La Serpiente Cósmica



Estimado BJ:

Mitos: el árbol de la vida, la serpiente cósmica, la luz, la oscuridad…
Hay muchos libros sobre mitos… tengo alguno en mi biblioteca… el mito de Adán y Eva lo estuve mirando no hace mucho porque la historia que relata el Génesis es muy interesante… Resulta que todos hablan del árbol del bien y del mal, la famosa manzana… Pero en el Jardín del Edén había otro árbol del que nadie se acuerda y viene muy detallado en la Biblia… es el árbol de la Vida… Este dato me parece tremendo y muy olvidado… Dios prohibió comer de los frutos de ambos árboles… Eva, seducida por la audaz serpiente comió del árbol del bien y del mal… Entonces Dios, alarmado, mandó echar del Edén a Eva y Adam única y exclusivamente por temor a que también comieran del árbol de la Vida y se volvieran inmortales como Él… Pues bien… hasta aquí todo en orden… Pero la cosa se complica… Ten en cuenta que todo esto son parábolas, símbolos para describir algo… es decir, Eva no es una mujer, Adam tampoco es un hombre… ¿qué representan entonces los dos árboles del Edén y la serpiente? Empieza la aventura simbólica, el Liber Mutis de la Naturaleza y el mito… apasionante…

Estuve en Dinamarca, como sabes, las navidades pasadas… Linda, amante también de los mitos me contó uno muy hermoso… el mito del árbol Yggdrasil… Según las leyendas nórdicas, en el libro de Kalevala, de tradición finlandesa, se explica el origen de los tiempos y se dibuja el mundo como si fuera un árbol rodeado de una gran serpiente… Encima del árbol hay una casa que llaman Valhall… Lo asombroso de todo es que en la tradición americana hay una leyenda parecida con un símbolo exactamente igual entre los indios del amazonas… un gran árbol rodeado de una gran serpiente y encima, una casa… Pude ver el paralelismo gracias a un antropólogo llamado Jeremy Narby, el cual escribió un libro titulado La Serpiente Cósmica. Allí, en la página 106 de la edición en castellano, venía el mismo símbolo que me había dibujado Linda en Copenhague. Así, la serpiente del mundo Ronín, rodea todo el Amazonas, es decir, todo el mundo conocido. Según el antropólogo Narby, la serpiente aparece en todas las culturas como portadora del conocimiento, ya que, de forma arquetípica, tiene semejanzas con las hélices del ADN…

Hay muchos paralelismos y creo que podrías centrarte en los dos árboles del Edén buscando semejanzas en otras culturas, por ejemplo, en la cultura nórdica con el árbol Yggdrasil, en culturas africanas como la Fon que hablan de Aida-Hwedo, la Serpiente Cósmica creadora del mundo y la cual rodea también un árbol en su centro… en fin, el tema es apasionante…

Sin duda, la humanidad tiene una leyenda común, unos arquetipos comunes, unos mitos que comparte… Cada cultura ha accedido gracias a sus magos, sus profetas o chamanes a esos arquetipos y los han vestido y explicado a su manera. Pero todos beben de un mismo tronco, y de ahí que entre unas culturas y otras existan paralelismos increíbles… Algunos antropólogos hablarían del difusionismo por contacto… Pero esto es absurdo… ¿qué difusión puede haber entre unos nórdicos del ártico polar, una tribu africana y una tribu perdida del Amazonas? Algo respira más allá de nuestras limitaciones… algo grande y hermoso… una Unidad psíquica, como la llamaban en la Ilustración, o una unidad cuántica, como se la llama ahora… Tenemos pruebas antropológicas suficientes para hablar de ella… la Unidad de la raza humana está impresa en nuestros arquetipos, mitos y leyendas…

TU TIENES EL RELOJ YO EL TIEMPO


Moussa Ag Assarid es un miembro de la tribu de los Touareg en África.
Le han hecho una entrevista.
Entrevista realizada por Víctor Manuel Amela

Moussa Ag Gassarid: No sé mi edad: ¡nací en el desierto del Sahara, sin papeles…! Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo.
Pregunta: ¡Qué turbante tan hermoso…!
Respuesta: Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
P: Es de un azul bellísimo…
R: A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados…
P: ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
R: Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
P: ¿Por qué?
R: Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
P: ¿Quiénes son los tuareg?
R: Tuareg significa abandonados, porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: señores del desierto, nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
P: ¿Cuántos son?
R: Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… “¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!”, denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
P: ¿A qué se dedican?
R: Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio…
P: ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
R: Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
P: ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
R: Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre.. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba… Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre… Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
P: ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
R: Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas… Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
P: Saber eso es valioso, sin duda…
R: Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
P: Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
R: Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
P: ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
R: Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro….
P: Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja…
R: Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté… Después, en el hotel vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua… y sentí ganas de llorar.P: Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
R: ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso…
P: ¿Tanto como eso?
R: Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos… Yo tendría unos doce años, y mi madre murió… ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.P: ¿Qué pasó con su familia?
R: Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa… Entendí: mi madre estaba ayudándome…
P: ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
R: De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo…
P: Y lo logró.
R: Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
P: ¡Un tuareg en la universidad. ..!
R: Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella… Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra… Aquí, por la noche, miráis la tele.
P: Sí… ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
R: Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa… En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
P: Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.R: Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde…
P: Fascinante, desde luego…
R: Es un momento mágico… Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor… La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor…
P: Qué paz…
R: Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

La isla de Thule


La tierra incógnita siempre fue aquella que estando tan lejos de los reinos conocidos, se imaginaba, normalmente de forma muy exagerada, como paraísos perdidos, lugares habitados por legendarios seres y en todo los casos, eran lugares que aguardaban al aventurero con cientos de sorpresas. El caso de la Atlántida descrita por Platón o de otros reinos como el de Shamballa o Agartha plagaban la imaginación de aquellos tiempos. Los griegos y los romanos también tenían sus propias tierras incógnitas, como era el caso de la región de Hiperborea o la isla de Thule. Ambos lugares, según cuentan los relatos de la época, estaban en el norte más distante, más allá de las tierras conocidas de Tacia y Bretaña. Se referían en estos relatos a esa isla donde el sol iluminaba las 24 horas, probablemente algún lugar de la antigua Escandinavia. Siguiendo las pistas de Thule, podemos ver en un mapa antiguo llamado Carta Marina, de Magnus (ver foto adjunta), una isla por debajo de Islandia, a la izquierda (mirando de frente) de las Islas Feroes y por encima de la costa escocesa llamada Tile. Si miramos los mapas actuales en el google earth y lo comparamos con el de Magnus, vemos que esa isla existe, pero está sumergida. Esto me recuerda a la isla de Utopía, de Tomás Moro, que tras una lectura exhaustiva de la misma, podemos llegar a la conclusión, si los eruditos me lo permiten, de que estamos hablando de la antigua isla de Ceilán, conocida ahora como Sri Lanka, ya que las descripciones de Moro coinciden al milímetro con dicha isla. Vemos pues como algunos mitos están basados siempre en realidades sumergidas, o mal interpretadas con el paso del tiempo… Podríamos pensar que quizás esa mitología encierra alguna verdad llena de incógnitas que habría que resolver con prudencia. Por cierto, toda la leyenda y la mitología sobre Thule fue utilizada más tarde por los esoteristas de la Alemania nazi hasta tal punto que la Sociedad de Thule, cuyo emblema era una esvástica, influyó en la creación del partido nacional socialista y en las ideas de la eugenesia o higiene racial que más tarde se crearon en torno a la raza aria, cuya procedencia, decían algunos de la época, era extraterrestre y provenía de la estrella Aldebarán, en Tauro. En fin, todos los mitos se envuelven de creencias epidérmicas que pretenden llamar la atención con el paso del tiempo, exagerando cualquier historia o secuestrando cualquier idea para transformarla luego a nuestro antojo. Sea como sea, me encanta la idea de que en pleno siglo XXI aún tengamos la oportunidad de soñar con esas tierras lejanas, aunque sea desde la imaginación.
(Ilustración: Mapa del sueco Olaus Magnus, Carta Marina, 1539).

¿Estás en una secta?


Se acercó sigilosamente mi madre esta tarde, que anda de vacaciones por tierras del sur y me dijo que mi tía le había preguntado si andaba metido en una secta. Eso de ser vegetariano en un pueblo que presume de ser cinegético hasta la médula y donde es un orgullo pertenecer a la sociedad de caza debe ser cosa de sectario. Por cierto, un importante político de esta localidad, al mostrar su currículum político y exponer sus actividades en bien de la comunidad indica lo siguiente: miembro de la asociación de padres de alumnos y miembro de la sociedad de caza. Para tranquilizar a mi madre, curada de espanto desde que ya de pequeñito iba por las noches a ver si cazaba algún Ovni por el cielo estrellado, le he dicho que no pertenezco a una secta, sino a todas las que pueda, ya que forma parte de mi condición de antropólogo y que, allí donde se desarrolle lo exótico de la humanidad, allí andaré yo con mi cuaderno de campo explorando todo cuanto me resulte mínimamente curioso. El término secta no se utiliza de forma peyorativa en la antropología. Algunos lo sustituyen con nombres como Nuevos Movimientos Religiosos, Nuevos Movimientos Sociales, Nuevos Movimientos Globales, etc… Pero secta, secta es cualquier grupo de gente con un fin común, como la sociedad de cazadores de mi pueblo, un partido político o un equipo de fútbol. Por supuesto luego están las grandes sectas como la católica, los Testigos de Jehová o el islam. ¿Son dañinas las sectas? Mi madre, cuando me veía tan atrevido de pequeño y observaba con cierta desilusión que su hijo había salido rarito, siempre me advertía de que tuviera cuidado con las sectas. “Hijo mío, ten cuidado con lo que te echan en la bebida”. Ciertamente he visitado muchas sectas a lo largo de mi vida y ninguna me ha parecido peligrosa excepto algunos partidos políticos cuyos miembros me han amenazado o algún partido de fútbol que ha acabado en puñetazos o la sociedad de cazadores de mi pueblo, donde utilizan armamento de todo tipo para aniquilar con orgullo cientos y miles de animales cuyo delito único y conocido es el de vivir. Sí, claro que he conocido sectas peligrosas, pero no precisamente las de calado religioso. Pero si nuestros políticos de izquierdas presumen de que son de la sociedad de cazadores (¿no era ese un deporte de los llamados de “derechas”?) y otros se enorgullecen a puñetazos de ser de uno u otro equipo es normal que a mí, que ni cazo ni veo el fútbol me llamen sectario… Ya lo decimos en antropología: el estigma del extraño. En la Alemania nazi, el sectario era el que no pertenecía al partido nacional-socialista, es decir, aquel que andaba contracorriente a riesgo incluso de su propia vida. En nuestra España cutre ocurre lo mismo, y así nos va, claro…
(Foto: En la India meditando con un grupo de “sectarios”. Por si acaso, bebía de mi propia botella de agua, no fuera que tal y como me advertía mi madre, me echaran cosas en la bebida y me lavaran el cerebro a base de programas de manipulación mental…)

Chamanismo en México


Ayer estuve en Málaga visitando a los amigos P. y A., unos importantes editores con más de treinta años de experiencia y una editorial de éxito con sucursales en Latinoamérica. Mientras esperábamos a P. en el despacho de la editorial, empezamos a hablar y A. comenzó a contarme sus experiencias chamánicas en México, Brasil, Miami… La historia fue alucinante. Relataba emocionado como un chamán mexicano lo mantuvo con vida durante casi doce años debido a un gran cáncer que casi le quita la vida. Me enseñó una foto de como era antes de la operación y como es ahora y sin duda eran personas totalmente diferentes. Lo interesante de la historia es el desprecio que la medicina oficial siente hacia estas técnicas de curación milenarias, un conocimiento ancestral que sin duda cura vidas, ya sea por la verdadera acción del chamán o por los estímulos derivados de la autogestión. En Mongolia estuve con un grupo de amigos que intentan sintetizar ambas medicinas, sin despreciar ninguna de ellas. Hay sin duda un movimiento mundial que pretende “recordar” todo ese conocimiento que hemos olvidado y que sería bueno para nuestra humanidad. El ejemplo vivo es Antonio, el cual me relató durante casi cuatro horas todas esas fantásticas experiencias. Dice que lo que cuenta Carlos Castaneda en sus libros se queda corto con lo que él pudo experimentar y ver allí. Ya me ha corroído la curiosidad antropológica y me veo viajando de nuevo a México…

Communitas


Interesante la discusión con Manuel Delgado (http://manueldelgadoruiz.blogspot.com/), profesor de la Universidad de Barcelona donde me ha ayudado a clarificar durante estos días toda mi confusión sobre conceptos que a priori podrían parecer claros. En toda mi tesis doctoral he basado cierta reflexión en asimilar el concepto que Victor Turner describe como Communitas. Estos procesos se desarrollan en las Comunidades Utópicas que estudio antes de que estas entren en una dinámica de reproducción de la estructura que tienen implantadas en sus cultura de origen. El proceso es parecido a la foto que acompaño: primero existe un encuentro de afinidades que comparten experiencias sin una necesidad extrema de organización. En ese proceso emocional, de búsqueda de un sentido de comunidad más allá de las normas establecidas, sin reglas fijas, sin estructura definida, sin estatus ni jerarquías, es lo que llamo communitas. En el ejemplo que expongo, un mercado libre, sin dinero, sin estatus, donde todos comparten todo. En la comunidad de Findhorn tuve mi primera reflexión sobre este asunto cuando descubrí como a medida que la comunidad va creciendo y definiendo su futuro tiende a reproducir las estructuras que en un principio desechaban. La comunidad se vuelve organizada, jerárquica, las gentes asumen roles y estatus… Es, como digo en mi libro “Creando Utopías”, la invasión de la estructura cultural insertada en nuestras vidas en proyectos o ideales que pretenden huir de ella. Para Manuel, sin embargo, hablar de communitas y de comunidad no es sinónimo, si no que entra en la discusión de la dicotomía entre lo que Tönnies llamó comunidad y asociación, del mismo modo que otros autores dieron su propia definición (ver Manuel Delgado, 1999, 140): Tönnies (Gemeinschaft / Gesellschaft), Marx, Darwin o Henry Maine (sociedad rural / sociedad contractual), Durkheim (solidaridad mecánica / solidaridad orgánica), Robert Redfield desde la Escuela de Chicago (sociedad folk / sociedad urbana), Karl Popper, y luego Wolf desde la antropología (sociedad cerrada / sociedad abierta) o el mismo Turner (comunnitas / estructura). En fin, un tema apasionante que desarrollaré si sobrevivo a la tesis durante los próximos años.

Extraterrestres


Llevaba años buscando la imagen de Isabel Nido para ilustrar un libro de próxima aparición. Por fin la encontré gracias a la inestimable ayuda de Ignacio Darnaude y Juan Montejo. Encima de la foto venía el titular que acompaño, datado en 1968. Visto desde la distancia, uno se preguntará qué fue de esa invasión, y si se dio a efecto. A mediados de los años ochenta solía asistir a cursos, seminarios y coloquios de lo más variopinto. Uno de ellos estaba dirigido por el entrañable Josep Fabregat, el cual decía haber contactado con un extraterrestre oriundo de Orion y de nombre Tefilo. Lo cierto es que el supuesto ser dio mucho de qué hablar. En una de las sesiones a las que asistía allá en el Centro de Estudios de Ciencias Universales, en el hermoso barrio de Gracia, llegué a escuchar cosas sobre esa supuesta invasión pacífica. Según Tefilo, o Fabregat, esta se daría a principios de los años noventa. Al no ocurrir nada, se trasladó la fecha a finales de siglo y luego, ante la decepción, volvió a surgir con fuerza la fecha del 2012. Podría contar cientos de anécdotas e historias sobre todo lo allí vivido. Más tarde, en las clases de antropología, estudiaba con entusiasmo los movimientos milenaristas. Allí descubrí con cierto alivio la necesidad humana de ir cada dos días buscando un fin del mundo, una catástrofe inminente o una invasión extraterrestre solicitada desde siglos atrás de manos de la furia de Yahvé. Ángeles ayer, extraterrestres hoy, el fenómeno no ha cambiado en más de seis mil años. Y seguimos sintiendo esa angustia cada vez que alzamos la mirada al cielo y observamos el eterno silencio que nos envuelve… Seguimos soñando que algún día, esos hermanos cósmicos vendrán, recuperando con ello el sentido de todas las cosas…

De la comunidad virtual a la comunidad real


En la firma del libro Cosas del Camino, de Mario Conde, se dieron ayer en Madrid peculiaridades de las que habría que reflexionar. La primera de ellas es la de comprobar hasta qué punto una comunidad virtual puede convertirse en comunidad real en un sólo encuentro en el plano de la manifestación palpable. Gente que se conoce, que crea una propia communitas virtual en la que se convive desde una pluralidad invisible, anónima, pero con lazos afectivos que se van creando y aferrando a una sustancia difícil de cualificar. ¿Y qué ocurre cuando esa realidad virtual choca frontalmente con la realidad real? Me hubiera gustado asistir a la cena que se celebró horas más tardes pero como teníamos que volver esa misma noche a la Montaña (cuatro de la madrugada), no pude contrastar lo ocurrido con más detalles. Espero que me lo contéis puesto que desde un punto de vista antropológico no tiene desperdicio, y dado que mi tesis va sobre comunidades (utópicas), me vendrán muy bien vuestras opiniones…

Secularización…


Una de las cosas que más me sorprendieron de mi estancia en Escocia hace algunos años fue en Edimburgo. Allí había muchas iglesias que habían sido reconvertidas en negocios, ya fueran albergues, restaurantes o pub de moda. Recordé todo lo que habíamos estudiado sobre el paradigma de la secularización en los cursos de doctorado y por un momento me di de bruces con el mismo. La primera noche en Edimburgo, antes de llegar al frío norte de las Highlands, dormí en una vieja iglesia anglicana, la “Belford Hostel”, reconvertida en un albergue barato, con poca higiene, mal acondicionado y sucio. Fue una sensación extraña dormir en una iglesia, sobre todo cuando mirabas al techo y veías la construcción gótica sobre tu cabeza. De forma insólita y de la forma más rocambolesca comprendí toda la teoría sobre la secularización. Y ahora, mientras repaso mi diario de aquellos días para plasmar mi cuaderno de campo en la tesis doctoral reflexionaba sobre qué pasaría en España si ocurriera lo mismo con los ritos paganos propios de esta Semana Santa…

(Foto: El Belford Hostel, lugar increíble donde pasé una de mis primeras noches en el frío pero hermoso Edimburgo. Febrero de 2007).

La religión de los andaluces


El primer domingo tras la primera luna llena del equinoccio de primavera se celebra en el mundo cristiano la llamada Semana Santa. Desde un punto de vista antropológico podríamos hablar de religión diferenciada, de algo singular de un pueblo que podría entenderse o denominarse como pagano, con cientos de imágenes o advocaciones de Cristos, Vírgenes y Santos que son moldeados a la idiosincrasia de cada lugar. Una devoción que, como en los ritos paganos de primavera, se procesan especialmente en estas fechas. Sin duda, cuando el cristianismo penetró en la consciencia de los moradores de estas tierras, debieron adaptar sus viejos ritos a la nueva religión, dando manifestación a sus rituales y perpetuando así la tradición que se pierde en el tiempo. Las fiestas de primavera, del retorno de la vida al campo y las ciudades siguen existiendo y se perpetuán en el rito cristiano, esta vez con la muerte, valga la paradoja, de la vida espiritual. Y lo mismo ocurre en diciembre, cuando en el solsticio de invierno nace la luz personificada por el niño en el portal de Belén, es decir, el nacimiento de la luz en un mundo de oscuridad. Nunca he sido amigo de la religión encapsulada en un tiempo determinado o en un ritual carente de significado para los que lo practican. Me resulta más amable el consumo de la espiritualidad que perdura en todos los tiempos y en cada momento, en el silencio y la ternura de la intimidad. Así que me gusta ver esta Semana Santa como una manifestación cultural o de religiosidad popular arraigada en la tradición y el ritual, más que como una verdadera manifestación religiosa, que de serlo, dura lo que dura un suspiro pues al final de la misma, regresan los mismos comportamientos y actitudes ajenas a la religión. Sea como sea, que el mensaje de amor, y no de muerte, dolor, pasión y sufrimiento, perdure para siempre…

(Foto: Banda de música preparando “los pasos” de Semana Santa, La Montaña, abril de 2009).

Ocultismo y galletas saladas…


Tras unas horas con Mario en Madrid hablando sobre Cosas del Camino, su próximo libro que editaremos en abril en Nous, continué el viaje hacia Barcelona. En algunas de las paradas he mirado el correo y me he encontrado con un auténtico relato antropológico sobre el poder destructivo de las sectas ocultistas. Lo transcribo porque no tiene desperdicio, pero eso sí, como antropólogo, y para que no os asustéis, os recomiendo primero el libro de Joan Prat titulado “El estigma del extraño“… Bueno, ahí va…

“…un masón amigo mio fue a uno de los mítines que tienen, porque decidió en algún punto meterse dentro, y ese día tenían una tía con la menstruación, y con galletas saladas se dedicaban a mojarlas en la sangre de la regla porque según ellos iban a adquirir así no se qué de principio femenino…”

Como digo, el relato no tiene desperdicio y como buen coleccionista de hechos insólitos, lo comparto para ser analizado con calma y con algo de humor… Siento el color rojo que acompaña al texto, pero al no poseer a estas horas de la madrugada fotos de galletitas saladas teñidas de rojo no se me ha ocurrido otro recurso que ese. La antropología tiene estas cosas… ya os contaré otras anécdotas de este tipo… tengo una gran colección… Y si vosotros conocéis alguna no dudéis en compartirla… ¡me encanta y fascina lo extraño de la naturaleza humana!

Carisma


Hace algún tiempo hice un trabajo de antropología sobre el carisma. Max Weber hablaba de esa cualidad de ciertas personas que pasan por ser extraordinarias, de esos príncipes de almas, como los llamó Eliphas Levi. Personas endiosadas, que epistemológicamente quiere decir llenos de dios, es decir, llenas de divinidad, de fuerza, de don… Son referencia, nodos, punto de atracción, focos que iluminan en la noche del alma a aquellos seres que se sienten perdidos. Lo hacen a través de la palabra, ya sea esta escrita o hablada, a través de la mirada, del silencio, de los gestos o las acciones. Normalmente viven en un proceso complicado, creando mitos y leyendas posteriores o convirtiéndose ellos mismos en mitos y leyendas porque, de alguna forma, y a través del tiempo y la memoria colectiva, quedan enclavados en la psique humana. Jesús se endiosó cuando el Cristo descendió y lo adumbró. También Buda, pero también un Gandhi, o un Borges. Los lleno de gracia, o de don, como también se les llama, a diferencia de los endiablados, llenos del mal, concurren hacia causas buenas para la humanidad. Normalmente se aferran a una “idea-fuerza”, por ejemplo “amor”, “paz”, “libertad”, y la desarrollan en toda su potencia. Es decir, concurren y fusionan una fuerza, la del endiosado, con una energía, la “idea-fuerza”, y crean un nodo de corriente que arrastra a todos los que se sienten atraídos por ello. Así, la persona carismática actúa a través del poder carismático, convirtiéndose allí donde esté en un héroe legendario. La convicción emotiva del heroísmo así como esa sabiduría judicial que se pretende, son capaces de transformar desde dentro a los humanos, las cosas y las organizaciones de acuerdo, según nos dice Weber, a su voluntad revolucionaria.
¿Y quién puede estar endiosado? Los héroes, aquellos que realizan el viaje iniciático y superan las pruebas que la vida les pone por delante. Normalmente, pruebas duras, según su fuerza, para comprobar verdaderamente su poder. Está todo descrito en los ritos masónicos a la perfección, y en cualquier rito que hable o describa el viaje iniciático.
Ahora bien, ¿cuál es papel fundamental del que está lleno de gracia? Sólo puede ser uno: COMPARTIR. Tras la derrota en las elecciones norteamericanas, Al Gore tenía dos opciones, o retirarse como hacen casi todos a una vida placentera o buscar una idea fuerza para alertar de algo, en este caso, el cambio climático. El Che Guevara podría haberse quedado tranquilamente como ministro de Turismo en Cuba. Todos aquellos que pudieron transformar su realidad podrían haberse quedado tranquilos aguardando a la Dulce Dama, sin hacer nada más que eso. Aurobindo hubiera perdido la batalla si se hubiera conformado con una lucha política y la prisión, acabando allí su ideal. Muchos jóvenes que alguna vez han disfrutado de cierto carisma acaban aburguesándose pensando que es suficiente con tener una bonita casa, un bonito trabajo y una tranquila familia aspirando simplemente a riquezas, y no dones. No sienten la necesidad de llenarse de fuerza, dejándose llevar por esa constante contaminación positiva para poder, al mismo tiempo, llenarse de don… Y el don se puede transmitir… la gracia se puede compartir…
Es un tema muy interesante del que puede hablar abiertamente, sin necesidad de que aquel que se sienta una persona con el don del carisma se deba sentir soberbio por hacerlo. Es un hecho que existe y es un hecho que se puede tratar con toda la humildad del mundo. Se puede desde la antropología detectar ese endiosamiento y describirlo con naturalidad, incluso tratarlo con naturalidad. Para algunos comprendo que sería un tema soberbio o de engreimiento o de “endiosamiento”, pero esta vez, en el mal sentido de la palabra, tal y como lo mal utilizan actualmente algunos para designar un exceso de orgullo, chulería o falta de humildad-humanidad.

(Foto: Líder carismático del antiguo Egipto. Museo de Copenhague, diciembre de 2008)

LAU: Tuyo y Mío…


Hace muchos años leí un libro que me impresionó por su sencillez y por su trascendencia para conocer al Papalagi, es decir, al hombre blanco. Fue escrito por un jefe polinesio de nombre Tuiavii de Tiavea. En su discurso increíble, hubo siempre una palabra que me marcó: Lau. Expongo un extracto para que entendáis porqué.

En nuestro idioma «lau» significa «mío», pero también significa «tuyo». Es casi la misma cosa. Pero en el idioma de los Papalagi es difícil encontrar dos palabras que difieran tanto en significado como «mío» y «tuyo». Mío, significa que algo me pertenece por entero a mí. Tuyo, significa que algo pertenece por entero a otro. Es la razón por la que el Papalagi llama a todo lo que está cerca de su casa «mío». Nadie tiene derecho a ello más que él. Cuando visitas a un Papalagi y ves algo allí, un árbol o una fruta, madera, agua o un montón de basura, siempre hay alguien alrededor para decir: «Es mío y que no te coja tomando algo de mi propiedad». Incluso si tocas algo empezará a berrear y te llamará ladrón. Ésta es la peor maldición que conoce. Y solamente porque te has atrevido a tocar el «suyo» de otro hombre. Su amigo y los criados del jefe vendrán corriendo, te pondrán cadenas, te echarán a la más sombría pfui-pfui y la gente te despreciará durante el resto de tu vida.
Actualmente para impedir que la gente toque cosas que alguien ha declarado suyas, se ha presentado una ley que concrete qué es suyo y qué es mío. Y hay gente en Europa que gasta su vida entera prestando atención a que no se quiebre esa ley, que no se quite nada al Papalagi que ha declarado que aquello es suyo. De esa manera, los Papalagi quieren dar la impresión de que tienen derecho real sobre esas cosas, como si Dios hubiera regalado sus cosas para siempre. Como si las palmeras, las flores, los árboles, el mar, el aire y las nubes fueran realmente de su propiedad.
Los Papalagi tienen necesidad de leyes que guarden su mío, porque de otro modo, la gente con poco o nada de mío, se las quitaría. Porque si hay gente que pide mucho para sí misma, hay muchos otros abandonados que permanecen de pie con las manos vacías. No todo el mundo conoce las tretas y señales escondidas con las que se puede acumular mucho mío, y también se ne cesita una especie de valor, que tiene poco o nada que ver con lo que nosotros llamamos respeto y puede que aquellos Papalagi que están con las manos vacías, porque no querían robar o insultar a Dios, sean los mejores de su tribu. Pero no existen muchos Papalagi como esos.

(Foto: Foro Espiritual de Estella, en Navarra, donde durante algunos días se practicó el concepto de Lau. Junio de 2007).

El Lenguaje Secreto


Los chamanes lo conocen y se precipitan hacia él para ascender o descender a cielos e infiernos. Ese lenguaje se aprende directamente de los espíritus por imitación. Para que esto sea posible, es necesario utilizar la Escalera, a veces también representada por un bejuco, una gradería en espiral o una cuerda trenzada. Con ella se asciende al cielo si lo que se pretende es conocer el lenguaje divino o al infierno si lo que se pretende es conectar con los secretos de la tierra y los infiernos. En todo caso, los espíritus están ahí y se puede comunicar con ellos. Baste conocer su lenguaje, operar en sus rituales, aprender de sus construcciones y sus premisas y saber, con cierta humildad, que ellos fueron los portadores de la vida en nuestro mundo. Ahora bien, el lenguaje secreto, que suele representarse con números y figuras geométricas, retiene en la complejidad precisamente la habilidad del entendimiento. No cualquiera está preparado para aproximarse al mismo y no cualquiera está preparado para comprenderlo. Incluso no cualquiera sabe de la existencia de la Escalera, a veces confundida con la necesidad de penetrar en la esquizofrenia o la locura absoluta. Los chamanes fueron tildados durante muchos años de enfermos mentales por la antropología clásica. Eliade intentó salvar el tipo tratándolos como terapeutas dotados de técnicas y remedios que trataban de crear orden allí donde reinaba la enfermedad o el miedo. El psiquismo inferior, tal y como lo expresaba la teosofía de siglos pasados, pretende llevar al hombre hasta el umbral de la locura… Sin embargo, existen lugares en la mente humana donde operan técnicas que desarrollan una visión latente y potencialmente superior. Es ahí, desprendidos de insípidas intenciones, donde nace la noble tarea del Arte ensoñador. Es ahí, en ese lugar donde la mente abstracta conecta con su extremo más elevado, donde se desarrolla una visión diferente del mundo. El chamán conoce la técnica, y el lenguaje, y utiliza la Escalera para ascender al mundo de los Ocasos.

(Foto: Jeroglífico egipcio en el museo de Copenhague. El lenguaje simbólico está directamente conectado a los arquetipos y por lo tanto, al Lenguaje Secreto. Diciembre de 2008)

Christiania


Aunque el nombre podría conducirnos a una interpretación errónea del lugar, no se trata, por ser día de Nochebuena, de una comunidad cristiana, sino de una comunidad alternativa nacida en lo que fuera un terreno militar en la misma ciudad de Copenhague. El amigo Thomas, de forma amable y generosa, ha hecho de maestro de ceremonias y me ha guiado por este singular barrio, mitad comunidad alternativa mitad refugio de la bohemia del lugar. Sentía mucha curiosidad, debido a mi tesis, por conocer el sitio. Setecientas personas viviendo de forma especial, demandando al mundo una forma diferente de relacionarse y entender la vida. Todas las comunidades respiran algo propio, algo que las hace únicas. Y Christiania tiene esa seña de identidad que en invierno parece disimularse por la ausencia de vida en sus calles, pero que encierra en su espíritu un verbo especial. Quedo agradecido a Thomas por su tiempo y por sus explicaciones y quedamos emplazados a nuevos encuentros en tierras del sur, allí donde el sol parece que ilumina con más fuerza.
(Foto: en la entrada principal de Christiania, 24 de diciembre de 2008)

Cultura e incultura


¿Qué es la cultura? Lo hablaba ayer con María a razón de un libro que próximamente vamos a editar. Como antropólogo, nunca me atrevo a hacer un análisis o dar una respuesta tajante sobre dicho fenómeno. Sin embargo, sí que me atrevo a hacerlo cuando alguien reclama un sitio en la palestra social alegando que su cultura es muy superior a la incultura del otro. Aunque no es muy antropólogo decirlo, me gustaba esa definición sanajuniana que decía eso de que la cultura no es más que el producto y la expresión fenomenológica concreta de un conjunto de la psique humana. Algo así como un producto elaborado en la suma de las subjetividades de un grupo que, ya sea por afinidad, creencia o herencia, asume un rol grupal que lo diferencia del resto. Así, las manifestaciones culturales no serían más que un producto de una interacción e interiorización de un colectivo concreto. Y ese colectivo, según esta vanguardista teoría, puede ser reducido incluso a dos miembros.

Algunos pensarán que esta última frase ha quedado muy “culta”, que la teoría sanajuniana es la monda lironda y que este tío sabe de lo que habla. Hasta que me confieso y digo que San Ajún y su breviarium, si me permiten el laticismo, sólo existe en la psique de un grupo minúsculo de creyentes, concretamente en la psique de dos personas, y que su teoría sólo sirve para ver y entender el mundo desde una perspectiva amplia, tan amplia como el abanico que se abre en la supuesta reflexión de ese par de creyentes. Dicho así, todo parece una falsa… No estaríamos del todo equivocados, porque el concepto cultural, artístico y científico de nuestra sociedad tiene mucho de falsa, según San Ajún. De ahí el sarcasmo en el ejemplo y la exposición.

Con lo que respecta a la incultura, es tan relativo que mejor cambiarlo por otra cosa como estupidez o indecencia o ignorancia o inlucidez… Un tío que no tiene estudios, que se pasa toda la vida borracho en el bar y que no se pierde ni un partido de fútbol de su equipo preferido, digamos, por ejemplo, el Real Madrid, puede llegar a tener la mayor cultura barriobajera y futbolera de toda España… Existe una erronea concepción en esa falsa “cultura” pedante y variopinta que se retroalimenta entre gente del burgo dotada de ciertos conocimientos y tecnicidades que pretenden una educación exquisita… Yo diría, mejor, gente que se cree “culta”… Mi pregunta es, ¿culta con respecto a quién y con respecto a qué? En ese sentido, yo soy un inculto visceral porque realmente no sé nada de casi nada, sin embargo, he escuchado a mucha gente llamarme tío “culto” porque cito a Schopenhauer o a Neitzsche o a Camus o recito versos de Borges o Oliverio Girondo mientras me ducho… Todo es ilusión… no existe una “cultura”, al igual que no existe una “ciencia”… y cada cual es “culto” a su manera, según la inteligencia o la habilidad para mostrarse e interaccionarse con el otro, con el grupo y con el medio, nos dice San Ajún.

Y si no les ha quedado clara mi exquisita definición de culto e inculto, les invito a que estudien la teoría sanajuniana, esa que pretende, según nos describía Erasmo en su Adagia, Lucernam adhiberein meridie, osease, sacar un farol al mediodía…

(Foto: Hombre “sanajuniano” en una postura desagradable e “inculta”. El hombre es cazado en esta instantánea mientras está “cagando” y atrapando un moco. Una persona culta jamás haría algo así, y menos aún, jamás permitiría que sucediera algo así. Es más, toda persona “culta” que vea esta exposición aclamará a eso de la compostura y la estética foucaultiana, porque queda muy culto citar a Foucault mientras se habla de estética y se recrimina la incultura de un hombre que aparece desnudo en postura incómoda. El autor, inculto y adolescente, en Atenas, Grecia, 1991).

Normalidad y anormalidad en la alemania nazi


Me marché de Cataluña porque lo normal era ser nacionalista y lo anormal era ser un libre pensador con ganas de expresarse en cualquier lengua que pudiera ser entendida y comprendida por los oyentes de cualquier foro, reunión o coloquio. Casi me echan de la universidad por expresarme de forma bilingüe en, aquí viene lo surrealista, clases de antropología. Así que me exilié, como aquellos que se exilian de cualquier parte por su pensamiento, religión, sexo, creencia o color político. En Euskal Herria, o en Euskadi o el País Vasco o las vascongadas, como más guste, porque al fin y al cabo estamos hablando de un mismo territorio quizás visto desde diferentes posiciones, ocurre lo mismo. Lo normal es ser nacionalista, y a poder ser, radical. Lo normal es poder ir por la calle aplaudiendo actos etarras, y que esos mismos que aplauden por el día se enorgullecen de las muertes por la noche. Eso es lo normal porque lo he vivido. Y hasta hace muy poco, era anormal que la gente pudiera manifestarse en contra de la violencia, el terrorismo o simplemente, en defensa de una idea que no fuera la nacionalista.
Ocurre que en Alemania, se volvió normal quemar sinagogas. Luego apresar judíos y luego quemarlos en grandes crematorios. Esa fue la normalidad reinante durante mucho tiempo. Muchos sociólogos estudiaron durante mucho tiempo esa “normalidad” tan extraña en la sociedad alemana de aquella época. Sin embargo, ningún sociólogo estudia lo que pasa en esta España invertebrada… Realmente, cualquier acto que atente contra la libertad individual y colectiva me parece una aberración, más si ese acto está manchado de sangre. Me resulta aberrante que la normalidad instaurada sea a costa de sumir a una realidad existente, como cuando en tiempos de Franco te apresaban por hablar catalán o vasco. Ahora de momento no te apresan, pero en Cataluña te pueden multar si pones un letrero en tu negocio en castellano. ¿Donde está la normalidad? ¿Qué es la normalidad? No lo sé… yo soy antropólogo, y todo lo relativizo…

(Foto: bandera nacionalista ondeando en una plaza pública como acto de normalidad en las fiestas de un pueblo del tarragonés catalán. Me parecería de lo más normal si, ese mismo acto, en la misma plaza, y con una bandera, pongamos, española, no fuera motivo de quema de brujas. 2005).

ETA y sus ritos de paso


(Hoy han matado a un ciudadano libre. ¿Por qué? Sigo sin saberlo… ante la impotencia, sólo se me ocurre analizarlo, y rezar para que no me maten…)
El pensamiento único campa a sus anchas por sectas, religiones, partidos políticos, movimientos y cualquier otro modo de organización social que tenga como base la adopción de cierta verdad. ETA, Euskadi ta Askatasuna (Patria Vasca y Libertad), en ese sentido, es toda una institución totalitaria, con sus ritos de pasaje, sus rituales de adopción, su universo simbólico y sus pruebas iniciáticas que desembocan todas ellas en lo que sus militantes llaman “ekintza“, la acción.

Una de sus pruebas, la que realmente te hace miembro honorífico de la secta, consiste en el asesinato. Uno no se puede sentir integrado en el movimiento si no ha pasado por ese rito de iniciación. Antes de eso, se encuentra en un proceso de liminalidad, como diríamos los antropólogos, es decir, vive a caballo entre dos tierras. Hasta llegar a esa secuencia de indeterminación hay que pasar por un camino largo y angosto. Primero, por el desencanto ante una situación social asfixiante construida a base de símbolos y discursos políticos de dudosa reseña: la opresión e invasión del Estado Español. Luego, el adoctrinamiento político y social sobre un ideal o idea fuerza: la liberación del pueblo oprimido. Sigue el empuje rebelde y la aceptación del grupo de referencia, creando sentido a la vida de los adeptos-militantes: los libertadores como agentes que han de dar solución al conflicto y liberar al pueblo oprimido. Y el problema radica en el mensaje y sobre todo, en el apoyo visceral a ese mensaje de parte de la sociedad civil. El joven, aún excesivamente influenciable a las modas y corrientes que surgen externamente a su propio pensamiento, se deja llevar inefablemente por los acontecimientos buscando un mensaje salvador a una vida sin sentido. Se reafirma con valores que no son suyos, como el asesinato o el chantaje, y empieza a hacer suyos mensajes que nunca estuvieron en su ideal de un mundo mejor. Más tarde, el cerco se estrecha y el deseo de ser un miembro para la causa se fortalece con la acción del grupo, la “ekintza“. Y llega el día del bautismo de sangre. Es ahí donde fallan todos, porque los rituales de sangre pasaron a la historia. Ya no se trata de matar por reivindicar algo, si es que exista algo en esta vida que se pueda reivindicar con sangre, se trata de matar para poder pasar con éxito un ritual establecido desde hace tiempo. Sólo se es un buen etarra si se ha sellado el rito de pasaje con sangre. Y tras el macabro rito, la desesperación, porque las salidas de un etarra son bien claras: la cárcel, el exilio o la propia muerte. Y es en esa cadena desesperante de acontecimientos donde se cometen las más horribles de las acciones. Ya no hay salida, y la única posible es aumentar el grado jerárquico dentro de la organización. ¿Y como se consigue? Con más violencia, más sangre, más rito.

¿Como solucionar el problema de ETA? Primero, abolir todos los mensajes de antiguos héroes que consiguieron victorias en el campo de batalla, antiguos y modernos. Toda revolución que se consiguió con sangre no es una auténtica revolución… entonces, ¿por qué seguimos llamando libertadores de la patria, salvadores, héroes, a todos aquellos que empuñaron un arma en contra de su prójimo? ¿Por qué nuestra cultura está llena de héroes emancipadores y libertadores que tienen tras de sí un pasado sangriento? ¿Por qué no se eliminan esos mensajes? Los militantes de ETA tienen la esperanza de ser recordados como los héroes que libertaron su patria. El problema es que ese mensaje de libertador está caduco en una sociedad civil que presume de cierta madurez.

Otro mensaje erróneo: la necesidad de una revolución. Y viendo que el mensaje interno de la organización es el de la revolución, el siguiente paso, como en casi todas las revoluciones, es el enfrentamiento civil a gran escala. Es decir, la matanza indiscriminada de vascos contra vascos en una guerra que cualquier día puede estallar.

¿Se puede evitar esta guerra? Sí… Primero, cambiemos los métodos y los mensajes. Los Etarras se autodefinen como personas marginadas ya que han decidido pasar por un umbral que requiere esa marginalidad. Se autodefinen y autoafirman cada vez que se acercan a algún preso etarra que ha sido torturado o alejado de su país. Pues bien, dejemos de torturarlos y acerquemos los presos a sus tierras. Ahí empezamos a minar sus argumentaciones. Tampoco debemos alimentar sus ritos. Es decir, hacer leyes antiterroristas o tratarlos como terroristas. Hay que tratarlos como asesinos, si han asesinado, y como extorsionadores, si han extorsionado. Con eso se consigue despejar y/o anular cualquier aureola mágica que les pueda dar sentido y causa.

Y por supuesto, no podemos dejar de lado el gran problema vasco: el sentido de independencia. ¿Qué hacer con eso? Única y exclusivamente se me ocurre una cosa: ser democráticos en las buenas y en las malas. Es decir, si el pueblo vasco desea la independencia, que se le otorgue. Y fin del conflicto.

(Foto: tumba en la mezquita catedral con una simbología clara hacia la cárcel temporal de la vida. Mezquita de Córdoba, septiembre de 2005)

Prince’s Street


La verdad es que las frías tardes de otoño invitan al recuerdo y a la melancolía mientras vemos como arden las brasas en el fuego de la chimenea. Eso hacía mientras me peleaba con la tesis y miraba viejas fotos de antropólogo naufrago por lugares y terrenos comunes y no comunes. Me topé de repente con Escocia y todos sus recuerdos. Un día me levanté desesperado. No me habían dado ninguna beca y los ahorros que traía de Barcelona se me acababan. Decidí adelantarme a los acontecimientos porque ya en febrero de 2007 la cosa empezó a volverse desesperante. Mi sueño era hacer la tesis doctoral, y nada ni nadie podía impedirlo. Ni siquiera hacía dos meses que habíamos empezado con la editorial y todo era bucear en el mundo de la inocencia y la incertidumbre. Llamé a mi amigo Carlos una fría tarde de febrero: “Tete, me marcho a Escocia”… Carlos me pidió un par de días… Estaba trabajando y me dijo que si me esperaba un par de días vendría conmigo. Lo dejó todo y yo también. Y ese día no supe hasta qué punto mi vida iba a cambiar para siempre. Tardamos algunos días en atravesar toda España, toda Francia, cruzar el Canal de la Mancha y atravesar toda Inglaterra para luego, días más tarde, y casi helados, atravesar toda Escocia hasta llegar primero a Edimburgo y más tarde a las Highlands… al norte del norte… Prince‘s Street la recuerdo especialmente como una calle en la que la incertidumbre y el miedo reinaba en nosotros… ¿hacia donde ir? ¿qué hacer? Yo creía tenerlo claro… En Findhorn, mucho más al norte, estaba mi trabajo de campo. Estuve casi dos meses… Carlos prefirió quedarse en Prince‘s Street, en Edimburgo… donde estuvo casi un año…
(Foto: Realizada desde la otra orilla de Prince‘s Street, en pleno febrero de 2007, en Edimburgo…)

¿Tú habeg estado allí, Sharlie?


Lo dijo el barón Munchausen, en versión de Jack Pearl. Porque para un antropólogo es importante el estar allí. Al menos eso defiendo yo, que de tanto empeño que pongo en “estar allí”, con el otro, entendiendo sus sistemas de vida y de creencias, me está costando la tesis y algo más… Antes, los primeros antropólogos que luego se hicieron famosos contando relatos y aventuras, solían tener o gozar del mecenazgo de algún rico a sueldo que ponía medios y lo que hiciera falta para demostrar su generosidad en pro de la investigación. Ahora, ese mecenazgo ha quedado atrapado y encapsulado en manos del Estado, y resulta casi imposible, a no ser que te las ingenies reinventando la economía antropológica, el “estar ahí”. Pero yo sigo en mi empeño, y quizás, si todo sale bien, esté en Copenague estas navidades visitando, entre otras cosas, la famosa comunidad de Cristiania. Excusa perfecta para reencontrarme con la utopía, la personal y la humana. Y por favor, no me pregunten para qué sirve la antropología… sólo sé que no sirve para ganar dinero…
(Foto: Con una nómada en el Desierto del Gobi, Mongolia, Julio de 2007)

Las ciencias sociales como forma de brujería…


El título no es mío, sino del hidalgo Andreski. Y viene a cuento ante mi necesidad de revelarme ante cualquier imposición que pretenda adoctrinarme en un pensamiento u idea que sea contrario al principio de libertad, o como mínimo, al principio de elección. En ese sentido, soy un desencantado de la ciencia social (y de casi todo), especialmente de la antropología en cuanto productora de conocimiento teórico, y más especialmente de los discursos dominantes y legitimados por la “norma” académica establecida o por, como diría Ortega (y Gasset), de “los sistemas de ideas” que pretenden convertir a la ciencia en “ideología científica”. Como tengo mala memoria, retomo alguna nota de Woolgar que leí en alguna parte y decía eso de que las verdades científicas no son sino una forma depurada de ideología de la representación. En fin, que la deconstrucción del discurso científico sigue chirriando en mis batallas pasadas. Y hoy, que me enfrentaba de lleno al rancio discurso académico que mamo en mi tesis, me he puesto de los nervios… Se me pasará… lo sé…

(Foto: La ciencia como anticristo posicionándose como nuevo dogma. Junto con un amigo anarquista en una iglesia abandonada del pirineo aragonés, 2004).

DESDE MOUNT ABU


Existen paraisos dentro de la India. La mayoria de ellos estan regidos por nuevos movimientos religiosos que intentan recrear una vida diferente en un mundo diferente. Despues de pasar unos dias en Ahmedabad, en el Rajasthan indio, hemos viajado hasta Mount Abu, un lugar paradisiaco donde nos hemos insertado en una comunidad espiritual para profundizar en mi tesis y en el motivo que me lleva de un lugar a otro por el mundo, lo que he dado por llamar Comunidades Utopicas. Desde la antropologia, resulta muy interesante investigar esta realidad pues te encuentras en paises, lugares y gentes en muchas ocasiones bastante exoticas. Es el caso de la comunidad en la que estoy, donde viven en temporada baja al menos tres mil habitantes y en temporada alta pueden llegar a los veinte mil. Para mi y mi investigacion son cifras increibles, ya que las comunidades que he visitado hasta ahora no superaban, en el menor de los casos, los doscientos habitantes. En fin, seguimos vivos, acumulando muchas nuevas experiencias que relatare con mas calma ya que aqui todo pasa muy rapido y el tiempo es corto…

¿Son unos vagos maleantes los antropólogos?


La verdad es que esta luna ha sido tremenda. Crisis en las bolsas y crisis en los planos emocionales. Ayer mismo recibí una traca de insultos que me dejó de piedra. Los más significativos fueron los siguientes: “Vago expoliador”, “tus padres te llenan el pico de comida y te dan alojamiento”, “completo fracaso”, “estás fuera de la realidad”, “decepcionas”, “bájate de tu ara”… La verdad es que a cualquiera que le digan esto le puedes hundir por doquier, a no ser que estés curado de espanto y este tipo de críticas sólo sirvan para reafirmarte en tus propósitos. Lo de vago expoliador es por dos motivos: el primero por ser editor y antropólogo y el segundo por vivir en Andalucía. Según algunos, especialmente algunos nacionalistas, comunidades como Andalucía están expoliando a comunidades como Cataluña, por lo tanto, los que viven en Andalucía expolian a los que viven en Cataluña. Sobre este análisis hablaré más adelante en otra entrada porque el tema tiene miga. Lo segundo es porque el hecho de ser editor, escritor y antropólogo y estar continuamente viajando (a muchos les cuesta entender que esos viajes a países “exóticos” forman parte de nuestro trabajo) es propio de vagos. Además, eso es óbice para estar fuera de la realidad, precisamente decirle eso a un antropólogo que se pasa media vida analizando la realidad puede ser motivo para pensar que de tanto analizarla acaba huyendo de la misma. Lo de completo fracaso es según como se mire o donde pongas la medida. Puedes ser un fracaso emocional, social, psíquico, personal… A pesar de que tengo una pareja alemana con la que me comunico en inglés, siempre me he sentido un fracaso a la hora de dominar las lenguas. Tener dos carreras y pelear en estos momentos por un doctorado no me hace sentir fracasado. Tener un trabajo por el que he arriesgado mi capital, mi tiempo y parte de mi vida me satisface. Luchar contra todos los elementos por construir una bonita casa en el sur de España, y que para eso haya tenido que vivir un tiempo en casa de mis padres, tampoco me hunde, sino que me hace sentir orgulloso… En fin, no sé a qué viene tanto piropo. Lo que decepciono es cierto. Pero eso no se puede evitar porque nadie es experto y la gente siempre pone esperanzas en los demás. Y lo de bajarme del ara, es decir, de mi sillón, pues ya lo hago, ya sea pintando, repartiendo pizzas o trabajando en una panadería cuando hace falta. Cuando me he quedado sin un duro, no se me han caído los anillos por pintar mi casa, poner el parqué o hacer de albañil. Y todo eso mientras intento como puedo sacar una tesis y llevar una editorial adelante, cosa que, en estos tiempos, es un imposible… En fin… Siempre dicen que cuando el río suena, agua lleva, así que me tomaré la crítica como un empuje para mejorar y ser mejor persona, por lo que estoy tremendamente agradecido…
(Fotos: Anja Meier, Hornachuelos, julio-agosto 2008)

Visitando la comunidad de Windstein


Mis andanzas por comunidades de medio mundo me han hecho conocer a gente muy peculiar. En esta foto, aparezco a mediados de mayo de este mismo año con camisa en una comunidad de la antigua alemania oriental llamada Windstein, recién llegado de una reunión de editores en Madrid. En la estación de Berlín , en Rathaus Spandau, conocí de pura casualidad a Tobi, un estadounidense que andaba buscando comunas donde se practicara el amor libre o tal y como él las llamó, el “poliamorismo”. El encuentro fue de lo más peculiar. Le acompañé en tren hasta Salzwedel y desde allí a la comuna que iba a visitar. Allí nos recibieron y nos explicaron durante todo un día como convivian, cual era su filosofía de vida y qué sentido le daban a todo. Fue una bonita experiencia… y efectivamente, sus habitantes vivian desnudos…
(Foto: Javier León, Comuna de Windstein, Alemania, mayo de 2008)

Viviendo en Findhorn…


Estuve en las Highlands escocesas en marzo y abril de 2007, realizando estudios de campo para mi tesis doctoral en la comunidad utópica de Findhorn, en Escocia. Allí, entre sus gentes y su forma de vida, descubrí que otro mundo es posible. No dejen de visitarla.
“El movimiento de creación de ecoaldeas es quizás el antídoto más completo para la dependencia de la economía global. En todo el mundo, la gente está construyendo comunidades que pretenden escapar de los residuos, polución, competición y violencia de la vida contemporánea. La Red Global de Ecoaldeas conecta a muchas de estas comunidades por todo el mundo”.
Helena Norberg-Hodge. Directora de la Sociedad Internacional para la Ecología y la Cultura (ISEC)
(Foto: Javier León, Comunidad Espiritual de Findhorn, Escocia, febrero de 2008)

En Mongolia hace un año…


Como el encargo es que haga un blog y compita con la astucia de un Martin Varsavsky o una María José Hermida en este maravilloso mundo, pues aquí estoy, recuperando viejas historias. Lo hago con mis viajes y comentarios antiguos. Y empiezo con esta hermosa niña que conocí lejos de cualquier parte. Cuando la vi en el desierto del Gobi, en Mongolia, sentí un estraño flechazo hacia esa imagen evocadora… No tengo palabras para describir tanta belleza condensada en un rostro. Fue amor a primera vista… El tiempo pasa y ahora que ya hace un año de ese viaje deseo que siga apareciendo en primera línea…
(Foto: Javier León, niña pastora a las afueras de Ulambator, Mongolia, julio 2007)