Valor y precio


© @jonathanchritchley

Estos días recibíamos algunas críticas en las que nos decían que éramos excesivamente puritanos. Nosotros nos gusta decir que somos coherentes, en la medida de nuestras posibilidades. Tenemos unos valores e intentamos poner en práctica sus principios. No fumar, no beber, no consumir drogas, tener una dieta vegana o no comercializar con las cosas no es ser puritano, es buscar cierta coherencia en nuestras vidas.

Nos quejamos de que hay guerras en el mundo, pero no hacemos absolutamente nada para que dejen de existir. Culpamos a las élites, a los gobiernos, olvidando el principio hermético de que esas élites y esos gobiernos existen porque somos nosotros los que compramos sus productos, los votamos o intentamos imitar sus ritmos de vida.

La mayoría de las crisis que enfrentamos en nuestros días son producidas por la creencia de que estamos separados, de que cada uno de nosotros, desde un egoísmo mal comprendido, debemos luchar contra el otro para dar paso a la supervivencia. Nos creemos separados los unos de los otros y nos creemos separados de la biosfera, de la naturaleza, del propio universo, de nosotros mismos. No existe un relato persuasivo de lo trascendente de la vida. Perdimos la conexión primordial con aquella extinta era axial que ya no recordamos. Y por lo tanto, sentimos una separación que nos destruye día a día, que nos separa, que nos divide, alejándonos inevitablemente de nuestra más profunda esencia.

La separación viene precedida por nuestros pensamientos egoístas, donde en nuestra propia escala de valores, lo que importa es aquello que tiene precio, no aquello que tiene valor. El precio determina toda nuestra vida, y relegamos el valor de las cosas a un segundo plano. El precio es aquello que nos divide, que nos separa. Vendemos nuestro tiempo al mejor postor, al mejor precio, a aquello que creemos importante porque de alguna manera nos dará réditos futuros o inmediatos. Vendemos con ello nuestra alma, toda nuestra vida. En cuanto elegimos entre precio y valor, nos estamos vendiendo, estamos alejándonos de lo esencial del nosotros.

Cuando elegimos, por poner un solo ejemplo, el trabajo sobre el amor, estamos obviando al ser humano que somos y estamos apostando por la máquina calculadora del rédito. Cuando en nuestra escala de valores, en nuestras prioridades más inmediatas, elegimos tiempo para acumular, para comprar, para gastar, para todo aquello que nos impulsa egoístamente hacia una mejora material, y se lo restamos a la pareja, a la familia, a nuestros hijos, estamos errando el rumbo entero de la humanidad.

Cuando no somos capaces de valorar aquello que jamás puede tener precio por su incalculable valor, y hablo aquí de los intangibles como la amistad o el amor, la generosidad o la empatía, de alguna manera, nos alejamos de nuestra esencia primordial. Hay cosas que tienen tanto valor que jamás podremos ponerle un precio. Hay cosas que jamás podrán comprarse ni venderse. Cuando nosotros no cobramos por la acogida que realizamos al otro, sea el otro el que sea, es porque admitimos que la vida del otro tiene un valor incalculable, así como nuestro tiempo, nuestra entrega y nuestro servicio. Cuando decidimos no consumir drogas ni tabaco ni alcohol es porque consideramos que nuestros cuerpos tienen un valor infinito. Y cuando decidimos no comer animales es porque pensamos y creemos firmemente que esas vidas inocentes tienen un valor imposible de pagar. ¿Cómo es posible que aún en nuestra consciencia podamos pagar con dinero la vida de otro ser vivo?

Pensar inclusivamente desde esta experiencia espiral es alejarnos del mundo lineal de occidente y del mundo circular de oriente. Los puntos que nos separan y los círculos que nos estancan se pueden alinear en un pensamiento espiral donde podamos incluir todo y evolucionar conjuntamente. Cuando entendemos profundamente el valor de las cosas, desaparece el concepto tiempo-dinero-resultado y entramos en la espiral del beneficio mutuo, del crecimiento mutuo, de la evolución conjunta. La separación nos aísla y distancia, el apoyo mutuo y la cooperación, el trabajar juntos como un equipo comprensivo y amoroso, nos engrandece. La experiencia de un pensamiento espiral es la experiencia de una vida que se entrega a la Vida.

Valor y precio. Dos formas de vida completamente diferentes. Una forma de vida, la del precio, alineada con el miedo y el egoísmo. La otra, la del valor, alineada con la vida de la consciencia y el alma, con todo aquello que nos dicta lo más profundo del corazón. Sigue al corazón y busca el valor de las cosas, no su precio, no su resultado, no sus objetivos ni ganancias. A veces hay que perder para ganar. A veces no nos queda otro remedio que buscar el valor de las cosas para sentirnos realmente humanos.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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Una respuesta a «Valor y precio»

  1. Estoy de acuerdo. En ocasiones no nos queda otra salida, que buscar el valor de las cosas para sentirnos realmente humanos.
    Los seres humanos no nos damos cuenta aveces del daño que nos hacen determinadas adicciones, porque desconocemos sus consecuencias a lmediano y largo plazo. Pienso que la libertad opera rápidamente en el dejamiento de éstas, conjugándola con la asistencia a estas escuelas donde opera la salud física y mental, el individuo va recogiendo este aprendizaje; el por qué de ese mundo hostíl y doloroso que ha escogido y donde se ha movido. Entonces empieza el cambio, sin presiones, el individuo ha tomado consciencia por fín.
    Abrazos

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