Hacia la movilidad eléctrica


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Cuando hace un día normal de sol puedo trabajar desde la caravana gracias a la humilde placa solar. Si el día está nublado la placa se resiente y solo da energía para una pequeña lamparita y la carga de móviles, no mucho más. Con una o dos placas más o un pequeño aerogenerador (aquí hace mucho viento), la autonomía energética sería suficiente.

En la crisis global en la que estamos, especialmente en la medioambiental, es difícil realizar un cambio radical como el que aquí estamos haciendo. Admitamos que venir a las montañas no es una solución viable para los millones de seres que desde hace generaciones viven acomodados en las ciudades. No solo es un problema de consciencia, también de responsabilidad, compromiso y un cierto grado de sacrificio. No todos estamos preparados para estos retos. En todo caso nos sirve la aventura para crear cierta inspiración. Al menos cierta inspiración para la vida cotidiana.

Cuando organismos oficiales como la OMS advierte de que comer carne es perjudicial y vemos las reacciones irónicas de nuestros congéneres nos damos cuenta de lo lejos que estamos de poder salvar al planeta. Ni siquiera en esas reacciones hemos podido contemplar un pequeño resquicio de compasión no hacia nosotros mismos, sino hacia el reino animal que sufre nuestra barbarie. Esa consciencia o sensibilidad es compleja, ya que nace de unos condicionantes culturales y sociales condicionados por millones de años de historia. ¿Cómo cambiar eso?

No sabemos cuantas generaciones más aguantaran esta debacle. La humanidad, convertida ya en una plaga que afecta directamente al planeta Tierra, no puede quedar por mucho tiempo ignorante ante los efectos de la misma. Tendría que existir una revolución radical en las consciencias humanas, tan radical que nos pusiéramos todos manos a la obra para cambiar hábitos, formas de consumo, y cientos de minúsculas actitudes personales que dañan día a día a nuestra madre tierra. Y esa radicalidad debería empezar ahora mismo, en este instante, para que la cosa no fuera a peor. ¿O acaso estamos ya, como dicen algunos, en el camino de no retorno?

Cuando compré hace algo más de diez años un coche híbrido pensé ingenuamente que con ese acto simbólico estaba ayudando a señalar el camino a seguir en pro de una movilidad más ecológica. Diez años después empiezan a aparecer los primeros coches puramente eléctricos, capaces, según el tipo de gama, de alcanzar entre doscientos y quinientos kilómetros de autonomía. Con el avance de las energías renovables, quizás en treinta o cuarenta años podamos ver un parque móvil totalmente ecológico. Pero hasta esta idea puede parecer ingenua si vemos todo lo que nos rodea diariamente.

En todo caso, es nuestra obligación moral seguir animando uno a uno a todos los que nos rodean para que ejerzan su poder de cambio. Para que puedan influenciar en todo cuanto consumimos, en todo cuanto hacemos, en todo cuanto nos merecemos. Para que apostemos cada día por soluciones más ecológicas. Un coche eléctrico, placas solares en los tejados, o simplemente un consumo responsable de todo cuanto compramos. Cualquier cambio que hagamos en nuestros hábitos será beneficioso para la Tierra, y también para nuestros descendientes. Estemos atentos y apostemos por esos cambios. Es posible que no nos beneficiemos directamente. Pero haremos un bien para el futuro. Así que si puedes apuesta por la movilidad eléctrica. El planeta lo agradecerá.

¿Es radical ser radical? Sobre la defensa de los animales.


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Alguien se molestaba el otro día por mi forma a veces un tanto visceral de defender al reino animal. De alguna forma se sentía ofendido porque pensaba que mi manera radical de pensar no era sensible con las personas que comen carne.

Debo decir que tiene razón. Respeto profundamente a las personas que comen carne. Toda mi familia lo hace y el noventa por ciento de mis amigos. No dejo de amarlos por su condición de omnívoros ni intento inculcarles los sorprendentes beneficios de una dieta vegetariana. Pero sí admito el reproche, e incluso cierta radicalidad en mis posturas.

El caso es que veo esta cuestión de forma muy similar a como los primeros exploradores de la era colonial veían a los caníbales. O de cómo la américa civilizada veía con horror la otra américa, aquella que esclavizaba a sus hermanos de color. Eso que ahora parece tan obvio, en aquel momento eran posturas radicales. Salir a la plaza mayor a defender a los negros, a las minorías, el voto de la mujer y cientos de cosas parecidas era de radicales, de extremistas, de personas sin muchas luces. Resulta que la consciencia humana sigue avanzando y no se conforma con buscar justicia, igualdad y libertad para sus congéneres. Ahora desea dar un paso más y cada día son más los que salen a la plaza pública para defender también la vida animal.

España tiene una cultura brutal con los animales. No porque se alimente de ellos, sino porque en su ADN cultural existe el maltrato en las ferias de los pueblos, en tradiciones macabras y aceptadas por todos con una complicidad absoluta como el Toro de la Vega o como esa ancestral tradición de matar toros en el ruedo, llegando incluso a la aberración de llamarlo “cultura”. Hay ritos de paso que ya no son necesarios. Las matanzas que de siempre se han practicado en los pueblos ya no tienen sentido en un mundo donde la abundancia alimenticia no requiere de víveres para soportar el frío invierno.

Los tiempos cambian y soy plenamente consciente de que esto que ahora parece una postura radical, de aquí a un par de siglos será lo más normal del mundo. La gente dejará paulatinamente de comer carne y existirá un delicado equilibrio entre la sensibilidad humana y la animal. Beber sangre y comer carne dejará de ser algo propio de humanos, y los ritos de sacrificio en el mundo de la alimentación se verá en ese tiempo como una terrible consecuencia de nuestra ceguera e insensibilidad.

Siento de veras si con esto que digo ofendo a mis queridos omnívoros. Mi única intención es la de denunciar esta injusticia, esta falta de lucidez por nuestra parte, esta aberración inconsciente de nuestra psique colectiva hacia el reino animal, hacia esos pequeños hermanitos que se encuentran en su propio proceso conciencial y evolutivo. Es posible que estas posturas sean un poco radicales. También lo fueron en su día los que lucharon contra la esclavitud, el apartheid o el voto de la mujer. Es cuestión de tiempo. También es cuestión de conscienciarnos sobre otras formas de ver y entender la vida sin tanto dolor para los otros, aunque los otros sean pobres terneras o pollitos recién nacidos a quienes de forma cruel les arrancan en vida las alas para servirlas en restaurantes de comida rápida.

Simply Build Green (Construcción Ecológica Sencilla)


©Findhorn Foundation/Eva Ward nature sanctuary

Uno de los lugares más hermosos de la comunidad de Findhorn es el llamado Nature Sanctuary. Es una pequeña construcción de unos cómodos y suficientes veinte metros cuadrados hecha de piedra y madera y semienterrada en el suelo. Se construyó en octubre de 1987 y tuvo un coste de unas 1500 libras de la época. Desde entonces, se viene utilizando todas las mañanas a eso de las ocho para compartir juntos los cantos ecuménicos de Taizé. Realmente es uno de los momentos más entrañables de la comunidad, donde se comparte, mediante la devocional música, un espacio único de entendimiento y comunión.

Esta construcción es algo más que un pequeño santuario de meditación. Es el emblema de como podrían ser las futuras casas. Hay una corriente en arquitectura que empieza a hablar de hogares cada vez más reducidos, donde lo útil y la sencillez sean marcos de referencia. Alejados de la ostentación vanidosa de esos grandes edificios y casas majestuosas, lo pequeño y sencillo está ganando cada vez más adeptos. Si además las construcciones se vuelven cada vez más ecológicas y pueden ser integradas, como el caso del Nature Sanctuary, en todo su entorno, estamos caminando hacia el modelo perfecto para la comunidad futura.

Siempre hablamos mucho de la contaminación del aire, pero nunca nos atrevemos a hablar de la contaminación visual. Nuestros grandes edificios con sus majestuosas fachadas y tejados rompen completamente con el orden natural y la estética de los ecosistemas. Las antenas, los cables que vemos por todas partes, especialmente por las montañas con esas grandes torres de alta tensión y el asfalto gris que todo lo envuelve rompen drásticamente con la armonía de la naturaleza.

En el futuro, inevitablemente, habrá un respeto por todos esos aspectos. Las casas se integrarán en el paisaje, los tejados verdes y las estructuras de piedra y madera volverán de nuevo a estar de actualidad. Nos serviremos de los avances tecnológicos para unificarlos con la tradición, la cual estaba más cercana de lo natural. Casas pequeñas, fácil de calentar, dispuestas de tal forma que no ejerzan un fuerte contraste sino que se integran totalmente con el paisaje. Construcciones sencillas totalmente ecológicas, con sistemas de autoconsumo energético a base de placas solares o molinos de viento disimulados entre la construcción y unos tejados vegetales que aclimaten la vivienda a la vez que disimulen su presencia.

La revolución arquitectónica está por llegar, pero será poco a poco un modelo que ganará más cuota, a medida que la humanidad avance hacia una consciencia más ecológica y sencilla. Lo sencillo y pequeño es hermoso… ¿verdad?

(Foto: Nature Sanctuary, en Findhorn)

¿Por qué nos hemos cambiado a una compañía eléctrica verde?


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Tras pagar casi seiscientos euros y muchos meses de espera para que nos conectaran la electricidad en la nueva sede de la editorial, nos sentimos en la necesidad moral y ética de cambiarnos a una compañía de luz que proteja y cuide a la naturaleza utilizando energías limpias y alternativas.

Para ello, están surgiendo en todo el país proyectos, en su mayoría cooperativas de consumo, a las que puedes hacerte socio y dejar que sean ellos los que suministren la electricidad.

¿Por qué cambiarse? No entraremos en la demagogia política sobre esos exgobernantes que ahora ganan suculentos sueldos a costa de la tarifa de la luz. Debemos basar nuestra decisión en conjeturas de puro sentido común en un mundo que debe cambiar su paradigma. El modelo energético actual basado en combustibles fósiles o energía nuclear es insostenible. El futuro es la energía limpia, sin más, la que viene del sol y del agua y de la tierra y del viento.

En este artículo podremos ver ocho alternativas diferentes de energía verde:

http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/energia_y_ciencia/2013/03/18/216195.php

Nosotros nos hemos cambiado a SOM ENERGÍA, ya que han sido ellos los que más rápido han contestado y más rápido, gracias a su herramienta informática, han sabido dar respuesta a los tiempos que corren.

https://www.somenergia.coop/es/ 

Os animo a que hagáis lo mismo. Ya no vale quejarse. Tenemos que empezar a actuar. Es tiempo de actuar, ¿por qué no hacerlo?

 

 

 

 

Elon Musk


Elon_Musk_-_The_Summit_2013

Siempre que escucho Fantasía de Greensleeves me transporto a un mundo diferente, a una especie de lugar donde todos viven felices en una especie de baile inmortal. Una canción que nació en Inglaterra y que ahora escucho en Escocia no puede menos que emocionarte. Pero especialmente si por alguna extraña razón, además, te incita a recordar algo muy lejano que no sabes identificar y al mismo tiempo te hace enamorado y feliz.

Esa sensación de vivir en otro mundo hay personas privilegiadas que ya la pueden experimentar. No sólo porque ese mundo nace en su potente imaginación, sino porque además son capaces de materializar todo aquello con lo que sueñan.

Este es el caso del joven empresario, ingeniero e inventor Elon Musk. Su vida parece sacada de algún cuento. Seguramente, de seguir esta trayectoria apasionante, pasará a la historia como una de las personas que revolucionó el siglo XXI. Su arriesgada apuesta es triple.

Por un lado, fue el primero que de la nada consiguió crear una fábrica de coches eléctricos con un sugerente nombre: Tesla Motors. Su obsesión consistía nada más y nada menos que terminar con la polución en las ciudades y en el mundo, y para eso creó vehículos eléctricos con una considerable autonomía: las de mayor autonomía del mercado, hasta casi 500 km sin enchufar a una toma de corriente. Sin saberlo, o quizás sí, estaba dando el pistoletazo de salida a una nueva revolución industrial basada ya no en los derivados fósiles sino en la electricidad.

Para completar su circuito ecológico, no sólo casi inventó el vehículo eléctrico, sino que invirtió gran parte de su capital en crear SolarCity, una empresa que se dedica a poner en marcha en los hogares americanos un sistema autónomo de electricidad basado en placas solares. De esta forma, sus vehículos Tesla pueden conducirse sin gastar un solo dólar. ¿Es esto el principio de la emancipación energética?

El que fuera cofundador de empresas como Paypal, también ha desarrollado una empresa aeroespacial, Space X, la primera empresa privada que ha podido llegar a la Estación Espacial Internacional y conseguir un contrato con la NASA para abastecer a la estación mediante viajes comerciales.

La verdad es que estamos siempre acostumbrados a homenajear a personas con grandes virtudes espirituales, con grandes frases inspiradoras, pero siempre se nos olvida elogiar a esas personas que están haciendo actos verdaderamente espirituales en el mundo de la materia. Una persona está revolucionando la locomoción y seguramente, si todo va bien, será el inspirador de un nuevo modelo energético que nos librará de guerras e intereses con el cada vez más obsoleto mundo de la combustión, el petróleo y las energías contaminantes. Si su particular revolución se hace firme, estaremos ante una revolución universal que facilitará nuestras vidas y las hará más limpias, más respetuosas con el medio ambiente y más esperanzadoras con nuestro futuro humano.

Quizás todo esto sea tan solo el comienzo de una fantasía que será derrumbada por intereses internacionales. Pero por si acaso, seguiremos escuchando y disfrutando de la Fantasía de Greensleeves. Y los que tengáis recursos, no dudéis en apoyar esta obra adquiriendo algún coche eléctrico. Es la única forma que tenemos de poder cambiar las tendencias futuras.

La sangre de mis venas es de la Tierra


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Si dicen que Dios es nuestro padre, la madre es la tierra que tejió los labios, que meció la sangre, que acuñó la rodilla y el hueso, que puso rostro a vértebras y pelos y tacto. Si Dios es el aliento que sopla desde el espíritu transformando lo infinito en fugaz andadura, en alma, nuestra carne es la hija preñada de esa vida que palpita a cada minuto, que respira a cada instante sin dejar de hacerlo una sola vez excepto en el fin.

Y si la Tierra es nuestra madre me pregunto porqué no la amamos, porqué no la respetamos, porqué no hacemos de su presencia un templo al que adorar, al que proteger, al que abrazar a cada mañana. Me pregunto porqué no marchamos desnudos a su encuentro en el clamor del bosque, en el jilguero que se posa en la ramilla del caldo, en el alarido que nace de la trémula garganta henchida del animal que trota. ¿Qué es aquello que nos aleja del roce del río y de la visión transformadora de nubes y vientos?

Si soy hijo de la Tierra, me pregunto porqué no hundo mis raíces en su cálida faz, porqué no construyo con cañas y barro el manantial del hogar. Porqué no atravieso con la lanza del trabajo la diana del gozo. Si pudiera tan siquiera saber cómo escapar de la oscura y mugrienta esfera que nos separa de la tierra. Si pudiéramos entender que esa capa de betún y alquitrán no es más que un escollo que nos desconecta de nuestra propia naturaleza.

Si la sangre de mis venas es de la Tierra, ¿por qué vivo tan alejado de ella? ¿Por qué día tras día me resulta más difícil encontrar un lugar donde hundir mis dedos en su candente y prieta presencia? ¿Alguien recuerda el olor a tierra mojada? ¿Alguien recuerda la sensación de preñar la vida fugaz en la inmortal esfera? ¿Por qué no soñar con el retorno? ¿Por qué no alejarnos de la vida sin vida? ¿Por qué no vivir viviendo abrazados a nuestra madre la Tierra?

Filipinas


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Siento gran tristeza por los miles de muertos que ha arrasado el tifón Haiyan. Miles de muertos que según algunos expertos están relacionados con el uso masivo e incontrolado de aerosoles, especialmente en el sur de China. La ONU por fin se pronuncia claramente sobre los efectos del cambio climático en las catástrofes cada vez más agresivas y continuadas a las que estamos expuestos.

Y cuando hablamos de estas cosas nos llaman alarmistas o apocalípticos sectarios. Sin embargo los hechos están ahí, y cada vez con más virulencia. Sigamos pues en nuestra miopía. Sigamos en nuestra ceguera insulsa. Sigamos anclados en la ignorancia del que no quiere ver, del que pasa por la vida como si la vida no fuera con él.

Perdonad el tono de estos días, pero es que parece como si realmente estuviéramos viviendo en un mundo cada día más alocado y ciego.

Ahora toca un rato de silencio, al menos hasta que podamos contar uno a uno todos los que en estos días han perdido la vida de forma atroz. Que sus almas ahora sean libres y que renazcan en el flujo de la vida invisible.