Hacia una octava superior en la espiral


© @ninapapiorek

«Confié en ti… te dije mis debilidades, te mostré mis defectos, mis cicatrices, te conté mis recuerdos más dolorosos y tú… tomaste nota, y me golpeaste justo en esa herida que mil veces te dije cuánto me estaba costando sanar». Gilraen Earfalas

Nuestras vidas a veces se desarrollan en auténticos laberintos de los cuales no podemos escapar, o en auténticas espirales que nos impulsan cada día hacia una octava superior.

La sensación de estar en un laberinto sin salida es la de agobio, cansancio, desesperación, tristeza y agonía. A veces, cuando la situación es desesperante y tienes la intuición de que ese laberinto supera con creces tus fuerzas y expectativas, la vida te ofrece la posibilidad de torpedearlo. Cuando torpedeas un laberinto por su base de flotación todo se hunde de repente, y todo desaparece, descubriendo con ello que nada era real. Es doloroso, pero también nace una sensación de alivio y libertad. Un buen torpedo a tiempo hace que todo explote por los aires, y al hacerlo, algo se libera. Es punzante, sí, pero es necesario. La mentira, la ilusión y la fantasía, esas poderosas armas que nos llevan a laberintos sin salida que pueden durar semanas, meses o incluso años, requieren a veces de una implosión perfecta. Si esa implosión perfecta no produce ningún daño, es que era nuestra percepción la errónea, y todo permanece o se transforma para mejor.

Tener un momento de fuerza e iluminación nos permite romper con algo caduco, falso o innecesario en nuestras vidas. Ese instante de revelación a veces requiere destruir lo añejo para empezar a construir lo nuevo. Lo nuevo siempre revela la unicidad esencial que existe en todas las cosas. Es algo que nos conecta con el aspecto interno de la vida, del amor y de la consciencia, negando completamente la apariencia externa que nace de la separatividad. Cuando llegamos a este grado de comprensión en nuestras vidas, hacemos explotar y destruir todo aquello que ya no está en nuestra frecuencia de unidad, de amor, de vida, de consciencia. Trabajos que no nos aportan nada, relaciones tóxicas que nacen y se desarrollan en una continua mentira, situaciones de cualquier tipo que nos alejan de nuestra esencia y de nuestro ser…

Cuando ocurre ese momento de destello, logramos viajar y navegar lejos del laberinto, para subirnos a la ola de una nueva octava superior en la espiral de la vida. Nos agarramos con fuerza al hilo de Ariadna y buscamos a la tejedora que nos debe elevar hacia una nueva dimensión de experiencia y oportunidad. Si vencemos y aprendimos la lección, nos elevamos en la profundidad del ser y la experiencia vital. Si fracasamos, la experiencia volverá con mayor virulencia.

Este tipo de confusiones vitales, de laberintos de la vida, ocurren cuando no logramos separar el mero deseo de las cosas con respecto al profundo anhelo y propósito de nuestra alma. Cuando estamos con personas o en situaciones únicamente por la búsqueda de un deseo y su posibilidad de satisfacción, es posible que esto al final termine en un gran sentimiento de frustración. Si conseguimos lo deseado, nos vendrá una inevitable pregunta: ¿era esto lo que realmente deseaba nuestra alma, nuestra consciencia, o era tan solo un capricho, un deseo banal? Esa frustración nos conduce al laberinto del que hablamos, a una eventual pasividad en nuestras vidas, pareciendo todo depresivo o de una gran futilidad. La frustración nos puede llevar a una vida insulsa, sumisa, donde todo se acepta, incluso lo cruel o lo mentiroso. ¿Cuántas veces nos hemos sentido engañados, golpeados, maltratados cruelmente? Ahora cambiemos el sentido de la pregunta: ¿cuántas veces hemos dejado que nos engañaran, que nos golpearan, que nos maltrataran? ¿Y durante cuánto tiempo?

A veces esa frustración nos lleva a desesperantes caminos de escape, los cuales nos empujan a mundos ilusorios, de ensueño, mundos igualmente mentirosos y engañosos. Un encarnizado conflicto de esta naturaleza puede llevarnos a nuestra propia autodestrucción. Incluso el no querer ser moldeado por las circunstancias y el medio ambiente nacidos de ese deseo mal entendido pueden provocar una trágica ruptura con la vida.

Deseo estar con esa persona, deseo ese trabajo, deseo más dinero, deseo una vida tranquila, deseo una familia feliz… pero… ¿son esos deseos realmente reales, o son fruto de una fantasía, una necesidad o un trauma? ¿Cómo poder discernirlo?

Si nos hace sonreír, si nos aporta paz y alegría interior, ese es el camino, esa es la vía hacia una octava superior en la espiral de la vida, el amor y la consciencia. Somos expresión y existencia, actores dramáticos de una realidad increíble. Encontremos nuestra espiral, nuestra voz, nuestro camino y dejemos lejos de nosotros los laberintos sin salida. Absorbe, domina y utiliza toda tu fuerza para seguir avanzando y busca la felicidad merecida con situaciones merecidas y personas amables, sinceras, sanas y merecidas.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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