Tras el invierno, llegará la primavera


© @ninapapiorek

“Los dioses no han concedido al mismo hombre todos sus dones; sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovecharte de la victoria” Maharbal.

Unas semanas de hospitales y mucho dolor hasta que hoy por fin parece que había luz al final del túnel sombrío. Unos días duros, angustiados, especialmente para ella, que padecía toda la pérdida en su vientre y en su alma. Al salir hoy del hospital respiramos aliviados porque al final no hubo más complicaciones en la dolencia insoportable, y ahora solo toca reposar, descansar, volver a empezar un nuevo ciclo, volver irremediablemente a la fe y la esperanza del hogar, del fuego, de la llama.

Dicen que los tres métodos con los cuales las fuerzas de la oscuridad tratan de dominar a la humanidad son el odio, la agresión y la separatividad. Dicen también que las tres grandes contrapartes espirituales son el amor, el compartir altruista y la síntesis. Estas dos fuerzas han sido puestas a prueba estos días. Por un lado, la agresión incomprensible cuando solicitábamos, ante la gravedad de estos días, algo de silencio y reposo en nuestra propia casa. Por otro lado, el amor y el compartir altruista de aquellos que, sin hacer ruido, están alineados con esa verdad bella que hace que el ser humano merezca la pena.

Un comienzo de año difícil no tiene por qué ser una predicción de un mal tiempo futuro. Cuanto mayores son las heladas y los fríos y las nevadas en invierno, con más fuerza y belleza reverdece el campo en primavera. A nivel humano y espiritual ocurre lo mismo. Cuanto mayores son las pruebas del camino, mayores las recompensas. Y este dolor insoportable nos ha unido más, nos ha aproximado a la delicadeza humana, a la complejidad milagrosa de la vida y a lo fácil que es caer en la oscuridad cuando los débiles claman su parte. Sí, el dolor, las crisis, también nos separan de aquellos que claman al cielo cuando el ombligo no satisface sus pequeñas necesidades.

Ahora toca silencio, poner cerrojos en las puertas para que los fríos vientos del norte no derrumben la frágil llama del hogar. Toca olvidarse del mundo por un tiempo para proteger el pequeño mundo, el pequeño anhelo, la delicada lumbre. Toca expulsar cuantas veces haga falta a los mercaderes que solo buscan su complacencia, pervirtiendo con sibilinas conjeturas derechos que nunca tuvieron. Ay cuantas veces, látigo en mano, tendremos que salir para proteger lo frágil, lo endeble, los vaivenes que el alma necesita para encontrar ese justo equilibrio.

La espada guarda un símbolo hermoso, un arquetipo para los que se hacen llamar guerreros de la luz. Si se extiende de oriente hacia occidente, horizontalmente, alcanza a arrancar de cuajo el orgullo y la vanidad de los que intentan atravesar, sin ser merecedores, las puertas de cualquier templo. Si la enseña proclama del septentrión al mediodía, puede significar protección u obligado cumplimiento con el deber. La espada es el símbolo del honor, del valor y de la dignidad, cumpliendo siempre con el deber de protección. La lengua de fuego es una espada de belino que se alza ante la injuria y el egoísmo. Así que ha sido tiempo de espada y escudo, de protección inevitable de aquellos que padecían por partida doble. Ahora toca descansar, junto al fuego, a la espera de las próximas nieves, a la espera impaciente de la siguiente primavera.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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