Éramos muchos


 

En la playa nos amontonamos tras kilómetros de sudor y alguna lágrima. Había mucha gente y no encontrábamos lugar donde dormir. Mis planes mentales no habían conseguido adaptarse al medio. No había contado que tendría que dormir en la calle o en la playa o en los bosques, y regulé mi camino.

Estuve unos días intranquilo porque deseaba caminar. Sé que caminar es sanador, y si lo haces prolongadamente, la sanación es más profunda. Así que, tras unos días en la inopia, mirando a ver qué camino de mi vida tomar, decidí lanzarme de nuevo a las sendas.

Éramos muchos en el Camino del Norte y somos muchos ahora en el Camino francés. Es un poco agotador y de momento estoy teniendo suerte a la hora de encontrar posada. Quizás sea porque he cambiado mi pensamiento y he vuelto mucho más libre y mucho más flexible. Si tengo que dormir en la calle no me importará, y no será motivo de volver. Si por ello no puedo trabajar en la editorial como era mi primer plan, tampoco pasa nada. Ya recuperaré a mi vuelta. Algún día tendré, si es que eso es posible, desligarme de conjugar trabajo con vacaciones.

También éramos muchos en el proyecto, casi cuarenta personas todas estas semanas, y eso me resultaba agotador interiormente, especialmente ante esta fragilidad que soporto. Mi vulnerabilidad me alejaba del bullicio y el ruido e intentaba mantenerme aislado. Cosa tan difícil cuando sabes que ahí fuera hay tanta gente bonita.

Durante un mes entero me he refugiado en un blog alternativo, porque contar mis penas ante más de cinco mil seguidores admito que me daba un poco de cosa. Cuando uno está triste y le gusta escribir, desenfunda toda su rabia y frustración y se desahoga de cualquier manera. Así que lo hice en petit comité durante un tiempo, hasta que ahora he decidido volver a este Creando Utopías, algo mejorado, algo más tranquilo, algo más lleno de fuerza.

En estos días de caminata he reflexionado mucho en la cuestión de que éramos muchos en aquella «casa». Me he dado cuenta de que soy un antiguo y no llevo bien el poliamor, ni el sexual ni el emocional. No lo juzgo porque cada uno hace con su cuerpo y con sus emociones lo que le da la gana, faltaría más. Pero admito que soy monógamo y deseo relaciones monógamas, en cuerpo y alma, aunque esto suene carca y desafortunado. Para mí es un lío cuando una de las partes tiene frentes abiertos y no es capaz de cerrarlos para centrarse en uno solo. Eso es muy agotador para todas las partes. Terminas volviéndote loco y terminas culpando de todo al que exige algo de exclusividad. ¡Qué presión para todos! ¡Qué locura! Me alegro sinceramente sentirme libre, haber liberado al preso en el que me había convertido, y volver a los caminos de la razón y la cordura. La verdad nos hace libres, y cuando esa libertad la integramos dentro, uno se expande, inevitablemente, hacia otro lugar.

Ahora que me siento desintoxicado, libre, con fuerza, deseo volver a empezar. Deseo disfrutar de este camino, pasear desenfadado, compartiendo alguna sonrisa, deseando todo lo mejor al mundo circundante y estrujar el jugo de la vida hasta donde mis fuerzas lo permitan. Se acabó el estúpido sufrimiento y se acabó compadecerme constantemente. Lección aprendida, y a seguir hacia adelante.

Somos muchos en el planeta, dicen. En Occidente esa es la sensación que tenemos cuando vemos que los recursos empiezan a escasear. Para los que no tienen ningún tipo de recursos, el problema es otro. Quizás no sea una cuestión de si somos o no somos muchos, sino de regular, cambiar el paradigma y ver el mundo desde otra perspectiva. Decrecer, aligerar la mochila, buscar personas con las que compartir en la alegría y la simplicidad, deshacernos de todo aquello que no suma, y valorar las relaciones positivas que llenan nuestra vida de sentido. No importa si tenemos que dormir en una playa o en un bosque perdido. No importa si en bien de cierta coherencia tenemos que zanjar relaciones complejas y que no aportan nada, y no importa si tenemos que cambiar nuestro paradigma y recular constantemente para hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Nada importa, si todo aquello que hacemos lo hacemos con corazón.

Hay que liberar a los presos del planeta, decía hace un tiempo. Hay que liberarlos del materialismo, del egoísmo y del modo narcisista en el que estamos viviendo nuestras vidas. Me siento algo liberado, así que me siento con fuerza para seguir emprendiendo nuevas utopías. Que así sea.

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