Solsticio de invierno, luz, más luz…


© @t.fatinova

Llueve y de los campos verdes brotan manantiales. Descubrimos nuevos espacios mientras rebañamos los claros que de vez en cuando aparecen en el cielo y entre los bosques. Encerrados en la oscuridad, celebramos la esperanza de que hoy el sol vuelve a renacer. El sol invictus, la esperanza de lo invencible, como ese mensaje de amor y fe que pronto celebraremos en familia, en hogar, en alegría. Dies Natalis Solis Invicti.

Hay silencio en estas montañas. La nieve no acudió esta vez, quizás porque en el mundo de los ciclos, este año las cosechas serán pobres y poco abundantes, y de esa manera, se regulan las especies, sobreviven los más fuertes, los más capaces o los que mejor uso hacen de la cooperación y el apoyo mutuo. Las dos vertientes se manifiestan en la naturaleza, también la resiliencia, aquello que hace que nos adaptemos a todos los cambios, incluso a los más traumáticos.

Hay silencio y paz, cierta armonía, cierto equilibrio solo interrumpido por esas cosas fortuitas que irremediablemente siempre ocurren, por esos abrazos ahora ya no añorados, sino abundantes, profundos, después de tanto tiempo soñados. ¡Qué alegría más profunda sentirte acompañado, abrazado, querido, cuidado, amado!  Qué sensación esa de llegar a casa y sentir la complicidad de la compañía, la alegría, la sincera conspiración entre dos respiraciones que nacen y crecen juntas.

Me ha dolido la caída de esa amiga fiel, o la guerra cruda que no acaba. Pero a cambio, abrazo con esperanza y sincero agradecimiento los cuidados que estoy recibiendo de ese ángel capaz de desplegar todos sus dones para cuidar del hogar, del fuego, de la posibilidad de una vida diferente y recogida.

Hay trabajo, mucho trabajo, y por tanto, tendencia al equilibrio. Ahora hay que buscar fórmulas para equilibrar las cuentas, para amortizar, para devolver. Se terminó la fase de construcción, de ensoñación y utopía, ahora toca la fase de retorno, de realismo, de toma de tierra, de devolver todo aquello que hemos recibido. Esto es complejo, pero justo y necesario. El equilibrio siempre es necesario para poder caminar. Sin equilibrio, todo se derrumba.

El silencio, el equilibrio y la paz tienen sus peligros. Te adentran hacia el ser, te cotejan con la realidad que se posiciona. Nace una necesidad de invocar y renovar la vida, el nuevo sol, la nueva llama, la nueva luz. El silencio, el equilibrio y la paz te empujan irremediablemente hacia dentro, y eso reconforta, eso ayuda, permite disfrutar desapegados de un proceso amoroso y tranquilo, buscando en la lucidez la mejor respuesta para el nuevo tiempo. No todos somos lúcidos, pero todos tenemos la oportunidad de embriagarnos de momentos inspiradores.

Cerrar las puertas ha estrechado el nudo gordiano, ha permitido el descanso y ha provocado una sensación de fortaleza interior, de libertad y reflexión. Ahora el debate nace entre dos extremos palpables: cerrar aún más o liberar esa fuerza, ese empeño, esa utopía. El debate se acerca hacia la muerte necesaria, para que en la tierra húmeda y doliente, germine la semilla plantada. Pero esa muerte, como en el sol invictus de esta noche, proclama resurrección, que la luz, venza de nuevo a las tinieblas. Una y otra vez, en este ciclo sempiterno y necesario. ¡Luz, más luz!

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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