¿A qué vas a consagrar tu vida?


«Somos muchos los que buscamos darle algún sentido a la vida, pero la vida solo tiene sentido si somos capaces de cumplir estos tres propósitos: dar amor, recibirlo y saber perdonar. Todo lo demás es una pérdida de tiempo».

«El libro de los Baltimore», Joël Dicker

 

¿A qué se puede consagrar la vida? Creo que todos estamos de acuerdo que el amor, sea lo que sea eso tan indefinido y etérico, es lo que cohesiona el mundo, las relaciones, los universos. Es la fuerza de la gravedad de los planetas, y la elipse invisible de todos los universos. Hay una espiral de vida que nace de esa fuerza de atracción. Casi todos los que nacemos, vivimos y nos movemos en este gran ser llamado Tierra lo hacemos por esa inspiración profunda, sincera, amable. Las criaturas, cada una en su nivel de consciencia, expresa ese amor por la vida y por la necesidad de permanecer y transmitir la perpetuidad. Es aquello que aglutina el mundo de la forma con el mundo de la no-forma, lo esencial con lo superfluo, lo profundo con lo fútil. Amar es cohesionar. Es el adhesivo universal que lo une todo. Un fijador aglutinante capaz de crear mundos si viene acompañado de la fuerza de la voluntad y de la guía de la sabiduría. Es la triada universal que se intuye en todos los tiempos.

Es difícil, observando nuestra compleja naturaleza, saber a qué vamos a consagrar nuestras vidas. Podríamos argumentar, quedándonos tan anchos, que al amor. A eso que el universo en todas sus dimensiones visibles e invisibles promulga era tras era. Pero en nuestra complejidad, en nuestra falta de sencillez, eso resulta difícil. Estamos lejos de amar como ama un sol o una estrella, tan incondicionalmente. Y hemos olvidado por completo el amor natural de todas las cosas, como ese que se expresa en el canto de un ruiseñor o en el vuelo de una majestuosa águila.

Pero a todos nos gustaría, en el fondo, poder consagrar nuestras vidas a lo sencillo, al amor, y también al perdón. El perdón es algo increíblemente olvidado. Tiene que ver con la comprensión, con la tolerancia, con la compasión, con la misericordia. El perdón debería ser algo así como una medicina del alma. Una píldora que tomamos en nombre del amor incondicional cada vez que erramos o nos dañan, ese al que aspiramos, y que nos sana y nos permite abrazar con mayor fuerza la vida.

Deberíamos levantarnos en un día soleado como el de hoy, principios de septiembre, aún verano, aún calor, pero ya algo de fresquito cuando el sol está a dos luces, levantarnos y perdonar. Sin más. Consagrar nuestra vida a perdonar nuestros errores, nuestros maravillosos fracasos, nuestras sombras y nuestras locuras explosivas e irracionales. Consagrar nuestra vida al amor hacia uno mismo y hacia los demás, como si no hubiera un mañana, como si todo lo demás fuera superfluo e innecesario. Perdonar, ser perdonados, amar, ser amados.

En nombre del amor yo me levantaría todos los días y me arrodillaría de inmediato para recordar nuestra pequeñez, nuestra humilde condición humana. En nombre del amor perdonaría a todos los que me hicieron daño, consciente o inconscientemente, sin juicio, sin temor. Aún más. Ojalá algún día ese perdón pudiera realizarse mirando al otro a la cara, a los ojos, al alma, deseándole un feliz viaje por la vida. Sí. Si tuviera que consagrar mi vida a algo sería al amor. A dar amor, recibirlo y perdonar. Todo lo demás es una pérdida de tiempo.

2 respuestas a «¿A qué vas a consagrar tu vida?»

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: