En tiempo de desolación, nunca hacer mudanza


© @swash63

Hoy me recordaba una excelente amiga la Quinta Regla de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, que dice así: «En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consolación. Porque, así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen espíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar camino para acertar«.

Es verdad que cuando uno está desolado, enfadado, rabioso, orgulloso, celoso, triste o desorientado no puede ni debe tomar ningún tipo de decisión, porque siempre puede ser desastrosa. Hoy era uno de esos días, uno de esos días en los que el ánimo desolado me empujaba e incitaba a tomar decisiones de las que quizás luego uno puede arrepentirse. Por suerte, alguien muy querido me vio en la calle deambulando, desorientado y cabizbajo, y me invitó a algo tan sanador como comer pizza. Estuvimos cinco horas hablando hasta que vino el camarero y nos preguntó si nos íbamos a quedar a cenar. Se nos fue el santo al cielo.

Mientras comíamos se nos acercó a charlar un rato Andoni Moreta, un clásico del Camino de Santiago. Andoni sale en muchos periódicos explicando su historia, e hizo lo mismo con nosotros en el ratito que nos acompañó. En un momento trágico de su vida, teniendo él como profesor de instituto una vida ejemplar, tomó una decisión fatal. Desde entonces, lleva perdido deambulando por los Caminos, viviendo en la calle, transitando de un lado para otro.

Cuando era trabajador social y trabajaba en los arrayanes de las ciudades en albergues de personas sin hogar podía darme cuenta todos los días de lo frágil que es la condición humana, y de cuántas personas viven una vida desolada por un puntual error fatal. De lo fácil que resulta perderse en la vida cuando por una crisis, depresión o circunstancia terrible uno pierde completamente el norte, el sentido de la vida, la ilusión por vivir. Nadie está salvo de esto.

Personas normales que llevaban una vida normal, ejemplar, como Andoni, pueden de repente girarse y volverse locos, perder totalmente el centro y caer en cualquier tipo de circunstancia horrible. Andoni lo decía con una tristeza terrible en sus ojos, catorce años después: “solo quise abrir la ventana para que entrara un poco de aire fresco”. Su testimonio, relatado en los medios, es francamente conmovedor. Un pequeño gesto, un pequeño error en tu vida, y todo se va al traste.

Tengamos cuidado, estemos atentos, marquemos bien cada uno de nuestros pasos. Siempre, siempre, siempre, cerrar los ojos e intentar ser guiados por nuestra alma, por nuestra fortaleza interior. Respirar, respirar, respirar y hacer siempre el bien con nosotros mismos y con nuestro entorno. Siempre firmeza y constancia en nuestros propósitos. Siempre recordar quienes somos y a qué hemos venido. Estemos alertas. Estemos atentos. Seamos fuertes pilares para no derrumbarnos al primer soplo. Y cuando los soplos venga, restituyamos hasta que volvamos al momento, al instante anterior de esplendor y belleza.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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