Atmosphere


© @bensirda

Di lo que sientes o esos silencios te harán ruido toda la vida, ponía en alguna parte. Pues a eso iba, mirando hacia dentro, hacia fuera, conspirando con la respiración a cada instante con el ser amado, imaginando ese abrazo impaciente, provocando en mí la sustancia de la vida, para perpetuar la esperanza humana.

Y en el otro lado, Ucrania está en guerra. Cierro los ojos. En estos momentos suena Atmosphere, de Joy Division. Me trae recuerdos de otros tiempos en los que había paz, por fuera y por dentro. El día gris, como tantas veces. Interiormente hay luz y amor, mucho amor, felicidad, primavera y todas esas expresiones que nacen desde lo más profundo del espíritu. Por fuera guerra, otra guerra, en Ucrania, en la consciencia humana, otra grieta en las puertas del mal.

Bajé a atender cosas de la editorial a la oficina. La atmósfera no era propicia para construir el nuevo mundo. Puse las noticias, y allí estaban los muertos, los refugiados, la sinrazón. Aproveché para ducharme mientras escuchaba algún trueno, me miré al espejo y no entendía la complejidad del rostro humano. Esos estúpidos humanos pelándose todo el día. Por los colores de la cortina, por la leña, porque hace frío o calor, porque no me esperaste o porque te fuiste, que decían aquellos jóvenes ignorando el mundo. Y allí en Ucrania, por cualquier otra estupidez humana, muertos, miedo, sinrazón, sangre, de nuevo sangre.

Hemos puesto el proyecto al servicio de los refugiados. Tenemos una casa de acogida, pero siento que no es suficiente. Cuando terminaron las noticias, un gran impulso se apoderó de mí. Quería levantarme, coger el coche e ir hasta Ucrania. Hacer algo, lo que fuera, aunque solo fuera dar consuelo, como hacíamos en la isla de Chios con los refugiados sirios, o en Etiopía con los últimos desheredados de la Tierra. Me retuvo el amor, el amor que está naciendo, el amor que ahora brota y tengo que cuidar, proteger, abrazar. Perseverancia, perseverancia, perseverancia, me repetía a mí mismo.

Caminar en silencio. Alejarse del espíritu humano en silencio. En la confusión, entre la ilusión, en la desesperación profunda por la lejanía de todo… De los refugiados, del amor, del mundo. Camino en el aire de la incertidumbre. Un mundo abandonado demasiado pronto. No hay debido cuidado que pueda soportar la lejanía… la separación… De Ucrania, y del Amor.

Frustración, impotencia, incluso a veces pequeñas dosis de rabia. Porque hace frío, porque el día está gris, aunque por dentro florezca la más radiante de todas mis primaveras. Me quejo porque en la cabaña hace cinco grados. Pero en la guerra se están congelando. Niños, ancianos, mujeres, hombres desvalidos que lloran a escondidas para que la vergüenza no termine con su esperanza. Esa es la atmósfera. Por dentro y por fuera.

Luz, oscuridad. Luz por dentro, oscuridad por fuera. La sala de meditación vacía. La sala del desayuno vacía. Los responsables y comprometidos durmiendo mientras se gesta una nueva guerra a pocos kilómetros de nosotros. A tres mil kilómetros exactamente. A dos días de viaje. Miro el coche de nuevo, pero me retengo. No, ahora no. Ahora toca amor. Toca amor. Toca amor, me repito una y otra vez. Esa es la atmósfera. Este era mi silencio.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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