Yo soy tú hogar, tú eres mi hogar. De cómo volver a casa…


© @sejkko

Siempre hemos pensado que el hogar era un espacio físico. Dedicamos gran parte de nuestra vida, de nuestro trabajo, de nuestros ahorros, de nuestro dinero, a crear un espacio físico que consideramos nuestro hogar. Un día nos levantamos y descubrimos, quizás a raíz de un hecho traumático o alguna especie de iluminación interior, que el verdadero hogar es aquello que crea el fuego. El fuego interior, el fuego de una pareja, el fuego de una familia.

Aquellos que viven solitarios, crean su propia fogata, adornando sus vidas con espacios de silencio y soledad. Aquellos que viven en pareja saben y sienten que el hogar es el otro, es estar abrazados a un ser cuya energía desprende fuego, calor, hogar. Aquellos que tienen familia acomodan su vida al sentirse plenamente agradecidos por haber transmitido el fuego de los dioses a nuevas huéspedes. Crear una familia, aún sin saberlo, quizás sea lo más trascendente de nuestras vidas.

Somos forasteros que estamos de paso por este hermoso planeta. Aferrarnos a espacios físicos es olvidar nuestro peregrinar errante por la existencia. Nuestro ser vive y transmigra gracias a la chispa que los antiguos llamaban fuego cósmico. Cuando esa chispa encarna, el fuego se torna carne, calor. Es en ese calor donde encontramos nuestro hogar. Y cuando somos capaces de indagar en los misterios de la existencia, comprendemos que ese fuego debe ser compartido, transmitido. La llama que produce llama que produce llama. La transmisión de la luz, del calor, del fuego. En lo material y en lo iniciático. Luz, siempre más luz. Calor, fuego, amor.

Volver a casa es simplemente comprender este viejo arcano. Somos luz, somos chispa, somos fuego. Al entrar en ese pensamiento, en ese sentir, la vida fluye de forma diferente. Los diversos escenarios con los que nos encontramos ya no son relevantes. Ya hemos encontrado el fuego, ya somos conscientes de que somos fuego. Cuando eso nos penetra, cuando tomamos plena consciencia de ello, la vida se nos revela milagrosa.

Por eso no debe importarnos si vivimos en un palacio o en una pequeña cabaña en los bosques. Debemos preocuparnos por saber si hemos descubierto en nosotros y en el otro el fuego cósmico. Debemos emprender esa búsqueda, ese encuentro. Mirar al otro y ver en él la chispa que nos mueve, la unidad de todas las cosas. Ir hacia el otro, hacer del otro nuestro hogar, es comprender esa enseñanza profunda de volver al hogar.

Yo soy tú hogar, tú eres mi hogar. No hay mayor secreto para la verdadera felicidad que comprender eso. Cuando lo hacemos, integramos en nuestras vidas el espectro profundo de la existencia. Ya nunca te sientes solo. Ya nunca te sientes errante. Ya nunca te sientes desamparado en los ciclos vitales. Cuando descubres el fuego, descubres la vida, la consciencia infinita, el amor. Cuando descubres en el abrazo del otro ese fuego, todo se vuelve indestructible…

Bienvenida a casa. Bienvenida al Hogar…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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