Conmigo estás a salvo


© @kestermichael_

“La gente piensa que la intimidad tiene que ver con el sexo. Pero tiene que ver con la verdad. Cuando te das cuenta de que puedes contarle tu verdad a alguien, cuando puedes mostrarte a alguien, cuando te desnudas delante de alguien y su respuesta es conmigo estás a salvo. Eso es intimidad.” Los siete maridos de Evelyn Lugo, de Taylor Jenkins Reid

El cielo está gris. Suena música de fondo, violín, piano, susurro. No llueve, solo amenaza con cierto frescor y colapso de nubes. El ocaso es tenue, melancólico. La música siempre nos mece, nos calma, nos llena de cosas intangibles difíciles de describir. Los pajarillos agotan hasta el último momento para alimentarse en el comedero que construimos aquel verano. Todas las mañanas, al alba, el ritual siempre es el mismo. Me acerco, miro las ramas y observo cómo esperan su alimento.

El bosque está despertando a pesar del frío de última hora. Los brotes verdes empiezan a empujar fuertes y brillantes. La atmósfera se llena de las primeras flores. El sarmiento primaveral cubre la hierba que crece sobre los restos de la última estación. Entro en un momento de intimidad con todo lo que rodea este instante.

Hay cierta verdad en todo aquello que observamos cuando tenemos la capacidad de detener el tiempo, de aceptar los acontecimientos tal y como transcurren. Silencio más allá de lo aparente. Silencio profundo que nos traslada a ese pequeño paraíso que somos nosotros en nuestra soledad.

Dan ganas de contar nuestra verdad a alguien. Ese alguien que en ocasiones se aproxima por detrás y te abraza sin fingir, desnuda delante y detrás, transparente, frágil en ocasiones. Me siento a salvo con esa imagen, con ese perfume que aún acompaña cada instante. Esa intimidad del abrazo es indescriptible.

Me imagino girando a escondidas, tan desnudo como desnudo es el día, tan límpido y cristalino como la mañana, con su azul, con sus ocres, con sus blancos, con su música celeste. Me imagino poesía, canción, pájaro, susurro, casi silencio. Hay un bosque de palomas y fragmentos de escarcha. Salones con mil ventanas y suspiros, suspiros, suspiros, suspiros.

La boca cerrada exclama frente a los espejos, con ecos de muerte de aquellos pianos azules que vencieron al mendigo tiempo. Tejados donde crecen fresas y donde viven los brazos que se alargan hasta el mar. Alguien me dijo: te quiero, te quiero amor mío, junto al desván donde juegan los niños, entre luces y rumores de tardes tibias. Ríos de nieve y silencios oscuros de cada frente, de cada sudor, de cada melancólica canción que suena al final de cada instante.

Una cintura quebrada se acerca desnuda, invisible en la lejanía de cada baile recordado. Un disfraz nos aleja de lo insoportable, de aquellos jacintos que recordamos entre piernas y amapolas, azucenas y ondas oscuras de cada andar, amor mío, amor mío, que decía la canción. Y al final de aquella añorada melodía, el susurro en el cielo azul diciendo que puedes contar conmigo, que conmigo, siempre estarás a salvo. Es simple, decía el otro poeta: quien quiere estar en tu vida, está en tu vida, sin excusas… Como la mañana, como el ocaso, como la música, como ese abrazo que aún perdura, invisible, persistente, tenaz. 

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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