Somos lo que somos


© @robert.kuavi

 

“Aunque mucho se ha gastado mucho queda aún; y si bien no tenemos ahora aquella fuerza que en los viejos tiempos movía tierra y cielo, somos los que somos: corazones heroicos de parejo temple, debilitados por el tiempo y el destino, pero fuertes en voluntad para esforzarse, buscar, encontrar y no rendirse jamás”. Ulises, Alfred Tennyson

Somos lo que somos, es evidente. A veces somos heroicos de parejo temple y otras, seres debilitados por el tiempo. La vida y todo el cúmulo de circunstancias debilitan nuestra alma, o la refuerza con sus vicisitudes. Gastamos la vida en promesas, sin saber que mucho queda aún para reforzar todas nuestras naves. La vida nos pone pruebas, algunas difíciles. Siempre podemos elegir si jugar con cobardía y pereza o arriesgar valientemente, comprometidos con un destino, haciéndonos responsables y maduros para enfrentarnos a un propósito superior.

Ser fuertes en voluntad o despreciar todo cuanto nos rodea. Humillar la vida contemplando siempre nuestro pequeño mundo, nuestro ridículo y polvoriento ombligo, o, sin rendirnos jamás, seguir hacia adelante. La realización de un sueño requiere entrega, entrega absoluta. Y algo siempre hay que sacrificar en nosotros. A veces tiempo, a veces recursos, a veces una vida entera. Huir, siempre huir, es cosa de aquellos que nunca vivirán en la voluntad de algo mayor.

Somos lo que somos, pero también podemos ser algo más, algo mejor. Podemos estar en silencio, sin perturbar la paz del entorno, y con ello fortalecer nuestro coraje, o dar tumbos de aquí allá, empañando nuestra imagen, nuestra razón, nuestra dignidad. A veces perder es ganar, pero nunca sabemos qué es lo que verdaderamente perdemos y qué es lo que realmente ganamos. Todo es un riesgo, todo es una posibilidad.

A veces hay caminos que parecen una locura. El camino del Loco, que decían los herméticos antiguos. Pero en el fondo, el mundo avanza solo a base de riesgo, de locura, de heroicidades. La vida no avanza con aquellos que se quedan inmóviles al borde del camino, desoyendo la llamada, escuchando solo cantos de sirena como aquellos insensatos argonautas. El mundo avanza gracias al coraje y la valentía de esos locos que se embarcan en empresas arriesgadas, imposibles, osadas. La antigua cruz de Zoroastro lo decía de forma potente: Querer, Saber, Osar y Callar. Ese es el camino audaz, ese es el camino de los que están realmente vivos.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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