Poeta en Nueva York


Ha sido un esfuerzo de años, y al final ha merecido la pena. No sabríamos decir de qué forma se pueden tejer historias. Esta ha sido una historia tejida con esfuerzo y constancia. Primero porque Lorca nunca vio publicada su obra en México. Ya lo habían asesinado vilmente antes de que eso ocurriera. Segundo porque nunca pudo ver el éxito que esa obra cosechó. Y tercero porque jamás podría imaginar que, ochenta años después, otra editorial Séneca, esta nacida en su tierra, publicara la misma obra en edición especial facsímil.

Sentimos cierta emoción por el hecho en sí, por haber tejido la historia y de alguna forma, por ser, a partir de ahora, testigos de la misma. Cuando se mata a un poeta, se está matando algo más. Cuando la poesía muere, cuando la cultura envilece y se esconde, cuando el libre pensamiento debe apagarse a punta de pistola, algo más está muriendo, algo mucho mayor e intenso.

Pero la historia puede resucitarse. Puede acontecer de otra manera, se puede restituir, honrar, elevar. De alguna manera hemos querido hacer algo así. Honrar y elevar la poesía, ser testimonios vivos de un mundo que requiere resucitar a los poetas muertos. Por justicia, por honor, por necesidad. El mundo debe seguir soñando. Los poetas deben seguir mostrando el camino de las estrellas, de la esperanza, de la vida. Una vida que debe continuar aportando dosis de cultura, de belleza, de luz.

Hemos querido estar ahí, compartiendo aquellos momentos, resucitando al poeta muerto, rememorando un idilio entre el cielo y la tierra, ejerciendo de teloneros de una obra inacabada, pero necesaria. Si pudiéramos al menos con ello aportar nuestra pequeña estrofa, nuestro pequeño verso a este mundo necesitado, ya nos sentiríamos satisfechos.

Aquí está, por fin, Poeta en Nueva York. Un honor haber podido editar esta edición facsímil que celebra el ochenta aniversario de la primera edición realizada en México en 1940 por la primera Editorial Séneca. Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca. Una edición única y especial.

https://www.editorialdharana.com/catalogo/poeta-en-nueva-york?sello=seneca

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Determinada determinación


 

“Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar al final, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabajase lo que se trabajare, murmure quien murmurare…” Camino 21,2. Madre Teresa de Jesús.

Cueste lo que cueste, la determinada determinación nos lleva a despojarnos de aquello que no somos. Resulta difícil entender esto, pero no somos lo que somos, o mejor aún, no somos lo que creemos que somos. Por eso el desprendimiento más desgarrador es la desidentificación con aquello que pensábamos que éramos. No somos nuestros pensamientos. No somos nuestras emociones. Tampoco nuestro estado de ánimo. Ni siquiera somos este vehículo provechoso que llamamos cuerpo. Y, sin embargo, todo lo que hacemos, todo lo que pensamos, todo lo que soñamos, todo lo que sentimos, circula alrededor del vehículo, olvidando siempre el viaje, las metas, los caminos, y sobre todo, olvidando al piloto, al jinete, al que va dentro del carromato cuerpo.

Determinada determinación para encerrarnos en el silencio, para arrodillados ante la inmensidad de la vida, desapegarnos de todo, de todos. De aquellos que te elevan en sus pensamientos y de aquellos que te utilizan y te olvidan. De aquellos que subliman tu ánimo y de aquellos que descaradamente intentan minarlo. Cuando en arrebato súbito tenemos la certeza de que algo poderoso fluye en nosotros, entonces ya no importa nada. Ni nuestras posesiones que no son nuestras, pobres ingenuos. Ni nuestras melancolías, ni nuestro descarado motor de vida.

No importa nada, excepto nuestra determinada determinación. Y esa determinación es un arrebato del alma. Es una bomba estelar que subyace bajo nuestra epidermis, escondida, camuflada, disimulada en cada átomo de nosotros. Y cuando por casualidad, o por sublimación, llegamos a ella, ¡ay!, que desazón nos acompaña. Y algo se mueve en nosotros, y algo empieza a arremolinar entre nuestras manos. Ya no soy esto, ya no soy aquello, ya no soy nada, excepto esa grandeza interior que siempre, pobres incrédulos, permanecerá escondida.

Determinada determinación para seguir adelante en ese arrebato por alcanzar los cielos (ese lugar donde estamos todos, y sin saberlo aún, somos solo Uno), despejando la duda de que aquí en la tierra solo las polillas podrán ejercer algún tipo de dominio sobre nuestros ilusorios tesoros. ¿Qué posesión más fútil podrá llenar nuestras alforjas verdaderas ante nuestra inminente partida? Todo es tan baladí cuando nos engañamos a nosotros mismos. Luchar toda una vida para dar cobijo y satisfacción a esa ilusoria manía de identificarnos con lo que no somos. ¡Qué ingenuos aún! Tanto por hacer para alcanzar el cielo… Tanto por comprender la urgencia de esa Unidad ahora ausente en nuestra mentira ilusoria. Es tan urgente despertar a esa determinada determinación… ¡ay!

No sabría que más decir cuando descubres que nada importa nada, excepto la determinada determinación.

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Coraje y voluntad. El ejemplo de los que siguen vivos aún rozando la muerte


Este tiempo nos está poniendo a prueba. En las altas montañas y en los valles, el mal avanza impecable, sigiloso, desnudo. Solamente un gran poder puede contener todo mal: el poder de la buena voluntad, del coraje de estar vivos. Hemos aprendido que los pequeños gestos, la vida sencilla, la amabilidad de lo cotidiano, puede salvarnos. Son los actos sencillos de amor los que encuentran un cauce para elevar nuestras vidas. También el coraje y la voluntad de aquellos que, a pesar de su edad, siguen con deseos de ser útiles a la sociedad. Leo en alguna parte cinco definiciones breves y concisas sobre la voluntad:

Voluntad es poder en cuanto concentra en sí mismo aquello necesario para actuar.
Voluntad es fuerza concentrada que nos empuja hacia la acción.
Voluntad es energía que consumimos en el camino hacia la acción.
Voluntad es sacrificio o proceso de integración, lo cual requiere renuncia inevitable.
Voluntad es discernimiento porque nos conduce hasta la meta a sabiendas del recorrido correcto.

La voluntad es una fuerza del universo cargada de poder. Dirigirla mediante el amor-sabiduría y la inteligencia activa deben ser requisitos indispensables para poder superar los entresijos en los que nos encontramos. Levantarnos todos los días con optimismo requiere disciplina y autocontrol, requiere voluntad. El optimismo es necesario porque aviva el ánimo. El ánimo es una esencia que viene directamente del alma, de aquello que nos impulsa a vivir, aquello que da sentido a nuestras vidas. Alejarnos de la ilusión, de la separatividad, de todo lo que nos aleje de esa fuerza anímica, es algo que debemos cuidar.

Ayer veíamos a un señor de casi ochenta años desfilando en uno de los roles más complejos de la humanidad y en uno de los lugares de mayor poder. Vimos su coraje y su voluntad a tan anciana edad, vimos su optimismo y su esperanza por trabajar sin descanso, sin tregua. Es admirable poder ver a personas entradas en edad con deseos de seguir siendo útiles, asumiendo cualquier tipo de responsabilidad con fuerza y coraje, con una gran voluntad de vivir. No sumido en la queja, ni en los achaques, sino en la valentía de darlo todo hasta el último minuto de sus vidas. Independientemente de la simpatía que podamos tener hacia unos y otros, el entrante y el saliente, ambos ya entrados en senectud, han demostrado que cuando la mayoría de personas deciden apagar sus vidas, ellos deciden avivarla hasta el final.

Aunque en sus vidas no hayan sido ejemplares, esto nunca lo sabremos con exactitud, podemos decir que su ejemplo de fuerza y coraje, más allá de sus políticas o de sus formas, tan diferentes en uno y otro, pueden servirnos de ejemplo para seguir adelante. Si miramos nuestras vidas, las cuales quizás no aspiren a tan altas cuotas de poder ni responsabilidad, podemos añadirle un plus de confianza, de voluntad, y repasar con prudencia y ánimo todo cuanto podemos aún hacer por mejorar, por ayudar, o por ser útiles al mundo. Si alguien que rozando los ochenta años puede convertirse en presidente de uno de los países más poderosos del mundo, qué no podremos hacer nosotros en lo que pueda quedarnos de vida útil. A cuantas más personas podremos ayudar, con cuantas causas podremos colaborar, de cuantas misiones podremos ser embajadores sin tregua, sin descanso, sin queja. Hay mucho por hacer en esta urgencia mundial. El mal es una energía mal situada, y hay mucho trabajo por volverla a su lugar. El mundo requiere de mucha voluntad, de mucha fuerza, de mucho poder para contener ese mal. Y eso solo es posible, como decíamos, haciendo el bien incluso en lo más pequeño.

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Sobre la Caridad y la Solidaridad


“Ante el portal de cada nuevo día, que encierra en sus selladas horas una responsabilidad ordenada, cada mañana permanezco y exclamo en voz alta: ‘Señor de mi vida, ¿cómo puedo cumplir el deber de este día y sin embargo lograr el desapego? ¿Satisfaré toda necesidad y, sin embargo, me liberaré de las ligaduras y las obligaciones?’ Dios dijo: El sol se acerca y vivifica la tierra. Nada puede extraer de la tierra. Vive tú así. ¡Da y nada pide!” (Antiguo comentario)

Dicen que la buena caridad empieza siempre por uno mismo. Cuidando nuestros siete cuerpos, manteniendo dominio sobre la materia, el ánimo, las emociones, los pensamientos, nuestra actitud más interior y espiritual. Amarnos a nosotros mismos hace de nosotros una piedra pulida perfecta para luego poder, solidariamente, ejercer caridad hacia los otros, es decir, ofrecer amor, ofrecer ayuda, sostén, apoyo cuando se requiera. Amor hacia nosotros mismos primero, hacia nuestro entorno después y, elevando la visión y la perspectiva, amor hacia nuestras gentes, familias y amigos, aliados y compañeros, pueblos y naciones hasta poder abarcar el planeta entero incluyendo todos sus reinos, manifestados y no manifestados, visibles e invisibles.

Ese instinto de amar se convierte inevitablemente en un valor, en un principio, en una visión cuando, más allá de nosotros, atraviesa fronteras lejanas. Esas fronteras a veces están ligadas al sexo, a nuestra condición social, a nuestra raza, a nuestra religión o ideario político, pero también a otros reinos como el animal, componente y campo de expresión del amor más profundo, hacia el otro inocente, al diferente, a lo diferente. Cuando nuestra caridad pasa esas fronteras del círculo-no-se-pasa de nuestra propia condición humana, entonces nos volvemos solidarios con causas que requieren mayor atención y sabiduría, mayor consciencia y expresión.

El ser humano puede vincularse a diferentes grados de consciencia. Dependiendo de las fronteras y límites de su consciencia, tendrá mayor visión sobre los asuntos internos del trazado de la Gran Obra. Y a mayor visión, mayor responsabilidad en cuanto a la necesidad de ayudar al prójimo, en cuanto a la necesidad de ser actor importante en la ejecución del Plan que el Gran Arquitecto del Universo a puesto sobre el tapete de nuestras vidas. Es ahí cuando la primera e inocente expresión de caridad, de amor, se extiende hacia una realidad más profunda, hacia una visión más amplia y hacia una estrecha colaboración con ese Plan. Es ahí cuando nos volvemos unos solidarios del crisol que se muestra ante nosotros como puertas estrechas que conducen a otra realidad ampliada, a otro campo de servicio más extenso.

Es ahí cuando entran en juego lo que llamamos iniciación. Iniciación no es más que la entrada a un campo de visión mayor, y por lo tanto, a un campo de experiencia y consciencia mucho más profundo, de mayor responsabilidad. Es ahí, cuando pasadas ciertas pruebas, asumimos mayores compromisos no solo en nuestras vidas profanas, sino también en nuestras vidas espirituales.

¿Qué significado puede tener esto para el ignorante que omite todas las realidades y visiones posibles? Ninguno. El avaro, el egoísta, el ignorante, el mal en general, es una energía mal situada. La pedagogía de la caridad, del amor, de la solidaridad, son necesarias para situar esa energía en su correcto lugar: la consciencia humana. Y esa consciencia, ese amor expresado desde las siete fuerzas que nuestro universo local desarrolla, requiere de algo que muchas veces no se comprende: sacrificio. Algo hay que sacrificar para seguir creciendo, para seguir ampliando nuestra visión y por lo tanto, para comprender la realidad profunda de la acción grupal y su correcto dominio. Algo debemos dejar atrás (apetitos, actitudes incorrectas, vicios, sufrimiento innecesario hacia otros reinos, etc), algo debemos sacrificar en el altar de la renuncia para que una nueva visión se apodere de nosotros, y sepamos ver, junto a ella, los siguientes pilares del templo.

El sacrificio tiene una enseñanza profunda sobre el esfuerzo, el trabajo, la perseverancia y el coraje. Y ese esfuerzo siempre desemboca en una correcta caridad y un inteligente servicio solidario hacia los demás. Meditación, estudio y servicio. Componentes básicos para entender correctamente la necesaria visión de la caridad y la solidaridad, deberán regir correctamente nuestras vidas para así crear correctas relaciones humanas. ¿Cuál es nuestro campo de servicio para ejercer dicha visión? ¿De qué forma vamos a desarrollar la ineludible y urgente necesidad de caridad y solidaridad mundial, más allá de nuestras pequeñas vidas, a veces excesivamente egoístas y aisladas?

 

Desde el susurro del aire


Precioso atardecer hoy en O Couso entre nieblas y nieve…

 

Una buena amiga me preguntaba casi todos los días cuando volvería a escribir. No sabía qué contestar. Leía estas tímidas letras desde el año 2008 y como ella, hay, sin yo saberlo, personas que de alguna manera gustaban de leerlas ya fuera por curiosidad, simpatía o amistad. Algo en mí me decía que alargara el silencio todo lo que pudiera, o al menos, hasta que me viera con fuerzas de escribir desde otro lugar. Un lugar más amigable, más tranquilo, más armonioso.

Si eres una famosa presentadora de televisión, algo sabes de voces. Hoy me llamó después de tiempo sin saber de su vida y mientras paseaba con el amigo Geo por estos contornos aún cargados de nieve y niebla, me contaba los avatares en televisión. Cuando tocó mi turno, por eso de ponernos mutuamente al día, dijo que notaba mi voz algo cambiada, como más tranquila y armoniosa, como en paz. Interiormente sonría. Lo vi como una clara señal de que este silencio había servido de algo.

En mis tareas de editor, ayer corregía un libro de DK y leía lo siguiente: “Estén de parte de los que construyen silenciosa y constantemente para el nuevo orden -orden que se funda en el amor, construye bajo el impulso de la hermandad y posee la comprensión de la misma, basada en el conocimiento de que cada uno y todos, no importa cuál sea nuestra raza, somos hijos del Uno. Hemos llegado a comprender que los antiguos modos de trabajar deben desaparecer y proporcionar una oportunidad a los nuevos métodos. Si no saben enseñar, instruir o escribir, aporten ideas y dinero para que otros puedan hacerlo. Ofrezcan sus horas y minutos de ocio para que otros queden libres y puedan dedicarse a servir al Plan; contribuyan con su dinero para que pueda progresar con mayor rapidez el trabajo de quienes pertenecen al Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Se pierde mucho tiempo en cosas no esenciales. La mayoría de ustedes dan poco o nada de su tiempo. Lo mismo pasa con el dinero. Deben dar como nunca han dado antes, a fin de posibilitar la parte física del trabajo. Hay quienes ofrecen lo único que poseen, y el poder que tal actitud libera es muy grande”.

Durante estos siete últimos años he dado tanto que ahora, tras unas semanas de auténtico silencio, me siento pleno, lleno, rebosante. Porque siempre es el que da, y no el que recibe, el que termina siendo afortunado. He observado desde el silencio la nueva etapa que nace en estos tiempos y he buscado la fórmula para intentar seguir ayudando, cueste lo que cueste, a ese nuevo mundo. Es cierto que aún me quedan algunos importantes asuntos de la personalidad que atender, pero igual de cierto es que cuando ahora veo un amanecer o un atardecer como el de hoy, es el alma la que, sujeta a su manifestación, suspira. Y es su susurro el que me empuja día a día a resistir a tantas pruebas. Es ese susurro el que me hace deleitar en la perseverancia.

Así que no puedo esconder este gozo debajo de una mesa. De alguna forma debo compartirlo, y aprender que, en la vida, solo se es pleno cuando la compartes definitivamente en toda su extensión. Así que abrazo con cierta alegría, pero también precavido, este nuevo lugar, este nuevo tiempo, esta nueva incógnita que se presenta. Espero poder compartir este susurro del que hablo con ligereza y amabilidad, desde un centro inequívocamente inofensivo y amable. Este aire nuevo que se aproxima sigilosamente entre las nieblas de la personalidad, pero también entre la fortaleza de cada amanecer del espíritu. Toca soplar de nuevo. Toca seguir navegando y compartiendo. Toca abrazar la vida en toda su plenitud, de nuevo, compartiendo. Que así sea por muchos años…

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El componente épico de volver a empezar


Así hemos amanecido hoy (4 de diciembre).

 

Para la mente iluminada, el mundo entero arde y brilla con luz”. (Ralph Waldo Emerson)

Las palabras son poderosas. Pueden dotarnos de fuerza e inspiración, pero también nos pueden llenar de vulnerabilidad. El verbo reverdece nuestra sangre. Muta nuestra vida una y otra vez.

Tras más de doce años escribiendo ininterrumpidamente en este Creando Utopías he decidido volver a empezar. Unas semanas alejado de las redes, penetrando en la soledad y el silencio de estos bosques, me han dotado de fuerza e inspiración para abrirme a un nuevo diálogo. Pero también me he llenado de vulnerabilidad. Decidí, en un acto de rebeldía interior, destruir mi propia obra. Más de siete mil entradas cosechadas pacientemente durante doce años han dejado de existir. Al menos aquí, en este lugar. Soy consciente de que algo quedó en muchos corazones, en algún edificante lazo místico, en algún edificio invisible.

Hubo un componente épico en todo ello. Una decisión drástica y un silencio oportuno. Estas letras, que aún no sé si serán de despedida o bienvenida a otro tipo de letras, a otro tipo de verbo, surgen desde una sincera reinterpretación de los tiempos que nos están tocando vivir. Unos tiempos duros, preludio, quizás, de un futuro incierto y complejo.

De momento, tras el borrado, tras el reset, permaneceré en silencio un tiempo indefinido. Quizás unos días, unas semanas, unos meses. Mi cuerpo me pide seguir compartiendo, pero mi alma, aquejada de todas mis irreverencias, me suplica sosiego y calma, concentración para poder asumir los retos que se presentan y así servir de la mejor manera a la necesidad mundial que en estos momentos vivimos.

No me da miedo volver a empezar. Tampoco el desapego de la pérdida. La vida nos dice que cuando perdemos algo, siempre ganamos algo, por muy pequeña que sea la ganancia.

En mi corazón, la ganancia de estos años ha sido infinita. Más de cinco mil personas recibían todos los días estas letras y otros tantos miles buceaban en cada rincón de esta utopía, quizás buscando algo de luz, algo de inspiración o simplemente, algo de consuelo o compañía. Espero haber sido útil y espero poder seguir siéndolo en los próximos tiempos, sea de la manera que sea.

Han sido muchos años y muchos de vosotros os habéis mantenido fieles a este lugar. Algunos conocéis quizás mi vida mejor que yo, y otros, habéis podido abrazar los suspiros de mi propia alma, que también es la vuestra. Esa alma mía, que también es la de todos vosotros, me suplica un cambio, un rumbo nuevo, una vida nueva. Aún no soy capaz de intuir hacia dónde ni cómo, pero entiendo la súplica y me inclino ante la inmensidad humilde de lo nuevo.

Solo me queda daros las gracias, de corazón a corazón, por vuestra constancia y apoyo en estos años. Solo me queda invitaros a que sigáis siendo fieles a vuestro corazón, que es la puerta por la que alma accede a nuestro interior, y el lugar desde el que nos susurra constantemente sus deseos de ardiente luz. Sed buenos. Sed mejores.

Ahora toca muerte y resurrección. Inevitablemente.

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