La tierra es un lugar hermoso


¿No os preguntáis sobre el sentido de la vida? ¿No os paráis a pensar que el universo primitivo se creó por alguna cuestión que ignoramos? ¿Qué sentido tiene toda evolución? ¿Qué ocurre ante una supernova, ante los ciclos inevitables, ante las fugaces llamaradas de cualquier fuego? Si fijamos la mirada hacia el orbe cósmico no podemos más que conmovernos. Si miramos hacia arriba, sentimos el mismo anhelo que nace cuando miramos honestamente hacia dentro de nosotros. Como es arriba, es abajo, decían los antiguos, como es adentro, es afuera. Pero, ¿qué significado profundo encierra esta enseñanza? ¿Qué son esas estrellas y qué son los átomos que nos mantienen en una unidad fija ante tanto vacío existencial entre ellos?

Los cantos de amistad y libertad que forman parte de la Novena Sinfonía “Coral” de Ludwig van Beethoven pueden compararse con los trazos de un Jan van Eyck, un Rafael, un Caravaggio, un Rubens, un Manet o un Rembrandt, por citar solo algunos. Y cada trazo puede compararse a un verso de un Amado Nervo, un César Vallejo, un Borges o un Benedetti. La lista de genios e ingeniosos puede ser infinita en todas las artes y todas las ciencias y todos los tiempos. Y hoy día casi nadie se pregunta por aquello que une esa genialidad y el cosmos circundante. Pocas veces miramos hacia arriba, y por lo tanto, hacia dentro, para descubrir en nosotros esa genialidad, ese don, ese talento, eso que nos une inevitablemente al origen de las estrellas.

Qué inspiradora es la vida cuando nos agazapamos a ella. Mirar la bóveda celeste en la oscura y fría noche, susurrar al oído de la amada un verso adornado de suspiro y rumor, balancear la vida junto al fuego, viendo como las llamas consumen el tiempo, y de paso, intentar abrazar toda la existencia con un apretado interrogante sobre la importancia y la urgencia del vivir.

Hay paz interior ante los cantos de amistad y libertad, de amor y compartir cómplice. Atrapar la tierra con nuestras manos, suspirar sobre ella, sentir que estamos vivos en ese hilo conductor de transmisión vital, perpetuar su canto con la intención de que el milagro sea una y otra vez. En el fondo, es algo maravilloso, a pesar de la dureza que requiere soportar la existencia entera. Si somos generosos, podemos ver que la tierra es un lugar hermoso para vivir. Sin grandes aspiraciones, sin grandes pretensiones, solo vivir, solo estar vivos, en generosidad perpetua con nosotros y con los otros y con toda la grandeza de aquello que nos sostiene en este trepidante y sempiterno viaje cósmico. La nave Tierra, la amada madre que nos protege y nos lleva por el infinito.

Claro que hay sufrimiento y dolor, no debemos acallar eso, ni ser ingenuos. Pero sí agradecidos mientras tengamos un halo de vida. Siempre agradecidos a pesar de las durezas que la existencia nos pone como pruebas. Agradecer haber nacido en nuestro tiempo, en el lugar donde habitamos. Especialmente aquellos que son conscientes de que pueden pasear por las calles sin ser agredidos, en un entorno de seguridad, y pueden asistir a un hospital y ser atendidos y no hipotecar con ello toda su vida. Agradecidos por todo ese bienestar conseguido, y desear que todos los seres sintientes puedan lograrlo.

Vivimos, aunque estemos siempre en la queja, en un planeta hermoso, con sus polos, con sus desiertos, con sus bosques boreales y taigas, los trópicos y las praderas y los ríos y las montañas y la belleza inexplorada de las estaciones, tan acostumbrados a ellas que apenas nos damos cuenta de la profundidad de la nieve, la exquisita otoñada, la sublime primavera y el exuberante y generoso verano. Seamos generosos y demos gracias todos los días, gracias a los dioses, gracias a los misteriosos espíritus de la naturaleza, gracias a nuestra amada Tierra y nuestro imprescindible padre Sol. Gracias al Dios único y verdadero que habita en nosotros, porque como es arriba, es abajo, y una estrella palpita sesenta veces al minuto en nuestro pecho, recordando a cada instante que estamos vivos. Respira, agradece, disfruta de la joya del loto que se despliega aún en el más oscuro de los pantanos.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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