Hacia la restauración de la dignidad animal


 

“Llegará un día en que los seres humanos conocerán el alma de las bestias y entonces matar a un animal será considerado un delito como matar a una persona. Ese día la civilización habrá avanzado”. Leonardo Da Vinci

Cada año, más de cincuenta mil millones de animales mueren en todo el mundo para satisfacer la demanda homo-animal: cerdos, vacas y reses de todo tipo, gallinas, pollos, peces, ovejas, conejos, y muchos otros difíciles de contar forman parte de nuestra cruel cotidianidad humana.

Hemos avanzado mucho en derechos y sensibilidades en estas últimas décadas, pero aún falta mucho por avanzar. Lo que ahora nos parece una normalidad, en las próximas décadas nos parecerá una aberración. Todo aquello que ahora forma parte de nuestra vida cotidiana, en no mucho tiempo será un trago amargo en la memoria histórica de nuestra especie.

En el nombre del placer y el nihilismo cometemos atrocidades diarias. Es normal, porque llevamos haciéndolo algo más de siete millones de años, desde que el primer homo decidió volverse sapiens, aunque esa sabiduría aún no haya explotado completamente, ni definido al ser humano completo. De hecho, tenemos más de homo-animal, en cuando que estamos más cerca de nuestros primos homínidos, que de seres humanos terminados.

Lo que realmente nos separa del resto de los animales es la plena consciencia, la complejidad de nuestra afirmación, lo que los antiguos llamaban alma. Sin embargo, esa alma habita en todos los seres, al igual que las teorías hilozoistas nos advierten de que la vida se expresa en todas partes, desde todas las cosas, animando todo cuanto existe en un invisible lazo inmortal. Siendo por lo tanto aún homo-animales, centrados en las necesidades de reproducción, alimentación y seguridad, es normal que nos comportemos de forma “animal”, brusca, insensible. Es por ello por lo que aún, tal y como nos advierte Da Vinci, no hayamos desarrollado la capacidad total de conocer y reconocer el alma que habita en los animales, y de paso, en todas partes.

Cuando algún día nuestra especie llegue a tal grado de conocimiento y/o sensibilidad, será una atrocidad perpetuar un asesinato en masa como el que ahora estamos ejerciendo hacia el reino animal. En un futuro no muy lejano veremos las terribles granjas de animales, explotados para el consumo humano, y nos aterrorizarán de igual forma que ahora nos aterroriza el ver ciertas imágenes del exterminio que se produjo en la Segunda Guerra Mundial. La supremacía humana hacia nuestros indefensos hermanos animales ha sido una de las peores pesadillas de nuestro planeta. De pasar hambre en décadas pasadas, hemos colmado el engorde de nuestra propia especie a costa del dolor de millones de animales que son sacrificados diariamente para nuestro disfrute y placer. La muerte industrializada es una de las mayores aberraciones de nuestro tiempo. Y algún día, nuestros nietos nos preguntarán qué hicimos para evitarla.

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Volver a la tribu


 

Cuando dejamos de ser tribus, la unidad se rajó. Creímos que la pareja, o el núcleo familiar iban a ser suficientes, mientras amistades y círculos de pertenencia nos daban las migajas de efímeras convivencias.

La tribu es mucho más que amigos, y hermanos de sangre. La tribu es la pertenencia espiritual a una hermandad que sostiene y nos invita a sostener. La tribu es donde los roles naturales se comparten, intercambian e interactúan.

Las madres hoy maternan solas sin el grupo de contención y apoyo. Los hijos tienen hermanos que son siempre los mismos, los de la sangre, y los hermanos espirituales que son muchos deberían estar jugando juntos, cocreando. Nos separamos en pequeñas propiedades privadas, corriendo de un lado al otro para buscar el sustento para el núcleo familiar.

Lo natural es agruparnos y mientras unos siembran, otros educan, otros construyen, algunos cocinan, y en el momento indicado nos juntamos a comer, a celebrar, a seguir tribando.

El amor que tanto buscamos, además del amor a sí mismo que se cultiva, no es el de pareja, hijos, familia, sino que al no tener tribu para practicar el amor en infinitas facetas, sobrecargamos la idea de que la pareja, los hijos, y la familia, nos darán el terreno para canalizar el amor.

Sin tribu es como un cuerpo humano desmembrado intentando funcionar, cada miembro por separado.

Tenemos que volver a las tribus donde los abuelos son dignificados y los tíos somos todos. El comercio, la propiedad privada, y el individualismo nos arrancó como ramas del tronco que nos une.

En la tribu todos los dones son bienvenidos, y los roles rotativos no crean aburrimiento ni saturación. En las tribus hay tantos hermanos y hermanas que el compartir es riquísimo y los modelos se alternan.

Ahora se empieza a usar el envejecer entre amigos, y eso es apreciar la tribu. Podemos empezar antes y darles a los niños el entorno saludable donde compartir es natural y donde hay muchos referentes de quienes aprender.

La tribu: Es para crear el amor.”

Texto de Laura Losada

Esperanza


“Vosotros ofrecéis un nido para los que están sin fuerza, sin amor, sin pensamientos positivos. Conseguimos recuperarnos y así después es posible volar otra vez con fuerza y el poder de un amor que no es de este mundo. Gracias”.

Esta es la nota que Anna nos dejó hace unos años. Cuando llegó abatida y sin fuerzas a nuestro hogar parecía derrotada por la vida. Como Anna, muchos encontraron en este lugar una oportunidad para volver a empezar. “Gracias a estos días de sanación he comprendido la importancia de la fe y la esperanza”, nos decía. Su testimonio fue suficiente para sentirnos útiles y satisfechos y para obrar el bien con mayor compromiso y responsabilidad. Para ver la delicada línea roja que separa el salir victoriosos de una tragedia o el enfrascarse en la ruina de una vida entera. No todo son éxitos aquí. Algunos se marcharon con el corazón roto. La convivencia siempre es compleja, las condiciones en las que nos encontramos son adversas, el mundo gira siempre rápido y los conflictos no cesan. Es complejo ahondar en la inofensividad sin errar en ella, pero somos persistentes, tenemos coraje y nada nos detiene a pesar de las dificultades que durante estos siete años hemos enfrentado.

Seguramente ahora en la calle hay muchas personas que no tuvieron la suerte de toparse con la madre fortuna que en un momento de crisis extrema abrazó a Anna. Que en vez de una mano tendida están encontrando el desprecio o la desconsideración de una sociedad que no puede hacerse cargo de situaciones límite y extremas. Y posiblemente la mala fortuna obre en muchos seres la desesperación y la desesperanza. En este momento de crisis, nos preguntamos cuál es nuestro verdadero rol, nuestro verdadero propósito, más allá de ofrecer un lugar de sanación y un punto de inspiración donde la generosidad sea el motor que nos impulse.

La profunda y radical transformación que la bondad y el bien pueden obrar en la vida nos acerca cada vez más a la tarea que nos ha sido encomendada como seres, como humanos, como almas errantes de este cosmos infinito. No podemos renunciar a la ayuda mutua, no podemos renunciar al don de colaborar con el bien, a instancias de que esa, y no otra, es nuestra mayor honra. Hacer el bien, motivar la bondad, profundizar en la compasión y en el amor desinteresado no es más que la puerta a nuestra verdadera función humana. Es complejo, es difícil. Incluso en lugares como este, cada vez más abundantes, donde se pone el énfasis en la transformación y el cambio, resulta extremadamente complejo.

Anna ya no está con nosotros, pero quedó para siempre en nuestros corazones. Nos alegró enormemente ser partícipes de esta hermosa transformación y de muchas otras que durante estos años han ocurrido en estas bellas montañas. La echamos de menos, es cierto, como a mucha otra gente que ahora es imposible ver por la pandemia, pero nos alegra que su destino se resolviera con fe y esperanza y nos alegra pensar que este duro invierno pasará y algún día volveremos todos a abrazarnos. La luz que arroja esa fuerza interior es capaz de hacernos volar lejos, muy lejos, y ser partícipes, con ello, de la cadena de unión y transformación humana.

No dudéis en ayudar al desamparado tanto como vuestras fuerzas os lo permitan. Los astros se alinean cada día para que podamos entender esa profunda enseñanza de empoderar al otro con la gracia y el don de la generosidad, a sabiendas de que el espíritu que nos anima es Uno con diferentes rostros. No dudéis en alejar de vosotros el miedo. La esperanza siempre es más fuerte y poderosa. No dudéis en dar la mano al otro, en ayudar al otro, en vencer y ser victoriosos con ello en el reino del amor.

Nosotros seguimos humildemente trabajando en silencio. La casa de acogida sigue mejorando día tras día, a pesar de la complejidad que entraña conservar una casa del siglo XVI. Una de las novedades de este invierno es que por fin tenemos calefacción en algunas habitaciones y por fin hemos podido ampliar el sistema fotovoltaico para no quedarnos sin luz a media tarde. Un pequeño grupo de amigos y voluntarios apoyan el lugar con las labores de mantenimiento, a la espera de que pronto llegue la primavera y podamos abrir el proyecto. Si las cosas van bien, esto ocurrirá el 21 de marzo, coincidiendo con nuestro séptimo aniversario y con el inicio del proyecto de la construcción material y pedagógica de la Escuela Dharana, una Escuela de Dones y Talentos, de Meditación, Estudio, Servicio y una Escuela de Misterios para poder interrogarnos sobre aquello que es más grande que todo lo que podamos abrazar o comprender.

El Grupo Simiente Escuela sigue avanzando. Ya se ha formado un grupo de coordinación y otro de construcción, a la espera de que el resto avance. Financieramente este será un año difícil, parecido al anterior, pero esperamos poder al menos mantener la llama vida, cargada de fe y esperanza, y consagrando nuestro modelo de economía del don, inclusive en tiempos difíciles. Todo un reto, toda una inspiración.

Si las cosas van bien, este año intentaremos solicitar los permisos de obras para la Escuela gracias al maravilloso trabajo que los arquitectos están realizando.  Si conseguimos esos permisos, la idea es que antes de que finalice este año, podamos haber realizado el vaciado de la planta sótano de la Escuela, y empezar así el año que viene con las obras. Este es el propósito y este es el plan.  Si todo va bien, pronto tendremos 24 habitaciones privadas para potenciar los programas pedagógicos de la Escuela, y cocrear así la alquimia necesaria para este nuevo tiempo. Un mundo nuevo está naciendo, y queremos ser partícipes del mismo para que, como Anna, mucha más gente vuele otra vez con fuerzas, junto al poder de un amor que no es de este mundo, un amor indestructible y compartido.

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Imbolc, desde el ombligo, la esperanza de la luz


 

En el mundo gaélico, es uno de los cuatro festivales estacionales: Samhain (1 de noviembre), Imbolc (1 de febrero), Beltane (1 de mayo) y Lughnasadh (1 de agosto). Podemos viajar a Irlanda, a Escocia o incluso a Galicia y escuchar alguna música común, algún espíritu primario. Puede sonar una marcha escocesa en la apertura de los ritos sagrados. Las gaitas, los tambores, el violín, el acordeón, el puntero, la guitarra, el clarsach… El Ceòl Mór y Ceòl Beag, la música grande y la música pequeña. La luz empieza a crecer mientras las pequeñas ovejas empiezan a ser gestadas. A mitad de camino entre Yule, el solsticio de invierno y Ostara, el próximo equinoccio de primavera, es tiempo de celebración en el mundo celta, en las tradiciones neopaganas y en el universo wicca, todas asociadas al Camino Verde.

Brighid se manifiesta en esta época como fuerza y diosa del fuego. Un fuego iniciático, naciente en los templos naturales del verde y la montaña, de los ríos que corren cargados gracias al deshielo. Es un tiempo de emoción porque la vida vuelve a latir, de forma latente, gestante, en los espacios que va dejando la nieve.

El sol alcanza quince grados en Acuario. La trémula noche empuja al silencio. Las tribus lejanas se reúnen mientras las almas danzan perturbadas por la inmensidad estelar. Hay que preparar el hogar para recibir a la diosa. Escudriñar los antiguos pozos de sabiduría y adivinar los presagios futuros. Es tiempo de profecía y acompañamiento. Algunas almas despiertas encontrarán a su familia y desfilarán por las acometidas del espíritu. El alma grupal que las conmueve guiará sus pasos hasta el reencuentro e, inevitablemente, se unirán para festejar la vida.

Los vientres de las mujeres tienen preparado el santo cáliz. Los hombres, con su vigoroso yugo, respiran profundamente para esparcir la semilla. Son los ciclos, que se combinan una y otra vez para que la vida perdure y coexista. Es tiempo de limpieza ritual, de preparación, de iniciación hacia una nueva orbe espiritual.

Encuentro, candelaria. Para los cristianos, es hora de ir al encuentro, purificarse, y encontrarse en el recinto sagrado, en el templo. Es tiempo de que nazca la Luz del Mundo. De que el mensaje de esperanza llegue a todos los rincones posibles. Las tradiciones se unifican y se abrazan en la festividad. Los grandes secretos se tejen en los tiempos y ciclos estelares. Los astros se conjugan una y otra vez para que el mundo reviva por siempre.

Si observamos estos días con detalle, veremos los primeros y tímidos brotes, escucharemos los cantos alegres de los primeros pájaros sobre las ramas. Quizás alguna tímida flor empiece a aparecer en los próximos prados. La hierba empezará a volverse fluorescente y la vigorosa naturaleza comenzará a expandir su dominio. Es un tiempo de disfrute, de contemplación, de observación. De nuevo, un tiempo sagrado, de instrospección, de preparación para los nuevos retos.

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Poeta en Nueva York


Ha sido un esfuerzo de años, y al final ha merecido la pena. No sabríamos decir de qué forma se pueden tejer historias. Esta ha sido una historia tejida con esfuerzo y constancia. Primero porque Lorca nunca vio publicada su obra en México. Ya lo habían asesinado vilmente antes de que eso ocurriera. Segundo porque nunca pudo ver el éxito que esa obra cosechó. Y tercero porque jamás podría imaginar que, ochenta años después, otra editorial Séneca, esta nacida en su tierra, publicara la misma obra en edición especial facsímil.

Sentimos cierta emoción por el hecho en sí, por haber tejido la historia y de alguna forma, por ser, a partir de ahora, testigos de la misma. Cuando se mata a un poeta, se está matando algo más. Cuando la poesía muere, cuando la cultura envilece y se esconde, cuando el libre pensamiento debe apagarse a punta de pistola, algo más está muriendo, algo mucho mayor e intenso.

Pero la historia puede resucitarse. Puede acontecer de otra manera, se puede restituir, honrar, elevar. De alguna manera hemos querido hacer algo así. Honrar y elevar la poesía, ser testimonios vivos de un mundo que requiere resucitar a los poetas muertos. Por justicia, por honor, por necesidad. El mundo debe seguir soñando. Los poetas deben seguir mostrando el camino de las estrellas, de la esperanza, de la vida. Una vida que debe continuar aportando dosis de cultura, de belleza, de luz.

Hemos querido estar ahí, compartiendo aquellos momentos, resucitando al poeta muerto, rememorando un idilio entre el cielo y la tierra, ejerciendo de teloneros de una obra inacabada, pero necesaria. Si pudiéramos al menos con ello aportar nuestra pequeña estrofa, nuestro pequeño verso a este mundo necesitado, ya nos sentiríamos satisfechos.

Aquí está, por fin, Poeta en Nueva York. Un honor haber podido editar esta edición facsímil que celebra el ochenta aniversario de la primera edición realizada en México en 1940 por la primera Editorial Séneca. Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca. Una edición única y especial.

https://www.editorialdharana.com/catalogo/poeta-en-nueva-york?sello=seneca

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