El tiempo se está acabando. No hacer nada no es una opción


© @michel.rajkovic.photography

A veces nos resulta complejo conocer los algoritmos del mundo circundante. Los sabios de todos los tiempos, aquellos que indagaron en el linaje de la Gran obra, saben que hay energías que pueden ser movidas de un lado para otro si tenemos la capacidad de entender cómo funcionan las leyes básicas del universo incognoscible. Ante nuestra ignorancia, no deberíamos ser extraños que miramos el mundo y lo critica. A veces la crítica, la propia opinión, la división de pareceres, es solo la demostración de poseer una visión parcelada de la existencia. Y esa crítica y falta de entendimiento, es la semilla de todo conflicto, de toda guerra. Los científicos sociales tenemos la sensación de que nuestra observación siempre es limitada y sesgada por nuestras construcciones mentales, nuestras circunstancias e incluso nuestras creencias. Desde esa perspectiva, a veces tomamos consciencia de que el tiempo se está acabando. No tan solo el tiempo psicológico de nuestra mente finita, sino también el tiempo humano, ese tiempo que carece de paz.

El mundo está cambiando rápidamente. Los conflictos, las guerras, las hambrunas y todos los problemas de la humanidad, no son aún suficientes para que el ser humano despierte a otra consciencia. Ante este drama vital, no hacer nada ante los hechos injustos de la vida no es una opción. Al menos no debería ser una opción para aquellos que han despertado a la visión amplia, a una mayor consciencia, a un mayor contacto con lo esencial de la existencia. Deberíamos vivir en un arrebato constante, en una urgencia de actuar constante a sabiendas de que todo se acaba, todo se termina.

Esa mayor consciencia debería servirnos como motor para entender la urgencia de actuar. La urgencia de vivir. La urgencia de amar. Deberíamos ser auténticos activistas vitales. Sentir que estamos vivos, tomar consciencia de lo que eso significa y levantarnos todas las mañanas de forma urgente, precipitada. Deberíamos desbordar vida, deberíamos sentirnos preparados para la batalla de la paz. La cruzada de nuestro tiempo tiene mucho que ver con esta urgencia. El mundo se acaba si no somos capaces de entender que la Vida, a pesar de nosotros, continuará. El mundo se acaba cada vez que volvemos a la inconsciencia, al conflicto, a la rabia, a la guerra. Está en nuestras manos el poder convertir nuestro entorno en un lugar agradable y sensato. Y que, a su vez, esa radiación de paz y amor se extienda por otros contornos, por otros lugares, hasta que algún día, todos, absolutamente todos, entendamos la grandeza de esa fuerza y energía universal. Hasta que el amor y la paz triunfen para siempre.

Volvemos a vivir unos momentos difíciles. De nuevo los tambores de guerra, como si no tuviéramos suficiente con nuestras pequeñas guerras diarias. De nuevo más urgencia de actuar, desesperadamente, hacia la Vida. Crear nuevas vidas con nuevas consciencias. Inculcar desde el nacimiento la propia inofensividad, la necesaria bandera de la paz interior, el postulado urgente del amor, la generosidad y el dar, el darse, el entregarse. Crear nuevas vidas que crezcan en un entorno de seguridad y libertad de consciencia, en un lugar donde la sabiduría, la belleza, el amor y la buena voluntad sean las señas de identidad.

Es urgente que despertemos y actuemos individualmente, grupalmente, colectivamente. No podemos mirar solo las miserias de nuestras pequeñas vidas, los encontronazos diarios con la realidad. Debemos sostener con fuerza toda nuestra existencia y ser un motor de cambio, un abanderado del nuevo mundo. ¿Cómo hacerlo? No importa el cómo. Simplemente hagámoslo. El tiempo se está acabando. No hacer nada no es una opción.

Pd.- Por el antiguo linaje que nos une, toda nuestra fuerza y amor para el pueblo ucraniano en unos momentos difíciles para todos… Que la paz reine algún día en los corazones humanos… Que la sabiduría presida la construcción de la nueva humanidad. Que la fuerza la sostenga. Que la belleza la adorne.  Que la paz reine sobre toda la Tierra. Que la alegría esté en nuestros corazones. Que el amor reine entre todos nosotros. Invoquemos esta energía con fuerza. Invoquemos al Dios del Amor y la Paz. 

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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