Mañana podríamos estar muertos


Uno puede estar muerto cuando vive una vida real que es falsa. Cuando acompasa el día a día con rutinas que pretenden rellenar los huecos inservibles, los suspiros inacabados, las promesas incumplidas. Uno muere cada día cuando se abandona al tedio, al contacto con la tierra, a lo que nos ancla a una realidad que inventamos para alejarnos para siempre de la verdadera vida.

Morimos cuando nos alejamos de nuestros sueños y del amor. Cuando nos acostamos con este o con aquel por el simple hecho de no sentirnos solos. Morimos cuando intentamos llenar vacíos con cualquiera que nos llame un poco la atención, bostezando a escondidas, cuando nadie nos ve, porque esa persona no mueve ni un ápice nuestra sangre viva.

Morimos cuando no somos capaces de dar todo nuestro amor a aquella persona que amamos en secreto. Cuando no nos atrevemos a abrazar la locura de aquel romance, la locura de una vida que nos hacía sentir vivos.

Hasta donde sabemos, mañana podríamos estar muertos, pero también hoy, si nos arrodillamos ante una vida que no es real, ante unos hechos que se repiten minuciosos, monótonos, faltos y carentes de todo.

¿Qué es real? ¿Una vida material vacía, sin esperanza, cargada de aburrimiento, hastío y languidez, o aquel sueño que se nos presentó como una fantasía pero que estaba cargado de belleza, ternura, emoción y un completo abanico de espectros cósmicos?

No podemos seguir malgastando nuestro tiempo en una vida que no nos llena, por mucho que nos ancle a la realidad, si esa realidad se aleja tanto de nuestro propósito vital, de nuestra misión de vida, de nuestra realidad más próxima al corazón. No podemos seguir añadiendo cicatrices al corazón pensando que nunca estaremos preparados, que aún no estamos listos para abrazar nuestro verdadero propósito.

¿Cuándo lo estaremos? Uno nunca está listo ni preparado para enfrentarse a la vida, es la vida la que nos prepara a cada paso. Son los pasos que damos, y no el camino, los que nos empujan a vivir plenamente.

Perder nuestro gran amor, perder nuestra gran oportunidad, perder toda una vida porque aquel verano pensamos que no estábamos listos. Perder toda una vida porque nunca tuvimos tiempo, porque había que anclarse a lo cotidiano y aplastar de golpe nuestro gran sentir.

No quiero juzgar, pero pasarán los años y veremos en nuestro fondo de pantalla aquel hogar que nunca construimos, aquellos niños que nunca nacieron, aquella vida salvaje que nunca nos atrevimos a vivir. Y sí, estaremos anclados a la realidad, pero con el paso del tiempo nos daremos cuenta de que esa no era la Vida que debíamos vivir. Esa realidad que nos mantenía firmes y seguros no era el Sueño que habíamos venido a interpretar.

Y así pasarán los años, y ahí quedará el recuerdo de aquella vida que nunca pudimos vivir, aquella vida que no era otra que nuestra verdadera vida, aquella que aquel verano se escurrió por entre los dedos porque aún no estábamos preparados.

No podemos juzgar lo que cada cual tiene en su corazón, pero si no estamos preparados para el amor, no estaremos nunca preparados para la vida. Así que amemos fuerte y amemos completamente, ahora que podemos, aunque no estemos preparados, aunque el miedo no nos deje dormir por las noches. Amemos ahora porque pronto moriremos. Porque pronto estaremos muertos.

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