El reencuentro de las llamas


Esta tarde viajando por tierras de Babia y Astur

Gracias a la vida triunfó el amor sobre el miedo. Los astros se conjugaron, la voz del silencio nos guio y sin saber cómo, terminamos en mitad de unas escarpadas montañas, en el centro de la tierra astur. Tras unos días de movimientos, de silencios, de incertidumbre y desapego, llegó la última luna de este ciclo, la luna llena del gusano, la luna del deshielo, la luna de Virgo, la última luna del año astrológico. Es una luna que marca cambios y renovación, plenitud y realización. Es un momento especial para que los lobos se reencuentren en las montañas, para que las llamas iluminen con fuerza el cielo y la tierra.

Han pasado semanas de insomnio, de aprendizaje, de pulso a la vida y a los sueños. En dos días abrazaremos juntos la nueva primavera, la primavera soñada, esa que ya había brotado en nosotros en lo más profundo del invierno. Aquello que se sembró en Imbolc, Mazal y en la luna de Acuario, ahora, unas lunas más tarde, da sus frutos. Los nervios se nos adhieren al barro, a las paredes, que diría el poeta. El sueño se torna carne, las llamas se unirán esta noche, una noche eterna, esperada, ansiada, deseada, soñada, inspirada desde los límites de la bóveda celeste.

No son encuentros de cuerpos, ni encuentros fortuitos de emociones y deseos. Es el reencuentro de almas que habían tejido el sueño para germinar en él una realidad posible, amplia, consciente, de vida, de amor. Eso es lo fascinante, eso es lo increíble, eso es lo que nos mantiene vivos desde hace años, el hecho de ser conscientes de que el tejido fue trabajado en el gran obrador de lo sutil. Soñar con algo que por fin llega, que por fin se manifiesta, como si fuera ese mito maravilloso de la creación, esa trama oculta entre los hechos y las esencias.

Virgo, equinoccio, día del Padre… tres momentos significativos que conjugan con los primeros momentos. Todo en una sucesión de hechos que algún día serán descritos como imposibles, como conjugaciones propias de los cuentos y mitos de antaño. No puedo ahora contar nada, desvelar nada, pero estoy viviendo unas de las historias más increíbles y bonitas de mi vida. Una historia interior, exterior, profunda y onírica, algo susurrado desde los adentros más misteriosos.

Ahora toca abrazar el Sagrado Cotidiano, la milagrosa vida ordinaria, que se torna extraordinaria cuando el amor vence cualquier obstáculo, cualquier prueba, cualquier temor. Hoy es un día para el recuerdo, para el reencuentro, para la memoria, para la transformación de las almas, para la anunciación de ese mundo nuevo al que aspiramos.

La luna que vivimos, la noche de la certidumbre, de la evidencia palpable de que los sueños se pueden hacer realidad, de que el amor siempre puede triunfar si ponemos el coraje suficiente, la valentía de emprender el viaje sin miedo, la osadía de hacer que suceda aquello que inevitablemente estaba llamado a suceder. Ojalá el mundo se impregne de la supernova que hoy nacerá. Ojalá el mundo vuelva a la paz ahora que la misma llegó a nuestros corazones. Ojalá el amor triunfe siempre en los corazones humanos. Hoy es el gran día, el día del reencuentro de las llamas.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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