Produciendo nuestro esplendor


© @walterluttenberger_fineart

«Nuestros actos están unidos a nosotros como al fósforo su luz. Nos consumen, verdad es, pero producen nuestro esplendor». André Gide

En el fondo somos como pequeñas luminarias que engrandecen la bóveda celeste, los cielos, los universos, los mundos visibles e invisibles. Nuestra luz, a veces tenue, a veces radiante, acompaña al misterio. Somos granos de arena, motas de polvo, gotas de agua y chispas de fuego al mismo tiempo. A veces somos rayo o viento, a veces montañas y a veces sombra que da cobijo. Somos luz y oscuridad, somos flor de primavera y hoja caduca de otoño. También pantanos y fuentes, bosques y humedales. Somos tanto al mismo tiempo, que muchas veces olvidamos lo importante de nuestra existencia.

Nuestros actos, por pequeños que sean, siembran en el cosmos circundante caminos de quietud, sendas de esperanza, cruces de alamedas donde progresan los interrogantes peregrinos. Hay altitud en nuestra mirada y por eso nos atrevemos a dirigirnos sin miedo hacia nuestro destino. Ahí, en alguna parte de akasha, está todo escrito. Primero recto, luego a la derecha y más tarde, al fondo a la izquierda. Hasta que encontramos el lugar, la persona, el hado.

Hay algo providencial en aquellas cosas que inevitablemente tienen que suceder. Podemos ignorarlas, podemos alejarnos de ellas por miedo o pudor, pero al final, aparecen una y otra vez, como si fuera inevitable, como si fuera necesario. Entonces nos preguntamos qué fue de nuestro libre albedrío, qué fue de nuestra independencia aparente y de nuestras ansias de libertad. Realmente no tenemos una respuesta clara. Los prados son verdes, las flores blancas, el fruto rojo. Nada escapa a su destino.

Sí sabemos que sea lo que sea que esté destinado para nosotros, podemos resplandecer, producir esplendor, algo se enciende dentro de nosotros. Quizás un don, quizás un talento, quizás tan solo una inspiración. Nuestros actos cotidianos, la manera que tenemos de tratar a los otros, de enfrentarnos a los retos, definen nuestro carácter, nuestra conducta, y nuestra correcta situación en el mundo. Ser lo que somos define nuestra luz, nuestro esplendor. Sí, consume nuestros días, nuestras vidas, pero al hacerlo, aportamos algo al mundo, algo a veces traducido en belleza, otras en amor, otras en sabiduría, otras en vida, otras en luz. Luz inspiradora, que ayuda a otros a seguir sus caminos, a enfrentarse sin miedo a sus retos, a sus pruebas, a todo aquello que los hará crecer en consciencia y vida.

Si codiciamos la sencillez y la humildad, la generosidad y la aceptación, podremos producir una vida conforme a lo que la naturaleza exige de nosotros. Y eso básicamente se traduce en felicidad, en paz, en belleza. Algún día, nuestra propia luz nos llevará hacia senderos sosegados donde lo importante será crecer en amor, y no en dolor, en belleza y no en pesadumbre.

Solo tenemos que elegir, alejarnos de las angustias y generosamente, dar gracias por cada segundo e instante de vida que nos atraviesa. Gracias por esas personas que nos ayudan y acompañan, gracias por este aire que respiramos, por esos alimentos que nos llegan, por ese abrazo que en la noche invisible atraviesa nuestro pecho cargado de amor y llama. Gracias, vida, por dejarnos brillar en esta oscura noche. Gracias por dejarnos consumir en ese nuestro esplendor.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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