Después del mar no hay nada


En la exposición de cuadros y peces había mucho más. Estaba Nono, amigo íntimo de Isaías, el Chapas, el cual contaba con rostro estremecido la difícil tarea de ser verdadero. La identidad suplantada es todo aquello que hacemos cuando dejamos de ser. Esas cosas que completan nuestras vidas pero que no nos dejan aspirar a mostrar lo que hay dentro de nosotros, lo que somos realmente. Isaías quería ser marinero pero su vida estaba encerrada entre lazos familiares y lealtad al negocio de su padre. No quería ser chatarrero, quería lanzarse al mar. El artista Alfonso Doncel explica en sus Aguas tranquilas esta metáfora de Isaías.

El amigo Nono, un reputado empresario que quería ser actor, cuenta desde esta hermosa bahía la desgarradora historia: “Isaías pasó su vida en una chatarrería, obligado a trabajar junto a su padre. En su encierro soñaba, todos los días de su existencia, con ser pescador. Desde bien joven, en su tiempo libre y a escondidas, hacía peces de metal. De ferralla, con restos de chapa y alambre. Encolerizado, su padre se los quitaba y, los días de limpieza, obligaba a Isaías a arrojarlos al mar de la bahía. El Chapas, ya anciano, jubilado de la chatarrería y demenciado, pasó sus últimos años pescando… los mismos peces que durante años arrojó al agua”.

La metáfora es dura, casi delirante, porque refleja nuestra propia insatisfacción humana, aquello que nos aleja de la higiene del alma, de la belleza del espíritu, de aquello que los utópicos buscaban y soñaban para la civilización y nosotros para nuestras vidas. Vivir una vida que no es la nuestra, una vida suplantada, sin apenas libre albedrío para poder elegir. Es delirante pensar que hay mucha gente que no puede elegir sus vidas, o que, de repente, se sienten atrapados en sus sueños de antaño.

Es como si después del mar no hubiera nada. Como si fuera imposible ver el dorso oscuro de los peces que Isaías durante toda su vida tiraba al agua, junto a las olas, en la espuma blanca del salpicar diario. Como si en el lecho arenoso, entre piedras multicolores y destellos de luz tenue los peces hubieran quedado enterrados, y la esperanza de poder volverlos a ver fuera solo un reflejo de nuestra imaginación. Es como si, en definitiva, nuestros sueños se hubieran apagado en las enmarañadas plantas acuáticas de un océano profundo. Como si después del mar no hubiera nada

Es difícil saber qué es aquello que realmente nos procura felicidad. Siempre queremos más, siempre deseamos aquello que no podemos poseer. Nos ocurre en el amor, con el dinero, incluso en los reinos que llamamos espirituales. Siempre queremos más luz, más inteligencia, más sosiego, más felicidad. A veces a escondidas cogemos nuestra ferralla y con restos de chapa y alambre hacemos nuestros peces de metal. Lo hacemos a escondidas, avergonzados, miedosos de que alguien nos arrebate nuestro tesoro y lo arroje a la mar.

Nos gustaría tener talento, algún don. Nos gustaría poder dejarlo todo y volver a empezar, y vivir de ello despreocupados por el resto de nuestros días. Disfrazar nuestras vidas de algo diferente. Mover las fichas hacia otro sentido. Navegar sin rumbo, sin puerto a la vista. O incluso volver a enamorarnos, por eso de sentir la vida y estrujarla hasta el fondo del meollo. Pensadlo bien. En el fondo, nos gustaría poder lanzar nuestra barca al mar, aún a sabiendas de que más allá de sus tonos grises, azulados y verdosos, no hay nada. Nos gustaría, seguro estoy, alejarnos del dócil apego y lanzarnos desnudos a la profunda metáfora. Libres, sonrientes, perseverantes.

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El Arte Real


Planos provisionales y ubicación de los edificios de la escuela, con el símbolo arquetípico del teorema de Pitágoras.

Nunca sabemos a ciencia cierta el precio o el valor de un sueño. Los sueños están ahí, como nubes que flotan en un cielo infinito. Algunas pueden ser atrapadas, otras se diluyen a medida que transcurre el día de nuestras vidas. Pero hay sueños que son diferentes, que no nos pertenecen, que forman parte de un arquetipo diseñado e inspirado para hacer progresar la humanidad. Son sueños colectivos, grupales, diríamos que pertenecen a otra dimensión y que solo pueden ser asumidos como propios cuando de alguna manera entendemos su lenguaje.

Estos días de intenso trabajo nos preguntábamos qué es aquello que hace que tanto trabajo, esfuerzo y sacrificio tenga el poder de movilizar nuestras vidas. No es algo propio, algo que venga de nuestro interior. Es algo que nace de nuestro inconsciente colectivo, es algo que viene de algún lugar más allá de nuestra mente. Son esas enseñanzas secretas de todos los tiempos, son todas aquellas sabidurías acumuladas generación tras generación. Son aquellos arquetipos que se transmitieron entre sabios, entre ilustres personas que deambularon por lugares e infinitos paisajes. Nos gustaría poder explorar todos aquellos sueños que de alguna manera llegaron a nosotros. Nos gustaría poder abrazar todo aquello que alguna vez fue dibujado en los albores de los tiempos.

Estos días han sido totalmente intensos. Hemos podido albergar dentro de nuestros corazones el sueño colectivo. Aquello que nos mueve y nos conmueve hacia el sueño grupal. La arquitecta, emocionada por la idea de colaborar en la construcción de un lugar tan especial, se encerraba en la pequeña caravana para trabajar profundamente. Y desde allí tejía esos sueños. Nosotros la acompañamos durante todo el proceso creador. Le vamos indicando las notas clave, los pensamientos simientes que nacen intuitivamente en nuestras meditaciones. Todo aquello que pertenece al mundo del símbolo y el arquetipo se va manifestando poco a poco en la construcción de un edificio que pertenece al arte de la construcción material. Esto tiene sus propias formas y sus propios contenidos, pero hay un arte mayor, que tiene que ver con el espíritu de todas las cosas y que a veces es llamado el Arte Real.

Es el arte de los arquitectos y constructores que van más allá de las visiones materiales y que pueden absorber dentro de sí todo aquello que tiene que ver con lo sagrado, lo oculto, lo esotérico. El Arte Real está compuesto por un lenguaje desconocido. Algunos lo llaman el lenguaje verde. El lenguaje de los pájaros o incluso el lenguaje simbólico que los maestros conocían desde tiempos inmemoriales. Ese lenguaje no puede ser descifrado por cualquiera. Hay unos códigos ocultos, hay unas formas, unas líneas, unas curvas que deben ser conocidas para poder crear un edificio que nos hable.

Simbólicamente, desde lo más profundo del ser, ese lenguaje que los constructores de espacios sagrados conocen, debe ser y debe continuar oculto. Y manifestado al mismo tiempo para todos aquellos que puedan descifrar sus claves. Hay algo de mágico en todo ello. Podemos recoger los números sagrados, las notas musicales e incluso la luz y los colores. Y podemos con ello comunicar un conocimiento profundo e insondable que traspasa toda barrera tangible.

El arte real es conocido por aquellos que pueden albergar dentro de sí una forma distinta de conocer y expresar la vida, de profundizar en la existencia envolvente. El lenguaje simbólico ha sido transmitido para que podamos interrogarnos generación a generación, sobre todo aquello que pertenece al mundo arquetípico, al mundo de los sueños, el mundo de las imágenes, el mundo de los preceptos. En definitiva, el mundo del verbo que se hace carne. Un mundo que nos capacita para entender la existencia humana y que nos obliga a interrogarnos sobre la misma.

El arte real nos permite construir un doble edificio. Un edificio material y un edificio simbólico. Un edificio de cuerpo y con alma. Un lugar donde mucha gente podrá retirarse, no solo para disfrutar de un tiempo de descanso, sino también para conectar con el mundo de los sueños, con el mundo abstracto, con el mundo que se manifestará en el futuro, el mundo de las almas vivas.

El poder del verbo y de la palabra, el poder del logos, del nous, será el poder del espíritu que se manifestará en cada una de esas piedras. Por ello, todo eso que estamos haciendo ahora con este doble sentido material y espiritual, debe albergar dentro de sí un código que despierte en el ser humano que se aproxime a ese edificio un alto grado de percepción, de compromiso y de cambio. No estamos haciendo un edificio de piedra, sino de roca viva que permita la transmutación interior de todo el que lo abrace.

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Sobre lo correcto y lo certero


Trabajando esta mañana en los planos de la futura Escuela

 

Aprender que un camino correcto y certero es muy diferente que un camino con paz en el alma es algo complejo. Uno puede pasarse toda una vida aplicando éxito en lo correcto y certero, en todo aquello que la buena sociedad espera de uno. Pero a veces eso no aporta paz en el alma, porque a veces lo correcto y certero no es lo que la vida espera de nosotros. A veces, y no siempre, la vida quiere que nos embarremos hasta el fondo, que nos equivoquemos una y otra vez, que anulemos cualquier posibilidad de éxito inmediato, de reconocimiento, de aceptación. A veces la vida nos pide un acto sincero de rebeldía, una capacidad sincera de derrota y sacrificio.

Arriesgarse a vivir a veces produce sendas confusas, locuras consumadas en el altar de la incongruencia aparente. Vivir no es solo respirar y comer. Si todo fuera tan simple, la existencia sería correcta y certera, pero presumiblemente incompleta. Por eso a veces nos preguntamos por qué hay un gran empeño en reducir la vida a lo correcto y certero. A respirar y comer, y poco más. Como si no hubiera más mañana, como si no pudiéramos otear un horizonte más amplio. Esa es nuestra estrechez, y ese es el mérito de nuestras vidas. Ser correctos y certeros para ir muriendo poco a poco por dentro.

Hoy teníamos nuestra primera reunión. La joven y entusiasmada arquitecta arriesgó su comodidad viniendo hasta aquí para vivir unas semanas, quien sabe si unos meses, en mitad de la nada. Desea entender mejor el proyecto para poder vincular su trabajo arquitectónico a la profundidad del espíritu que lo mueve. Es intuitiva y sabe que nuestros pasos están siendo dirigidos, de alguna manera, por algo mayor que un solo deseo, que un caprichoso camino correcto y certero. Sabe, a su manera, que hay un noventa por ciento de posibilidades de que la empresa fracase y, sin embargo, se aferra con fuerza, al igual que lo hacemos nosotros, a ese diez por ciento de posibilidades. Es ahí donde reside la esperanza, pero también la fe y la dicha. Es ese diez por ciento, tan alejado de lo correcto y lo certero, lo que nos mueve a existir.

No se trata tan solo de intentar crear un edificio, ni siquiera una nueva pedagogía en un espacio concreto y determinado. Se trata de seguir la senda de nuestras almas, y ellas, a su vez, seguir los designios del espíritu de los tiempos. Dicho así parece algo fácil, sencillo. Algo así como respirar y comer. Pero no. No lo es. El lazo místico que une nuestras vidas con nuestras almas, y estas con el gran espíritu es una malla compleja, indeterminada y alejada de lo correcto y lo certero. Es un camino angosto, difícil, diría que a veces imposible para el más despistado de los moralistas. Pero ahí está ese diez por ciento de anhelo, de incerteza, de incorrección. La expectativa es nula, pero ahí está el camino esperando, angosto, complejo. Respirar, comer y luego, avanzar, sea como sea de difícil la empresa. Eso es lo que nos mueve.

Lo cierto es que la arquitecta ya está aquí. Ahora viene un mundo de retos, de imposibles, de ensoñaciones. Hay que medir volúmenes, ajustar presupuestos, buscar plazos, dinero, recursos, personas, remover tierras, mares, aguas y vientos, desenterrar y desempolvar toda la fuerza posible. Incluso incrustar con cierto talento un trozo de utopía. Un trozo grande, muy grande, para que mientras avanzamos, tengamos el soporte de sabernos dentro de lo imposible, de lo arriesgado, de lo temerario. Lejos de la certeza y lo correcto, pero cerca, muy cerca del corazón, del alma, del anhelo.

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Día de Sant Jordi en Barcelona


Hoy he sido un día muy especial. Largo e intenso. Lleno de amistad y compartir. Aunque no soy muy dado a la autopromoción, os comparto estas dos entrevistas realizadas especialmente para celebrar el día del libro. En ellas hablo del próximo libro que editaremos: la Gestión del Misterio, coescrito con el amigo Emilio Carrillo y que ayudará a financiar la futura Escuela de Dones y Talentos. Espero que os gusten…

En búsqueda del don


 

Estaba pensando hablar sobre la tercera era axial, pero sentí que debía escribir sobre los acontecimientos más inmediatos, cercanos, a veces frustrantes, imperfectos, contiguos a lo más íntimo. Hoy ha sido uno de esos días locos donde dedicaba dos horas a cargar pesadas carretillas llenas de cemento y arena, salía corriendo a pagar impuestos, hacía de taxista para llevar a unos y recoger a otros, compraba víveres, contestaba llamadas e intentaba desesperadamente encontrar un depósito de agua de cinco mil libros para sustituir el que ahora tenemos que está a punto de colapsar. De cuatro a cinco tuve una hora de descanso que aproveché para ducharme, hacer lavadoras y correr veinte minutos con el amigo Geo con la intención de, mientras lo hacía, ir contestando esos cientos de wasas, llamadas o mensajes que se reciben todos los días. En esa agitación tenía tiempo de mirar cada flor, cada árbol cargado de verde, de escuchar el canto de cada pájaro y ver, más allá del bosque, las montañas y los cielos. Si por dentro no colapso es porque la naturaleza me sana y me renueva hora a hora, día a día, semana a semana.

Entre todo ese ajetreo habíamos quedado a las cuatro. Una buena amiga me pidió encerrarnos todo un fin de semana porque llevaba atascada trece años con un libro y no era capaz de salir del atolladero. Respiré hondo y le propuse estos días para emprender la difícil misión de dar sentido a algo que lleva trece años en un proceso inabarcable. Le invité a la cabaña y desplegó en ella todo su trabajo durante dos horas, ocupando cada rincón de este reducido espacio. Atendía paciente su explicación, el argumento prácticamente de toda una vida, la necesidad de esa bella mujer de querer expresar todo lo que llevaba dentro. Cuando terminó, llegó mi turno, y ahí me di cuenta de que podía ser útil. Pude identificar sus conflictos, sus miedos, sus atascos porque también habían sido los míos. Me sentí seguro con mis palabras y me di cuenta de que estos años como editor y escritor habían servido para algo. También el hacer una larga tesis doctoral sobre un tema complejo y vivido.

De repente sentí una sensación extraña, algo que me poseía y al mismo tiempo me iluminaba. La idea de querer crear una Escuela de Dones y Talentos tenía todo el sentido del mundo. Siempre he deseado ayudar a los demás a encontrar su propósito vital, pero también siempre he deseado que los demás brillaran por sí solos. Me doy cuenta de que mi vida siempre se ha centrado en hacer que otros encendieran su bombilla interior. Como en todo, cometí grandes errores, algunos de los cuales me costaron valiosas amistades, pero en esa torpeza había un don aún por desarrollar.

Ayudar a los otros, no desde un punto de vista caritativo ni compasivo, sino desde un punto de vista emancipador, es algo que me conmueve. Especialmente cuando he visto que esas horas en las que hemos estado trabajando juntos han servido para mucho. Estoy convencido, sin haber terminado aún el proceso de apoyo, que esos trece años de incertidumbre terminarán este fin de semana. No solo para mi amiga, sino también para mí. De mis trece libros escritos y editados y de los muchos empezados y no terminados, hay uno que siento como muy especial. Es uno que empecé a escribir en 2008, justo ahora, también, hace trece años. Por eso, mientras hablaba y aconsejaba a mi amiga para que terminara su libro, en el fondo me estaba hablando a mí mismo. La única diferencia es que mi libro, mi eterno libro, no me causa agobio ni estupor. Me gusta que sea una obra inacabada porque todos los meses le dedico un trozo de tiempo para colocar en él una idea o algunas palabras.

Me doy cuenta de que todos vivimos una vida inacabada por no ser capaces de enfrentarnos al reto de seguir nuestra intuición, nuestros dones y talentos, nuestros propósitos vitales. Y mientras lo pensaba y lo sentía, me daba cuenta de que esta Escuela que vamos a crear aquí en este lugar servirá para iluminar las almas, para hacernos conectar con ese mundo arquetípico y maravilloso que hará que algún día nos liberemos y emancipemos de todas las necesidades del mundo. Sentí, de repente, que ese y no otro era mi propósito, y que debía aprovechar todo ese bagaje y conocimiento para seguir ayudando a los otros a encontrar su estrella, su camino, su modelo de emancipación interior.

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Los dioses mueren y resucitan


John Collier, Lady Godiva, 1898.

 

«Muchos de los que duermen en el país del polvo se despertarán; unos para la vida eterna; otros, para el oprobio, para el horror eterno. Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas por toda la eternidad» (Daniel 12:2-3).

Los que viven en el país del polvo tienen una vida difícil. Todo es gris y todo se relaciona fuera de los ciclos. No existe vida realmente, sino supervivencia para acondicionar cincuenta metros cuadrados de habitáculo, mantenerlo y desear que otros lo hereden. Es en verdad una vida llena de horror eterno, porque sin ciclos de vida, muerte y resurrección, nada tiene sentido. La oscuridad se cierne sobre ellos, y la vida deja de existir.

Aquellos que viven cerca de los ciclos, en la naturaleza, en el campo, en los valles, junto al río, en bosques perdidos o en las cumbres de las altas montañas, se asemejan a los dioses que mueren y resucitan, esos dioses invisibles pero reales que encarnan el poder de la fertilidad, que ante la muerte de cada año en el solsticio de invierno, despiertan y resucitan como el grano para reinar de nuevo en cada equinoccio primaveral. Como hicieron Atis, Tammuz, Baal, Adonis, Osiris y el mismo Jesús el Cristo. Murieron y renacieron, resucitaron a la vida eterna de la vida endiosada, de la vida de las esferas, de la vida intangible que aún somos incapaces de entender.

Es el patrón de la energía solar, como nos diría Charles-François Dupuis y en el que más tarde profundizaría Frazer, el patrón de la caída del hombre en el Génesis como una alegoría de las dificultades causadas por el invierno, y la resurrección de Jesús representando el crecimiento de la fuerza del sol en el signo de Aries, en el equinoccio de primavera, donde la vida resurge de nuevo con fuerza y vigor.

Sea como sea, es tiempo de que los dioses preparen su simiente, su siembra, su semen. La semilla entrará resucitada en la oscura tierra y desde allí buscará de nuevo el anhelo de la luz. Ocurre lo mismo con la procreación, con la creación de nuevas almas y nuevas vidas. El semen entra en la cueva, más allá del pubis, y allí se entierra anhelado para crear vida, vida que buscará resucitar a la luz en un ciclo mayor meses más tarde. Los mitos de antaño quieren recrear esa sensación de renovación, de expansión de lo vital, de fluir de los rayos del sol por toda la orbe de la existencia. El cosmos entero resucita una y otra vez en cada respiración profunda. Y así como es arriba, es abajo. De ahí la llamada, la fuga, el deseo de continuar con los ciclos.

En el mundo de las almas ocurre parecido. El propósito divino es siempre universal. Si aquí en la tierra el amor surge como expresión de renovación, también ocurre allí en los cielos. Si aquí nos tocamos, nos rozamos y nos compenetramos en el ciclo de la vida, allí arriba, en los cielos celestes, se regocijan ante el jolgorio y el cancionero primaveral. No solo las aves son capaces de expresar ese vigor. También la sabia de los árboles, los enamorados perdidos en prados y valles, sobándose ocultamente bajo la sombra de cualquier árbol, besando los labios como expresión de resurrección. El beso oculto no es más que la expresión más viva de todo aquello que resucita en nosotros.

Esa necesidad de abrazar de nuevo la vida, de volverla aliada, de conquistarla con deseo y belleza, con canto y desenfreno, en esa orquesta que reclama resucitar una y otra vez ante el espesor de la existencia, esa necesidad, hay que expresarla. Enamorarse de nuevo es resucitar a la vida de nuevo, es volver a reiniciar los ciclos, es sentir que todo tiene un sentido renovado, único, impermanente. Y es así, estando vivos, como brillaremos en el fulgor del firmamento.

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Escritura en la naturaleza (Nature writing). Una relación original con el universo


 

Guarda bien tus momentos libres. Son como diamantes sin cortar. Deséchalos y su valor nunca será conocido. Mejóralos y se convertirán en las gemas más brillantes de una vida útil. Emerson

Fue el trascendentalista Ralph Waldo Emerson quien nos incitó a tener una relación original con el universo. Y fue Thoreau quien nos acercó de forma directa desde Walden a esa nueva relación. La intermediaria fue la naturaleza, los bosques, las montañas. Thoreau exprimió al máximo su aventura de dos años, dos meses y dos días en los bosques. Supo sacar jugo y supo entender, de forma directa, la relación estrecha del ser humano con la naturaleza. Aunque su relación fue breve, como una especie de amor primaveral, sirvió de inspiración a muchos otros osados creadores que de alguna manera querían imitar la bucólica imagen de vida paradisiaca en los bosques, escribiendo, creando, participando de la vida de forma estrecha.

Algunos amigos me llegaron a llamar el Thoreau español cuando con mucha modestia decidí vivir en los bosques, en una pequeña cabaña construida por mí mismo. Pensé ingenuamente que vivir en una cabaña sería fruto de inspiración, pero en el trayecto sacrifiqué una condición indispensable para toda obra creadora, sea artística, científica o espiritual: la soledad. Es cierto que mi relación con la naturaleza y el entorno fue completamente estrecha, pero quise hacerlo, a diferencia de Thoreau u otros escritores afines, en comunidad, en grupo, con más gente. Así que mi sueño bucólico de escritor viviendo en los bosques se tornó un fracaso. De hecho, en los siete años que llevo viviendo aquí, no he escrito ningún libro, después de más de una docena de libros escritos cuando vivía en soledad en otros páramos. ¡Qué gran paradoja!

Aprovechando que un fuerte dolor en el pecho me ha inmovilizado en la cama y observando la naturaleza en silencio desde esta pequeña cabaña, me surge la necesidad interior de volver a escribir como forma de transmitir ideas, visiones y nuevos paradigmas. El ejemplo pragmático de convertir esta tierra en un ideal, es un buen relato al que habría que ponerle letras, tiempo, esfuerzo y soledad. Ayer, cuando de nuevo volví a subir a los tejados para instalar una chimenea me volvía a preguntar interiormente qué hacía haciendo esas cosas. Me saltaban dudas, algunas profundas y primordiales, especialmente cuando sobre el tejado de repente me dio ese dolor que intentaba disimular para no asustar al personal. Supongo que la idea de perderlo todo de nuevo ha creado un estrés añadido en mi interior, y este se manifiesta de esta manera. Aunque psicológicamente me siento fuerte y preparado para afrontar la perdida, es evidente que la procesión va por dentro.

Quizás lleve sobre mí una carga excesiva de cosas. Quizás debería reposar, descansar, cuidarme, y pasar algunas horas sin hacer nada, o al menos, en soledad, haciendo lo que me gusta, escribiendo, paseando, observando la naturaleza desde una tranquilidad y reposo absoluto. Ayer por la tarde alguien se ofreció a darme un masaje en los pies para ayudar con el dolor. Estaba tan cansado que me quedé traspuesto tumbado en la hierba. Cuando desperté, estaba totalmente abrigado con mantas. No sé cuánto duró ese masaje, pero sentí que esos cuidados me habían beneficiado.

Por eso en el día de hoy pensaba que debía, como nos advertía Emerson, buscar una relación diferente con el universo. Me pasé todo el fin de semana trabajando en la huerta, sembrando mil cosas aprovechando que los días eran propicios. Cuando consigo robar algo de tiempo al tiempo intento poner orden en las cosas de la editorial, sufragando con ello los gastos que este proyecto requiere. Pero hoy solo me apetecía imbuirme en la escritura, en el diálogo con la naturaleza, sobre la naturaleza. Incluso retomar el libro que empecé hace siete años que trataba sobre mi vida en los bosques y que nunca pude terminar. Si lo hubiera terminado en ese tiempo hubiera creado escuela, pero ahora solo sería uno más en una tradición que ya se ha vuelto una moda: la nature writing, la escritura en la naturaleza, sobre la naturaleza, de la naturaleza.

Quizás debería descansar un largo tiempo, dedicarme a escribir desde esta hermosa cabaña, observando todo lo que transcurre en torno a este privilegiado lugar, dejándome imprimir en mí toda su grandeza y misterio. Dejando que el descanso y la contemplación sirvan de inspiración para crear cosas nuevas. Demasiadas cosas, demasiado estrés acumulado para lo que pretendía ser una vida bucólica en mitad de la nada. Iré a descansar, como decía el poeta, con la cabeza entre dos palabras, al valle de los avasallados. Toca descansar para afrontar los próximos días, que serán igualmente, difíciles.

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Séptimo aniversario


Primeros días en O Couso

 

Hoy hace siete años tres locos ilusionados iniciaban un proyecto visionario. Los vecinos y vecinas dudaban, flipaban y todavía no entienden. Los que hemos tenido la suerte de descubriros y de compartir parte de estos años hemos sido tocados. La magia de o Couso toca, a algún nivel, en alguna dimensión… ¡pero no tengo duda de que toca y transforma! He visto más de un “milagro” inexplicable en este espacio físico y virtual que habéis ido creando y tejiendo. Nos unen lazos no visibles a los que hemos sido tocados por esta magia. Hay dificultades … y muchas, momentos de tristeza, dolor rollos, desencuentros …. nadie dijo que el trayecto sería fácil. ¡Y con todo ello, el proyecto sigue siendo mágico … y enamora a algunos de los que nos acercamos!  ¡¡¡¡Disfrutad mucho!!!! Un súper abrazo… M.

Hoy recibíamos estas bonitas letras de una amiga del alma que llegó hace siete años a este lugar casi de paso, y ya se quedó para siempre en nuestros corazones. Su hermoso testimonio forma parte de esa argamasa que ha hecho crecer este sitio, de ese lazo místico que se ha ido tejiendo entre unos y otros, de esa magia constante, sanadora, imprescindible. Hemos crecido gracias a la levadura de todas esas personas que han hecho de este espacio un milagroso lugar. Casi no tenemos palabras para poder expresar con efectiva claridad todo aquello que ahora nos bulle. Tampoco tenemos palabras para todos aquellos que se fueron y nunca más volvieron. Esos son especialmente los que más llevamos dentro, por la tristeza, por el ardor de no haber sabido cuidar de todos ellos, por no haber sabido atender con mayor amor a todos aquellos que vinieron para enseñarnos grandes lecciones y se fueron para siempre.

Después de haber conocido esta experiencia, la vida nos ha transformado, nos ha dado una visión diferente, y nos ha permitido crear lazos infinitos con cientos de personas que van y vienen, pero que siempre están aquí, dentro de nosotros. Estamos hablando de una comunidad no residente, de una comunidad viva que se expresa en este lugar y que está presente en todas nuestras meditaciones, en cada una de las piedras levantadas entre todos. Una comunidad de ética viviente que ha crecido y se ha expandido, y que en estos meses, empezará a recoger algunos de sus frutos.

Para celebrar tan hermoso aniversario, esta mañana nos levantábamos temprano para empezar una larga meditación de tres horas en la pequeña ermita. A las seis de la mañana ya estábamos allí practicando el noble arte del silencio. Así estuvimos todo el día, a sabiendas de la importancia del cierre de este primer ciclo y la apertura del siguiente, la necesidad de honrar a todos aquellos que han  pasado  por aquí, todo el dolor, pero también toda la alegría derramada entre todos. Tres proyectos y siete años para cada uno de ellos. Terminamos la parte tosca y material, la reconstrucción de la casa de acogida, ahora ya con su fuego dentro y su calor conservado. Siete años muy duros, viviendo primero en caravanas y luego en pequeñas cabañas de madera sin ningún tipo de lujos o comodidades. Toda una prueba iniciática que nos ha dotado de cierta calma interior, de cierto anhelo para seguir adelante.

Y ahora el nuevo reto, siete años por delante para cocrear la parte vital del proyecto, la parte anímica, la parte etérica. Centraremos nuestras fuerzas en la creación del Jardín, la puesta en marcha de la Huerta y la construcción de la Escuela. Como símbolo de este cambio de edad, hoy hemos sembrado todo tipo de flores, árboles y productos de la huerta. Y mañana, acompañados de un reducido grupo de amigos, ritualizaremos este tránsito y celebraremos que el proyecto, siete años más tarde, sigue vivo y con mucha fuerza.

¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Estamos trabajando con un grupo de arquitectos en la cocreación de la Escuela. Tendremos que buscar recursos para poder materializarla. Ese lugar ya reside en el plano etérico de esta finca, solo falta que lo milagroso permita que se manifieste. No dudes, si así lo sientes desde lo más profundo del corazón, en echarnos una mano para este segundo reto. Cada piedra conseguida es una prueba irrefutable de que estamos construyendo un nuevo mundo, un mundo milagroso.

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Hacia la restauración de la dignidad animal


 

“Llegará un día en que los seres humanos conocerán el alma de las bestias y entonces matar a un animal será considerado un delito como matar a una persona. Ese día la civilización habrá avanzado”. Leonardo Da Vinci

Cada año, más de cincuenta mil millones de animales mueren en todo el mundo para satisfacer la demanda homo-animal: cerdos, vacas y reses de todo tipo, gallinas, pollos, peces, ovejas, conejos, y muchos otros difíciles de contar forman parte de nuestra cruel cotidianidad humana.

Hemos avanzado mucho en derechos y sensibilidades en estas últimas décadas, pero aún falta mucho por avanzar. Lo que ahora nos parece una normalidad, en las próximas décadas nos parecerá una aberración. Todo aquello que ahora forma parte de nuestra vida cotidiana, en no mucho tiempo será un trago amargo en la memoria histórica de nuestra especie.

En el nombre del placer y el nihilismo cometemos atrocidades diarias. Es normal, porque llevamos haciéndolo algo más de siete millones de años, desde que el primer homo decidió volverse sapiens, aunque esa sabiduría aún no haya explotado completamente, ni definido al ser humano completo. De hecho, tenemos más de homo-animal, en cuando que estamos más cerca de nuestros primos homínidos, que de seres humanos terminados.

Lo que realmente nos separa del resto de los animales es la plena consciencia, la complejidad de nuestra afirmación, lo que los antiguos llamaban alma. Sin embargo, esa alma habita en todos los seres, al igual que las teorías hilozoistas nos advierten de que la vida se expresa en todas partes, desde todas las cosas, animando todo cuanto existe en un invisible lazo inmortal. Siendo por lo tanto aún homo-animales, centrados en las necesidades de reproducción, alimentación y seguridad, es normal que nos comportemos de forma “animal”, brusca, insensible. Es por ello por lo que aún, tal y como nos advierte Da Vinci, no hayamos desarrollado la capacidad total de conocer y reconocer el alma que habita en los animales, y de paso, en todas partes.

Cuando algún día nuestra especie llegue a tal grado de conocimiento y/o sensibilidad, será una atrocidad perpetuar un asesinato en masa como el que ahora estamos ejerciendo hacia el reino animal. En un futuro no muy lejano veremos las terribles granjas de animales, explotados para el consumo humano, y nos aterrorizarán de igual forma que ahora nos aterroriza el ver ciertas imágenes del exterminio que se produjo en la Segunda Guerra Mundial. La supremacía humana hacia nuestros indefensos hermanos animales ha sido una de las peores pesadillas de nuestro planeta. De pasar hambre en décadas pasadas, hemos colmado el engorde de nuestra propia especie a costa del dolor de millones de animales que son sacrificados diariamente para nuestro disfrute y placer. La muerte industrializada es una de las mayores aberraciones de nuestro tiempo. Y algún día, nuestros nietos nos preguntarán qué hicimos para evitarla.

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Volver a la tribu


 

Cuando dejamos de ser tribus, la unidad se rajó. Creímos que la pareja, o el núcleo familiar iban a ser suficientes, mientras amistades y círculos de pertenencia nos daban las migajas de efímeras convivencias.

La tribu es mucho más que amigos, y hermanos de sangre. La tribu es la pertenencia espiritual a una hermandad que sostiene y nos invita a sostener. La tribu es donde los roles naturales se comparten, intercambian e interactúan.

Las madres hoy maternan solas sin el grupo de contención y apoyo. Los hijos tienen hermanos que son siempre los mismos, los de la sangre, y los hermanos espirituales que son muchos deberían estar jugando juntos, cocreando. Nos separamos en pequeñas propiedades privadas, corriendo de un lado al otro para buscar el sustento para el núcleo familiar.

Lo natural es agruparnos y mientras unos siembran, otros educan, otros construyen, algunos cocinan, y en el momento indicado nos juntamos a comer, a celebrar, a seguir tribando.

El amor que tanto buscamos, además del amor a sí mismo que se cultiva, no es el de pareja, hijos, familia, sino que al no tener tribu para practicar el amor en infinitas facetas, sobrecargamos la idea de que la pareja, los hijos, y la familia, nos darán el terreno para canalizar el amor.

Sin tribu es como un cuerpo humano desmembrado intentando funcionar, cada miembro por separado.

Tenemos que volver a las tribus donde los abuelos son dignificados y los tíos somos todos. El comercio, la propiedad privada, y el individualismo nos arrancó como ramas del tronco que nos une.

En la tribu todos los dones son bienvenidos, y los roles rotativos no crean aburrimiento ni saturación. En las tribus hay tantos hermanos y hermanas que el compartir es riquísimo y los modelos se alternan.

Ahora se empieza a usar el envejecer entre amigos, y eso es apreciar la tribu. Podemos empezar antes y darles a los niños el entorno saludable donde compartir es natural y donde hay muchos referentes de quienes aprender.

La tribu: Es para crear el amor.”

Texto de Laura Losada

Esperanza


“Vosotros ofrecéis un nido para los que están sin fuerza, sin amor, sin pensamientos positivos. Conseguimos recuperarnos y así después es posible volar otra vez con fuerza y el poder de un amor que no es de este mundo. Gracias”.

Esta es la nota que Anna nos dejó hace unos años. Cuando llegó abatida y sin fuerzas a nuestro hogar parecía derrotada por la vida. Como Anna, muchos encontraron en este lugar una oportunidad para volver a empezar. “Gracias a estos días de sanación he comprendido la importancia de la fe y la esperanza”, nos decía. Su testimonio fue suficiente para sentirnos útiles y satisfechos y para obrar el bien con mayor compromiso y responsabilidad. Para ver la delicada línea roja que separa el salir victoriosos de una tragedia o el enfrascarse en la ruina de una vida entera. No todo son éxitos aquí. Algunos se marcharon con el corazón roto. La convivencia siempre es compleja, las condiciones en las que nos encontramos son adversas, el mundo gira siempre rápido y los conflictos no cesan. Es complejo ahondar en la inofensividad sin errar en ella, pero somos persistentes, tenemos coraje y nada nos detiene a pesar de las dificultades que durante estos siete años hemos enfrentado.

Seguramente ahora en la calle hay muchas personas que no tuvieron la suerte de toparse con la madre fortuna que en un momento de crisis extrema abrazó a Anna. Que en vez de una mano tendida están encontrando el desprecio o la desconsideración de una sociedad que no puede hacerse cargo de situaciones límite y extremas. Y posiblemente la mala fortuna obre en muchos seres la desesperación y la desesperanza. En este momento de crisis, nos preguntamos cuál es nuestro verdadero rol, nuestro verdadero propósito, más allá de ofrecer un lugar de sanación y un punto de inspiración donde la generosidad sea el motor que nos impulse.

La profunda y radical transformación que la bondad y el bien pueden obrar en la vida nos acerca cada vez más a la tarea que nos ha sido encomendada como seres, como humanos, como almas errantes de este cosmos infinito. No podemos renunciar a la ayuda mutua, no podemos renunciar al don de colaborar con el bien, a instancias de que esa, y no otra, es nuestra mayor honra. Hacer el bien, motivar la bondad, profundizar en la compasión y en el amor desinteresado no es más que la puerta a nuestra verdadera función humana. Es complejo, es difícil. Incluso en lugares como este, cada vez más abundantes, donde se pone el énfasis en la transformación y el cambio, resulta extremadamente complejo.

Anna ya no está con nosotros, pero quedó para siempre en nuestros corazones. Nos alegró enormemente ser partícipes de esta hermosa transformación y de muchas otras que durante estos años han ocurrido en estas bellas montañas. La echamos de menos, es cierto, como a mucha otra gente que ahora es imposible ver por la pandemia, pero nos alegra que su destino se resolviera con fe y esperanza y nos alegra pensar que este duro invierno pasará y algún día volveremos todos a abrazarnos. La luz que arroja esa fuerza interior es capaz de hacernos volar lejos, muy lejos, y ser partícipes, con ello, de la cadena de unión y transformación humana.

No dudéis en ayudar al desamparado tanto como vuestras fuerzas os lo permitan. Los astros se alinean cada día para que podamos entender esa profunda enseñanza de empoderar al otro con la gracia y el don de la generosidad, a sabiendas de que el espíritu que nos anima es Uno con diferentes rostros. No dudéis en alejar de vosotros el miedo. La esperanza siempre es más fuerte y poderosa. No dudéis en dar la mano al otro, en ayudar al otro, en vencer y ser victoriosos con ello en el reino del amor.

Nosotros seguimos humildemente trabajando en silencio. La casa de acogida sigue mejorando día tras día, a pesar de la complejidad que entraña conservar una casa del siglo XVI. Una de las novedades de este invierno es que por fin tenemos calefacción en algunas habitaciones y por fin hemos podido ampliar el sistema fotovoltaico para no quedarnos sin luz a media tarde. Un pequeño grupo de amigos y voluntarios apoyan el lugar con las labores de mantenimiento, a la espera de que pronto llegue la primavera y podamos abrir el proyecto. Si las cosas van bien, esto ocurrirá el 21 de marzo, coincidiendo con nuestro séptimo aniversario y con el inicio del proyecto de la construcción material y pedagógica de la Escuela Dharana, una Escuela de Dones y Talentos, de Meditación, Estudio, Servicio y una Escuela de Misterios para poder interrogarnos sobre aquello que es más grande que todo lo que podamos abrazar o comprender.

El Grupo Simiente Escuela sigue avanzando. Ya se ha formado un grupo de coordinación y otro de construcción, a la espera de que el resto avance. Financieramente este será un año difícil, parecido al anterior, pero esperamos poder al menos mantener la llama vida, cargada de fe y esperanza, y consagrando nuestro modelo de economía del don, inclusive en tiempos difíciles. Todo un reto, toda una inspiración.

Si las cosas van bien, este año intentaremos solicitar los permisos de obras para la Escuela gracias al maravilloso trabajo que los arquitectos están realizando.  Si conseguimos esos permisos, la idea es que antes de que finalice este año, podamos haber realizado el vaciado de la planta sótano de la Escuela, y empezar así el año que viene con las obras. Este es el propósito y este es el plan.  Si todo va bien, pronto tendremos 24 habitaciones privadas para potenciar los programas pedagógicos de la Escuela, y cocrear así la alquimia necesaria para este nuevo tiempo. Un mundo nuevo está naciendo, y queremos ser partícipes del mismo para que, como Anna, mucha más gente vuele otra vez con fuerzas, junto al poder de un amor que no es de este mundo, un amor indestructible y compartido.

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Imbolc, desde el ombligo, la esperanza de la luz


 

En el mundo gaélico, es uno de los cuatro festivales estacionales: Samhain (1 de noviembre), Imbolc (1 de febrero), Beltane (1 de mayo) y Lughnasadh (1 de agosto). Podemos viajar a Irlanda, a Escocia o incluso a Galicia y escuchar alguna música común, algún espíritu primario. Puede sonar una marcha escocesa en la apertura de los ritos sagrados. Las gaitas, los tambores, el violín, el acordeón, el puntero, la guitarra, el clarsach… El Ceòl Mór y Ceòl Beag, la música grande y la música pequeña. La luz empieza a crecer mientras las pequeñas ovejas empiezan a ser gestadas. A mitad de camino entre Yule, el solsticio de invierno y Ostara, el próximo equinoccio de primavera, es tiempo de celebración en el mundo celta, en las tradiciones neopaganas y en el universo wicca, todas asociadas al Camino Verde.

Brighid se manifiesta en esta época como fuerza y diosa del fuego. Un fuego iniciático, naciente en los templos naturales del verde y la montaña, de los ríos que corren cargados gracias al deshielo. Es un tiempo de emoción porque la vida vuelve a latir, de forma latente, gestante, en los espacios que va dejando la nieve.

El sol alcanza quince grados en Acuario. La trémula noche empuja al silencio. Las tribus lejanas se reúnen mientras las almas danzan perturbadas por la inmensidad estelar. Hay que preparar el hogar para recibir a la diosa. Escudriñar los antiguos pozos de sabiduría y adivinar los presagios futuros. Es tiempo de profecía y acompañamiento. Algunas almas despiertas encontrarán a su familia y desfilarán por las acometidas del espíritu. El alma grupal que las conmueve guiará sus pasos hasta el reencuentro e, inevitablemente, se unirán para festejar la vida.

Los vientres de las mujeres tienen preparado el santo cáliz. Los hombres, con su vigoroso yugo, respiran profundamente para esparcir la semilla. Son los ciclos, que se combinan una y otra vez para que la vida perdure y coexista. Es tiempo de limpieza ritual, de preparación, de iniciación hacia una nueva orbe espiritual.

Encuentro, candelaria. Para los cristianos, es hora de ir al encuentro, purificarse, y encontrarse en el recinto sagrado, en el templo. Es tiempo de que nazca la Luz del Mundo. De que el mensaje de esperanza llegue a todos los rincones posibles. Las tradiciones se unifican y se abrazan en la festividad. Los grandes secretos se tejen en los tiempos y ciclos estelares. Los astros se conjugan una y otra vez para que el mundo reviva por siempre.

Si observamos estos días con detalle, veremos los primeros y tímidos brotes, escucharemos los cantos alegres de los primeros pájaros sobre las ramas. Quizás alguna tímida flor empiece a aparecer en los próximos prados. La hierba empezará a volverse fluorescente y la vigorosa naturaleza comenzará a expandir su dominio. Es un tiempo de disfrute, de contemplación, de observación. De nuevo, un tiempo sagrado, de instrospección, de preparación para los nuevos retos.

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Poeta en Nueva York


Ha sido un esfuerzo de años, y al final ha merecido la pena. No sabríamos decir de qué forma se pueden tejer historias. Esta ha sido una historia tejida con esfuerzo y constancia. Primero porque Lorca nunca vio publicada su obra en México. Ya lo habían asesinado vilmente antes de que eso ocurriera. Segundo porque nunca pudo ver el éxito que esa obra cosechó. Y tercero porque jamás podría imaginar que, ochenta años después, otra editorial Séneca, esta nacida en su tierra, publicara la misma obra en edición especial facsímil.

Sentimos cierta emoción por el hecho en sí, por haber tejido la historia y de alguna forma, por ser, a partir de ahora, testigos de la misma. Cuando se mata a un poeta, se está matando algo más. Cuando la poesía muere, cuando la cultura envilece y se esconde, cuando el libre pensamiento debe apagarse a punta de pistola, algo más está muriendo, algo mucho mayor e intenso.

Pero la historia puede resucitarse. Puede acontecer de otra manera, se puede restituir, honrar, elevar. De alguna manera hemos querido hacer algo así. Honrar y elevar la poesía, ser testimonios vivos de un mundo que requiere resucitar a los poetas muertos. Por justicia, por honor, por necesidad. El mundo debe seguir soñando. Los poetas deben seguir mostrando el camino de las estrellas, de la esperanza, de la vida. Una vida que debe continuar aportando dosis de cultura, de belleza, de luz.

Hemos querido estar ahí, compartiendo aquellos momentos, resucitando al poeta muerto, rememorando un idilio entre el cielo y la tierra, ejerciendo de teloneros de una obra inacabada, pero necesaria. Si pudiéramos al menos con ello aportar nuestra pequeña estrofa, nuestro pequeño verso a este mundo necesitado, ya nos sentiríamos satisfechos.

Aquí está, por fin, Poeta en Nueva York. Un honor haber podido editar esta edición facsímil que celebra el ochenta aniversario de la primera edición realizada en México en 1940 por la primera Editorial Séneca. Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca. Una edición única y especial.

https://www.editorialdharana.com/catalogo/poeta-en-nueva-york?sello=seneca

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