Al tercer día…


Puerto de Malpica, ayer…

 

Amaneció un precioso día de primavera. Interiormente bullían interrogantes y miedos que requerían un momento de reflexión, distancia, autocontrol, disciplina, serenidad. A veces dan ganas de enviar todos esos enredos bien lejos y dejarse llevar por alguna especie de viaje interior hacia ninguna parte. Así que eso hice. Cogí el coche, metí dentro de él un colchón de viaje y un saco de dormir y me fui a dar un paseo. Además de escribir y leer, lo que más amo en la vida es viajar, hacia dentro y hacia fuera. Si la introspección es doble, es decir, es herméticamente hablando, como es arriba es abajo y como es adentro es afuera, el viaje se vuelve mágico, necesario, imprescindible. Eliade lo llamaría el vuelo mágico, por su doble dimensión.

La primera parada fue para comer y trabajar un rato en un lugar tranquilo en la amurallada ciudad de Lugo. La segunda la hice en el hermoso café Casino de Santiago, en la también hermosa rua del Villar. Pedí para merendar un muffin doble de chocolate y un vaso de leche con cacao. Atendió amablemente Jesús y acompañaba al piano unas extraordinarias manos que flotaban sobre el teclado. Fue un deleite escuchar música en directo mientras terminaba de hacer unas correcciones en la maqueta de un libro. Desde la ventana del café veía el bullicio de gente que paseaba y disfrutaba de esta excepcional tarde primaveral. Me daba paz la serenidad de esa ola humana silenciosa, altiva, que se dejaba llevar por la corriente del sudor ajeno. La catedral estaba llena de peregrinos que descansaban en la plaza del Obradoiro y miraban felices el final de su camino.

Había en mí cierta añoranza ante esa estampa peregrina. Camino, nacimiento, muerte, resurrección. Los ciclos, siempre los ciclos. Esos ciclos que a lo largo de la vida nos hacen nacer y morir una y otra vez. Y entre medias, en los estados liminares del ser, dolor, sufrimiento, desorientación. Si no hay dolor, no hay gloria, dicen los peregrinos. Y algo de razón tienen, porque cuando ejerces la profunda decisión de emprender el camino, ahí encontraremos de todo. Momentos de profunda felicidad y momentos de profunda quiebra. El río de la vida nunca se detiene. Nos muestra sus aguas bravas y sus remansos de calma. Así son los estados del ser. El magnetismo de la vida, las fuerzas que nos empujan y las energías que administramos configuran toda nuestra existencia. Si estás vivo y te mueves, la vida se despliega ante ti. Y la vida tiene tantos matices como estados del ser existan dentro de nosotros.

Tras ese momento de disfrute en el café y el paseo por esa añorada ciudad marché hacia la Costa da Morte con la intención de abordar en los próximos días el fin de la tierra. Es muy significativo que ese tiempo de muerte y resurrección coincida próximamente con mi próxima revolución solar. Así que algo tiene que morir, inevitablemente, para que algo nuevo renazca. Dormí en lugares inhóspitos, en playas infinitas donde no había ni un alma al amanecer. Viví atardeceres únicos, decorados excelsos, minutos de calma junto al mar, junto a ese océano de posibilidades. El rugir de las olas golpeando los acantilados pedregosos configuraron una orilla interior perpetua.

La luna llena de Aries (en Libra) la celebré frente a la costa de Muxía, pegado al muro de la Iglesia de la Virgen de la Barca, donde pude reencontrarme con las fuerzas de esta primera fiesta espiritual del año. La fuerza del mar bravo, junto al santuario y el pequeño faro que lo acompaña, fue un momento único, un lugar de muerte y resurrección. Había recorrido toda la Costa da Morte, desde Muros hasta Malpica, donde pasé el último día para despedirme de esta pequeña aventura interior. Terminé en estos días de silencio algunas maquetas de libros que esperaban. Trabajar en el coche, dormir en el coche, vivir en el coche, es una sensación que necesito oxigenar de vez en cuando. Me conecta con la futilidad de la vida, con el camino del Loco, con la esencia de lo que somos, motas de polvo en una gran mota de polvo en un universo local dentro de un gran cosmos inmensurable e incalculable. Así son a veces los caminos. Por fuera y por dentro. Inevitablemente. Dicen que al tercer día resucitó. Pues eso.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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