Cuando lo verdadero es Real, permanece


© @mathieu_dalle

«Hay ocasiones en que estoy convencido de que no soy apto para ninguna relación humana«. Franz Kafka

Decía uno de los cuatro acuerdos eso de que no te tomes nada personal. De que la realidad en la que vivimos dista mucho de la percepción que los otros tienen sobre la misma. Uno puede ser o parecer alto o bajo, gordo o flaco, feo o guapo, pero la realidad es que todos nos verán de formas diferentes dependiendo de la ficción y las creencias que cada cual tenga en su mente, en su construcción mental. Todo eso a veces se vuelve complejo. A veces sufrimos todo tipo de posesiones o circunstancias extremas que distorsionan nuestra realidad. El mal acecha en todas partes, nos posee, nos manipula, nos hace perder el centro.

Cuando de repente dejamos de hacer lo que somos, cuando de repente nuestro comportamiento difiere, perdemos nuestro centro y actuamos de forma diferente, debemos pensar o sospechar que quizás algún tipo de fuerza nos está manipulando o invadiendo. Ya sea a nosotros o a nuestros seres queridos. A veces hacemos cosas o decimos cosas que no nos pertenecen. A veces sale de nosotros una maldad, o una inconsciencia, que no es nuestra. No podemos sospechar su naturaleza. Unos afirman que viene de nuestros ancestros, otros de fuerzas invisibles, otros de entidades que desde otra dimensión se empeñan en manipularnos y hacernos daño. Entidades que nos aíslan, que nos hacen decir y hacer cosas que estando en un estado normal nunca haríamos ni diríamos.

¿Cómo saber si estamos siendo manipulados por algún tipo de fuerza extraña? Cuando notamos que hemos perdido el centro y no sabemos hacia dónde dirigirnos y tendemos al aislamiento. ¿Cómo salir de esa influencia? Agarrándonos con fuerza a esas personas que siempre han hecho o querido el bien en nuestras vidas. Nuestros amigos, nuestra pareja, nuestra familia, son los guardianes que nos avisan de que estamos perdiendo cierto norte, cierto sentido. Y cuando eso ocurre, lo que nunca debemos hacer es aislarnos, sino pedir ayuda, abrazar con fuerza al otro, a nuestro ser más querido.

Más allá del glamour o más allá de esas fuerzas o energías que a veces nos influyen o manipulan, cuando lo verdadero es Real, permanece. La realidad está compuesta por una parte fantasiosa, producto de nuestra imaginación, y una parte real, objetiva, que mantiene la paradoja de mostrarse de mil formas. Una emoción puede ser real, pero puede estar al mismo tiempo influenciada por mil cosas. Un pensamiento puede ser real pero puede atrofiarse por la influencia de otros pensamientos ajenos a nosotros. Una buena acción puede ser real pero puede desviarse por influyo o proyección de otras fuerzas.

¿Cómo discernir entonces? ¿Cómo saber si estamos siendo nosotros los que dirigimos nuestras vidas de forma real o nos estamos dejando manipular por otro tipo de entidades, energías, personas o circunstancias? La respuesta es compleja. Podemos tener un problema con alguien, un malentendido por decir algo, y podemos mirar una foto suya o un recuerdo suyo. Si al cerrar los ojos, su imagen nos hace sonreír, la añoramos de alguna manera, quizás se trate de eso, de un malentendido, de una influencia ajena a nosotros. Si por el contrario miramos esa imagen de forma desapegada y sentimos algún tipo de rechazo profundo, quizás esa sea la verdadera respuesta.

En todo caso, cuando lo Real es verdadero, siempre permanece, de alguna manera u otra. Cuántas veces habremos discutido con nuestra familia, con nuestros amigos o con nuestra pareja por mil motivos, y siempre hemos permanecido ahí, en lo bueno y en lo malo, porque sabemos y sentimos que los lazos que nos unen son reales. Si ese lazo se rompe a la primera discusión, al primer contratiempo, es que lo que se sentía no era real, sino una ficción de nuestra mente o una profunda distorsión de nuestras emociones.

Franz Kafka tenía un gran problema a la hora de relacionarse con el mundo y con las personas precisamente porque él mismo pensaba de sí que era una gran cucaracha. Esa distorsión de su pensamiento le impedía mantener relaciones sanas con los demás. Cualquier tipo de distorsión en nosotros, venga de nuestros ancestros, de nuestros traumas, de entidades o fuerzas ajenas a nosotros, de la conjunción astral de los planetas o de circunstancias difíciles, pueden pervertir nuestra realidad y pueden destruir todo cuanto queremos. Estemos atentos, busquemos discernimiento y abracemos aquello que nos haga sonreír, pase lo que pase. Cuidado con la pérdida de centro, con el consiguiente aislamiento y con la posterior autodestrucción que todo eso conlleva. Destrucción de lo que queremos, de lo que anhelamos, de nuestros sueños, de nuestras personas queridas, de nuestro propósito o misión-labor. Destrucción de todo, incluso de nosotros mismos.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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