Vida


© @walterluttenberger_fineart

Dos mundos se unen y forman una nueva vida. Un corazón nuevo palpita, con latidos leves, con ese pulso minúsculo, estelar, irreductible. Una esperanza para la existencia y toda su ristra de misterios indescifrables. Una grandeza imperceptible añadida al universo en toda su majestuosidad. Una mente que nace, o mejor dicho, un alma que encarna desmontando el mito de lo casual, de lo fortuito.

Vida. Qué cosa será esa cuando dos mundos se unen. De repente uno está dentro del otro, se fusionan, se compenetran y forman una unidad mistérica, una triada de dos que forman uno. Esa triada que se expresa en todos los antiguos mitos, en todas las creencias, ese dos que forma un tres. Así es la vida, un misterio, un gran misterio hilozoista que todo lo recorre. Si toda la materia está animada, si todo es vida, que será eso que añade misterio al mundo. Que será ese uno más uno igual a tres.

La vida está asociada a la luz. La vida nace allí donde la oscuridad no penetra. La luz también es etérea, resplandeciente, luminiscente. En el gnosticismo, cada uno de los seres eternos emana luz y vida desde la unidad divina, colmando el intervalo entre lo divino y la materia, formando el mundo espiritual. Si fijamos la mirada en ese intervalo, en ese eón de tiempo, podemos comprender que todo cuanto nos rodea fluye desde esa gnosis incognoscible. El conocimiento absoluto e intuitivo nos comunica con la esencia de lo que somos. Respiramos, concentramos la atención en la respiración, y establecemos de repente un canal descriptible que nos conduce hacia el misterio. La vida es mensajera de vida. La vida es fe y esperanza.

¿Qué se siente al ser portadores de vida? ¿Qué se experimenta al ser dadores de vida? ¿Cómo puede uno sentirse partícipe de la creación más que fluyendo con todo lo que anima a la materia? Navegar en ese síncope invisible como un vahído que circunvale los cielos próximos, los bosques cercanos, las montañas sublimes con sus ríos y valles. Sentir la vida, experimentarla, para luego poder darla. Uno más uno igual a tres.

Qué fórmula misteriosa hace que la vida encarne, tome forma, tome materia. Astrológicamente se alinean ciertos cuerpos celestes, esos astros que llenan de señales el camino para que dos se encuentres y se unan. Luego nacen los elementos comunes, simbiosis, genética invariable que determina todo el curso de aprendizaje. Sin dilación, ese átomo simiente que cae y se precipita ante la oportunidad propuesta, con toda esa retahíla de existencias ya vividas. ¡Qué gran misterio!

Uno más uno es igual a tres. Uno de ellos alberga a los otros dos, al que suma y al que nace de nuevo, de la nada, de lo añadido. Así se forma la vida. O mejor dicho, así lo animado se revuelve para albergar inteligencia, alma, espíritu. El mundo espiritual nace del soma y del nous produciendo la psique. Así lo describían los antiguos. Es una poderosa fórmula, es una magnifica alquimia que se produce en el atanor, en el vitriol de esta paradoja nuestra. Sí, uno más uno es igual a tres. Nace del inevitable fuego cósmico. Así fue hace dos o tres semanas. El milagro de la vida manifestada. El tiempo de la ocasión. Estaba escrito. Era por todos sabido. Lo inevitable, siempre sucede.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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