Buscando la paz del hogar


«El hombre feliz es aquel que, siendo rey o campesino, encuentra paz en su hogar”. Goethe

Siento que en estos años he cumplido con un propósito que supera con creces mi propósito personal y cualquiera de mis perspectivas. Digamos que he sido partícipe de un propósito mayor, al que siempre he llamado ideal utópico, y que aspiraba a crear una semilla de valores y consciencia más allá de nuestros pequeños valores y consciencias individuales. Ha sido un sobre esfuerzo titánico que en un principio debía ser grupal, pues esa era la naturaleza de su idea primera, y que al final se ha convertido en una trampa compleja que ha terminado por desgastar todas las fuerzas que cualquier persona pueda albergar para cualquier obra mayor.

Noto, interiormente, que el agotamiento es excesivo. También el desgaste y el comprobar que durante unos años tendré que ordenar toda la economía personal para poder volver a cierto equilibrio. Nunca pensé que las utopías fueran a costarme diez años de ahorros, esfuerzo y trabajo, y todos los que puedan quedarme por delante antes de volver al menos a como estaba antes de emprender esta locura. Solo pensarlo ya es agotador.

Eso me plantea muchos interrogantes interiores. Por un lado, la necesidad personal de reordenar mi vida, de pagar esos más de cien mil euros que hay de deuda entre lo personal, lo empresarial y lo utópico que ha nacido de este proyecto. Lo segundo, asumir la pérdida de todo lo invertido personalmente en el mismo, que fácilmente puede llegar a ascender a más de quinientos mil euros. Estoy desapegado de la pérdida, pero me crea inquietud lo que pueda ocurrir con todo lo demás.

Sí, las utopías son caras. Ya antes muchos otros se arruinaron con ellas. Tenemos los ejemplos de Robert Owen y Charles Fourier a los que no les fue nada bien. Y de cientos más. Me pregunto y me interrogo en estos días cual sería el camino correcto, qué debería hacer realmente para no terminar crucificado de la misma manera que terminaron otros antecesores. Y no es por una cuestión económica. Sería muy fácil pervertir los principios del proyecto y recuperar parte de lo invertido en cualquier momento. Pero me niego rotundamente a esa perversión y a esa traición. Prefiero la pérdida, la derrota y la sensación de fracaso antes que pervertir uno solo de los principios.

Entre lo blanco y lo negro hay muchos claroscuros, muchos tonos grises que aún no logro definir. Entre el orden y el caos, están los principios de la termodinámica, las misteriosas leyes causales, la base de toda creación, conservación y destrucción, que inevitablemente ejercen influencia en todos los procesos de nuestras vidas. Y en todo eso me debato en estos meses, quizás ya años, de incertidumbre imperfecta.

También está la cuestión de ese sentimiento de falta de hogar. Uno no se puede sentir en su hogar cuando vienen otros de fuera a decirte como debes hacer las cosas. Esto me ha pasado muy recurrentemente, diría casi a diario en los últimos nueve años. Gente que viene e intenta imponer sus manías, sus antojos y rarezas a los que llevamos años viviendo en ese lugar. Es algo que ahora me desquicia y que cada vez me cuesta más tolerar. Esa falta de intimidad constante, esa falta de delicadeza hacia la privacidad.

En definitiva, esa falta de hogar, ese lugar donde llegar y poder poner la música alta o bailar desnudo si te place o gritar si te viene en gana sin que nada ni nadie te imponga una forma de vivir, una disciplina de vida, unos horarios o una manera de existir determinada. Está bien por una semana, por una semana de experiencia, pero no está bien para toda una vida. E ahí la cuestión de todo, el meollo de todo. La falta de libertad, la falta de hogar, la falta de aquello que se aproxima siempre a los lisos parámetros de la felicidad individual. Y aun siendo rey o campesino, necesito para los próximos años esa paz, esa libertad, ese hogar. Ese inevitable equilibro para ser totalmente feliz, vivir con entusiasmo y estar impregnado de la alegría suficiente para seguir adelante.

4 respuestas a «Buscando la paz del hogar»

  1. Hola, Javier!

    Gracias por tener el valor de publicar algo así. Es muy importante visibilizar tanto las luces como las sombras de los proyectos e iniciativas que emprendemos, sobre todo cuando tienen un trasfondo tan bello e inspirador, con el objetivo de la elevación de la conciencia.

    Siento muy profundamente eso que dices de sentir que no estás en tu hogar cuando vienen otros con sus sugerencias. Quiero pensar que el fondo es bueno: la gente queremos ayudar, y cuando vemos que (en nuestra opinión) no funciona, creemos que podemos mejorarlo.

    Supongo que a todos nos falta humildad. Un proyecto que lleva tantos años como O Couso habrá visto y probado muchas ideas, y pretender que en una visita breve de unos días o semanas vayamos a poder aportar algo que no se haya dicho o intentado ya es simplemente no darse cuenta de esta realidad. Como fundador de la iniciativa, es comprensible que estés cansado de personas que, aun con las mejores intenciones, proponen cosas que quizá se han intentado y no han podido ser. Es fácil dar ideas, pero no es tan fácil ejecutarlas y estar ahí día tras día hasta llegar a su completación (y éxito o fracaso).

    Precisamente ayer estaba reflexionando sobre el lema que tiene O Couso, «deja lo que puedas, coge lo que necesites», porque Charles Eisenstein (a quien no sé si conoces, pero es uno de los grandes pensadores detrás de la economía del don/regalo en el mundo anglosajón) exponía que a él no le había funcionado la frase «paga lo que puedas».

    Según Eisenstein, ese «paga lo que puedas» genera un sentimiento de escasez y de autojustificación. Todos podemos decirnos a nosotros mismos que no podemos pagar mucho porque tenemos grandes gastos y obligaciones. Salvo en algunas pocas personas que son muy conscientes de su mente y actitudes respecto al dinero (muy, muy pocas, entre las que no siento que me encuentre aún), la mayoría de nosotros tenemos miedo de soltar esa seguridad en forma de dinero y pagamos menos de lo que habríamos pagado en otras circunstancias, porque creemos (falsamente) que no podemos pagar más.

    Decía Eisenstein también que «paga lo que puedas» tampoco es real, porque las expectativas no son que, si viene hoy Warren Buffet a O Couso, vaya a pagar dos mil millones, aunque se lo pueda permitir perfectamente. Es un «lo que puedas» dentro de un rango muy particular, lo que se espera que uno pague por cierto servicio que recibe, en función de los gastos que percibe y el precio que tienen servicios similares.

    En cambio, lo que Eisenstein sugiere es invitar a que pagues/dones «lo que sientas que está bien para ti». Y también «lo que represente tu sentimiento de gratitud y percepción del valor que has recibido». Es una frase que se siente mucho más abundante e inspira a la generosidad, o al menos yo la siento así.

    También habla de que puede ser buena idea hacer conocedoras a las personas de los gastos que se generan dando ese servicio, las horas invertidas, la cantidad de trabajo involucrado. No necesariamente hace falta dar números, pero se puede invitar a las personas a considerar todos estos aspectos y comparar también con otros proyectos que ofrezcan un servicio similar pero con una tarifa fija y visible.

    Para algunas personas, todo esto al final puede significar que no dan nada, y estará bien, porque no conocemos las circunstancias económicas (ni de consciencia) que llevan a esa persona a no devolver el regalo. O quizá esa persona no nos devuelve el regalo directamente a nosotros, sino que lo «pass it forward», que se dice en inglés: devuelve su generosidad en otra dirección, a otras personas.

    Si dominas el inglés y te interesa este tema, te recomiendo muchísimo el curso de Eisenstein y cómo elabora toda su propuesta. Es un curso basado en el regalo/don, en el que haces una donación inicial para entrar, si quieres, y puedes ajustar la donación más adelante, tanto si quieres contribuir más como si quieres reducir tu aporte. Me parece un sistema muy interesante y, al menos a nosotros, nos ha dado muchísimo para pensar sobre este tema. Lo encontrarás en la web de Charles Eisenstein; el curso se llama «Living in the gift».

    Escribiendo ahora esto pienso si no estaré, como todas esas personas bienintencionadas que te dicen lo que hacer con O Couso, metiéndome donde no me llaman y en algo que ya tienes más que trillado, pero me voy a arriesgar y pedirte disculpas de antemano si lo que te comparto no te sirve. Es difícil a veces medir nuestros regalos, si son valiosos, si son para la persona correcta…

    Me inspira mucho lo que habéis creado en O Couso y todos los aprendizajes que habéis aportado y seguís aportando. Espero que en esta nueva etapa encuentres el hogar que buscas y puedas renovar el espíritu de O Couso para que esté en armonía con tus principios y valores y responda también a las necesidades del mundo material.

    Un abrazo,

    Marta Tornero

    PD: ¡Qué pena que no coincidiéramos en la estancia que hicimos Andreu y yo este verano! Esperamos poder volver al siguiente. Quizá nos veamos entonces, o quizá sigamos siendo conocidos digitales. En cualquier caso, me alegro de que estés ahí y hayas apostado por ese sueño tan bello y que sigas compartiendo tus aprendizajes con todos nosotros. Gracias.

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    1. Estimada Marta, gracias por tu escrito y tus palabras sentidas, que sé que nacen del corazón y la generosidad de aportar cosas positivas… La experiencia en el proyecto ha sido increíble en estos años, diría que única, pero también ha supuesto un gran esfuerzo que ha repercutido en un gran cansancio. Espero este año poder descansar un poco y retomar de nuevo el reto con mayor entusiasmo y alegría. O Couso, siempre lo digo, es un proyecto para el siglo XXV encarnado en el siglo XXI… nos hemos adelantado en el tiempo… Un abrazo grande y gracias por tu cariño…

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