Hieros gamos o el matrimonio sagrado. Las bodas alquímicas


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Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. (Apocalipsis 21: 2)

Estamos en tiempos de fertilidad, en un momento en el que los dioses se consagran en un coito sagrado para fertilizar toda la tierra, los cielos y los mares. El hieros gamos hace presencia en todos los ritos de esta época, disfrazados con atávicos recuerdos que nos hacen reconocer la grandeza de la creación. Son tiempos de bodas sagradas, de bodas alquímicas, donde lo sublime engendra vida. Es tiempo de crear vínculos indestructibles, relaciones reales, amplias, de almas que se reconocen, más allá de cuerpos que se atraen.

El humano, en su progreso hacia la tecnificación, ha perdido el contacto con lo sagrado, y por lo tanto, la conexión con la vida. Las máquinas inundan nuestras vidas, también el comercio, el espectáculo, el entretenimiento, el trabajo esclavo y la mentira. Nos alejamos constantemente de lo sagrado porque ha dejado de ser entendible. Los parámetros de verdad, de mito, de simbología, de atracción hacia lo oculto y mistérico, ya no tienen razón de ser. Las máquinas gobiernan nuestro mundo mentiroso, y eso nos aleja de lo real.

Las bodas sagradas han dejado de existir. Resulta muy difícil encontrar a la pareja perfecta, aquella que es capaz de encajar armónicamente en la química sexual, en la alquimia energética y anímica, en el turbulento mundo emocional, en la mente e inteligencia y por último, en una relación álmica pura y sencilla, de recuerdo consciente y reconocimiento. Estos componentes han sido sustituidos por el interés, el mundo mentiroso o la engañifa. Cada vez cuesta más encontrar a alguien con la cual puedas complementarte a la perfección, y muchas veces ocurre que cuando la encuentras, son tantas las barreras o los miedos, que preferimos sabotear la relación o salir corriendo, por no sentirnos merecedores de la misma.

El fundamento principal de las bodas alquímicas, del matrimonio sagrado, del hieros gamos, es producir fertilidad y vida. El fundamento de la vida, campo de experiencia para todo tipo de seres, es un acto sagrado. Las personas que se acercan a esta visión están condenadas a la desesperación, la soledad o la humillación. ¿Quién hoy día tiene el coraje de esperar paciente a participar en una boda alquímica? ¿Quién desea realmente comprometerse de tal manera?

Es una pena que los valores de lo sagrado, del respeto, de la entrega y la sinceridad se hayan perdido en nuestro tiempo. Es una pena que venza la mentira o el engaño, que las relaciones de pareja estén basadas en tipos de interés o en esporádicos encuentros sexuales. Es una pena no poder encontrar un lugar donde poder retornar a lo sagrado de la entrega, a la relación espiritual entre dos seres que se reencuentran para emprender un camino de vida y consciencia.

Las damas y los caballeros de la piedra dorada han desaparecido. Desaparece la poesía, lo bello, lo tierno, lo frágil. Miramos en el espejo de este tiempo y todo es provisional, incierto, mentiroso. ¿Qué hay peor que la mentira? Sí, es cierto que la verdad a veces es dolorosa, pero nos hace libres, nos libera de las angustias del mundo ilusorio. Nos traslada a una realidad diferente.

Buscamos el elixir, lo sagrado, el encuentro de almas, pero el miedo nos atormenta, saboteando cualquier posibilidad de acierto. El coraje deja paso a la cobardía. Nos encerramos en bóvedas oscuras donde la luz no es capaz de atravesarnos. La vida muere porque no fuimos capaces de adentrarnos en la fertilidad de la primavera. Lo sagrado deja de tener sentido en un mundo deprimente y decadente. El verano se agota y ya no hay fruto.

Los que aspiran al matrimonio sagrado deben realizar la alquimia interior, progresar en la consciencia de uno mismo y enfrentarse a los avatares de nuestro tiempo con coraje y humildad. Y luego enfrentarse a la búsqueda inacabada del otro, de aquel que desee crear vida y consciencia desde el amor, la entrega y la verdad. Ojalá la mística de la unión vuelva algún día a tener sentido. Quizás eso nos salve como humanidad.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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