Samhain, al final de la cosecha, comienza la estación oscura


 

Estamos en la fiesta del año nuevo celta. Lo celebramos en la pequeña ermita con un ritual improvisado, rodeados de recuerdos, de tradiciones, de creencias que se elevan más allá de nuestro entendimiento. Tras el ritual de fuego y de petición de inevitables deseos para este nuevo año solar, nuestras almas decidieron por un momento desconectar la máquina de pensar. Utilizaron esa pequeña nave adimensional para viajar a otros mundos, a otras realidades. Solo un fantasma improvisado nos despertó del viaje y nos trajo de vuelta un tiempo más tarde. En una noche de muertos y fantasmas, pudimos sentir ese miedo que nos recorre siempre que pensamos en la finitud de nuestras vidas, y en la esperanza inevitable de la vida eterna.

En esta fiesta de transición se han conjugado varias cosas necesarias para la supervivencia psicológica. En primer lugar, rehacer esa vida personal tan abandonada estos tiempos, tan entregada a los demás, a las causas, a las utopías, al otro y a lo otro, sin encontrar nunca un justo equilibrio entre lo propio y lo ajeno. Lo segundo es que para conseguir esto, se ha cerrado un ciclo importante, cerrando una casa de acogida que atrajo a cientos de almas y que ayudó a transformar el corazón de muchos.

Siento que a nivel espiritual se ha cumplido un ciclo importante, y la cosecha ha sido buena. A nivel material, veo la chimenea de esta pequeña cabaña, ahora compartida con amor y cariño, y me siento satisfecho, a pesar del reto que supone volver a empezar, volver a poner orden y equilibrio en todo y arriesgarlo todo por saborear una vida nueva, un mundo nuevo, una utopía nueva.

No pensé en este duro verano que empezaría el otoño de forma tan diferente, tan especial, tan bien acompañado, tan feliz y tranquilo, en paz, en cierta armonía y con tan necesaria prudencia y esperanza. Samhain expresa un fin de ciclo y el comienzo de uno nuevo, la estación oscura. Recogimiento, acopio, meditación, silencio, provisión, abstracción, ensoñación, transición.

En la tierra que me vio nacer, el Samhain se celebra con otro nombre: la Castanyada. Castañas, boniatos y panellets forman parte de las ofrendas que se hacen a los difuntos, a los muertos, mucho antes de que las tradiciones cristianas desplazaran las tradiciones paganas. En la tierra que ahora me acoge, la tradición es llamada el magosto, y de igual manera, está asociado a los ciclos, a la recogida de la castaña, y a las ofrendas que se hacen a los muertos.

Este tipo de fiestas nos hablan de ese necesario umbral, de ese cambio de ciclo que anualmente nos quiere recordar que en este planeta existen estaciones oscuras, el otoño y el invierno, y estaciones claras, la primavera y el verano. El otoño y la primavera son estaciones de transición hacia el invierno y el verano, lo cual nos da otra pista sobre la necesaria creencia de la transición hacia el otro mundo, tan celebrado en todas partes con diferentes tradiciones y costumbres. El Día de Todos los Santos, esa forma cristiana de arropar a las tradiciones paganas, nos sume en la reflexión de que la vida pasa rápido, y de que pronto, seremos uno más en ese recuerdo inmemorial de nuestro paso por la tierra.

Qué dejamos aquí, qué sembramos en este hermoso planeta, será la cuestión a reflexionar en este tiempo oscuro. Así que pensemos con cierta solemnidad qué deseamos cocrear, y desde dónde. Dejar cosas materiales hermosas, relaciones emocionales profundas, ideas, pensamientos, inventos, lugares de luz, semillas transformadoras, consciencia, amor, vida.

4 respuestas a «Samhain, al final de la cosecha, comienza la estación oscura»

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