Cuando el sexo, (y el ego) no importan


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A veces saco a pasear a mi ego por las calles. Lo llevo por las grandes librerías para ver si aparece por algún lado alguno de sus libros. A veces, como hoy, encuentra su último libro junto a la estantería de las novedades y se alegra, cómplice con el resto de egos que acompañan la obra.

Hoy fue doble la sorpresa al ver que en la revista “El Mensual de 20 minutos” aparecía la divertida entrevista que Sara Monteros me hacía acompañada de las fotos del también amable y divertido Jorge París. (Por cierto Jorge, al final no nos han publicado esa provocadora foto en la que me bajaba los pantalones en el barrio de mayor prostitución de Madrid).

Mi ego resplandecía de orgullo poco disimulado, emulando las gestas de aquellos que no pueden vivir sin que al pasear por las calles al menos alguien le reconozca como ser público y notorio.

Luego la vida te da algunas de sus tremendas lecciones y el ego se vuelve dócil y tranquilo, humilde y sosegado. Por eso a veces lo saco a pasear, solo para demostrarme a mí mismo que no tiene poder, ni relevancia, ni importancia. Sólo un minuto de anécdota en alguna conversación sin mayor trascendencia. No es falsa humildad. Es como en la entrevista. El sexo no importa, y el ego tampoco. Tampoco importa lo que comes, lo que digas, ni siquiera tus secretos o tus logros. Lo que importa, creo, es que la persona que esté a tu lado sea feliz. Que el niño que te ha cruzado la mirada en el tren reciba un guiño y sonría, que seas amable con todos y que causes el menor impacto negativo en tu estancia en este bello planeta.

Sea como sea, me permito este nuevo paseo, solo para compartir esta entrevista y así ayudar de paso a vender más libros para poder seguir haciendo buenas obras. Sean las que sean, pero sobre todo, buenas obras. No es una cuestión de ganar mucho dinero vendiendo libros, si no una cuestión de equilibrio con ese dinero, mucho o poco, y las causas a las que van dirigidas. Lo bonito de todo, al fin y al cabo, es poder compartir, ya sea un trozo de tarde, un poco o no de sexo, de alegría, de amor, de sonrisa, de dinero, de trabajo, de sufrimiento, de sosiego, de apoyo, de valor, de entusiasmo, de paz… hay tanto por compartir, que si no fuera por eso, nada tendría sentido. Así que salgamos ahí fuera o aquí dentro y preparemos la nueva jornada: ¿qué vamos a compartir hoy?

javier-leon

 

Aquí toda la entrevista. Gracias Sara:

http://www.20minutos.es/noticia/2611359/0/asexuales-asexualidad/cuando-sexo/no-importa/?utm_source=Facebook&utm_medium=Social&utm_campaign=Mobile-web

 

 

 

 

 

Del materialismo al postmaterialismo: una crisis inevitable (y necesaria).


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Crisis o decadencia de un modelo. Quizás ambas cosas. Algo debió ocurrir en la revolución industrial. La gente abandonó el mundo rural y se amontonó en calles de ciudades que vieron un increíble desarrollo y crecimiento. Entre 1873 y 1890 hubo la gran depresión de aquel final de siglo. Luego vinieron otras. También hubo crisis en el sistema feudal, especialmente en el siglo XIV, y en las archiconocidas caídas de los imperios milenarios de la antigüedad.

Las crisis son inevitables. Nos ayudan a crecer, a reconsiderar el modelo y ajustar los sistemas al nuevo paradigma. En esta época estamos viviendo una decadencia del sistema materialista. Un modelo que ya no se sostiene por sus propias contradicciones, las cuales provocan catástrofes naturales de difícil cuantía. El cambio climático y el aumento de la temperatura del planeta entero quizás sólo sean un botón de lo que pueda llegar a ocurrir.

Por suerte la naturaleza se regenera y busca los mecanismos apropiados para volver a su estadio natural. La sociedad humana, convertida en peligrosa plaga que está poniendo en entredicho el equilibro natural del planeta, está ante un serio dilema no tan sólo de desarrollo, sino de su propia supervivencia.

Si el modelo materialista hace aguas, ¿cuál es la alternativa? En el libro “Apoyo Mutuo y Cooperación en las Comunidades Utópicas” recojo las tesis de algunos investigadores sociales como Ronald Inglehart y Christian Welzel, los cuales preconizan el cambio de modelo cultural y la secuencia del desarrollo humano. Profundizar en la democracia (véanse las teorías sobre la democracia profunda) y entender los nuevos valores que se expresaran en una edad postmaterialista nos da pistas sobre la base en la que deberá tejerse el nuevo modelo. Un modelo inevitablemente más ecológico y humano, de retorno al mundo rural donde las experiencias, más que las cosas, suplantarán la necesidad de consumo de bienes por servicios. La revolución postmaterialista de la que estamos siendo testigos reducirá inevitablemente la feroz aberración contra la naturaleza. Será inevitable que poco a poco, en los próximos cincuenta años, tomemos plena consciencia de la necesidad de cambio en nuestras costumbres y hábitos.

La crisis de cambio de paradigma, de decadencia de un modelo para abrazar a otro nuevo, nos está ayudando a tomar consciencia. Hay un reclamo optimista en todo ello, de adaptación, de profunda transformación interior e individual y también colectiva y social. Una nueva reconciliación con la Naturaleza, inevitable y urgente, a la que debemos dar inaplazable prioridad.

(Foto: El autor en O Couso, Galicia, verano de 2013. La vuelta a la vida rural es un proceso inevitable en los cambios del nuevo milenio. Lo que ahora parece anecdótico en un futuro será norma).

Hacia la socialdemocracia del siglo XXI, una percepción antropológica


Estamos en un tiempo difícil en el plano material (crisis financiera, desmantelamiento del Estado del Bienestar, empobrecimiento de las clases medias) y también en el plano de las ideas, el cual afecta de lleno a partidos de gran tradición como el PSOE. Esta crisis de ideas está poniendo en duda la conexión entre los partidos tradicionales y la ciudadanía, anclada, valga la paradoja, en un mar de protestas y disconformidades ante la crisis acuciante y las pocas alternativas que el modelo neoliberal ofrece desde los organismos españoles y europeos. En este caldo de cultivo, el PSOE necesita realizar una profunda reflexión, una autocrítica constructiva y buscar alternativas que le devuelvan el protagonismo perdido en estos tiempos.

El nuevo liderazgo ideológico tiene que ver con la adaptación de los componentes simbólicos y de fundamento a los nuevos tiempos. La agenda progresista debe adaptarse a este nuevo paradigma económico y social, basando sus premisas en la adecuación de sus símbolos y proyectos identitarios. La gobernanza de la globalización, el reto climático y tecnológico, el problema del hambre y la pobreza en nuestro país y en el mundo, la era del conocimiento y la crisis neoliberal actual necesitan analizarse desde una nueva perspectiva que mire hacia el futuro con una cuidada clarividencia hacia las tendencias que han de llegar al panorama local y mundial.

Las ciencias sociales en general y la antropología en particular siempre han prestado especial atención al mundo de los símbolos como aquellos arquetipos que intentan expresar una idea-fuerza o un conglomerado de pensamientos articulados por rituales de diferente índole, siendo soportes indispensables para que el observador se sienta orientado, relacionado y/o identificado con la idea que sostiene.

En este mundo de crisis y cambios, debemos reorganizar la estructura interna y sus expresiones externas para adecuarlas al nuevo ciclo de acontecimientos. Para algunos investigadores, estamos traspasando la barrera entre el mundo materialista, caracterizado por la revolución industrial de épocas pasadas, al mundo postmaterialista, basado en la industria de la información y el conocimiento. Este nuevo modelo implica la aceptación de que muchas personas empiezan a dejar de comprar cosas tangibles para consumir experiencias, enfrentándonos con ello a una potente y nueva revolución “industrial”. Esto está cambiando la mentalidad social a la hora de enfrentarse a los retos del futuro, creando un sistema de nuevos valores sociales y culturales que todas las fuerzas ideológicas deberían tener presentes.

Estos valores postmaterialistas tienen que ver con proyectos de autorrealización, participación y emancipación individual y colectiva. Ignorarlos puede provocar que las fuerzas vivas que nacen en la sociedad busquen vías de escape o alternativas que, de no ser reconducidas, pueden terminar en movimientos violentos o de protesta continuada. ¿Qué alternativa de futuro, adecuada a los nuevos tiempos, está dispuesta a ofrecer el PSOE?

Las ideas suelen tener una evolución propia con la intención de adaptar sus intereses a los tiempos o lugares donde discurren. Las ideas políticas siempre han basado su permanencia en un proyecto que inyecta, mediante una sólida base de diseños, estrategias y tácticas, un programa y una posición adecuada para defender sus doctrinas.

El socialismo en España, y más concretamente el Partido Socialista Obrero Español, ha entrado en un proceso de caducidad permisivo cuyo remedio requiere de una revisión profunda de sus valores y principios, pero sobre todo, de su estética simbólica a la que se enfrenta en los nuevos tiempos.

Por poner ejemplos concretos y de cierta estética aplicada, esa caducidad queda reflejada en sus propios símbolos. El nombre sigue siendo un prefacio del siglo XIX: Partido Socialista Obrero Español. En un mundo donde la puesta en práctica del socialismo ha fracasado no tiene sentido que un partido moderno siga argumentando bajo esa bandera unos usos caducos. Tampoco debería llamarse obrero, ya que la mayoría de la nueva clase trabajadora está emancipándose del concepto de “clase obrera” para enmarcarse más en el concepto de clase postmoderna que nada tiene que ver con la concepción que Marx hizo de su “working class”.

El símbolo del puño agarrando una rosa también forma parte de un movimiento que nada tiene que ver con todo lo que está ocurriendo en nuestros días. Si bien los símbolos pueden llegar a ser sagrados dentro de los ámbitos de las relaciones con el mundo invisible, en las relaciones humanas de lo cotidiano, los símbolos evolucionan irremediablemente, aunque intenten guardar dentro de sí algún tipo de esencias. Hay algunos que pertenecieron a un tiempo y a las fuerzas de ese tiempo, identificando un proyecto que requiere revisión. Una vez terminado el periodo de fuerza, el símbolo carece de valor.

Para ello, hay que tener en cuenta conceptos claves a desarrollar en el futuro:

–       Ya no existe un proletariado o clase trabajadora a la usanza del siglo XIX y en contraposición a una clase capitalista. Hoy en día, la sociedad se está articulando de forma diferente, evolucionando el concepto de trabajo asalariado por formas diferentes de trabajo, muy relacionados con la nueva revolución de la era del conocimiento.

–       La terminología “explotación”, muy utilizada como argumento ideológico debería sustituirse por términos menos agresivos, ya que, en términos actuales, las desigualdades sociales no consisten en la explotación de unos sobre otros, sino en las injustas regulaciones existentes a la hora de organizar el mercado de trabajo y capital.

–       El propio nombre del partido debería modernizarse, agrupando más el concepto de socialdemocracia –quizás adoptando el nombre que ya algunos partidos socialistas reclaman para sí como el de Partido Socialdemócrata.

–       Los símbolos han evolucionado, y en la era industrial del conocimiento, donde el pixel y el ratón son los instrumentos más habituales de trabajo, no podemos seguir vinculando esta era a símbolos del pasado.

Por lo tanto, es necesario realizar una firme revisión no de nuestros valores, pero sí de la forma en la que los expresamos para no caer en la tentación de encerrarnos en la caducidad endogámica y el sectarismo de las esencias. Nuestra visión debe ser amplia y ello requiere cambios en el fondo, en la ética, pero también en la estética.

España en su más profunda humillación


El título quiere imitar al de aquel folleto antinapoleónico que el librero de profesión, sobrino de editores, Johannes Philipp Palm, editó costándole la vida por no querer delatar la autoría del mismo. Fue fusilado por orden de Napoleón el 26 de agosto de 1806, acusado de la publicación del escrito titulado “Alemania en su más profunda humillación”.

Y el título viene a colofón de todo lo que está ocurriendo en nuestro país en los últimos tiempos. Especialmente a la humillación a la que estamos siendo sometidos día tras día desde las instituciones del poder que, agotadas por no saber reconducir una situación crítica, aboga por confundir, delatar y fusilar todo cuanto puede.

España se desquebraja ante la mirada atónita del mundo. Parte de Cataluña gira de nuevo hacia sentimientos independentistas. El País Vasco, según los más duros, está siendo articulada desde las últimas elecciones por ETA. En el País Valenciano, los ciudadanos prefieren votar a corrupto conocido que corrupto por conocer. En Andalucía, pude escuchar un mitin político en el que el consejero de turno exigía más subvenciones para el campo. Y en el resto de España, los que pueden, como las infantas y algunos marqueses y cierta aristocracia económica, buscan salida en otros países mientras que en el nuestro, el heredero a la Corona insiste en ser un hombre del Sistema en un momento en el que el Sistema se derrumba y hace aguas. El minuto de gloria no fue sin duda para su súbdita, sino para el declive de su reinado futuro, de haberlo. Nadie quiere darse cuenta, pero España hace aguas.

Una acción social está destinada a restituir derechos perdidos. En nuestro caso más grave, derecho a la vivienda y al trabajo. Pensamos que el movimiento 15M iba a ser la chispa que detonaría en un despertar colectivo, o al menos, en un atisbo de esperanza futura. Cuando la situación de un pueblo está psicológicamente agotada, lo mejor es, antes de que el pueblo muera por inanición, abrazar soluciones impecables que nos alejen de la humillación.

Eso pensó mucha gente ante el agotamiento psicológico y la desesperación de ver como un Estado no es capaz de asegurar la subsistencia de su pueblo. Surge de la necesidad el propio pueblo, la justificación moral  de adueñarse de las soluciones pertinentes…y de las plazas. Lo hemos visto en cientos de revoluciones que no son sino la explosión psicológica del agotamiento de un pueblo o una sociedad. Y lo hemos visto estos días en nuestras calles y plazas, ante el atónito silencio y la incapacidad de reacción de un Estado, de un Sistema totalmente agotado y deslegitimado por sus propios ciudadanos y sus propias contradicciones. Las plazas, ese concepto tan europeo, y sus gentes, han doblegado al Sistema.

A partir de ahora nos movemos en un círculo peligroso del todo vale, y ese todo vale puede terminar en tragedia o en destrucción del orden establecido. Todo lo que ha ocurrido en esta primavera se yergue hoy como una advertencia al porvenir.

Antiguamente, cuando el agotamiento y la humillación eran insufribles, se recurría a la violencia como forma de desatascar una presión psicológica grupal inaguantable. En nuestro Occidente, una acción de ese tipo sería no sólo inaceptable, sino inasumible.

La pesadez y la desesperanza acumulada empiezan a hacer estragos. El egregor en el que hemos convertido ese magma de pesimismo y sentimiento catastrofista está amordazando cualquier tipo de salida a este atolladero.

En el fondo, no es un problema de más trabajo o menos paro, de más fluidez económica para las empresas o menos corrupción política. Es un problema que va más allá de todo eso y que tiene que ver con aquello que los ilustrados llamaban la unidad psíquica de la humanidad, más expresiva si cabe en los románticos que hablaban del alma de los pueblos. Y ese alma se siente vieja, y esa unidad psíquica cansada. No por esta crisis, sino por un sistema de valores y comportamientos sociales que ya no encuentran salida en el sistema de cosas que hemos establecido.

Muchos piensan que con las próximas elecciones generales habrá un cambio importante en el sentimiento crítico del alma español. Seguramente esa perspectiva nos mantendrá distraídos hasta ese momento, y como mínimo, esperanzados. Pero por pura lógica, no van a cambiar mucho las cosas porque el país necesita un cambio radical, importante, profundo y esencial.

Y ese cambio profundo no puede ser orquestado por los partidos que dirigen el orden actual. Debe aparecer un resurgir nuevo, una llama que sea capaz de meter una cuña en el edificio tambaleante para que la inclinación vaya inevitablemente hacia el derrumbe total. Y cuando el derrumbe sea total y el viejo orden haya desaparecido entre sus escombros, la presión psicológica cesará y la esperanza de un nuevo día volverá al espíritu de nuestros corazones. Los tiempos reclaman una fuerza nueva, un nuevo movimiento capaz de digerir lo caduco para vomitar lo nuevo. Habla así el espíritu del pueblo… y sus plazas… y sus corazones…

 

( Artículo publicado en el foro de la Fundación Civil:  http://www.fundacioncivil.org/2011/06/espana-en-su-mas-profunda-humillacion/)