En lo oculto se encuentra el verdadero saber…


© @hengki_koentjoro_images

“¡Mirad! No me limito a dar discursos o a una pequeña caridad. Cuando doy, me doy yo mismo”. Whitman

Darse uno mismo, inclusive en estas humildes palabras, es una forma de colaborar en la Gran Obra. No se trata de alardear de ego, de personalidad o de circunstancias pasajeras. Más bien, al darnos, estamos construyendo un mundo mejor, un mundo más liviano, más sincero, más transparente. Darse, de alguna manera, es doblegar el tiempo, compartir una esencia, un reflejo de eso que nos suma como especie. Darse a uno mismo, es encontrar el significado profundo de aquello que se encuentra y hayamos en el verdadero saber.

Nosotros mismos somos una parte oculta del verdadero saber. Somos seres pensantes, sintientes, vivientes y andantes. Pero también somos seres integrados en una maraña compleja que inútilmente llamamos mundo espiritual. Lo espiritual siempre es subjetivo. No podemos abarcarlo desde ningún tipo de objetividad válida. Hablar de lo espiritual, de lo que hay más allá del puente que une la consciencia con el cosmos, es intentar estirar una gnosis inasumible. Bucear en nosotros mismos y compartir el resultado de esa búsqueda en incitar al otro a caminar en la senda gnóstica del saber.

Si nos miramos y nos compartimos, estamos compartiendo nuestro bagaje, nuestra historia, nuestra vida. Al abrirnos a los otros, creamos una especie de simbiosis donde crecer, expandirnos y aportar un grano mayor a esta obra inabarcable. Cuando nos encerramos en nosotros mismos, cuando nos aislamos, estamos ocultando algo importante para el mundo. Es apagar una luz que el mundo necesita, una descripción detallada de ese saber que debe ayudarnos a crecer y expandirnos como soles futuros.

Darse a uno mismo es contribuir a que el mundo merezca ser vivido. Si nos empeñamos en dar lo mejor, en ser transparentes y generosos, algo mejora nuestra especie, nuestro tiempo, nuestra cultura, nuestro espíritu común. Poner el candelabro de luz que somos sobre la mesa es abrir una rendija de esperanza a esta humanidad doliente. Dejar de un lado nuestra parte más egoísta para promover aquello que nos hace generosos y dóciles hace que la vida tenga un significado más amplio. Dar lo máximo que somos, lo máximo que tenemos, es dar a la vida algo de lo que diariamente recibimos. Dar vida, dar amor, dar consciencia, es darse a uno mismo, con un retorno asegurado, con una cíclica aspiración de mejora.

Hacer de personas buenas, personas mejores. Ese es el alto ideal de la virtud, del ser humano completo que aspira a crecer más y más hacia una consciencia limpia, libre, fraterna. Ser libres es sentir la capacidad de confiar y compartir nuestros sueños. Es expandir nuestras emociones más allá de nosotros, así como dispersar nuestros pensamientos e ideas como si fueran semillas que algún día crecerán.

Somos seres ocultos, que buscan en lo oculto conocimiento y gnosis, consciencia y amplitud. Somos seres que deben darse al otro, a lo otro, para que se expanda aquello que nos une, nuestra humanidad, nuestro saber común, nuestro amor mutuo.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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