Cuando los sueños se hacen realidad


“¡Oh día, despierta! Los átomos bailan. Todo el universo baila gracias a ellos. Las almas bailan poseídas por el éxtasis. Te susurraré al oído adonde les arrastra esta danza. Todos los átomos en el aire y en el desierto, parecen poseídos. Cada átomo, feliz o triste está encantado por el sol. No hay nada más que decir. Nada más”. Rumi. Poema de los átomos

Me gustaría poder describirlo, pero resulta complejo expresar algunas cosas con palabras. Podría simplificarse todo diciendo que vivimos el atardecer en La Torre de Hércules, que amanecimos en el Faro de Fisterra y desayunamos frente al mar de Muxía. Si fuéramos uno, y no dos, diríamos que dimos la bienvenida al mes de octubre con nuestro «en lo bueno y en lo malo» por bandera, pues nunca antes tuvo más sentido. Diríamos que la Costa da Morte se convirtió en la Costa da Vida, sin más.

También podríamos decir, si fuéramos uno y no dos, que existen los sueños y existen los milagros. Que cuando ambos se juntan en un destino común, ocurre la más profunda y misteriosa manifestación de la Vida. Tras la oportuna muerte y resurrección, la consciencia, la vida y el amor han triunfado. En lo bueno y en lo malo, siempre…

Puedo decir que aquel día no temí a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón. Emprendí valiente el rumbo hacia aquella costa, aquel hospital perdido en mitad de la nada. Pude al mismo tiempo osar quedarme a dormir junto al mar, esperando que las sirenas cantaran su última canción. Podría imaginar cualquier hermosa escena de amor, pero ninguna podría describir ese instante.

Podría decir tantas cosas, que sería enturbiar lo que ocurrió en lo secreto. Podría desvelar alguna anécdota o el maravilloso mundo de sincronías que existieron para que los astros se reunieran en poderosa conjunción. No sé, podría decir mil cosas, pero ocurre que a veces hasta los poetas se quedan mudos y los músicos sin canciones ante lo increíble de la vida.

Así que mejor no decir nada, dejarlo todo en la taciturna memoria, en el secreto inmortal de los acontecimientos de los que no se pueden hablar. Mejor guardar silencio, como hacen los iniciados ante los secretos desvelados tras pasar las columnas del templo. Callar como hacen los maestros que tienen cierto control sobre los cuatro elementos que dominan nuestra vida inferior y se dedican, desde lugares remotos, a transformar mundos y universos.

Lo cierto es que ni siquiera sé como continuará todo, pero sí sé que la perseverancia y el amor verdadero guardan entre sí una razón poderosa para que mundos y universos puedan ser transformados, vivificados, animados y creados. Quizás exagero diciendo que estos días han sido inolvidables, pero me quedaría corto, torpe y huérfano si intentara tan siquiera envolver con palabras ninguno de los hechos acontecidos. Así que solo me queda animaros a que seáis siempre persistentes en vuestros sueños, sean los que sean, porque podría ocurrir que la vida se mostrara milagrosa y nos ofreciera su elixir más valioso. Nunca dudéis de vuestro sentir interior, porque siempre os llevará hacia el milagro de la existencia.

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