Abortar misión


 

© @allenkoppe

«Ciertamente hay satisfacción y dignidad al aceptar los errores que uno ha cometido en el curso de la vida». Kazuo Ishiguro

El domingo me desperté con una sensación extraña. Una voz interior, clara y contundente, me decía que no fuera, que no viajara al día siguiente. Nunca sabré los motivos reales ni la naturaleza de sentir dentro de mí esa contundencia, pero obedecí. Avisé a las personas con las que iba a viajar a la guerra y me disculpé ante ellos. Ese mismo domingo aborté la misión y volví al Balneario, en el que sigo en estos momentos. Aquí estuve en silencio, observando, analizando el motivo real de no haber ido hasta las fronteras con Ucrania.

Lo cierto es que estos días en Madrid sentí la despreocupación de unos y el nerviosismo de otros. Los que miraban para otro lado y los que no podían dejar de mirar lo que estaba sucediendo. Pensé en el mal que esta situación estaba ocasionando a nivel global y en lo inútil o frustrante que a veces resulta hacer el bien. Un buen amigo me puso el símil. Hay un hombre malvado, que recibe a la gente en una mesa larga y distante. Un hombre que decide unilateralmente cuántas personas van a morir en los próximos días. Y luego hay múltiples estados que se reúnen conjuntamente para intentar hacer fracasar al mal.

Vi claramente como las fuerzas del mal atacan el orden establecido. Decía alguien que el mal es una energía mal situada. Ocurre todos los días cuando nos enfadamos o sentimos rabia. No somos capaces de canalizar esa energía, esa frustración, y destruimos todo lo que vemos a nuestro paso en vez de situar correctamente esa energía, esa fuerza descontrolada. Tener conocimiento de las fuerzas oscuras nos debería preocupar, al menos. Debería hacernos trabajar en fórmulas propicias para poder equilibrar esas fuerzas cuando aparecen en nuestras vidas. De igual forma, de manera colectiva, deberíamos tener causes adecuados para que las fuerzas pudieran sostenerse desde el equilibrio, la quietud y la paz mundial.

Sea lo que sea, el mal existe. Existe cuando un loco de remate, por no decir otra cosa, decide aniquilar a todo un pueblo. Existe cuando perdemos los nervios en situaciones psicológicamente complejas y le damos un guantazo a un amigo (Oscar dixit). Existen en las relaciones, cuando de repente perdemos nuestro centro y huimos o abandonamos el barco del amor acudiendo al miedo. Todos los días, por miedo o por no saber controlar las fuerzas del mal, abortamos todo tipo de misiones hermosas.

Intentar no ocupar la vida en odiar y tener miedo, como decía Stendhal, quizás sea el camino más complejo de todos. Sanar todas esas heridas humanas, esas que afectan a nuestra psique desde que de muy pequeños unos y otros abusaran de nuestra fragilidad, es una vía difícil. Solo podemos hacer lo mejor, solo nos queda el camino del abrazo y el sentir. Abortar aquellas misiones que nazcan del miedo y la desesperación, de la frustración más profunda, y ahondar discretamente en el camino del amor. Hacer el bien, siempre hacer el bien, cueste lo que cueste.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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