Guíanos luz en la oscuridad brillante


«El que sabe pensar, pero no sabe expresar lo que piensa, está al mismo nivel del que no sabe pensar». Pericles

Hay seres que desprenden luz, mucha luz. La tejen a su alrededor, la expresan, la comparten. A veces olvidan lo difícil que resulta gestionar esa luz, administrarla con sabiduría. En ocasiones esa luz puede provocar grandes sombras en aquellos que no saben recibirla. La responsabilidad de la luz es ser conocedores de su poder, de su radiación, de su intensidad. Una luz mal gestionada, es una luz desperdiciada. La luz es también sabiduría, al mismo tiempo que es compasiva, amorosa. La luz requiere fuerza, al mismo tiempo que es una energía que dirigimos hacia dentro y hacia fuera. ¡Luz, más luz! Decía Goethe antes de morir. Una expresión propia de los hijos de la viuda, de la cual se apropiaría en su logia Amalia.

Luz en tiempos de oscuridad. Luz en tiempos de incertidumbre, de escalada de tensión mundial, de guerra inútil, de desesperación. Luz y lucidez, como esa capa de nieve que se posa sobre la verde hierba, de forma delicada, suave, tierna, amasando el paisaje con un blanco inmaculado que luego dará fruto. Luz para ver, luz para soñar, luz para crear, luz para vencer todo aquello que impide la vida. Luz para avanzar en la consciencia humana, pacífica, amorosa.

La última frontera de la luz somos nosotros. Si el mundo está oscuro, nosotros podemos encender nuestra vela. Si la noche cae tenebrosa, nosotros podemos ejercer el poder de iluminar al mundo. El primitivo barro no puede mancillar nuestra luz. Debemos encender el fuego de la vida, la llama del amor, la vibrante sinfonía que todo lo ilumina. La luz es poderosa y ejerce consciencia a todo aquello que roza con su éxtasis silencioso. Luz del sol, luz de aquella antorcha tenue, de aquella vela invisible asentada en una pequeña ermita como símbolo de esperanza. Luz de las estrellas, de los átomos musicales, hilozoísta luz.

Luces de neón, incandescentes fuegos en la noche. Luces somos cuando la llama interior se expande en nosotros. Luz, más luz en la tenebrosa noche. Luces que inevitablemente nos alejan de la oscuridad de nuestras cavernas, dejando los miedos, la incertidumbre y la sinrazón apartadas del nosotros. Grandes luces para los juegos nocturnos de cualquier campo de batalla. Luz en la guerra, luz en la miseria, luz en la pobreza, más luz en todos los corazones. Luz en esas pequeñas lamparitas nocturnas que nos permiten acercarnos a la otra luz, a la de los libros, a la del conocimiento, a la de la lucidez inmediata. La luz es una metáfora de la vida, de la consciencia, del amor.

Tu palabra es una lámpara bajo mis pies y una luz en el camino, diría a la enamorada. Guíame hacia el encuentro, hacia ese momento acurrucado bajo las mantas soñadas. Guíame en la larga espera, adueñados de esa perseverancia que solo la luz puede sostener. Guía la brillante luz a través de la oscuridad circundante, guíame tú para seguir hacia adelante en esta oscuridad pesada, áspera, insoportable. La noche es oscura y estoy lejos del Hogar. Guíame tú para seguir. Despierta y brilla, porque tu luz está aquí, que decía el poeta. La luz es calor, contacto, abrazo, encuentro. La luz es conocimiento, la luz es vida, la luz es…. luz. ¡Ira, ira contra la muerte de la luz!

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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