Discernir, priorizar, focalizar, perseverar


«El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante». El Principito.

Todos soñamos, todos deseamos mejorar día a día, todos anhelamos un mundo nuevo, bueno y mejor. Todos, de alguna manera, miramos los horizontes con esperanza, aún a sabiendas que algún día ese horizonte se borrará y dejará de existir para nosotros. Cada uno de nosotros suspira siete veces siete al día, implorando que todo vaya bien, que no falte comida, que no falte trabajo ni calor ni hogar, que no falte amor e ilusión. Muchos acostumbramos a quedarnos esperando a que ocurra algo, a que alguna especie de milagro acontezca mientras vemos pasar la vida. Otros, los menos, se calzan las botas de caminar y no esperan al milagro, van en su búsqueda hasta alcanzarlo. Caminan y perseveran hasta ollar todas sus sendas.

Esos, los más osados, los más valientes, interiormente han comprendido que la propia existencia produce magia si conseguimos empaparnos de sus corrientes de vida. La vida hilozoísta que recorre todo cuanto existe, la vida que todo lo impregna, la vida que todo lo salpica, aún cuando no seamos totalmente conscientes de ello.

Hay un diálogo que se teje constantemente entre nuestra parte más profunda, muchas veces invisible a los ojos de nuestra consciencia, y la parte más profunda y misteriosa del cosmos. Ese diálogo, ese lenguaje de los pájaros o lenguaje verde, como lo llamaban los antiguos, está cargado de arquetipos, de matemáticas, de geografía sagrada. En ese coloquio con la naturaleza misteriosa, se puede atisbar la fragancia sublime entre lo que somos y nuestros sueños, nuestros anhelos, es decir, aquello que deberíamos ser, desde el Ser.

Algunos consiguen descifrar los códigos ocultos de dicho lenguaje, y comprenden que para conseguir que la magia actúe, que los sueños que imaginamos en lo más profundo se vayan tejiendo en el plano de la forma, en la realidad palpitante, se necesitan algunos ingredientes básicos: discernimiento, priorización, focalización y perseverancia.

Discernimiento porque nuestra mente pequeña está siempre ideando, pensando, maltratando nuestro ser con mil razonamientos, síntomas inequívocos de que estamos en un tiempo donde aún no tenemos pleno dominio sobre nuestro pensar. La mente se catapulta hacia todo tipo de interferencias, algunas provenientes de la necesidad, otras del miedo más ancestral, otras de los resquicios de nuestros ancestros, esas voces que aún permanecen en nosotros y no somos capaces de desenmascarar. Discernir significa concentrar en un solo pensamiento aquello que verdaderamente anhelamos y deseamos, dejando a un lado todo lo demás. En la tradición del yoga se llama Dharana, concentración de todas nuestras energías en un solo punto, despreciando todas las demás distracciones e interferencias.

Una vez hemos conseguido despejar, mediante la fuerza del discernimiento, aquello que verdaderamente anhelamos, lo ponemos en primera posición de salida en cada uno de nuestros días. Priorizamos esa idea, ese anhelo, ese deseo, esa prevalencia. Esto es muy importante, porque puede ocurrir que podemos discernir claramente lo que deseamos, pero no llegamos a priorizarlo por miedo, por falta de entusiasmo, por falta de valor. Priorizar nuestros sueños es sentirnos capaces de poder llevarlos a cabo, descartando de nuevo todo aquello que nos distraiga de ello.

Volvemos a discernir, a priorizar y luego, irremediablemente, debemos darle foco a esa prioridad. Eso significa dar el extra, apuntar todas nuestras fuerzas y recursos para que esa prioridad se ponga a caminar. Cuando ponemos el foco en nuestra prioridad, todo el universo se pone a nuestro favor. Todas las energías disponibles, todas las fuerzas que somos capaces de atesorar, se ponen a trabajar para nosotros. Ahí empiezan a reclutarse todos los ingredientes necesarios para que se obre cualquier tipo de milagro. Ahí nace el mago que todos llevamos dentro, porque empezamos a atender con fuerza lo que verdaderamente anhelamos.

Y luego el gran secreto de todo sueño: perseverar. La perseverancia es esencial, porque todos sabemos que no existe en la naturaleza la generación espontánea. El secreto de los ciclos nos enseña que todo fruto llega cuando somos capaces de trabajar la tierra, sembrar correctamente en ella, cuidar aquello que amamos día tras día, y perseverar para recoger todos sus frutos. A mayores cuidados, a mayor atención y perseverancia, a mayor foco, prioridad y discernimiento, mayor será el logro en nuestras vidas. Es el tiempo que dedicas a una cosa lo que hace que sea importante. Y eso que es importante para nuestro corazón, para eso que es esencialmente invisible a los ojos, debemos lanzarlo con fuerza para que se haga realidad.

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