Cuando la herida es más grande que la perseverancia


© @vulture_labs

La cicatriz es el lugar por donde entra la luz. Rumi

Hoy en el viaje de cinco horas alguien me decía que cuando la herida es más grande que la perseverancia, entonces uno deja de perseverar. Rumi decía que cada cicatriz es el lugar por donde entra la luz. Ambos mensajes me llegaron casi al mismo tiempo por personas distintas.

Luego llegué a la ciudad y empezó a dolerme todo. El cuerpo, el alma, el corazón. La ciudad es gris, ruidosa. Veo a niños deambular tristes y agazapados. Los miro con compasión porque muchos de ellos ya se sienten rechazados, abandonados, tristes, incomprendidos. Es la gran herida de nuestra humanidad. Es esa brecha que nos aleja de la completa felicidad. Esos niños que nunca crecieron saludables, alegres, equilibrados. Esos niños perdidos que luego se convertirán en adultos perdidos.

El hotel es barato e incómodo, con sus paredes rotas y esa televisión que parece mirar tus vacíos con deseos de atraparlos. Mañana una reunión y de vuelta a las montañas. En la vuelta miraré la brecha, para ver si se ha hecho más grande, o más insoportable, y cuánta luz puede entrar en ella. A mayor luz, mayor claridad, mayor discernimiento, mayor dolor, pero también mayor certeza. A veces una herida nos recuerda que estamos vivos, y más vale vivos y dolidos que dormidos como hasta ahora, que decía el poeta.

Aquí me siento desubicado. Estoy viviendo una anomalía, una distorsión profunda. Uno se pierde en la gran ciudad, sumando a ese triple abandono una sensación extraña. Uno sabe que en condiciones normales no debería estar aquí, sino allí, en el otro lado, abrazando al sueño, anhelando el nuevo día, suspirando entre abrazos reales, tangibles, derramándose en ese sudor de más que tiñe las noches cuando no sabes qué camino de tu vida tomar.

Aquí no escucho el trino de los pájaros. Solo veo edificios horrendos, de esos de ladrillos rojizos realizados con prisa para albergar oficinas, talleres, fábricas. Antenas, tubos grises, esbeltas sombras que esconden miedos y fracasos. Una vez el ser humano perdió la conexión con la tierra y todo se volvió tibio y melancólico. Aquí no hay flores, excepto esas de plástico con su etiquetita dorada made in Hong Kong. Aquí todo es mentira, falsedad, artificio.

No sé si darle una oportunidad a la esperanza o cerrar los ojos hasta mañana. Creo que vine a una reunión, o quizás vine para ver. Para ver la herida, la realidad, a esos niños que deambulan rechazados, tristes, abandonados. Niños que nunca serán socorridos ni atendidos. Niños que crecerán solos, casi miserables, harapientos, siempre con sed y hambre de justicia. Quizás en el fondo solo vine para ver cuánto de grande es la herida, y dejar con ello penetrar su luz.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: