaman principios o valores. Es lo malo de conjugar romanticismo con empresa. O quizás lo bueno de empezar a creer que otro tipo de modelo empresarial es posible. Empresas con alma, entidades con valores.

La editorial siempre ha sido de alguna forma itinerante. Ya ha tenido más de seis sedes sociales y parece que no termina de encontrar, como su creador, un lugar donde descansar en paz.

O quizás estemos ante un nuevo fenómeno de empresa, un nuevo modelo rompedor que tiene más que ver con las nuevas tecnologías que con las antiguas creencias empresariales. Cuando observo con detalle mi nueva mesa de trabajo, un tablón de madera anclado en la parte norte de esta pequeña pero hermosa caravana me pregunto si no estamos, sin darnos cuenta, creando una nueva forma de crear riqueza, un nuevo paradigma a la hora de tejer otras maneras de entender el capital y el lucro.

Quizás ahora pueda parecer ridículo o incluso cómico el estar trabajando en una mesa de caravana. Pero no lo es tanto si pensamos eso de que grandes empresas nacieron en un garaje. O incluso el como ha evolucionado empresas como WhatsApp. Su creador, Jan Koum, de origen ucraniano llegó a Estados Unidos casi sin saber inglés. No terminó la universidad y durante años vivió ayudándose de cupones para poder comprar comida. Las oficinas de WhatsApp han pasado de estar en una pequeña sala dentro de la sede de una empresa de fundas, a ocupar un edificio de cuatro plantas en el centro de Mountain View, muy cerca de la parada del tren que recorre Silicon Valley. Nosotros seguiremos creando en nuestra humilde caravana… y quién sabe si el humanismo y los valores algún día consiguen triunfar en el mundo de la empresa.

(Foto: Mi humilde despacho en Mao Valley, en el centro neurálgico del proyecto O Couso).

Sobrevivir a la supervivencia


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Resulta inevitable posar la mirada en los acontecimientos del mundo. Ahora que oficialmente se dice que el cambio climático es una certeza, debemos preguntarnos muchas cosas con respecto a lo que somos y hacia donde queremos dirigir nuestra deriva. Según los expertos más optimistas, el cambio climático traerá consigo más pobreza, éxodos y violencia. La fragilidad humana podrá resumirse en su capacidad de reacción –radical e inexorable- hacia aquello que suponga un cambio real en su caminar planetario.

Estos han sido unos años duros en los que la supervivencia de muchas personas y colectivos se ha visto mermada hasta llegar al final de su ciclo vital con el cierre o la desesperación. Sobrevivir a las crisis financieras de occidente parece ser algo importante para aquellos colectivos que desean fortalecer su presencia futura. Si la crisis climática resulta algo global, la crisis financiera parece ser tan sólo un coletazo más del propio naufragio común.

Han existido esfuerzos de todo tipo y sacrificios que se han añadido a todo este cúmulo de incertidumbres. En los estados y empresas, la reducción de la deuda como una constante, la venta de activos aunque esto repercutiera en pérdidas, la reducción de sueldos y dividendos, la reducción de costes de estructura, la reducción o desaparición de socios estratégicos… Y luego las familias, que han tenido que conformarse con perderlo todo y empezar su propio éxodo hacia la pura supervivencia sin mayor perspectiva que la de aceptar la situación y sobrellevarla lo mejor que se pueda.

En nuestra editorial nos hemos reinventado constantemente, especialmente por la triple crisis que hemos vivido: la financiera, la del libro y la de los productos digitales. Hemos asistido al cierre de decenas de distribuidoras y librerías que en nuestro caso han supuesto pérdidas superiores a los cien mil euros no recuperables. La incertidumbre sigue porque aún no sabemos si al sector editorial le ocurrirá lo mismo que al sector musical. Aún así, es admisible pensar que la crisis no es tan sólo editorial, también lo es cultural y espiritual. Y digo espiritual porque a pesar de que cada vez hay más gente que se aproxima a todo tipo de analgésicos de lo espiritual, a veces se tiene la sensación de que se trata de soluciones epidérmicas que distan mucho de un cambio real del individuo y de una aproximación real a las moradas interiores.

En lo material y pragmático podemos poner algunos ejemplos personales. Empezamos reduciendo sueldos. En mi caso, pasé de ganar casi la mitad de lo que ganaría cualquier gerente de cualquier empresa media a ganar la mitad de la mitad. Esto hizo que las oficinas y el gran almacén que teníamos pasara a ser una venta de activo con pérdida y que la nueva oficina estuviera integrada durante al menos unos años en mi propio hogar, o más bien viceversa. También tuvimos que adaptarnos tecnológicamente para soportar los nuevos retos digitales. Cambiamos de web y pudimos por primera vez vender libros digitales. Asumimos casi todos los trabajos que antes externalizábamos al menos hasta recuperar fuelle y lograr así tener más circulante para poder asumir los gastos mínimo de estructura.

A nivel global, la reducción de sueldos, la eliminación de puestos de trabajo y el recorte en derechos y conquistas sociales no ha hecho más que empezar. Todo han sido fórmulas matemáticas para intentar que los números acompañaran a la supervivencia. Pero hay algo que no estaba en las fórmulas que se enseñan en los planes de economía y gestión empresarial: el entusiasmo y la constancia. La tozudez, acompañada de grandes dosis de optimismo han hecho que el barco circulara incluso en las más terribles circunstancias. El reformular a cada paso todas las constantes vitales de la situación para adaptarlas a cada nuevo escenario ha sido fundamental para la supervivencia. El sacrificio, la fe y la esperanza han hecho el resto. La pérdida y el desapego han sido parte de la clave.

No sé si esta fórmula sencilla sirve en el largo plazo o es extrapolable a la situación global. La humanidad, en su conjunto, requiere reformular sus valores y su vida cotidiana. Serán necesarios muchos más sacrificios globales para empuñar el reto de la supervivencia colectiva. Pero también fe y esperanza para que surjan efecto los cambios pactados. No sabemos en nuestra ceguera y circunstancialidad hacia donde vamos ni qué ocurrirá en las próximas décadas. Pero sin duda lo epidérmico se desmoronará irremediablemente para dar paso a un nuevo orden de cosas y de sentires.

Seguimos aún en crisis. Seguimos aún sin ser conscientes de que la verdadera crisis está por llegar. Quizás todo esto no ha sido más que una preparación para lo que viene. ¿Estaremos preparados para el cambio? ¿Y lo estaremos para profundizar aún más en nuestras propias moradas interiores?

 

 

La difícil tarea de crear sueños


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Es evidente que todo tiene un precio y el viejo proverbio castellano de que lo barato sale caro es bien cierto. Al menos eso es lo que siento cuando, brocha en mano y escalera en pie, me subo a pintar y pintar paredes sucias, de un rojo desgastado por los vicios que antaño albergaba el lugar, y siento como la espalda se queja, mitad de agotamiento y mitad de esa genética que a veces no ayuda. Pero soy tozudo, a veces insensatamente tozudo, y no me gusta dejar las cosas a medias, no importa la hora que sea o la intensidad del dolor o la complejidad del sueño.

En el fondo, a pesar del agotamiento y el cansancio hay cierto ánimo de satisfacción. Hace años aprendí que muchos empresarios hacían su milla de oro de mil maneras. Recuerdo que alguien me decía que cuando hacía un negocio iba al banco o buscaba inversores, pedía el dinero necesario con un margen razonable para poder subsistir uno o dos años y luego, si el negocio iba bien o mal ya eran cosas del azar. Si iba bien siempre podía venderlo y sacar su plusvalía y si iba mal, los que perdían eran en todo caso los inversores o el banco.

Si fuera uno de esos empresarios a la antigua usanza seguramente antes de emprender la tarea de abrir una nueva línea de negocio, por ejemplo la nueva librería Dharana o el sello de “coedición” Phylira en el que ya llevamos unos meses trabajando y que estará muy pronto en funcionamiento, seguramente hubiera realizado un hermoso business plan cargado de optimismo y números mareantes y hubiera buscado inversores a quién venderles la idea para que ayudaran en el mismo. Haciendo cuentas, quizás hubiera necesitado para ambos proyectos algo más de sesenta mil euros sin contar sueldos y salarios para los próximos uno o dos años. Pero las experiencias pasadas y los tiempos que corren me hacen pensar y actuar de forma diferente.

Sólo de pensar en esta idea se me revuelve algo por dentro. Quizás sea porque hace ya algunos años intenté inculcar en mi vida las virtudes que Benjamin Franklin nos dejó, especialmente la quinta que habla sobre la austeridad: «sólo gasta en aquello que te beneficie a ti o a otros. No malgastes el dinero». De ahí que en aquella revelación de aquel tiempo decidía quitarme todas las tarjetas de crédito, todos los préstamos y todas las deudas contraídas en los tiempos de bonanza y practicar en medida a veces extrema la austeridad, al menos hasta poder estar limpio de deudas. Si me permitís el autopiropo, quizás pueda presumir de ser un empresario atípico que viaja sin tarjeta de crédito, que duerme en el coche en vez de en lujosos hoteles a cargo de la empresa y que emprende nuevas aventuras empresariales sin créditos, sólo con las plusvalías que el propio negocio reporta.

Por eso estos días he preferido contar con la inestimable ayuda del gitano Jesús para que me ayudara a limpiar el local o la del simpático y trabajador rumano Illie para que me ayudara con la fontanería. Lo demás, brocha en mano, sin business plan, con terrible dolor de espalda pero con optimismo y alegría interior a prueba de bombas, lo hacemos nosotros, dándolo todo hasta que veamos el fruto del trabajo duro.

Cuento esto porque el otro día alguien se quejaba de que tenía cincuenta años, de que no encontraba trabajo y de que le resultaba difícil pensar en qué hacer. Quizás si pensamos con la mentalidad de antaño, de buscar una línea de negocio basado en un business plan meticuloso inflado hasta la médula para salvar una situación cualquiera a base de crédito la cosa no funcione. Algo que antiguamente pudiera costar sesenta mil euros quizás con un poco de imaginación, coraje y brocha en mano no llegue a los dos mil euros (670 euros es lo que llevamos gastados en la reforma del local y ya lo tenemos casi listo a la espera de los últimos remates y la compra de estanterías ikeanianas). Lo demás, ya lo sabemos por experiencia, hay que echarle mucha imaginación, mucha paciencia y sobre todo dejar que el tiempo juegue su papel preciso para que podamos cosechar en la correcta estación los frutos de lo ahora sembrado. Crear sueños es una difícil tarea, pero está dentro de los mundos posibles. Y lo que apasiona de este pequeño sueño es que forma parte de uno mayor que, además, pretende beneficiar a todos.

Pd.- Os dejo las trece virtudes practicadas por Benjamín Franklin por si os sirve de inspiración:

1. Templanza. «No comas hasta el hastío, no bebas hasta emborracharte».

2. Silencio. «No hables si lo que dices no beneficia a otros o a ti mismo. Evita conversaciones triviales».

3. Orden. «Permite que cada cosa tenga el lugar que le corresponde y que cada asunto cumpla su momento».

4. Determinación. «Decídete a realizar lo que deberías hacer y realiza sin fallas aquello que decidiste».

5. Austeridad. «Sólo gasta en aquello que te beneficie a ti o a otros. No malgastes el dinero».

6. Diligencia. «No pierdas el tiempo, úsalo siempre en algo útil. Evita toda acción innecesaria».

7. Sinceridad. «No recurras a engaños lastimosos. Piensa justa e inocentemente, si hablas, hazlo acordemente».

8. Justicia. «No injuries a otros, no omitas los beneficios que resulten de ejercer tu deber».

9. Moderación. «Evita los extremos, no permitas que las injurias te produzcan más resentimiento del que merecen».

10. Limpieza. «No toleres suciedad en tu cuerpo, ropa o habitación».

11. Tranquilidad. «No te molestes por nimiedades, o por accidentes comunes o inevitables».

12. Castidad. «Utiliza el sexo por salud o procreación, nunca hasta el hastío, por debilidad, o hasta injuriar tu paz y la de otros, o bien tu reputación o la ajena».

13. Humildad. «Imita a Jesús y a Sócrates».

Emprendimiento: una carrera de peligros y obstáculos


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La distancia en tiempo de Madrid a Asturias es muy relativa. Si vas por autopista de peaje puedes rascar algunos minutos ya que evitas los puertos de Pajares y Navacerrada. Ayer, como llegaba muy justo a la presentación que teníamos en Gijón pagué los peajes que sumando los dos llegaban a veinticinco euros por trayecto. Si haces un viaje de ida y vuelta, como fue el caso, suman más de cincuenta euros sólo en peajes, o lo que es lo mismo, los asturianos están separados y aislados de Madrid de forma encubierta e injusta, a no ser que decidan pagar el sobrecoste de trasladarse a Madrid o bucear por las entrañas de los terribles y peligrosos puertos de montaña.

Al llegar a Gijón saqué un par de cajas de libros en el Ateneo y los expuse, como de costumbre, para su venta. A los diez minutos, el amable conserje me pidió que no lo hiciera ya que en los lugares públicos no se permitía la venta de libros. Me quedé un poco estupefacto. “Si quieres puedes venderlos en la calle, pero no dentro del recinto. Comprende que si te dejo hacerlo me juego mi puesto de trabajo”. Fuera en la calle hubiera sido un buen lugar de venta a no ser porque estaba lloviendo a mares. Así que cogí de nuevo las cajas, las llevé al coche y me volví a Madrid.

Cinco horas de ida y otras cinco de vuelta para diez minutos que sólo sirvieron para reforzar mi temple y mi paciencia, además de para reflexionar sobre cómo está montado nuestro sistema público. En eso pensaba a la vuelta, donde evité los peajes y me adentré, con lluvia y espesa niebla, por sendos peligrosos puertos de montaña.

La reflexión era sencilla. Nos pasamos toda la vida pagando impuestos. Impuestos en la comida, impuestos en la vivienda, impuestos en la gasolina, en lo que vestimos, en el trabajo donde nos quitan una buena cantidad de nuestro sueldo entre IRPF y Seguridad Social. Impuestos, impuestos y más impuestos que luego administran cuatro familias a su antojo y que se reparten en favores a compañías eléctricas donde luego trabajarán ellos o los suyos, en bancos y en concesionarias de autopistas donde vuelan los maletines y los favores y donde, véase lo ocurrido en Madrid, si no son rentables son rescatadas con nuestros impuestos, como ha ocurrido con los bancos y ocurre con las eléctricas.

Y el ciudadano de a pie, el que desea labrarse un futuro digno aunque a veces sea a base de miserables condiciones, se le trata de forma déspota: “venda los libros en la calle”, porque lo público, aunque lo hayamos pagado todos, sólo lo pueden usar unos pocos.

¿Cómo se va a reactivar una economía donde para ser emprendedor, autónomo o empresario todo son trabas, obstáculos, peligros, impuestos y dificultades de todo tipo? ¿Cómo un joven de unos veinte años va a emprender un negocio si para hacerlo tiene que hacer primero un master en Hacienda Pública y un postgrado en impuestos? O eso, o pagar un gestor para que le tramite los cientos de documentos necesarios mensualmente para poder llevar a cabo cualquier tipo de actividad económica y a un notario para que de fe de que todo es legal y…

Y luego las regiones que quedan aisladas del resto de España por esos abusivos peajes. Mucha gente preferirá comprar una segunda residencia en el sur, donde no hay peajes que en el norte, donde sí los hay. O preferirá pasar el fin de semana en un lugar donde no tenga que pagar el doble por utilizar una carretera. ¿Y qué ocurre con los profesionales del transporte, que por ahorrarse algún dinero arriesgan sus vidas en peligrosos puertos de montaña? En fin, un desastre que intenté suplir a base de música de Enya y de reflexiones sobre aquellas soluciones que podrían mejorar nuestra sociedad en su conjunto.

(Foto: © José Fangueiro)

La crisis nos ha espiritualizado


crisis 

“Aunque se conquistaran miles de millones de hombres en el campo de batalla, aun así, el más noble conquistador es aquél que se conquista a sí mismo” (Dhammapada).

Ya son muchos años de crisis y algunas cosas hemos aprendido de ella. Especialmente todo lo referente al desapego de las cosas. Hemos aprendido que son más importantes las experiencias que la continua posesión de objetos. Algunos irremediablemente porque lo hemos perdido todo. Otros porque hemos preferido intercambiar felicidad con el oprimido, o generosidad, o apoyo o cooperación. Hay muchos que han apostado por ayudar en vez de conservar. Esa ha sido una gran lección comunitaria que nos ha hecho más sensibles hacia los problemas de los otros y más humanos ante los retos que han ido llegando.

La solidaridad se ha multiplicado y el sentido de impermanencia, de saber que nada es para siempre, nos ha alineado en una fraternidad hermosa. Todas nuestras acciones se han vuelto más desinteresadas y hemos sabido calibrar la forma de inclinar nuestra balanza personal lejos del egoísmo de los tiempos de bonanza.

Hay mucha gente que está despertando a un nuevo propósito, a una nueva forma de encarar la vida, a una visión más generosa de la existencia. Los que tienen se han comprometido en compartir cuanto pueden, y los que han perdido todo, han puesto su mirada en un nuevo estilo de vida más sano, más puro, más limpio y más sencillo.

También nos hemos vuelto más sensibles a lo que en budismo se llama samatha (calma) y vipassana (visión cabal). De alguna forma nos hemos vuelto más serenos, más tranquilos a la hora de afrontar grandes problemas y difíciles circunstancias, al mismo tiempo que hemos desarrollado una visión cabal de las cosas, sin grandes exageraciones y con mucho sentido común. En cierta forma, esta crisis nos ha vuelto más receptivos y más espirituales. Es como si hubiéramos estado practicando obligatoriamente todas las meditaciones y preceptos budistas. Hemos pasado por la Anapana, es decir, de la distracción a la concentración. También por la Metta Bhavana, del odio, la nostalgia y la sensiblería al amor. Por la Mudita Bhavana, que es pasar del rencor y la envidia a la alegría. También hemos practicado sin saberlo la Upekkha Bhavana, que es desprendernos de la indiferencia y la neutralidad apática para desarrollar la ecuanimidad. Y también hemos contemplando la impermanencia, la Anicca, pasando del deseo incontrolado a la paz interior y la libertad. Y la Salayatana, que es renunciar a la vanidad para abrazar la claridad respecto a la naturaleza del ser. Y por último, hemos interiorizado la Pratitya-samutpada, desterrando la ignorancia para centrarnos en la sabiduría y la compasión.

Por eso esta crisis está contrarrestando el egoísmo materialista de años pasados para volvernos más humanos, más fértiles al espíritu y más ordenados en cuanto a las cosas interiores. Del individualismo utilitario estamos pasando al comunitarismo ecológico y cooperativista, buscando en el bien propio y común la mejor forma de convivir en sociedad. Bendita crisis si tantas cosas nos ha dado.

Misterios de la Economía Española (sólo para españoles)


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01.- No hay trabajo suficiente, pero debemos trabajar hasta los 70 años
y los fines de semana.

02.- Combatimos el fraude fiscal amnistiando a los defraudadores.

03.- ¿El consumo se desploma? Bajamos los sueldos y subimos los impuestos.

04.- Teníamos 4 millones de parados y aprobamos una Reforma Laboral para
facilitar los EREs y los despidos. Ahora tenemos casi 6 millones.

05.- El modelo de la construcción se va a la mierda y recortamos el 50% en I+D.

06.- Subimos el IVA y el IRPF pero las SICAV siguen intactas. El capital se fuga a niveles nunca vistos.

07.- Recortamos en sanidad y educación, pero si hablas de tocar coches oficiales o
dietas te acusan de demagogia.

08.- Ponemos en la calle a miles de científicos y nos peleamos por
Euro Vegas.

09.- El problema es el déficit y nos endeudamos con 100.000 millones para salvar a los bancos para que sigan desahuciando.

10.- Las CCAA piden rescate al Estado, que pide rescate a la UE y nos endeudamos para pagar la deuda.

Democracia feudal o la dictadura disfrazada: hacia la rebeldía que viene


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«Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión.» Hegel.

En España no hay democracia, existe una oligarquía de partidos heredada de una dictadura. Existe también una monarquía cuya herencia genética fue el franquismo y cuyo sucesor se alzó como abanderado de una idea que disfrazaron de democracia pero cuya esencia es la dictadura oligárquica de los partidos del poder. Esto es corrupción de Estado. Pagamos y subvencionamos con nuestros impuestos los partidos y sindicatos. Es decir, pagamos nuestra entretejida corrupción, nuestra propia dictadura alimentada por el servilismo y el chantaje de un mundo subvencionado en un Estado clientelar.

Cuando había café para todos, dejábamos hacer. El famoso laissez faire, laissez passer de los franceses. Pero ahora que todo es provisional, incluso nuestros trabajos y nuestras casas, no queremos seguir dejando hacer y menos aún dejando que pase.

Por eso esta crisis, esta bendita crisis, está destapando la mentira y la dictadura encubierta. Por eso esta crisis debe seguir. Por eso esta crisis debe perpetuarse hasta que consigamos derrotar a la dictadura y consigamos una relación de justicia entre todos, sin privilegios, sin oligarquías políticas o económicas donde unos se cuiden a otros (los políticos protegen a la economía que luego les recolocará en suculentos puestos de “asesores”, por ejemplo).

Por eso gracias bendita crisis. Gracias por destapar la corruptela, y de paso, la dictadura encubierta. Gracias por hacer que el pueblo despierte y se levante. Gracias por hacernos pensar en rebeldía. Gracias por hacernos ver los egoísmos patrióticos y nacionalistas, y despejar la duda sobre el apoyo mutuo y la cooperación de todos los ciudadanos iguales. Gracias por hacernos ver nuestra sombra, nuestro egoísmo individual, el cual corregimos con auténticos actos heroicos, con auténtica generosidad hacia el otro y lo otro.

Gracias por levantarnos de nuestra lujosa normalidad y sacarnos a la calle, en verano e invierno, con calor y frío. Gracias por despertarnos al futuro, a lo que ha de llegar, a lo que ha de regenerarnos como sociedad e individuos despiertos. Gracias por acercarnos a la lucidez y empujarnos al suicidio como muestra de rebeldía existencial. Gracias por la insumisión y la desobediencia, gracias por expulsarnos de la docilidad y el asentamiento.

Ahora sabemos donde estamos y a donde queremos ir, y nada ni nadie podrá parar el cambio. Por eso, que la crisis dure mucho. Hasta que todos nos levantemos en rebeldía.

Deuda pública: estamos en un lío serio


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Según los últimos datos, 882.300 millones de euros es la deuda pública acumulada, batiendo todos los datos históricos y acercándonos, de seguir así, a la época de la pérdida de las colonias y la guerra con USA.

Si hacemos memoria reciente, el Gobierno pidió en 2012 casi 40.000 millones a sus socios europeos para inyectar dinero a la banca, a los que habría que sumar los 110.000 millones de años anteriores. Total: 150.000 millones de euros para los bancos.

A todo esto hay que sumarle la recesión en la que estamos y una economía con seis millones de parados.

Además, debemos sumar a estas jugosas cifras lo que todos los españoles deberemos dedicar para pagar exclusivamente los intereses de la deuda: 38.660 millones de euros es lo que recogen para este año los Presupuestos Generales del Estado (PGE), un 33% más que lo presupuestado para el año pasado.

¿Qué hacemos? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué debemos hacer? En la Edad Media, los reyes endeudados eliminaban a sus acreedores, como en el caso de la Orden del Temple. En 1920 los banqueros se suicidaban. También se inventaron algunas guerras para salir del atolladero financiero, como la primera y la segunda guerra mundial. ¿Qué vamos a inventar ahora? ¿Seguimos engordando la bola hasta cuando o hasta dónde? ¿Seguimos subiendo los impuestos y el IVA y recortando en pensiones y en sanidad y en educación para seguir inyectando mientras tanto dinero a la banca? ¿Cuál es la solución social y global a este problema, que en tiempos pasado era caldo de cultivo para que estallara una guerra o una revolución? ¿Estamos ante el estallido del Estado del Bienestar o ante el estallido del modelo capitalista? Ahora mismo solo tengo interrogantes con difíciles respuestas, porque la respuesta es tan compleja que necesitará de algo más que un post.

Bankia: la mentira articulada


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Primero nos llevamos las manos a la cabeza cuando nos dijeron que Bankia costaría la friolera de siete mil millones de euros de dinero público mantenerla a flote. ¿Recordáis esa cifra? Ese dinero es mucho más que el presupuesto de Sanidad y Educación juntos y a todos nos pareció escandaloso.

En la misma semana en que recortaban las pensiones de nuestros mayores, se decía que tan solo Bankia necesitaría más de veinte mil millones de dinero público para ser rescatada. ¿No eran siete mil? ¿A qué se debe este increíble cambio? ¿Es todo una trampa, un engaño? ¿A quién beneficia todo esto? ¿Para qué es ese dinero, todo ese dinero?

En el diario El Aguijón podemos leer este titular: “El gobierno oculta que el rescate de Bankia costará entre 50 y 60.000 millones de euros”.

Seguramente estamos siendo testigos de uno de los disparates más increíbles de nuestra historia reciente. Y siempre me pregunto lo mismo: ¿por qué?

Y entonces es cuando me retuerzo de dolor ante tal disparate. Porque colaboramos con un Estado injusto, regido por unos impostores que están desmantelando aquello que tanto nos ha costado construir generación tras generación para satisfacer las interminables demandas de un mundo financiero que rige los designios de nuestra Europa.

Y mientras me retuerzo me pregunto: ¿qué puedo hacer? Y me respondo: de momento crear la consciencia de que debemos retirar nuestro dinero de dichos bancos y llevarlos a bancos de calado ético, como Triodos Bank o similar. Segundo, dejar de pagar impuestos mediante la insumisión fiscal, cosa que hago desde hace más de un año a modo particular, no por egoísmo o insolidaridad, sino por rebeldía. Tercero, no disponer de ningún crédito, ni hipoteca ni nada que se le parezca.

Estas son las únicas medidas que se me ocurren a nivel particular, de forma práctica, para no ser partícipe de este macabro y surrealista juego. ¿Quieren salvar a Bankia a costa de nuestros ahorros, de nuestros impuestos, de nuestra sanidad, de nuestra cultura y de nuestar educación? Pues que conmigo no cuenten… ¡¡¡insumisión!!!

Pd.. No quiero tocar aquí el tema de la deuda pública, otra tomadura de pelo igual de espantosa (el Banco Central Europeo ofreciendo créditos a los bancos al uno por ciento para que compren deuda a los estados al seis por ciento) porque me parece todo tan escandaloso y vergonzoso que por más vueltas que le doy no salgo de mi asombro…

¿Sacrificios?


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«De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero». Benjamin Franklin
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Unos días después de escuchar como serán rescatados los bancos con dinero público, vemos con asombro como serán atropellados de nuevo los derechos sociales, esta vez recortando de aquí y de allá las pensiones de nuestros mayores. La verdad es que ya no siento indignación. Creo que llega un momento en el que la tomadura de pelo es de tal magnitud que cada vez que veo este tipo de noticias solo se me ocurre fingir una extraña mueca.

Por eso desde hace más de cuatro años no tengo tarjeta de crédito y tengo mis cuentas en una banca alternativa como es Triodos Bank. Y desde hace un año tampoco tengo hipotecas, ni préstamos, ni nada que se le parezca. Entre otras cosas porque la coherencia debe ir implícita a la extraña mueca. Si todos los clientes de estos bancos que han hecho mal su trabajo sacaran sus ahorros y sus cuentas de dichas entidades no habría nada que rescatar. Se cerrarían como hacen todas las empresas que no funcionan. Porque la paradoja me sigue pareciendo increíble: ¿recortar pensiones, educación y sanidad para rescatar a bancos? Me lo expliquen por favor.

El origen del drama


¿Cuales son los orígenes de cualquier drama? Leía hoy en alguna parte un dato interesante: en la crisis del 29 en EEUU se suicidaban los banqueros. En España en 2012, los desahuciados. Se puede decir que los tiempos han cambiado, pero en el fondo, estamos hablando de lo mismo, del fracaso de un sistema, de una forma –aún muy animal- de organizarnos y de cómo el apoyo mutuo, a la larga, será el ideal en contra de la competitividad y la lucha.

Se me entrecoge, como a cualquier ciudadano de bien, el corazón cuando vemos como personas normales deciden terminar con todo ante un desahucio. Lo recordaba esta mañana en un paseo por el monte con un buen amigo con mi propia historia y con la de cientos de personas que, viviendo una vida normal, pueden terminar en la calle en el mejor de los casos. Mi caso podría servir de ejemplo, pero también el caso de miles de personas que no se suicidan y que deciden seguir luchando mientras tengan salud y cierta fuerza interior.
Más de diez años trabajando día y noche, incluso durante mucho tiempo los fines de semana con tal de hacer realidad el sueño de cualquier joven recién licenciado: normalizar una vida, tener una casa, una familia, una vida común. De repente, una serie de acontecimientos desencadenan el desastre.
Y es cierto, debo admitirlo no sin cierto sentimiento de vergüenza, que cuando lo pierdes todo, no solo en el plano material, sino también en el plano afectivo, todo se te derrumba y siempre, en algún momento, la idea del suicidio parece ser la única gran renuncia a la que se podría dar paso. Para muchos es tan solo un sentimiento de desesperación, para otros, la salida a una oscura realidad que se antoja sin futuro alguno.
El tener un soporte interior, a veces ayuda a desalojar de uno mismo estos sentimientos de autodestrucción. El tener una familia o unos excelentes amigos también pueden ser tablas de náufrago a las que agarrarse. Siempre hay algo o alguien que te recuerda la urgencia del vivir, ya sea con pequeños actos de generosidad –una sonrisa, un almuerzo, un abrazo, un paseo- o con esos guiños que la vida a veces te ofrece en momentos difíciles.
Por eso, cuando alguien lo está pasando mal, intento estar alerta –aunque a veces no siempre a la altura- para que ese mal trago pase sin mayores consecuencias. Y creo que los tiempos reclaman que estemos alerta, porque hay personas que están atravesando oscuros puentes de no retorno y oscuras pesadillas con final terrible.
El suicidio de un solo ser por este tipo de cosas es la constatación del fracaso de una sociedad, y de ese fracaso, somos todos responsables.

La valentía de ser empresario sin ser empresario


Hoy comentaba con un buen amigo lo difícil que es crear una empresa sin haber mamado lo esencial para ese tipo de aventuras. He conocido a pioneros que emprendieron sus sueños sin saber lo que era un business plan, una recapitalización, un CEO, un ebipda o algo tan sencillo como una factura proforma. El mundo de la empresa es complejo y hay muchas personas que se preparan a base de IAE o IE o master de empresas o simplemente porque han nacido en un entorno así y lo han «sufrido» de pequeños. El resto, aprendemos a base de ensayo y error, que es lo que nos enseñaban en las tesis doctorales o en las carreras que intentaban crear un marco científico a base de métodos, técnicas e indicadores.

Llevaba semanas reflexionando, tras seis años de aventura empresarial, de cómo reformular mi vida desde otra perspectiva. Una de las primeras cosas que he decidido ha sido trabajar media jornada, es decir, pasar de las dieciséis horas de media a una leve jornada de ocho horas diarias. El resto de tiempo lo voy a dedicar a crear, porque un emprendedor, ante todo, tiene que ser creador, y para eso necesita inspiración, y para eso necesita tiempo. Así que voy a dividir la rentabilidad temporal entre algo de ocio -para despejar mente y cuerpo-, espacios para lo interior –algo importantísimo para un neo-empresario que quiera comprender los retos de este milenio y «ver» hacia donde vamos-, la formación y la autoformación -necesito entender los entresijos del ebook y el epub para poner la empresa al día (parece mentira pero aún no he tenido tiempo de comprar un lector electrónico en estos años), y la tesis doctoral, que a pesar de que tengo amigos que opinan que ya hay muchas tesis doctorales en el mundo, soy de los que opinan que hay mucha ignorancia congénita y que lo ideal sería poder avalar y multiplicar por mil los estudios doctorales y cualquier clase de estudios que hicieran de la masa humana un producto inteligente, independiente, justo, armónico y feliz. Y para todo eso, el conocimiento, sea del tipo que sea, ayuda. Así que hay que estudiar, como disciplina diaria, siempre. Para luego poder compartir, como disciplina diaria, por siempre. (Pobre de aquel que guarda lo que posee en donde se corre el riesgo de perderlo todo).

En fin, creo que el futuro debe dibujarse, tal y como está el patio, en retos empresariales, en personas autónomas que creen su propia empresa, en emprendedores que sean capaces de ver las oportunidades de cambio que esta crisis nos demanda. Creo que es importante que dediquemos tiempo a esta reflexión ya que estamos rozando cuotas exageradas de incertidumbre. Así que todo mi ánimo y aliento para aquellos que estén atravesando una situación difícil pero que sean capaz de darle la vuelta buscando soluciones imaginativas… Palabra de superviviente.

29S ¿Por qué nos manifestamos?


Querido J.,

En contestación a tú pregunta de cuáles son los motivos por los que salimos a la calle a manifestarnos podría decir a vuela pluma lo siguiente:

hay muchos motivos y creo que el motivo de peso, el motivo de fuerza se puede encontrar en el plano subjetivo.

Estamos ante la decadencia del modelo neoliberal.

Estamos en la fase decadente del modelo capitalista (no del capital, que es otra cosa).

Estamos ante la nueva era global, la Era del Saber según la teosofía (internet, comunicaciones, electricidad, ondas de radio, etc…)

En España, estamos ante el final de la españa de la pandereta, los toros, el flamenco, el botijo.

Ante el final del espíritu de la transición, del franquismo, etc…

Estamos ante Europa, construyendo sus cimientos y sacrificando soberanía para conseguir la paz mundial.

La sociedad se manifiesta, ante todo esto, por los siguientes motivos:

No podemos permitir tener cuatro o cinco millones de parados. Hay que buscar fórmulas de empleo.

Para ello hay que terminar con el estado papá, que todo lo subvenciona, y fomentar el autoempleo (sociedad emprendedora).

No podemos permitir que familias enteras sean desahuciadas de su propia casa.

Para ello, hay que cambiar el modelo bancario. Que el Estado se haga cargo de esas casas a cambio de un simbólico alquiler hasta que la situación cambie.

Ni una familia más en la calle por falta de pago.

Hay que fomentar el alquiler de viviendas a un precio asequible.

Si un banco quiebra, quiebra, no podemos salvarlos mientras ocurra todo esto con la friolera de más de 50 mil millones mientras a su vez recortamos en bienestar social.

No podemos seguir comprando helicópteros y tanques de guerra mientras no tenemos para pagar la nómina de los funcionarios.

No podemos vendernos al mejor postor en nombre del trabajo (caso Eurovegas, etc.).

No podemos seguir con una democracia no participativa en pleno siglo XXI donde el ciudadano solo vota una vez cada cuatro años (ver modelo Suizo).

No podemos seguir con un modelo económico agresivo con la naturaleza, basado en la construcción y el crecimiento.

No podemos seguir alimentando a una oligarquía corrupta. Hay que eliminar la política como una profesión y terminar con sus privilegios.

Hay que apostar por un salario mínimo digno y un salario máximo. No puede ser que se esté ayudando a bancos y empresas privadas mientras sus directivos cobren cifras astronómicas.

Ha que apostar por un nuevo marco de convivencia, una nueva constitución adaptada a los nuevos tiempos y un nuevo espíritu territorial.

Hay que quitar duplicidades políticas y territoriales.

Hay que tener una justicia independiente.

Es por esto y por mucho más que tenemos que salir a la calle con el objetivo de crear debate político y presión política para que los gobiernos en particular y la clase política en general tome buena nota de que hay cambios fundamentales que no pueden seguir esperando.

Pero principalmente, y siguiendo con las bases filosóficas del principio, creo que nos estamos manifestando contra nosotros mismos, porque lo que verdaderamente hay que cambiar es al individuo, su estructura, su egoísmo, su despotismo, su vanidad, su ambición desmedida, su intolerancia y su violencia.

Todo esto se me ocurre sin pensar, tendría que hacer una asentada más tranquila, pero creo que hay motivos suficientes para salir a la calle y estar a la altura de las circunstancias.

Un abrazo sentido…

Eurovegas, entre Sodoma y Gomorra


«La descomposición de todo gobierno comienza por la decadencia de los principio sobre los cuales fué fundado».  (Montesquieu) 

La doble moral de nuestra piel de toro se alegra de que en nombre de la creación de trabajo vayan a montar un club de alterne en Madrid de tamaño incalculable. Me ensonrojo como ciudadano cuando veo la cara de felicidad de los que apuestan por este proyecto. Personas que son capaces de vender su alma al diablo con tal de que empiece el amañado espectáculo de «pase de maletines» cargado de promesas y pingües beneficios para los que metan la mano en la masa.

Que estamos ante una sociedad decadente ya era una noticia que dejó de serlo no hace mucho. La crisis ha destapado lo mejor y lo peor de nosotros, pero sobre todo, destapa como no somos capaces de mantener nuestro orgullo y nuestra dignidad, y sí capaces de vender nuestra nobleza al mejor postor.

Pasé por las Vegas en el verano del 2006. Sólo soporté estar en esa ciudad unas horas. Ni siquiera quise pararme a dormir. La decadencia de nuestra sociedad y lo más patético de nuestro derroche y decoro allí estaban condensados en grado máximo.

Por eso me cuesta creer que hayamos sido engañados por el pan para hoy y el hambre moral de una nación entera para mañana. España se convertirá, de nuevo, en el hazmerreir de Europa.

Vendernos por un plato de lentejas a la decadencia es vergonzoso ya no sólo para nuestra generación, sino para las generaciones futuras que verán con horror como convertimos en miseria la poca dignidad que nos quedaba en los malos tiempos.

Hoy me avergüenzo un poco más de ser español, y el día que pongan el último ladrillo de ese macroproyecto será el día que me marche de una Madrid decadente. Comienza pues la cuenta atrás.

Algunas reflexiones sobre la deuda y su prima


En siglos pasados, los problemas de deuda se terminaban a base de guerras. El caso de los Templarios fue quizás la primera intervención de un «estado» que no podía seguir pagando intereses por su deuda a unos «banqueros»-monje-guerrilleros que terminaron en la hoguera…

Ahora, ¿cual es la solución para terminar con este círculo vicioso de la deuda? Le preguntaba al amigo J. hoy mismo… ¿O la solución es estar dependiendo de la deuda de por vida, heredando nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos todo este desaguisado? Es un tema que como el nacionalismo, intento resolver en mi interior… Y J. me ayudaba en la reflexión que yo mismo hacía en voz alta. (Más abajo su respuesta).

En mi caso particular, lo que estoy haciendo es reducir todo tipo de gastos y no entrar en mas gastos (es decir, los famosos recortes del gobierno). Pero lo que sí tengo claro es que no pido más deuda para pagar la deuda, sino que intento trabajar más, comer menos y disfrutar menos hasta que consiga terminar con mi propia sangría. ¿Qué hacen los gobiernos en ese sentido?

Sí, me he quedado sin casa, he tenido que reestructurar toda mi vida y conduzco un coche híbrido con más de quinientos mil kilómetros sin posibilidad de cambio. No tengo móvil e intento reinventar mi negocio ya que mis distribuidores, la mitad quebrados y la otra mitad sin pagar desde casi un año asfixian la ya de por sí asfixiante situación. ¿Qué se hace en estos casos de pura supervivencia? Sobre todo revisar nuestros valores, nuestras conductas, nuestras formas de vivir, y lo más importante, nuestros hábitos.

Nunca he cobrado una prestación social, ni recibido una beca. Cuando me quedaba en el paro, me iba a la calle y me tiraba las veinticuatro horas buscando trabajo, aunque fuera de telepizzero o repartidor de propaganda o lo que fuera. Cuando no había nada de trabajo, entonces inventaba mi propio puesto de trabajo, ya fuera pintando muñequitos o vendiendo libros. Nunca había tiempo para la queja, que es la madre de todas las desgracias.

Así que me pregunto qué más hace el gobierno aparte de seguir apoyando a los bancos, que son los que desahucian a las personas que se han quedado sin trabajo. Porque esta es para la sociedad la paradoja. Rescatan bancos y no personas… ¿Y quién nos rescata a nosotros mismos? La supervivencia, la pura y dura supervivencia que se apoya en estos momentos y más que nunca en la cooperación y el apoyo mutuo entre nosotros. Pero J. tiene más respuestas que con su permiso y el vuestro comparto:

 

En mi opinión lo que está haciendo Europa liderada por Alemania-Francia y el BCE tiene sentido:

  • Por un lado, los paises del norte están mejor gestionados y son más productivos.
  • Por otro, tienen menor corrupción pública y privada (no debemos olvidar esta última, muy alta en España en “pequeñas” cosas que multiplicadas por millones suman millones.
  • Finalmente, asignan mejor los recursos; (1) no hacen obras sin sentido tipo Ave Albacete-Cuenca con 19 pasajeros; (2) no construyen un parque de viviendas acojonante tipo Seseña que luego se quedan vacías…

Creo que la medicina es adecuada:

  1. Solidaridad entre países, pero dentro de un orden para que no haya cachondeo (el ejemplo es loq ue está pasando ahora mismo en la UE).
  2. Reducir el coste de las administraciones para que el ratio funcionario/habitante sea como el de los países más eficientes (Alemania).
  3. Una visión del mundo económico menos especuladora, en el sentido de que las cosas requieren su tiempo. La reforma bancaria en Europa va en línea de hacer entidades más seguras, lo mismo que las exigencias a las aerolíneas de que paguen derechos de emisión de CO2.
  4. Una visión del gasto más austera, eliminando inversiones no necesarias.
  5. Idem como opción particular, eliminando como bien dice DK en el capitulo sobre el dinero de “Sirviendo a la humanidad” tantos gastos superfluos en diversión, tabaco, alcohol, caprichos, “disneylandias” (con todo lo que esto implica)…
  6. Una visión si quieres más holística de la vida, también como opción particular

Creo que es esto lo que se está empezando a sembrar.

 

Mercados, inversores, bolsa y ludópatas


“Ciertamente, no se puede valorar como feliz y próspera una sociedad donde la mayoría de sus miembros están reducidos a la pobreza y la miseria. Lo justo, no obstante, exige que aquellos que alimentan, visten y dan hogar a todo el cuerpo de la nación, tengan, en el producto de su propio trabajo, una parte suficiente para poder alimentarse, vestirse y encontrar vivienda por sí mismos”. (Adam Smith)

Los mercados son necesarios. Desde la más remota antigüedad, siempre han existido esos lugares comunes donde unos y otros intercambiaban los productos y servicios producidos con su esfuerzo y trabajo.

Desde que nos regimos por el modelo capitalista, los inversores han sido necesarios para incentivar proyectos que necesitaban un empujón para poder asentar las bases de la llamada economía real o economía productiva.

Estas inversiones no tienen nada que ver con las realizadas en las llamadas economías especulativas o financieras.

La economía especulativa es ganar dinero sobre cosas que aún no existen o no se han producido. A esto se le llama mercados de futuros. Es decir, comprar algo que vendemos más tarde porque pensamos que en poco tiempo va a valer más. El especular con cuanto subirán o bajarán productos financieros se le denomina derivados financieros.

Uno de los problemas de esta crisis es la de poder analizar el hecho que propicia a la economía especulativa a generar diez veces más dinero que la economía real. Es decir, generan dinero única y exclusivamente especulando sobre las personas que producimos bienes y servicios.

Las Bolsas de Valores son entidades privadas que permiten y facilitan que todo este mercado pueda actuar, y por lo tanto, la especulación pueda ser en cierta manera “ordenada”, “regulada” y descrita.

Aquí está la gran paradoja de nuestra sociedad: el lucro, la usura y la avaricia de los mercados especulativos dominan el panorama de la economía real, de los Estados y de las sociedades desarrolladas en su conjunto. Es decir, unas personas que se dedican a especular sobre cosas que no existen (aunque lo hagan a partir de cosas existentes) dominan el panorama mundial de nuestra economía. O dicho de otra forma, es como si un puñado de ludópatas jugaran y apostaran en un gran casino todo nuestros recursos reales.

Muchos consideran que llamar ludópatas a estos especuladores es algo exagerado, pero veamos que entiende la psicología como ludópata. Para que alguien pueda ser considerado mediante diagnóstico como ludópata, se debe cumplir al menos cinco de los siguientes síntomas: 1. Preocupación. Tanto los mercados como los estados lo están. 2. Tolerancia. Como en el caso de la tolerancia a las drogas, el sujeto requiere riesgos mayores para experimentar la misma emoción. 3. Abstinencia. Inquietud o irritabilidad asociada con los intentos de dejar o reducir el juego. 4. Evasión. El sujeto juega para mejorar su estado de ánimo o evadirse de los problemas (la prima de riesgo y los mercados sirven como excusa para no afrontar la realidad económica). 5. Revancha. El sujeto intenta recuperar las pérdidas del juego con más juego (más deuda soberana). 6. Mentiras. El sujeto intenta ocultar las cantidades destinadas al juego mintiendo a familia, amigos o terapeutas (justamente lo que está haciendo el gobierno y los mercados). 7. Pérdida del control. La persona ha intentado sin éxito reducir el juego. Como estamos viendo en estos momentos, los mercados y los Estados están perdiendo el control de la situación. 8. Actos ilegales. La persona ha violado la ley para obtener dinero para el juego o recuperar las pérdidas (amnistía fiscal, por ejemplo). 9. Arriesgar relaciones significativas. La persona continúa jugando a pesar de que ello suponga arriesgar o perder una relación, empleo u otra oportunidad significativa (el Estado permite los desahucios, ayudando sin embargo a la banca). 10. Recursos ajenos. La persona recurre a la familia, amigos o a terceros para obtener asistencia financiera como consecuencia del juego (los mercados, letras del tesoro, etc.)

En la selva, los fuertes avasallan a los débiles. Es lo que ocurre en los mercados financieros. En el reino humano, los fuertes ayudan a los débiles. Es lo que debería ocurrir y no está ocurriendo en los Estados desarrollados. ¿A quién debe rendir cuenta los Estados? ¿A la selva o al reino humano?

Conclusión: estamos en manos de unos ludópatas especuladores que están fijando el designio de nuestras sociedades desarrolladas.

La quiebra del sistema financiero


La quiebra del sistema financiero parece cada vez más cercano. Esto lo podemos ver, por ejemplo, con Grecia, que necesita endeudarse cada vez más para poder pagar las deudas anteriores. Un poco lo que está ocurriendo en España de seguir con la tendencia actual. Cada vez necesitamos crear más deuda porque no tenemos dinero para pagar prácticamente nada. ¿Pero hasta cuando esta situación puede ser sostenida en el tiempo?

Como podemos ver en el gráfico de más abajo, comprobamos con gran asombro que España no es uno de los países más endeudados, y sin embargo, depende de las decisiones políticas de países altamente endeudados como Francia o Alemania.
Se nos dice, además, que la desconfianza de los mercados nace porque a diferencia de esos otros países, España no tiene una perspectiva de crecimiento a corto plazo dada la fragilidad de su débil sistema productivo basado hasta ahora, valga la paradoja, en el mercado, ahora quebrado, de la construcción.
Así que tenemos un grave problema para desmontar todo este lío en el que nos hemos subido. ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer?
Sin duda poner en orden muchas cosas. Nuestras prioridades como sociedad, nuestra organización política y económica y nuestros valores, porque en el fondo, esta es una crisis de valores que no ha hecho más que reproducir en lo exterior la podredumbre que llevamos dentro. Por eso es necesaria una intensa valorización de nuestro interior individual y colectivo para poder empezar de nuevo. Y esto solo se me ocurre abordarlo con trabajo, trabajo y más trabajo: interior y exterior.
Deuda: Comparativa Países
Año Millones € % PIB
España [+] 2011 734.961,00€ 68,50%
Alemania [+] 2011 2.088.472,10€ 81,20%
Reino Unido [+] 2011 1.547.506,30€ 85,70%
Francia [+] 2011 1.717.256,00€ 85,80%
Italia [+] 2011 1.897.179,00€ 120,10%
Portugal [+] 2011 184.290,90€ 107,80%
Austria [+] 2011 217.398,70€ 72,20%
Bélgica [+] 2011 361.735,30€ 98,00%
Bulgaria [+] 2011 6.285,60€ 16,30%
Chipre [+] 2011 12.720,00€ 71,60%
República Checa [+] 2011 60.798,00€ 41,20%
Dinamarca [+] 2011 111.766,00€ 46,50%
Estonia [+] 2011 965,20€ 6,00%
Finlandia [+] 2011 93.030,00€ 48,60%
Grecia [+] 2011 355.617,00€ 165,30%
Croacia [+] 2009 16.089,10€ 35,30%
Hungría [+] 2011 72.134,10€ 80,60%
Irlanda [+] 2011 169.264,00€ 108,20%
Islandia [+] 2011 10.139,80€ 98,80%
Lituania [+] 2011 11.827,20€ 38,50%
Luxemburgo [+] 2011 7.785,90€ 18,20%
Letonia [+] 2011 8.617,80€ 42,60%
Malta [+] 2011 4.600,30€ 72,00%
Holanda [+] 2011 392.506,00€ 65,20%
Noruega [+] 2011 101.532,60€ 29,00%
Polonia [+] 2011 192.671,90€ 56,30%
Rumanía [+] 2011 44.607,30€ 33,30%
Suecia [+] 2011 150.483,60€ 38,40%
Eslovenia [+] 2011 16.954,40€ 47,60%
Eslovaquia [+] 2011 29.911,30€ 43,30%
Turquía [+] 2009 201.165,30€ 45,40%

La idiosincracia de un pueblo


Este fin de semana he visto con cierta pena como todo se desmorona alrededor, sintiéndonos un poco abandonados a la deriva de los tiempos, aplacados por esa realidad que se impone aunque algunos intenten disfrazarla. Me pregunto qué pasaría si realmente mañana alguien dijera que no hay dinero y todos cayéramos en la cuenta de que realmente es así, de que hemos vivido toda nuestra vida del crédito, es decir, de la mentira y la ilusión, y de que es hora de afrontar, como se pueda, esa mentira. Y como la mentira se ha impuesto durante mucho tiempo, ahora resulta fácil reconocerla en cuanto se ha dado de bruces con la realidad. Es fácil comprobar como todo lo que pensábamos que nos pertenecía no era más que el producto de una falsa.

Evidentemente, a partir de ahora, tenemos la posibilidad de ejercitar nuestra libertad y buscar los mecanismos correspondientes para reorganizar y recolocar nuestras vidas. Me vale el ejemplo de lo que hacen unos países y otros ante unas circunstancias parecidas. Incluso me valen los indicadores económicos para ver que en Francia, tras un cambio de gobierno y una política muy diferente a la ejercida en España ha encauzado el rumbo de los indicadores. En España, en algo nos estamos equivocando y tiene mucho que ver con la poca seriedad que un país bananero como el nuestro ejerce en el exterior.

Es cierto que cuando viajamos siempre damos un poco la nota. Hace unos meses estuve en Suiza y en los trenes de Ginebra podía escuchar a los españoles desde lejos. Es verdad que llamamos un poco la atención en ese sentido. Pero me pregunto qué clase de imagen ejercemos a nivel político, cuando tenemos un jefe de Estado al que todos conocen, dentro y fuera, sus estraperlos y su falta de moral y ética en casi todos los ámbitos humanos. Sí, es un cachondo, un bonachón aparente y todo ese buen rollito que nos daba un gobernante cercano, pero eso ya no sirve, y lo más importante, no ha dado la talla en los tiempos que corren, que es cuando se demuestra realmente la valía de unos y otros.

Respecto a la clase política, más de lo mismo. ¿Qué mercado va a confiar en un país marcado por la corrupción constante de la clase política? ¿Por qué se extrañan nuestros políticos de que la prima de riesgo esté por las nubes?

No sé si se puede cambiar el carácter de un pueblo, su forma de entender la vida y de manejarla. Pero sí es cierto que como mínimo, este pueblo nuestro necesita aún muchas dosis de educación y cordura. Educación, por cierto, que estamos recortando a raudales. Así nos irá como sigamos errando en la perspectiva.

Una revolución, comandante, desde Sierra Madre


Son las tres de la madrugada. Ya en casa después de otra jornada de protestas. Muchos hemos llorado cuando la policía ha cargado injustamente contra mujeres y hombres mayores, amas de casa y niños. No entendíamos nada. Estábamos allí por ellos, por sus recortes, y cargaban contra nosotros. Nos mirábamos a los ojos sin miedo, nos sentábamos en frente de sus porras y armas. Impresionaba, pero nadie tenía miedo. ¿Miedo a qué? Muchos decían que lo habían perdido todo y que ya no tenían nada más que perder… El Congreso y las sedes de los principales partidos estaban totalmente acordonados. Ha sido imposible llegar hasta ellos, pero las miles de personas que se iban juntando a nosotros era motivación suficiente para seguir adelante.

Algo está pasando. Es inevitable. La gente abre los ojos cuando se les quita el pan y la miseria relame sus primeras heridas. Está bien esta crisis y los recortes. Al menos nos está haciendo ver algo. Quizás no suficiente, pero sí algo.

Otro dato ha sido la forma pacífica de los manifestantes contrastada con la violencia de algunos. Sin embargo, muchos jóvenes crispados no entendían como podíamos defender nuestro pan, nuestros derechos y libertades sin hacer nada. Ha faltado poco para una toma de la Bastilla. «La próxima visita, será con dinamita», se decían indignados mientras eran golpeados. Hoy ha sido lluvia fina, muy fina… La próxima vez, aviso para navegantes, puede ocurrir cualquier cosa…

(Foto: He aparecido en algunos medios y en alguna televisión dando espectáculo ya que me he metido en plena boca del lobo. Aquí aparezco tímido en una foto de «El País», momento en el que unos pocos nos hemos enfrentado pacíficamente y sin resistencia a la policía, bloqueando la primera carga que han hecho contra los manifestantes a las puertas del Congreso, en la fuente de Neptuno, momento de mayor tensión. El efecto de la no violencia ha sido asombroso, pero no suficiente).

Soy Minero


La previsión era que los mineros llegaran pasadas las diez y media a la Plaza del Sol. Pasadas las nueve ya estaba intentando contagiarme del ambiente. Familias enteras paseaban buscando algún signo de agitación, de impostura, de comunión. Todos se miraban con cierta complicidad, especialmente si llevabas una prenda negra que delatara el motivo de ese inusual paseo. Poco a poco la plaza se fue vaciando de turistas y curiosos y llenando de sociedad indignada, de ciudadanos artos, de personas de carne y hueso cargados de un sentido semántico de la acción.

Los mineros se retrasaron mucho. En la plaza había padres cuyos hijos dormían tranquilos en el suelo. Rozando las dos y media de la madrugada, se escuchaba de lejos la masa humana que iba llegando. Un sentimiento de fiesta y gozo empezó a rodearnos a todos. Era como si verdaderos héroes mitológicos fueran a entrar a la plaza en cualquier momento. Todos nos mirábamos con cierta gratitud y alegría.

De repente empezaron a llegar los primeros y entonces el júbilo de la masa ardiente empezó a enloquecer. Se escuchaban las primeras canciones reivindicativas y los himnos propios de la minería. Todos querían tocarlos mientras que ellos mismos, increíblemente sorprendidos por la multitud que les recibía en Sol y les abrazaba una y otra vez, estallaron a llorar.

En ese momento hubo una reconciliación extraña entre ellos y nosotros. Formábamos parte de algo increíble y único. Algo que puede sobrepasar el significado profundo de solidaridad. Sentimos que aquellas gentes eran portadores de un mensaje de esperanza, un mensaje de amor hacia la esencia más poderosa que nos une a todos. Podíamos ver en sus ojos cristalizados una luz ardiente, una albor de esperanza. Algo nos decía en ese momento de extrema ilusión que un mundo diferente es posible…

Ayer y hoy, todos nos sentíamos mineros…

El caótico mundo de los negocios


Ayer tuvimos una hermosa velada en casa de unos amigos. Cenamos y hablamos de proyectos, de empresas, de crisis y de libros. Él, un empresario de larga trayectoria, hablaba desde las dos perspectivas posibles. En la primera recordábamos cuando disponíamos de todos los lujos posibles de la época de bonanza y de cuando las cifras que se manejaban, en su caso particular a su favor, se podían contar por millones de euros. En la segunda repasábamos todo lo que había ocurrido hasta que la ruina terminó con toda una generación de emprendedores y de bonanza sin fin.
La evidencia de que todo está quebrado lo vemos día a día. Ayer hablábamos de que estábamos en un nuevo mundo, en una nueva era de los negocios, donde lo importante era la guerra de guerrillas y la pura supervivencia. Recordé cuando Nietzsche hablaba de la mentalidad del esclavo y la mentalidad del guerrero. El primero, servil y educado para mantener siempre el status quo del servilismo y la masa, vivía una vida más o menos monótona dentro de la esclavitud de cada tiempo. En el nuestro, el modus de representar esa esclavitud es el trabajo asalariado del ciudadano medio que mantiene un servilismo con el Estado a base de impuestos y coacción mediante cárcel o castigos.
El guerrero sería en nuestro cuento actual el joven empresario que lo arriesga todo a cambio de un mundo de posibilidades. Y no me refiero a ese empresario de clase alta, nacido en una familia pequeño-burguesa donde sus padres, a base de cheque o herencias van montándole al hijo su empresa-juguete. Me refiero a ese guerrero que surge de la nada y explota la posibilidad de alcanzar algo.
Pero en los tiempos que corren, todos se han convertido en esclavos de las circunstancias. Hoy me daba cuenta cuando estaba realizando la liquidación de nuestros distribuidores. En seis meses, una inversión en libros de casi diez mil euros sólo ha conseguido unas liquidaciones que no llegan ni a trescientos euros. Me preguntaba atónito como era esto posible, y qué sentido tenía mantener una red de distribución quebrada y falta de beneficio. Veo que la supervivencia global de toda la empresa ha sido gracias a la guerra de guerrillas de la que hablábamos ayer, no precisamente de la anquilosada y ortodoxa venta por distribución, sino más bien gracias a otras fórmulas como la venta directa desde internet o los pedidos que algunos autores entusiastas hacen de su propia obra.
A toda esta quiebra hay que sumar las deudas acumuladas por casi la mayoría de las empresas existentes. Unas derivadas por una mala gestión, otras por la quiebra de terceros y otras por créditos que no han podido ser afrontados por la escasa o nula actividad empresarial.
¿Cómo salir de este atolladero sin salida a corto plazo? Es evidente que adaptándonos a los tiempos y cambiando el paradigma de hacer negocio, ya no quizás buscando una base lucrativa como telón de fondo sino una base motivacional y social que entienda como modelo filosófico no la competitividad sino la cooperación y el apoyo mutuo.

Por cierto, para ayudarnos aún más a salir adelante el gobierno propone subir el IVA. ¿Cuando vamos a proponer nosotros que recorten autonomías, diputaciones, políticos, senados, coches oficiales, palacios, realengos de toda índole, embajadas, y ese largo etcétera interminable?

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