Si la causa es buena, persevera


© @huseyintaskin

«La aparente derrota de hoy es el punto de arranque del triunfo de mañana. Si la causa es buena, no hay más que perseverar contra viento y marea». Victoria Ocampo

Intentar mantener la compostura en un viernes trece con Mercurio retrógrado es complejo. La comunicación debería ser sensible, y nunca violenta o desagradable. Pero a veces los astros, o las circunstancias, tanto monta, ejercen una penosa influencia en nuestros actos, palabras y decisiones. Pequeñas pruebas que pretenden alinearnos correctamente con nuestro sentir, y ver si lo que sentimos es verdadero o un mero capricho primaveral.

Ahora que escribo desde algún lugar junto al mar, la serenidad de las olas me recuerda que en todo camino siempre hay baches, y que uno no debería apartarse al borde del mismo cada vez que se tropieza con una piedra o con un socavón. Todo trayecto que se precie estará lleno de aventura, de contratiempos, de inventiva. Solo tenemos que medir desde dentro si el camino emprendido es realmente profundo y necesario, si es, en definitiva, nuestro Camino. Por eso en el camino del héroe que tan bien nos describía Cambpell, los guardianes del umbral ejercen un poderoso propósito: comprobar si estamos preparados, si nuestro caminar es real o sincero.

La aparente derrota de cada tropiezo no debería desviarnos del sendero. Cada derrota, cada contratiempo, puede ser el punto de arranque hacia el triunfo del mañana. Levantarse a cada descalabro es lo que diferencia el triunfo de toda empresa de aquellas que nunca llegan a nacer. Si la causa es buena, uno debería levantarse tantas veces requiriera dicha causa. Si la causa merece la pena, por su profundidad, por su envergadura, por su copioso propósito, habría que perseverar contra viento y marea. En la película «El día de la marmota», el protagonista se despierta todos los días con el propósito de mejorar, hasta conseguir sus sueños, después de innumerables pruebas, a cual más compleja.

Los artífices, los magos, los creadores, los que se entregan a una causa para llevarla a cabo, a diferencia de los genios, se manchan las manos de barro. Moldean, se ensucian, se equivocan, se empapan de sudor. A cada paso que se da, uno debe tener presente cuántos baches habrá en el Camino, cuántos errores, cuántas flaquezas, cuántas ganas de tirar la toalla por aburrimiento, extenuación o agotamiento extremo. El no te salves de nuestro poeta, el no te quedes inmóvil al borde del camino, es de una significación profunda.

Por eso, en nuestro afán de discernimiento, debemos sentir si la causa es buena, si merece la pena, si el sueño, por muy loco que parezca, merecerá ser buscado, hollado, abrazado. Uno sabe de corazón cuando algo está ahí como un reto para ser alcanzado. Y como todo reto, uno sabe que a mayor sea la envergadura del mismo, mayores las pruebas para alcanzarlo. Cada derrota, cada equivocación, puede servir de empuje para llegar más lejos. Cada acto valiente de entrega es un paso hacia nuestra particular y silenciosa victoria. Por eso, si la causa es buena, persevera. Al final, merecerá la pena.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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